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Arqueología Urbana en la Ciudad de Buenos Aires.
ENTREVISTA con el Arquitecto Daniel Schavelzon
Revista NAyA - AÑO 2 Número 13 - Mayo 1997
Por Natalia Villaroel y Claudia M. Cóceres |
Desde 1985, año en el que se creó, el Centro de Arqueología Urbana
-CAU- de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad
de Buenos Aires ha estado avanzando manzana por manzana en el barrio
porteño de San Telmo.
Algunos de los trabajos más importantes del equipo se realizaron
en el Caserón de Rosas, el Parque Lezama, Defensa 751, la imprenta
Coni, el Cabildo, la Casita Angosta de Defensa al 700, y en lo que
fue hasta 1823 la Huerta del Convento de Santo Domingo.
Actualmente (1997) se encuentra trabajando en la casa de María
Josefa Ezcurra, cuñada de Juan Manuel de Rosas, y activa militante
de la causa del "Restaurador", en el marco del Programa por la Memoria,
del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires junto a investigadores
y miembros del cuerpo técnico del Museo de la Ciudad.
Mujer de carácter, a los 27 años se enamoró del general Manuel
Belgrano, a quien siguió en su campaña como jefe del Ejército del
Norte. Volvió de este viaje embarazada, y su hijo fue luego adoptado
por Rosas y su mujer.
Su casa, ubicada en Alsina al 400, fue construida en 1830. El
paso del tiempo fue acumulando escombros y convirtiéndola en un
basural. Para limpiar el lugar e iniciar el trabajo arqueológico,
fue necesario remover alrededor de 200 toneladas de escombros y
desperdicios.
En relación a los ultimos descubrimientos realizados el director
del CAU, Arq. Daniel Schavelzon, concedió a NAyA la siguente entrevista:
- ¨Que espacio tiene la arqueología urbana en nuestro país?
Hay muy poco apoyo desde la profesión misma, en general la arqueología
institucional en Buenos Aires y en La Plata se ha opuesto a la arqueología
histórica y urbana. Se ha planteado que esto no es arqueología,
que es trabajo de arquitectos y de historiadores, negando así uno
de los campos de la investigación arqueológica del mundo moderno,
es ir en contra de la historia. La arqueología urbana se hace en
el mundo entero y desde hace mucho tiempo. En Europa no es una cosa
lejana y exótica, realmente existe; en América Latina, además, se
hace desde La Paz, Bolivia hasta México. Desgraciadamente fue mal
vista en Buenos Aires desde el principio quizás como reacción desmedida
ante el cambio, ante la modernización de la arqueología.
Esto produjo muchas dificultades para el desarrollo del tema en
vez de impulsarlo y apoyarlo. Es una reacción lógica frente a los
cambios: mucha gente da un paso atrás en vez de sumarse. Ahora esta
postura parece haber cambiado, pero hasta hace muy poco la sensación
era que la arqueología urbana no era arqueología. En el ultimo de
los casos el accionar lógico es pensar que si no lo es, entonces
hagámoslo, transformémoslo y hagamos positivamente las cosas para
ampliar el campo de disciplina aunque mas no sea para que haya mas
trabajo para los arqueólogos, que en general trabajan en cualquier
otra cosa para poder vivir. Bueno si hay una veta con posibilidades
hay que hacerla crecer.
- ¨Cual es el trabajo que esta realizando actualmente
?
El trabajo es la excavación de lo que fue la casa de Doña Josefa
Ezcurra. Ella fue una personalidad muy significativa de la historia
de Buenos Aires, una de las mujeres mas fuertes que hubo en el siglo
XIX, no solo políticamente sino también como mujer. Eso para nosotros
es muy importante: la idea de trabajar, investigar la vida cotidiana
de una mujer que manejo parte de las riendas políticas del país
y que como mujer llegó incluso a tener un hijo ilegitimo, reconocerlo
públicamente e irse a vivir con Belgrano cuando no estaba casada
con él.
Mas allá de lo anecdótico tuvo una vida muy poco usual en la primera
mitad del siglo XIX, no eran muchas las mujeres que se animaban
a ese tipo de cosas, además hizo manejos políticos en su momento:
realmente una personalidad notable. Eso me parece muy importante
porque hasta ahora todos los proyectos de arqueología fueron edificios
donde residían familias enteras, o donde se hacían actividades fundamentalmente
masculinas.
El tema del genero en la arqueología es muy difícil, por que una
cosa es hablar de la arqueología del genero y otra es hacerla. Acá
tenemos un caso perfecto porque no es solo lo que está debajo del
piso, está la casa de la señora y además hay una enorme documentación
histórica. El proyecto también contempla las posibilidades de pasar
por debajo de los pisos de la casa para seguir ampliando la información
que ya tenemos de tantos años de excavación en la zona, hace 12
años que estamos excavando acá en estas manzanitas de San Telmo,
sobre la vida en Buenos Aires en la época mas temprana: siglo XVI,
XVII y primera parte del XVIII, del Buenos Aires que casi no hay
historia sino un gran vacío, ya que parecería que Buenos Aires nace
con el Virreinato.
Desde la fundación hasta el Virreinato hay dos siglos y medio
de vacío histórico y no hablemos del arqueológico. Estamos a una
cuadra y media de la Plaza de Mayo, del sitio fundacional para ver
si podemos encontrar contextos -no digo intocados pero aunque sea
poco alterados- de esa primera época de Buenos Aires. El tipo de
arqueología que hacemos es puramente urbana en el sentido que si
bien es arqueología, tiene sus propias problemáticas y sus propias
especificidades porque estamos en el medio de una ciudad en donde
hay una red de caños, cloacas, desages, pozos... que implica primero
un enorme conocimiento sobre la arquitectura y sobre la ciudad ya
que de lo contrario es un mosaico ilegible.
En segundo lugar implica enormes rellenos y alteraciones, y una
arqueología donde el concepto ortodoxo de la estatigrafia no existe.
Es una arqueología que no parte del principio de una secuencia de
depositaciones porque no las hay, porque es todo alterado, un caño
después del otro, a lo largo de los últimos cien años cualquiera
de ustedes en la vereda de su casa puede ver que abren y dos años
después vuelven a romper y otra vez vuelven a romper entonces al
final lo que hay es una rotura tras otra rotura y en ningún momento
existe eso que uno puede decir: bueno acá tenemos el suelo estéril,
la primero ocupación, la segunda ocupación... puede aparecer pero
es rarisimo una cosa asi.
Hay que pensar la historia del proceso como una actividad terriblemente
dinamica, muy acelerada y donde los cambios se producen en tiempos
muy cortos, en plazos muy cortos. Para nosotros diez años, quince
años es una enorme cantidad de tiempo, pasan muchisimas cosas en
veinte años y en términos de arqueología prehistórica veinte años
ni existen, de ahí es que ha sido necesario ajustar enormemente
los mecanismos de cronología, los estudios de cerámica, los estudios
de vidrios que son marcadores cronológicos muy estrictos, y después
de los objetos de la vida cotidiana: como evolucionaban las pipas
y las bolitas, para poder fechar con bastante precisión ya que no
es lo mismo 1880 que 1860 o 1840. La historia del Buenos Aires de
Rosas no es la historia del Buenos Aires de Sarmiento o de Mitre
como tampoco es el Buenos Aires de Roca.
No hay duda de que cuando hacemos historia son ciudades completamente
distintas y que no es lo mismo la ciudad de 1810 que la ciudad con
la gran inmigración europea, pese a que hay muy pocos años de diferencia.
Esto implica trabajar con conocimientos especializados y acordes
a la problemática que uno enfrenta: es como la gente que hace arqueología
de alta montaña y tiene que excavar a cinco mil metros de altura
donde no tiene ni oxigeno.
- ¨Como rescata lo femenino de los objetos?
Encontramos, por ejemplo, un pozo de basura de la época de la
casa. Es muy interesante ya que los objetos mismos -no hablemos
del contexto- implican actitudes frente a su consumo. La cultura
material es absolutamente distinta de lo que vi en Buenos Aires.
Por ejemplo detalles como la bacinilla, la pelela para poner bajo
la cama, hace juego con los platos, con la vajilla. Puede parecer
un hecho sin importancia, una sutileza, que a mi como hombre jamas
se me hubiera ocurrido (suponiendo que yo hubiera vivido en el siglo
pasado).
Hay que tener en cuenta que estamos frente a una mujer muy rica,
que puede darse cierto tipo de lujos. Al encargar la vajilla, encarga
también la pelela de abajo de la cama porque es un juego de la mayólica
española que se producía en Triana a fines del siglo XVIII y fines
del XIX, también hay muchos perfumeros, cajitas de perfume. Hay
muy pocas botellas de vino y de alcohol: prácticamente no hay presencia
del alcohol, que es una presencia sistemática en la arqueología
histórica. La botella de vino, de ginebra y de cerveza son en muchas
excavaciones la gran masa de los fragmentos de vidrio.
Hay una vajilla de la cual hay mucha y muy entera, un tipo de
loza que se llama Cre lozas crema que son las primeras lozas triadas
de Inglaterra del siglo XVII. Son muy raras en Buenos Aires, porque
se empiezan a fabricar en Inglaterra cuando Argentina es colonia
y solo llegaban a través del contrabando, no podían ingresar porque
ser productos ingleses. Lo interesante es que en la casa hay una
enorme cantidad de estas lozas, que dejan de fabricarse al mil ochocientos,
es decir cuando se abre el comercio y se independiza el país.
Lo interesante es que acá hay una vajilla de una calidad excepcional,
realmente se nota que hay una actitud selectiva en el consumo de
los objetos. No es que alguien fue, y compró lo mas barato de la
pulpería de la esquina, sino que alguien realmente compró lo mejor
de lo mejor, es decir el tema del gusto y de la moda. Después también
hay un descarte de piezas enteras es decir que probablemente ante
la rotura de piezas se descartó el resto de la vajilla.
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