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LA PROBLEMATICA DE LA IDENTIDAD EN EL CRUCE DE PERSPECTIVAS ENTRE ANTROPOLOGIA E HISTORIA. Reflexiones desde el campo de la etnohistoria

Guillermo Wilde *

* Adscripto a la Cátedra "Sistemas Socioculturales de América II"; Instituto de Ciencias Antropológicas. Sección Etnohistoria. Facultad de Filosofía y Letras. Universisdad de Buenos Aires. E-mail: cepa@wamani.apc.org

Artículo publicado originalmente en Revista NAyA - AÑO 2 Número 14 - Junio 1997

"...no ethnography can even hope to penetrate beyond the surface planes of everyday life, to plumb its invisible forms, unless it is informed by the historical imagination that is, of both those who make history and those who write it". John & Jean Comaroff


En la Antropología tradicional, puede reconocerse una preocupación por aprehender totalidades socioculturales integradas. Se partía del supuesto de que una sociedad regulada por instituciones era descriptible en forma completa desde un abordaje sincrónico que tratara de reflejar los modos de vida en un momento de la historia (la estructura social de la sociedad estudiada). Hoy en día, es difícil sostener las mismas afirmaciones sin el riesgo de caer en concepciones simplistas y excesivamente estáticas. Por su parte la Historia monopolizaba la diacronía y el manejo de documentos con el objetivo de recuperar los cambios; el curso de los hechos, sus proyecciones y sus consecuencias. En muchos casos esta tarea se banalizaba al quedar relegada a una mera construcción de cronologías. El olvido del contexto en el que los documentos eran producidos, sumado al hecho de que se efectuaban lecturas acríticas del lugar social de quién los produjo, no permitía decodifícarlos con claridad. El campo de la etnohistoria ha prestado especial atención a estas falencias metodológicas y ha tratado de utilizar los elementos más rescatables de ambas disciplinas, combinando y conciliando dos campos tradicionalmente separados. En este trabajo nos proponemos dos objetivos básicos. En primer lugar, hacer un raconto de lo que se presenta como tendencia contemporanea dominante en los estudios sobre la temática de la identidad, a nivel mundial.

Como veremos, en los trabajos más recientes se presenta una corriente que pone énfasis en procesos de cambio social como determinantes de configuraciones identitarias. Esta dimensión temporal-procesual, no había sido considerada en los estudios tradicionales -nos referimos básicamente a la mayoria de los trabajos anteriores a la década del setenta-. La tendencia hoy en auge, se caracteriza entonces, por los esfuerzos en recuperar la historia. Importa aclarar que en adelante, el término "historia" será entendido aquí en dos sentidos: en tanto que dimensión espacio-temporal del cambio en la dinámica social -es decir como proceso- y también en el sentido de disciplina social -específicamente la Historia social-. En segundo lugar, trataremos de presentar algunas problemáticas teórico-metodológicas del campo de los procesos de formación de identidad, centrándonos en dos en particular: una de ellas es la confrontación aún no conciliada entre la dimensión psicológica (personal) y la sociológica de la identidad; otra es la referida a la reproducción social en el enfrentamiento de contextos globales y contextos locales. Ambos nudos problemáticos son recortes analíticos delimitados a partir de la recurrencia con que aparecen en la discusión teórica sobre la formación de la identidad. A su vez, éstos son suscitados de manera frecuente como interrogantes en estudios de caso. El paso siguiente será tratar de vislumbrar posibles salidas para estas cuestiones, a partir del análisis de algunos enfoques y estrategias de investigación recientes en el campo interdisciplinario de la etnohistoria. Nos apropiaremos entonces de estudios de caso en su mayoría del área andina, que reflejan dos tipos de acercamiento a la realidad social del pasado colonial: la larga duración y la corta duración. Ambos casos responden respectivamente a dimensiones macro y microsociológicas de la historia, que aunque a diferentes escalas, hacen alusión a procesos de cambio. Comparando ambas estrategias podremos arribar a alguna conclusión respecto de sus ventajas y sus desventajas. Para finalizar el recorrido, nos referiremos brevemente, con trabajos específicos, a la fertilidad de los estudios interdisciplinarios y más en particular a la relación entre historia y antropología, que adquiere cada vez mayor importancia en la medida en que las líneas separatorias que definían los límites entre estos campos disciplinarios se abren y se desdibujan produciendo una ampliación del horizonte cognoscitivo.


LOS CAMBIOS DE ENFOQUE EN EL ABORDAJE DE LA IDENTIDAD

La crisis teórica en el contexto de la posmodernidad. La recuperación de la historia: la identidad como proceso.El camino del constructivismo.


Si hay algo característico de la producción contemporánea en la temática de la identidad, eso es sin duda, el rechazo de las tradicionales formas de abordar el tema, que estaban teñidas de un esencialismo que obsturaba procesos concretos de producción-transformación de identidad y relegaba la cuestión del cambio, al quietismo de etiquetamientos estancos y ahistóricos. Este tono de debate, pudo ser detectado con una variación en su intensidad en la mayoría de los trabajos de fines de los 80, principios de los 90 que hubo oportunidad de analizar para este ensayo. A menudo se califica al mismo concepto de identidad como vago y tendiente a generar ambigüedades teóricas, que por un lado homologan lo social a lo individual, y por otro, no tienen en cuenta el carácter constitutivo y constituyente de las relaciones sociales en los procesos de formación de identidad (Trinchero 1994). Este ejercicio, que podría caracterizarse como una permanente condena seguida de un intento de exorcización de cualquier resabio esencialista, tiene larga data y abreba en fuentes que, como punto de partida se localizan aproximadamente en la década del setenta. Hoy en día, podría decirse que esta es una práctica muy afianzada en todo cuerpo teórico-metodológico que se digne de ser serio -en el sentido de respetar el conocimiento previamente producido y es predominante en la producción contemporanea tanto local como mundial. De Barth a esta parte, se ha producido una rápida dinamización de categorías relacionadas con la identidad, por lo que es común ver una operación constante de flexibilización de conceptos. Se trata de liberarlos del lastre de la fijación inamovible y prístina de límites, a la que tradicionalmente habían estado ligados. Según Trinchero (1994), en este afán por fijar límites, se llevaban a cabo tres operaciones metodológicas tomadas de la arqueología clásica: detección, clasificación-comparación, reconstrucción. El mundo en cambio permanente y acelerado en el que vivimos revela a cada momento la falta de operatividad que presentan los conceptos de las ciencias sociales. Y mucho más en un campo tan dinámico como el de la identidad. La consecuencia es un replanteamiento radical en el terreno del saber. Dentro de la antropología la crisis de conceptos clave tales como el de "cultura" o el de "etnografía", se acentúa con la desconfianza que hacia ellos se ha producido en el contexto del desconstruccionismo y la crítica posmoderna (Comaroff, J&J. 1994). Pero, el cambio en el mapeo, tiene que ver con un cambio en el territorio que trata de representar. En este sentido, son bien conocidos los cambios planetarios que han dado origen a un estado de emergencia y de crisis en las predicciones de la ciencia tradicional:


"Developments such as the rise of global comunications and mass-media, the internalization of the division of labor, the revolution in world wide patterns of consupmtion, the commodization of popular culture, and the dissolving of neat political and ideological boundaries around societies and cultures (accompanied by a renaissance of nationalism and ethnicity) had severely taxed the trusty old analytic toolkit..." (Comaroff, J. & J. 1994: II)


En un trabajo reciente de G. Marcus (1994), dedicado a sistematizar los pricipales enfoques teóricos sobre la identidad de las últimas tres décadas, el autor se refiere a la crisis de las metateorías, específicamente el marxismo y el estructuralismo, que por su carácter omnisciente y abarcativo, fracasaron en el intento de hacer predicciones sobre la realidad social. En la actualidad, a su parecer, la tendencia es la contraria:


"The hope for change within the framework of world capitalism has downisized from attention to revolutionary process or mass social movements and upheaval to a closely observed inspection of the subtle things of everyday life -in other words, to the microscopic processes that constitute a politics of identity" (Marcus, 1994: 10)


Al mismo respecto, Levi (1994) señala:


"...lo que se ha puesto en duda ha sido la idea del progreso constante a través de una serie uniforme y predecible de etapas en las que, según se pensaba, los agentes sociales se ordenaban de acuerdo con solidaridades y conflictos que, en cierto sentido, estaban dados y eran inevitables" (Levi, 1994:120)

En el artículo de Marcus ya mencionado, se hace referencia a los mecanismos que diferentes estudios sobre identidad vienen implementando para rediseñar las estrategias de investigación y de escritura. La tendencia está caracterizada por una concepción de las identidades (individuales y colectivas) no como naturalmente dadas sino como constructos. En ese sentido se viene profundizando la linea que se inicia en los 70 con los estudios precursores de Barth y del interaccionismo simbólico (de tintes constructivistas). Aunque diversificados, los estudios pueden reunirse según Marcus, en tres tipos de abordaje que han elegido tanto la antropología como la Historia social para tratar sobre la formación de la identidad. En primer lugar se encuentra la expresión de rechazo al esencialismo, a partir de aproximaciones que entienden a la identidad como proceso abierto y ambiguo. En posturas más radicales, se reemplaza la vieja premisa sociológica de los individuos integrados al sistema, por la de un sujeto fragmentado y múltiple. En segundo lugar, se va más lejos diciendo no sólo que la identidad es construída, sino concientemente inventada en una forma motivada por intereses.

Este punto muy relevante por cierto, se ha incorporado rápidamente en nuestro medio académico. Ciertos autores claramente se inclinan por concebir la identidad como una entidad de carácter conciente, instrumentada para la delimitación de los campos nosotros-otros. Gorosito Kramer (1992) enuncia cuatro características básicas de las manifestaciones concretas de identidad: plausibidad, convencionalidad, conciencia y actualidad. Agregamos que el acento puesto en lo conciente permite descongelar el concepto de identidad; desnaturalizarlo ("desapriorizarlo", si la palabra es permitida).

En último lugar y tomando como supuestos los dos puntos anteriores, que la identidad es conciente e inventada, Marcus reúne bajo el título de "Resistance & Accomodation Narrative" a los estudios en los que la identidad es determinada en última instancia, por los esfuerzos de los sujetos para resistir y adaptar sus situaciones históricas específicas a partir de estrategias. En este punto, es donde el componente político de la identidad aparece con claridad. Al respecto, Gorosito Kramer sostiene que la identidad es una categoría eminentemente política, por lo menos en algunas de sus expresiones. En este sentido es que está disponible para la manipulación en la justificación de prácticas sociales, "deviene ella misma práctica social" (1992:146). Esto nos da pie para preguntarnos sobre la posibilidad de insertar las relaciones sociales en los procesos de identificación y de discutir la legitimidad de hablar en términos de "clases sociales".

El resultado sería una ampliación del concepto de identidad, como un proceso constituido sobre diferentes bases, (no solo la étnica) que actúan simultáneamente. Como lo plantea Trinchero (1994), la "etnicidad" sería una manifestación de estos procesos. Tomando como partida estos supuestos, la identidad respondería a condiciones socioeconómicas, políticas e históricas específicas. La orientación que han tomado los estudios sobre identidad en los últimos años, es entonces la de analizar procesos complejos con categorías más flexibles y que a veces no reniegan de su ambigüedad. Esto tiende a convertir este área en un terreno sinuoso y a menudo confuso. En ocasiones presenta problemas que por sus inherentes contradicciones parecieran no tener salida por lo menos en el plano teórico. En relación a este problema, J. & J. Comaroff afirman:


"...the human world, post-anything and everything, remains the product of discernible social and cultural processes: processes partially indeterminate yet, in some mesure, systematically determined; ambigous and polyvalent, yet never utterly incoherent or meaningless; open to multiple constructions and contest, yet never entirely free of order or the reality of power and constraint" (1994:XI)


A partir de esta cita, puede inferirse cierta tendencia a rechazar las polaridades simplificadoras y excluyentes, y a reemplazarlas por procesos complejos y fluídos. Aquí es donde el terreno de la identidad se torna muy resbaloso para quién desee trabajarlo. Sobretodo si se considera que tradicionalmente hubo un sesgo fuertemente demarcatorio. Otra fuente de confusiones, suele venir también, debido a la imbricación del fenómeno de la identidad con factores de tipo ideológico-político en el campo académico de la producción del conocimiento. De hecho, lo que hemos tratado de caracterizar como el desplazamiento desde definiciones ontológicas ("esencialistas") a concepciones constructivistas, tiene que ver con el cambio del contexto y de las condiciones en que el conocimiento era producido. Esto podría calificarse como un proceso que implicó (y está implicando) la transformación de las relaciones sujeto-objeto de la investigación y poder-saber.

En este sentido, Marcus (1994) en su artículo alude a la "reconstitución" de la identidad tanto de los sujetos -objeto de investigación ("the observed") como la del investigador o analista ("the observer"). Ambas identidades se encuentran mutuamente implicadas en el proceso de conocimiento. En lo que concierne a los sujetos etnográficos, son reconstituidos a partir de procesos mundiales de desterritorialización. Es decir que su identidad ya no es construída a partir de un territorio, o de una "comunidad" localizada. Por otro lado, la construcción del presente toma como elemento principal a la memoria, que posee un peso específico mayor que el de cualquier narrativa histórica organizada linealmente. Simultáneamente, la multiplicidad de voces en el discurso social, impide aplicar estructuras simplificadoras como las de la etnografía tradicional. Del lado del analista, se impone una práctica reflexiva, respecto de su propia identidad en el proceso de producción de conocimiento. Esto da cuenta de un cambio de mirada; del borramiento de la mirada omnisciente ("omniscient eye") y de la forma como las relaciones sujeto-objeto eran concebidas. El reconocimiento de la mutua implicación entre ambas identidades abre camino a la participación de las voces silenciadas. Estos elementos nos son útiles para subrayar, nuevamente, el papel de la historia en los estudios sobre identidad. En efecto, hablar de procesos, es incorporar una perspectiva diacrónica, para comprender los fenómenos sociales.

El interés por la "historia", coincide con una confluencia disciplinaria múltiple, en donde ciertamente, la Historia social, tiene un papel fundamental. La participación de otras disciplinas sociales con sus aportes en perspectivas y marcos teórico-metodológicos, potencia más aún la eficacia del enfoque. Los cambios de perspectiva en estudios contemporáneos sobre identidad, están influyendo en la mirada que se dirige a los procesos sufridos por sociedades del pasado. En este sentido, es importante observar tanto los desarrollos que están llevando a cabo disciplinas como la etnohistoria, como también la apropiación que la antropología hace de los aportes de trabajos históricos, en un intento desesperado por no quedar acotada a espacios sin tiempo, con los que tradicionalmente se identificó. Llama la atención en particular el producto de esta fusión entre la antropología , una disciplina tradicionalmente relegada a cortes sincrónicos, y la historia social, preocupada convencionalmente por la diacronía. Auge (1995) nos permite esclarecer la relación:


"...si el espacio es la materia prima de la antropología, se trata aquí de un espacio histórico y si el tiempo es la materia prima de la historia, se trata de un tiempo localizado y, en este sentido, un tiempo antropológico" (Auge, 1995:20)


CONTRIBUCIONES DESDE LA ETNOHISTORIA


Son muchos los nudos problemáticos que se han generado acerca de los procesos de formación de la identidad. En este ensayo solo desarrollaremos dos de ellos, que por sus características generales, nos permitirán analizar la fertilidad de la confluencia entre la Antropología y la Historia, en el campo específico de la etnohistoria. Los trabajos con los que ejemplificaremos son todos ellos, estudios de caso, bien delimitados en espacio y tiempo. En la dimensión temporal y a los fines analíticos, nos hemos permitido hacer una dicotomía, que nos facilite la tarea de comparación. Distinguiremos entonces, estudios de larga duración y estudios de corta duración y observaremos como cada uno de estos enfoques trabaja las dos problemáticas específicas sobre la formación de la identidad, que desarrollaremos. Si nuestra hipótesis es correcta, los estudios de caso, en la búsqueda de una comprensión sobre procesos históricos de cambio, encuentran una salida para problemas que se presentan en un nivel teórico, como sin escapatoria. La elección del tamaño de la escala de observación (macro o micro), presenta a nuestro modo de ver, una estrategia metodológica fértil según las necesidades de análisis. Según Auge:


"...supone para el historiador, o bien la posibilidad de captar una dimensión del tiempo (la larga duración) que no somete su observación a las perturbaciones producidas por cambios demasiado rápidos, o bien la posibilidad (puesto que no se puede detener el tiempo) de establecer un marco sincrónico fiable que entraña además la posibilidad de establecer el valor ejemplar de estudios de casos muy circunscriptos, o bien aún la posibilidad de aprehender simultáneamente permanencias formales y cambios funcionales" (1995:22).


ENFOQUES PSICOLOGISTAS FRENTE A ENFOQUES SOCIOLOGISTAS. EL APORTE DE LOS ESTUDIOS DE CORTA DURACION


Un problema aún no resuelto dentro del debate sobre la formación de la identidad, es el que alude a la confusión de los niveles psicológico y sociológico. Este podría ser entendido como un problema de "doble lectura", y arraiga en el hecho de que tanto la psicología como la antropología han utilizado el término, aunque dándole aplicaciones diferentes:


"...las circunstancias teóricas, los condicionantes sociohistóricos y las dimensiones del concepto de identidad son comparables en antropología y en psicología. Creemos que hubo una innegable influencia en este tema desde la psicología hacia la antropología, en donde la noción de identidad adquiere un uso más preciso en la psicología, referida a la formación de las característícas psicológicas globales del niño, a las crisis de vida con foco en la adolescencia, a determinadas facetas de la salud mental" (Ringuelet, 1992:123). Juliano (1992), señala que existe una frecuente confusión entre la identificación personal y la identificación étnica, en la que se transfieren características de lo individual a lo colectivo. Ambas estrategias de investigación responden a dos marcos interpretatívos opuestos: el culturalismo y el psicologismo.

La primera corriente defiende el supuesto teórico de que toda estructura social influye sobre los individuos, determinando sus hábitos de vida (esta corriente podría ser concebida como estructuralista en sentido amplio o funcionalista en un sentido más restringido). La otra corriente, en sus diferentes vertientes, da mayor importancia a la acción de los sujetos, que por su capacidad racional de medir medios en relación a fines, elaboran estrategias para manipular las restricciones impuestas por el sistema. No es difícil ubicar a cada una de estas corrientes dentro de la tradicional confrontación en las ciencias sociales entre estructura y agencia. Según Trinchero (1994), con frecuencia en el análisis se cae en posturas bipolares emparentadas con extremos o bien esencialistas o bien subjetivistas: mientras en un caso se atribuyen cualidades permanentes a los grupos, en el segundo se exacerba la capacidad de manipulación que tienen los actores sobre el sistema. De modo tal que la noción misma de identidad tiene un carácter constitutivamente vago y equívoco.

Estas tendencias sin embargo parecerían estar revirtiéndose ante la incorporación de nuevos conceptos. Aún así, en esta dualidad la balanza se inclina hacia la corriente que asigna importancia a la acción y las estrategias. Como vimos en el punto anterior, el componente de la "conciencia", es decir el de la capacidad de manipulación de los actores, contribuye a dinamizar el concepto de identidad; a desnaturalizarlo. Le otorga la dimensión política que le había sido vedada. El problema enunciado, en otras palabras, se presenta como un aspecto de la pugna entre los modelos que ponen énfasis en lo general frente a los que se centran en lo particular. La falencia quizá esté en tomar ambos niveles como polos excluyentes. Se discute la legitimidad metodológica de pasar de lecturas socioantropológicas a lecturas psicológicas (o viceversa).

La dificultad se sitúa en la conciliación de los espacios de comprensión de las esferas individuales (del yo) y sociales (del nosotros). Ambas instancias son vistas como contradictorias y en constante conflicto. Alguna salida se nos ofrece desde los estudios de corta duración, a los que podríamos llamar, quizá con más propiedad, estudios microsociológicos de la historia. Se trata de estudios de caso muy específicos que toman problemas con una localización espacio-temporal bien acotada, para trabajarla en forma profunda. Trátese del análisis de un conflicto en particular o del seguimiento de la vida de un personaje, estos estudios tienen como objetivo un análisis minucioso y detallista que no persigue comparaciones, ni búsqueda de regularidades. Este movimiento tiene algunas vertientes claramente reconocibles, por lo menos dentro del campo de la historia social, tal es el caso de la microhistoria, que a partir de trabajos precursores como los de Ginzburg (cfr. El queso y los gusanos.Barcelona, Muchnik eds. 1991) y Levi, ha refinado herramientas metodológicas convirtiéndose en una muy útil estrategia de investigacíón.

Respecto del conflicto de lo general y lo particular, Levi (1994) afirma que la distinción tajante que se hace entre cada una de estas alternativas, como si se tratara de opciones excluyentes, es inapropiado. El autor sostiene:"...toda acción social se considera resultado de una transacción constante del individuo, de la manipulación, la elección y la decisión frente a la realidad normativa que, aunque sea omnipresente, permite, no obstante, muchas posibilidades de interpretación y libertades personales. La cuestión es, por lo tanto, cómo definir los márgenes -aún estrechos de la libertad concedida al individuo a través de los intersticios y contradicciones de los sistemas normativos que lo gobiernan. En otras palabras, una requisitoria a la extensión y naturaleza de la estructura general de la sociedad humana " (Levi, 1994:121).


El autor agrega que analizando las acciones más pequeñas, se pueden esclarecer aspectos muy generales de la sociedad.9 Como consecuencia, la acotación a casos concretos se reviste de una gran importancia para los enfoques particularistas. Son su condíción sine qua non. En la actualidad, el escenario andino se presenta como el terreno propicio para estudios de caso en pequeño escala. Las décadas de los 70 y los 80, con sus pretensiones generalizadoras y sus visiones panorámicas, sufrieron una crisis paradígmática que abrió paso a estudios más modestos, que trataran de llenar vacíos muy expuestos por donde los modelos tradicionales hacían agua. En alguna medida, la mirada se complejizó, pues se vió necesaria la incorporación de nuevas variables al análisis. Dos trabajos nos servirán para vislumbrar una respuesta desde la etnohistoria andina. El primero, es un artículo de Enrique Mayer (1984) titulado "Los atributos del hogar: economía doméstica y la encomienda en el Perú colonial". Allí, el autor efectúa una operación muy común en los útimos años que consiste en particularizar una situación específica a partir de un modelo más general y abstracto. Es un ejercicio que en mucho se parece a la "reducción de escala" tal y como la entiende Levi.10 El modelo general del que Mayer parte, es el de la organizacíón sociopolítica andína de Murra. El autor afirma que su tarea es inversa a la de la generalización.

La particularización llega aquí a sujetos individualizables. Es así, como lleva a cabo una recreación de la vida de un humilde campesino del S.XVI, llamado Don Agustín Luna Capcha. Este personaje, realmente existió, y su testimonio es tomado a partir de una visita realizada por un funcionario colonial. El autor utiliza tanto documentos de época como una estrategia denominada "analogía etnográfica", que consiste en recrear fragmentos textuales de discursos de un documento original transformando el testimonio escrito en tercera persona (por el visitador), en palabras vivas de quién habló en primera persona (el campesino). De esta manera el autor suma un elemento más al objetivo que originalmente se había planteado, el de iluminar aspectos de la vida doméstica de la época. Un caso particular lo lleva a esclarecer aspectos generales. O en otras palabras el cruzar las dimensiones psicológica y sociológica lo ayuda a comprender fenómenos específicos. Sin duda, el autor se mueve guiado por un interés etnográfíco. En efecto, está tratando al documento como la voz palante de un informante en un trabajo de campo. Es inevitable que los documentos constituyan datos indirectos. Aún cuando se trate de crónicas -que podrían tomarse como relatos un poco más directos- es imposible escapar a la mediatización del contexto cultural y las situaciones particulares de quien escribe. Reconociendo este hecho, son válidas todas aquellas estrategias que tiendan a revivir el documento. Si bien el camino de la constatación es imposible de llevar adelante, quizá no revista la menor importancia para una operación como la de Mayer.

Nuestro segundo ejemplo, pertenece a Henrique Urbano (1994) y es una sección que forma parte de un artículo titulado: "La identidad en los andes y sus problemas". El autor dedica esta sección al análisis de la identidad en los tiempos de reconversión del espacio andino, a partir de las crónicas de Garcilaso por un lado y de Guaman Poma por el otro. Trata de ver como la dimensión sociológica y la psicológica se conjugan en la personalidad de cada uno de ellos. Para el caso de Garcilaso sotiene que la literatura garcilasista "...envuelve el hecho histórico y el sentimiento personal en el horizonte de los cultores de la lengua"(Urbano, 1994:4). El autor hace un seguimiento de las vidas personales de los cronistas y subraya que sus identidades son tejidas a imagen y semejanza de sus ancestros paternos, pero simultáneamente tienen peso determinante el proyecto sociopolítico y religioso representado por la corona española y por la "doctrina catholica". Como vimos, en el trabajo de Mayer se particulariza (se reduce la escala de observación), para observar la cotidianeidad de un sector subalterno; en el trabajo de Urbano se combinan aspectos psicoanalítícos con aspectos socioculturales. Ambos casos son maneras de trabajar paralelamente en dimensiones aparentemente contradictorias.


EL PROBLEMA DE LA REPRODUCCION SOCIAL EN EL ENFRENTAMIENTO DE CONTEXTOS GLOBALES Y LOCALES. LOS ESTUDIOS DE PROCESOS DE LARGA DURACION.


En el pasado colonial americano el problema del enfrentamiento de contextos globales (Estados coloniales) y contextos locales (comunidades indígenas), suele presntarse como un problema de reproducción social. Esta relación, a menudo fue vista en términos simplistas y polares suponiendo una homogeneidad de dominantes y dominados. Esta relación que es suceptible de ser percibida como conflictiva, si se considera que los contextos tienen lógicas contradictorias, tuvo sin embargo una multiplicidad de matices: en donde los grupos subyugados implementaron cuando fue posible una trama de mecanismos, de estrategias (o de táctícas) que les permitieron lograr sus intereses. La identidad étnica, en esta confrontación puede resultar un fenómeno muy móvil y en constante mutación, pues se encuentra más notoriamente atravesada de múltiples factores: "límites identitarios" tan prolíjamente dibujados parecen dífuminarse en un sin número de relaciones sociales y económicas de mayor peso específico que lo propiamente étnico (definido como aquel sentido de pertenencia ligado a aspectos culturales). La identidad aparece reformulada constantemente en los discursos y en las prácticas, según el contexto en el que los actores sociales se mueven. Este efecto de rápida y múltiple varianza trae consigo confusiones y contradicciones. La superposición y el entrecruzamiento hacen confuso el problema, por lo menos desde marcos teóricos que tienen como eje la "mímesis-diferencia". Esta situación es llevada al extremo en los tiempos que corren, con los acelerados procesos de globalización-fragmentación. El tema de la reproducción social, ha sido y es todavía central en el abordaje de grupos subalternos tanto del presente como del pasado. En la sociedad colonial andina ambos contextos representados respectivamente por el Estado Colonial y, en el caso andíno, por los ayllus (en sus diversas formas y tamaños). La pregunta es si los dominados ("los vencidos") ante la imposición de tener que acomodarse a las exigencias del nuevo sistema, quedaron totalmente "desestructurados", o mantuvieron sus estructuras tradicionales. La respuesta para el interrogante así planteado, tiene tantas posibilidades y matices como casos particulares (o localizaciones histórico-geográficas) de donde provenga la respuesta. Aquí se sitúa el interminable debate acerca de la dicotomía tradición-modernidad, que no es distinto por cierto a aquel que opone posturas conservadoristas y asimilacionistas. Urbano se pregunta:


"...si el 'capitalismo incipiente' ... destruyó las economías tradicionales andinas y los comportamientos que ellas suponían, hasta qué punto ese 'capitalismo' contagió el mundo simbólico andino tradicional y, por ende, los valores y normas que le servían de columna vertebral?" (1994:19).


Puede entonces hacerse tanto una lectura focalizada en los aspectos socioeconómicos del cambio, como también poner énfasis en la esfera simbólica de una sociedad. Si bien estos aspectos en muchos casos no pueden ser separados, en situaciones conflictivas de contacto, el impacto puede darse en forma diferencial entre las distintas dimensiones sociales. En ciertas esferas sociales el cambio (casi siempre inevitable si existen enfrentamientos entre sectores ubicados en lugares desventajosos) se produce con mayor lentitud, y de una manera menos forzada. Se trata de procesos que no pueden comprenderse en toda su complejidad, si no se despliegan para el análisis amplias longitudes temporales. Aquí no necesariamente ocurren cambios forzados y compulsivos sino más bien negociados en largos períodos. En relación a esto, un ejemplo interesante es el de Abercrombie (1986), que analiza en un largo período el cambio en sistemas rituales en el area del lago Titicaca. Señala:


"...it seems more fruitful -especially when considering 'political' ritual like fiesta-cargo systems- to see such ritual as a dialogue between not mutually pressured parts of larger whole, a dialogue through which societies define themselves via strategic recastings of one anothers' terms" (Abercrombie, 1986:4).


Los estudios de larga duración nos brindan algunas salidas para los interrogantes planteados. Al desplegar largos períodos temporales y regiones amplias, nos dan la posibilidad de analizar una multiplicidad de procesos de cambio en el discurrir histórico. La temática de la identidad en el contexto de la Colonia, viene suscitando un gran interés en los últimos años, y como consecuencia, una abundante producción de estudios que la abordan. Hemos elegido dos obras preocupadas en su integridad por procesos de formación de identidad que son además, casos paradigmátícos de la "larga duración". En este caso como era de esperar se trata de libros y no de artículos breves. Ante la imposibilidad de resumir todos los contenidos, hemos tomado para cada caso un capítulo representativo. El primero de ellos es un trabajo de Nathan Wachtel (1990): Le Retouz, des Ancestres les Indies Urus de Bolivie. XXe-XVIe Siégle. Essai d'Historie Regresíve. En el capítulo cinco:"Temps a retours restructuration indiennes", el autor analiza un doble proceso contradictorio de desestructuración-restructuración sufrido por las poblaciones indígenas de Bolivia entre los siglos XVI y XIX. Se focaliza en el caso de los Urus que tras largos procesos de transformación terminan por desaparecer, sin que se sepa ya nada de ellos a pricipios del siglo XIX. Según Wachtel, sufren un proceso de "aculturación interna" también conocido como de "aymarización", en donde van desagregándose paulatinamente. Simultáneamente se producen restructuraciones espaciales y procesos migratorios constantes. Este es un proceso de homogeneización; de índianización que corre paralelamente con los intereses de la corona. Agrega que a raíz de estos cambios se provoca un desplazamiento de una diferenciación étnica a una diferenciación social."Por un lado la fragmentación de las jefaturas prehispánicas determina una redefínición de las solidaridades en el marco de unidades más estrechas, los pueblos 'reducciones', de donde salieron las comunidades indígenas; por otro el flujo de migrantes conlleva una cantidad de población más allá de los clivajes étnicos, verdadero 'mestizaje' que de hecho concibe una nueva realidad que es la indianidad. Ruptura al mismo tiempo que fusión: este doble movimiento caracteriza el proceso de aculturación interno" (Wachtel, 1990:19).


Las rupturas y continuidades son analizadas en un largo período (de 1570 a 1800) que el autor divide en fases de entre 50 y 60 años. El segundo ejemplo proviene de un libro de Roger Rasnake (1989): Autoridad y poder en los Andes. Los Kurakuna de Yura , en cuyo capítulo cinco: "Invasión y adaptación al sistema colonial", el autor describe un período de dos siglos con focalizaoión en el devenir de los Yura, quienes constituían una parcialidad menor del grupo étnico de los "wisijisa". El cambio es analizado en el plano político-jurídico de las formas de autoridad indígena, pero no pierde de vista la dimensión económica y aún la demográfica. El autor parte desde la organización previa a la llegada de los españoles. Luego se dedica a los cambios introducidos por la conquista, comenzando por el período de encomiendas y siguiendo por el régimen de "reducciones" (desde Toledo hasta La Palata). Es notablemente grande el corte temporal. Las continuas amputaciones de las jerarquías tradicionales, al igual que el rediseño de la organización espacial andina, permite al autor observar el surgimiento de los yura, como también su desaparición en el contexto colonial. Este largo período da lugar al autor para analizar el papel de los kurakas, como mediadores entre los contextos globales y los contextos locales; la manera como éstos tejían estrategias tanto para, en algunos casos, asegurar la reproducción social de las comunidades a su cargo, como para enriquecerse personalmente en otros casos. En general, el autor nota un desplazamiento hacia dimensiones organizativas más pequeñas como consecuencia de un proceso de fragmentación gradual de las tradicionales solidaridades. En este proceso, la "reducción" adquiere un sentido de pertenencia que continúa hasta nuestros días:


"...las reducciones no desaparecieron y lograron el papel que aún hoy todavia juegan: el de ser centro en las festívidades y asunto de los gobiernos locales; un lugar de vínculo con el Estado y de residencia para las autoridades superíores" (Gade y Escobar 1982, citado por Rasnake 1989:96).


A partir de estas breves reseñas vemos que los dos ejemplos descriptos son estudios muy similares que centrados en procesos parecidos. Si bien hacen un seguimiento particular, no vacilan en utilizar como elemento de análisis la comparación con otros casos en localizaciones diferentes. Son de una gran amplitud pues abarcan varias dimensiones del cambio en forma simultánea (toda la gama que va desde lo económico hasta lo político y lo simbólico). Sin embargo reconocen que muchos vacíos se deben a que faltan estudios más acotados en espacio y tiempo. El reconocimiento de esta limitación invita a desarrollar recortes más pequeños.


A MODO DE CONCLUSION


Los abordajes macro y microscópicos (en tiempo y espacio) pueden considerarse, a simple vista, estrategias de investigación opuestas. Mientras que un programa invita a buscar y enfatizar regularídades alejándose de las situaciones particulares; el otro trata de demostrar el alcance general de los casos particulares. Sin embargo son posibles múltiples matices intermedios y convergencias. A menudo se presenta la dificultad de comprender un fenómeno abordándolo en cortes únicamente sincrónicos, se suele perder de vista la estrategia de sondear en las profundidades de la historia. Esto se ha presentado como una particular dificultad de la antropología tradicional, que todavía trata de despojarse del lastre de la ahistoricidad en los estudios de campo. Como quiera que sea, esta es una tendencia que se está revirtiendo en la producción contemporánea. La vieja mirada encogida, trata de abrir sus horizontes. Los procesos de formación de identidad étnica (a los que aluden los términos de etnicidad y etnogénesis) están caracterizados por una gran complejidad. Su configuración específica, depende de la manera en que se combinen en los estudios de caso: las dimesiones espaciales y temporales, los aspectos individuales y colectivos, el modo particular como interjueguen en la investigación el sustrato teórico y la metodología empleada. La distinción tajante que suele construirse entre lo particular y lo general impide ver la multiplicidad de opciones intermedias. Más que una ruptura se presenta como un continuum de escalas de observación que se ofrecen como alternativas dinámicas, acordes con los intereses de investigación. En este sentido resultó pertinente observar el abordaje de la problemática de la identidad en los trabajos etnohistóricos reseñados. A partir de ellos es posible afirmar que los abordajes micro y macrocontextuales no son excluyentes, como no lo son los polos que suelen contruirse en torno de lo particular y lo general. Se presentan como alternativas acordes con los intereses de investigación.

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