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LUGARES Y REDES. LAS MEDIACIONES DE LA CULTURA URBANA
Michel Agier*
Traducción de Andrés Salcedo Fidalgo, revisada por Leonor Herrera |
*Director de investigación del Instituto Francés de Investigación
Científica para el Desarrollo en Cooperación (ORSTOM, Paris) y profesor
asociado de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS,
Marsella).
Revista Colombiana de Antropología, vol.XXXII, 1995
ABSTRACT
Research into the relative significance applied to areas of a
city tells us about urban identities; the study of social connections
tells us about the cultures responsible for attachment to urban
places and also about the reproduction or reinvention of social
links in the dense, open and heterogeneous environments of contemporary
societies. The popular suburb of Liberdade in San Salvador de Bahia
(Brazil) is taken as a case study from these two points of view.
It is a proletarian black suburb, densely populated and lively,
both welcoming and threatening, conservative and --pardoxically--
with a strong urban tradition: antiquity, permanence and stability
are other concepts associated with it. The study attempts to determine
which social bonds are responsible for the feeling of attachment
to this place on the part of its inhabitants; or, put another way,
how social identity is created. It seeks the source of identities
linked to certain parts of the city, which define an individual
as a person, and using the concept of the network attempts to determine
the type of culture created by the world of urban relationships.
EL INDIVIDUO, LA CIUDAD, LA ANTROPOLOGIA
Para los etnógrafos y sociólogos de la Escuela de Chicago, la
ciudad era el mundo del individuo. Una línea de investigación, importante
y durable, se constituyó entonces en torno al tema del individualismo
urbano --Luis Wirth hablaba de anomia. El punto de partida de estas
investigaciones fue sin duda una concepción errónea del mundo rural,
entendida como referencia y réplica de la ciudad. En efecto, la
problemática del modo de vida urbano se fundó sobre una dicotomía
particular, que contraponía la sociedad urbana a la sociedad tradicional.
Es así como Robert Ezra Park, el inspirador de la Escuela de Chicago,
veía en la ciudad el sitio del "surgimiento del individuo como unidad
de pensamiento y de acción" (Park, 1929/1979:165) y, al mismo tiempo,
se preguntaba cómo actualizar, en la ciudad, la referencia "comunitaria"
del enfoque holístico idealizado del mundo rural. Propuso en estos
términos una problemática que se puede pensar, fue la fundadora
de las investigaciones de la Escuela de Chicago:
El problema social es fundamentalmente un problema urbano. Se
trata de llegar, dentro de la libertad propia de la ciudad, a un
orden social y a un control social equivalentes a aquello que se
ha desarrollado naturalmente dentro de la familia, el clan, la tribu
(Park 1929/1979:164).
Dónde se realiza lleva a cabo entonces el control social urbano?
Para responder, Park desarrolla una aproximación llamada ecológica.
El habla, primero, de "áreas naturales de segregación". Cada área
tiene su función de distribución de la población. Observa que sectores
de distribución y simultáneamente de segregación se determinan,
en Chicago, según el origen (migrantes), la etnia, la edad, el tipo
de organización familiar, etc. Park propone considerar estas áreas
como el hábitat natural (en el sentido ecológico) del "hombre civilizado"
(el citadino) opuesto al "hombre primitivo" (1) Progresivamente,
en el texto de Park, esas áreas se transforman en "medios morales"
y en "regiones morales". Estas nociones, primero reservadas a áreas
moralmente diferentes o separadas del resto de la ciudad (barrios
de prostitución o de bohemia), van a extenderse a todo el espacio
urbano segregado. Esto es lo que va finalmente a matizar la hipótesis
individualista inicial:
En una sociedad tal, el individuo se convierte en una persona:
una persona no es otra cosa que un individuo que, en cualquier lado,
en un medio cualquiera, tiene un status social; pero dicho status
resulta ser en últimas un asunto de distancia --de distancia social
(Park 1926/1979:206).
En este punto del análisis, se podría --como se tratará de hacer
enseguida-- buscar los significados relativos que distinguen ciertos
espacios dentro del conjunto de una ciudad, para comprender las
fuentes de identidades que se encuentran ancladas en ella y que
definen una parte de esta "persona" a la cual se refiere Park en
la cita anterior. Volveremos sobre este punto más adelante y ese
será el primer tema de nuestra reflexión sobre el sentido de los
lugares urbanos. Pero sigamos primero a Robert Park cuando, después
de haber aprehendido la ciudad bajo la óptica de la segregación
y de las regiones morales, vuelve a su hipótesis del principio,
la del individuo. La figura del citadino se construye entonces recurriendo
a metonimias del intersticio --como la calle, el 'deambular', o
el tráfico- o a tipos sociales de intermediación --el paseante,
el extranjero, el rebusque y el 'tejemaneje'. Por consiguiente,
los repertorios del citadino se conforman en las márgenes, recobrando
de este modo, en teoría al menos, un poco de su libertad (2) . Para
entender la ciudad a la vez como segregada y como el ámbito del
individuo y del libre albedrío, Park tiene que recurrir a una noción
y a una imagen. La noción es la de movilidad, la imagen es la del
mosaico:
Fuera de los transportes y las comunicaciones, es la segregación
misma la que tiende a facilitar la movilidad de los individuos.
Los procesos de segregación instauran distancias morales que hacen
de la ciudad un mosaico de pequeños mundos que se tocan sin interpenetrarse.
Esto le da a los individuos la posibilidad de pasar fácil y rápidamente
de un medio moral a otro y estimula esta experiencia fascinante,
pero peligrosa, que consiste en vivir en numerosos mundos diferentes,
efectivamente contiguos y sin embargo, bien diferenciados (Park
1925/1979:121).
La metáfora del mosaico ha sido utilizada frecuentemente para
describir la ciudad. Ella proviene, en el fondo, del mismo proceder
que tiene la antropología y que criticará más tarde la Escuela de
Chicago, contraponiéndole la figura de los "énclaves" para referirse
a los espacios urbanos. Nada prueba, en efecto, que los mundos urbanos
estén caracterizados de manera tan hermética como lo entiende Park,
y sin duda él reproduce el mismo error que sus críticos más virulentos,
como Oscar Lewis por ejemplo, que no ven como verdaderas mediaciones
sociales para los ciudadanos, más que las que toman la forma de
grupos estructurados y espacializados, remitiendo al paradigma del
ghetto(3) . De hecho, Park utiliza un pensamiento individualista
y una referencia socio-espacial holística, partiendo de un modelo
alternativo y complementario y separando los dos momentos del enfoque.
Este dualismo excluye la ambivalencia, no permite dar cuenta de
la dinámica de lo social y reduce su comprensión a soluciones idiosincrásicas.
Esta ruptura del análisis entre un referente individual móvil (y
abierto) y un referente social fijo (y cerrado) se hace aún más
explícita cuando Park se aventura en el diagnóstico de problemas
sociales:
De hecho, la mayoría de nuestros problemas habituales de comportamiento
son efectivamente resueltos, cuando tienen una solución, transfiriendo
al individuo de un entorno donde se comporta mal a uno donde se
comporta bien (Park 1929/1979:172).
Para poder pensar la ciudad de manera global, sin perder de vista
su individualismo emblemático y su heterogeneidad (social, racial,
cultural, etc), la antropología debe, primero que todo, me parece,
despojarse del a priori de la referencia espacial(4) . Para llevar
a cabo dicha ruptura desde su misma tradición, esta disciplina puede
acudir al análisis de redes, concebido precisamente para dar cuenta
de las relaciones urbanas. Los investigadores de la Escuela de Manchester
en el Rhodes Livingstone Institute quisieron salirse de los enfoques
llamados "estructural- funcionalistas", juzgados inadecuados para
tener contacto con las ciudades y con sus "sociedades de pequeña
escala donde faltaban caracteres estructurales" (Mitchell 1969:9).
Para ellos, las redes se convirtieron en sinónimos de movilidad,
de comunicación entre diversos medios y de cambio cultural. Las
redes no se oponían sin embargo a la idea de estructura. De esta
forma, Hannerz (1983) definió la ciudad como "la red de redes".
A pesar de que conviene subrayar que se trata aquí de una visión
más metafórica que realista, el espacio urbano pudo así ser interpretado
como un conjunto articulado y los medios sociales urbanos como sistemas
solidarios e incluso como sistemas casi "mafiosos".
Barnes (1969), por su parte, introduce la noción de "red total"
para circunscribir el conjunto de redes en una situación dada. Finalmente,
la red total recompone la estructura o, como lo sugiere Mitchell
(id:49), las redes atraviesan las instituciones. No se sabe, sin
embargo, si recomponen el sentido y cómo lo hacen. Esto es precisamente
lo que se quiere buscar, como segundo tema de reflexión, en el caso
del barrio Libertade en Salvador(5) : ¨cuál es la cultura que crean
los mundos relacionales urbanos?
LIBERTADE (BAHIA): IMAGENES CRUZADAS
De aceptarse lo anterior, se puede admitir que la antropología
urbana es una de las modalidades de esa antropología paradójica
que pone al individuo en el centro de su problemática, cuando no
de sus respuestas (Augé 1994). Se pueden entonces diferenciar dos
momentos en el análisis, que desde la observación se presentan como
un conjunto. En primer lugar, la investigación sobre las significaciones
relativas que se le dan a los espacios de la ciudad nos informa
sobre las identidades urbanas. En segundo lugar, el estudio de las
sociabilidades nos informa sobre las culturas que conforman el apego
a los lugares urbanos y también sobre la reproducción o la reinvención
de los lazos sociales en los universos densos, abiertos y heterogéneos
de las sociedades contemporáneas. El barrio popular de Liberdade,
en Bahía, se presta para esta reflexión en dos momentos.
Demográficamente denso, con 130 000 habitantes actualmente, principalmente
negros y mestizos, distribuidos en los diversos estratos sociales
bajos y medios (trabajadores informales, asalariados de nivel bajo,
empleados de empresas antiguas o más recientes, desempleados, lavanderas
y empleadas domésticas, etc) el barrio Libertade se encuentra así
mismo repleto de interpretaciones heterogéneas. En los años treinta
la municipalidad -- nacionalista, a la usanza del momento-- bautizó
la calle con el nombre de "Estrada da Liberdade" (Ruta de la Libertad)
en recordatorio de la entrada en 1823 de las tropas independentistas
que liberaron al Estado de Bahía del yugo portugués, precisamente
por la arteria principal del barrio, nombre que se extendió colectivamente
a los barrios aledaños. En los años cuarenta Jorge Amado se autodenominaba
el poeta del "barrio más populoso y proletario de la ciudad de Bahía"
(Amado 1982: 81). Describía con horror "la miseria oriental de los
barrios trágicos" de Liberdade, trayendo a cuenta los nombres evocadores
de los sectores de Japao, Mandchuria o Changai (Amado 1982: 82).
Finalmente, veía en dicho barrio el símbolo de la lucha proletaria
por la resistencia y por la "liberdade". En los años cincuenta otro
guía erudito de la ciudad de Salvador se refería también a la Estrada
da Liberdade como un lugar de búsqueda de la libertad popular. Pero
en medio de los "tugurios", entre el polvo y el lodo (Brandao y
Motta 1958:174), quien es exaltado es el Negro que canta, baila,
ruega o entra en transe, así como "las bellas negritas con turbante
rosa en los cabellos, que se pasean cogidas de la mano de sus elegantes
enamorados en terno blanco, como si la via fuera verdaderamente
la de la libertad" (Brandao y Motta 1958: 175). Por último, en los
años setenta Liberdade fue el sitio donde los jóvenes Negros, con
alguna educación formal, que comenzaban a trabajar en las empresas
nacientes del polo petroquímico de Bahía, inventaron la comparsa
carnavalesca Ilˆ Aiyˆ. Se desarrolló allí un discurso culturalista
y político -- africanista y negro. Liberdade se convirtió entonces
en sinónimo de quilombo (palenque) con sus sitios de aspecto étnico
tales como la "senzala do barro preto"(6) , la "calle Kingston"
(sitio de las veladas de otra comparsa afro, Muzenza, creada en
1981), o la plaza del Plano inclinado (principal sitio de fiestas
del barrio) rebautizada en 1992 "Plaza Nelson Mandela".
Es así como un nuevo significado viene a sumarse a otros más antiguos,
consolidando de este modo una premisa de base para la identidad
del barrio: como quiera llamársele, es todavía un sustrato social
local señalado como sujeto, movilizado, reunido, interpelado: el
de "la gente de de la Liberdade". Hay un sentimiento de arraigo
al barrio, un orgullo de ser de ahí, incluso para quienes, en situaciones
de movilidad social, lo han abandonado (véase Agier 1990). En Salvador,
el barrio de Liberdade está asociado a todas las imágenes que acabaron
de evocarse brevemente; está así mismo asociado a la idea de una
cierta antigedad, permanencia y estabilidad, incluso para los más
pobres(7) gracias a esa acumulación de calificativos. En una ciudad
como Bahía, que se transformó notoriamente en los últimos decenios
y que en el censo de 1991 ocupaba el tercer lugar del país dado
su tamaño (2.072.058 habitantes), Liberdade sería uno de los sitios
de tradición urbana por excelencia. Es necesario partir de la paradoja
que encierra la expresión anterior -recuérdese que Park, uno de
los fundadores de la antropología urbana, oponía la sociedad urbana
a la sociedad tradicional- para preguntarse cuáles son los lazos
sociales que fundamentan este sentimiento de arraigo al lugar, o
dicho de otra manera, cómo se construye esta identificación social
que toma los nombres del lugar como marcadores de identidad. Se
verá que es necesario franquear diferentes imágenes y fronteras
sucesivas antes de encontrar los pequeños mundos relacionales que
conforman el barrio y le dan sentido.
De una calle que atraviesa todo el barrio a lo largo de un poco
más de dos kilómetros (L'Estrada da Liberdade) y que sirvió durante
varios decenios como vía del tranvía que conectaba a todo el barrio
con el centro de la ciudad, se desprenden las entradas de por lo
menos una veintena de sectores de este barrio. El conjunto de estos
espacios ocupa un paisaje de colinas, construcciones por debajo
del nivel de las calles, rampas y escaleras(8) .
La identificación de sus habitantes se hace de manera alterna:
para los de afuera, se denominan habitantes de Liberdade, conocido
en la ciudad como el barrio negro y proletario, populoso y animado,
acogedor pero a la vez temido y, para algunos, vedado(9) . Dentro
de esta primera identificación contrastante se crean otras fronteras
imaginarias internas a través de los nombres y los límites de los
sectores del barrio o calles de residencia. Cada nombre de sector
(que según el caso abarca 2.000 a 5.000 habitantes aproximadamente)
adquiere un sentido dentro de la historia específica del sitio denominado.
Por ejemplo, el sector de Sieiro debe su nombre a un comerciante
español apellidado así, quien llegó a principios de los años veinte
y abrió un almacén que servía como punto de referencia para los
extranjeros y paradero del tranvía: "Almacén Sieiro". El tranvía
ya no existe. El almacén fue vendido sucesivamente, después transformado
en bar y finalmente perdió su nombre original. Pero el nombre se
sigue usando para denominar los alrededores inmediatos. Estas identidades
están muchas veces asociadas a algunos rasgos específicos que pueden,
según la ocasión, repercutir en buen o en mal sentido en todo el
conjunto de Liberdade, que se torna, en este caso, en una "región
moral" como la entendía Park originalmente. De esta forma, la calle
Curuzu se percibe, desde hace unos quince años, como el núcleo del
movimiento negro en la ciudad(10) , hasta el punto que el MNU (Movimiento
Negro Unificado) de Bahía instaló su sede en esta calle - dándole
un carácter incluso más "étnico". En otro registro moral, la Avenida
Peixe (un callejón sin salida con construcciones bajo el nivel)
es identificada como la guarida de los "marginales" del barrio.
Esta estigmatización puede estar reforzada por los habitantes de
las zonas contiguas, dado que un cierto ascenso social los incita
a excluirse de una imagen negativa atribuida, desde afuera, al barrio
Liberdade en su conjunto y con tal de reservar dicha imagen a sólo
una parte del barrio solamente, concentran sobre ella toda la mala
reputación. Esto se percibe en las palabras de un habitante de Liberdade
(en el sector próximo a la Avenida Peixe); obrero asalariado y joven
padre de familia, vive en un apartamento de dos alcobas alquilado,
a algunos metros de la casa paterna donde nació. En 1993, cinco
años después de la entrevista relatada enseguida, ya no era obrero
sino chofer de taxi y vivía todavía en el mismo sitio:
Yo no me he mudado todavía porque no he encontrado un sitio
adecuado donde vivir. Porque yo no admito que uno se vaya a cualquier
lado, a pagar menos para vivir en un mal sitio. Que no es el sitio
de uno. Por ejemplo: encuentro una casa en Pero Vaz, allá en la
baixada do Pero Vaz [otro nombre para designar la Avenida Peixe],
mil quinientos cruzados, dos cuartos- estar-cuarto de baño. Lo compro.
Muy bien. Es mío. Pero creo que no haría un buen negocio porque
voy a vivir con los marginales. No estaría seguro, cuando saliera
a trabajar mi familia no estaría segura. Porque yo sé que ahí hay
muchos marginales. Mis hijas no van a poder estar en la calle, no
tendrán libertad. Se volverían como personas que han sido criadas
en prisión. Se volverían niños rebeldes. Entonces esto no traería
más que cosas malas. Porque ellas no conocen nada de la vida, cuando
salgan van a encontrar que... nadie hace el bien, todo el mundo
hace el mal. Los malos consejos. Y a partir de ahí, el resultado
no es más que eso, marginalidad. Es por eso que no tengo ganas de
ir a un sitio de ese tipo. Al menor robo que tiene lugar por aquí
en los alrededores, usted puede ir a la Avenida Peixe y encontrará
a todo el mundo allá. Eso allá es conocido tanto como la Baixada
Fluminense en Río de Janeiro. Allá la gente presiona a las personas
a robar"(11) . Todos estos sectores de Liberdade están constituidos
por un tejido denso de callejuelas, de callejones sin salida y de
callecitas peatonales estrechas, que contrasta con el aspecto más
abierto y manifiesto de calles pavimentadas y con mucho tránsito
(adyacentes a la Estrada da Liberdade) y de las pequeñas plazas
centrales (generalmente al final de las rutas de autobus). El sentimiento
de pertenencia a cada uno de los sitios se refleja en la identificación
que se tiene por Libertade desde fuera, frente al resto de la ciudad.
Es dentro de esta dimensión que aparecen los sentimientos de "ser
de la Liberdade" entonados en las sambas de la comparsa carnavalesca
Ilˆ Aiyˆ o en las interpelacines de "pueblo de la Liberdade" o "comunidad
de la Liberdade", utilizadas por los políticos.
REPRESENTACIONES DEL ESPACIO Y CLASIFICACIONES FAMILIARES
Dentro del sector que se estudiará ahora más en detalle (alrededor
de 2.000 habitantes), el espacio se puede dividir entre la plaza
central (el largo de X que le da el nombre a dicho lugar) y sus
calles pavimentadas adyacentes --la parte visible del sitio-- por
un lado, y por otro las callejuelas (avenidas), la parte invisible
y mas íntima. La plaza y sus calles contiguas están ocupadas por
casas antiguas (años 1920, 1930) con fachadas elegantes pero muy
deterioradas. Algunas fueron enteramente transformadas y ampliadas
entre los años cuarenta y sesenta. En este caso, pueden albergar
varias generaciones de una misma familia repartidas en dos o tres
niveles (el piso de abajo eventualmente ocupado por algún taller,
tienda o bar). Algunos propietarios (ya sea, por herencia o por
matrimonio) de casas de familia se volvieron patrones de negocios
inmobiliarios. De este modo y desde comienzos de los años sesenta
se contruyeron pequeños inmuebles de renta sobre el perímetro de
la plaza central, en las calles adyacentes y a lo largo de algunas
callejuelas que se desprenden de estas calles.
Las avenidas se formaron en los fondos de algunas de estas antiguas
casas de familia. En este barrio, este tipo de vivienda se desarrolló
principalmente a partir de los años cuarenta, período de migraciones
intensas que llevaron a numerosas familias del vecino Rec“ncavo
hacia el centro de Salvador, hasta saturar, hoy en día, prácticamente
todo el espacio que se podía construir. Las avenidas se formaron
gracias a acuerdos informales entre los habitantes de estas casas
y quienes vinieron a ocupar los espacios vacíos situados detrás,
a cambio de un arriendo; dicha ocupación seguía el patrón de las
"invasiones" que se desarrollaron, desde la misma época, dentro
de las zonas no habitadas de la ciudad y su periferia. Esta se convirtió,
en algunos casos, en una práctica puramente inmobiliaria y en el
barrio se conserva la memoria algunos nombres de familias conocidas
por haber abierto, de esta forma, numerosas avenidas en lo que eran
terrenos baldíos del barrio. Así algunas de estas avenidas alberguen
casas bonitas o incluso edificios angostos, están ocultas a la mirada
y por ésto quedan marcadas con la huella de la pobreza.
La división entre la plaza y las avenidas es el marco general
de una clasificación social y familiar y al mismo tiempo, espacial.
En efecto, a partir de este marco los habitantes distinguen en el
barrio tres estratos sociales que de hecho son tres clases de familias.
Se las presentará enseguida de manera resumida.
Las familias llamadas "de la plaza" viven alrededor de la plaza
central y en sus calles adyacentes. Estas familias son vistas, tradicionalmente,
como las más acomodadas del barrio. Familias de comerciantes, de
funcionarios de rango medio, de patrones de talleres o de pequeñas
empresas de construcción, que ocupan la posición dominante dentro
de la jerarquía local, a pesar de que, hoy en día ya no son ellas
(o ya no son las únicas) que tienen los ingresos más elevados. Su
posición se consolidó por medio de la acumulación de prácticas familiares,
inmobiliarias y relacionales en las cuales el barrio era el marco
de referencia. Toda familia "de la plaza" se caracteriza por el
hecho de poder agrupar a un conjunto de parientes agnáticos (siblings)
con sus propias familias nucleares dentro de una sola casa o en
una alineación de casas contiguas. Por otra parte, pueden ampliar
sus grupos domésticos por medio de la acogida de agregados --parientes
en línea ascendente y colateral, personas que no son parientes--
y haciéndose cargo en forma regular de niños de crianza, criados
en la casa hasta la edad adulta. Dentro de estas prácticas de asistencia
y de caridad, se reproduce el dominio de estas familias sobre los
segmentos más pobres de su parentela así como su dominación a nivel
de la red social local.
Las familias "necesitadas" de las avenidas están en lo más bajo
de la escala social local. Encabezadas en su mayoría de los casos
por mujeres de status profesional precario, estos grupos domésticos
sobreviven(12) gracias a la intervención de una red de parientes
localizados por fuera de la casa. Allí encuentran diversas formas
de colaboración: pequeños empleos temporales, regalos de comida,
albergue de niños, préstamos y regalos en dinero, ayudas para conseguir
empleo, etc.
Dicho de otro modo, no hay, en este caso, una adecuación exacta
entre la casa y la familia. Hay, por el contrario, una repartición
de las funciones familiares (residenciales, reproductoras y de socialización)
dentro del espacio global familiar, localizado, al menos en parte,
en el barrio de Liberdade o, más cerca aún, en el sector del largo(13)
. La intervención de los otros estratos sociales del barrio en la
reproducción de las unidades domésticas se realiza a través de relaciones
familiares y muchas otras formas de protección de las casas (padrinazgo,
lazos de estimación, circulación y cuidado de los niños, etc). La
posición de las familias "necesitadas" de las avenidas en la estructura
de relaciones sociales del barrio, puede definirse entonces bajo
dos puntos de vista.
Según el punto de vista de las clasificaciones, estas familias
representan la condición social más desvalorizada y son consideradas
por los otros habitantes del barrio como un polo negativo que agrupa
todos los rasgos de una pobreza temida y rechazada. Desde el punto
de vista de su integración y de su función dentro del sistema social
local, su posición adquiere sentido a partir de redes personales
y familiares (y de valores morales involucrados en el funcionamiento
de estas redes) que ligan o relacionan las diferentes clases de
familias. Los favores que reciben o aseguran su existencia social
al tiempo que le dan status y poder a las familias que las están
sosteniendo.
Las familias "equilibradas" de las avenidas están situadas entre
lo alto y lo bajo de la jerarquía de status del barrio. Las avenidas
donde viven son a veces largas y algunas casas son incluso confortables,
de varios pisos. A la entrada, se pueden ver, el domingo por la
mañana, algunos hombres lavando su carro (comprado de segunda) mientras
que otros, en el interior de la avenida, trabajan en la mejora de
sus casas. Sus grupos domésticos son habitualmente autosuficientes
y entre ellos se encuentra una proporción significativa de padrinos
y madrinas de niños de las avenidas más pobres. Tienen así mismo
parientes (hermanas, madre, cuñados) con quienes tienen que cumplir
obligaciones de ayuda mutua. Tres elementos distinguen localmente
a estas familias. El primero tiene que ver con el lugar que ocupan
las identidades profesionales en la formación de su identidad familiar.
Para estas familias que llaman familias de doqueiros (cargadores
del puerto) de comerciários (empleados de comercio), de funcionários
públicos y más recientemente de petroleiros (trabajadores de la
compañía nacional de petróleo) y de petroquímicos (trabajadores
del sector petroquímico), la taxonomía de estas categorías profesionales
se vuelve un modo de clasificación social local: simboliza una integración
social y una participación política envidiables, logradas en un
universo de trabajo exterior al universo del barrio. En segundo
lugar, la estabilidad relativa de estos hogares en términos de empleo
y de ingresos permite que allí se desarrolle sin mayores aprietos
el conjunto de los ciclos familiares sucesivos (constitución, expansión,
substitución). Dicho de otro modo, el éxito profesional y económico
de los jefes de familia de este grupo intermedio se vuelve visible
en términos de "éxito" matrimonial. Su organización doméstica se
torna así modelo del equilibrio para los que le rodean. Es interesante
anotar aquí un tercer elemento que caracteriza a estas familias:
el hombre asume su rol de proveedor de las necesidades del grupo,
capaz de darle estabilidad y capaz de ampliar la unidad doméstica,
la cual superará progresivamente los límites de la familia conyugal.
Se pudo en efecto registrar, en el curso de una encuesta en tres
avenidas del barrio que las unidades domésticas cuyo jefe es un
hombre tienden a expandirse por medio de la acogida de parientes
colaterales, personas que no son parientes y niños nacidos por fuera
del matrimonio --tendencia realizada ampliamente en las familias
"de la plaza" (véase el siguiente cuadro). La familia nuclear stricto
sensu engloba dos tercios de los miembros de estos grupos domésticos
y el tercio restante está formado por niños nacidos fuera de la
relación de pareja (10,2%) y por un conjunto de agregados (más del
20%): hijos pequeños, parientes colaterales, y personas que no son
familiares(14) . Todas estas prácticas son interpretadas por los
jefes de familia como el resultado de imposiciones familiares o
como muestras de generosidad.
Composición de las unidades doméstica según el sexo del jefe de
familia (Liberdade, sector del Largo, 1988)
Estamos en presencia de la expresión familiar de las diferencias
sociales. Se clasifica a las familias para hablar en realidad de
grupos de status. ¨Expresan estas diferentes clases de familias,
subculturas familiares de clase, se podría decir incluso estructuras
familiares diferentes, como lo sugería Herbert Gans (1982:256) en
un estudio urbano comparable?(15) . Llegar a una conclusión de este
tipo supondría que existe una simple adecuación entre el grupo doméstico
observado --que es una realidad efímera- - y el espacio familiar
-más virtual pero a la vez más amplio y durable que la unidad doméstica.
Y, precisamente, las diferencias entre las tres clases de familia
descritas anteriormente provienen, no de reglas de parentesco diferentes,
sino de los cambios en la relación entre el parentesco y la residencia.
Este lazo en el que las condiciones económicas juegan un rol importante,
se traduce en diversos tipo de arreglos domésticos (familia extensa,
familia nuclear simple o ampliada, familia parcial). En ellos se
pueden señalar dos límites extremos. Dentro de la familia extensa,
diversos segmentos derivados de agnados (siblings) forman hogares
que viven en un mismo conjunto residencial referido al padre, quien
ejerce un control sobre las residencias y sobre la red de relaciones
locales de la familia. En el otro extremo, la familia parcial de
mujeres (Azevedo 1966) es una unidad doméstica donde el funcionamiento
y las relaciones remiten a un espacio familiar que supera ampliamente
el marco de la casa. Entre estos dos tipos la relación entre el
espacio familiar activo y los reagrupamientos residenciales reales
se hace gradualmente más laxo, sin, por esto, desaparecer. En todos
los casos, unos mismos valores y reglas de parentesco son compartidos,
lo que permite a las diversas clases de familias entenderse dentro
de un mismo código relacional. A pesar que el conjunto de las premisas
de clasificación arriba presentadas muestra que la vida doméstica
produce sentido y status, éstos últimos no están todavía definidos
más que en términos relacionales, en la medida en que la vida doméstica
no es nunca solitaria (incluso para los más desprotegidos) y en
cambio si está de entrada insertada en el orden de los lazos entre
las diversas clases de familias jerarquizadas.
ORDEN RELACIONAL Y CULTURA FAMILIAR
El orden relacional pone en contacto a individuos, utilizando
según los casos, los lazos, el lenguaje o los valores de las relaciones
familiares. Se le describirá someramente distinguiendo dos formas
principales de sociabilidad. Por un lado, las redes desarrolladas
a partir de las relaciones familiares, que conforman un dominio
en el cual predomina la intermediación femenina. Por otro lado,
los grupos de pares (las turmas) compuestas esencialmente por hombres
de una misma generación.
La cultura familiar forma el telón de fondo de los intercambios
cotidianos en el barrio. A las relaciones estrictamente familiares
se adicionan un conjunto de lazos que toman los mismos valores e
incluso los términos propios de los lazos familiares. Fuera de los
lazos de compadres y comadres, padrinos/madrinas y ahijados, establecidos
por el bautismo de los niños y que comprometen a muchos parientes
y no- parientes del vecindario, otras relaciones hacen extensivo
un uso generoso de los términos de parentesco. Ese es el caso de
los lazos llamados "de estimación" que utilizan el lenguaje de un
lazo institucionalizado (parentesco, alianza, padrinazgo) para distinguir
el carácter privilegiado de una amistad o de una dependencia: un
amigo querido es un "hermano de estimación", un protector es "un
padrino de estimación" etc. El uso de estos términos interviene
también en la forma cómo se interpelan las personas del vecindario
a quienes se les quiere manifestar una atención particular, al utilizar
los títulos de hermano, cuñado o compadre. Todo un código privado,
y familiar se instaura en las relaciones internas del barrio. ¨Cuáles
son los principales términos de este idioma familiar y cómo se construye
el lugar central que allí ocupan las mujeres?
En todas las situaciones familiares y domésticas observadas en
el barrio, el sistema de parentesco de referencia es bilateral con
énfasis patrilineal: el nombre y el status familiar se transmiten
en las líneas masculinas, siempre y cuando el hombre sepa "luchar"
económicamente y socialmente para conservar su rol, definido por
la figura social consensual de pai provedor. Es más, la incorporación
de niños de crianza(16) dentro de la casa y al margen de la familia
nuclear, la acogida temporal o permanente de parientes agregados
y, más aún la residencia común de varios segmentos de un mismo grupo
de filiación (como lo practicaban comunmente los antiguos grupos
de status intermedio y superior de Bahía), son los modos familiares
de formación de un status social construido alrededor del prestigio
y del terreno social del hombre. Este peso simbólico del rol masculino
explica una cierta tendencia a la uxorilocalidad(17) . Paralelamente,
la socialización de las hijas jóvenes las incita a formarse como
protectoras y organizadoras del hogar. Todo esto explica, de parte
y parte, la fuerte influencia matrifocal en la vida doméstica. Para
organizar la vida cotidiana de la unidad doméstica, se hace necesaria
una capacidad femenina de intermediación (que no se confunde con
un poder de decisión). Estos principios y las experiencias que conllevan,
explican el que los requerimientos del grupo se busquen preferencialmente
(y de manera "natural") del lado de las líneas maternas(18) . Esto
puede verificarse, en particular, en el dominio del compadrio.
El padrinazgo de los niños es una forma de protección válida para
toda la casa, y no sólo para el (o la) ahijado(a). Esta relación
se crea, generalmente, cuando la familia nuclear, en su fase de
constitución, tiene más necesidad de apoyo. Se pueden distinguir
dos funciones de esta práctica: una, que se ha llamado hiper parentesco,
es un refuerzo estratégico de algunos de los lazos familiares existentes;
la segunda es una función de cuasi-parentesco, que consiste en compensar
un déficit de parentesco (un parentesco no muy cercano o poco eficaz)
por medio de un acercamiento institucional de vecinos, colegas de
trabajo o amigos. La primera de estas formas representa alrededor
de un tercio de los bautizos y la segunda los dos tercios(19) .
Estudiando, en la misma encuesta, el cuadro relacional donde se
encuentran los padrinos y madrinas, se pudo observar una fuerte
inclinación por el lado materno. Esta es muy importante en la escogencia
de los padrinos parientes (25,6% matrilinealmente, 5,1% patrilinealmente)
y lo es aún más en la escogencia de los padrinos que no son parientes
(41% de relaciones por el lado de la madre, 17,9% por el lado del
padre). Estas relaciones, extrafamiliares, provienen de los dominios
residenciales principalmente en el caso de las madre (vecindad de
avenida) y profesionales en el caso del padre.
Esta competencia específica de las mujeres, definida dentro de
la división de los roles familiares, explica también la manera cómo
ellas ocupan el espacio del barrio. Su concentración en el referente
doméstico se traduce en una presencia destacada en las avenidas.
Este es su principal lugar de vida: allí tienen su casa, las casas
de las amigas, comadres y parientes, el corredor y los umbrales
donde se encuentran y charlan, el fondo de la avenida donde se lava
y se extiende la ropa.
Contrariamente a los hombres, la avenida es también un espacio
de trabajo para las mujeres: esto incluye en primer lugar el mantenimiento
de la casa, pero también su trabajo remunerado(20) . El cotidiano
de la avenida es por consiguiente femenino; amistades que se tejen,
rivalidades que aparecen, la convivencia cotidiana, los intercambios
de servicios, las relaciones entre los niños que pasan de una casa
a otra. Este dominio relacional y residencial femenino es también
el sitio donde las mujeres buscan a sus padrinos y madrinas quienes
van a ayudar a la familia, como se ha visto anteriormente. Pero
su aptitud para reactivar estos lazos las obliga, cuando es el caso,
a desprenderse del marco espacial del barrio que circunda las avenidas.
De hecho, en situaciones ordinarias, si se ven mujeres en la plaza
principal o en las calles del barrio, es porque eventualmente conversan
en la entrada de las avenidas, y más frecuentemente porque pasan
por esos lugares (o esperan el bus) para visitar, fuera del sector
del barrio a una parienta o a una clienta. Su espacio urbano se
define entonces por un conjunto cuyos términos claves podrían ser:
avenida, familia, red. El discurso localista, cuando se apoya en
la existencia de redes y de una cultura familiar compartida por
todos, es más bien cosa de hombres.
Los hombres se identifican en un segundo dominio de sociabilidad,
el de las turmas (bandas) o grupos de pares (Gans 1982), presentes
y visibles particularmente en el espacio del barrio. Es dentro de
las turmas que circulan las informaciones sobre los empleos o los
servicios de trabajo para el negro. Pero son sobretodo el marco
principal de la organización del esparcimiento: juegos de dominó,
de damas o de cartas en los bares o en los andenes, salidas a la
playa para jugar volibol o fútbol; organización de salidas en carro
y picnic en las playas alejadas del litoral; organización de grupos
de cuadrillas para las fiestas de San juan; formación de grupos
de samba o de comparsas de carnaval(21) . Se presentarán brévemente
dos ejemplos: el de los equipos de fútbol permitirá observar los
andamiajes estructurales de estas turmas; luego, el caso de la formación
de una comparsa de carnaval nos informará sobre la acogida que tienen
estos grupos.
En el sector objeto de nuestras encuestas, un pequeño terreno
ocupa una parte de la plaza central.
Es ahí que se organiza el campeonato de fútbol que agrupa alrededor
de 300 participantes repartidos en quince equipos, cada uno compuesto
por una veintena de miembros que se turnan a lo largo de todo el
año según su disponibilidad. Nueve de estos equipos son del mismo
sector, los otros seis vienen de otros puntos de Liberdade. La distribución
de los participantes del campeonato según su sector de empleo muestra
un componente importante de trabajadores del comercio y del transporte
(26%) y una parte igual de jóvenes con educación escolar y/o sin
empleo, una parte menos importante pero significativa de asalariados
de las nuevas industrias bahianas (polo petro- químico, CIA, Petrobrás,
etc.: 18%) y de trabajadores de servicios (mismo porcentaje) y finalmente
una pequeña proporción de asalariados de industrias tradicionales
(5%) y de la administración pública (mismo porcentaje). Estos equipos
ofrecen entonces una imagen muy fidedigna de las diferentes categorías
de trabajadores representadas en el barrio. Estas categorías se
encuentran frecuentemente difuminadas en la vida de los grupos.
Esto no significa que las diferencias sociales estén abolidas. Si
se examina caso por caso la composición de los equipos, se ve por
lo general la presencia dominante de un grupo salido de una misma
familia (un núcleo de algunos hermanos y primos), de una misma empresa
y/o de una misma avenida o callejuela. Esta presencia corresponde
a los núcleos iniciales que han creado y caracterizado a los equipos,
atrayendo enseguida hacia ellos a los vecinos y a los jóvenes del
barrio (estudiantes y desempleados). Las diferencias en los ingresos,
en los medios de acceso a los apoyos externos (un terreno para entrenar
o la ayuda de una empresa o de un almacén para la compra de uniformes
y de balones), crean matices discretos donde se reconocerá sin embargo,
a quienes tienen una cierta estabilidad socio-profesional y a los
otros, o el estado más o menos "equilibrado" o "necesitado" de las
familias de procedencia(22) .
Al tiempo que se incorporan ciertos matices de posición social,
los miembros de las turmas buscan idearse códigos, gustos y fronteras
propias. Se ve esto en la abundancia (y algunas veces en el esoterismo
para quienes no hacen parte) de los sobrenombres que sistemáticamente
se pone a sus miembros (King, Manteiga, Maluco, Bebao, etc.)(23)
y a las turmas mismas ("Motivaçao", "Colher de peixe", "Zorra",
"Zé Bigode de cerra e sua quadrilha"), o a los equipos de fútbol
que ellas organizan(24) . También se le ve en el hecho que la inclusión
de las mujeres, al margen del grupo, es asunto de las "primas y
amiguitas". Se le ve finalmente en el hecho que cada grupo tiende
a localizarse en un "rincón" preferido del barrio --un bar, la esquina
de alguna de calle, el umbral de la casa de uno de los miembros
del grupo, etc.- que se vuelve su sitio de citas, de discusión y
de juego. Lo que se reproduce entonces es el equivalente al orden
familiar, dado que los valores que se difunden en las relaciones
del grupo se desprenden del funcionamiento de las familias y sus
relaciones domésticas: fidelidad, generosidad, solidaridad, honor.
Y así como sucede en las familias, estos valores alimentan de igual
modo tanto las alianzas como los conflictos; son imposiciones que
coaccionan al igual que solidaridades deseables.
Un último ejemplo, evocado brevemente aquí, nos pondrá en presencia
de un grupo que cultiva al mismo tiempo los valores familiares y
los valores locales. La comparasa carnavalesca Ilˆ Aiyˆ fue fundada
en 1974 por jóvenes del barrio Liberdade. Habiendo ganado con el
paso de los años una cierta imagen político-racial y cultural (una
comparsa negra y africanista), se puede ver, examinando la composición
de la turma que le dio origen, que esta comparsa fue ideada en una
red de hermanos, primos, cuñados, compañeros de colegio y vecinos
de barrio. La familia, la escuela y el barrio son los andamiajes
sociológicos donde se inculcaron los códigos relacionales. Esto
conforma todo un pequeño mundo de relaciones, como lo describe este
breve aparte de una entrevista a uno de los fundadores de la comparsa:
"La base [del Ilˆ Aiyˆ] eran personas de Liberdade. Así alrededor
de la zona central, es decir, Curuzu. Todo por aquí, la mayoría era
de por aquí. Curuzu. Progresso. No eramos muchos tipos. En realidad,
la formación del Ilˆ se hizo mucho por la familia. Estábamos juntos,
se hacía todo juntos. Entonces, algunos matrimonios salieron de ahí.
Tres o cuatro matrimonios salieron de ahí. Era realmente un asunto
de familia, un pequeño ghetto. Un grupo más o menos cerrado, donde
poca gente de afuera del eje Libertade-curuzu tenía acceso. Después
otras personas aparecieron, pero la coordinación general quedaba bien
en nuestras manos.
Estaba el grupo llamado "colher de peixe" ("cuchara de pescado").
Se hacían fiestas, paseos. Muchos paseos. El San Juan, se hacía
la fiesta juntos, teníamos todos los mismos vestidos, y en el carnaval
recibíamos de regalo las mismas ropas. En esa época, era un época
mucho mejor, se hacían paseos y además se daba de beber y de comer.
Entonces se llegaba a hacer así grandes grupos, como el paseo que
era organizado por nosotros, que era ...antiguamente se utilizaba
un nombre de marca, era "la zorra ("el relajo") ataca de nuevo".
Era "la zorra", ese era el grupo" (Apolónio de Jesus, fundador de
la comparsa Ile Aiye).
Esta situación no tiene de hecho nada de excepcional. Mucho antes
de que existieran las comparsas afro en Bahía, los grupos carnavalescos
eran ya productos de la sociabilidad de los barrios, y este andamiaje
urbano provocaba algunas veces rivalidades de barrio entre los diferentes
grupos durante el carnaval.
El Ilˆ Aiyˆ se desarrolla bajo el doble signo de una cierta cultura
familiar y de una apología de su lugar de origen. Por un lado, el
origen familiar del grupo es regularmente recordado, e implica en
este caso, a las mujeres --madre, esposa y hermana-- que rodeaban
a los fundadores. Por otro lado, el grupo era presentado, en las
sambas y en los discursos, como una sola familia, "la Familia Ilˆ".
Por último, la participación de los adeptos se hacía muy ampliamente
en familia: 75% están inscritos con sus padres (esposas, hijos,
hermanos, primos) y se pudo encontrar que, desde 1988, las mujeres
son relativamente más numerosas que los hombres entre los adeptos
de la comparsa. Teniendo en cuenta la especialización femenina presente
en las mediaciones familiares, de la que se habló anteriormente,
este fenómeno puede ser considerado como una acentuación del carácter
familiar de la comparsa. Paralelamente, la referencia al barrio,
mantenida regularmente, va de la simple alegoría, que consiste en
denominar el barrio y el sector con el nombre de origen de la comparsa
(Liberdade, Curuzu), a la exaltación del sitio redefinido como territorio
imaginario (quilombo) de la identidad y de la cultura negra.
DE LAS REDES AL LUGAR: LAS MEDIACIONES DE LA CULTURA URBANA
Un lugar urbano puede ser definido de dos maneras. Visto desde
el exterior se puede definir como una región moral, en el sentido
que le da Robert Park. Es este nivel el que define los límites de
los barrios, y sus caracterizaciones morales externas. Este nivel
permite comprender las orientaciones de la movilidad residencial,
la atracción que ejercen ciertas zonas en función de la distinción
que ellas proveen, etc. Este sentido del lugar tiene a la ciudad
entera como contexto de referencia. Es así como la ciudad de Salvador
se puede hoy en día dividir según un modo simbólico dual, que distingue
el lado de la bahía (antiguo y más pobre) y el lado de la orilla
del mar (moderno y más rico); y en este contexto de interpretación,
el barrio de Libertade recibe una parte de su identidad del hecho
de estar localizado del lado de la bahía. La dimensión dentro de
la cual la ciudad es aprehendida en este caso es sociológica y geográfica.
La definición de sitio puede hacerse también desde el interior.
Si se parte de la observación etnológica de las posiciones, redes
e itinerarios urbanos de los individuos (entendidos como la primera
unidad urbana de "pensamiento y de acción", según los términos de
Park ya citados), se percibe que el individuo se vuelve urbano a
través de una serie de mediaciones sociales. En Liberdade nos pareció
que las redes familiares y cuasi-familiares por un lado, y los grupos
de pares por otro lado, eran las principales formas de la mediación
entre el citadino y la ciudad. En el caso de los grupos de pares
con dominanción masculina, estas formas no son necesariamente espaciales
pero producen un apego o una cierta identificación con lugares que
en Bahía se pueden denominar, la "zona" ("pedaço", el rincón ("canto"),
la esquina, la cancha ("quadra") y finalmente el barrio ("bairro"),
sin que haya jamás, dentro de estas definiciones émicas de la identidad
y a pesar de la terminología espacial, un límite físico trazado
con precisión. Se advierte sin embargo, un cierto gusto por una
territorialidad más bien concentrada, centrípeta, y finalmente una
preferencia por la identidad. En el caso de las sociabilidades femeninas,
es el mantenimiento de buenas relaciones alrededor del grupo doméstico
lo que nutre las preocupaciones cotidianas --hay que saber "entenderse
bien con todo el mundo" dice una mujer de una avenida. Esto es lo
que conduce a las mujeres a circular dentro de espacios más dispersos:
en la avenida de residencia; de una avenida a otra; o a lo largo
de las redes de parentela, de amigos o de clientes dentro y fuera
del barrio. Cabría entonces preguntarse, partiendo de la cultura
familiar y del andamiaje doméstico, si las mujeres del barrio no
encarnarían las figuras sociales más centrífugas, mediadoras y abiertas
a la alteridad. En una palabra si no son las más urbanas.
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NOTAS:
1. De ahí viene la noción de "ecología urbana" que ha servido
para caracterizar a este grupo de investigadores de la Universidad
de Chicago de los años 1920 a 1930.
2. Estos diferentes enfoques son desarrollados o analizados por
Hannerz (1983), Simmel (1908/1979), Grafmeyer y Joseph (1979), Joseph
(1983 y 1984). Dentro de esta perspectiva de investigación, Hannerz
(1983:140) va a diferenciar dentro de la ciudad, ciertos dominios
considerados "más urbanos" que otros: los del espacio público, los
del mercado, los del tráfico, etc. Se vuelve a encontrar esta dualidad
dentro de la distinción hecha, más recientemente, por I. Joseph
(1995:9) entre la aproximación a la ciudad desde los espacios domésticos
y desde los espacios públicos, éstos últimos considerados como los
lugares del surgimiento de una cultura propia de la ciudad.
3. Las descripciones de las vecindades de Mexico y del barrio
Esmeralda en Puerto Rico (Lewis 1963 y 1969) -- características
de la impresión del cierre físico y social inherente en la forma
como están escritas-- sirven de contexto "comunitario" para el estudio
de familias urbanas.
4. Este a priori hace parte de la ilusión monográfica, esa que
presupone la transparencia de sentido entre un espacio, una sociedad,
una cultura y un tipo de individuo. En Augé (1992:57-95) se encuentran
algunos desarrollos sobre las diversas formas de concebir el "lugar
antropológico".
5. La ciudad de San Salvador de Bahía es la capital del estado
de Bahía en Brasil (N. del T.).
6. Literalmente "la casa del esclavo en tierra negra", es un terreno
baldío donde se realizaron las fiestas del Ilˆ Aiyˆ de 1976 a 1987.
7. La antiguedad de los barrios populares intra muros explica
la existencia de una pobreza relativamente más estable en la ciudad
que en su periferia. Generalmente, en las grandes metrópolis brasileras,
las condiciones de vivienda de los más pobres (tipo de construcción,
acceso al agua y al alcantarillado) son, tomando un nivel de ingresos
igual, mejores en los centros urbanos que en las periferias (Ribeiro
y Lago 1994:275).
8. El lector colombiano puede imaginarse a Liberbade muy parecida
a la ciudad de Manizales (N. del T.).
9. Un líder de la comparsa carnavalesca afro Ilˆ Aiyˆ declara,
por ejemplo: " he estado siempre orgulloso de ser de la Liberdade.
En otra época había tranvía, las líneas del tranvía estaban clasificadas
por números. La Liberdade es el número 8. Había música y todo eso.
si alguien te molestaba, no importaba quien, decías que eras de
la línea 8, de la Libertade, y la gente te trataba siempre con un
cierto respeto" (Antonio Carlos dos Santos Vovo, fundador de la
comparsa Ilˆ Aiyˆ).
10. Es ahí donde nació la comparsa carnavalesca afro Ilˆ Aiyˆ.
11. Esta diatriba contra un sector aledaño puede ser objeto también
de una segunda interpretación, complementaria: dado que el que habla
es uno de los líderes de la vida de las turmas (bandas) locales
(véase más adelante), se puede pensar que está expresando aquí una
hostilidad bastante característica a propósito de una "zona" vecina
(véase Magnani 1984:139).
12. Si se suman los ingresos de los diferentes miembros de la
casa (cuando son varios miembros los que trabajan) no se llega nunca
a los dos salarios mínimos.
13. En el caso de una de las avenidas más pobres del barrio, se
pudo establecer que las tres cuartas partes de las casas tenían
parientes en el barrio de Libertade, y que 56% de los padrinos y
madrinas de los niños de la avenida, vivían en Liberdade (Agier
1990b).
14. En contraposición, se notará en el mismo cuadro que las familias
de las mujeres, cuyo carácter parcial en términos de funciones se
señaló atrás, se componen principalmente de líneas de filiación
(madres, hijas y niños de las hijas) que parecen igualmente incompletas,
es decir, donde falta la figura del hombre adulto (padre, hijo adulto
o yerno) y sus redes. Por otro lado, para los grupos domésticos
dirigidos por hombres, cabe anotar que la tendencia señalada aquí
parece ser la inversa cuando el status socio-profesional se eleva
y que, simultáneamente, los trabajadores asalariados en ascenso
social se mudan del barrio. Es lo que se pudo verificar con relación
a los asalariados de dos empresas petroquímicas. En estos casos,
la familia nuclear predomina claramente en el grupo doméstico (agrupa
91,3% del grupo). Es más, la presencia de la madre del jefe de familia
y sus agregados disminuye de 8,5% a 5,2% cuando se pasa de los estratos
inferiores a los estratos superiores de las empresas (Agier 1990:55).
15. Gans (1982:256-261) distinguía cuatro sub-culturas de clase
a partir de sus diferencias familiares: las sub- culturas de la
working class, de la lower class, de la middle class y de la professional
upper middle class (la más individualista de todas). Bajo no pocos
aspectos, su caracterización coincide con la caracterización de
las diferentes clases de familia presentadas aquí.
16. La criacao (colocación), muy extendida en el barrio, es distinta
de la adopción oficial (ésta es muy rara). El niño criado tiene,
en su unidad doméstica de acogida, un status inferior a los hijos
de la familia. De otro lado, conserva su apellido original.
17. Este es el caso, en particular, de las familias jóvenes, en
proceso de constitución: se trata de no crear competencia, dentro
de una misma residencia, entre dos hombres (el padre y el hijo)
asumiendo los dos el mismo rol de jefe de hogar.
18. Esto es cierto para la mayoría de los servicios recibidos.
En el caso de las unidades domésticas de presencia masculina, sin
embargo, un único servicio es más frecuentemente solicitado por
el lado de la línea paterna: el préstamo de dinero, del cual se
puede pensar que compromete, más que los otros, una cuestión de
honor para el hombre y para su linaje.
19. Estos resultados provienen de una encuesta en profundidad
en una avenida del barrio. Las interpretaciones que de aquí se desprenden
están más desarrolladas en Agier (1990b:52-56).
20. Cuando tienen una actividad remunerada, las mujeres de las
avenidas la llevan a cabo aún dentro del referente doméstico y familiar,
aprovechando los saberes técnicos inculcados en su socialización:
son empleadas de casa, lavanderas, costureras, nodrizas o auxiliares
de jardines infantiles o de enfermería.
21. A propósito de este tema se deben mencionar dos estudios empíricos
de referencia: Bacelar (1991) relata la experiencia , en Bahía,
de la conquista, por parte de los hombres de una invasión, de una
cancha de football enclavada en una zona de recreo reservada a la
clase media. Magnani (1984) estudia, en la periferia de Sao Paulo,
las redes y los espacios de recreo de los barrios populares.
. 22. Un estudio interesante de la presencia de las diferencias
sociales globales en el "modelo jerárquico del baba" es el de Bacelar
(1991:91-108).
23. Respectivamente Rey, Mantequilla, Loco, Bebedor.
24. La elección de los nombres de equipo de fútbol en el campeonato
mencionado arriba, se hace dando rienda suelta a la imaginación
de los fundadores y puede así revelar los marcos de preferencia
característicos de ciertos comportamientos sociales: el equipo "Dancing
days" (título de una exitosa novela televisada) para los aficionados
a las telenovelas, "Metálica futebol Clube" y "Crƒnio Metálico"
para jóvenes aficionados de los grupos de rock de la ciudad de donde
extraen los nombres, "Vira copos" ("Voltea los vasos) o "Papa água"
("bombeador de agua") para quienes aprecian, además del fútbol la
camaradería masculina de los bares del barrio; etc.
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