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Las Estructuras Religiosas Mapuche-Pehuenche y su Influencia en
las Acciones Locales
Nuestros antepasados tenían gran carino a su tierra, y querían
mucho a sus reducciones. Contaban con sus cerros, montes, quebradas,
arroyos y con variedades de árboles hermosos, con todos los animales
del campo, todos los animales del monte y todo tipo de pájaros.
Por todos lados tenían la hermosa vista de sus campos; los hallaban
muy bonitos. Así, apreciando de corazón su tierra, tenían sus buenos
campos donde vivían felices, ocupados en sus trabajos, tierra de
vida y cantares, tierra de nguillatunes. Por eso no querían entregar
su buena tierra a gente extrana. Por tal motivo, cuando llegaron
los españoles a esta tierra se enojaron mucho.
Por Dario
Jaña |
Desde la llegada de los primeros colonizadores a la zona Sur de
Chile, la población indígena Mapuche sometida a la presión y destrucción
de los poderosos y extraños cuerpos armados por la "fe católica",
lograron resistir casi 2 siglos conservando su territorio y la más
pura riqueza de sus creencias y mitos. Sus cualidades simbólicas
parte de las cuáles son expuestas en el párrafo anterior, quieren
no por menos dar inicio a este planteamiento que se "encarama"
hacia la lógica religiosa mapuche-Pehuenche describiendo no sólo
una fracción en la cosmovisión frente al mundo natural y físico
que este pueblo posee, sino que pretende además demostrar cómo estos
hechos son la fuente de sus acciones reflejadas en el uso de la
lengua mapudungun y en su paso de existencia sobre la mapu, la tierra.
La cantidad de Mapuche en Chile lo conforman alrededor del 35%
de la población nacional y aproximadamente un 0.5% representa a
la población Pehuenche que habita exclusivamente a las orillas del
río Biobío en la zona Cordillerana de los Andes de la VIII y IX
región. La cultura Pehuenche si bien han sido en un principio de
orígen Mapuche, se han especializado en la antigua caza del Guanaco
(Lama guanicoe) y la recolección de vegetales y piñones habitando
en un principio la pre- y cordillera andina entre las VII y X regiones
(Chile es dividida en XII regiones).
Pehuenche en lengua vernácula significa "Gente del Pehuén":
Che= Gente y Pehuen= fruto de la Araucaria araucana, árbol milenario
de la familia de las Coníferas que habita sobre los 1.000 msnm y
cuya longevidad se a calculado sobrepasa los 1.500 años de edad.
Es una especie endémica de la zona sur de Chile que sólo logra desarrollarse
en climas de tipo estepáricos de altura.
En estas circunstancias, la población Pehuenche cuál mantiene una
estrecha relación "mítico-religiosa" con éste árbol, ha
desarrollado una economía tradicional de subsistencia sobre la base
de circuitos nómades estacionales, es decir, habitar terrenos de
"invernada" ubicados a orillas de los ríos y esteros para
luego trasladarse y mejorando las condiciones, a los lugares de
la "veranada" situados en las partes altas de la Cordillera
de Los Andes. Este ciclo anual consituye un capítulo "primordial"
de su economía: en sus desplazamientos estacionales transportan
pertenencias y animales mayoritariamente del tipo caprino y ovino,
permaneciendo de 3 hasta 6 meses dependiendo de la cantidad de pastos
existentes y las condiciones climáticas.
Con la presencia de bosques de Araucaria que generalmente se situan
en los terrenos de veranada desarrollan la tradicional actividad
de "colectar Piñones" que les significará por un lado
alimento para su propio consumo y por el otro como un recurso para
la venta o "trueque" por productos o forraje para animales.
En la práctica, ésta es una de las escasas actividades económicas
remuneradas que existen en la zona, discutiéndose hoy en día la
construcción de 7 centrales de generación hidroeléctrica que afectarían
seriamente todas sus actividades y modo de vida y si ésta representa
una verdadera alternativa para su desarrollo. Las mujeres por su
parte preparan textiles los cuáles son vendidos a los escasos turistas
que transitan por el área o son trasladados a los pueblos más cercanos.
En la acción de piñonear participan todos los integrantes de la
familia y es realizada por la totalidad de las comunidades indígenas
Pehuenche. Los sitios de veranada y la distribución de las "piñoneras"
entre los miembros de la comunidad fueron asignados antiguamente
al primer decediente de su linaje y se constituyen bajo el concepto
de terrenos de uso "comunitario".
Esta íntegra concepción sobre el uso de los recursos que los ha
mantenido durante siglos a significado además la conservación de
estructuras confijuradas a un plan de medicina que ellos entienden
como un componente insustituible de la religión, extrapolarizado
a un sistema mayor constituido por la ejecución, por un lado, de
labores de sanación en el machitún por parte de la machi y sus "ayudantes"
y por el otro al rito de oración y sacrificio en la cuál la comunidad
participa llamado nguillatun.
Estas actividades de "saneamiento o purificación" en
la medicina tradicional indígena a diferencia de la concepción occidental
es, precisamente, un acto vinculado a las acciones locales donde
el "enfermo" sometido a la acción de los "saneadores"
meditan y se manejan en el concepto de "unidad". El machitún
es un acto que carece de dimensiones en las esferas sociales y míticas
en que éste se desarrolla, es un acto consagrado por los "dueños"
de la tierra donde el kultrun, el rewe y el fuego sagrado acompañana
la machi desde la identificación del mal, su exorcisación hasta
la "aplicación" de las medicinas y adopción de los conocimientos
pertenecientes a la enfermedad.
El éxito de la machi en su labor contra los espíritus maléficos
evidencia la eficacia de las concepciones religiosas y mitológicas
de esta sociedad. La consagración de ésta mujer es caracterizada
en un principio por la existencia en "sí" del fileu, un
espíritu que mantiene el poder y sabiduría que Dios, chachao ngenechen
posee y que ha entregado al pueblo mapuche. Alonqueo, filósofo mapuche
señala que el fileu es el espíritu "de un antepasado machi
que se encarna en ella para mantener la cadena de oro" que
une a la consagrada con las anteriores machi.
El segundo paso que debe realizar la aspirante es el de renovar
las antiguas expresiones simbólicas del pueblo representadas en
el rewe: esto significa por un lado sustituir las ramas del árbol
sagrado que acompañan este sitio y el cambio del kemú-kemú, los
peldaños que constituyen el rewe enterrado al suelo y labrado para
identificar el poder entregado por ngenechen y que es símbolo además
de la vida de la machi consagrada cuál usó este kemú desde su iniciación.
De hecho, el "totemismo" representado es ciertamente la
realización de una "extención" de energías almacendas
desde los antepasados que habitaron la tierra encontrando en ésta
representación de sus divinidades, el nudo cultural que mantiene
y nivela las acciones de la curandera y la comunidad.
Cada peldaño (son 7) representa una etapa para llegar a ngenechen
donde en definitiva se conservan las fuerzas, el wenumapu. Al realizar
sus rito de sanación, ella concurre a un estado de trance "autosugestionado"
en el cuál nombra el poder de las divinidades para lograr exorcisar
al wekufe presente en el cuerpo del afectado. Mensajes son "enviados"
desde los espíritus presentes en el rewe, en el agua, en el fuego
cuáles son "interpretados" por la machi. Las oraciones
dirigidas para expulsar el mal se dirigen, como lo mencionamos en
un principio, a las divinidades principales, como también a los
antecesores de la familia del enfermo.
Machitun es un acto colectivo, comunitario, en que los afectados
no es una persona sino que puede llegar a ser toda la comunidad.
Es por ello que los ritos de purificación van dirigidos también
a los familiares los cuales por cierto, participan activamente con
cantos y gritos que ciertamente tienen un alto poder en la eficacia
de la sanación: todos están luchando para "limpiar" el
cuerpo del wekufe. Invocando a ngenechen pedirá fuerzas para que
entre al cuerpo de la víctima el espíritu que reconocerá el mal
y podrá determinar los remedios.
La machi friega con hierbas al enfermo a la véz que continúa cantando.
Las plantas medicinales utilizadas son aplicadas en forma homóloga
al mal que acongoja al cuerpo. Al respecto Grebe ordenó 65 plantas
en: rekutran, wekufetún, kalkutún, kisukutran y kontra-lawen. El
rito llega a un climax. El alma de la machi viaja desde el primer
piso del rewe hacia la tierra de arriba donde se comunicará con
el otro mundo para "a-pre-hender" de la enfermedad, recibiendo
de ellos las herramientas y medicamentos necesarios para hacerle
frente.
En definitiva, con este "traspaso" de información en
"presencia directa del fileu" que acompaña a la machi
radica el "poder de curar" las enfermedades. La machi
siempre es acompañada de su kultrun, un tamborcillo de madera cubierto
con cuero de caprino y relleno con semillas y piedrecillas cuál
representa el Universo del Mapuche, el simbolismo de la concepción
del planeta, los componentes de la familia creadora cuáles detallaremos
más adelante. Esta "unión" entre la machi y sus antecesores
arraiga sin lugar a dudas el concepto de "territorio"
en la cosmovisión religiosa.
En efecto, el suelo, la mapu significa para el mapuche la existencia
de lo sobrenatural, significa la presencia del hombre incerto en
el medio que le rodea. Constituye para ellos los espacios sagrados,
el sitio propio donde se llevan a cabo los contratos y alianzas
entre ngenechen y los mapuches. Podríamos asimilarlo a la definición
de "ergo-endosistema" en que las cualidades de la tierra
le brindan beneficios al hombre y mujer y que por su parte, la tierra
requiere de sus sacrificios.
Esta "propiedad", el suelo que representa al estado Mapuche,
viene a ampliar sus dimensiones conceptuales a la tradición etnoliteraria
que significa continuar la identidad como pueblo. Existen abstracciones
del mundo reflejadas en el desarrollo de sus expresiones, confeccionando
planes inconcientes (acciones) y consientes (fiestas, ritos) que
tipifica el "orígen" de las cosas, un principio real que
rige para todo ser en el planeta: animales, piedras, agua, cielo,
vegetales, insectos: constituyen la vida.
La religiosidad y citando a Gollucio es la "relación del hombre
con lo trascendente", es decir, su representación de lo natural
al concepto de palabra, gesto o acción. "Fijado" a esta
teofanía Mapuche-Pehuenche que significa orientar su mundo hacia
las acciones cotidianas se encuentra la máxima expresión de estos
hechos: el nguillatun, que más allá de ser una representacion simbólica
y dual de sus creencias, significa la correspondencia de su lengua,
tradición orientada a un futuro propicio.
La gran fiesta de oración es una "situación linguístico comunicativa"
que tiene por finalidad cambiar el estado físico de las cosas: existe
un "pasado" vinculado a los ancestros, ellos proveen de
sabiduría que ha sido entregada y es un acto "colectivo"
para su continuación, está el "presente" que fortaleze
las relaciones entre la comunidad local y los grupos familiares
en el conjunto de sus creencias y mitos los cuáles deben resultar
en la percepción de un "futuro", una meta cuyo objetivo
es una determinada acción basada en la satisfacción de las necesidades
a quienes en el pasado han fundado su apoyo manteniendo ese poder
con los seres que controlan el universo.
La "palabra", entonces, juega un papel transformador
que se refleja como la "unificación" de las acciones al
interior de los grupos. La lengua representa a la tierra y de ella
se desprende toda visión planetaria del entorno, toda acción social
en la comunidad y representa una obligatoriedad mantenerla. Esto
no significa "enseñar" o "transmitir" a los
jóvenes un determinado canto o acto ritual, por el contrario, representa
continuar los componentes que constituyen la identidad cultural.
En este sentido, el discurso ritual ya sea para "sanar"
o "pedir" cumple un papel trascedente al consituir el
medio que permitirá entrar en una relación concreta con las divinidades
en las cuáles recae la protección de las comunidades.
De esta forma se construye una realidad que representa justamente
la identidad creando vínculos mutuos entre los seres superiores
y los hombres. La vivencia de la comunidad no se puede concebir
de otra forma: el grupo se cohesiona confirmando la continuación
de la cultura logrando un mayor acercamiento a los objetivos rituales,
el mapuche depende y se relaciona profundamente con "respeto"
a los seres que le generan poder.
Todos los objetos tienen vida y realizan acciones positivas o negativas.
En sí, la machi es la portadora y la que oficia los rítos míticos
de existencia, es el agente de salud, la propiciante de música,
la adivina. La principal característica de esta mujer es su capacidad
de autoinducirse al trance y su identificación con los objetos y
símbolos. Su labor es el mero traspaso de los buenos espíritus al
enfermo a fin de que el wekufe, el espíritu maligno, abandone su
víctima. Y como se senaló mas arriba, es una misión que involucra
el llamado a los antepasados con su ritual de tambores y cantos
sagrados.
Por lo general sus cantos tienden a llamar la atención del espíritu
maligno, lo conmina a abandonar el cuerpo. Su canto es acompañado
por la respuesta de sus ayudantes o parientes con golpeteo de palines,
gritos y conjurios. Pero bajo esta concepción, el pueblo Pehuenhe
si bien desarrolla su actividad mística en torno a la Araucaria,
depende "medicamente" de la existencia de machi mapuche.
Esto no quiere decir que no hayan desarrollado su propio sistema
curativo, al contrario, existe esa virtud de comunión, de experiencia
y sabiduría. Los Pehuenche se desenvuelven sobre sus creencias del
Pehuen, ya que en él radica el orígen y el vigor que caracteriza
a esta sociedad.
A diferencia de los ngüillatunes mapuche, las comunidades Pehuenche
en el centro de su cancha, el rewe, colocan una plántula de Araucaria
a la cuál le brindan agradecimiento. Esta actividad religiosa tiene
los mismos fines en ambas culturas: fertilidad de la tierra, buena
cosecha de piñones, buen tiempo, buena reproducción de animales
y mucha lluvia, como también las peticiones por determinadas necesidades
de la comunidad. Aún más, la orientación cardinal desde donde se
desarrolla este rito es también similar en ambas culturas: el Este
(puelmapu) representando uno de los puntos cardinales de importancia
para los grupo Mapuche-Pehuenche. Se le atribuye la concetración
del poder y el hogar de las divinidades ya que por un lado se encuentra
el inicio de los ciclos solares diarios y por el otro la presencia
imponente de la Cordillera de Los Andes.
Los Pehuenche en particular le atribuyen su "nacimiento"
como pueblo involucrado ciertamente a la existencia de Araucarias
en sus alturas. Le sigue en importancia el sur (willimapu) región
a la que se le asocia buena suerte, salud, trabajo como también
al buen tiempo. El norte (pikummapu) representa mala suerte ya que
se generan allí las tempestades y vientos destructivos que acarrean
enfermedades y la muerte.
Finalmente el oeste (lafkénmapu) donde según los conocimientos
antiguos, residen los espíritus malignos. La "percepción de
este espectro" asociado a las creencias en la machi y en el
nguillatún se dirijen a la definición que los propios mapuches plantean
sobre el mundo: "La tierra mapuche de los cuatro lugares"
la cuál es protegida por cuatro familias integrados por un dios
masculino y otro femenino ancianos y un dios y otra diosa joven
cada uno de los cuales resguarda "con su vida" un punto
cardinal defendiéndolo de las acciones destructivas de los wekufe.
Todos ellos habitan el wenumapu, el panteón mítico.
Llegamos ha este punto con un cuadro que representa la asociación
"cosmológica" entre lo mítico y su religiosidad influenciando
todas las actividades. Si analizamos las palabras que podrían entramar
el "esqueleto" de esta sociedad, encontramos que el "dualismo"
interpreta el global de los ritos y a la vez el total de las fuerzas
que dominan y pugnan la vida de los mapuche sobre la tierra. Es
decir, estamos hablando "de una conjunción de dos principios
opuestos que forman parejas de oposiciones" y que esta es una
" condición necesaria para lograr el equilibrio cósmico".
No se trata de algo bueno o malo, por el contrario, es una suerte
de "analogía" que engloba esta clasificación o el de izquerda/derechaque
llega a ser una situación de "vida o muerte" al nivel
que se asume.
Para los Pehuenche la Araucaria tiene su dualidad, es hombre y
mujer a la vez, es la vida porque de ella se toman los frutos y
es la muerte porque sin ella simplemente la existencia se limita.
La rogativa se le hace a los "autores" del viento del
norte, del sur, a los dueños del agua, etc. Son opuestos irreductibles
que arraigan las creencias, "ambivalencias" para los occidentales
mundanos. Representan de "su" propia fuente "terrestre"
el "conglomerado universal" de los hechos y de la creación;
es una "mezcla" de clasificaciones difícil de definir
pero que se pueden "identificar" como el desarrollo mítológico
entre una y otra esfera espacial: los que residen en la tierra y
los que viven en el cielo. La lengua y como nos hemos referido más
arriba ha jugado y juega el rol principal: es sencillamente la función
mágico religiosa de la cultura y de la existencia de Mapuche y Pehuenche
en la tierra.
BIBLIOGRAFIA
Alonqueo, Martín. "Instituciones Religiosas del Pueblo
Mapuche". Ed. Nueva Universidad. Santiago, 1979. En Foerster,
Rolf. "Introducción a la Religiosidad Mapuche". Ed. Universitaria.
Santiago de Chile, Noviembre 1993.
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Ed. Corregidor. Argentina, 1996.
Carrasco Muñoz, Hugo. "Algunos Fundamentos Míticos
del valor de la Tierra entre los Mapuches". En Comunidades
Indígenas. Ed. Universitaria, Noviembre 1992.
Foerster, Rolf. "Introducción a la Religiosidad Mapuche".
Ed. Universitaria. Santiago de Chile, Noviembre 1993.
Gollucio, Lucia A. "Lengua-Cultura-Identidad: el Discurso
Ritual Mapuche, Un Universo de Autonomía Cultural". En "Sociedad
y Religión". Ed. Argentina. Buenos Aires, Argentina, Diciembre
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Grebe, María Ester Ph. D. "Meli - Witran - Mapu: Construcción
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Instituto de Estudios Indígenas. Ed. Universidad de la Frontera.
Temuco, 1994.
Huechuñir, Victorio Pranao. " El campo Mapuche".
En " Pu Mapuche Tani Kimün". Temuco, 1987.
Pereda, Isabel-Perrotta Elena. "Junta de Hermanos de
Sangre", Un Ensayo de Análisis del Nguillatún a Travéz de Tiempo
y espacio desde una Visión Huinca. Ed. Morgan Internacional. Argentina,
Julio 1994.
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