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El concepto de identidad ha cambiado al cabo de los siglos, así
como la forma en que las ciencias ven al sujeto portador de la misma.
El sentido tradicional de identidad presupone unidad, homogeneidad
interna, y, en algunos casos, la existencia de un "yo"
igual y estable al cabo de los años
Para la óptica post moderna, el sujeto posee múltiples identidades
que coexisten y se manifiestan en función de factores diversos,
externos a él o internos. El sujeto es parte integrante de una sociedad,
en gran medida determinado, moldeado por esta y por su historia
y, además, por su inconsciente. Por ello, no tiene un comportamiento
ni una postura siempre iguales a lo largo de su vida ni en todas
las circunstancias.
"la identidad ...es transformada continuamente de acuerdo
a las maneras en que somos representados y tratados en los sistemas
culturales que nos rodean" (Hall, 1995:12) Al mismo tiempo,
se considera que toda formación de identidad implica el reconocimiento
de la diferencia y se realiza por oposición a ella.
Las instituciones que tienen la responsabilidad de transmitir la
historia de una determinada sociedad, tienen, por lo tanto, una
gran importancia en la formación de la identidad del individuo,
o sea, decirle de donde viene, mostrarle sus raíces, sus iguales
y sus desiguales. Esto servirá para que el individuo no solo sepa
quien es, sino para que, sabiéndolo, se instrumentalice para construir
su futuro.
Dentro de este marco de ideas, algunos museos vienen jugando, desde
la década de 1970, un papel importantísimo en la creación o recuperación
de identidades locales, nacionales o regionales, mostrando la unión
en la diversidad cultural en la que están insertos. Siguieron la
filosofía expresada por Georges Henri Rivière, para quien los museos
debían ser "una institución al servicio de la sociedad que
adquiere, conserva, comunica y expone con la finalidad de aumentar
el saber, salvaguardar el patrimonio, la educación y la cultura,
bienes representativos de la naturaleza y del hombre" ^u(el
subrayado es nuestro)
Los trabajos más famosos son los del ecomuseo de Le Creusot (rancia)
y del museo vecinal de Anacostia (Estados Unidos) en los cuales
se intentó contribuir a la formación de la ciudadanía, en el primero
a través de la acción comunitaria y en el segundo del rescate de
la cultura popular.
Le Creusot abarca un área de 500 kilómetros cuadrados, donde viven
150 personas, algunas en propiedades rurales y otras en los pueblos
de Le Creusot y Montceau-les-Mines.
Dentro, todo, hasta los árboles eran patrimonio y la gran innovación
era que los habitantes gerenciaban el museo de forma comunitaria.
Durante los ocho años de duración de la experiencia (hasta 1986)
fue palco de una acción museológica totalmente innovadora. El personal
del museo consistía en técnicos, investigadores y animadores culturales
que vivían dentro de la comunidad e interactuaban con ella. Los
habitantes, por su parte, eran sujeto y objeto de las investigaciones
y daban su opinión sobre los programas que el museo debía desarrollar.
El museo de Anacostia se abrió en 1967 en un distrito negro de
Washington. Su origen fue una exposición para conscientizar a la
población sobre el peligro que representaban las ratas y como exterminarlas.
Actualmente su trabajo continúa asentado sobre las necesidades de
la comunidad local. El trabajo de los científicos recibe el complemento
de los habitantes, sean niños, estudiantes, trabajadores o minorías.
Funciona en un viejo depósito y no tiene acervo própio. Las actividades
se realizan de acuerdo a las necesidades de la comunidad, talleres
de música étnica, artes plásticas, etc y se realizan exposiciones
para tratar temas de interés elegidos por la comunidad.
En el tercer mundo también hubo trabajos marcantes en este aspecto,
como los realizados por el Museo Nacional de Niger, en Niamey, y
el museo comunidad de Chordelej, en Ecuador.
Los trabajos de estos museos pueden ser inscriptos dentro de la
educación permanente, en el concepto aportado por Pierre Furter,
de una educación destinada a favorecer el desarrollo cultural de
las personas para que puedan reinsertarse y reinterpretar permanentemente
su sociedad y jugar en ella un rol protagónico.
El Museo Nacional de Niger fue un museo al aire libre construído
de acuerdo a los moldes de Skansen, en Suecia, (considerado paradigma
de este tipo de museo), reconstruyendo casas de diversas partes
del país con la intervención directa de los artesanos de cada región.
Fue concebido en 1958 y se cree que Varine Bohan se inspiró en él
para sus trabajos en Le Creusot. Estaba orientado a propiciar que
los africanos tomasen conciencia de su pasado y conocieran la inmensa
diversidad cultural de su país. Se propuso hacer un trabajo de educación
continuada, fuera de los esquemas escolares. La idea era hacer con
que los jóvenes no olvidasen lo que aprendían y que recibieran una
formación más amplia que les permitiese utilizar sus manos para
trabajos prácticos. El museo les enseñó técnicas tradicionales tales
como la cerámica o la construcción de casas de tapia, a cultivar
verduras y frutas, criar gallinas, así como nociones de mecánica.
De esta forma los jóvenes reciclaban los conocimientos anteriormente
adquiridos y adquirían otros nuevos e instrumentales. Al mismo tiempo
recuperó leyendas utilizando la historia oral y mantuvo vivas canciones
tradicionales. Realizó también un trabajo pionero con desempleados
y discapacitados que antes eran mendigos, a los que consiguió reinsertar
en la economía a través de la confección y venta de artesanías.
El Museo-Comunidad de Chordelej pudo ser analizado a través de
los relatos de un intelectual del equipo idealizador y de un miembro
de la comunidad que pasó a ser agente cultural. De acuerdo con el
primero, el Museo Comunidad surgió a partir de la premisa de que
la educación contemporánea debe ser humanística, crítica, flexible,
identificada con la cultura y permanente, porque, dado el ritmo
acelerado de los cambios, no es posible más vivir del saber acumulado
en la escuela, sino que es necesario reciclarse permanentemente;
aprender a aprender. Dentro de esta filosofía, el museo se propuso
ser el depositario de la memoria de la comunidad y el revitalizador
de sus valores.
Estaba instalado en una casa común adaptada, como forma de valorizar
la arquitectura local. Guardaba las piezas arqueológicas de la región
y las obras de artesanos muertos y vivos. Los últimos, realizaban
talleres en los cuales cambiaban ideas entre sí y con técnicos y
tenían un grupo de discípulos que serían los continuadores de su
oficio. El museo permitió la reformulación de las relaciones entre
artesanos y comerciantes, a través de una acción conscientizadora
en la cual se trabajaron los conceptos de subdesarrollo y dependencia.
El museo educaba al artesano dándole la oportunidad de fortalecer
y renovar sus conocimientos y a la comunidad recuperando en ella
la memoria de su pueblo, revalorizada. En esta labor educativa,
recuperaba, sobre todo, la identidad de un pueblo antes sometido.
Los resultados del trabajo realizado quedaron muy bien evidenciados
en las palabras de un campesino artesano que pasó, después de un
tiempo, a ser agente cultural.
"Los primeros pasos fueron el darme confianza, hacerme ver
que soy útil y capaz;... me dí cuenta que podía pensar en ayudar
a los demás...Y lo que es más, comencé a conocer quienes somos y
quienes debemos ser, para rescatar los valores propios de un pueblo
lleno de tradición e historia" (Jara:1985:17)
Otro trabajo digno de mención también sucedió en Ecuador, en el
Museo del Banco Central (Quito). Después de años de investigación
arqueológica, arquitectónica e histórica, en 1969 se abría un museo
que mostraba 2000 años de historia del país, de una forma pluralista,
donde estaban representados tanto el indio como el español, nos
solo en las exposiciones, sino dentro del personal. Por primera
vez en el país se contrataba en un museo una guía indígena, que
hablaba quechua, lo que permitió que todas las comunidades visitasen
las exposiciones y se sintieran igualmente en casa. Decía su director
que, de esa forma "se afirmaba nuestro ser mestizo, simbiosis
biológica y originalidad espiritual, nuevo ser y nueva raza"(Crespo
Toral, 1985:66)
Las experiencias relatadas no nos deben dar la falsa impresión
de que todos los museos son centros de educación popular o de conscientización
cívica. Gran parte de los museos aún continúa contando la historia
escrita por los vencedores y mostrando las riquezas de príncipes
y duques. Lo relatado apenas demuestra que los museos tienen el
potencial para ejercer una acción educativa que lleve a la mejor
comprensión de la identidad, que puede traer, como consecuencia,
una mejor calidad de vida para diferentes sectores de la sociedad,
basada en la tolerancia y en el intercambio.
BIBLIOGRAFIA
BARRETTO, Margarita.- Análise da Utilidade Social dos Museus de
Campinas, Disertación de Maestría defendida el 11 de agosto de 1993,
FE/Unicamp/Br.
BRANDC3O, Carlos R.- Educaçao popular, S.P., Brasiliense, 1984.
CABRERA JARA, R.- El museo-comunidad de Chordeleg, in Alternativas
de Educación para grupos culturalmente diferenciados, Cuenca. (Ecuador).
OEA, 1985, Tomo III: 13-21 CRESPO TORAL, Hernán.- Museos: Arqueología,
arquitectura y estética, in Alternativas de Educación para grupos
culturalmente diferenciados, Cuenca. (Ecuador). OEA, 1985, Tomo
III: 61-70 FURTER, Pierre.- Educaçao permanente e desenvolvimento
cultural, Petrópilis, Vozes, 1974.
HALL, S.- A Questúo da identidade cultural, IFCH/Unicamp, Textos
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1990. HUDSON, Kenneth.- The dream and the reality, in Museums Journal,
April 1992, 27-32.
TOUCET, Pablo.- Um museu original a céu aberto, in O Correio da
Unesco, ano 3, n. 4, Abril 1975.
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