|
|
Modalidades de Apropiación del Patrimonio:
El Museo y su público*
Carla Altamirano
Carolina Crespo
Erica Lander
Natalia Zunino
Estudiantes de Ciencias Antropologica. FFyL-UBA Pasantes en
el MMAHH. Secretaria de Cultura-GCBA |
Introducción
Esta ponencia presenta algunas conclusiones preliminares
que se desprenden de la investigación que se lleva a cabo acerca del público visitante
al Museo José Hernández (Secretaría de Cultura de la Ciudad), en el marco de un
programa de pasantías para alumnos de Antropología que se realiza a través de la
Sección de Folklore del Instituto de Ciencias Antropológicas de la F.FyL.-U.B.A. La
etapa de la investigación en que se apoya esta comunicación ha sido realizada durante
los últimos seis meses de 1996, por un grupo de estudiantes de esta carrera. (1)
El Museo José Hernández se encuentra emplazado en el
barrio de Palermo Chico sobre la Avenida del Libertador. Se trata de una casona de estilo
francés, que fue donada a mediados de siglo, por la familia Bunge, a la Municipalidad de
la Ciudad de Buenos Aires. Cuenta con tres salas con exposiciones permanentes, una sala
para exposiciones temporarias y un jardín interior. En la sala principal, donde se pueden
apreciar las características de la construcción de estilo europeo distintivo de este
barrio residencial - molduras, amplios ventanales, mármoles -, se exhibe platería
criolla. Atravesando el jardín, se accede a las otras dos exposiciones. Una, con
artesanías textiles, tanto criollas como indígenas y, otra, dedicada al gaucho. En ambas
se encuentran ambientaciones que contextualizan el uso de los objetos y representan
escenas de la vida cotidiana.
Cuenta además con una biblioteca especializada en folklore
y un local de venta de artesanías. El Museo también ofrece diversos cursos y talleres
así como servicios para docentes y personas discapacitadas. El público visitante objeto
de estudio ha sido segmentado por la Dirección del museo, en tres grupos según sus
distintas modalidades de acceso al mismo: docentes de nivel Inicial, quienes desarrollaron
durante 1996 una "experiencia participativa" dentro del marco de un proyecto
interinstitucional; visitantes que concurren espontáneamente a la institución y personas
pertenecientes a centros de jubilados o integrantes de lo que se llama habitualmente
tercera edad, a los que especialmente se los invitó a colaborar con el trabajo de
investigación.
En el caso del primer segmento, la "experiencia
participativa" es concebida por parte de las autoridades del Museo, como una
actividad que permita al docente interpretar y resignificar el potencial educativo del
Museo diseñando él mismo -en función de las particularidades de su hacer pedagógico-
la visita que realizará con sus alumnos. Por parte de las autoridades escolares, se trata
de una actividad que se inscribe dentro de los lineamientos de la Reforma Pedagógica,
especialmente en lo que se refiere a la apertura de la escuela hacia otras instituciones
de la sociedad. El objetivo principal del estudio del público docente interviniente en
esta "experiencia participativa", era explorar sus concepciones acerca del museo
como institución y de las temáticas tratadas por el mismo, y realizar una estimación de
la incidencia de dicha "experiencia participativa" en la transformación -o no-
de sus preconceptos. En el caso del segmento de los visitantes espontáneos, el objetivo
era conocer el perfil del público y su opinión sobre el museo y las exposiciones.
También, y en función de la temática del museo y de las
expresiones favorables que dejaban los visitantes en el Libro de visitas, se dirigió la
investigación a profundizar acerca de las nociones de identidad y tradición que ponían
en juego al interpretar la propuesta del museo.
El objetivo inicial formulado para el estudio del sector
conformado por la tercera edad era lograr un conocimiento sistemático de sus necesidades
cognitivas y simbólicas como público de este museo en particular (2). En principio
indagamos acerca de diversas percepciones internalizadas, como la imagen de museo y las
funciones sociales y culturales que cumple la institución. Como segunda instancia
profundizamos en las formas de percibir, apreciar y conceptualizar diferentes aspectos que
resultaron relevantes para la temática del museo.
La metodología de campo empleada en este estudio ha
consistido en la realización de entrevistas abiertas, focalizando nuestro interés en
determinadas temáticas, junto con la técnica de observación con y sin participación. A
través de dichas herramientas nos iniciamos en la exploración de las diferentes formas
de apropiación cognitiva que el público visitante hace del Museo y de su muestra.
Partimos de la hipótesis de que las diferentes formas de
apropiación están influidas tanto por las concepciones acerca del Museo como
institución como por aquello que se considera nuestro patrimonio cultural.
Acerca del público frente a la propuesta del museo En los
últimos años se ha ido desarrollando, en el campo de la museología, un nuevo concepto
de museo y de sus funciones , a partir del cual se concibe al público como un sujeto
activo y participativo, que interactúa con el mensaje expositivo. Esta nueva concepción
se opone a la tradicional para la cual existe un curador que es el responsable del montaje
de la exposición, y un público, concebido como un mero receptor de la muestra. La
exposición ya no es concebida como algo estático sino como un lugar de construcción de
sentido en la cual existe una relación interactiva entre el público y lo expuesto. La
muestra o exposición no brinda un único mensaje sino que éste es interpretado y
resignificado por el visitante de acuerdo con sus vivencias y bagaje cultural, de acuerdo
con su propia historia.
El cambio en la percepción del público está emparentado
con el cambio en la concepción de museo que se ha producido en los últimos años. Estos
cambios se pueden resumir en cuatro aspectos (Cf. Asensio y Pol):
1- Un cambio epistemológico: Se pasa de una concepción
positivista o neopositivista, en la cual predomina la acumulación de datos; a una
perspectiva racionalista donde importan las teorías que permiten explicar esos datos.
2- Un cambio disciplinar: Se pasa de una perspectiva
descriptiva con un enfoque taxonómico a una perspectiva explicativa, en la cual el
enfoque es relacional.
3- Un cambio museológico: Se pasa de la concepción de
museo almacén, donde lo importante es la clasificación y catalogación del material
acumulado, a una concepción del museo más comunicativa, en la cual el énfasis está
puesto en la difusión.
4- Un cambio en el papel del visitante: Antes se pensaba en
un público experto, elitista, con una actitud pasiva y contemplativa ante la pieza.
Actualmente se piensa en el público como masivo, no experto, con una actitud activa y una
intención comprensiva. Cuando se hace referencia al hecho de que el visitante debe tener
una actitud activa, esto es básicamente a un nivel cognitivo, intelectual y emotivo, no
necesariamente a nivel motor o conductual. De esta manera, la variedad de significados que
un objeto evoca son captados por medio de niveles cada vez más complejos de elaboración
intelectual, no sólo a partir de la identificación vivencial con lo visto.(3)
Creemos en la potencialidad del museo para quebrar los
estereotipos que llevan a pensar al mismo y a sus muestras como estáticas e inmutables,
sin contacto con el presente. Creemos que éste debe generar y permitir un espacio de
reflexión, de apropiación por parte de los sujetos, donde al "contar la
historia", ésta sea entendida con cruces y heterogeneidades. Proponemos concebirlo
..."como un campo activo en la creación de nuevos sentidos sociales, sobre la base
del reconocimiento y el respeto a la diversidad "... (Batallán; 80).
En el caso del Museo Hernández en particular se pretende
fomentar el pensamiento crítico sobre temáticas específicas tratadas en las muestras
-el gaucho, la tradición, la identidad- para que la didáctica resultante acerque al
público nociones más dinámicas y no estereotipadas. Es en este marco que resulta
imprescindible plantear la discusión tanto sobre el público como sobre la muestra desde
una perspectiva interdisciplinaria.
Los conceptos previos del visitante y la interpretación de
la propuesta del museo Nuestra investigación partió del supuesto de que todo mensaje es
resignificado por el receptor. Dicha resignificación estaría determinada por un lado,
por la posición del mismo dentro del espacio social -es decir, según su bagaje de
conocimientos anteriores-; y por el otro, por el lugar donde el mensaje es emitido.
Teniendo en cuenta todo esto y lo anteriormente expresado acerca del público como sujeto
activo, es que consideramos relevante indagar acerca de la apropiación por parte de los
visitantes del mensaje expositivo que brinda el museo. Tendríamos que aclarar que al
haber trabajado con tres grupos de visitantes diferentes, y con ciertos objetivos
específicos para cada segmento, en la información recogida encontramos variaciones en
las percepciones y valoraciones acerca de lo visto, pero que, a fin de elaborar este
informe, se trató de focalizar en algunos ejes discursivos comunes a los tres grupos en
estudio, dejando constancia que han quedado sin tratar otros temas que serán
profundizados en trabajos futuros. Por otra parte, a partir del trabajo cualitativo nos
propusimos considerar las distintas "voces" encontradas que, en tanto discursos
sociales posibles, nos permitieron rescatar la variabilidad existente poniendo de
manifiesto la complejidad de la realidad. A través de la información obtenida en el
campo, reconstruimos la idea que se tiene acerca de la función del museo, no desde el
"deber ser" establecido, sino a partir de rastrear diversas posiciones y
experiencias de los sujetos que visitan los museos. Tarea de indagación que nos
permitirá llegar a comprender la diferencia entre el mensaje que la gente construye en su
experiencia como público, y el mensaje que el museo quiere emitir o cree emitir para ese
público.
Como toda institución, el museo es percibido, por el
público en general, como portador de ciertas "funciones", como ámbitos que
desempeñan roles específicos dentro de la sociedad. Dichos roles, que pueden ser
compartidos con otras instituciones sociales, son los que le dan una marca original, y
condiciona la relación que se establecerá entre el museo y los actores sociales.
Reiteramos esta idea, como la principal de nuestra ponencia: frecuentemente, las
"funciones" que tiene una institución para el sentido común, no son
necesariamente coincidentes con lo que la institución pretende tener o cree tener.
A partir del análisis de las entrevistas se desprende que,
algunas de estas "funciones", son concebidas casi de manera lineal y acrítica
por el público asistente a las muestras museográficas, como características inherentes
a la institución. Pero, concurrentemente existe cierta diversidad en cuanto a estas
concepciones.
Para el público, el museo cuenta la historia
"verdadera", a diferencia de otras instituciones u otros ámbitos (escuela,
medios masivos de comunicación, etc.). Pero lo significativo es que a partir de la
muestra han surgido diferentes visiones del pasado: para algunos, el museo muestra un
pasado sin "contaminaciones" de variables políticas o sociales, es decir, es
percibido a partir de una visión romántica; para otros es un espacio estático,
exótico, perteneciente a los "otros"; con el que se establece un vínculo
distante; finalmente, en otros casos, es un espacio vinculado a la evocación de la propia
experiencia afectiva del pasado, de sus recuerdos o de un patrimonio que se supone
definitivamente compartido. En tanto espacio recreativo, el museo es percibido como un
lugar donde se encuentra algo distinto a lo cotidiano, como un ámbito exótico, detenido
en el tiempo.
La institución Museo es percibida también como lugar de
reconocimiento, reactualización compartida de las raíces colectivas, posiblemente a
partir de una necesidad insatisfecha de comprensión de los orígenes heterogéneos del
"ser argentino".
La función educativa del museo es asumida como un apoyo
material a los conocimientos tratados en la escuela, como institución difusora de
conocimientos. Esta función, se encuentra vinculada con la noción de legitimidad: el
Museo presta una supuesta objetividad a lo enseñado en la escuela; la muestra
museográfica ofrece lo "verdadero", lo "real".
La función educativa del museo fue destacada por los tres
grupos de visitantes analizados; pero, en particular, encontramos en el discurso de los
docentes de nivel inicial -en coincidencia con lo desarrollado por Massa en un estudio
sobre los docentes que visitan el Museo Etnográfico- que su motivación para realizar la
visita estaba relacionada con un sentido didáctico: buscaban la experiencia
"directa", el conocimiento de la "realidad".
Así es como la institución museo es vista como
depositaria del patrimonio cultural, y principalmente, como autoridad en el proceso
educativo, ya que transmitiría una verdad sustentada en las evidencias materiales
expuestas. Los entrevistados han puesto énfasis en los conocimientos adquiridos a través
de la visita al museo y algunos de ellos han realizado una clara diferenciación entre
éste y la escuela, adjudicándole al museo el "conocimiento de la verdad". El
museo es concebido como un ámbito que brinda la posibilidad de "contar la
historia" como ha sucedido realmente, siendo la experiencia directa de las evidencias
materiales la que permitiría acceder a la misma. En contraposición, la escuela, basada
principalmente en el conocimiento teórico, ha sido difusora de las diversas corrientes
historiográficas que han inventado, modificado u ocultado aspectos de nuestra sociedad.
De esta manera, se pierde de vista el carácter interpretativo e intencional implícito en
la muestra, en tanto exposición diseñada por sujetos. Una de las funciones del museo que
se presenta como una necesidad del público, es la de que este ámbito sea un espacio
activo,
similar al de un centro cultural; donde exista un
intercambio más dinámico entre el público visitante y el Museo, en el cual, el primero,
sobrepase el papel de mero observador, convirtiéndose en actor importante en la relación
público-institución. Una función que prácticamente no es tenida en cuenta por el
público, es la de ser un centro de investigación o por lo menos la de un lugar donde se
reelaboran con fines de divulgación conocimientos obtenidos en trabajos de
investigación. Creemos que esto se relaciona con estereotipos que se tienen sobre la
institución: visiones estáticas, en las cuales se asocia al museo con un lugar donde se
exhiben o se conservan objetos, los que por sí mismos y en sí mismos son portadores del
conocimiento, sin mediaciones. Por otra parte, recuperamos de las entrevistas ciertas
nociones previas acerca del museo como institución en general: como un espacio frío,
grande, oscuro, sucio, con olor a viejo. También la expresión de sorpresa del público
entrevistado, así como las felicitaciones encontradas en el libro de visitantes del Museo
Hernández tanto por el cuidado del patrimonio así como por el mantenimiento del
edificio, nos estaría indicando por contraste la vigencia de este preconcepto negativo.
Preconcepto que subsiste no obstante que la presentación actual de casi todos los museos
de la ciudad lo contradicen. Tal vez en próximas indagaciones debería explorarse la
conjetura de que tal sorpresa, indicador de contrastes entre los esperado y lo encontrado,
se activa al constatar inesperadamente que existen en la Argentina espacios estatales
donde se cuide el patrimonio colectivo(4) .
También se recuperó la vigencia de ideas previas sobre el
museo como un lugar aburrido y rígido, un lugar donde la transgresión a las reglas
estaría resguardada por la figura del vigilante, donde quedaría "prohibido"
tocar, hablar en voz alta, traspasar ciertos límites, etc. Hemos registrado, por ejemplo,
que en el caso de los docentes se cuida que los alumnos no toquen los objetos, procurando
a su vez que no levanten la voz; pero además, los visitantes en general hablan en voz
baja.
Sin perder de vista ciertas excepciones, el museo fue
recorrido de manera ritualizada, aunque los tiempos de visita variaban entre entre los
distintos segmentos de público y al interior de los mismos. Estas concepciones acerca del
museo como institución inciden en las diversas maneras de apropiación tanto del museo
como de su contenido.
Así, en relación a la forma en que se despliega el
contenido de la muestra del Museo Hernández, ha sido significativa la sorpresa expresada
por los visitantes respecto a los recursos utilizados para emitir el mensaje: dioramas,
disposición de los objetos, utilización de las voces de los actores, entre otras. En
cuanto al contenido, los entrevistados señalan que la imagen del campo y del gaucho son
aspectos primordiales de la tradición. La figura del indígena es soslayada por los
docentes, mientras que en los ámbitos de la tercera edad y de los visitantes
espontáneos, ésta ha quedado definitivamente vinculada a la "argentinidad"
aunque tal vez en forma genérica: "los indios". Por el contrario, la figura del
inmigrante, es excluida, en general, como agente conformador de la tradición. Los
visitantes, en su mayoría pertenecientes a los sectores medios de la sociedad, aceptan
que la Argentina fue construida con el aporte del inmigrante pero este aporte es excluido
de la tradición con racionalizaciones que apuntan por un lado, a su incorporación
reciente, frente a una continuidad originada en un pasado más lejano en el tiempo o a un
criterio taxonómico estereotipado, "este es el museo de José Hernández, es del
gaucho, lo de los inmigrantes tiene que ser en otro museo". Pero desde una
aproximación más profunda, podríamos decir que existiría un vínculo entre el
cuestionamiento acerca de la integración del inmigrante y la identificación con el
gaucho, que nos estaría hablando, a su vez, de la idea de tradición y de identidad
históricamente construidas a través de la escuela.
Por un lado, la representación de l gaucho se perpetua a
través de una imagen romántica y telúrica que se materializa al caracterizarlo como un
ser solitario, que no mantiene relación sino con sus pares, único habitante del campo,
amante del caballo y la diversión de pulpería. El gaucho no sólo aparece como un
"ellos" perteneciente a un tiempo y espacio ajeno a nuestro presente urbano,
sino que se cosifica a tal punto que se le reduce humanidad: "Vimos como vivían los
gauchos y las personas..." Pero por otra parte, hemos registrado que ha sido
incorporado el contexto sociohistórico en que esta figura cobra sentido. Los visitantes
han reclamado reiteradamente mayor profundidad en los aspectos cotidianos, lo que la
"gente común" hacía diariamente, desplazando el foco de interés desde una
visión clásica de la historia, donde los hechos políticos o los políticos mismos son
los importantes, a una visión social de la historia, donde la gente, su vida, sus
costumbres, sus relaciones con los indígenas, sus pensamientos, sus valores, sus
problemas serían los relevantes:"como hacían el barro", "un rancho por
dentro", "comidas regionales", "trabajos familiares",
"herramientas", "ropa", "cosas cotidianas", "rol de la
mujer", "bailes", "juegos", "sufrimientos", fueron
algunos de los términos registrados.
En ambos casos, el gaucho es el eje a través del cual se
teje la idea de tradición Lo tradicional aparece encarnado en los objetos
"típicos", aquellos incluidos en el mundo gauchesco cotidiano (el mortero, el
arado, las espuelas, las botas de potro, etc.). Así, "tradición" es un
concepto que se define por extensión a través de objetos fijos asociados al gaucho, al
campo y al pasado. De igual manera, cuando se habla de identidad reaparece "lo
fijo". En efecto, "nuestra identidad" se asocia a la tierra (nuestras
raíces) y al pasado. Podríamos remontarnos a fines del siglo pasado para comprender
cómo estas imágenes del gaucho, de la tradición y de la identidad fueron construidas a
través de la escuela -principal instrumento que permitió la homogeneización cultural
con el fin de posibilitar la construcción de un sentimiento nacional, en un período en
que la heterogeneidad era vista como un peligro de disolución social (Romero 1994)-. En
principio, podríamos pensar que la figura del gaucho fue idealizada como parte de una
necesidad de estigmatizar la imagen del inmigrante, quien comenzaba a modificar la
estructura social argentina, representando un "peligro" para los sectores
dirigentes de aquella época. +ste, que hasta ese momento tenía una imagen vinculada a la
ignorancia, la holgazanería, la negligencia y la carencia de aspiraciones de progreso,
pasa a ser un símbolo, un ideal de vida y de conducta (Blache; 57-58). Contrariamente se
registra un cambio en la imagen del inmigrante; quien inicialmente fue visto como
depositario de todas las posibilidades de progreso del país -visión correspondiente a
los primeros años de la segunda mitad del siglo XIX-, más adelante quedaría
estereotipado como "inescrupuloso y materialista", como responsable del
cosmopolitismo registrado en las primeras décadas del siglo XX, ..."todos los
conflictos sociales y políticos, todo cuestionamiento a la dirección de la élite
tradicional, podía ser atribuido a los malos inmigrantes, a los cuerpos extraños, a los
extranjeros disolventes, incapaces de valorar lo que el país les había ofrecido"...
(Romero; 35) Hemos notado que en las últimas décadas esta nociones acerca de la
tradición e identidad se han ido complejizando, y podríamos pensar que esto, tal vez, se
deba a la mayor difusión de la problemática social, incrementada sobre todo a partir de
la apertura democrática. Ciertos hechos pueden haber contribuido a ello: los medios de
comunicación cumpliendo un rol cada vez mayor en la formación de la "opinión
pública"; el debate en torno al Quinto Centenario; la importancia de la historia
social dentro de las ciencias sociales; como también, dentro del campo literario; el auge
de las novelas históricas desmitificadoras de la figura del "prócer". Esto
podría explicar ciertos cuestionamientos en relación al gaucho y a la argentinidad
relevados a través de las entrevistas, cuestionamientos que podrían ser pensados como
quiebres en las nociones estereotipadas de las que veníamos hablando. Es así como no hay
una absoluta convicción en cuanto a lo que representa al argentino; "el gaucho es la
imagen que se vendió al turismo del exterior, pero no somos ni gaucho"; "yo
pienso en el gaucho, aunque por ahí es erróneo, porque el gaucho es característico de
la pampa, más que nada. Por ahí, los indígenas también son con mucha más razón a lo
mejor argentinos". No obstante, en el libro de visitantes hay indicios de otras
posibilidades de interpretación distintas a las encontradas en la investigación de
campo, "este es un museo, donde ver lo auténticamente criollo, un poco de aquí y de
allá y de todo lados". El tema es especialmente importante para la institución
teniendo en cuenta que en las hojas de sala se hace continua alusión al carácter
híbrido y procesual de la tradición o en casos más concretos se muestran piezas de
platería criolla realizadas por plateros de origen francés o italiano, por ejemplo.
Frente a un mismo mensaje expositivo, vemos que los distintos actores han activado
mecanismos de asociación, de inclusión y exclusión, de negación o afirmación para dar
cuenta de diferentes y complejas percepciones, apreciaciones y conceptualizaciones del
patrimonio.
Suponemos que estos mecanismos puestos en juego son
importantes al momento de la interpretación de la muestra, es decir, que inciden en las
posibilidades de la apropiación cognitiva por parte del público visitante.
Para concluir podemos decir, siguiendo a Garcia Canclini,
que el aspecto menos conocido de los museos es el público; y si consideramos que estas
instituciones -abiertas a la participación del público en general- conforman un
"momento" del proceso comunicacional social(5) , vemos que investigaciones como
ésta son imprescindibles para el conocimiento de las percepciones, apreciaciones y
conceptualizaciones que el público hace de los museos y sus muestras.
Todo lo dicho hasta el momento nos lleva a concluir que la
investigación del publico en los museos es una necesidad de la politica cultural actual
o, como se plantea desde la Direccion del Museo Hernández, un servicio permanente del
museo a la comunidad. Indagar acerca de las necesidades, motivaciones, percepciones,
actitudes, demandas y propuestas del público visitante, adquiera relevancia, no sólo
para el armado de la muestra, sino también para que los museos logren cumplir con su
función educativa bajo una concepción participativa, lo que permitiría que la
democratización cultural se lleve adelante. En este sentido, no fue nuestro objetivo en
este trabajo establecer conclusiones generales, sino reflejar nuevas líneas de
investigación que permitan continuar desarrollando el trabajo. Consideramos que, si bien
existen cifras globales de asistencia del público a los museos, sin embargo se desconoce
aún hoy, las razones que lo moviliza, que es lo que prefiere y rechaza, las maneras en
que se apropian del patrimonio los diversos grupos y que dificultades encuentran para
relacionarlo con su vida cotidiana. Esto presenta un gran desafío, no sólo a los
programas culturales sino también a los científicos sociales, si queremos lograr una
participación del público y los usuarios en el desarrollo de la cultura (Canclini;
1989:20).
Por último, queremos destacar la relevancia de la
inserción de la Antropología dentro del ámbito de gestión quebrando las barreras que
la han sumergido exclusivamente en la investigación académica o en la docencia. Si
-"el patrimonio cultural se encuentra ligado a la(s) identidad(es) de una Nación
" (Perez Gollan; 85), se abre un espacio para los antropólogos en el ámbito
estatal, que le aportaría a la redefinición de su especificidad. A su vez, su
contribución podría ser sumamente valiosa; en principio, por su tradición histórica en
el estudio de la construcción de las identidades y de los procesos culturales, pero
además, por su abordaje metodológico cualitativo, basado en la observación-participante
y la entrevista en profundidad que se impone en los estudios sobre dicha problemática.
Notas
1 El programa de pasantías se inció en 1995 y se lleva a
cabo bajo la dirección docente de la Lic. Ana María Cousillas, actual directora del
Museo y docente de la Cátedra de Folklore General, departamento de Ciencias
Antropológicas, FFyL.UBA. Durante 1996 participó en calidad de docente auxiliar Vanesa
Harari, personal de dicha Cátedra. Además de los autores de este trabajo, Corina
Courtis, María Freyche, Pablo Legarreta y Angel Serrano, conformaron parte del equipo.
Una version prieliminar de esta ponencia fue presentada en las IV Jornadas de jovenes
investigadores en Ciencias Antropologicas, en mayo de 1997, en el INAPL.
2 El museo, que en un primer momento fue creado para una
élite del gusto y del saber, ha pasado actualmente a servir a una sociedad de masas. El
museo promueve la difusión de manifestaciones representativas de la cultura y, en este
sentido, conjuga en sí mismo un papel comunicador -educativo- junto con sus otras
funciones: la de conservación e investigación. En este trabajo nos centraremos en su
función comunicativa.
3 Podemos citar los términos utilizados por Cimet y Gulleo
respecto a este último punto, se apela a un sujeto histórico, capaz de pensarse como
integrante activo del proceso de construcción y reconstrucción de la historia, no sólo
a un sujeto emotivo que activa la identificación vivencial a partir de ver reflejada su
vida personal en diversos aspectos de la muestra. El visitante puede realizar una
"observación activa" cuando se logra "...el entretenimiento meramente
estético de una visita a un museo, combinado con una estimulación emocional, y
finalmente intelectual..." (Lwow, 187). Esto sólo podrá producirse si lo observado
responde a sus intereses, logrando captar su atención y provocando curiosidad (Dufresne y
Tassé; 1991:189). Un dato interesante a lo largo del trabajo realizado, fue la
reiteración del efecto "sorpresa" acerca de alguna información o de lo visto
en el Museo. Esta "sorpresa" no sólo nos estaría hablando de expectativas
previas a la visita sino que también nos dice que se produjo un compromiso emocional e
intelectual, al lograr que el visitante evoque recuerdos, imagine situaciones
desconocidas, intente comparar experiencias, reflexione acerca de conocimientos
anteriores, rechace información que no cree adecuada, etc. Estos diferentes procesos
sólo pueden ser activados si la muestra está adecuadamente preparada y presentada,
explicitando vínculos, contextuando los objetos, dándoles significados, sugiriendo todo
esto a través de la escenificación, etc. (Sola; 34) Esto es lo que permitiría que el
público sea capaz de construir el sentido social y cultural que han tenido las piezas
exhibidas. Por otra parte, esto último también se logra por diferentes caminos, por lo
que el museo no debería descuidar ninguno de los medios de comunicación para desarrollar
el mensaje, permitiendo que este sea aprehendido por todos los visitantes y no sólo por
los que estarían mejor posicionados en el campo cultural e intelectual.
4 Ana Cousillas se encuentra trabajando con las expresiones
del publico en los libros de visitantes, y ha encontrado evidencia para sustentar esta
idea.
5 Concepto utilizado tanto por García Canclini como por
Sola.
Bibliografía
ASENSIO, Mikel y POL, Elena; Cuando la mente va al museo:
un enfoque cognitivo- receptivo de los estudios de público,s/f, mimeo
BATALL-N, Graciela; "Museos, Patrimonio y Educación.
Reflexiones en el Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti.; en: Museos y Sociedad, Bs. As.,
CEAL, 1993, pp. 73 a 81
BLACHE, Martha; "Folklore y nacionalismo en la
Argentina: su vinculación de origen y su desvinculación actual" ; en Revista de
Investigaciones Folklóricas UBA Ní6, Dic. 1991, pp. 56 a 66
CEBALLOS, Rita; "Los nuevos desafíos de la
Antropología Argentina"; en : Antropología y Políticas Culturales. Patrimonio e
Identidad, Rita Ceballos (ED.), Bs.As. 1989, pp.43 a 52
CIMET, Esther y GULLEO, Julio; "El público de Rodin
en el Palacio de Bellas Artes"; en: VVAA; El público como propuesta. Cuatro estudios
sociológicos en museos de arte, México, INBA, 1987, pp. 67 a 100
DUFRESNE-TASS+, C.; "Algunos datos sobre las preguntas
formuladas por visitantes adultos en un museo"; en: Conferencia anual ICOM CECA,
Canadá, Universidad de Montreal, 1991, pp. 189 a 208
GARC-A CANCLINI, Néstor; "Museos y público: como
democratizar la cultura"; en: El público como propuesta, pp. 51 a 63
------------------;"La política cultural en países en vías de desarrollo", en
: Antropología y políticas culturales. Patrimonio e identidad; pp. 7 a 25
|
|