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Colonización Humana del NOA y Variación en el Consumo de los Recursos:
La Ecología de los Cazadores Recolectores de la Puna Durante la
Transición Pleistoceno- Holoceno. (1ra parte)
(ir a 2da parte) |
Hernán J. Muscio
CONICET. Instituto de Ciencias Antropológicas (UBA) Sección Prehistoria.
25 de Mayo 217 4º Cap. Fed. Argentina. hmuscio@iname.com
En la Transición Pleistoceno/Holoceno la evidencia de la colonización
humana del NOA, presenta en los aleros y cuevas de la Puna, una
diversidad de especies potenciales como alimentos relativamente
alta. En una escala regional vegetales y animales aparecen incluidos
con distintas frecuencias. Los recursos de mayor rendimiento -artiodáctilos-
se presentan siempre en los conjuntos, mientras que los de bajo
rendimiento -roedores, aves pequeñas y vegetales- varían espacial
y temporalmente. Tales variaciones aparecen en asociación con diferencias
ecológicas del hábitat. A partir del análisis de una serie de modelos
de densidad local de los recursos, se propone que estas variaciones
arqueológicas pueden ser la señal de un juego de comportamientos
de subsistencia, no siempre en fase con una "respuesta óptima"
de Alto Beneficio en el largo plazo, pudiendo ser la evidencia de
situaciones de abandono y retracción del rango colonizado, o de
adaptaciones fallidas. Esta interpretación, privilegia las diferencias
en la adaptividad potencial de la economía del nicho
de caza y recolección, que habría presentado variantes No
Adaptativas por situaciones de estres en la subsistencia.
Estas habrían sido consecuencias de las alteraciones ecológicas
del hábitat ocurridas durante la Transición. La importancia de estos
registros es que pueden aportar la evidencia no esqueletal (bioarqueológica)
de situaciones de maladaptación y pueden explicar el ritmo lento
de la colonización humana de este bioma.
CONTENIDO
- Poblamiento Inicial del NOA y Consumo de los Recursos
- Colonización Temprana
- Escalas Espaciales y Restricciones Ambientales En la Puna
- Registro Arqueológico
- La Explicación de las Variaciones Locales del Registro Arqueológico
- Algunas Reflexiones Finales
- Comentarios de - Luis Alberto Borrero - José Luis Lanata
- Anexo
- Bibliografía Citada
Poblamiento Inicial del NOA y Consumo de los Recursos
En el ámbito de los Andes Meridionales la colonización de los diferentes
ambientes del Noroeste Argentino por los humanos modernos, parece
ser un proceso que comienza hacia los 11Ka BP. La evidencia arqueológica
principal de este proceso proviene de las cuevas y aleros en las
quebradas protegidas de la Puna, indicando una escala espacial muy
amplia para la movilidad y la interacción social de las poblaciones
colonizadoras, donde estarían implicados diversos ambientes tanto
de las Tierras Altas como de las Tierras Bajas Subandinas. Los sitios
mejor conocidos -en temporalidad radiocarbónica y en composición
arqueofaunística son los de las quebradas de Inca Cueva, Huachichocana
y Alero de las Circunferencias de la Provincia de Jujuy; y los de
Quebrada Seca en Catamarca.
A partir de las propiedades morfológicas de los artefactos líticos,
especialmente puntas y bifaces de contextos de superficie no fechados,
y de la similitud con otros registros andinos, la sistemática arqueológica
clásica (Cigliano 1965, 1966, Schobinger 1988) construyó un modelo
para el poblamiento humano del NOA en la Transición Pleistoceno
/ Holoceno / Holoceno Temprano. Sin ningún soporte empírico concreto
(por ej.: arqueofaunas bien fechadas), se propuso una fase inicial
de poblamiento caracterizada por una tecnología de bifaces y por
una subsistencia basada en la caza de mamíferos mediano/grandes
y en el consumo de vegetales. Posteriormente, hacia el Holoceno
Temprano se propuso una fase de cazadores especializados,
con una tecnología de puntas lanceoladas. También
se sugirió una movilidad moderada, siguiendo circuitos estacionales
locales (fase Tuina del modelo de Nuñez y Santoro 1988). Todo esto
es importante, porque en el proceso pancontinental de colonización
de nuevos hábitats la tecnología, las estrategias de consumo de
recursos y la movilidad fueron los aspectos claves. En este contexto,
una alta movilidad y un uso oportunista de los recursos de
caza, no especializado es lo defendible (ver Borrero y Franco
1997; Kelly y Todd 1988).
Más recientemente, los estudios de diversidad taxonómica de contextos
fechados, realizados desde enfoques ecológicos y sistémicos, asignan
una vía trófica básicamente secundaria a los cazadores recolectores
tempranos de la Puna, con énfasis en la caza de camélidos (Aschero
1994), y con una estrategia de consumo oportunista de la
fauna. El conjunto de la evidencia regional sustenta
una hipótesis de estrategia de subsistencia con un diseño de alto
beneficio -que consume principalmente biomasa animal- y
manejo de la varianza -que diversifica la base de
nutrientes y amortigua la disminución no previsible de los recursos
(Muscio 1996, 1998). Este diseño habría resultado potencialmente
adaptativo en ambientes inestables y de baja Productividad Primaria
(PP). A una conclusión similar llega Yacobaccio (1994).
En general, todos los sitios de la transición Pleistoceno / Holoceno
muestran que los recursos de alto rendimiento: Artiodáctilos
están siempre presentes. Sin embargo, este patrón regional
registra variación espacial y temporal en la inclusión de recursos
de bajo rendimiento (roedores, aves pequeñas, vegetales -especialmente
semillas). Notablemente, mientras Camelidae y Chinchillidae son
siempre los taxa más representados en la dieta, la abundancia de
cada uno varía mucho en cada depósito. Este es el caso de Inca Cueva
4 y Huachichocana E3. En el primero habría predominado el consumo
de los roedores - presas de bajo rendimiento- por sobre el de los
camélidos. En Huachichocana la situación es la inversa.
Desde una perspectiva evolutiva es importante no asumir a estos
registros como respuestas adaptativas de las poblaciones
humanas al ambiente, sin considerar antes hipótesis alternativas
(OBrien y Holland 1990,1992). Más aún si se tiene en cuenta
que la hipótesis de adaptación presupone una estabilidad ambiental
en escala temporal amplia, equivalente al tiempo de formación del
registro arqueológico en cuestión. Para los casos que nos ocupan
esta no es inferior a los 1.000 años 14C (1 Ka). La estabilidad
ecológica no es la señal paleoclimática para Sudamérica en la transición
Pleistoceno-Holoceno (ver Adams y Faure 1997, Clapperton 1993).
En el subcontinente la transición, y hasta el Holoceno Medio, está
asociada con cambios rápidos en la biota, con reorganizaciones biogeográficas
y extinciones a distintos ritmos, tanto en el norte sudamericano
(ver Gnecco 1995) como en Fuego Patagonia (ver Borrero 1997). Esto
habría implicado cambios en la distribución y la densidad de los
recursos para los humanos, y situaciones ecológicas sin correlatos
actuales (Huggett 1991). La variación ecológica habría respondido
a los cambios en las precipitaciones y temperaturas medias a lo
largo del tiempo (Nuñez et al 1996), y probablemente en la
norma de estacionalidad. Esto también podría asociarse con cambios
en el patrón de circulación atmosférica (Graf 1992, McGlone et
al 1993; Markgraf 1980, 1985, 1987, 1989; Markgraf y Bradbury
1982). Localmente la variación en el balance hídrico habría afectado
a la productividad del ambiente y modificado el paisaje fitogeográfico.
Esto último está calibrado en relación a la variación en la distribución
espacial de las comunidades vegetales de la puna en las secuencias
de El Aguilar y Cerro Negro, para distintos momentos del Holoceno
(Markgraf 1985, Fernández et al 1991). Todas estas alteraciones
habrían implicado un escenario ecológico muy dinámico con respecto
a la oferta de biomasa para el consumo humano, con situaciones de
estres recurrentes y de largo plazo. Este cuadro de inestabilidad
ambiental para el N.O.A, es coherente con el patrón de fluctuaciones
de escala global para la Transición (Sherratt 1997).
Colonización Temprana
La colonización de los distintos biomas del planeta por los humanos
modernos fue un proceso relativamente rápido en la historia evolutiva
de la especie. (Cavalli- Sforza 1997, Gamble 1993, 1994), y es un
producto de la dispersión global de Homo sp. probablemente
posterior al reemplazo de Neanderthal (ver Tattersall 1997). En
este esquema los ambientes marginales habrían sido los últimos en
colonizar. Principalmente en razón de la inestabilidad ambiental
y de la baja productividad ecológica (Mandryk 1993).
Para el Noroeste Argentino el registro arqueológico indica la entrada
de la especie en torno de los 11 Ka BP, marcando el inicio de la
colonización humana de este ambiente con la experimentación de un
nicho cazador-recolector. Esta evidencia corresponde a las cuevas
y aleros de la Puna. En una escala hemicontinental el proceso de
expansión del rango de Homo sp, en el largo plazo, habría
estado controlado por la saturación lenta y gradual de los ambientes
locales de mayor PP, sin implicar procesos dependientes
de la densidad de escala regional. El ritmo de este proceso habría
dependido de la diversidad ecológica de las américas (Steele et
al 1998).
Para el N.O A, el área ubicada por debajo del Altiplano de los
Andes Meridionales, la hipótesis de traza es: Norte ®
Sur / Este ® Oeste para el límite Pleistoceno-Holoceno.
Esta hipótesis implica una barrera biogeográfica en los Andes y
poblaciones humanas alopátricas a uno y otro lado de la cordillera.
Por lo menos durante los últimos milenios del Tardiglacial, cuando
la productividad de la Puna Alta era bajísima como para sostener
una red reproductiva de escala regional. Esto permite la ocurrencia
de procesos de divergencia evolutiva. Luego de establecidas las
condiciones holocénicas el flujo habría sido multidireccional.
El ritmo lento de la colonización habría estado regulado por una
estasis demográfica temprana, en una escala espacio-temporal amplia
(1) durante el final del Pleistoceno y el Holoceno Temprano, y discontinuidades
poblacionales o adaptaciones fallidas, de las cuales parece haber
evidencia arqueológica (Muscio 1998a).
A partir de la heterogeneidad ecológica del NOA, que ordena distintos
biomas (2) y ecotonos (3) en un gradiente altitudinal, se
propone un modelo de dispersión de poblaciones locales, en torno
a las concentraciones de recursos dentro de biomas diferenciados,
y a lo largo de ecotonos (ver Butzer 1985 pp 215). Con respecto
a las Tierras Altas del NOA, de este modelo se infiere que las poblaciones
colonizadoras deben haber sido fracciones de una red reproductiva
y de una población biológica espacialmente definida en una escala
mucho más grande. La misma puede ser mínimamente restringida
al Noroeste Argentino, en el ámbito de los Andes Meridionales. En
este planteo el Borde de Oriental habría constituido una franja
longitudinal de ocupación, con ambientes de ecotono entre los ecosistemas
de desierto de altura y aquellos de mayor Productividad Primaria
de los Valles Mesotermales. En este paisaje, las quebradas transversales
constituyen los elementos geomorfológicos más importantes como vías
de acceso a la Puna. En consecuencia una implicancia importante
de este modelo, es la predicción de una interacción social de los
cazadores recolectores en un espacio social de escala muy amplia.
En el proceso de colonización, un modelo de comportamiento social
flexible con un acceso recíproco a los ambientes locales, y la circulación
sin restricciones de recursos, información y genes es lo esperable.
Esto explicaría el llenado del espacio mediante la segregación de
fracciones de población (ver Hammel y Howel 1987), por núcleos de
población de mayor escala en los valles de menor altitud. Esto podría
asociarse tanto con las escalas de las redes de intercambio de recursos
(por ejemplo vegetales comestibles o materias primas líticas), como
con los patrones de distribución de los diseños de arte rupestre,
en un espacio social y biológico de escala muy amplia, inclusiva
de la Puna.
Con fundamento en la teoría ecológica, puede sostenerse un patrón
de colonización temprano que sigue un modelo de distribución heterogénea
(Margalef 1980). El modelo Gruyere (ver Rapoport y Drausal 1975)
parece ser el más útil -Ilustración 1-. El mismo establece: A) Un
núcleo de población compacto y más denso en el exterior del área
en colonización, con una mayor intensidad de mecanismos denso-
dependientes (4) y estrategas + k. Este núcleo habría
sido parte de una población (metapoblación) de una escala
espacial abarcativa de los Andes Meridionales. En el NOA las poblaciones
más densas ocurrirían en los ambientes valliserranos de mayor PP
. B) Una segregación de demes (5) colonizadores desde los núcleos
más densos hacia nuevas áreas marginales C) Un frente de avance
con una menor intensidad de mecanismos denso-dependientes,
con predominio en los bordes de estrategas + r.
El modelo Gruyere aplicado a la biogeografía humana del N.O.A,
durante la Transición, implica que hacia los bordes de las áreas
más marginales de la distribución de poblaciones, en las Tierras
Altas del NOA, son frecuentes las retracciones por el abandono del
hábitat y las colonizaciones fallidas (procesos de sístole y
diástole de la expansión).
El trabajo que sigue se orienta a determinar las señales arqueológicas
de estos procesos de retracción del rango colonizado, en la conducta
de subsistencia. En una escala pancontinental puede defenderse
un modelo de subsistencia y dispersión, basado en la caza oportunista
de mamíferos y en la expansión de los rangos de caza (Borrero 1988,
1990 Kelly y Tood 1988). Esta conducta tendría su contraparte en
el comportamiento tecnológico (ver Borrero y Franco 1997, Tankersley
1998), con probables variaciones clinales en los artefactos (Tankersley
1994).
El modelo que aquí se sostiene también propone un uso extenso de
la biomasa animal en la dieta, controlado por la disponibilidad
y la diversidad local. Las variaciones locales en el
consumo de los recursos, presentes en la evidencia arqueológica
de las cuevas y los aleros de la Puna, apoyan esta proposición.
En el Alero de las Circunferencias el patrón bimodal de variación
en la frecuencia de arqueofaunas ocurre temporalmente: con picos
en las frecuencias de camélidos y chinchíllidos en bloques radiocarbónicos
discretos. Este sitio, localizado en una cota de 3600 m/nm presenta
en la Capa 6 extracción 2 un dato radiocarbónico de 9.180 ± 230
AP.

Ilustración 1: Dispersión de las poblaciones de cazadores recolectores
en el NOA siguiendo la distribución de la Productividad Primaria
y a partir de un modelo Gruyere. Durante el Tardiglacial la
Cordillera de los Andes habría funcionado como barrera biogeográfica
para el flujo humano. Los ecotonos habrían sido los ambientes
preferenciales de ocupación, la Puna Alta habría sido el área
de menor densidad demográfica y mayor discontinuidad poblacional.
En la secuencia de ocupación del Alero de las Circunferencias ,
Elkin (1994) encuentra un alto predominio de roedores por sobre
artiodáctilos en las ocupaciones tempranas del alero. En el sitio
los especímenes de camélidos habrían correspondido a Lama guanicoe,
y en la extracción 1 de la misma capa se identificaron especímenes
de taruca (Hippocamelus antisensis). La distribución estratigráfica
de las arqueofaunas es de la siguiente manera:
« Para las ocupaciones arqueológicas anteriores a ca de 9.200 AP
los roedores parecen haber tenido una importancia económica mayor
a la de artiodáctilos tales como camélidos, aún teniendo en cuenta
las diferencias existentes en el rendimiento económico respectivo.
Hacia el 9200 AP la importancia económica relativa de los roedores
decrece y es reemplazada por un consumo más intensivo de camélidos,
para todas las ocupaciones consideradas es posible que ciertas especies
de aves hayan constituido un recurso económico complementario »
(Elkin 1994:148-149).
En otro trabajo se sugirió que estas variaciones en el consumo
de los recursos pueden ser interpretadas como diferencias
en la adaptividad potencial (6) de los comportamientos de
subsistencia, y como probable señal arqueológica de rasgos no adaptativos
de la economía del nicho cazador recolector durante la colonización
humana de la puna (Muscio 1998). En consecuencia serían la evidencia
de los procesos de retracción del rango en colonización que
postula el modelo de dispersión para estos ambientes del NOA. La
Ilustración 2 modela esta interpretación a partir de las arqueofaunas
del Alero de las Circunferencias. La hipótesis, siguiendo el criterio
de optimización, implica que la adaptividad potencial en el nivel
del individuo es una función del rendimiento promedio de la dieta.
Los roedores, que aparecen dominando la composición de la dieta
son recursos de muy bajo rendimiento económico en relación a los
artiodáctilos. En el gráfico esto está expresado como un cambio
en la adaptividad del componente de subsistencia del nicho, que
se eleva hacia un pico explicado por el beneficio ganado como consecuencia
de un alto consumo de los artiodáctilos. En el caso de Inca Cueva
y Huachichocana esta variación ocurre espacialmente, como variantes
locales dentro de un lapso radiocarbónico comparable. En cambio
en Quebrada Seca 3, el consumo de carne de camélidos se mantuvo
dominando la dieta, y de una manera más o menos homogénea, durante
todo el Holoceno Temprano.

Ilustración 2: Modelo de la variación en la adaptividad potencial
del consumo humano de recursos, durante el Holoceno Temprano
en el NOA, a partir del registro del Alero de las Circunferencias.
Este artículo, en el marco de la Arqueología Evolutiva (Lanata
1999), analiza estas variantes en el consumo de los recursos en
términos ecológico-evolutivos, esto es: considerando que
las poblaciones humanas forman parte de ecosistemas dinámicos. El
objetivo básico es la búsqueda de hipótesis alternativas a la de
adaptación, para comenzar con el desarrollo de un escenario biogeográfico
y evolutivo para los cazadores recolectores del NOA (ver Lanata
y Neff 1998 MS), que incluye probables situaciones de adaptación
fallida o retracción. La metodología prioriza el estudio de la variabilidad
del registro de la Puna, observando la manera en que se aparta de
una respuesta óptima. Siguiendo la línea de trabajos anteriores
(Muscio 1996, 1998), interesa construir herramientas teóricas para
discriminar de la flexibilidad del comportamiento de subsistencia
-propia de la especie- probables señales arqueológicas tanto de
nichos más o menos exitosos, como de maladaptación (ver Borrero
1993).
Escalas Espaciales y Restricciones Ambientales en la Puna
Partiendo de la estructura ecológica de la Puna y considerando
las propiedades de los recursos, es posible derivar hipótesis acerca
de la adaptividad potencial de los comportamientos de subsistencia
puestos en práctica durante la colonización humana en el Tardiglacial.
Para esto se utilizan criterios de optimización, a partir de restricciones,
contextos y objetivos de optimización. (Foley 1985, 1989,1996 Stephen
y Krebs 1986).
La Puna argentina es un bioma de desierto de tierras altas
(por encima de los 3.000 m/nm) de bajísima productividad primaria,
con un promedio teórico de ± 53 g/m2/yr (Muscio 1996,
1998b); una distribución espacial heterogénea de los recursos (en
riqueza y densidad) que varía altitudinalmente, una alta estacionalidad;
y una muy alta variabilidad de los elementos del clima (Muscio 1998b).
En el ámbito del Noroeste argentino, hoy mismo es una región no
óptima, o marginal. Esto es importante para pensar los procesos
de ocupación abandono y reocupación de hábitats controlados por
las variaciones físicas del paisaje, especialmente por episodios
de sequía severa (ver Avery 1995). Se puede plantear que en este
ambiente la escasez y la irregularidad de la oferta
de nutrientes controlan los principales estresores no dependientes
de la densidad de la población, para un nicho cazador-recolector.
Es importante señalar las escalas espaciales en las que se evalúan
las conductas de subsistencia a partir de un perfil óptimo. Teniendo
en cuenta una población humana espacialmente continua (Wobst 1993)
y desde una perspectiva ecológica, se puede postular que existirán
variaciones geográficas correlacionadas con las propiedades de los
ambientes locales. En este trabajo se considera al bioma
como el componente espacial de escala macroregional - que en este
caso comprende al desierto de altura de la Puna. Dentro del
ambiente regional amplio, se trabaja con ambientes locales
resueltos entre los 10 Km2 y los 300 Km2 (Muscio
1998b). La escala local capta ambientes que pueden ir desde un sistema
de "vega" o una quebrada, hasta un valle con distintos
mosaicos de recursos para el hábitat de poblaciones humanas locales.
Se deduce que una conducta de alto rendimiento en su entorno local
-localmente óptima - puede ser de beneficio parcial -subóptima-
o incluso no adaptativa considerando las propiedades del ambiente
y la población de escala regional. Esto también es importante para
distinguir a los procesos de saturación local del ambiente, de los
regionales. Siendo ambos procesos denso-dependientes,
los primeros resultan del impacto de la predación humana en la base
local de recursos y gatillan procesos de abandono del hábitat sin
requerir una alta densidad de población regional ni competencia;
mientras que los segundos sí están asociados a la densidad de humanos
de gran escala espacial, y controlan la superposición y la competencia.
A partir de estas consideraciones, en el ANEXO, este trabajo fundamenta
un conjunto de hipótesis de optimización, considerando diversos
contextos locales como hábitats para una ocupación humana
regional hipotética. A tal fin se manejan cuantitativamente el rendimiento
y la densidad de los recursos. Mediante estimaciones de biomasa
se construyen series locales de densidad de los recursos,
para cotejarlas con su rendimiento económico potencial.
A continuación se pasa a discutir algunas propiedades del registro
arqueológico de los cazadores recolectores de la Puna, y se remite
al ANEXO para examinar del desarrollo de las hipótesis de optimización.
Registro Arqueológico
Esta sección analiza la evidencia arqueológica de la Puna a la
luz del modelo de estrategia general de dispersión y colonización
del N.O.A. Principalmente se focaliza en dos aspectos del registro:
diversidad arqueofaunística y localización espacial del hábitat.
Los datos manejados son principalmente de 2 sitios: La cueva III
de Huachichocana (CH III) capa E3, e Inca Cueva 4 (ICc4) capa 2.
Ambos sitios se emplazan en el Borde Oriental de la Puna jujeña
entre los 3.400 y 3.600 m/nm. y tienen acceso a una alta diversidad
de ambientes localizados por encima y por debajo de esta cota. Se
prioriza estos sitios dado que tienen controles tafonómicos. Especialmente
en relación a la acción de carnívoros afectando la integridad y
la representación de las arqueofaunas. El bloque temporal para estas
ocupaciones está entre los 10,6 y los 7,4 Ka BP (Aschero 1984, Fernández
Distel 1974, 1986). También se mencionan algunas propiedades del
registro de Quebrada Seca (QS3) en Catamarca.
Movilidad y Escala Espacial del Nicho: Los registros de
CH III e ICcE, sustentan la hipótesis de alta movilidad, indicando
un rango de acción extenso en una red de interacción biológica y
social de gran escala. La evidencia incluye elementos subandinos
(Aschero 1975, Fernández Distel 1974, Yacobaccio 1983, 1985). Las
plumas de aves tropicales Ara militaris, están envueltas
por un cordel o vena muy fina (Yacobaccio 1985). También hay cuentas
de columela de Strophochelius (Megalobulimulus oblongus)
y Diplodom sp, que actualmente se encuentran al este de la
Quebrada de Humahuaca, en ambientes como la cuenca del río San Francisco
(Yacobaccio 1983). Estos elementos habrían formado parte de artefactos
suntuarios.
La procedencia de los vegetales es una evidencia de la movilidad
entre los valles intermedios, las Tierras Bajas y la Puna Alta,
indicando el uso de distintos hábitats locales. Principalmente los
algarrobos, porotos y ajíes de Huachichocana. Lo mismo se puede
sostener a partir de la procedencia de algunas materias primas líticas
de Inca Cueva (Ratto 1989). Todas estas evidencias favorecen el
modelo de dispersión de poblaciones humanas en torno de las concentraciones
de recursos y a lo largo de ecotonos. Especialmente los de la interface
ecológica Prepuna/Valles Mesotermales.
El uso de la Puna parece haber sido discontinuo a lo largo del
ciclo anual, lo que se deduce del perfil etario de los camélidos
consumidos y de la época de floración de los vegetales. Esto favorece
la hipótesis de un patrón estacional en la movilidad, funcionando
para amortiguar la caída estacional de la disponibilidad de los
recursos, con la ocupación del Borde de Puna y la incursión a la
Puna Alta al comienzo de la temporada húmeda (ver Yacobaccio 1991).
La escala del rango anual con una movilidad estacional que abandona
la Puna durante el invierno para explotar los ambientes de los valles
y la quebradas mesotermales depende de la geografía local.
La evidencia de ICc4 y CH III demarca un espacio de interacción
social y biológica de una escala del orden de los 5.000 Km2.
Las ocupaciones de Quebrada Seca podrían implicar un rango mas extenso.
Debido a que desde aquí las áreas más cercanas que pueden ofrecer
hábitats comparablemente menos duros durante el invierno, se localizan
a una distancia mínima de 100 Km. hacia el oeste. Si tomamos en
cuenta los 70 Km. como indica la procedencia de las obsidianas para
las ocupaciones de cazadores recolectores (Pintar 1992) se puede
estimar un rango anual ± 25.500 Km2. Ejemplos etnográficos
muestran cazadores recolectores de biomas de muy baja productividad
y alta estacionalidad, con rangos anuales que superan en mucho estas
estimaciones (7). Toda esta evidencia apoya la hipótesis de una
población colonizadora de la Puna de escala amplia, con núcleos
más densos en los valles del Noroeste Argentino.
Consumo de los Recursos: Tomando los recursos animales,
Huachichocana para un total NISP de 859 elementos muestra una composición
donde Chinchillidae constituye el 11,42 %, Cervidae el 0,23 % y
Camelidae el 87,41 %, con una notable presencia de ejemplares inmaduros
(Yacobaccio 1991, 1994). Inversamente en Inca Cueva 4 los chinchíllidos,
particularmente Lagidium viscacia, son los recursos que predominan
en la muestra con el 70,97 % de un total de 1045 NISP; los camélidos
solo están presentes con 10,24 %, en su mayoría pertenecientes a
individuos adultos y los cérvidos solo con 1,43 %.
Considerando la naturaleza promediada del registro arqueológico,
interesa observar como varió en intensidad la entrada de los recursos
en la dieta. Existen distintos índices que describen las variaciones
en la dieta de largo plazo. Principalmente aquellos que comparan
artiodáctilos vs. recursos de bajo ranking (Janetsky 1997, Spielmann
y Angstadt-Leto 1996). Las tasas de descarte y depositación son
indicadores adecuados de las variaciones en la frecuencia promedio
de los comportamientos prehistóricos (Lanata 1993). Aquí se utiliza
la Tasa de Depositación (TD) aplicada a la biomasa animal, que viene
dada por el cociente:
TDa= na /t1-t2
Donde: na es la cantidad total de una clase "a"
de recursos
t1-t2 es el intervalo radiocarbónico
entre el dato más antiguo t1, y el más reciente t2
En una importante contribución Yacobaccio (1994) transformó las
frecuencias óseas de ICc4 y CH III en números de biomasa. En el
cálculo que aquí se realiza de TD se utilizan estos valores de biomasa.
Por lo tanto la variable medida es la tasa de depositación de
la biomasa animal, o la densidad temporal de la carne consumida.
El valor de la unidad para esta variable es Kg./Ka. Los extremos
radiocarbónicos del bloque temporal de ocupación de CH III son de
8,67 Ka BP / 10,20 Ka BP con una extensión de 1,53 Ka. Para ICc4
C2 estos son de 9,23 Ka BP / 10,62 Ka BP, abarcando 1,39 Ka . Estos
bloques radiocarbónicos son las unidades temporales de observación
de variantes en la dieta. La tabla 3 muestra la TD calculada para
cada uno de los depósitos.
|
Taxa |
TD Inca Cueva 4 C2
Kg./Ka |
TD Huachichocana E3
Kg/Ka |
|
Camélidos
Cérvidos
Chinchíllidos
Otros (aves, etc.)
Total |
14,13
4
25,15
1,17
44,45 |
44,87
0,10
2,54
-
47,25 |
Tabla 3: Tasa de depositación (DT) de la biomasa animal, en
Kilogramos (KG) por Kiloaños (Ka), calculadas para ICc4 y CH
III E3.
Observamos en la tabla que ambos depósitos para bloques temporales
de extensión comparables muestran similares cantidades de biomasa
animal consumida. La poca cantidad de este valor, un promedio de
45, 85 Kg. de biomasa animal consumida cada mil años radiocarbónicos
es un indicador de la baja intensidad del uso del hábitat
local. La variación discutida también está presente en la diversidad
de especies consumidas -tabla 4. Paralelamente a los animales, ambos
conjuntos incluyen recursos vegetales frutos , semillas y
floraciones- comestibles. Sobre una riqueza total de 18 taxones
Huachichocana registra 9, mientras Inca Cueva 15.
La interpretación aquí ofrecida del registro promediado es coherente
con un modelo de llenado lento del espacio por discontinuidades
en las ocupaciones de ambientes locales, y puede también señalar
una etapa de experimentación (sensu Borrero 1995)
en la colonización de la Puna.
|
TAXON
Artiodactyla
Camelidae
Cervidae
Chinchillidae
Canidae
Carnívora
Ctenomys sp
Nothura sp
Rodentia |
IC 4
X
X
X
X
X
-
X
X
X |
CH III
X
X
X
X
X
X
-
-
- |
TAXON
Dasipodidae
Avis
Batracio
Hipsocharis
Opuntia sp
Prosopis sp
Bromus sp
Passiflora sp
T. pasacana |
IC 4
X
X
X
X
X
X
X
-
- |
CH III
-
-
-
-
-
X
-
X
X |
Tabla 4: Diversidad Taxonómica de los Registros
de ICc4 y CH III E3
La Explicación de las Variaciones Locales del Registro Arqueológico
Un aspecto central en los programas de investigación sistémicos
o ecológico-sistémicos fue la explicación de la variabilidad arqueológica
mediante modelos de funcionalidad de sitios y de patrones de asentamiento.
Sin embargo la naturaleza promediada del registro arqueológico,
que está en la escala temporal de su formación, y el reconocimiento
de las innumerables variaciones que pueden ocurrir en la evolución
del uso humano de un paisaje, obligan a abandonar estos enfoques.
Una vía satisfactoria para la explicación de la variabilidad arqueológica
en los indicadores de subsistencia del registro, es considerar a
la diversidad de situaciones puntuales, como variaciones locales
del consumo de los recursos en la ocupación humana regional
de un lapso temporal de escala amplia. El uso promediado de los
sitios permite interpretar a la riqueza y a la frecuencia de las
arqueofaunas, como producto de la frecuencia de entrada de
los recursos en la dieta, en una amplitud máxima, para el
bloque temporal de formación del depósito (Broughton y Grayson 1993).
Bajo esta perspectiva las variaciones en las tasas de depositación
de arqueofaunas pueden interpretarse como variaciones en las frecuencias
de consumo de recursos, bajo situaciones ecológicas y demográficas
particulares.
Para los casos que venimos analizando, la evidencia arqueológica
indica en Inca Cueva 4 C 2 una ocupación promediada con una
alto consumo de fauna de bajo rendimiento y una alta diversidad
de recursos, mientras que CH III E3 habría explotado una menor diversidad
de recursos y con un alto índice de consumo de fauna de alto rendimiento.
Es importante señalar que esta variaciones en la selectividad de
presas no reflejan un desvío subóptimo. Los chinchíllidos
no son recurso subóptimos, son de bajo rendimiento.(8) Entonces
se puede postular que habrían existido diferencias de adaptividad
en el comportamiento de subsistencia. Considerando los modelos de
las series locales de abundancia de recursos para los distintos
entornos, presentados en el ANEXO, estas variantes pueden explicarse
postulando variaciones en la disponibilidad local de la biomasa.
La situación de CH III E3 tiene correspondencia con la serie teórica
"óptima" de Alto Beneficio de la figura 3 del ANEXO, En
la estrategia de consumo de CH III el 99 % de la carne es de alto
ranking, con probables inclusiones subóptimas como los frutos de
Passiflora y T. pasacana. En la composición de la
dieta los vegetales representan el 30 % de la riqueza de recursos,
tomando a los camélidos como recurso combinado. Esta diversificación
puede amortiguar la inestabilidad ambiental sin interferir con la
estrategia global de alto beneficio.
En el otro extremo de la geografía regional, en la Puna Alta de
Catamarca, el registro de Quebrada Seca localizado a 4050 m/nm,
también muestra un consumo de recursos en fase con lo "óptimo".
El registro muestra un consumo promediado con una altísima
frecuencia de artiodáctilos. Este ambiente es mucho más árido que
el Borde de Puna y con un régimen de menor PP (entre los
28 y los 35 g/m2/yr, ver Muscio 1996). El entorno
es de una baja densidad y diversidad biológica, lo que implica un
ambiente local con mayor direccionalidad para los comportamientos
de alta eficiencia en la captura y manejo de los recursos. En este
ambiente la vicuña y el guanaco son los únicos ungulados silvestres
de alto rendimiento, dado que aquí taruca no superpone el rango
con estos taxa.
El Alero 3 (QS3) capa 2b 12-25 en el intervalo radiocarbónico 9,05
/ 8,33 Ka BP para un total de 817 NISP presenta un 84,08 % de camélidos
y el resto recursos de bajo ranking: chinchíllidos 9,06 % Ctenomys
0,12 % Abrocoma 0,12 % , Rodentia 4,52, anidae 0,12 y Avis
1,95 (Olivera y Elkin 1994). En estas ocupaciones el uso de los
vegetales está restringido al acondicionamiento de los pisos del
alero y como material combustible.
Todo esto contrasta con el registro de ICc4 C2, que se corresponde
con la serie teórica de perfil de Bajo Beneficio de la figura 5
del ANEXO. La amplitud de la dieta realizada, para el lapso de formación
del depósito, resulta de una alta frecuencia de consumo de recursos
de bajo rendimiento: el 58 % de la biomasa animal es de esta clase.
Las plumas de rheidae sugieren la caza de esta presa subóptima.
En términos de riqueza de recursos, la evidencia muestra una gran
amplitud -15 taxones- de los cuales 4 son recursos vegetales, incluyendo
semillas, frutos y probables tallos comestibles. La alta inclusión
de vegetales, especialmente semillas, se infiere de la presencia
de molinos planos y manos de moler, probablemente vinculados al
procesamiento de estos vegetales. La evidencia indica que esta estrategia
de subsistencia incluiría con mayor frecuencia los recursos de mediano
y bajo rendimiento.
En este punto es importante advertir que en la oferta regional
de recursos, los de menor tamaño -vizcachas, semillas, huevos principalmente-
son los de mayor riqueza de nutrientes con mucha heterogeneidad
en grasas, vitaminas y proteínas (Muscio 1998). La alta inclusión
de estos recursos puede estar reflejando una situación de estres
en la base de nutrientes. Debido a la riqueza en proteínas, una
caída regional en la disponibilidad de biomasa animal puede ser
promediada con una mayor inclusión de semillas y huevos en la dieta.
Los chinchíllidos y los tubérculos aportarían principalmente grasas
y carbohidratos en situaciones de estres. La probable inclusión
en la dieta de huevos de suri, postulable a partir de la evidencia
de ICc4 C2 apoya la hipótesis de una dieta diversificada en fuentes
de nutrientes.
El conjunto de toda esta evidencia sugiere un comportamiento local
que desde lo óptimo no está en fase con la estrategia de Alto
Beneficio (ver ANEXO), pudiendo responder a una situación de
estres en la subsistencia, por escasez de recursos alimenticios
de alto rendimiento. Esto podría asociarse a maladaptaciones
durante el intervalo 10,6 / 9,23 Ka BP del poblamiento de la quebrada
de Inca Cueva, por un comportamiento de largo plazo No Adaptativo.
Esta hipótesis debe ser puesta a prueba en esqueletos humanos, buscando
principalmente patologías óseas por malnutrición .
Otros registros arqueofaunísticos del Borde de la Puna pueden también
ser interpretados por estas hipótesis. En la Quebrada de Pintoscayoc
el Alero de las Circunferencias presentaría ambas variantes en una
secuencia de ocupación. Estas variaciones tienen sentido en el modelo
Gruyere de dispersión de poblaciones colonizadoras, que predice
el aumento en la frecuencia de extinciones y abandono de los hábitats
colonizados, conforme se avanza en las áreas más marginales de la
distribución. Especialmente en estos espacios de ecotono de la prepuna,
donde están localizadas las ocupaciones con un consumo de recursos
de bajo rendimiento económico. De tal manera, estos registros pueden
ser la señal arqueológica de adaptaciones muy costosas o quizás
de adaptaciones fallidas en el Borde de la Puna, interpretables
como el efecto promediado de "pulsos" de ocupación
de los aleros.
Situaciones similares de estres en la subsistencia, también
pudieron ocurrir en los ecotonos de la vertiente occidental de la
Cordillera de los Andes, durante la Transición . Este puede ser
el caso de las ocupaciones de la quebrada Intermedia de San Lorenzo,
en Chile. Allí los estratos IV al IX para un rango radiocarbónico
entre los 10,4 y los 9,6 Ka BP (Nuñez y Santoro 1988) presentan
una composición arqueofaunística donde camelidae solo representa
el 7,3 % de la muestra, predominando ampliamente los recursos de
menor rendimiento: chinchillidae con el 63, 2 % , rodentia 23, 5
% y avis. 5, 8 %. A esto se le suma el consumo de vegetales, que
se infiere de la presencia de "palos cavadores": artefactos
específicos para la explotación de tubérculos o raíces.
Esta interpretación de la diversidad de las arqueofaunas en razón
de la eficiencia económica de la estrategia de subsistencia, puede
ser de utilidad junto con otras líneas de evidencia, para la discusión
arqueológica de procesos de experimentación en la colonización
de una región nueva para la especie. Estos procesos, que siguiendo
a Borrero (1995) son de difícil identificación en el registro, implican
series discontinuas de ocupación, con estrategias no óptimas y con
posibles extinciones locales. Para los cazadores recolectores "colonizadores"
de las Tierras Altas del NOA, todo esto apoya un modelo demográfico
espacialmente muy heterogéneo, de muy baja densidad de individuos
en una escala regional. Durante la Transición, y el Holoceno Temprano,
la dinámica demográfica de estas poblaciones debió responder a escenarios
locales de escasez de largo plazo de los recursos, los que
habría inducido de manera recurrente procesos de extinción local
de poblaciones, o de abandono de ambientes colonizados. A continuación
se argumenta esta explicación
Alteraciones Ecológicas y Estres de la Subsistencia: La
predicción básica del Modelo de la Amplitud de Dieta establece que
conforme disminuye la abundancia de los recursos de alto rendimiento,
aumenta la frecuencia de consumo de los recursos de bajo rendimiento.
En consecuencia las variantes locales en la amplitud de la dieta
de los cazadores recolectores de la Transición Pleistoceno / Holoceno,
pueden interpretarse en relación a las variaciones en la disponibilidad,
o en el acceso a la biomasa de herbívoros de alto rendimiento, en
un contexto ecológico dinámico.
La principal característica de la ecología regional del Tardiglacial
y del Holoceno Temprano, por lo menos hasta los 8 Ka BP en Sudamérica,
fue la gran dinámica del paisaje vegetal, y de los procesos de rápida
reorganización de la biota (ver Adams y Faure 1997, Nuñez
et al 1996)). Este reconocimiento de un paisaje ecológico
muy dinámico y cambiante en distintos ritmos, necesariamente
requiere que se abandonen los modelos de adaptación humana
de largo plazo, representados por los modelos de sistemas adaptativos
en equilibrio, los cuales presuponen -contra la evidencia empírica
disponible- una estabilidad ecológica en la escala temporal
arqueológica (que es de resolución radiocarbónica o estratigráfica).
De las características de las variaciones ocurridas en el Tardiglacial
y durante el Holoceno Temprano, se deduce que los cambios en el
paisaje ecológico no habrían sido modificaciones estructurales,
sino alteraciones en magnitud. Las propiedades del ambiente
afectadas habrían respondido al modelo de variabilidad de escala
media propuesto por Butzer (1985), implicando:
«Cambios fundamentales en la hidrología, la productividad y en
todas las categorías de biomasa. La composición cualitativa de las
comunidades bióticas perdura, pero los cambios cuantitativos afectan
a las estructuras en mosaico en general, y a los ecotonos en particular
(número de especies y densidades demográficas seleccionadas)...
» Butzer (1985: tabla 2-4)
La variación habría implicado fundamentalmente procesos de escala
ecológica. Funcionalmente se habrían alterado las relaciones herbívoro/forraje
(sensu Soriano 1987). En consecuencia los cambios en la distribución
y en la productividad de la Biomasa Primaria (vegetal), resultantes
de las variaciones en la temperatura y humedad deben haber alterado
la disponibilidad de las principales presas de caza, fundamentalmente
la abundancia de los camélidos en los ambientes locales de ecotono
(9). Para las poblaciones de camélidos, el principal recurso potencial
para los cazadores recolectores, es probable que la tendencia demográfica
durante los períodos de disminución de nutrientes haya sido la disminución
en la tasa de crecimiento, por ajuste logístico. Paralelamente,
la frecuencia de los movimientos migratorios a partir de la distribución
heterogénea de las pasturas debió haber aumentado, llevando a una
distribución más irregular y menos densa de este recurso en el ciclo
anual (10) . Estas, junto a otras variaciones de carácter ecofonotípico,
serían las respuestas esperables para los ungulados en un proceso
de reordenamiento de los hábitats inducido por variaciones climáticas
(Vrba 1996).
En el NOA, la sucesión de comunidades vegetales en el espacio está
determinada altitudinalmente, siguiendo de manera continua el gradiente
de humedad del patrón de precipitaciones (Bianchi y Yañes 1992).
Junto con los elementos del relieve del paisaje, esto se expresa
con una alta variabilidad en el hábitat potencial para los cazadores
recolectores. En el continuo ecológico, el Borde Oriental de la
Puna presenta amplios ambientes de ecotono en la franja transicional
entre las comunidades vegetales de las Tierras Altas de la Provincia
Puneña, y la vegetación de la Provincia Prepuneña, de las quebradas
y los valles de cotas inferiores a los 3000 m/nm. Estos ambientes
ecotonales habrían sido los más sensibles a los efectos de
las reorganizaciones biómicas (Butzer 1985) producidas por las variaciones
climáticas durante la Transición. En los ecotonos las alteraciones
bióticas complejas y las reorganizaciones de los ecosistemas habrían
inducido a cambios en el mosaico de los recursos. Para los Andes,
especialmente en la abundancia de los ungulados: camélidos y cérvidos.
La estrategia de subsistencia humana debió haber sido sensitiva
a los cambios en el rango de esta fauna. Principalmente los patrones
de movilidad, la tecnología y la inclusión de recursos en la dieta
de los cazadores recolectores (ver Pintar 1992,1994).
El reemplazo de un modelo estático del paisaje ecológico por uno
más realista: altamente dinámico en múltiples escalas, permite explorar
hipótesis de estres de subsistencia en el poblamiento cazador
recolector, tanto en la tecnología como en la dieta realizada,
en escenarios de degradación del hábitat por alteración
ecológica.
Sobre esta base puede postularse que mientras los registros de
Quebrada Seca 3 y Huachichocana (y quizás también las ocupaciones
estratigráficamente superiores del Holoceno Temprano de Alero de
las Circunferencias) serían los de grupos humanos ocupando un espacio
bajo condiciones de buena disponibilidad de recursos de alto beneficio,
Inca Cueva 4 C2 y el Alero de las Circunferencias pre 9,2
Ka BP, serían el producto de la ocupación humana de ambientes locales
de ecotono, con una baja densidad de ungulados y con una
estrategia de subsistencia bajo estres.
La secuencia de ocupación del Alero de las Circunferencias puede
ser el ejemplo más claro de la variación de la amplitud de la dieta
por el cambio en la ecología local de los ecotonos de la prepuna.
En la secuencia del sitio las ocupaciones más antiguas, estratigráficamente
las más profundas, se revelan como las de menor acceso a una dieta
de alto rendimiento, lo que puede asociarse a un ambiente local
poco favorable para la colonización. Luego le siguen las ocupaciones
con un mejor acceso a los recursos de caza de alto rendimiento,
lo que indicaría condiciones ecológicas más favorables para el establecimiento
de un hábitat humano local. Patrones similares de variación en la
subsistencia humana, también pudieron ocurrir durante la colonización
de los ecotonos de la vertiente occidental de los Andes.
Finalmente, los contextos ecológicos alterados por las variaciones
climáticas podrían favorecer, sin necesidad de una demografía alta
de escala regional, procesos de extirpación de fauna
por sobreexplotación, especialmente en ambientes locales
de baja PP y poblaciones de ungulados poco densas y muy móviles.
Todos estos procesos, darían lugar a una alta frecuencia de abandono
y reocupación de ambientes locales, que se expresarían como discontinuidades
en las secuencias arqueológicas, y con mucha variación local en
las frecuencias taxonómicas de las arqueofaunas.
Algunas Reflexiones Finales
Mi convicción sobre el poder de la selección permanece inquebrantable;
pero es probable, o casi cierto, que varias de mis conclusiones
serán desechadas por erróneas con el tiempo, pues esto difícilmente
deja de ocurrir siempre que se trata por primera vez un asunto cualquiera.
Charles Darwin, El Origen del Hombre
Frecuentemente la mera detección arqueológica de la presencia humana
en una región y un momento sin registros previos, es considerada
per se como la evidencia de una adaptación lograda y de la
colonización exitosa de un nuevo hábitat. Generalmente apelando
a mecanismos de ajuste a las presiones ambientales. Bajo la lógica
del dispersionismo difusionista (evolución local y radiación
hacia el exterior) y del adaptacionismo (los sistemas una
vez evolucionados permanecen adaptados) el razonamiento está justificado.
Bajo la lógica evolutiva no. Desde un punto de vista biogeográfico
y evolutivo los procesos de colonización se explican considerando,
principalmente la acción de la selección en la población colonizadora
local, además de la deriva (ver Borrero 1993, 1995). En la perspectiva
ecológico-evolutiva los procesos de extinción local, maladaptación,
retracción del rango colonizado y experimentación, ocupan un lugar
central en la explicación arqueológica de la colonización de nuevos
hábitats para la especie. Esto necesita de los estudios de las variantes
en los comportamientos y los artefactos, asociadas a las variaciones
en la adaptividad potencial de la población, lo que lleva
a cruzar datos con la evidencia esqueletal. Especialmente en relación
a la disponibilidad y al consumo de la biomasa producida por el
entorno, cuando se postula que la expansión global del rango Homo
sp estuvo controlada por la saturación de los ambientes locales
(ver Young y Bettinger 1995, Steele et al 1998) produciendo
variantes clinales (Gamble 1993).
Este trabajo presentó un modelo de colonización del NOA considerando
la dispersión de las poblaciones humanas de la interface Pleistoceno-Holoceno
en la escala de los Andes Meridionales. Partiendo de criterios de
optimización, sondeó en las variaciones locales de los comportamientos
de subsistencia de los cazadores recolectores que colonizaron las
Tierras Altas del NOA. Los casos estudiados parecen indicar patrones
evolutivamente significativos. La baja intensidad de las ocupaciones
sugiere un uso intermitente de los aleros y las cuevas, y comportamientos
muy móviles, utilizando una amplitud grande de ambientes
diversos. Esto refuta los modelos de movilidad moderada
en torno a oasis o ambientes preferenciales (i.e. Cigliano
1966, Schobinger 1988), también presentados como de trashumancia
inicial (Nuñez y Santoro 1988).
La evidencia regional muestra un consumo oportunista de
los recursos, muy sensible a las propiedades ecológicas del entorno
local. De tal manera la hipótesis de caza especializada para
el Holoceno Temprano no tiene sustento en el registro arqueofaunístico.
Paralelamente, se argumentó que en algunos casos las variaciones
locales en las arqueofaunas, responderían a poblaciones con un consumo
de recursos no en fase con lo óptimo de Alto Beneficio. Todas estas
evidencias dan crédito a un modelo de llenado lento del espacio
en la Puna, con una trayectoria demográfica controlada por la discontinuidad
poblacional y la retracción durante el finiglacial. Esto desafía
la visión adaptacionista. Con base teórica en la ecología-evolutiva
se puede explorar la hipótesis según la cual, las variantes No Adaptativas
de la dieta pueden ser el producto de situaciones de estres en la
subsistencia, y la señal no esqueletal de maladaptación.
Respecto de la escala espacial, este trabajo sugiere que no es
posible interpretar adecuadamente los procesos biogeográficos y
evolutivos del poblamiento de las Tierras Altas del NOA, considerando
a la Puna como un área independiente. De esto deriva la necesidad
de ampliar la escala espacial de los diseños de investigación de
cazadores recolectores, para comenzar a buscar la evidencia arqueológica
en otros ambientes del NOA. Sobre todo en la geografía valliserrana
y en las sierras subandinas. Al mismo tiempo, el conjunto de las
hipótesis presentadas requiere abrir el trabajo hacia nuevas líneas
de investigación. Principalmente tasas de descarte de artefactos,
patrones de uso del paisaje, abandono y reocupación de aleros y
cuevas; y diseño - performance de artefactos. En tal marco
es importante calibrar las escalas espaciales de los movimientos
de materias primas, en redes de interacción social amplias (ver
Lazzari 1994). Todo esto necesita que se superen los modelos de
industrias locales, realizados a partir de la representación
modal de las diferentes clases de artefactos en sitios "arquetípicos",
y que el registro arqueológico sea trabajado a partir de sus propiedades
distribucionales (sensu Dunnel y Dancey 1983).
Un componente importante de las investigaciones futuras deben ser
los estudios de las variaciones bióticas de la Transición Pleistoceno/Holoceno,
focalizando en las alteraciones ecológicas con fluctuación en la
disponibilidad de los recursos de los ambientes locales de
caza y recolección (de una escala del orden de los 1000 Km2).
Especialmente considerando que el proceso de colonización del NOA
habría dependido de la dispersión por la saturación local
de los ambientes explotados. En este enfoque pueden plantearse dos
líneas principales de investigación, no excluyentes: A) el estudio
de los movimientos y los reacomodamientos del rango de los artiodáctilos
como función de las variaciones ecológicas de la interface Pleistoceno/Holoceno,
comenzando por las variaciones en la productividad primaria del
bioma (que lleva a la construcción de columnas paleoambientales
locales). B) los procesos de saturación local de ecosistemas de
baja productividad, derivados de la sobreexplotación humana (que
requiere estudiar localmente el umbral de saturación del hábitat
y la fauna más sensitiva de la sobrecaza). Es importante destacar,
como advirtieron Kelly y Todd (1988) en el estudio de la dispersión
de escala continental, que la variabilidad ecológica en la Transición
Pleistoceno-Holoceno debió haber impuesto a los humanos escenarios
muy diferentes a los que la etnografía de los cazadores recolectores
presenta.
La perspectiva evolutiva plantea interrogantes novedosos en la
arqueología del N.O.A que pueden integrar, en un marco teórico que
privilegia la diversidad, el conocimiento ganado para el área bajo
diferentes perspectivas. En este dirección la arqueología de cazadores
recolectores del N.O.A requiere que se integren distintas vías metodológicas,
adecuadas a la investigación tanto de los aspectos ecológicos
de las poblaciones prehistóricas, como de los aspectos sociales
(sensu Minegal 1997, ver Ingold 1993). Lo mismo puede plantearse
para procesos de Evolución Social (sensu Nielsen 1995). Este
desafío implica comenzar a explorar con preguntas nuevas en los
patrones de la variabilidad artefactual que la sistemática clásica
de la arqueología del NOA dejó al descubierto, y en la variabilidad
ecológica que los enfoques sistémicos procesuales demostraron. Este
trabajo buscó contribuir en el desarrollo de esta tarea.
Agradecimientos: A Luis Alberto Borrero por la lectura
y la corrección de una versión previa de este trabajo y por las
importantes sugerencias brindadas en la discusión del mismo (las
cuales validaron la cita de Darwin). A José Luis Lanata por su lectura
crítica de un manuscrito y por estimularme para su publicación.
A Rolando R. Lillo por su apoyo a mi trabajo y por mejorar la elegancia
matemática de cada una de mis ideas. A Mónica Ferraro, María Eugenia
Cantero y al personal de la Biblioteca del Museo Etnográfico J.
B Ambrossetti por su ayuda continua en la búsqueda de bibliografía.
Estas menciones no implican responsabilidad alguna en las expresiones
aquí vertidas.
Comentarios
(ir a 2da parte)
NOTAS
- La estasis propuesta es un fenómeno resuelto en una escala
temporal del orden de los 10 Ka, representado como la parte plana
de una curva de evolución demográfica que comienza a crecer exponencialmente
en torno a los 5 Ka BP. Su escala espacial mínimamente abarca
el NOA (Muscio 1996).
- El concepto de Bioma refiere a una comunidad de animales
y plantas que ocupan un área climáticamente uniforme en una escala
continental (Hugget 1991)
- El ecotono es la transición espacial entre dos o más comunidades
distintas, y puede tener una extensión lineal considerable (Butzer
1985, Hugget 1991)
- En los modelos de selección de tipo K y selección
de tipo r , los procesos denso-dependientes son
los que ocurren en un contexto de alta densidad de organismos
en su ambiente. En tales contextos las poblaciones tipo K
son aquellas en las que la supervivencia depende en mayor grado
de la competencia. Contrariamente, en las poblaciones de tipo
r la densidad de individuos y la competencia no son factores
importantes en la supervivencia, siendo los relevantes la inestabilidad
y las fluctuaciones ambientales (Pianka 1982).
- Un deme es una Población Local con un hábitat particular
en el área de distribución de una especie.
- La adaptividad potencial es una medida de la probabilidad
de una entidad evolutiva de ser replicada, lógicamente independiente
del proceso de selección (OBrien y Holland 1992). En este
marco una variante adaptativa es un estado del rasgo (estructuras
biológicas, conductas, artefactos) que aumenta la probabilidad
de supervivencia y reproducción al portador; y una variante No
Adaptativa del mismo rasgo es aquella que le disminuye esta
misma probabilidad.
- Los nunamiut explotan un área anual de 63.700 Km2
con una distancia promedio por movimiento residencial de 69,5
Km, en un bioma con PP de 73/g/m2/yr, y alta estacionalidad
(Kelly 1983)
- Sin embargo puede argumentarse, como hace Madsen (1993),
que las presas pequeñas mediante una táctica de caza con redes
o trampas -u otras similares- pueden mejorar el rendimiento. No
obstante, esto implica una estrategia de mucho menor beneficio
frente a la que logra efectivamente consumir, con una mayor
frecuencia, a los artiodáctilos. Un caso contrario podría
ser la caza masiva.
- Esta línea de argumentación tiene sustento empírico y teórico
cuando se coteja el comportamiento de la Biomasa de Herbívoros
de los diversos biomas terrestres en relación a la Biomasa Primaria
(McNaughton et al 1989, Pianka 1982), muy especialmente
en los paisajes áridos como el de la Puna (Mc Naughton et
al 1993, y particularmente para los camélidos (Rabinovich 1989).
- La etología de los camélidos es muy flexible en sus patrones
de movilidad, por lo que debe ser muy sensitiva de la degradación
de la cobertura vegetal. Frente a la disminución de las pasturas
en el hábitat los camélidos aumentan la movilidad migratoria,
para disminuirla en ambientes más ricos. En el caso de la vicuña
esta flexibilidad le permite explotar una mayor rango ambientes
áridos (ver Flannery et al 1989).
- El valor obtenido de esta manera corresponde a la Utilidad
Energética por Tiempo de Procesamiento (Tpi) el cual es una fracción
de la Tasa de Calorías por Tiempo de Manejo. Luego resulta de
: Tpi = Ei / tpi .
- La recolección masiva de los huevos de suri puede llevar
a que este recurso aumente levemente su posición en el ranking
si se realiza el cálculo a partir de otras premisas u observaciones,
respecto a los tiempos de procesamiento.
- El producto µ está compuesto por dos magnitudes de
energía, por espacio: hectárea (Ht) y por tiempo: horas (Hrs)
. Se unidad resulta : Kcal2 / Ht.Hrs. Es apropiado
transformar este producto en un índice, normalizándolo al valor
106 , lo que permite trabajar sin unidades y con un
número de dígitos manejables.
- El número de combinaciones posibles de series de recursos
con sus tres estados de disponibilidad en el paisaje resulta de
39. Si bien esto está asumiendo un estatus equiprobable
para cada variable cuando quizás muchas covarían, advierte la
alta variabilidad esperada de ambientes de escala local.
- El gráfico no muestra esta situación pero puede demostrarse
fácilmente con un cociente donde la media de µ sea el numerador
y la superficie del rango el denominador, aumentando el número
de ambientes de la serie. En teoría el máximo de ambientes incluidos
se alcanza cuando los costos de la movilidad interceptan el rendimiento
promedio de toda la serie.
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