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Regionalización e Integración Cultural en el MERCOSUR
por Rubens Bayardo
Programa Antropología de la Cultura
Instituto de Ciencias Antropológicas
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires
bayardo@tropos.filo.uba.ar |
GLOBALIZACION, REGIONALIZACION Y CULTURA
Buena parte de la discursiva mas difundida sobre la globalización
propone la apertura al mundo, los tratados de libre comercio y la
integración regional como receta para el crecimiento económico y
el bienestar de los pueblos.
El desarrollo tecnocientífico y la capacidad de generación de bienes
expuestos como credenciales de éxito, la caída del Muro de Berlín
y el derrumbe de la Unión Soviética planteados como fin de las alternativas,
son los arietes de una embestida neoliberal que propone un único
camino hacia un progreso indefinido. Pero la confianza en el crecimiento
económico, en el potencial tecnológico y en el dominio del espacio
y del tiempo, oscurece la dimensión cultural de la integración regional.
Esta dimensión incluye aspectos cruciales cual son la constitución
de subjetividades e identidades, de actores sociales y de ámbitos
democráticos para la resolución de conflictos, que de permanecer
subrogados a una mera liberación comercial contribuirían más a realizar
la globalización que a la integración regional. De aquí nuestro
interés por abordar la cuestión de la globalización y la integración
regional en el Mercosur subrayando su significación cultural.
La globalización corresponde a una etapa del capitalismo, distintamente
conceptualizado como 'desorganizado', de 'acumulación flexible'
o 'posfordismo' (cfr. Featherstone 1994) en la que "los procesos
de concentración y centralización del capital adquieren mayor fuerza,
envergadura, alcance. Invaden ciudades, naciones y continentes,
formas de trabajo y de vida, modos de ser y de pensar, producciones
culturales y formas de imaginar" (Ianni 1992:39, nuestra traducción).
Pero aparte de un influjo uniformizador por sobre los límites preexistentes,
la globalización conlleva el "surgimiento de 'regiones supranacionales',
las cuales buscan constituirse en nuevos polos de poder económico
y político: la Comunidad Económica Europea, la Cuenca del Pacífico,
el Tratado Trilateral de Libre Comercio, el Mercosur, etc. Particularmente
desde los años ochenta, esta forma de estructuración mundial -llámese
globalización, sistema-mundo, mundialización o integración multinacional-
se caracteriza por la intensificación en el movimiento mundial -antes
fragmentado por las fronteras- de los capitales, las tecnologías,
las comunicaciones, las mercancías y la mano de obra, integrándose
en un mercado de escala internacional" (Rosas Mantecón 1992:
89). Con todo, preferimos más bien hablar de una escala transnacional
a fin de trascender la mera relación entre naciones, y expresar
los vínculos que las atraviesan actualmente.
Cabe mencionar tres especificaciones en lo político, en lo económico
y en lo cultural, que, a nuestro entender, contribuyen a elucidar
el fenómeno globalizador. 1) La reproducción ampliada del capital
ya no se realiza adecuadamente en el marco de los estados nación,
que al constituirse en un obstáculo para la misma entran en declive
y reformulación. 2) Esta reformulación en América Latina pasa por
procesos denominados de "ajuste estructural" que suponen
la apertura de fronteras internas y externas. Por una parte, la
reducción de las esferas de incumbencia pública, el achicamiento
de los aparatos estatales, las privatizaciones, quiebran las barreras
internas a la expansión del capital en multiplicidad de ámbitos.
Por otra, la apertura comercial hace caer las barreras aduaneras,
desprotege la producción local y facilita la circulación de capitales
transnacionales. 3) La dimensión cultural es fundamental en esta
transición, pues es precisamente el arraigo de la hegemonía en la
vida cotidiana y en la conformación de los sujetos, lo que posibilita
el consentimiento a los programas neoliberales de ajuste y la aquiescencia
al influjo globalizador, incluso en contra de vivencias desfavorables
al respecto.
La magnitud y velocidad de las transformaciones que están ocurriendo
resultan dificilmente aquilatables para nuestras actuales competencias
culturales y políticas. Estas se hallan conmovidas por novedosas
experiencias del espacio y del tiempo, "categorías fundamentales
en la formación de las subjetividades de los agentes sociales y
en la formación y diferenciación de identidades y culturas"
(1) (Lins Ribeiro 1994: 143). Sumándose a las discusiones acerca
de si estos cambios suponen el surgimiento de una nueva condición
'postmoderna', Fredric Jameson conceptualiza al postmodernismo como
la lógica cultural del capitalismo tardío y plantea que su objeto
fundamental es "el espacio mundial del capital multinacional".
Frente a este contexto sostiene que hace falta "abrir una brecha
hacia un nuevo modo aún inimaginable de representarlo, mediante
el cual podremos nuevamente comenzar a aprehender nuestra ubicación
como sujetos individuales y colectivos y a recobrar la capacidad
de actuar y luchar que se encuentra neutralizada en la actualidad
por nuestra confusión espacial y social" (1991: 86).
LA INTEGRACION REGIONAL EN EL MERCOSUR
En el sur de América Latina, el proceso de globalización / regionalización
viene plasmándose en la conformación del Mercado Común del Sur.
El Mercosur es un marco de integración regional que incluye a Argentina,
Brasil, Paraguay y Uruguay desde principios de 1995. Si bien existen
muchos antecedentes que involucran a estos paises (Cfr. Methol Ferré
1994), recién en 1991 el Tratado de Asunción estableció los compromisos
para su concreción. El proceso de integración de carácter progresivo,
incluye por el momento la libre circulación de nueve mil productos
sin recargo aduanero, la fijación de un arancel externo común, el
establecimiento de controles aduaneros, migratorios y fitosanitarios
únicos en el tránsito fronterizo, la libre circulación de vehículos
de uso particular, el reconocimiento de los títulos de estudios
de enseñanza primaria y secundaria no técnica. Esta unión aduanera
incompleta no permite la libre circulación de trabajadores entre
los paises miembros, ni da reconocimiento automático a los títulos
técnicos o universitarios. Tampoco se contemplan en esta etapa la
coordinación de políticas macroeconómicas y tipos de cambio, ni
la moneda común.
"La discusión en torno al MERCOSUR ha girado en torno a dos
modelos: mientras uno supone la construcción de una 'Zona de libre
comercio', el otro habla de una integración regional. El primer
modelo está más cerca de lo planteado en el TLC o NAFTA mientras
el segundo se parecería a la integración de la Comunidad Europea.
En un caso estaríamos en una situación donde lo negociado serían
aranceles, circulación de bienes y eventualmente de personas pero
no iría más allá de acuerdos económicos. En el segundo caso, la
integración sería mucho mayor y obligaría a una serie de paulatinos
acuerdos y convergencias que no se limitaría a lo económico sino
que podría incluir lo político y lo social" (Achugar y Bustamante
1996: 127). En que vaya a concluir este proceso es algo que está
por verse. Han habido y seguramente habrán múltiples avatares. Tanto
Argentina como Chile pretendían ser parte del TLC, el ministro argentino
de economía propuso un Mercosur sin Uruguay y a Paraguay como un
mercado interno, Chile acordó aranceles preferenciales y discute
su eventual incorporación, y para complicar las cosas el presidente
argentino declaró no hace mucho que "el mundo no se reduce
al Mercosur".
Más allá de cómo se efectivice la regionalización en sus figuras
legales, hay una proceso de integración de hecho que está aconteciendo.
El Mercosur está en marcha y dos grandes proyectos están planteados
como corredores integradores en su futuro desarrollo: en la dirección
Norte - Sur el proyecto de la Hidrovía sobre el Río Paraná, y en
la dirección Este - Oeste el eje vial San Pablo - Valparaíso. Una
de las obras involucradas en este eje vial es la construcción de
un puente que cruce el Río de la Plata uniendo Colonia, en la República
Oriental de Uruguay con Buenos Aires, en la República Argentina.
La insignificante presencia del tema en los medios de comunicación
contrasta con la magnitud faraónica del proyecto. Se trata de una
obra sin antecedentes en el mundo, que viene gestándose en la esfera
de las decisiones que son políticas pero que no se hacen públicas
y en la oscuridad de expedientes que siendo públicos, no son publicitados.
La construcción del puente Colonia - Buenos Aires desatiende la
existencia de tres puentes hoy subutilizados en áreas de potencial
desarrollo y se asienta justamente allí donde la viabilidad está
garantizada poniendo en riesgo sus desarrollos actuales. El emprendimiento,
responde a una lógica del mercado en la que los grandes consorcios
transnacionales son los actores privilegiados. Los concesionarios,
amén de los beneficios emergentes del tráfico generado por el Mercosur,
tienen una rentabilidad asegurada y riesgos ampliamente compensados
por las concesiones de todo tipo que se les harán en las cabeceras.
Los estados privatizadores, desentendidos de sus esferas de incumbencia,
no plantean una apertura hacia los actores involucrados y la sociedad
civil en su conjunto, ni manifiestan interés alguno por su participación
o sus expectativas al respecto. No se trata tan sólo de un desinterés
por la participación política sino de la ruptura de las responsabilidades
hacia los mismos representados implícita en el nuevo discurso legitimador
(cfr. Grassi 1992). Entendiendo la cuestión del puente Colonia -
Buenos Aires como un caso testigo para el proceso de integración
de la región, la problemática adquiere relieves preocupantes.
EL PUENTE COLONIA - BUENOS AIRES
El puente Colonia - Buenos Aires se suma a tres puentes preexistentes,
separados por no más de cien kilómetros uno de otro: Salto - Concordia,
Paysandú - Colón y Fray Bentos - Puerto Unzué, situándose 200 Km.
al sur de este último. Lo hace tras el acuerdo de los presidentes
de Uruguay y Argentina de rechazar la localización de la obra 60
Km. al norte, entre el delta del Río Paraná y la población oriental
de Carmelo, con lo que su extensión se hubiera reducido a la tercera
parte. El largo de puente será de unos 50 Km., lo cual lo convierte
en un acontecimiento mundial único, si se tiene en cuenta que actualmente
el puente más largo del mundo se encuentra en Louisiana en los Estados
Unidos y no alcanza los 35 Km. de largo. Se estima que el proyecto
costará mil millones de dólares y que su construcción demandará
700 mil metros cuadrados de hormigón y siete años de trabajos.
Poco se sabe de la génesis del puente Colonia - Buenos Aires, pero
lo que es casi seguro es que se construirá. La decisión política
ya está tomada y lo interesante es que el único papel que se proponen
jugar los estados involucrados por el puente es controlar qué empresas
intervienen en el proyecto. Pero no parece que el monopolio de la
fuerza sea ejercido para garantizar la presencia activa de lo público.
El ingeniero Jose Serrato, Presidente de la Comisión Nacional uruguaya
encargada de la obra desde 1985, desestimó la capacidad de los estados
argentino y uruguayo para afrontar los trabajos y -por lo leído-
de dar a conocer sus entretelones. Por el contrario, manifestó que
"hemos tenido conversaciones con unos 15 grupos, pero por otras
informaciones que hemos tenido, manejamos que habrían decenas de
consorcios interesados", procedentes de Estados Unidos, Europa,
Japón, Malasia y América Latina (Posdata 1996: 18).
Algunos de esos interesados -que el funcionario deja en la nebulosa
del tiempo condicional y en lo difuso de su origen inespecificado-
ya eran positivamente conocidos por la prensa argentina varios años
atrás. "Más de 130 representantes de empresas constructoras,
bancos y consultoras de diecinueve paises del mundo se presentaron
a la convocatoria de expresiones de interés" (Pussino 1993:
3). Y representantes de Europistas, Camargo Correa, Grupo Dumez-Impregilo,
Aberbretch-Cartellone, Queiros Galvao, Smith Barney, Iritecna, Ballast-Nedam
Dredging, Coviares- Albano, Techint, Albano, Ica, Boygues, Dycasa,
Aragon Constructora-Acindar, Loma Negra, Trafalgar House, McKee
del Plata, mantuvieron reuniones individuales con las autoridades
oficiales en septiembre de 1992 en Buenos Aires.
Acorde a la recomendación de los consultores del Banco Mundial
"el proyecto está concebido para ser totalmente financiado,
construido y operado por el sector privado, a través de un concesionario".
A los efectos de reducir los riesgos de la inversión los consultores
sugieren "incluir en la concesión proyectos complementarios
a la obra principal" así como "captar para ellos y dejar
a un lado una cantidad determinada de tierra, por ejemplo, 5 mil,
10 mil o 20 mil ha. que el concesionario puede vender o utilizar
en su totalidad o en parte. Se considerará la expropiación de la
tierra existente así como la creación de nuevas tierras mediante
rellenado" (Pussino 1993: 3). De este modo el proyecto garantiza
un negocio gigantesco que no sólo incluye los beneficios del puente
asegurados por el incremento del transporte regional que implica
el Mercosur, sino la renta de las tierras expropiadas y/o creadas
y las obras complementarias que sin mayores especificaciones se
le concederían.
Hace ya muchos años que el valor de la tierra en el litoral coloniense
viene acrecentándose por un mercado en fuerte movimiento(2). El
turismo argentino de fines de semana hacia Colonia es sólo la causa
aparente de este crecimiento. Sus agentes fundamentales son grandes
consorcios que avizoran las oportunidades de hacer negocios que
el puente trae consigo: emprendimientos turísticos y comerciales,
instalaciones productivas, trazados carreteros, relocalización de
poblaciones, operaciones inmobiliarias con viviendas y en el mercado
de tierras, obras de infraestructura.
La ciudad de Buenos Aires tampoco es ajena a estos avatares. Durante
1995 floreció un proyecto oficial de construir una isla artificial
en el Río de la Plata frente al Aeroparque Jorge Newbery para trasladar
allí las instalaciones del aeropuerto metropolitano. La "aeroisla",
como se lo conoció, es un megaproyecto con un único antecedente
mundial en Osaka, salvando la diferencia de que la escasez de tierras
en Japón es un hecho que contrasta notablemente con la amplia disponibilidad
de las pampas argentinas. Criticado por especialistas, políticos
y organizaciones intermedias, así como por el propio Banco Mundial
por los enormes costos y los riesgos que supone y por lo desastrado
de la experiencia japonesa, el proyecto sigue su marcha.
En 1995 la construcción de la Aeroisla surgió como una iniciativa
aparentemente novedosa en respuesta a la insuficiencia operativa
y a los problemas planteados por un aeropuerto demasiado próximo
a la ciudad. También se la presentó como una impostergable recuperación
de los pocos espacios verdes urbanos. Voces poco crédulas la interpretaron
como parte de un gigantesco negocio inmobiliario en una de las áreas
más costosas situada en el norte de la ciudad(3).Sin embargo ya
unos años antes, en 1993, aparecía inadvertidamente vinculada al
proyecto del puente Colonia - Buenos Aires. Los predios del aeropuerto
eran uno de los puntos propuestos para concretar la traza del puente
y "el Aeroparque de Buenos Aires, al ser éste uno de los lugares
opcionales para la posible implantación de la cabecera del lado
argentino, podría llegar a ser trasladado a una isla artificial
en el Río de la Plata" (Pussino 1993: 3).
Indudablemente el puente Colonia - Buenos Aires abaratará los costos
del transporte intraregional e interoceánico. "El puente supone
un ahorro de 200 kilómetros en el trayecto entre Buenos Aires y
San Pablo, lo cual con un funcionamiento aduanero adecuado, supondría
un ahorro en los costos que llegaría al 10 por ciento". El
Tránsito Medio Diario Anual calculado para el puente es de entre
3.000 a 10.000 vehículos diarios, a lo que debe sumarse el tráfico
derivado de otros medios preexistentes y el tráfico generado por
el nuevo camino. Según se prevé, "la entrada en operaciones
del eje vial San Pablo - Valparaíso derivará a Uruguay, como consecuencia
de la construcción del puente Colonia - Buenos Aires que formará
parte de esa nueva ruta de transporte, el tránsito de 112.500 camiones,
con un promedio de 20 toneladas de carga, cada año" (Posdata
1996: 17). Ahora bien, más allá de los beneficios para operadores
del puente y transportistas, cuáles son los costos para el medio
ambiente natural y humano en el área afectada? Aparte de la conveniencia
para los actuales desarrollos de la economía global, qué lugar ocupan
los intereses, que en muy diversos aspectos presentes y futuros,
tienen los actores involucrados en el nivel de lo local?
Según Horacio Pando "el efecto catalizador de cada pilar de
los 2400 o más que tendrá la calzada, lo irá rodeando de un banco
de sedimentos, típicos de nuestro río (poco profundo y cenagoso)
que se irá agrandando y conformando una barrera artificial a todo
lo largo del mismo. Esto demandará una limpieza y dragado permanente
para evitar males mayores" (1993: 4). No se trata tan sólo
de los problemas que puedan surgir en la navegación fluvial. Mientras
que la costa uruguaya es alta y barrancosa y de ese lado se sitúan
las aguas profundas del río, la costa argentina es muy playa. Los
ya preocupantes niveles de contaminación del río, que abastece de
agua corriente a Buenos Aires, pueden verse incrementados por la
acumulación sedimentaria.
Buenos Aires ya es una megalópolis con problemas de difícil solución:
"el tráfico saturado, el transporte en quiebra, la energía
tema desbordante, la inseguridad dramática, la contaminación, la
basura, el ruido" (Pando 1993: 4). Estas y otras cuestiones
como el acusado deterioro de las obras de infraestructura, el déficit
habitacional, la pérdida del arbolado urbano y la carencia de espacios
verdes, se verán agravadas por un puente que en cualquiera de las
cuatro trazas propuestas elevará la concentración urbana y el tránsito
vehicular de un área sobrepasada.
La ciudad de Colonia (20.000 habitantes) y su entorno (los departamentos
de Colonia, Soriano y San José con 300.000 habitantes) por su parte
sufrirán el impacto de una comunicación directa con una ciudad cuyos
ordenes de magnitud son incomparables (12.000.000 de personas).
No se trata tan sólo de la dimensión demográfica, "la agresividad
comercial y financiera del mercado argentino, la desigualdad del
parque automotor, la escasez de áreas de esparcimiento y el alto
costo de la tierra en las zonas residenciales del Gran Buenos Aires,
harán que en pocos años las zonas más valiosas de Colonia y sus
alrededores sean vendidas a una clientela ávida por esos recursos
naturales, único patrimonio de los uruguayos" (Documento de
la Sociedad Ecológica San Gabriel en Pussino 1993: 2).
Esto tendrá una incidencia fundamental sobre la vida cotidiana
y sobre las relaciones que se establezcan entre argentinos y orientales.
Aun en las condiciones de integración preexistente -debida al entramado
histórico compartido y a la propia situación actual- las transformaciones
que se producirán tendrán impactos dificilmente predecibles y que
no deberían librarse al azar. Independientemente de que pudieran
preverse conflictos de mayor o menor envergadura y formas de resolución
o control de los mismos, se trata de propiciar condiciones democráticas
que garanticen la participación de las poblaciones involucrados
en el proceso. Tampoco debería ser de poca significación la preservación
de una ciudad que es parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad
acordado por la UNESCO debido a sus bienes históricos, arquitectónicos
y artísticos. A nivel oficial se vienen proponiendo diversos trazados
del segmento uruguayo en el eje vial. En una reunión entre el Presidente
Julio María Sanguinetti y el gobernador de Río Grande do Sul, Antonio
Brito, se discutieron posibles rutas hasta Porto Alegre atravesando
la mitad sur del mencionado estado brasileño. Del interior hacia
la costa se barajaron los cruces fronterizos de Rivera - Santa Ana
do Livramento, Río Branco - Jaguarao, Acegua - Bagé y Chuy - Chui(4).
Con excepción del primero, todos los demás involucran en mayor o
menor medida el litoral oriental. Si bien no hay definiciones, ya
se vienen realizando importantes obras en las carreteras de la costa
uruguaya de Colonia al Chuy pasando por Montevideo y Punta del Este(5).
Ello coincide con la promoción de Montevideo como la "Bruselas
del Mercosur"(6) y con la aceleración de la construcción en
Punta del Este de grandes hoteles de cinco estrellas, centros de
convenciones, etc. Si la 'rodovia del Mercosur' tuviera este trazado,
qué sucedería con la costa uruguaya donde el turismo es una de las
principales fuentes de ingresos del país? Cómo imaginar la circulación
densa y continua de pesados camiones por el corazón mismo de los
atractivos turísticos? Si se pretenden promover desarrollos locales,
por que más bien no proponer rutas alternativas por el interior
deprimido del país?
Muchos movimientos vienen produciéndose a ambos lados del Plata
y sus principales actores son poderosos consorcios privados, que
cuentan con el respaldo de los representantes estatales. Este apoyo
contrasta con su desentendimiento en cuestiones primordiales como
es la definición de la traza definitiva del puente. "La Comisión
Nacional /argentina/ ha asegurado que serán los consultores seleccionados
quiénes estudien la factibilidad de cada una de ellas, y aunque
'las grandes empresas intenten ejercer alguna influencia en la consultora,
será la Comisión la que evalúe su sugerencia" (Pussino 1993:
3). Por un lado la factibilidad de la traza no necesariamente coincide
con su mayor conveniencia para las áreas involucradas, la población
afectada y los usuarios. Por otra parte no es novedad que los problemas
ambientales, sociales, políticos y culturales que obras de tan alto
impacto implican, suelen quedar fuera del punto de vista de consultores
y concesionarios interesados en concretar negocios de gran envergadura.
La reducción a un aspecto técnico de cuestiones que ponen en juego
la integración regional y cultural en armonía con los niveles nacionales
y locales es una alquimia cuanto menos irresponsable.
Desde 1991 la Sociedad Ecológica San Gabriel de Colonia viene siguiendo
este proceso y denunciando "la escasísima participación binacional
que exhiben las propuestas iniciales, la ausencia manifiesta de
las universidades de los dos paises, la nula presencia de entidades
locales o municipales a las que se informa tangencialmente y sobre
todo, el inexistente debate público abierto y honesto en el espacio
político del país" (Pussino 1993: 2). Como ya hemos dicho,
la información acerca del proyecto es poca y confusa, lo que resulta
agravado por su magnitud y su carácter inédito. No existe una apertura
hacia los actores y la sociedad civil ni interés alguno por su participación
o sus expectativas en la cuestión. En tal sentido es decepcionante
escuchar que "a nivel local el debate no se ha iniciado. A
los colonienses aún no se nos ha consultado al respecto, y no parecemos
muy interesados en el tema. Quizás porque se conoce que no tenemos
peso en decisiones de este tipo" (Carlos Purtscher, directivo
de la Consultora Monte Carmelo, en: Posdata 1996:20). El escenario
del puente Colonia - Buenos Aires nos habla de una esfera pública
devaluada que no proporciona espacios institucionalizados en los
que se produzcan el diálogo y la confrontación democráticos.
La sospecha se extiende a todo el Mercosur cuestionado por la "fuerte
incidencia de los actores más grandes, las multinacionales más poderosas
y sus empresas nacionales asociadas, cuyo único objetivo es acentuar
las condiciones de competencia interempresarial. Se trata solo de
bajar costos para aumentar su competitividad" (Pablo Bergel,
director ejecutivo de la Oficina de Greenpeace para el Cono Sur
en Pussino 1994: 2). En una reunión llevada a cabo en Montevideo,
treinta organizaciones civiles ambientalistas de Argentina, Uruguay,
Chile y Brasil consideraron al Mercosur como una "mera alianza
de las corporaciones multinacionales y empresarios locales, apoyada
por los gobiernos, que excluye la participación de la inmensa mayoría
de los ciudadanos representados por las organizaciones y civiles"
(Pussino 1994: 2).
Como sostiene Lins Ribeiro, "un gran proyecto es un acontecimiento
del sistema mundial y segmento privilegiado del mercado de la construcción
civil disputado intensamente por las mayores compañías transnacionales
y nacionales operando en el sector. Estos proyectos tienen características
particulares que permiten que sean considerados como una forma de
producción vinculada a la expansión de sistemas económicos"
(1994:156). En lo que hace al Puente Colonia - Buenos Aires, las
gestión cupular de los agentes estatales representantes de lo público
y su negativa a reconocer y dar lugar a actores extra empresariales,
constituyen al proyecto en un acontecimiento del mercado mundial
que siembra dudas sobre el proceso integrador del Mercosur. Esto
llama la atención sobre la dinámica entre la globalización, la integración
regional y la cultura entendida como espacio significante de conformación
de subjetividades e identidades y de construcción de la hegemonía.
LA INTEGRACION REGIONAL Y LA INTEGRACION CULTURAL
La integración comercial de la región como parte del proceso de
globalización puede realizarse sin obstáculos mediante la libre
circulación de bienes y la fijación de aranceles externos comunes.
Pero la integración regional no se reduce a conformar un mercado
común, sino que exige la expansión de un mercado interno, políticas
proteccionistas y planificación participativa dentro un encuadre
regulatorio proporcionado por los estados nación declinantes. Ello
supone la existencia de marcos institucionales legítimos y de sociedades
cuyas normas de convivencia den reconocimiento a la pluralidad de
intereses en juego. Estos requerimientos no condicen con las actuales
pautas económicas y culturales del proceso de globalización / regionalización
en el área. Integración regional y globalización entran así en una
contradicción donde los apoyos regionales se ven constreñidos por
su misma realización de lo global (Cfr.Achugar y Bustamante 1996).
La prevalencia de los aspectos económicos por sobre la dimensión
cultural pone en entredicho la posibilidad de una efectiva integración
regional.
En este contexto resulta decepcionante la concepción de la integración
cultural propuesta por las autoridades del puente Colonia - Buenos
Aires. Del informe de impacto de la Comisión Nacional uruguaya surge
que "la integración, desde lo cultural, debería nutrirse de
una memoria colectiva donde los individuos interactuantes se identifiquen
y se asuman como socios y no como adversarios" (Posdata 1996:
18). Cuando una comisión que se constituye como Nacional y que pretende
apelar a una 'memoria colectiva' para la integración cultural de
la región, habla de 'socios' y no de 'ciudadanos', 'pueblos amigos'
o pueblos hermanos' algo anda mal. El lenguaje mercantil da para
preguntarse si se espera acudir a las memorias y balances de los
grandes consorcios transnacionales para reforzar los lazos colectivos
o paliar los potenciales conflictos. Obviamente no será así, especialmente
porque las culturas de empresa no alcanzarían semejantes objetivos.
Sin duda se sacarán a relucir próceres y batallas, episodios e hitos
de las historias locales. Se recurrirá al ideario de las gestas
de los prohombres americanos que no imaginaron las fronteras sino
la unión continental.
De aquí la sombras que se ciernen sobre la integración regional.
No porque ella no tenga sobrados antecedentes (y frustraciones)
en la historia que la ameriten, no porque en principio resulte negativa,
sino por las condiciones en que está planteada. En las pasadas décadas
muchas fuerzas políticas latinoamericanas propusieron superar la
'balcanización' del continente, las fronteras que adjudicaban pueblos
a estados más allá de sus lazos. Pero se trataba de un influjo progresista
propendente a un desarrollo muy distinto del que propone la oleada
neoliberal.
Es difícil creer que los sectores hegemónicos que están llevando
adelante un ajuste estructural de carácter marcadamente regresivo,
impriman otra dinámica al proceso regionalizador que encabezan(7).
Ello resulta preocupante toda vez que en lo cultural "el proceso
de integración de lo diferente es un modelo necesariamente conflictivo
y significa la constitución de un nuevo ámbito para la resolución
de conflictos" (intervención de Tabaré Vera en Forum 1994:
7). En este sentido, el apartamiento de la gente de las esferas
de información, discusión y decisión, obstaculiza la construcción
de identidades, sujetos y ámbitos democráticos. Si la integración
regional ha de realizarse en pro del bienestar de nuestros pueblos
y no sólo para un crecimiento económico que al momento les es ajeno,
los aspectos culturales de la integración no pueden ser subrogados.
En este sentido es fundamental que los procesos de formalización
de los acuerdos del Mercosur, tengan en cuenta la necesidad de recrear
los espacios públicos de negociación y de contribuir al afianzamiento
de sociedades pluralistas.
BIBLIOGRAFIA
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Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, División Ciencias Sociales
y Humanidades, Departamento de Antropología, México.
NOTAS
(1) Asimismo Lins Ribeiro sostiene que "los desarrollos en
los sistemas de comunicación, transporte e información ... contribuyeron
para el aumento de la percepción fragmentada del mundo al colocar
a la disposición del habitante de la sociedad de masas una cantidad
de estímulos e informaciones en una escala sin precedentes."
(1994:147/148).
(2) "En localidades del interior, una hectárea de tierra se
valúa en unos 1500 dólares. Desde hace un tiempo las mas próximas
a la costa alcanzan los 8 mil" (Pussino 1993: 2)
(3) Desde hace varios años se esta llevando adelante el Proyecto
Puerto Madero de privatización y reciclaje de los antiguos docks
en modernas oficinas, locales comerciales, restaurants y viviendas
con acceso directo a embarcaderos y marinas exclusivas. Por otra
parte el naciente Proyecto Retiro se plantea el traslado de las
playas del ferrocarril y de la terminal de autobuses interprovinciales.
De este modo un extenso predio, hasta el momento público, a metros
de Puerto Madero y próximo al Aeroparque, quedaría disponible para
la construcción de autopistas y una transformación urbana aun no
explicitada.
(4) Cfr. diario Zero Hora, p. 18, sábado 16 de septiembre de 1995,
Porto Alegre.
(5) Nos referimos a las obras de ensanche, modificación de trazado
y construcción de puentes anchos en las rutas 1 e Interbalnearia
y a las de continuación de la ruta 9 hacia el este.
(6) Ello se debe a que Montevideo está propuesto como centro administrativo
del Mercosur, lugar que ocupa Bruselas en la Unión Europea.
(7) De un informe elaborado por el Departamento de Operaciones
de América Latina y el Caribe del Banco Mundial referido a la situación
argentina, surge que "La actual distribución del ingreso, además
de ser algo mas regresiva que la de 1986 y mucho más inequitativa
que la de 1980, presenta características de desigualdad enormes:
mientras el 20 por ciento más rico de la población se queda con
más del 51 por ciento de la riqueza que genera el país por año,
el 20 por ciento mas pobre ni siquiera se apropia del 5 por ciento.
" (Cfr. diario Página 12, p. 2, miércoles 21 de setiembre de
1994, Buenos Aires). ---
Rubens Bayardo
bayardo@tropos.filo.uba.ar
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