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Materiales y sistemas constructivos empleados por las culturas del Golfo de Mexico

Mtro. Juan Antonio Siller

Arq. Nieves Sánchez Gómez
Arq. Emilio Moreno Chazzarini
Arq. Luis Guardado Sánchez
Octubre de 1998

UNIVERSIDAD CRISTÓBAL COLÓN

ABSTRACT

La presente investigación documental se refiere a los materiales y sistemas constructivos utilizados en la región denominada del Golfo de México por los especialistas en estudios mesoamericanos. El enfoque principal es hacia el Estado de Veracruz, lugar que presenta una importante ocupación desde el quinto milenio a.C., y que sería escenario del desarrollo de grandes culturas como la olmeca, la huasteca, la cultura de El Tajín (también conocida como del Veracruz Central) y la cultura nahua-otomí.

This documentary investigation refers to the building materials and techniques used in the region referred as Gulf of Mexico by mesoamerican scholars. The main focus is in the State of Veracruz, which presents signs of human occupation as early as the fifth millennium AC, and serves as scenery for the development of great cultures such as the olmecs, the huastecs, the culture of El Tajín (also known as Central Veracruz), and the nahua-otomi cultural complex.

Introducción.

Las culturas mesoamericanas se caracterizan por la evidente creencia de que la apariencia es la esencia de todo y que los procesos de la vida pueden ser controlados por medio de exhibiciones artísticas dramáticas. Estas culturas no estaban especialmente interesadas en la tecnología ni en manipular materiales y procesos estructurales, a diferencia de los antiguos peruanos, quienes se preocupaban por las técnicas de la metalurgia, la manufactura de textiles, y tendían a pensar más en términos de la estructura de las cosas que en su apariencia. Una de las mayores diferencias entre el arte mesoamericano y el andino es que la escena dramática y las figuras de tamaño real, tan frecuentes en Mesoamérica, son poco comunes en el Perú.

Esta diferencia entre la exhibición como opuesta a la estructura se ilustra especialmente en la arquitectura. La arquitectura andina de piedra generalmente consiste en bloques cuidadosamente cortados y embonados, quedando su estructura visible. En Mesoamérica, la mayoría de los muros, y principalmente en el Golfo, consistían en un núcleo de fragmentos de piedra o rellenos rodeados por un muro de contención. Gruesas capas de estuco generalmente cubrían estos muros, que además eran decorados por pinturas, esculturas o estuco modelado.

La mayor parte de la arquitectura mesoamericana está concebida como telón de fondo para ritos y estaba ricamente ornamentada. En contraste, los bien construidos muros incaicos son dejados "al desnudo". Las estructuras mesoamericanas más notables transforman la puerta de un templo en las fauces abiertas de un grotesco monstruo mitológico, transformando prácticamente a la arquitectura en escultura. La mayoría de los centros ceremoniales mesoamericanos fueron trazados donde podían dominar las procesiones y representaciones dramático religiosas, con pirámides, plataformas para la danza y canchas de juego de pelota como focos principales.

Generalmente los monumentos en Mesoamérica no se preservaban en su forma original, debido a la creencia en creaciones y destrucciones cíclicas. La mutilación, destrucción, quema ritual, traslado y reenterramiento ritual de los monumentos son comunes en los sitios olmecas, teotihuacanos y mayas. Este patrón de uso y enterramiento de monumentos es tan importante como su creación y destrucción.

Debido a que en Mesoamérica solo existían herramientas de piedra y no había animales de carga, la construcción de monumentos era más laboriosa que en otras partes del mundo. La construcción de edificios parece haber sido una estrategia para congregar gente en torno a enormes proyectos de construcción que estaban dedicados en apariencia a los gobernantes y los dioses, pero en realidad, estas obras eran para el pueblo, puesto que creaban y consolidaban la solidaridad comunal y un sentido de identidad. En su mayor parte, los estados antiguos construyen grandes obras arquitectónicas ornamentadas con escultura porque dichos proyectos literalmente crean la solidaridad requerida en la organización del Estado.

El objetivo de la presente investigación se centrará en los materiales y sistemas empleados en la arquitectura de la Costa del Golfo durante los períodos Formativo, Clásico y Postclásico, así como los mecanismos económicos que controlaron los recursos que habrían de condicionar su forma.

La zona del Golfo de México.

El área donde se desarrollaron las culturas del Golfo de México forma parte de la llanura costera, que se extiende desde el Norte de Tampico, Tamaulipas, hasta el borde donde hacen frontera los estados de Tabasco y Campeche. Las zonas ocupadas por los grupos prehispánicos se caracterizaban por encontrarse dentro de las tierras bajas, si bien es cierto que, con frecuencia, se asentaron en algunos puntos de la sierra. Toda esa área es irrigada por una amplia red hidrológica formada por importantes ríos como el Pánuco, Tuxpan, Cazones, Tecolutla, Nautla, Papaloapan, Coatzacoalcos, Grijalva y Usumacinta, entre otros muchos que, alimentados por corrientes secundarias, forman grandes pantanos y numerosas lagunas a lo largo de la costa. Esta aparente homogeneidad geográfica del área es interrumpida por algunos macizos montañosos como los de Otontepec, Tantima, Chiconquiaco y los Tuxtlas, así como por zonas semiáridas que en conjunto jugaron un importante papel en el desenvolvimiento y concepción culturales.

Aunque el máximo desarrollo de la zona corresponde al período clásico, algunos lugares llegaron a ser ocupados hace unos 7,000 años por lo menos, para entonces solo es posible identificarlos como grupos de recolectores, cazadores y pescadores de los ríos y en las lagunas, como sucedió hacia la zona de los ríos Tecolutla - Nautla y tal vez en la cuenca baja del Pánuco. Tuvieron que transcurrir varios milenios antes de que los habitantes de la costa del Golfo comenzaran a definir las expresiones culturales a partir de las cuales es factible reconocerlos; arquitectura, escultura, cerámica, conocimientos e ideología en general. Así, en el período formativo sobresale la cultura Olmeca, en el clásico las llamadas culturas de Veracruz Central y Huasteca, y en el Postclásico sobresaldrán los Totonacos en el centro de Veracruz, en tanto que en el norte continuaría la cultura Huasteca con diferentes logros y concepciones bastante distintas a las del período anterior.

Breve sinopsis histórica del Golfo.

Los estudiosos de la Arqueología mesoamericana han establecido una división geográfica de la misma en 5 zonas principales: Occidente (los estados actuales de Michoacán, jalisco, Nayarit. Colima, Sinaloa y Guerrero); el Altiplano (Estado de México, Guanajuato, Querétaro, Distrito federal, Morelos, Puebla y Tlaxcala); Oaxaca; la Zona Maya (Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Chiapas, y Centroamérica hasta el Salvador), y por supuesto el Golfo (Veracruz, Tabasco y Tamaulipas). La secuencia cronológica del Golfo se desarrolló de la siguiente manera:

Período Grupos Humanos
Formativo Inferior
2200 - 800 a.C.
Cultura Remojadas.
1er. Desarrollo Olmeca (Fase San Lorenzo).
Formativo Medio
800 - 200 a.C.
Olmecas
Fase La Venta y Fase Tres Zapotes.
Formativo Superior
200 a.C. - 0
Desintegración del foco de cultura olmeca y "Diáspora".
Protoclásico
0 - 200 d.C.
"Diáspora".
Clásico
200 - 650
Nacimiento de la tradición del Veracruz Central y de la Huasteca.
Epiclásico
650 - 900
Repunte del centro del Tajín.
Postclásico
900 - 1521
Cultura Huasteca y Totonaca.

En estas regiones se dará un desarrollo ininterrumpido de diferentes culturas, relacionadas entre sí y herederas continuas de los avances anteriores. Algunos rasgos comunes a todas ellas son los siguientes:

  • El conocimiento y utilización de una vasta gama de técnicas para la producción agrícola;
  • El uso del bastón plantador o huitzoctli y el azadón de madera o huictli;
  • El cultivo del maíz, frijol, calabaza, chile, chía y tomate, y la preparación de tortillas de maíz con cal;
  • El cultivo y trabajo del algodón;
  • La fabricación de terrazas o terraplenes y obras hidráulicas de diversa índole;
  • La edificación de complejos urbanos y plataformas piramidales escalonadas;
  • El uso del estuco para el recubrimiento de superficies arquitectónicas; y
  • El trazo de patios en forma de "I" para el juego de pelota

Otro rasgo importante, compartido por los grupos mesoamericanos, es la producción regular de un amplio excedente, lo que dio origen a fenómenos sociales relevantes, como el surgimiento de un estrato dirigente de organizadores de la producción, desligados de los medios de producción directas y mantenidas mediante un sistema de distribución. La existencia de grandes centros urbanos, la multiplicación y complicación de las funciones religiosas y la progresiva militarización de los señoríos fueron factores que agudizaron la estratificación. La capa más numerosa, la de los tributarios, tuvo que mantener una sociedad llena de gastos. La contradicción entre tributarios y tributados fue profunda. Paralelamente surgió y se consolidó una extensa red comercial y una capa de comerciantes prósperos, rodeados de riquezas y algunos privilegios, pero sin las prerrogativas y el status de la nobleza.

Entre los años 6000 y el 1000 a.C. en Mesoamérica surgieron en forma independiente modos de vida nuevos, fundados en la domesticación de gramíneas y otras plantas comestibles (amaranto, calabaza, frijol, aguacate, chiles, chayotes, etc.) y la creación de aldeas permanentes. Mesoamérica es una zona muy diversificada donde colindan medios naturales de grandes contrastes entre los que sobresalen la selva tropical lluviosa que cubre Chiapas, Tabasco, Quintana Roo, Guatemala y Honduras; las costas marinas de Baja California, Nayarit y Guerrero; las estepas y zonas montañosas con sus tres regiones clave, Tamaulipas, el Valle de Tehuacán y la región de Oaxaca.

En la región de las estepas tropicales, entre 6500 a 5000 a.C. en las fases culturales de Tamaulipas, Tehuacán y Oaxaca, los vestigios arqueológicos evidencian cultivos tempranos de frijol, calabaza y chile, a los que añadieron en etapas posteriores el zapote y las más antiguas mazorcas de maíz cultivado. En esta etapa, que abarca de 5000 a3000 a.C., los campamentos eran semi permanentes, pues los cultivos se realizaban durante las fértiles temporadas de lluvia. En la sierra de Tamaulipas, durante la fase denominada La Perra (3000 a 2200 a.C.) aparecen obras textiles hechas de fibras de maguey y yuca, resaltando el tejido de esteras. Hacia 1200 a.C., surge la primera alta civilización de Mesoamérica, la de los olmecas, y se establece a partir de estas fechas y hasta el 900 a.C. un patrón cultural mesoamericano.

El Formativo en el Golfo.

Los ancestros de quienes iban a conformar la cultura olmeca procedían del Norte de Sudamérica, quizá de Colombia y Ecuador. Aquellos primeros grupos pudieron haber penetrado hacia el territorio mesoamericano, vía la Costa del Pacífico de Guatemala y Chiapas. Las ocupaciones indican que fue allá en donde se gestaron algunas de las características que han hecho posible identificar sus antecedentes.

Tales grupos denominados proto-olmecas, dejaron sus huellas en cerámica fechada alrededor de los años 1500 al 1400 a.C. De aquellas partes de la costa, algunos probablemente avanzaron tanto al interior del actual estado de Chiapas, como hacia el Istmo de Tehuantepec. De esta manera, pudo haber comenzado una primera separación de grupos: mientras unos remontaban la cuenca del Grijalva rumbo a la costa del Golfo de México, otros tal vez, la alcanzaron a través del Istmo. Pero de éste último, algunos más pudieron penetrar hacia el valle de Oaxaca; posteriormente pasarían a lugares de los actuales estados de Puebla, Morelos, Guerrero y de la cuenca del Valle de México.

Aquellos proto olmecas, quizá numéricamente pocos, deben haberse fusionado con los habitantes locales sin dejar más huellas que algunas formas cerámicas como los tecomates, la decoración de "mecedora" y la cocción diferencial, conocidos de antiguo por ellos. Con el tiempo, al darse diferentes relaciones con los grupos de la costa del Golfo, otros conceptos serían incorporadas a su cultura material e ideológica.

Por el contrario, los que penetraron hacia la Costa del Golfo se integraron de tal modo con los pobladores locales que al correr de los años devendrían en las expansiones que se reconocen ahora como olmecas. No obstante, se conservaron ciertas formas cerámicas y técnicas decorativas semejantes a las ya señaladas que erróneamente se tienen como olmecas. Aquellos grupos parece que arribaron a la Costa del Golfo alrededor de los años 1350 y 1300 a.C.; unos cien años más tarde es posible que hubieran desarrollado buena parte de las características de la cultura olmeca. Para entonces, ya se habían extendido por un amplio territorio localizado entre los actuales estados de Veracruz y Tabasco.

Los olmecas llegaron a ocupar desde la llanura costera hasta las primeras estribaciones de la sierra y desde la cuenca del río Papaloapan hasta la del río Santana, al Sur del Blasillo - Tonalá. Ese territorio se conoce como área olmeca metropolitana o área nuclear olmeca, pues en ella se han reconocido los sitios más importantes de dicha cultura. Sin embargo, sus manifestaciones e influencias se dejan sentir desde el centro de Veracruz hasta la cuenca del Usumacinta. Con menor importancia, sus huellas se encuentran tan lejos como la Huasteca por el Norte, sin que sea dado hablar de una extensión de lo olmeca; una apreciación válida por cuanto corresponde a sus manifestaciones en el área maya.

Por otro lado, fuera del área nuclear, su presencia llegará tan lejos como Centroamérica, Chiapas, Oaxaca, Puebla, Morelos, Guerrero y la cuenca del valle de México; sin embargo, piezas como algunas hachas encontradas en Etzalán, Jalisco, no significa una extensión de portadores de dicha cultura. En cuanto al área nuclear, los sitos más sobresalientes son San Lorenzo, aparentemente el más antiguo, Laguna de los Cerros, Potrero Nuevo, San Martín, Las Limas y Tres Zapotes, entre otros varios lugares de Veracruz, y sin olvidar el más importante de Tabasco, La Venta.

Se supone que un edificio típico olmeca consistía de una construcción de materiales perecederos: postes de madera, paredes de carrizo repelladas con lodo, techos de palma y pisos de tierra apisonada, con o sin una subestructura. Las subestructuras o basamentos eran de tierra compactada, ya sea arcillas o arenas de origen local. En algunos casos, se utilizaron piedras como recubrimiento, y para la fabricación de los monolitos esculpidos y las "columnas basálticas". Las subestructuras pueden tener forma piramidal, como los edificios C1 y D1 de La Venta, o pueden ser plataformas de planta rectangular.

Área Nuclear Olmeca

Los geólogos han determinado que el basalto usado para hacer la mayoría de los monumentos en San Lorenzo y La Venta proviene del área de los Tuxtlas. En 1960, el arqueólogo Alfonso Medellín Zenil descubrió Llano del Jícaro, una cantera de basalto olmeca, así como un sitio – taller. La cantera, cerca de los Tuxtla, está a solo 7 kilómetros del centro olmeca de Laguna de los Cerros, y era controlado por él. Las excavaciones de 1991 en Llano del Jicaro proporcionaron datos acerca del proceso de manufactura de monumentos. Un gran altar sin terminar encontrado en el sitio demostró que los monumentos eran conformados en su forma básica en el sitio de extracción del material, y luego eran transportados a los centros para su terminación. Sin embargo, la pregunta es ¿Cómo fueron transportadas estas enormes piedras para altares y cabezas colosales desde los Tuxtlas, a través de colinas, ríos y pantanos del territorio olmeca hasta San Lorenzo y la Venta?

Es difícil conocer la traza arquitectónica de los asentamientos prehispánicos correspondientes a los períodos más tempranos de Mesoamérica, ya que en la mayoría están cubiertos por ocupaciones posteriores. El caso de la antigua ciudad de la Venta es único, puesto que conserva el trazo arquitectónico original: nunca tuvo una ocupación posterior a lo que se considera su auge olmeca.

Como todos los sitios olmecas conocidos, San Lorenzo impresiona mucho menos que las ciudades mayas de Yucatán. Por una razón: ésta mantenía tan solo a unos pocos miles de habitantes, menos de los 100,000 o más de las ciudades mayas. Los edificios principales eran poco más que montículos de tierra cubiertos por hierbas, carentes de cualquier tipo de fachada de mampostería y probablemente estaban coronados por construcciones de troncos y cubiertas de palma. Todo el sitio de San Lorenzo es un gran montículo, completamente artificial en su origen. Del mismo modo, las crestas en forma de dedos que sobresalen de los lados de la gran meseta pueden ser considerados también como montículos. Ya que no existió en absoluto el uso de la piedra para la arquitectura, la línea entre lo que se considera una construcción en forma de plataforma y lo que parezca ser otra cosa es a menudo ambigua. Pero en muchos casos, particularmente es el de lo que deben haber sido plataformas habitacionales, no cabe ninguna duda.

Montículo artificial de San Lorenzo

Se supone que la mayoría de los montículos en San Lorenzo son plataformas que servían de base a viviendas ancestrales, ahora desaparecidas. Hay cerca de 200 de éstos en el mapa, y es muy probable que falten aún otros por descubrir. Son elevaciones poco pronunciadas en la superficie, frecuentemente de menos de un metro de altura, y generalmente rectangulares en planta. Su distribución recuerda la situación clásica maya, a menudo se encuentran dos montículos en ángulo recto, o tres delimitando un patio.

Ahora se sabe que los grandes centros olmecas que se desarrollaron en San Lorenzo, La Venta y Laguna de los Cerros, y los centros pequeños tales como Tres Zapotes, no eran meros sitios religiosos despoblados, sino asentamientos dinámicos donde vivieron artesanos y campesinos, especialistas religiosos y dirigentes. La arquitectura olmeca incluye tanto edificios públicos religiosos como residencias de la élite y casas comunes. Los edificios públicos religiosos fueron casi siempre plataformas de tierra, sobre algunas de las cuales se construían grandes estructuras de tipo habitacional. En La Venta se observan después del 900 a.C. tales plataformas alineadas alrededor de grandes plazas e incluyendo un nuevo tipo de arquitectura, un alto montículo piramidal, o en el caso específico de La Venta, tronco - cónico.

Plano topográfico de San Lorenzo, donde se aprecian las crestas que sobresalen del perfil de la meseta artificial.

Mientras que a primera vista los montículos se distribuyen por toda la superficie de San Lorenzo, hay concentraciones significativas de montículos habitacionales en algunas áreas. De hecho, pueden definirse dos patrones lineales Norte - Sur. Uno de estos corre al sur desde el extremo de la cresta Noroeste, continua entre una línea de lagunas por el lado poniente del sitio, y se extiende hasta la cresta Suroeste. La otra línea comienza al este del grupo B, y se extiende al Sur de forma similar a lo largo de la cresta Sureste, la cual tiene tantas plataformas habitacionales que ha sido bautizada como la "Calle Principal" (Main Street). Hay dos claustros más, uno en la base de la cresta Sur Central, y otro justo al Noreste del Grupo A.

San Lorenzo es en realidad un domo de sal que con el paso del tiempo recibió una gran cantidad de escombro por ocupaciones, lo que elevó su masa. Toda esta construcción masiva descansa sobre un meseta natural. Muy por debajo de San Lorenzo hay una serie de capas de piedra. Las más profundas son bentonitas del Oligoceno (cenizas volcánicas consolidadas, sumergidas en el manto freático, usadas de manera extensiva como relleno en la fase San Lorenzo) éstas están cubiertas por la formación de El Encanto, del Mioceno temprano, integrado por capas de lutita (arcillas sedimentarias consolidadas) alternando con capas muy delgadas de estratos bentoníticos. Encima de esto, y directamente bajo los niveles culturales más primitivos, hay muchos metros de gravas ferrosas y arenas que pudieran pertenecer al Plioceno y/o al Pleistoceno. La meseta de San Lorenzo está soportada por uno de los profundos domos de sal que son muy comunes en la altamente tectónica cuenca del Coatzacoalcos. Fotografías aéreas indican que esta elevación ha estado modificando los ríos Tatagapa y Coatzacoalcos hacia el oeste y el este respectivamente, probablemente a lo largo de un período de muchos miles de años.

Durante las primeras excavaciones se creía que la meseta de San Lorenzo era de origen natural, y que las hondonadas que la cruzaban por los lados Norte, Oeste y Sur eran resultado de la erosión. Ahora se sabe que esto era un error. Por ejemplo, las crestas de los Grupos C y D, que sobresalen de San Lorenzo por el Oeste, son obviamente artificiales ya que cada una es un reflejo de la otra. Exactamente el mismo tipo de reflejo simétrico se observa en las crestas Suroeste y Sureste, con la diferencia de que al sur del montículo C4-35, la planta del Suroeste no se completó. Las excavaciones en la cresta del Grupo D han arrojado que ésta es artificial hasta una profundidad de 7 metros bajo el nivel del suelo, mientras que los depósitos culturales de la plataforma Noroeste alcanzan casi la misma profundidad. La mayoría de la construcción de estas crestas es anterior a la misma fase San Lorenzo. Así, las hondonadas delimitadas por las plataformas son artefactos también, aunque una cierta cantidad de erosión desde el abandono del sitio las ha agrandado.

La traza arquitectónica de La Venta exhibe un patrón que requirió planeamiento y organización. Con base en fechas radiométricas y material cerámico, se asume que la traza arquitectónica corresponde al período comprendido entre el 600 y el 400 a.C. Aún no se define si esta organización arquitectónica rigió su traza en siglos anteriores a los mencionados. El arreglo de los edificios de La Venta obedece a alineaciones en ejes norte - sur, formando espacios (¿plazas?) alargados entre cada alineación. En La Venta se han definido 10 complejos arquitectónicos: A, B, C, D, E, F, G, H, I y la "Acrópolis Stirling". Se estima que la extensión máxima de esta antigua ciudad cubrió 200 ha; desgraciadamente poco más de la mitad de los vestigios arquitectónicos han sido destruidos desde los años cincuenta.

Complejos C y A de La Venta

Los edificios de La Venta eran simples construcciones de barro que parecen haber sido protegidas en su época por un recubrimiento de piedras pulidas y tierras compactadas y coloreadas. Tenía el sitio, como elemento principal, una gran "pirámide" de extraña forma, dominando un conjunto arquitectónico orientado de norte a sur y limitado en el extremo opuesto por una pirámide escalonada. Esta pirámide de barro, de unos 130 metros de diámetro y 30 de altura, tiene una forma que se acerca más bien a la de un cono truncado y en cuyos costados van alternando diez lomos con diez depresiones simétricamente repartidos, forma que, a decir de los arqueólogos, pudo haber sido inspirada por los conos erosionados tan abundantes en la región de los Tuxtlas.

Plano del centro ceremonial de La Venta

El complejo A es el grupo arquitectónico más pequeño de La Venta y es considerado el recinto ceremonial del sitio. Cerrándose alrededor de esas dos masas principales, se integraban plazas mediante la combinación simétrica de plataformas bajas, escaleras y unas extrañas empalizadas formadas por grandes columnas monolíticas de basalto empotradas verticalmente en el piso y muy próximas una de la otra. Estas empalizadas remataban, en medio de las dos plazas, con unos recintos totalmente cerrados formados por esas mismas columnas basálticas. En esta unidad arquitectónica se descubrieron más de 20 ofrendas pequeñas, las cuales tenían vasijas de cerámica, cuentas y figurillas de piedra, hachas votivas y otros objetos portátiles. Asimismo, en este conjunto arquitectónico se encontraron "ofrendas masivas". Se trata de construcciones subterráneas, de cerca de 8 m de profundidad y aproximadamente 20 m por lado, dentro de las cuales se depositaron bloques de serpentina verde formando un diseño abstracto – imaginativamente llamados "máscaras de jaguar", y cuya presencia oculta debió representar para los olmecas un contacto mágico con las fuerzas del agua, de la tierra y del cielo.. Estos mosaicos fueron inmediatamente tapados con arenas de diferentes colores, sobre las cuales se construyó un montículo de adobe circundado por las columnas de basalto.

Corte de la ofrenda masiva de La Venta

Por otro lado, los "pavimentos" son también depósitos subterráneos a menor profundidad que los anteriores, donde también se dispusieron toneladas de bloques de serpentina en forma de pavimento, sin formar un diseño abstracto como los primeros. La función y el simbolismo de estas singulares construcciones es desconocida, pero se deduce que su importancia es ritual y que posiblemente están asociados a la Madre Tierra. Dentro del montículo piramidal que limitaba el conjunto al Norte, se han descubierto algunas "tumbas". Dentro de la estructura A-2, se encontró una tumba que consistió de un recinto con paredes y techo formado por columnas de basalto, provenientes sin duda de las empalizadas mencionadas. Dicho depósito funerario contenía restos óseos deteriorados e incompletos de dos individuos jóvenes sobre una capa de pigmento rojo. Asimismo, se encontraron otros depósitos menos elaborados clasificados también como "tumbas", sin restos óseos, pero que por la disposición de los materiales asociados se interpretaron de esta forma.

Planta del mosaico de serpentina, y tumba con columnas de basalto

Si bien la arquitectura de San Lorenzo y La Venta todavía era de barro, pronto empezarían a surgir en otras regiones, durante el Formativo superior, los primeros intentos de arquitectura en piedra. La evolución de los elementos arquitectónicos que rigieron en toda Mesoamérica, tuvo un importante escenario en el área nuclear olmeca. Desde la compactación de los basamentos y plataformas de barro, la extracción y el corte de las piedras, los inicios de las escaleras y de los pilares, y la construcción de habitaciones con materiales perecederos principalmente de origen vegetal; hasta la concepción de los primeros centros ceremoniales, de los basamentos para los templos y de las tumbas.

Vista actual del la Gran Pirámide de La Venta

El Golfo en el Clásico

Mientras que los grupos que en el período clásico se asentaron en el Centro de Veracruz se presentan claras diferencias en sus desarrollos, formas de expresión y estilos artísticos, en la Huasteca (de Norte a Sur y de Oriente a Poniente) las manifestaciones culturales reflejan mayor homogeneidad. En cuanto al área ocupada por los grupos del Centro de Veracruz, puede considerarse que se extendía desde la costa del Golfo hasta las primeras estribaciones de la sierra, y de la cuenca del río Papaloapan hasta a la del Cazones.

Región del golfo durante el Clásico

En ese territorio se ha reconocido un estilo artístico integrado por varias tradiciones culturales que, aun cuando empezaron a revelarse varios siglos antes de la era cristiana, alcanzan su apogeo durante el Clásico. Aunque es posible apreciar diferencias entre esas tradiciones, paradójicamente los conocimientos actuales no permiten establecer límites regionales; en cambio, con frecuencia se presentan marcados traslapes interzonales. A pesar de ello, podría hacerse referencia a la zona de Cerro de las Mesas. Allí, durante el Clásico, se da un estilo escultórico en lápidas y estelas de gran calidad estética que ha sido ligado con expresiones de la costa del Pacífico de Chiapas y Guatemala. también es posible hacer referencia a la zona de Remojadas - Tlalixcoyan - Apachital, reconocible por su excepcional escultura menor hecha de barro, en la que sobresalen las caritas sonrientes. Éstas, aunque aparentemente se comienzan a fabricar desde el Protoclásico, alcanzan su máximo apogeo hacia finales del Clásico temprano y Clásico tardío, en gran medida relacionadas con el culto a la muerte y a los muertos.

En estas esculturas y en otros aspectos se aprecian claros nexos con Teotihuacán, tanto en lo técnico - especialmente en aquellas manufacturadas con las extremidades articuladas -, como en lo ideológico. Para el Clásico tardío no deben olvidarse las esculturas menores hechas de barro y fabricadas en molde de la zona de Nopiloa. Asimismo, no deben olvidarse las grandes esculturas, también hechas en barro, del período Clásico tardío _ Epiclásico, que probablemente se continúan hasta el Postclásico allá en la Mixtequilla. Mención especial debe hacerse del Norte de Veracruz Central por su característico estilo arquitectónico a base de nichos y cornisas voladas y la escultura en bajo relieve que alcanza un lugar sobresaliente durante el Clásico tardío y Epiclásico.

Estas consideraciones geográfico - culturales no podrían aplicarse a los llamados "juguetes" con ruedas, ni a la trilogía de yugos - palmas - hachas, toda vez que su difusión no se restringe a los límites señalados para Veracruz Central. En efecto, en el caso de los "juguetes" con ruedas, su presencia se deja sentir hasta Centroamérica por el sur y el área de Pánuco por la costa del Golfo de México, aunque su probable origen esté en la zona de Remojadas con una cronología que iría del Clásico al Postclásico tardío. En cuanto a los yugos - palmas - hachas, su distribución en la costa del Golfo alcanza desde el área de Tampico - Pánuco a la cuenca del medio y bajo Usumacinta. Hacia el norte y centro de México se encuentran en la Sierra Gorda de Querétaro; por el sur en El Salvador en Centroamérica, si bien en las partes más alejadas de Veracruz Central son más comunes los yugos e incluso las hachas. Cronológicamente esta tradición fue bastante prolongada pues aparentemente se inicia en el Clásico temprano, o tal vez en el Protoclásico, y termina en el Clásico tardío.

Aunque estas zonas geográfico culturales les tuvieron vínculos artísticos, políticos, económicos y religiosos, con frecuencia resulta imposible determinarlos con claridad. Por el contrario, sus nexos con otras áreas culturales pueden reconocerse, pero resulta muy difícil cuantificar su impacto y relevancia. Xochicalco, Cholula, Teotihuacán y Cacaxtla dan cuenta de tales relaciones; a la inversa, Remojadas - Tlalixcoyan, Matacapan, Nopiloa, entre otros varios lugares de Veracruz Central, dejan ver esos nexos en la cerámica, en la arquitectura o en el culto de ciertos dioses. Tláloc y Huehueteótl que llega a la costa del Golfo desde el Altiplano Central; Xipe, Mictlantecúhtli y el dios Gordo, que son aceptados en el centro de México, enfatizan tales relaciones. Aunque debe aclararse que Xipe podría ser originario del estado de Guerrero, según algunos investigadores.

Vista del Tajín desde el Edificio de las Columnas

Durante el período Clásico, política, económica y urbanísticamente no se encuentra en el sur de Veracruz Central nada semejante a El Tajín o Yohualinchán. En El Tajín, aunque la actividad constructiva se inició alrededor del año 100 d.C., su máximo esplendor incide entre los siglos VII y X. De las distintas épocas, por su importancia arquitectónica destacan el conjunto del Tajín Chico, el Edificio de las Columnas, los Juegos de Pelota Norte y Sur, el grupo del Arroyo y la Pirámide de los Nichos, entre otros. Esta última estructura es un ejemplo único del dominio del claroscuro a través del juego de volúmenes; luz y sombra. Celosías, xicalcoliuhquis en planos remetidos, grecas escalonadas, mosaicos de piedra y la talla de relieves en los edificios dan a esta ciudad un lugar excepcional en la arquitectura mesoamericana.

Continuacion

 

 

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