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La inserción de las ciencias sociales en los equipo de salud.
Alcances y limitaciones de una experiencia en curso
Por Alicia Cattaneo (1) |
RESUMEN
Esta artículo tiene por objetivo reflexionar sobre la modalidad
de inserción de las ciencias sociales en equipos de salud dependientes
de la Secretaría de Salud de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos
Aires, y sobre los procesos de cambio en las políticas implementadas,
a partir de una experiencia iniciada en 1987 . A las ciencias sociales
se las convoca con el objetivo de facilitar las relaciones entre
el centro de salud y la comunidad y de capacitar a los médicos en
un proyecto de medicina comunitaria. Para desarrollar los trabajos
que nos demandan es necesario elaborar modelos alternativos de formación
profesional. Incluirse en una institución, no como investigador
sino como parte de un equipo que interviene supone cambios profesionales
importantes.
INTRODUCCION
Esta artículo tiene por objetivo reflexionar sobre la modalidad
de inserción de las ciencias sociales en equipos de salud, teniendo
en cuenta una experiencia iniciada en l985. En ese momento la Dirección
de Capacitación Profesional y Técnica de la Secretaría de Salud
de la MCBA decidió implementar la rotación de residentes de pediatría
por centros periféricos, dentro de una estrategia de Atención Primaria
de la Salud (APS). Esta estrategia definía la salud como un derecho
básico, donde el Estado tenía el deber de garantizar el acceso equitativo
a los servicios de salud, era vista como un proceso ligado a las
condiciones de vida de la población, teniendo como unidad de análisis
el grupo social, la familia, e incorporando el enfoque de riesgo
y la interdisciplina para dar cuenta de esa complejidad. Un concepto
de salud que incluía, la tecnología apropiada, la participación
de la población, el énfasis en la promoción y la prevención, el
trabajo bajo programa, cierta autonomía en la planificación, y la
articulación entre los distintos niveles de atención.
A los antropólogos y a los sociólogos, representantes en ese momento
de las ciencias sociales, sin establecer distinciones entre ambas
profesiones, se los convocaba a fines de ese año para facilitar
las relaciones entre los centros de salud y la comunidad. La inclusión
de la carrera de Trabajo social en las ciencias sociales cobró más
fuerza a partir de la implementación de su residencia y la búsqueda
de un cambio en el perfil profesional. La primera asociación fuerte
era entonces entre ciencias sociales y comunidad, y se los llamaba
para resolver problemas enunciados por otras disciplinas. El supuesto
implícito era que alrededor de esta cuestión giraba buena parte
de las posibilidades de extensión de la cobertura, no se dudaba
sobre esta posibilidad. Se consideraba que los médicos no se hallaban
capacitados para esta tarea ya que algunos intentos de acciones
comunitarias habían producido efectos contrarios a los buscados.
Se decidió entonces iniciar acciones de capacitación e inserción
comunitaria en un centro de salud, con carácter de experiencia piloto,
para poder después generalizar la propuesta al resto de los centros
de salud (1). El área programática de este centro estaba focalizada
en una villa y un Núcleo Habitacional Transitorio con una población
estimada en 9.000 habitantes.
FORMULACIÓN DE PROBLEMAS
El rol de las ciencias sociales se vinculaba a la capacitación,
coordinación y supervisión del Equipo de Salud. Esta posibilidad
surgía en función de la necesidad de dar cuenta de la dimensión
social y cultural del proceso de salud-enfermedad-atención, y de
la experiencia previa de algunos profesionales de ciencias sociales
en el trabajo comunitario durante la década de los 70, asociada
a un modelo de país y de cambio muy alejado de la realidad de los
80, diferencias que no siempre se tuvieron en cuenta. Durante el
proceso militar las ciencias sociales fueron en general excluidas
de las instituciones de salud, y su actividad asociada en parte
a la intervención política o directamente a la subversión, imagen
que persistió en los 80. Esta interrupción, esta negación de prácticas
institucionales es un elemento importante a la hora de evaluar las
discontinuidades, las limitaciones en los aportes de las ciencias
sociales.
Un rol tradicional era el del investigador, que construía un objeto
de estudio, sin que implicara una intervención directa, ni una integración
al equipo. Era visto como alguien que venía a investigar lo que
hacían los demás, situación que en algunos casos provocaba cierto
recelo. En el caso que nos ocupa las ciencias sociales aparecen
asociadas al equipo, pero desde una posición de coordinación, de
supervisión, y de conocimiento. Esto generó algunos conflictos con
otros servicios y coordinaciones, como la de salud mental, trabajo
social y áreas médicas (2).
Después de una primera etapa de capacitación en epidemiología,
planificación en salud, técnicas de educación de la salud, áreas
descuidadas en la formación médica durante el proceso militar, se
dio un nivelamiento en el conocimiento, donde resultaba difícil
distinguir la especificidad de las ciencias sociales, no demasiado
alejadas del sanitarismo.
En 1987, seis meses después de mi inclusión en el centro de salud
que fue tomado como experiencia piloto, se planteó generalizar la
experiencia generándose una confusión entre la propuesta ideal de
Atención Primaria de la Salud (APS), la experiencia realizada y
los requerimientos de la coordinación. No se analizaron en profundidad
los impedimentos en la implementación de la propuesta, ni la inserción
de la Dirección de Capacitación en el sistema de salud y de poder.
Esta falta de evaluación de las posibilidades favoreció la fractura
institucional y aumentó la distancia entre el proyecto (lo enunciado)
y la experiencia (lo realizado), y entre los funcionarios , los
coordinadores y los profesionales de los centros de salud.
APROXIMACIÓN Y METODOLOGÍA
A partir de 1987 se decidió incluir en forma permanente a profesionales
de ciencias sociales en instituciones para formar parte del equipo
de salud (instructores , becarios y residentes de diferentes especialidades),
y esta aparece como la segunda asociación fuerte: ciencias sociales-equipo
de salud.
El objetivo era ofrecer un encuadre conceptual y metodológico para
el trabajo con la comunidad, y suponía una serie de actividades
referidas a la residencia, al equipo, a la comunidad y a otros sectores
involucrados.
Con respecto al equipo se planteó la necesidad de:
- Recuperar la historia del grupo y realizar un diagnóstico sobre
la situación presente, la inclusión de los nuevos integrantes,
el grado de acercamiento y compromiso con la propuesta de "salud
de la comunidad".
- Sondear las expectativas y actitudes de los residentes relativas
al trabajo en el centro de salud. Realizar un seguimiento de las
modalidades de inserción de cada especialidad, las actividades
en que se incluían y las reacciones ante las características y
dificultades en las tareas. Detectar los espacios, momentos, y
contenidos que favorecían su capacitación. Registrar las evaluaciones
al finalizar las rotaciones.
- Promover espacios de trabajo interdisciplinario, donde se realizaran
pases y se trabajara sobre las dificultades y las formas de resolverlas.
- Analizar las dificultades cotidianas, los obstáculos que impedían
la realización de las tareas programadas, revisando las consignas
surgidas en las reuniones de equipo.
- Registrar las actividades, proyectos y programas colaborando
en el establecimiento de prioridades y la planificación de las
actividades.
- Incorporar la dimensión sociocultural e histórica al interior
del equipo, para ampliar su concepción de los procesos de salud-enfermedad-atención.
- Incentivar los procesos de reflexión sobre la institución: su
historia, organización, normativas, relaciones de poder.
- Brindar información sobre la población del área programática
en lo referente a composición sociodemográfica, historia, organizaciones,
grupos e instituciones.
- Reflexionar sobre las estrategias de trabajo comunitario con
el fin de coordinar las actividades extra muro.
Esto significaba con respecto a la comunidad, profundizar el conocimiento
de la historia, las formas de organización, instituciones, liderazgo,
redes, formas de comunicación, lógicas existentes.
Avanzar en el conocimiento de las distintas instituciones, organizaciones
y grupos que estaban trabajando en el barrio, intentando en la medida
de lo posible una coordinación de acciones.
Reflexionar sobre la relación centro de salud comunidad, el grado
de acercamiento, las imágenes, expectativas, experiencias, las demandas
en lo asistencial y en los programas, intentando fortalecer los
vínculos existentes y formulando una metodología adecuada de trabajo.
Estas actividades sería difícil plantearlas desde una concepción
académica tradicional. La inclusión en una institución de salud
supone cambios profesionales y personales importantes. Entrar en
un mundo conocido desde la experiencia social pero desde una posición
distinta, una experiencia que se asocia al padecimiento, a la enfermedad
y a la muerte, que genera angustia, temor. Significa también entrar
en mundos desconocidos: el de las poblaciones pobres y el mundo
de los médicos, del centro de salud, con normativas, códigos, reglas,
con una estructura formal, jerarquías, roles, funciones y con una
organización informal, y una cultura institucional que supone valores,
alianzas, lealtades, mitos fundacionales , héroes y villanos.
Los antropólogos siempre hemos trabajado con grupos humanos diferentes
pero en este caso debía desempeñar un rol no tradicional en mi formación
profesional , no me incluía como un investigador "solitario"
que iba a definir un objeto de estudio, como un observador calificado
con poca participación que construye su perspectiva desde el distanciamiento
. Debía incluirme en un equipo e intervenir, conocer para transformar,
para pensar alternativas, involucrarme. La condición para ser parte
de un equipo, de un "nosotros" era estar aunque fuera
en silencio, acompañarlos, interpretar esas expresiones sociales
pero además definir "qué hacemos", y " que hacemos
hoy". En la Universidad aprendemos a manejarnos con tiempos
académicos, a separar los tiempos de elaboración de un proyecto,
de realización del trabajo de campo, de análisis de los datos y
de elaboración del informes. Los principales destinatarios de nuestras
informes son nuestros colegas y nuestras interpretaciones no son
pensadas como afectando la vida de los sujetos sociales que son
objeto de la investigación .
Esta experiencia suponía aprender a trabajar de otro modo, muchas
veces con problemas enunciados por otras disciplinas, redefinir
una problemática desde diferentes perspectivas, trabajar con un
ritmo distinto, atravesados por urgencias, contradicciones, frustraciones,
parálisis. Observar el cansancio, las formas de protección, de evitasión,
las solidaridades, y a ser parte de esas relaciones, señalando errores
pero desde el vínculo, desde la afectividad, sin que desapareciera
la búsqueda del sentido, de la racionalidad. Suponía conocer las
relaciones de poder y ser parte de esas interrelaciones de fuerzas.
Aprender, también, a convivir con la enfermedad y la muerte convirtiéndose
en cierta forma también en un curador, en el sentido de " tener
cuidado de", "ocuparse de".
El supuesto teórico implícito es trabajar sobre las diferencias
no como oposiciones sino como relaciones (nosotros-otros), trabajar
sobre los espacios de intercambio, las interacciones, las mediaciones
entre los individual y lo social, lo micro y lo macro, la teoría
y la práctica : las relaciones entre el C.S. y la comunidad, el
profesional y el paciente, entre clases sociales. Las modalidades
a través de las cuales se me impone el otro, el lugar que ocupamos,
las formas de comunicación, las distancias, las relaciones de poder.
A partir de lo observado en los consultorios y del análisis de casos
se ubicaba al paciente en un grupo familiar y social, sin descuidar
la dimensión subjetiva, existencial del padecimiento, se intentaba
relacionar lo individual con procesos generales, reflexionando sobre
la dimensión socio-cultural, las representaciones y las prácticas,
sobre opciones en la estrategias de clase y en nuestras intervenciones.
Se intentaba relacionar lo macro y lo microsocial, analizando cómo
el contexto histórico, político y económico, las modificaciones
en las políticas sociales, podíamos verlas en la cotidianeidad y
en las rupturas de esa cotidianeidad, asociadas a experiencias colectivas.
Existía en algunos un apuro y una necesidad en salir a la comunidad
en vez de ir descubriéndola en el consultorio, en otros un temor
o una negativa para hacerlo.
Surgían versiones estereotipadas sobre esta relación, que se asociaban
con diferentes posturas políticas y en algunos casos también con
posturas profesionales. Una más elitista (los que piensan, hacen,
dicen y concientizan a los otros) y otra más populista (que idealiza,
se mimetiza, se confunde con la comunidad). En un caso se enfatiza
el conocimiento del técnico, en el otro de la comunidad, en las
dos se pierde un sujeto de la relación, el espacio de intercambio
y de encuentro, se desconoce que más difícil que hablar de la gente,
es dialogar con ellos. Se identifica a la comunidad como un todo
homogéneo y a veces solidario, desconociendo las heterogeneidades,
conflictos , tensiones, y diferencias manifestadas por los propios
pobladores.
Todo proceso de conocimiento implica una relación social que debe
ser tenida en cuenta en el análisis socio-cultural. Una cultura
constituye un modo de expresar fenómenos sociales, un sistema de
clasificación que no es externo a las acciones y prácticas de los
sujetos sino que otorga sentido a esas prácticas. Debemos conocer
las representaciones y las practicas de los sujetos, sin desaparecer
nosotros que también formamos partes esas relaciones sociales, y
las condicionamos y somos condicionadas por ellas. Pocas veces se
analiza el impacto de la población sobre el equipo y los profesionales
y las profundas transformaciones personales y profesionales que
esto implica. Una de las tareas permanentes es explicitar nuestros
propios supuestos, analizar nuestras representaciones y prácticas,
buscando los múltiples sentidos que existen, las continuidades e
inconsistencias.
ETAPAS EN LA POLÍTICA DE SALUD Y EN LA EXPERIENCIA DEL EQUIPO
Hubo diferentes supuestos, prácticas, percepciones y actitudes
en todos estos años.
Se podrán señalar etapas. Una primera de 1985 a 1987, marcada por
un compromiso con la propuesta y una confianza en las posibilidades
de su implementación, y por lo tanto una urgencia, una necesidad
de capacitarse y aprender: atención primaria, técnicas de educación
para la salud, trabajo en equipo, planificación estratégica, epidemiología.
Sin embargo a partir de setiembre del 87 y hasta fines 89, la APS
empieza a caer en el descrédito. El trabajo comunitario por parte
de una institución de salud, no sólo debe brindar información, sino
acceso a los recursos. El trabajo en prevención y promoción supone
la prestación de servicios y el aumento de la demanda. El deterioro
creciente de los recursos destinados a la salud fue aumentando las
dificultades, ya no se planteaba la extensión de la cobertura sino
la posibilidad de seguir trabajando con la población demandante
en las prevalencias. Un grupo de profesionales se repliega a trabajar
en la asistencia, el otro grupo empieza a trabajar sobre las posibilidades
y los límites del trabajo comunitario, teniendo en cuenta los riesgos
de transmitir mensajes contradictorios o convertirse en un grupo
autónomo, y la dificultad no sólo en general sino en continuar,
en mantener el trabajo iniciado.
Se analizan diferentes modalidades de participación en el barrio.
Observamos que frente a situaciones criticas, emergencias o catástrofes
se lograba una rápida movilización de la población, pero este nivel
de concentración no se sostenía durante mucho tiempo, quedando reducido
a unos pocos representantes del barrio (segunda modalidad) que tenían
contacto con instituciones externas, particularmente con el Estado,
y que muchas veces aparecían sobrecargados por las tareas, cuestionados,
y con un poder limitado de convocatoria. Este perfil fue cambiando
de acuerdo a las políticas implementadas por el Estado. Nosotros
habíamos aprendido a movilizarnos frente a las emergencias y logramos
cierta eficacia en nuestro accionar. Un tercer tipo aparecía vinculado
a las redes de parentesco, amistad o vecindad, menos visible en
principio para nosotros, más silencioso y permanente. De acuerdo
a los objetivos planteados nos acercábamos a una u otra modalidad,
pero en ciertos momentos se decidió priorizar el tercer tipo, y
esto favoreció nuestro conocimiento, alcance, y el vínculo con la
población. El contacto fundamental partió de las relaciones establecidas
en los consultorios pediátricos.
Surgieron diferentes proyectos y actividades: campañas contra la
tuberculosis, campañas de inmunizaciones, charlas en las casas de
los vecinos del barrio, microemprendimientos, formación junto con
la gente del barrio de subcomisiones de difusión, relevamiento sanitario
y de contacto con las autoridades frente a la amenaza del cólera,
programa de desnutridos, relevamientos nutricionales, trabajo con
comedores comunitarios, asesoramiento a las autoridades responsables
de esa política social (el Programa de Apoyo a grupos comunitarios,
dependiente de la Dirección de Promoción y Asistencia Comunitaria
de la MCBA), talleres con adolescentes en riesgo, talleres con promotores
de salud, trabajo con escuelas de la zona, trabajo con las comisiones
de salud del barrio , demandas conjuntas . Algunos no los repetiríamos
pero sí la modalidad de trabajo, el compromiso con la gente, la
búsqueda del diálogo, del intercambio , del aprendizaje y de la
confianza mutua, el reclamo por el derecho a la salud y también
la independencia de la política partidaria, sin que esto signifique
desconocerla.
A partir del 89-90 se agudiza la crisis de los servicios de Salud.
La reforma del Estado refuerza la privatización de la salud. La
política del Banco Mundial promovía entonces la autogestión, la
formación de agentes comunitarios y la descentralización hospitalaria.
Este discurso descansaba en los beneficios de la participación comunitaria
y el respecto a la diversidad cultural, conceptos valorados por
los antropólogos, que en este contexto , sin embargo, se asocia
a indiferencia, a desatención del Estado y al aumento de la dependencia
político partidaria. La filosofía de la APS es enunciada por los
sectores que más la habían cuestionado en los años anteriores. Se
acentúa la desvinculación entre trabajo comunitario y asistencia,
y el desprestigio desde un sector del perfil "asistencialista"
del profesional (médico, trabajador social o sicólogo) en un momento
donde el esfuerzo consistía en que el Estado no desatendiera la
asistencia frente al aumento de las patologías. Como respuesta a
esta política un sector del equipo se concentra en actividades de
asistencia y docencia al verse lo preventivo y lo comunitario como
la tecnología barata de un Estado que no se hacía cargo del daño
instaurado. Otro sector trabaja con las organizaciones barriales
en las demandas al Estado, demandas, que son escuchadas en principio
y luego aparecen como ineficaces, demandas , por otra parte que
significaron castigos y persecuciones para el equipo de salud. En
esos casos contar con el apoyo y la movilización del barrio significó
uno de los máximos reconocimientos de nuestro trabajo.
En ese contexto de cambio en la sociedad y el Estado se profundiza
la crisis en la práctica e ideología médica sobre todo en sectores
estatales. Los curadores, afirma Menendez, aprenden más que saberes
verificados científicamente, como operan esos conocimientos en la
institución, se reflexiona en función de saberes prácticos, saberes
técnico-ideológicos que remiten a verificaciones aprendidas en las
instituciones (3). Qué sucede cuando esos parámetros cambian, y
esos cambios no son vistos como mejores, sino como pérdidas, incluso
de la eficacia profesional, del sentido de la intervención. Y esa
crisis de identidad era más devastadora en aquellos que mostraban
mayor compromiso. Se dieron distintas situaciones: revalorizar el
rol tradicional, la asistencia, concentrarse en ello, aislarse del
equipo; la renuncia tanto al trabajo en el Estado, como la huida
de la profesión, o trabajar menos y peor que antes. A su vez el
aumento de las patologías, de las demandas y la disminución o ausencia
de posibilidades, generó frustración, y en algunos casos alejamiento
de la población más afectada.
Este proceso de privatización de la salud, el programa de reforma
del sistema de salud, se consolida y es percibido como irreversible
entre los años 1993 y 1995. Se asocia con el hospital de autogestión,
el hospital como empresa productora de servicios, las evaluaciones
parcializadas de acciones de salud que sólo reconocen la producción
a nivel cuantitativo, la reducción del presupuesto, del personal,
y el arancelamiento de la atención.
INFERENCIAS POSIBLES DE LA EXPERIENCIA
Es difícil dar cuenta de estos cambios, de estas crisis, es difícil
pensar cuando uno es parte de ellos, cuando se siente afectado,
y no quedan claras las salidas. La experiencia, el tiempo, no es
vivido en estas situaciones como algo que acumule, que sirva, sino
como un no tiempo, como una pérdida, algo que se deshace, que desgasta.
A su vez el trabajo cotidiano en una institución, la permanencia
prolongada, posibilita el acceso a una experiencia social, a un
conocimiento que no es fácil encontrar en investigadores externos,
pero que tampoco es aprovechado por nosotros. La producción escrita
es muy baja, no surge en general como demanda institucional y significa
un trabajo extra , que en general se relega. No existe una Dirección
o Coordinación de Ciencias Sociales en la Secretaría de Salud que
reúna a estos profesionales y establezca proyectos de investigación,
de docencia y capacitación para ellos. El trabajo en equipo da un
entrenamiento en el diálogo, la comunicación y encuentro con otras
disciplinas, pero profundiza la necesidad de controles, de discusiones,
de aportes, al interior de nuestras disciplinas, la sensación sin
embargo es de una gran soledad, de un aislamiento con respecto a
nuestros propios colegas. El trabajo conjunto entre unidades académicas,
profesionales de ciencias sociales y equipos locales sería una opción
importante para desarrollar que permitiría capitalizar la experiencia
institucional, y transferir conocimientos a los profesionales y
a la población. A su vez desde la experiencia microsocial se pueden
profundizar los análisis de los procesos estructurales económico-políticos.
Frente a esta situación de crisis, o de definición de la crisis,
y al aumento de la pobreza y de las patologías asociadas a ella,
consideramos importante:
Trabajar sobre la dimensión institucional tratando de vincularla
con los cambios estructurales y con las prácticas de los sujetos
y los grupos, aprendiendo de los errores y rescatando los casos
exitosos de intervención.
Hacer un seguimiento de la política de salud en el marco del ajuste,
redefiniendo las posibilidades, límites y contradicciones del sistema,
y dando cuenta de la situación de cambio en las prácticas e ideologías
profesionales.
Realizar investigaciones que den cuenta del proceso de salud-enfermedad
y atención de las poblaciones con mayor probabilidad de enfermar
y morir, uniendo la información estadística con investigaciones
cualitativas.
Relacionar las formas de vida, los valores, creencias, las experiencias
cotidianas de la poblaciones locales con los contextos políticos
y económicos.
No abandonar el trabajo con la población, que no se da de una sola
forma, pero desconfiar de modelos impuestos sobre participación
comunitaria. Reflexionar sobre las estrategias que permiten no solo
generar sino dar continuidad al trabajo. Para ello es necesario
fortalecer los vínculos existentes, generar otros, profundizar el
conocimiento de la población, esforzándose por descubrir los espacios
de encuentro, las redes de comunicación, las lógicas existentes,
para trabajar desde allí.
La ausencia de sentido genera angustia, aburrimiento, un sentido
compacto, creo que evasión. Pararse y pensar tiene que ver con la
salud y con encontrar los sentidos, eso es lo que intentamos hacer.
Aprender del otro, de la gente del barrio, de las otras disciplinas,
sin necesidad de convertirse en el otro. Esto significa un esfuerzo
entre ser aprendido y enseñar, un esfuerzo en la propia clasificación,
en la propia mirada, sin que se convierta en sentido común o en
ideología, poder producir conocimiento sobre esto es parte del desafío
y del encuentro. La interdisciplina sólo puede darse con disciplinas
fuertes, para ello es importante unir estas experiencias con la
formación académica.
NOTAS
1. Antropóloga de Planta del área programática del Hospital Santojanni.
Docente de la Universidad de Buenos Aires. Bacacay 5518 (1407) Cap.
anibal@inti.gov.ar
CITAS
1. ( Lorusso, 1987)
2. (Cattáneo 1988)
3. Menéndez (1991). Seminario dictado en la Facultad de Filosofía
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