Materiales y sistemas constructivos empleados por las culturas
del Golfo de Mexico
Mtro. Juan Antonio Siller
Arq. Nieves Sánchez Gómez
Arq. Emilio Moreno Chazzarini
Arq. Luis Guardado Sánchez
Octubre de 1998
(segunda parte)
Pirámide de los Nichos de El Tajín
Los numerosos edificios que componen el centro ceremonial de El
Tajín se hallan dispuestos en una sucesión escalonada de plataformas
artificiales rodeadas de cerros, en medio de una fértil zona tropical.
De acuerdo con algunos investigadores este sitio llegó a ser capital
de un amplio territorio exigido por un poder centralizado, y la
base de su desarrollo pudo haberse fundamentado en la adecuada explotación
agrícola de tres valles aluviales: Espinal, San Pablo y Coatzintla.
La transformación de los asentamientos en la costa de Veracruz
desde el Formativo al Clásico se aprecia en sitios como Matacapan
y Tetela, cerca de Tierra Blanca. Independientemente de la estructuración
del espacio en aldeas, pueblos y centros urbanos, estamos convencidos
de que el proceso de urbanización en la costa se consumó considerablemente
después de que esto tuvo lugar en el Altiplano central. Poco se
sabe sobre la arquitectura de esta época en el centro de Veracruz.
Los sitios mejor estudiados se encuentran prácticamente fuera del
área. Matacapan destaca por su influencia teotihuacana en el estilo
arquitectónico; El Tajín sobresale por la Pirámide de los Nichos
que le ha hecho famosos. Entre Matacapan al Sur y El Tajín al Norte,
el patrón constructivo es repetitivo y consta de edificios de base
cuadrada o rectangular con uno o varios cuerpos sobrepuestos; tienen
un talud de adobe o de canto rodado amacizado con tierra; el talud
contiene un núcleo de tierra compactada. Las paredes llevan un aplanado
de tierra arcillosa y su acabado final consta en algunos casos de
una delgada capa de estuco. Los diferentes cuerpos no representan
mayores complicaciones para mejorar la fachada, como el talud y
tablero en Teotihuacán o en los nichos de El Tajín. Sobre el último
cuerpo se levantaba el santuario o los aposentos de los gobernantes.
Estas construcciones tal vez eran de materiales perecederos como
las casas de la gente común, con muros de bajareque revestidos con
una capa arcillosa y la techumbre de palma. La escasez de datos
sobre la arquitectura en el Clásico nos ha llevado a concluir que
El Tajín es esta síntesis o la materialización de un proceso social
y cultural que se inicia con las comunidades agrícolas asentadas
en aldeas y culmina con una sociedad estratificada con características.
El sitio arqueológico de El Tajín se encuentra en el norte del
Estado de Veracruz a unos 14 km de Papantla y 16 km de Poza Rica
(20º2835" latitud Norte y 97ª2239" de longitud
Oeste). Esta ciudad se desarrolló entre el siglo VII y el XII d.C.
Dos barrancas al Este y Oeste limitan el sitio en la parte central;
al otro lado se identifican muchas terrazas que sirvieron para casas
- habitación y pequeñas huertas. La parte central se ensancha en
dirección Norte; desde la parte Sur asciende el terreno constantemente
hacia el Norte y divide el núcleo de la ciudad en varios segmentos.
Las diferencias altimétricas y la consecuente nivelación de los
terrenos por muros de contención servían al mismo tiempo de barrera
arquitectónica para estructurar el universo urbano. En la parte
Sur predominan los edificios que se identifican con el culto, las
grandes fiestas populares, las asambleas masivas y, sobre todo,
con el juego de pelota, de los cuales existen 14, aunque no todos
se ubican en este sector. El siguiente nivel altimétrico está ocupado
por una serie de edificios residenciales y su espacio se identifica
como de acceso restringido. Allí vivía muy probablemente la burocracia
estatal y religiosa. El tercer nivel, de mayor restricción todavía,
representa la concentración del poder religioso y civil que se manifiesta
en el importante Templo de las Columnas y plataformas para las residencias
del grupo gobernante.
Independientemente de la estructuración por niveles altimétricos
se puede observar varios espacios con orientaciones preferenciales,
y otro espacio en el centro con orientación indefinida. Los edificios
que se orientan hacia los 20º noroeste se encuentran en el sur y
los que se orientan hacia los 45º noreste están en el Norte de la
antigua ciudad. El complejo arquitectónico normativo del Sur es
el conjunto que se ha llamado "Grupo del Arroyo" que cuenta
con la plaza más grande del asentamiento, que bien puede haber servido
tanto para las grandes reuniones como para el intercambio. Por la
disposición clásica de estos edificios, el sistema constructivo
y la solución formal de la fachada, se ha supuesto que ésta es la
parte más antigua de la ciudad. En esta fase del desarrollo urbano
no existía todavía la escasez del espacio central, donde se encuentra
la Pirámide de los Nichos. Además, el sistema constructivo de los
edificios de esta Plaza, aunque muestra algunos avances tecnológicos,
se asemeja más a los sistemas constructivos de la Época Clásica
en la Costa del Golfo. La parte Sur del asentamiento, desde el punto
de vista urbano, se identifica con el centro al que concurre una
población agrícola dispersa para sus fiestas religiosas o para algunas
actividades comerciales. Durante el Clásico medio, El Tajín era
un centro ceremonial y no una ciudad por la falta de estructura
interna.

Plano del centro ceremonial de El Tajín
Todo cambia cuando en el Norte del asentamiento se empieza a nivelar
el terreno e inicia la construcción de los grandes muros de contención,
creando así espacios artificiales que posteriormente son ocupados
por edificios para una población administrativa encargada de articular
las funciones entre el campo y la ciudad. Los edificios mejoran
la calidad de la construcción y hay adelantos en la tecnología constructiva,
experimentando con techumbres novedosas que se parecen a losas coladas
sin la utilización de un elemento que trabaje a tensión, como es
la varilla en la losa armada moderna. Sin embargo, existe suficiente
evidencia arqueológica de que estas techumbres han estado de pie
por un tiempo considerable. La parte central, no definida es la
más moderna, representada por una serie de construcciones de buena
calidad, pero sin la posibilidad de desarrollar su espacio exterior;
son edificios que de alguna manera se estorban entre sí urbanísticamente.
Tal es el caso de la Pirámide de los Nichos, el edificio mejor construido,
de mucha importancia sólo por su costo, pero que se construyó al
final y por eso fue orillado al lado Oeste del muro de contención
Norte y al Edificio 11, y en lado Sur del complejo arquitectónico
exterior, al menos de su fachada principal, donde se encuentra la
escalera con alfardas decoradas con xicalcoliuhqui (grecas).
Escalera de la Pirámide de los Nichos
Los juegos de pelota son de gran importancia en El Tajín, no solo
por el número (14), sino también porque ahí se encuentra todavía
la mayor parte de los bajorrelieves que relatan episodios del ritual
del juego de pelota, sobre las jerarquías sociales y la importancia
que tuvo Quetzalcóatl al menos en la época de florecimiento de El
Tajín. Ahí, como en muchos otros relieves, aparecen las bandas entrelazadas
tan características para el estilo artístico de El Tajín y muchas
piezas del complejo yugo - hacha - palma.
La arquitectura de El Tajín es de especial interés para toda Mesoamérica,
no solo por el elemento formal y tal vez estructural de los nichos,
sin también por el juego de los proporciones entre los taludes de
los diversos cuerpos superpuestos de los basamentos de los edificios
y los diferentes sistemas constructivos empleados en la edificación.
Los nichos caracterizan el estilo arquitectónico de El Tajín. Su
empleo difiere bastante en las fachadas de los edificios y nunca
se repite idénticamente. La Pirámide de los Nichos, llamada así
con justa razón, es la que más nichos tiene en sus cuatro fachadas:
365. Según las últimas investigaciones, este edificio fue construido
durante una sola fase, tal vez con el propósito de servir como mausoleo
a uno de los más importantes gobernantes. Refuerza esta hipótesis
la existencia de un tiro de aproximadamente 14 m de profundidad
a partir del piso del templo en la cima del basamento. Otro argumento
es la técnica constructiva del edificio mismo. Las recientes exploraciones
demostraron que los taludes de los diferentes cuerpos arrancan todos
de un solo nivel, de tal manera que resultan grandes muros de contención
que dan una solidez extraordinaria al edificio.
En alguna de las exploraciones se perforó un túnel en el lado poniente
del edificio, abajo de la serie de nichos del primer cuerpo. El
túnel demostró que la tierra vegetal fue removida antes de comenzar
la construcción que se levanta sobre el suelo natural, de un compacto
barro amarillo; el núcleo del edificio se compone de grandes piedras
rodadas, sin ningún otro material que las ligue entre sí. A poca
distancia apareció el talud, que forma la parte inferior del segundo
cuerpo y más adelante el que corresponde al tercero. Prolongando
el túnel hasta cinco metros de profundidad, se encontró un relleno
formado por piedras de río, lajas y lodo, que corresponde a la estructura
primitiva, pero los derrumbes fueron tan grandes, que no se pudo
continuar la exploración. Se perforó entonces otro túnel a la altura
de los cuerpos segundo y tercero, aprovechando el hueco de los nichos,
y se pudo apreciar que la subestructura está formada por un solo
cuerpo, sin descansos y construido con lajas superpuestas.
Los nichos de la pirámide exterior están construidos de la siguiente
forma: sobre un muro en talud, revestido de piedra, se levanta un
paramento vertical, también revestido de piedra, que constituye
el fondo del nicho; pequeños apoyos de piedras superpuestas van
formando resaltes hasta llegar a las dimensiones del claro que forma
el mismo nicho; sostienen enormes losas que aparecen como labradas,
pero que realmente presentan este aspecto por haber sido obtenidas
de una formación sedimentaria en un lugar cercano. Otras lajas,
colocadas sobre la anterior, en número de seis o siete, ligeramente
salientes una sobre otra, forman el esqueleto de la cornisa, cuyo
aspecto definitivo de un plano inclinado, se obtiene por medio de
un grueso aplanado de estuco.
 
Detalles de la construcción de los nichos
Este sistema de construcción ha sido causa de numerosos derrumbes,
pues al romperse algunas de las losas, ceden los apoyos de la del
piso siguiente, rompiéndose también la losa que sostiene, ocasionando
la destrucción del edificio, por lo que ha sido necesario hacer
grandes trabajos de restauración, con el objeto de asegurar su estabilidad.

Detalle de los nichos, detalle arquitectónico
típico de El Tajín.
Una serie de edificios como el 15, el 12 y el 5 solo llevan nichos
en el primero y en el último cuerpo del basamento y se conectan
entre sí por un largo talud. Sin embargo, la forma y el tamaño de
los nichos varían bastante. En la temporada de 1989 apareció una
novedad formal en el edificio 12. En este caso los apoyos de las
grandes lajas que forman la cornisa de los nichos son columnitas.
El nicho formado así tiene en el fondo el caracol cortado asociado
con Quetzalcóatl. Este edificio es anterior a la Pirámide de los
Nichos, pero posterior por ejemplo al edificio 15 que se encuentra
al lado Este del edificio 5 y del Juego de Pelota Sur.
De los 14 juegos de pelota que se han identificado hasta la fecha
solo tres llevan relieves en algunas partes de la pared de la cancha;
éstos son los formados por los edificios 5 y 6 (Juego de Pelota
Sur); 24 y 25 (Juego de Pelota Central); 17,27,13,14,34 y 35. La
forma de los edificios y de la cancha puede variar considerablemente
en tamaño, altura de la pared y del talud, lo que hace sospechar
si efectivamente se jugaba en esta cancha, aunque las gradas en
el edificio indican un uso para actos públicos.

Alzado de un edificio con nichos
Generalmente los juegos de pelota tienen dos paredes de mayor o
menor tamaño que delimitan la cancha lateralmente y dos taludes
en cada edificio que conforman el juego de pelota. Algunos juegos
de pelota muestran un pequeño muro al paño exterior de cada edificio,
que encierra y delimita un espacio en la cabecera de ambos lados
del juego de pelota.
Los templos y los altares de El Tajín, en su concepción básica,
no difieren del patrón mesoamericano. Generalmente tienen una escalera
con alfardas al frente o una escalera en cada lado para subir al
primer cuerpo, como en el caso del edificio 12. Los edificios alargados
de la Plaza del Arroyo llevan tres escaleras al frente con sus respectivas
alfardas, razón por la cual se supone que en este caso se trata
de un basamento de edificios públicos.

Edificio A del Tajín Chico
El Tajín Chico tiene un carácter predominantemente residencial,
lo que no excluye la presencia de edificios religiosos; pero el
edificio A con sus pasillos internos indica un espacio arquitectónico
interno de habitación permanente. Este edificio restaurado hace
mucho tiempo presenta algunos problemas de interpretación constructiva.
Es de dudar si el arco maya que ahora se aprecia en la construcción
fue hecho por los arquitectos de ayer o bien por el restaurador
de ahora. Se tienen en cambio muchos ejemplos en El Tajín que demuestran
sin duda cómo los arquitectos mesoamericanos cubrían un vano con
base en grandes lajas apoyadas horizontalmente en muros o techumbres
planas, colocadas con una revoltura de grava, arena y cal que se
aprecia ahora como un conglomerado bien cimentado. En el edificio
I existen todavía tantos fragmentos de la antigua techumbre que
se puede pensar en su restauración completa. La cubierta de lajas
es patente en el Edificio D (túnel) y prácticamente en la construcción
de todos los nichos, pero excepto la dudosa "bóveda maya"
en el edificio A de El Tajín Chico no se ha encontrado ninguna evidencia
constructiva que se asemeja a esta solución de cubrir un vano.
Novedosa y poco característica es la construcción de un enorme
xicalcoliuhqui. Se combina así el estilo arquitectónico con
la devoción hacia Quetzalcóatl. Algo semejante se encuentra en Tonina,
un monumental xicalcoliuhqui en uno de los principales muros
de contención del sitio arqueológico. Esta estructura demuestra
un mejor manejo de la piedra, con sillares de cortes rectos y de
mayor tamaño, sin junta.

Vista del Gran Xicalcoliuhqui, estructura perteneciente
a la última fase de El Tajín

Detalle del edificio A del Tajín Chico
Después del gran desarrollo sociocultural de los olmecas en el
Formativo se nota poco avance en la concepción plástica de los artistas
y urbanística de los arquitectos mesoamericanos. Es hasta finales
del Clásico, y principios del Posclásico, ligado a los mencionados
movimientos de los náhuas y totonacas, cuando se introducen notables
cambios en la región. El Tajín en este sentido es el ejemplo más
destacado y mejor logrado que inicia este cambio cultural en la
región, reuniendo a su manera tradiciones locales con extralocales,
lo que lo hace inconfundible.

Detalle de los nichos de Yohualinchán
Otro sitio que indudablemente fue construido por el mismo pueblo
que produjo El Tajín es Yohualinchán. Se asienta en una meseta natural
que baja el macizo de la cordillera en suave pendiente, y aunque
esta meseta no es completamente plana, se logró corregir la inclinación
del terreno por medio de trabajos de aterrazados y construcción
de terraplenes para conseguir superficies a nivel.
De esta forma se construyeron cuatro terrazas que van descendiendo
de Sur a Norte, con diferencia de cuatro, seis y nueve metros; de
estas plataformas las más regulares son las dos primeras, la tercera
ya está en pendiente y la cuarta es irregular.
Los monumentos están construidos con bloques naturales de la piedra
propia de la localidad que, por su constitución geológica especial,
permite obtener sillares de grandes dimensiones casi sin labrarlos;
el trabajo no es tan cuidado como en El Tajín, en el que parte de
la piedra está labrada; pero la forma general de la construcción
es la misma. También aquí se ofrecen todavía restos de aplanado
teñido de rojo, sobre todo en el interior de los nichos. La decoración
está formada también, como en Tajín, por cuerpos escalonados, cada
uno de los cuales se compone de una gran parte central decorada
con nichos sostenida por un talud y coronada por una cornisa compuesta
por un solo plano inclinado.
El Postclásico en el Golfo
Cuando se habla de los totonacos y los huastecos como las más destacadas
culturas de la Costa del Golfo, para los últimos siglos anteriores
al contacto europeo, pasando por alto la presencia de cualquier
otra cultura, se repite un grave error que se arrastra desde hace
mucho tiempo. Pocas veces se indica que junto a ellos compartían
territorio y elementos de la cultura material e ideológica nahuas,
tepehuas y otomíes.
Para la Costa del Golfo, con base en el estudio de las fuentes
de los siglos XVI y XVII, y algunas veces por las evidencias arqueológicas,
puede señalarse la presencia de esos grupos en el Veracruz Central
o Totonacapan y la Huasteca en diferentes épocas; en el caso de
las nahuas, tal vez desde el período Clásico. No obstante, su claro
impacto cultural sólo es evidente a partir de los periodos Epiclásico
y Posclásico temprano, si se acepta que los toltecas eran de filiación
náhua.
Por el contrario, hasta ahora, nada se sabe de la arqueología tepehua
ni de la otomiana, aparte del impacto mexica. Es probable que ese
desinterés haya sido acrecentado aún más con la escasez de datos
y la poca atención que se concedió a esos grupos en las fuentes
del siglo XVI y aún posteriores. Aparentemente, el peso político,
económico y cultural de huastecos y totonacos en el ámbito mesoamericano
era mucho mayor que el de sus vecinos nahuas, tepehuas y otomíes.
Huastecos, totonacos, tepehuas, nahuas y otomíes se desarrollaron
en una área geográfica que comprende un amplio abanico ambiental,
desde las costas y llanura costera, a las sierras; climas que van
del tropical lluvioso a los de carácter semidesértico, con temperaturas
que oscilan entre los 18ºC y 40ºC, y una media anual ligeramente
superior a los 24ºC. En esa área, los abundantes pantanos, lagunas,
ríos y arroyos, jugaron un papel de primer orden entre los grupos
humanos que ahí se establecieron, no sólo desde las épocas más tempranas,
sino a lo largo de todo el proceso de civilización.
La explotación de los manglares, así como del medio costero a través
de la pesca, la recolección de moluscos y la caza, no sólo de aves
marinas, sino de diferentes tipos de mamíferos y reptiles, puede
apreciarse en casi todos los asentamientos mesoamericanos localizados
a lo largo de la Costa del Golfo. Asimismo, todas las corrientes
interiores y aun el mar fueron de gran trascendencia como vías de
comunicación e intercambio cultural, de materias primas y objetos
suntuarios. Tierra adentro, en la agricultura tuvo enorme importancia
el cultivo de maíz y algodón, así como la recolección y la caza,
bien que la explotación de otros recursos naturales obligó al desarrollo
de varias rutas que comunicaban la costa y la llanura costera con
las sierras y los altiplanos, tal como se describe en las fuentes
históricas y se evidencia en el registro arqueológico
En los tableros del juego de Pelota Sur y en el Edificio de las
Columnas, quizá construcciones tardías de los siglos X - XI d.C.
de El Tajín, aparecen elementos no muy "tajinescos". Tal
vez menos de dos siglos antes (entre 850 y 900), los totonacos comenzaron
a llegar a la zona. Más tarde se dejó sentir la presencia tolteca
en diversas localidades del área; de la sierra a la llanura costera.
Como consecuencia de ello, y por la posible construcción de pueblos
fortificados con presencia tolteca, los totonacos se vieron impelidos
a vagar constantemente de un lugar a otro, entre la sierra y la
costa.
En las partes altas Tuzapan es uno de los asentamientos totonacos
más interesantes, en donde se ha detectado la presencia tolteca.
Ahí, la planeación y urbanización se refleja en las calles empedradas,
drenajes, pozos, temazcales y arquitectura monumental. Hacia la
llanura costera, las más claras manifestaciones toltecas se evidencian
en algunas esculturas de Castillo de Teayo, territorio huasteco,
pero fronterizo con el Totonacapan. Vestigios de aquella cultura
se aprecian también en la cerámica y escultura asociadas a las ocupaciones
más tempranas de Cempoala.

Castillo de Teayo
A esta época de fuerte influencia tolteca pertenece Castillo de
Teayo. El basamento, que aún conserva su templo en la parte superior,
se levanta en la plaza principal del poblado de Teayo, puesto que
alrededor de ella fue fundado en 1872. Se compone de tres cuerpos
piramidales truncados que dejan entre sí angostos pasillos y que
se levantan sobre una plataforma o tal vez otro cuerpo no descubierto;
los cuerpos son poco inclinados y la escalera se encuentra en el
lado occidental limitada por anchas alfardas que, como en las construcciones
de época reciente, se interrumpen en la parte alta por una moldura
para levantarse verticalmente formando una especie de pedestal;
a cada lado de la escalera se encuentran como en Tenayuca, una superposición
a modo de contrafuerte de tres cuerpos.
El basamento piramidal estaba destruido en partes dejando al descubierto
el núcleo que está constituido por grandes lajas unidas con mortero
de cal y arena lo que ha permitido su conservación en un relativo
buen estado. Los taludes están revestidos de grandes lajas rectangulares
colocadas en hiladas horizontales, en general rompiendo juntas y
unidas con mortero cal y arena, además los paramentos con excepción
del occidental, tienen cuatro hiladas de piedras empotradas, distribuidas
simétricamente y que sobresalen del paño general con el objeto de
sostener el aplanado de estuco que cubría toda la estructura.
Los escalones están construidos con tres hiladas de lajas de las
que la superior es ligeramente saliente, las huellas y los peraltes
tienen la misma dimensión de 26 cm y presentan restos de aplanado.
El piso conserva el revestimiento original de estuco. Sobre él
se levantan los muros del templo que es relativamente pequeño, está
situado en el centro de la plataforma, es de planta rectangular,
y los muros están construidos de lajas unidas con mortero de cal
y arena, la entrada se abre frente a la escalera, es decir, hacia
el poniente.

Plataforma del edificio A, en el sitio arqueológico
de Misantla
En cuanto a las características de la arquitectura del Totonacapan,
de acuerdo con García Payón y Medellín, en un principio, sin que
trascendieran, los totonacos se inspiraron en modalidades de El
Tajín: cornisas, columnas, frisos con grecas hechas con mosaicos
de piedra, tal como se estilaban en los dos últimos periodos constructivos
de aquellas urbe (entre 800 - 1000 d.C.). Ejemplo de ello serían
Oceloapan y Manantiales, cerca de Misantla, así como El Cuajilote,
hacia Tlapacoyan.
La presencia de cementerios y estructuras de juego de pelota en
ciertos centros político - religiosos, a menudo iba ligada con el
urbanismo, sin embargo, se carece de investigaciones detalladas
de los sitios de Totonacapan que presentan tales elementos. De todas
maneras, las características que pueden señalarse como componentes
de los centros urbanos de esa área cultural son el trazo, la arquitectura
pública, los espacios abiertos para diferentes fines, el intercambio,
los servicios y el ceremonialismo. La economía de estos centros
urbanos estuvo basada en la intensificación agrícola, que en algunos
casos se combinaba con el riego.
Por desgracia, sólo en algunas fuentes se describen las particularidades
de ciertos pueblos. Con frecuencia, estas fuentes enfatizan el carácter
disperso que algunos pueblos presentaban en las montañas, o más
concentrados y con calles en las partes planas. Hasta el momento,
los estudios más completos que se conocen acerca de la traza de
las ciudades totonacas provienen de Cempoala. Y de ella, la descripción
más impresionante que registran las fuentes quizá sea la de Torquemada.
Arqueológicamente, los trabajos más recientes indican que, con
base en una sólida infraestructura, ahí se había desarrollado una
compleja planeación, con áreas diferenciadas de acuerdo con sus
propósitos y necesidades: de gestión, producción, intercambio, consumo
y de carácter simbólico, distribuidas en 12 sistemas amurallados,
que fueron reconocidos en 1891 por la Expedición Científica encabezada
por Francisco del Paso y Troncoso. La ciudad contaba con palacios
, pequeños templos alineados en un corredor que iba hacia el área
de mayor circulación; espacios abiertos, acaso de intercambio y
comercio de

Planta del sistema amurallado IV de Cempoala
productos no sólo regionales, sino llevados de lugares distantes:
cerámica de la Mixteca, alabastro de Puebla, cacao y sal de Campeche,
mantas finas de la Huasteca, así como metalurgia primorosamente
trabajada en Centroamérica, la Mixteca y Michoacán.
Además de los edificios monumentales, cuyas funciones eran de carácter
administrativo y ritual, no faltaban los grandes basamentos para
templos, que en ciertos casos fueron hechos de materiales perecederos.
El sistema de construcción consistía en un núcleo de tierra con
piedras de relleno y muros de cantos rodados y arcilla con acabados
de estuco. Los pisos de las casas se apisonaban en el interior y
se estucaban en el exterior, desde donde desplantaban los muros
de contención. Si en verdad los techos de las tumbas imitaban los
de las casas, cuya apariencia no es muy distinta a la que generalmente
presentan las actuales construcciones indígenas de la costa y la
llanura costera, entonces puede suponerse que las viviendas de Cempoala
y otros lugares de Totonacapan tenían techos de dos y cuatro aguas,
hechos de vigas que sostenían una estructura de varas que se forraba
con palma, "tan bien y extrañamente puesto que hermoseaba y
defiende las lluvias como si fuese teja".

Dos detalles del sistema constructivo de basamento,
alfardas y escalinatas
La mayoría de las casas habitación era de forma rectangular, de
un solo cuarto y sin divisiones interiores. Para protegerse de las
inundaciones, se ponían sobre plataformas, en cuyo frente tenían
una escalinata con alfardas para subir a un vestíbulo -espacio abierto-,
por donde se accedía a la casa. Las residencias de mayor rango tenían
jardines, agua corriente, y contaban con ductos para desalojar los
desechos, mientras que en parte posterior se realizaban los enterramientos.

Detalle de los núcleos de canto rodado y mortero
Con base en los resultados de los últimos reconocimientos de superficie
y excavaciones practicadas por Brüggemann, se ha planteado que Cempoala
pudo estar organizada en calpulli, de manera semejante a
Tenochtitlan, con una economía basada en la intensificación agrícola
por irrigación, aprovechando las aguas del Actopan; en tanto que
los espacios entre barrio y barrio, comunicados por senderos, pudieron
haberse utilizado para el cultivo de frutales y hortalizas, interpretación
bastante plausible dada la descripción que acerca de particular
dejara Torquemada, quien, además, se refiere a los calpulli como
"salas grandes de comunidad y cabildo"
Las obras hidráulicas no eran muy complejas; el control de agua
se hacía por medio de acueductos que se derivaban del río y se vaciaban
en depósitos o en cisternas; de ahí a través de otros acueductos,
pasaba a otras cisternas hasta que finalmente se descargaba en un
canal, principalmente en los lados noreste y este de la ciudad.
Ahí, según Brüggemann, hay mejores condiciones para el cultivo de
riego. Cabe destacar, que el agua de lluvia, por la posible disposición
inclinada de los techos, se captaba y aprovechaba principalmente
como agua potable, según se pudo observar en las evidencias de las
últimas exploraciones.

Detalle de tablero de cantos rodados y recubrimiento
de estuco en Filobobos, Ver.
El espacio temporal que marcan los periodos Clásicos terminal y
Posclásico temprano en la Huasteca ha quedado marcado por su clara
integración al ámbito mesoamericano. A ese lapso corresponden importantes
cambios que se dejan sentir en casi todos los órdenes culturales,
y pueden apreciarse tanto en los datos arqueológicos como en los
de las fuentes históricas. Hacia el Clásico terminal ocurrió una
migración que, procedente de la costa de Tabasco y Campeche, llegó
a Pánuco.
Un poco más tarde, entre los siglos X - XII, se define la frontera
sur de la Huasteca por medio de un tipo de escultura que ha sido
localizado sobre una línea imaginaria que parte de la cuenca baja
del río Tuxpan a Cacahuatengo, pero que incluso puede encontrarse
en sitios como Tamtok, San Luis Potosí. Se trata de esculturas cuya
iconografía se inscribe dentro de un estilo híbrido de Veracruz
central y la Huasteca.

El Tamuín, San Luis Potosí.
Después del siglo X los centros político - religiosos de la cuenca
baja del Pánuco, comenzaban a conformarse en pueblos grandes nucleados,
con plazas y estructuras cuadrangulares, a veces con canchas para
la práctica del juego de pelota. Los poblados llegaban a cubrir
superficies hasta de 220 hectáreas, con montículos de unos 30 m
de altura, aunque suelen tratarse de cerros adaptados. En ciertos
casos, se han detectado canales y terraceados, aunque las evidencias
y formas de fechamiento de tales huellas no han sido definidas.
El Tamuín se localiza a ocho km. al Sureste de la población del
mismo nombre, a orillas del río del mismo nombre y abarca una superficie
aproximada de diecisiete has, con una gran cantidad de montículos
adaptados agrupados alrededor de plazas. En la plataforma Sur, que
se eleva unos 5 m sobre el nivel general del terreno, se distribuyen
simétricamente varios montículos; su eje principal corre de Norte
a Sur en una extensión de 50 m de largo por 17 de ancho y 6 m de
altura. Tiene acceso por una escalinata limitada por alfardas que
se desarrolla en el lado norte del monumento, toda aplanada con
estuco de muy buena calidad y con pinturas que casi han desaparecido.
Seguramente conocían los principios de la hidráulica, ya que se
han encontrado canales aplanados con estuco que terminan en depósitos
circulares.

Canal aplanado con estuco de El Tamuín.
En otras poblaciones huastecas se emplearon basamentos de planta
circular o rectangular con las esquinas redondeadas, construidos
con lajas acomodadas en taludes, en ciertos casos superpuestos,
sobre los que se conservan los restos de escaleras rudimentarias.
A este tipo de construcciones pertenecen algunas de Cuetlamayan,
la mayoría de las de Buena Vista, el montículo de Las Flores, etc.

Edificio B de Cuetlamayan, en la Huasteca.
La segunda parte del Posclásico ( de 1250 a 1500 aproximadamente)
sería otro momento en que se dejarían sentir cambios cualitativos
en todos los órdenes de la cultura. Para ese lapso, las relaciones
con el centro de México y otras áreas culturales se dan por distintas
causas y razones. En el siglo XV, las conquistas mexicas llegaron
por el sur de la Huasteca a Tuxpan; hacia el pie de la sierra a
Tzicóac y por la llanura costera a Temapache.
La Casa Habitación
Las investigaciones en torno a la vivienda mesoamericana de Veracruz,
marcan al jacal de "un agua", descansando en dos árboles
y el suelo, como lo más primitivo; todavía se usa en los trabajos
del monte lejos de los poblados. El paso siguiente fue volverlo
de "dos aguas", y sucesivamente: pequeñas horquetas, uso
de horcones, agregado de la cerca para las paredes, puerta, y agregado
de otras "dos aguas" en el techo.
El primer problema lo constituyen los palafitos existentes en las
cuencas de los ríos Papaloapan y Coatzacoalcos, dada su gran difusión
mundial y su antigüedad en Europa, desde los tiempos del neolítico.
A los palafitos parece aplicarse un párrafo de la Relación de Coatzacoalcos,
hecha por Cangas y Quiñones en 1580, refiriéndose a las habitaciones
"armadas sobre pilares de madera". De no hallarse al norte,
como parece, los popolocas serían el grupo más norteño con tal elemento
circuncaribe.
En la Huasteca, y en la vieja provincia de Quautochco, se hallan
casas con una o las dos cabeceras redondeadas, mostrando su íntima
relación con el "caney" antillano, vivienda de los arawak
que corre hasta Yucatán; pero curiosamente, queda interrumpida en
el territorio de popolocas y totonacas. Hoy la casa de planta rectangular
tiene marcado predominio en Veracruz; pero posiblemente la casa
circular o con cabeceras redondeadas, haya sido la característica
de la culturas del Golfo.
Las viviendas, generalmente llevan su puerta en el Este y los lados
menores a Norte y Sur, para ofrecer menos resistencia contra los
vientos. Algunos casos donde tal principio no se cumple, obedecen
a causas recientes, como en Cosoleacaque y Misantla. En este último
lugar, por el brote de la guerra de castas, terriblemente reprimido,
las casas de los indígenas tenían a fines del siglo XIX, la puerta
en lado contrario al del camino.
Las viviendas eran construidas sobre una pequeña terraza. Cuatro
horcones sostenían las vigas y éstas el techo, realizado con material
de la región (palma, zacate, hojas de árboles o yerbas); los amarres
con bejucos especiales; la cerca fue de varas. Pérez de Arteaga
informó de las viviendas que tenían en Misantla los totonacas de
1579; "casas de paja, cercan un cercadillo de cañas y luego
cúbrenla con paja sin piedra ni tierra ni otra cosa porque entre
el aire por otras partes porque hace gran calor". En Zempoala
seguramente usaron ese tipo de habitación, porque Arias Hernández
en 1571, refiriéndose a los restos de población dijo: "sus
casillas son la pared de cañas y lo demás paja y palillos como todos
los indios".
A ese tipo siguió la vivienda con pared embarrada. Se creería que
es un sistema impuesto por el frío de la Meseta, cuando los pueblos
costeños la ocuparon; pero el arquitecto Álvaro Aburto lo piensa
como defensa contra el calor externo, aún cuando posteriormente
también resultara útil contra el frío. En Tlacotalpan había casas
con varas nada más y otras con embarrado, mismo que usaban en Tuxtla,
Cotaxtla y, según la Relación de Huejutla, las casas de la población
y su comarca tenían paredes de "palo y barro y cubiertas de
paja, y la madera de caña maciza que la cogen de la ribera de sus
ríos".- En la provincia de Coatzacoalcos, en 1599, dijo Solís
"la cubierta de arriba de un jacal de paja por de fuera, y
de dentro los pilares y maderas de muy gruesos morrillos de palo,
y el cimiento de ella es de caña embarrada con lodo que parece piedra,
que es el uso que se tiene en esta provincia, por ser tierra caliente,
y así en toda ella se tiene por la mejor". Las casas con embarre
son dominantes todavía en la Huasteca y en el Sur de Veracruz; el
Centro, más radicalmente transculturizado, solo conserva estas paredes
en las cuencas de los ríos al margen de las vías de tránsito intenso;
pero es entre los huastecos donde lo conservan de floreciente y
bella manera. El adobe fue usado en Teotihuacán en la época totonaca
de la gran urbe (pirámide). En la carta del Ayuntamiento de la Villa
Rica, cuando los españoles todavía no despegaban de la costa, informaban
al rey, entre otras cosas, de las viviendas:"...y en las partes
donde no alcanzan piedra, hácenlas de adobes y encálanlos por encima
y las coberturas de encima son de paja...". En la región de
Zempoala, todavía está en uso el adobe para sus viviendas. Tal vez
las paredes hechas con piedra y lodo, principiaron a usarse para
personas de alto estrato social. Los totonacas de Xonotla, Pue.,
informaron que sus casas eran de varas, salvo "las del gobernador
y algunos principales que son de piedra y lodo las paredes, y las
caladas de blanco"; pero en la provincia de Jalapa ya estaba
extendido este uso.
Habitaciones cuyas paredes estuvieron hechas de mampostería no
perecen haber sido usadas. Ni el palacio de Chicomácatl en Zempoala,
ni los edificios de Tepetzelan tenían otra cosa que muros de pequeña
altura, completados con cerca de madera. Solo algunos adoratorios
las tuvieron (Castillo de Teayo, Tuzapan, Zempoala, Quautochco).
Queda el caso totonaca de Hueytlalpan, donde se dijo los indígenas
tenían casas de piedra y cal, siendo grandes o chicas, de acuerdo
con las posibilidades de los dueños. Las de Papantla se dieron como
de tapia, cubiertas con paja. De la Huasteca quedan contradictorias
noticias. Mientras para desanimar a Cortés, las gentes de Garay
tomadas prisioneras en la Villa Rica, informaban en la Huasteca
"no había edificios de piedra, sino que todas las casas eran
de paja, excepto que los suelos de ellas tenían algo alto y hechos
a mano"; para culparlo en España, dieron un informe, publicado
por Pedro Mártir, según el cual Cortés destruyó la ciudad de Pánuco,
compuesta por unas "catorce mil casas de piedra en su mayor
parte, con palacios reales y templos magníficos" e igual suerte
dio a Chila, ciudad de unas veinte mil casas. Del sur faltan datos
y las ruinas arqueológicas conocidas no han entregado pruebas de
conservar restos de mampostería considerable.
El patrón de casa totonaca, descrita en la relación de Matlatlan
y Chila, como cuadradas con puertas muy chiquitas; además esa entrada
baja y angosta, no tenía puerta o la cerraban con simples varas
que cualquiera podía pero no debía quitar.
Al piso de la vivienda se le concedió importancia: lo rellenaban
y alisaban, renovándolo cada año, según parece cuando la fiesta
del maíz nuevo: los totonacas, con tierra de color amarillo, los
huastecas, de color blanco, y los popolocas de rojo.
Lo indispensable fue, un fogón con tres tenamales que los popolocas
colocaban en el suelo, por una esquina del jacal; parece que totonacas
y huastecas llegaron a levantarlos en horquetas formando un huacal
de varas para rellenar con tierra. El molendero de Norte y centro,
pues en el Sur parece no haberse usado. a red totonaca para el sobrante
de los alimentos, colgando sobre el fogón. El o los tinajeros (horquetas
de varios brazos) que huastecas y totonacas ponían para la olla
con agua, en el interior, y los popolocas en el exterior, a un lado
de la puerta. Para comer, se hacía en el molendero; donde no lo
había, sobre un petate puesto en el suelo. La cama de rajas de otate
para dormir, entre huastecas y totonacas; entre los popolocas fue
más usada la hamaca; pero en los tres casos, el tapanco (tarima
de rajas de otate sobre las vigas), también servía como cama para
los hijos y las visitas, al cual subían por la escalera formada
con muescas en una vara de cierto grosor. Costumbre también muy
extendida fue la de dormir en petate sobre el suelo y sigue practicándose;
Schuller la encontró entre los huastecas de San Luis Potosí, utilizando
por cabecera los barquitos en forma de canal, vieja práctica de
los totonacas en la región de Misantla.
No aparecen como afectos al urbanismo: Bravo de Lagunas, en su
Relación de Jalapa, dijo: "vivían derramados en esa forma porque
están en sus casas entre sus sementeras como es general en toda
la Nueva España". Sin embargo, se agrupaban por barrios, tal
vez de origen totémico; los totonacas y tepehuas en tres barrios
invariablemente. Cuando existen cuatro en alguna de sus poblaciones
aborígenes, debe sospecharse la presencia náhuatl. Los popolocas
de Soteapan actualmente hacen sus viviendas, con rajas de madera,
dentro de corrales característicos que simulan un barrio cercado
por una empalizada. De la provincia de Coatzacoalcos, dice su relación,
tenía 76 pueblos "mal poblados y mal ordenados". Torquemada
también afirmó la costumbre de poblar barrios desordenados, tanto
en Guatemala, como en las provincias totonacas y en la de Meztitlán.
Conclusión.
El advenimiento de los mexicas al conquistar éstos el territorio
veracruzano, terminó el período de culturas del Golfo de México,
con la introducción de las tradiciones, tanto espirituales (costumbres,
idioma, instituciones) como tecnológicas (que en materia de construcción
finalmente derivaban del mismo tablero talud teotihuacano) del Altiplano.
Además, terminó de afianzar el militarismo del Posclásico al favorecer
los emplazamientos elevados que permitían una defensa más adecuada
de las rutas comerciales que ahora dominaban.
Sin embargo, los vestigios que sobrevivieron a la Colonia y los
demás períodos históricos ocurridos en el territorio, demuestran
una gran influencia del singular medio en el que se desarrollaron.
Mientras que en el Altiplano, o en Oaxaca, la disponibilidad de
piedra de orígenes diversos (sedimentaria caliza, volcánicas intrusivas
y extrusivas) que le permitieron alcanzar una maestría en el trabajo
de ese material, en el Golfo, los habitantes solo utilizaron la
dura piedra basáltica en los monumentos dedicados a las divinidades
y los gobernantes, como las colosales cabezas y los altares olmecas,
o las estelas de influencia maya, y aunque este material presenta
una gran dificultad para el labrado, esto no representó un obstáculo
para su utilización. En las regiones en que solo se disponía de
piedra sedimentaria, mucho más porosa y suave, el material se utilizó
en lajas que condicionaron el uso de un aplanado para poder asegurar
el acabado polícromo que respaldara su interés por la apariencia
final. Y finalmente, en las zonas costeras o fluviales, donde ni
siquiera se encontraron yacimientos significativos, utilizaron piedras
de canto rodado, obenidas de los lechos de los ríos.
Además de los materiales constitutivos de los núcleos de los basamentos,
los materiales utilizados para adherirlos fueron también característicos
de la región. Los concheros hallados en los asentamientos
costeros atestiguan el conocimiento de la composición química de
los caparazones de los moluscos, los cuales eran aprovechados hasta
la última partícula, como alimento, y como material constructivo.
Esta sabiduría se pudo transmitir a todo el mundo mesoamericano
gracias al establecimiento de las rutas comerciales, abiertas desde
épocas remotas, hasta alcanzar regiones tan distantes como la Península
de Yucatán, y el Norte y Occidente del país. Y es esta tradición
del Golfo, con toda la variedad de formas dispersas por la región,
la que debe protegerse de las inclemencias del clima, que cada día
se transforma más, y de la rapiña de especuladores y profanadores
del patrimonio. Es a través de la divulgación de los valores tecnológicos
de estas culturas, que será posible lograr la conservación de todo
el tesoro patrimonial veracruzano.
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SERRA, MARI CARMEN. La etapa de centros ceremoniales. En Atlas
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Arq. Nieves Sánchez Gómez.
Egresada de la Universidad Cristóbal Colón. Desde 1996 ocupa el
cargo de Directora de la Licenciatura en Arquitectura de la UCC.
Estudiante del Tercer Semestre de la Maestría en Restauración de
Monumentos y Sitios, coordinada por el ICOMOS y la UCC.
Arq. Emilio Moreno Chazzarini.
Egresado de la Universidad del Estado de Morelos. Director de la
Licenciatura en Arquitectura de la UCC en los períodos 1981-1987
y 1993-1996. Actualmente es Coordinador del Bufete de Arquitectura
de la UCC. Estudiante del Tercer Semestre de la Maestría en Restauración
de Monumentos y Sitios, coordinada por el ICOMOS y la UCC.
Arq. Luis Guardado Sánchez.
Egresado de la Universidad Cristóbal Colón. Coordinador de Difusión,
Vinculación y Promoción de la Academia de la Licenciatura en Arquitectura
de la UCC. Alumno del Tercer Semestre de la Maestría en Restauración
de Monumentos y Sitios, coordinada por el ICOMOS y la UCC.
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