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Modificaciones en la composición por sexos y edades de los migrantes limítrofes en la Argentina, 1960-1991.

II Reunión de Antropología del Mercosur Fronteras culturales y ciudadanía
11-14 de noviembre de 1997 Piriápolis, Uruguay

Por María Inés Pacecca
Lic. en Cs. Antropológicas
E-mail: mpacecca@filo.uba.ar

Resumen

A través del análisis de datos censales, este trabajo indaga las modificaciones en la composición por sexo y edades de los migrantes limítrofes a la Argentina entre 1960 y 1991. La disminución de los índices de masculinidad globales y por grupos de edades, el incremento de mujeres migrantes en edades activas y el descenso del grupo de niños destacan el alcance de las modificaciones en el patrón migratorio femenino. También se reflexiona acerca de los condicionamientos de la migración femenina en lo que respecta a posibles modificaciones en los roles de genero y los procesos decisorios al interior de las unidades domésticas de origen.

María Inés Pacecca es Lic. en Cs. Antropológicas de la UBA, docente del Departamento de Cs. Antropológicas de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), miembro de un UBACYT que investiga la migración laboral de mujeres y tesista de la Maestría en Administración Pública (F.C.E. - UBA). Su tesis de maestría trata sobre inmigración, adminstración pública y vulnerabilidad social.

Introducción

El objetivo de este trabajo es reseñar brevemente las modificaciones en la composición por sexo y edades de los migrantes limítrofes entre 1960 y 1991, haciendo eje en uno de los cambios más notables ocurridos en esos treinta años: el aumento del porcentaje de mujeres en el total de los limítrofes, que de 46% en 1960 pasaron a 52% en 1991. Este aumento se debe a dos razones concurrentes: por un lado, al envejecimiento de la población limítrofe y a la mortalidad diferencial según sexos, y por el otro a que, a partir de 1980, se observa un incremento absoluto y relativo de las mujeres en los tramos de edades más jóvenes (15-19, 20-29 e incluso 30-39).

Esta tendencia a la feminización de las corrientes migratorias pareciera ser mundial e involucrar tanto a migrantes internos como internacionales1. Mediante el análisis de las cifras éditas de los Censos Nacionales de Población, este trabajo pretende indagar esta tendencia a la feminización entre los migrantes limítrofes a la Argentina en general y al Area Metropolitana en particular (Capital Federal y 19 Partidos del Gran Buenos Aires), puesto que esta última ya en 1960 era destino privilegiado de las mujeres limítrofes.

Una de las limitaciones más importantes de este trabajo se refiere a la heterogeneidad de la información censal disponible para población extranjera. Si bien el período de análisis es 19601991, no fue posible tomar datos del censo de 1970, ya que el único cuadro édito (Cuadro Nº 4: Población nacida en el extranjero, por condición de residencia, período de llegada y lugar de origen según grupo de edad) toma a todo el país como jurisdicción única y no discrimina según sexo. El censo de 1960 presenta los cuadros más completos (Cuadros Nº 5) ya que, para cada jurisdicción, ordenan a la población nacida en el extranjero según nacionalidad, sexo y grupos quinquenales de edad. El censo de 1980 tiene tres series de cuadros para población extranjera: los Cuadros 3: Lugar de nacimiento, sexo y grupo de edad de la población, de la Serie B (Resultados Preliminares) que discriminan a la población nacida en el extranjero según "país limítrofe" u "otro país", y los cuadros M.3, (Resultados definitivos): Provincia de residencia habitual por provincia o país de nacimiento -que no distingue según sexo ni edad-, y M.11 País de nacimiento según sexo y edad, que es para todo el país y permite conocer el sexo o la edad, pero no ambas. Es decir que para el censo de 1980, sólo el Cuadro 3 (Resultados Preliminares) permite cruzar sexo y edad -aunque no nacionalidad- con la aclaración que da un total de 677.045 limítrofes contra los 753.428 del Cuadro M.11 de los Resultados Definitivos. El Censo de 1991 (Cuadros P3: Población total por lugar de nacimiento según sexo y edad; y Cuadros 1: Población censada en la provincia por sexo según lugar de nacimiento, ambos de la serie C, Resultados Definitivos) ordena la información acerca de la población no nativa del mismo modo que el de 1980: es posible conocer el sexo y el grupo de edad quinquenal de la población extranjera residente en las distintas jurisdicciones (discri minada en nacidos en país limítrofe o en otro país) pero no su país de origen, en tanto que los datos referidos a la nacionalidad de los migrantes y su jurisdicción de residencia discriminan según sexo pero no según grupo de edad.

Los cuadros incluídos en este trabajo se elaboraron a partir de estas fuentes y por lo tanto adolecen de varias limitaciones. La más notoria es el hecho de que no haya información por sexos y edades para 1970, con lo cual se afecta notablemente la continuidad de la serie. Esto es especialmente lamentable porque entre 1960 y 1980 la población limítrofe creció un 61% contra un 9% entre 1980 y 19912. A su vez, el crecimiento no es parejo para todas las nacionalidades, y puesto que las diferentes nacionalidades tienen diferentes comportamientos en lo que respecta a destinos preferenciales y a índices de masculinidad, lo que es cierto para el total país no es necesariamente cierto para cada jurisdicción, y lo que es cierto para la totalidad de los limítrofes no lo es necesariamente para cada una de las nacionalidades. Si bien estos aspectos no se tratan en este trabajo, es importante recordarlos ya que los indicadores globales suelen opacar diferencias considerables.

Los grupos quinquenales de edades fueron reorganizados en siete tramos: 0-14; 15-19; 20-29; 30-39; 40-49; 50-64; 65 y más, para ver si la feminización de la corriente migratoria implica efectivamente un aumento de la mujeres en edades más jóvenes, y para distinguir en qué medida el incremento de mujeres se debe al envejecimiento natural de la población limítrofe y, consecuentemente, a la mayor mortalidad de los varones en los tramos 50-64 y 65 y más. Cabe recordar que, puesto que en Argentina rige el ius solis, los hijos de la población extranjera nacidos en el país engrosan la pirámide de la población nativa, por lo que las poblaciones no nativas sólo se mantienen jóvenes si el ingreso de adultos jóvenes es sostenido. Además, esos tramos de edades están basados en los siguientes presupuestos:

1) los migrantes del tramo 0-14, por tratarse de niños, necesariamente migran con algún adulto, y su migración está más relacionada a su dependencia de los padres que a su sexo, con lo cual los índices de masculinidad de este tramo deberían ser muy próximos a 100.

2) en el tramo de 15-19 la posible incorporación al mercado de trabajo es claramente mayor que para el tramo anterior. Si efectivamente gran parte de los migrantes de este tramo de edades migra más en función de las características del mercado de trabajo en el lugar de destino que por su dependencia de adultos migrantes, los índices de masculinidad para este tramo deberían correrse hacia uno u otro lado de 100.

3) los tramos 20-29; 30-39 y 40-49 son los que más población migrante concentran por tratarse de las edades activas por excelencia. En términos generales, puede suponerse que los adultos con los que migraron los niños de 0 a 14 se encuentran en estos tramos de edades. A lo largo del período considerado, estos tramos deberían registrar la feminización que no se debe al envejecimiento de la pirámide de limítrofes.

4) los tramos 50-64; 65 y más remiten a los migrantes más antiguos (además de los más viejos), y comienzan a mostrar los efectos de la mortalidad diferencial según sexos, especialmente el último tramo.

Los cuadros a continuación presentan valores absolutos según sexo y grupos de edad, valores porcentuales según sexo y grupos de edad e IM globales y para cada tramo de edad, estos últimos para despejar los efectos del envejecimiento sobre el IM global3.

Breve reseña de la inmigración limítrofe

La Argentina siempre recibió flujos relativamente considerables de inmigrantes limítrofes, aunque sus características fueron cambiando a lo largo del tiempo. En un principio, la inmigración limítrofe fue fundamentalmente temporaria, generalmente estacional y dirigida hacia actividades rurales transitorias (zafra, cosechas regionales, etc.) en provincias fronterizas. Hasta la década del 60, cuando el principal foco de atracción eran las economías regionales (parcialmente desprovistas de mano de obra debido al ya avanzado proceso de migración interna hacia las grandes ciudades, que a su vez comenzaban a acusar las bajas resultantes de la interrupción de los flujos de ultramar) la distribución geográfica por nacionalidades seguía a grandes rasgos la proximidad fronteriza: chilenos en el sur, bolivianos en el noroeste, paraguayos en el noreste, uruguayos en el litoral y la cuenca del Plata. Luego fue convirtiéndose en una inmigración más prolongada, que privilegiaba los destinos urbanos y la inserción en el área de servicios o manufactura mano de obra intensiva. A partir de ese entonces, todas las nacionalidades aunque no todas en la misma medida- aumentan su concentración en el AMBA.

La migración, como proceso, se explica a partir de diferenciales socio-económicos entre los países (o regiones) de origen y los de destino. Esto presupone que el destino elegido presenta crecimiento económico y capacidad de absorber la fuerza de trabajo migrante. Si bien esta hipótesis de crecimiento no es necesariamente cierta para la Argentina de los últimos 20 años, la inmigración limítrofe -aunque desacelerada- sigue siendo un flujo considerable, tanto por la permanencia de los diferenciales socio-económicos entre Argentina y los países vecinos, como por el hecho de que los inmigrantes tienden a insertarse en actividades que son "sensibles" a la abundancia de una mano de obra barata y de baja calificación que es capaz de generar su propia demanda. Esta cuestión relacionada con la creación de su propia demanda se observa sobre todo en la construcción: a mayor disponibilidad de mano de obra inmigrante, menor tecnificación de los procesos de trabajo4.

Los migrantes limítrofes en el país

El cuadro a continuación presenta la distribución de los migrantes según sexos y edades entre 1960 y 1991.

1. Migrantes limítrofes según sexo y edades. Total país.

                 0-14   25-19  20-29   30-39  40-49   50-64  65 y más
                                                             
1960    465.639  54.952 33.232 96.902  93.125 70.868  79.630 36.959

varones 251.553  27.752 16.936 55.284  52.271 38.529  42.956 17.825
mujeres 214.086  27.200 16.296 41.619  40.854 32.339  36.674 19.134
                                                             
1980    677.045  61.483 36.903 131.720  155.512 116.941  113.53 60.954
 
varones 342.682  30.898 17.753 63.343  80.435 62.828  59.224 28.201
mujeres 334.363  30.585 19.150 68.377  75.077 54.114  54.307 32.753
                                                             
1991    817.144  57.502 39.520 136.588 169.354 166.699 163.680 83.798

varones 392.396  28.730 18.377 62.226  78.233 83.145  82.806 38.879
mujeres 424.748  28.772 21.143 74.362  91.121 83.554  80.874 44.919

Tabulado propio en base a los Censos Nacionales de Población

Para 1960, los varones predominan en todos los tramos de edades, a excepción del de 65 y más. A lo largo de los tres censos, la predominancia femenina de este tramo se debe sin duda a la sobremortalidad masculina. Hacia 1980, las mujeres comienzan a predominar en las edades más jóvenes (15-19 y 20-29), y en 1991 predominan en todos los tramos a excepción del tramo 50-64, que recoge el predominio masculino de décadas anteriores sin registrar aún el impacto de la sobremortalidad masculina del tramo 65 y más.

El Cuadro 3: Indices de Masculinidad de los migrantes limítrofes según tramos de edad, muestra que, al igual que para los valores absolutos, los valores inferiores a 100 comienzan a predominar recién en 1991, aunque a lo largo de todo el período el descenso es sostenido para todos los tramos de edades (con la excepción del tramo 65 y más para 1991). Si bien a lo largo de los tres censos el IM del tramo 0-14 es considerablemente estable, es interesante observar cómo se va ampliando la diferencia con el tramo siguiente: de 1.9 en 1960 a 12.9 en 1991. El IM de 92.7 para el tramo 15-19 en 1980 confirmaría que ya en la década del 70 comenzaron a migrar más mujeres que varones en ese mismo tramo de edad, es decir que comenzó el proceso de reversión de la selectividad según sexo. El IM más alto es el del tramo 20-29 en 1960, y es a su vez el que más violentamente baja: 40 puntos entre 1960 y 1980.

El Cuadro 2 tiene la misma información que el Cuadro 1, pero esta vez en valores porcentuales, que permiten observar el paulatino envejecimiento por la base y por la cúspide de la población limítrofe.

2. Migrantes limítrofes según sexo y edades. Total país.(En porcentajes)

       Total 0-14  15-19 20-29  30-39 40-49  50-64  65 y más
                                                        
1960    100.0  11.8   7.1   20.8  20.0   15.3  17.1    7.9
varones 54.0   6.0    3.6   11.9  11.2   8.3    9.2    3.8
mujeres 46.0   5.8    3.5   8.9    8.8   7.0    7.9    4.1
                                                        
1980    100.0  9.1    5.4   19.4  23.0   17.3  16.7    9.1
varones 50.7   4.6    2.6   9.4   11.9   9.3    8.7    4.2
mujeres 49.3   4.5    2.8   10.0  11.1   8.0    8.0    4.9
                                                        
1991    100.0  7.0    4.8   16.7  20.8   20.4  20.0   10.3
varones 48.0   3.5    2.2   7.6    9.6   10.2  10.1    4.8
mujeres 52.0   3.5    2.6   9.1   11.2   10.2   9.9    5.5
  Tabulado propio en base a los Censos Nacionales de Población

El tramo de 0-14 desciende sostenidamente, en tanto que el tramo de 65 y más asciende. Entre el 55% y el 60% de los migrantes limírofes se concentran entre los 20 y los 49 años5. Es interesante señalar que, a medida que aumenta el porcentaje total de mujeres, y especialmente el de mujeres entre 20 y 49 años (pasan de 24.7% en 1960 a 30.5% en 1991), disminuye la cantidad de niños. Retomaremos este tema en relación al AMBA.

3. Indices de masculinidad de los migrantes limítrofes según edades. Total País.

              0-14  15-19 20-29  30-39  40-49 50-64   65 y más
      IM                                                
      total
                                                        
1960  117.5  102.0  103.9 132.8  127.9  119.1 117.1   93.1
1980  102.4  101.0  92.7   92.6  107.1  116.1 109.0   86.1
1991   92.4   99.8  86.9   83.7   85.8  99.5  102.4   86.5
Tabulado propio en base a los Censos Nacionales de Población 
Los migrantes limítrofes en el AMBA

En 1960 el AMBA concentraba al 25% de los migrantes limítrofes. En 1991 este valor se había duplicado. Sin embargo, a lo largo de todo el período, las mujeres siempre fueron más del 50% de los migrantes limítrofes al área. Si bien en mayor o menor medida las mujeres predominaron en todos los tramos de edades, es interesante observar cómo en el censo de 1980 se observa un aumento de los hombres en los tramos 30-39 y 40-49. El Cuadro 6 indica que los índices de masculinindad para estos tramos suben a 99 y 100 respectivamente.

Cuadro 4. Migrantes limítrofes según sexo y edades

                0-14  15-19  20-29 30-39  40-49  50-64 65 y +
                                                        
1960   118.793 10.500 6.835 24.216 24.866 18.343 22.014 12.019

varones 54.519  5.148 2.953 12.086 12.159  8.329  9.453  4.391
mujeres 64.274  5.352 3.882 12.130 12.707 10.014 12.561  7.628
                                                        
1980   306.810 30.042 19.675 68.777 77.267 49.113 41.993 19.943

varones 145.231 14.935 9.357 31.813 38.455 24.565 18.958  7.148
mujeres 161.579 15.107 10.318 36.964 38.812 24.548 23.035 12.795
                                                        
1991   395.047 29.851 19.332 72.800 88.396 83.879 70.940 29.849

varones 179.137 14.808 8.648 32.296 39.257 39.897 32.678 11.553
mujeres 215.910 15.043 10.684 40.504 49.139 43.982 38.262 18.296

  Tabulado propio en base a los Censos Nacionales de Población 

El Cuadro 5 muestra que el proceso de envejecimiento del AMBA es diferente al del total país. De 1960 a 1980 se observa un rejuvenecimiento por la base y por la cúspide que es el resultado de un doble proceso: son muchos los migrantes limítrofes que llegan al país en ese período, y son cada vez más los que privilegian el AMBA por sobre las economías regionales. Esto da cuenta del incremento masculino en los tramos 30-39 y 40-49, que hace que el porcentaje total de mujeres descienda de 54.1 a 52.7 entre 1960 y 1980.

Cuadro 5. Migrantes limítrofes según sexo y edades (en

porcentajes)

              0-14  15-19  20-29 30-39  40-49 50-64   65 y más
                                                        
1960    100.0  8.8    5.8   20.4   20.9  15.4   18.6   10.1
varones 45.9   4.3    2.5   10.2   10.2   7.0   8.0     3.7
mujeres 54.1   4.5    3.3   10.2   10.7   8.4   10.6    6.4
                                                        
1980    100.0  9.8    6.4   22.4   25.2  16.0   13.7    6.5
varones 47.3   4.9    3.0   10.4   12.5   8.0   6.2     2.3
mujeres 52.7   4.9    3.4   12.0   12.7   8.0   7.5     4.2
                                                     
1991    100.0  7.6    4.9   18.5   22.3  21.1   18.0    7.6
varones 45.3   3.8    2.2    8.2   9.9   10.0   8.3     2.9
mujeres 54.7   3.8    2.7   10.3   12.4  11.1   9.7     4.7

  Tabulado propio en base a los Censos Nacionales de Población 

El Cuadro 6, a continuación, indica las variaciones en los índices de masculinidad para los distintos tramos de edad. A diferencia del IM nacional para el mismo tramo, los índices del tramo 0-14 son siempre menores de 100, y muy notoriamente hacia 1960. Al desagregar ese tramo en dos (0-9; 10-14), el IM del primer tramo es 101.7 y el del segundo es de 90. Puesto que el censo de 1960 permite cruzar sexo, edad y nacionalidad, si se analiza el comportamiento por nacionalidades, se observa que para el tramo 10-14 el IM de los paraguayos es de 81. Si bien son pocos casos (2.061), pareciera legítimo suponer que las mujeres paraguayas que migran con niños migran preferentemente con sus hijas mujeres6. El indice de 76 en el tramo 15-19 vuelve a explicarse por el comportamiento de los paraguayos, cuyo IM para ese tramo es de 62.9; y en parte también por el de los uruguayos, con un IM de 80. La notable diferencia de 20 puntos entre este tramo y el anterior (0-14), incluso dentro de la misma nacionalidad, pareciera ser evidencia de un aumento en la migración de mujeres muy jóvenes, que supera ampliamente a los varones del mismo tramo de edad. Lo que en 1960 en el total nacional no se vislumbra (el IM para el tramo 15-19 es 103.9) es ya un proceso en curso en el AMBA. Naturalmente, esta selectividad de la migración femenina al AMBA está estrechamente ligada al empleo en el servicio doméstico.

Cuadro 6. Indices de Masculinindad de los migrantes limítrofes según edades.(AMBA)

  
             0-14  15-19  20-29  30-39  40-49  50-64  65 y mÁs
    IM total
1960  84.8   96.1   76    99.6   95.6   83.1   75.2   57.5
1980  89.8   98.8  90.6   86.0    99    100    82.3   55.8
1991  82.9   98.4  80.9   79.7   79.4   90.7   85.4   63.1
  Tabulado propio en base a los Censos Nacionales de Poblaci¢n 

Como es esperable, los IM más bajos corresponden al tramo 50-64; y 65 y más, los últimos debidos principalmente a la mortalidad diferencial según sexo. De todos modos, para 1991 se registra un alza considerable respecto de los períodos anteriores, probablemente debida al envejecimiento de las cohortes que en el censo de 1960 presentan los IM más altos (99.6 y 95.6).

El comportamiento del IM hacia 1980 pareciera indicar los efectos de la convergencia de los procesos ya mencionados: aumenta el porcentaje de migrantes que tienen al AMBA como destino preferencial (de 25% en 1960 a 40% en 1980) y al mismo tiempo aumenta la participación de las mujeres jóvenes -especialmente el tramo 20-29- en la corriente migratoria. El primer proceso estaría indicado en la suba del IM para todos los tramos de edad (sube el IM porque vienen más varones al AMBA, pero no los suficientes como para revertir la feminización de la población limítrofe) a excepción del tramo 20-29, que confirmaría el aumento de la participación de las mujeres jóvenes. Los valores absolutos de Cuadro 4 muestran que el incremento en los varones de los tramos 20-29; 30-39 y 40-49 (especialmente en los dos primeros) excede ampliamente el que podría deberse al envejecimiento de las cohortes iniciales y con IM más altos.

El notorio descenso de los IM para 1991 de todos los tramos comprendidos entre de 14 y 49 años puede explicarse no tanto porque hayan venido considerablemente más mujeres que en los períodos anteriores, sino porque la desaceleración de la corriente migratoria en el período 80-91 afectó más a los varones que a las mujeres. El IM baja no porque vengan muchas más mujeres, sino porque viene menos varones. Los valores absolutos del Cuadro 4 apoyan esta interpretación: comparando los tramos de edad 15-19; 20-29; y 30-39 del Censo de 1980 con los tramos 2029; 30-39; y 40-49 del Censo 1991, se observa que el aumento en las mujeres no se debe sólo al envejecimiento de cohortes numerosas, y que los varones aumentan en menor medida que las mujeres.

El patrón migratorio femenino: algunas suposiciones

Independientemente de las variaciones en la distribución total de ambos sexos, tanto para el total país como para el AMBA, se observa una curiosa relación entre el porcentaje de mujeres en los tramos 20-29, 30-39 y 40-49 y el porcentaje de niños. El aumento lento pero sostenido de las mujeres en estos tramos va acompañado del descenso igualmente sostenido de niños. El único incremento (en porcentaje) en el tramo 0-14 ocurre en el AMBA en 1980, y paradójicamente se asocia con el valor más alto de varones en los tramos entre 20 y 49 años (30.9). Cuando en 1991 (también en el AMBA) asciende en 1 punto el porcentaje de mujeres y desciende en más de 2 puntos el de varones en esos tramos de edad, el tramo 0-14 desciende también 2 puntos.

Esta curiosa relación puede verse para las distintas nacionalidades en el Censo de 1960. Cruzando sexo, nacionalidad y grupos de edad, se observa que las nacionalidades con los IM más altos (chilenos. con 151.9; y bolivianos con 149.3) tienen los mayores porcentajes de niños: 14.2% los chilenos y 14.1% los bolivianos7. A su vez, el IM más bajo corresponde a los uruguayos (85.9), cuyo tramo de 0-14 es apenas el 4% del total de los migrantes de esa nacionalidad.

Esto puede deberse a varios motivos concurrentes:

1) es más probable que las mujeres más jóvenes, cuya participación aumenta sostenidamente en la corriente migratoria, aún no tengan hijos;

2) independientemente de la edad de las mujeres al migrar, puede haber descendido la fecundidad en los países de origen, con lo cual las mujeres que vienen con niños vienen cada vez con menos niños

3) las mujeres con hijos migran con sus hijos preferentemente cuando migran también con el cónyuge (como indicaría el aumento de niños en el AMBA en 1980, correlativo al aumento de varones; y como indican los altos IM por nacionalidad en 1960 asociados a mayor proporción de niños que los IM más bajos)

4) las mujeres que tienen hijos migran sin ellos, dejándolos a cargo de alguna otra mujer en su lugar de origen

Estas posibles causas concurrentes remiten a aspectos relativos a los roles de género tanto en el lugar de destino como en el de origen, y a la medida en que los contenidos propios de estos roles afectan más marcadamente las migración de las mujeres que la de los varones. Si bien el aspecto más evidente de la feminización de las corrientes migratorias remite a modificaciones en la estructura del mercado de trabajo en el lugar de destino (especialmente en lo que respecta a las oportunidades diferenciales según sexo) debe reconsiderarse la compleja vinculación entre género y dinámica migracional. Así como el rol de género facilita u obstaculiza los procesos migratorios, también la existencia de diferenciales socioeconómicos entre países o regiones -y la capacidad de las mujeres para aprovecharlos migración mediante- puede modificar ciertos aspectos del sistema de roles en las unidades domésticas de origen.

En general, suele hablarse de patrones migratorios "asociativos" o "autónomos". En el patrón asociativo la decisión de migrar involucra a familias enteras, en tanto que en el autónomo se trata de una decisión de corte más individual. En esta clasificación, "el sexo es una variable decisiva por su influencia en la división del trabajo y en el proceso decisorio familiar en la sociedad de origen"8. Cuando el patrón es asociativo, suelen eligirse destinos donde haya oportunidades laborales combinadas para el hombre y la mujer, aunque privilegiando en mayor medida la inserción masculina. Evidencia de los patrones predominantemente autónomos son los índices de masculinidad inusualmente altos (tales como los de los chilenos y bolivianos para el total país) o inusualmente bajos (tales como los de paraguayos en la Capital Federal).

Sin embargo, el aumento de las mujeres migrantes no indica necesariamente que el patrón autónomo haya cruzado las barreras de género, ni que la migración de mujeres solas y en edades más jóvenes, o de mujeres que migran sin sus hijos, pueda analizarse según los mismos parámetros que en el caso de los varones. Oppong y Abu9 proponen siete dimensiones en las que es posible analizar el rol de las mujeres: parental, ocupacional, conyugal, doméstica, parentesco, comunal e individual; dimensiones todas ellas que afectan y son afectadas por las migraciones. Esto significa que aún en el caso de las mujeres consideradas migrantes autónomas, la decisión suele involucrar al conjunto de la unidad doméstica en mayor medida que en el caso de los varones, ya que es en el seno de la familia donde más se hace sentir la subordinación de género. Las mujeres que migran lo hacen a edades más jóvenes que los hombres (la movilidad pico, a nivel mundial, se verifica entre los 15 y 24 años), en la gran mayoría de los casos como respuesta a una de dos estrategias familiares: estrategias de acumulación o de diversificación10 que implican una evaluación por parte de la unidad doméstica de las posibilidades de inserción laboral de sus miembros femeninos en la comunidad de origen vs. la comunidad de destino.

En tanto que migrantes "enviadas" por un núcleo familiar más amplio interesado en acumular recursos en el lugar de origen o de diversificar los existentes para no caer nunca por debajo de ciertos límites de consumo básico, las mujeres suelen ser más confiables que sus contrapartes masculinos a la hora de enviar remesas y conservar los lazos con la familia de origen. La diversificación se evidencia en las cadenas migracionales de mujeres relacionadas con el servicio doméstico: sus vueltas al lugar de origen suelen implicar la salida de otra mujer para ocupar el puesto que quedara vacante en el lugar de destino. En este sentido, los factores fundamentales al momento de decidir la migración de una mujer son su edad, el lugar de poder que ocupa en el seno de la familia y su etapa en el ciclo vital (si deja niños atrás o no), y la capacidad del hogar de prescindir de su trabajo en función de la existencia o no de otras mujeres en condiciones de reemplazarla en sus actividades domésticas: qué mujeres migran está vinculado con qué mujeres se quedan. Esto implica que la migración femenina registra, en mayor medida que la masculina, una fuerte impronta de negociación y evaluación de desventajas y beneficios que concierne a la totalidad de la unidad doméstica de origen. Puesto que los migrantes no se eligen al azar en la comunidad de origen, desentrañar esta compleja amalgama de determinantes es una tarea aún pendiente y que no se refleja en absoluto en la información cuantitativa disponible.

Respecto de la inserción laboral de las mujeres migrantes en el área de destino, es importante poder distinguir si su mayor participación ocurre en el sector formal o en el informal. Esto es relevante ya que en muchos casos, sobre todo cuando se trata de mujeres jóvenes, la migración está asociada al primer trabajo fuera del seno de la familia o a la incorporación al sistema salarial. La informalidad conlleva mayores niveles de explotación, precariedad e inestabilidad laboral, y es a su vez reforzada por los prejuicios de género en el lugar de destino: si se consultan los trámites de radicación de limítrofes en Argentina, se observa un considerable desnivel entre los sexos, ya que en el caso de cónyuges se privilegia la permanencia legal del hombre -e incluso de los hijos- antes que la de la mujer. A su vez, la permanencia en condiciones irregulares atenta contra la posibilidad de las mujeres de insertarse en actividades económicas formales. Así, a la ya histórica subenumeración de los inmigrantes se agrega la "invisibilidad" de las mujeres.

Por otra parte, la migración como experiencia vital conlleva modificaciones tan profundas de la vida cotidiana de los migrantes que, cuando se trata de mujeres, inevitablemente traen aparejadas modificaciones en los roles de género de las unidades domésticas de origen. Una mujer migrante, que administra con mayor independencia sus ingresos y que se convierte en una fuente confiable de remesas, a pesar de la distancia modifica su status en el hogar de origen. En qué medida esto repercute en los demás roles de género es algo que aún no se conoce en profundidad.

Las modificaciones reseñadas respecto de la población inmigrante limítrofe en la Argentina en cuanto a la distribución por sexos y edades, indican en qué medida es necesario adentrarse en cuestiones teóricas acerca de las relaciones entre género, distribución del poder en la unidad doméstica e inserción laboral. Todos ellos son temas que requieren de un abordaje cualitativo, cuya urgencia ponen en evidencia las tendencias observables mediante el análisis de la información cuantitativa provista por los censos de población.

NOTAS

1 Cfr.: ONU. 1989. The status of women and international migration; y ONU. 1993. Internal migration of women in developing countries.

2 Tomando para 1980 la cifra de 753.428 de los resultados definitivos.

3 El índice de masculinidad resume la cantidad de hombres que hay cada 100 mujeres. Su fórmula es (V/M) x 100. Cuando la relación entre los sexos es pareja, el índice es de 100. Un IM mayor de 100 indica que hay más hombres que mujeres, en tanto que uno menor indica mayor presencia de mujeres. El IM al nacer para todas las poblaciones es de 105, es decir que por cada 100 mujeres que nacen, nacen 105 varones. Las modificaciones que a lo largo del tiempo sufre este índice inicial remiten tanto a procesos inmigratorios o emigratorios como a la mortalidad diferencial según sexo.

4 Marshall, Adriana. 1983. Las migraciones de países limítrofes en la Argentina. En: Memorias del Congreso Latinoamericano de Población y Desarrollo. El Colegio de México, UNAM, PISPAL.

5 Para el mismo período, en la población nativa, entre un 32% y un 35% tiene menos de 15 años, el 60% se reparte entre los 15 y los 64 años, y los mayores de 65 van desde 3.5% hasta casi 8%.

6 El IM de los paraguayos en el AMBA en 1960 es de 80.

7 Calculos propios en base a los Cuadros Nº 5 del Censo de 1960. 8 Balán, Jorge.1990. La economía doméstica y las diferencias entre los sexos en las migraciones internacionales: un estudio sobre el caso de los bolivianos en la Argentina. En: Estudios Migratorios Latinoamericanos. Año 5, Nº 15-16, 1990.

9 Citados en Graeme, Hugo. Migrant Women in Developing Countries. En ONU. 1993. Internal Migration of Women. Nueva York.

10 ONU. 1993. Op. cit.

 

 

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