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¿CRISIS ECOLOGICA?
EL QUEHACER DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN LO AMBIENTAL


Por
OSCAR MAURICIO ESPINOSA HENAO
ESTUDIANTE DE SOCIOLOGIA
DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGÍA
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS
UNIVERSIDAD DE ANTIOQUÍA
MEDELLÍN

"Ser ecólogo es, antes que preocuparse por la contaminación del mar o de la atmósfera, interesarse por la suerte misma del hombre"

Jacques Yves Cousteau (1.910 - 1.997)


RESUMEN

La situación ecológica del planeta ocupa los primeros renglones del listado de problemas que debe comenzar a franquear la humanidad al amanecer del nuevo milenio. Oleadas de profesionales de áreas técnicas y biológicas han venido aportando elementos para tal fin, pero la premura de soluciones exige políticas ambientales sostenibles no solo para ecosistemas sino también para colectivos humanos. Teniendo en cuenta que lo ambiental se constituye en un problema social, económico y político, el conocimiento científico del mundo social es, mas que nunca, ineludible. No obstante, el quehacer del profesional de las ciencias sociales no ha sido reconocido en cantidad de instancias donde se toman determinaciones sobre asuntos ambientales, en los cuales, después de los recursos naturales, el componente social ocupa, en el mejor de los casos, un segundo o tercer renglón. Los científicos sociales tienen bastante para explorar y contribuir en aspectos relacionados con lo ecológico, por lo cual se exigen profesionales preparados mas allá de las fronteras de su propia rama. Dada la difícil situación ecológica del planeta, y tomando lo social como un componente de lo ambiental, se esbozaran algunos aspectos generales del quehacer de los científicos sociales en la gestión ambiental, como también los desafíos, limitantes y las potenciales áreas de acción al respecto.

I. INTRODUCCIÓN

Las problemáticas ecológicas a las cuales se enfrenta la humanidad, han hecho que se comiencen a aunar esfuerzos para conservar las áreas naturales que aún quedan, e intentar regular al máximo los efectos de la intervención del hombre sobre el medio, buscando así saldar la "deuda ecológica" que se ha contraído con una biosfera que resulto seriamente maltratada por la noción que, desde la revolución industrial, se ha tenido de desarrollo y progreso.

Desde el siglo pasado, el desmedido e irracional aprovechamiento del espacio y de los recursos naturales condujo a su agotamiento y a la degradación del medio ambiente en general. En este siglo, en la década de los setenta, el desequilibrio ecológico dejó de ser latente y se percato la humanidad de que, contrarío a lo que se creía, la tierra no podía reponerse tan fácilmente de la vertiginosa degradación, ni mucho menos era una despensa infinita de recursos. Hoy día, el agotamiento de los mismos amenaza las mínimas condiciones de vida para el hombre en algunas zonas del globo.

Así pues, la situación ecológica del planeta ocupa los primeros renglones del listado de problemas que debe comenzar a franquear la humanidad al amanecer del nuevo milenio. El clamor ambientalista que mundialmente se difunde hoy, día ha robado la atención de comunidades, gobiernos, ONGs y el sector privado. La cuestión ambiental se constituye en una importante plaza de vinculación de profesionales de todas las áreas del conocimiento. Se estima que para el año 2000 el ámbito de lo ambiental habrá incorporado aproximadamente 450.000 profesionales más de las que laboraban en el ramo tan solo en 1995 1.

En este panorama, el propósito de las siguientes líneas es enumerar algunos aspectos generales del papel que tienen las ciencias sociales en materia ambiental, puesto que estamos en un momento en el cual sociólogos, economistas, antropólogos, entre muchos otros, tienen bastante para explorar y contribuir en aspectos relacionados con lo ecológico dada su intrínseca relación con lo social. Ello es un interesante reto para dichas áreas del conocimiento, puesto que se exigen profesionales integrales que estén preparados mas allá de las fronteras de su propia rama.

II. ANTECEDENTES DEL PAPEL DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN LO AMBIENTAL

Aunque la relación hombre-medio y las causas de la degradación ambiental de alguna u otra forma ha sido estudiada analíticamente por las ciencias sociales y humanas 2, éstas no intervenían directamente en la realidad, solo la entendían separadamente desde su escuela, disciplina o paradigma correspondiente. Hasta hace pocos años dichas ciencias no estaban llamadas a brindar elementos propios en aspectos relacionados con la investigación y la toma de decisiones en torno a lo ambiental como tal y las problemáticas ecológicas del momento; cuando participaban lo hacían de forma extemporánea, tangencial o diferida. Este era un terreno básicamente abonado para los profesionales de las ciencias exactas y naturales. En torno a dichas ciencias se diseñaban y ejecutaban cuantiosas investigaciones y proyectos de tipo ambiental con un marcado carácter reduccionista a los recursos naturales.

En su quehacer, no ha sido raro que las ciencias naturales y exactas hayan dejado de lado las particularidades de los grupos humanos que cohabitan el mismo espacio de su objeto de estudio, desconociendo así el entramado social que hace parte y tiene profunda incidencia en el medio. Durante mucho tiempo, para naturalistas y ecologos ortodoxos, el hombre no dejaba de ser sencillamente la principal especie transformadora y perturbadora del medio y de los equilibrios ecológicos, estudiándolo prácticamente al mismo nivel de las especies de fauna y flora. Lo social era simplemente un agregado de individuos que se constituían en un componente de más al interior del ecosistema.

Los profesionales de las ciencias exactas y naturales reducían el análisis social al estudio de medidas conservacionistas, impulsados siempre por la errónea idea según la cual de lo social todos opinan y por ello cualquiera sabe. Sobre sus impresiones determinaban lo que podría ser lo más conveniente para los grupos humanos; rezagando así lo social, en el mejor de los casos, después de sus prioridades investigativas y científicas en particular, a un deformado segundo o tercer plano.

De hecho en materia ambiental algunos científicos han subvalorado a las ciencias sociales, sin tener en cuenta que tan difícil como conocer la dinámica de un ecosistema es trabajar y conocer la dinámica de grupos humanos. En el mejor de los casos, algunos técnicos y funcionarios han creído que lo social se reduce exclusivamente a reunir líderes o fuerzas vivas locales con las cuales, sumando buenas intenciones, intereses particulares y algo de sentido común, se toman decisiones de primera mano y así se da por completada la variable social de sus trabajos. 3

De esta manera algunos científicos, especialmente naturalistas, solo han perseguido conocer a cabalidad los componentes de la naturaleza misma, olvidando en contadas ocasiones que las sociedades tienen también su naturaleza y dinámica propia encerrada, en un complejo bagaje de elementos coexistentes en el entramado social.

III. LAS CIENCIAS SOCIALES Y EL BOOM DE LO AMBIENTAL

Cuando las consecuencias de las perturbaciones del hombre en el medio se manifestaron en la progresiva contaminación de las aguas y el aire, la destrucción de la capa de ozono, el efecto invernadero, la acelerada deforestación de grandes extensiones de bosques, la pérdida de recursos genéticos del planeta, los cambios climáticos, entre otras, se comenzaron a conocer también en el mundo preocupantes indicadores de pobreza, enfermedades, crisis alimentaria, mala distribución del espacio en los asentamientos humanos y de las malas condiciones de vida de gran parte de los habitantes del planeta. En este momento se entendió que lo ambiental era también un problema de carácter social, económico, e incluso jurídico y político.

Desde entonces la preocupación ambiental se extendió a las ciencias sociales, creándose un consenso en torno a la reflexión de estos problemas con el concurso de ellas, además de las naturales y exactas, por supuesto. Tan solo hasta la década pasada, los profesionales de las ciencias sociales habían tenido un pasivo y tímido papel en la investigación y toma de decisiones en aspectos relacionados con el medio ambiente.

Pero el, tan de moda, concepto de Desarrollo Sostenible resaltado en la Conferencia de Río (1992) introduce tres elementos básicos que necesariamente entran a mediar toda cuestión ambiental: crecimiento económico, conservación ambiental e ideales de conseguir un bienestar para el hombre persiguiendo niveles óptimos de calidad de vida, sin poner en riesgo las condiciones para que las futuras generaciones disfruten de un ambiente sano; entendiéndose éste último ya dentro del orden de los derechos humanos.

Una variable componente del desarrollo sostenible es la comunidad, en su acepción mas amplia: la población.

"En general las definiciones de sostenibilidad incluyen algunos o todos los conceptos relacionados con la sostenibilidad ecológica, económica y social; (...) sostenibilidad social en el sentido de que el manejo y la organización sean compatibles con los valores culturales y éticos del grupo involucrado y de la sociedad (equidad), lo que lo hace aceptable por esas comunidades u organizaciones y da continuidad al sistema en el tiempo".4

Con la dimensión que toma la sociedad, las ciencias sociales comienzan a vincularse en todo proceso asociado al mejoramiento del medio ambiente. Dichas ciencias se empiezan a reivindicar al agudizarse los problemas ecológicos a escala mundial, cuando mas urgente se volvió la búsqueda de soluciones sustentables. En este sentido, lo ambiental se asume como una seria responsabilidad ética del hombre consigo mismo y con la naturaleza.

IV. EL LUGAR DE LOS PROFESIONALES DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN LA PROBLEMÁTICA AMBIENTAL

El ambientalismo como ola de esfuerzos por preservar los bosques que quedan, administrar el acceso al medio e intentar controlar los procesos que degradan la biosfera y los recursos naturales, se constituye en un centro de problemas e ideas sumamente interesante para las ciencias sociales. Los estudiosos de lo social pueden contribuir a un análisis del ambientalismo como moda, como cultura, como slogan de grupos y movimientos sociales, como cuestión de cambio de valores de la sociedad y la civilización, o como se quiera tomar en el sin fin de expresiones del ambientalismo como tal 5. Pero, a pesar de lo interesante y novedoso que pueda ser el aporte de las ciencias sociales al respecto, de alguna u otra forma continúa siendo básicamente reflexivo.

Sin lugar a dudas, por lo integral que resulta ser el estudio de lo relacionado con el medio ambiente, éste ya no se limita únicamente a proteger y conservar áreas naturales o al uso sensato de los recursos naturales. El medio ambiente, además de ser un espacio con cosas físicas (recursos naturales) comprende también elementos simbólicos, culturales y sociales. De esta forma, todo proyecto en torno a lo ambiental debe comenzar a integrar lo social a partir de la indiscutible relación que existe entre el hombre (la sociedad) y el medio (la naturaleza), dada la interdependencia y reciprocidad de causas y efectos que tiene la una sobre la otra, con las problemáticas de desequilibrio que al respecto se presentan.

"La degradación del medio natural y la degradación del medio social son dos manifestaciones de un mismo problema".6 Resulta equivocado pensar que la causa de la tala de bosques, por poner un ejemplo, se reduce únicamente al acelerado proceso extractivo de maderas, a la potrerización para la ganadería o a la implementación de monocultivos extensivos. Entre otros, los procesos que también inducen a la deforestación, y que a su vez ésta genera, están íntimamente relacionados con problemas de tipo social, entre los cuales se pueden mencionar las difíciles condiciones de vida de los que allí habitan, la pobreza, la carencia de servicios básicos y la ausencia Estatal. También se conjugan las consecuencias de la presión social sobre los ecosistemas, con el conflicto que genera la tenencia del suelo y con los efectos de las políticas agrarias. La insostenibilidad ambiental de tal o cual actividad económica (sea agrícola, ganadera, forestal, extractiva o de servicios) aún está distante de otras alternativas económicas que demandan las personas. Quiérase o no, la deforestación se correlaciona con el comportamiento de variables demográficas (migraciones, densidad poblacional), con fenómenos como la violencia y sus desplazados, el narcotrafico, y un sin fin de problemáticas que hacen parte del amplio abanico de objetos de estudio de las ciencias sociales.

Como conclusión: todo estudio encaminado a conocer y remediar desequilibrios ecológicos y problemas ambientales, necesariamente tiene que incluir la comprensión de lo social como parte de éstos.

"Las causas que han producido lo particular de la amenaza y de la destrucción del medio ambiente natural son, ante todo, y de eso estamos convencidos, problemas de índole humana y cultural, cuyas raíces se encuentran en el orden económico y social que determina las formas de vida de una sociedad. Es decir, es más un problema de las ciencias humanas, que de las ciencias exactas y naturales, ya que desde el punto de vista de éstas últimas disciplinas las soluciones son factibles y efectivas".7

Por consiguiente, los problemas ambientales que hoy surgen se deben a la mezcla de elementos naturales, socioculturales y económicos, y, precisamente, su solución se encuentra fundada en gran parte en la lógica social que estos contienen y a las cuales se deben. Las ciencias sociales pueden contribuir en este campo aportando insumos y proponiendo soluciones sí es el caso, buscando ante todo que las políticas ambientales sean acordes a las dimensiones y realidades humanas, sociales, económicas y culturales de los lugares donde se implementen. Esta es la única forma posible que existe para que las políticas ambientales, abarcando el componente social, puedan ser realmente viables persiguiendo en serio los ideales del denominado Desarrollo Sostenible.

V. ÁREAS BÁSICAS DE TRABAJO

En la urgencia por regular la intervención del hombre en el medio, encontramos espacios en los cuales los profesionales de las ciencias sociales pueden codearse con los especialistas de las denominadas áreas técnicas, en el marco de grupos de trabajo básicamente interdisciplinarios 8; aquellos son:

* La planificación ambiental y del territorio.9

* Los estudios de impacto ambiental (EIA).10

* La evaluación de proyectos 11.

La ley sugiere que todos estos procesos sean participativos, concertados 12 y ajustados a la realidad y particularidad de colectividades y regiones. Para ello, todo estudio o esfuerzo en relación con la preservación del medio ambiente debe amalgamar el aporte de todas las áreas del conocimiento, tanto de las ciencias exactas y naturales como de las sociales y humanas, sin dejar tampoco de lado el saber de los verdaderamente afectados: las comunidades.

"La participación de la comunidad es un marco privilegiado para la resolución de los conflictos ambientales, dada su capacidad de generar nuevas respuestas a los potenciales y limitantes que presentan las actividades humanas en los ecosistemas que las sostienen. De otra parte, la naturaleza de los asuntos ambientales y de los recursos naturales exige un tratamiento directo, cercano y al detalle, en el mismo lugar de los hechos, lo cual solo se puede lograr con (...) la participación activa de las personas y grupos a quienes realmente afecta un ambiente deteriorado".13

Son varias las perspectivas donde los profesionales de las ciencias sociales pueden comenzar a aportar elementos importantes en las políticas ambientales que se comienzan a institucionalizar a nivel regional, nacional e internacional.

En primer lugar, pueden preverse eventuales incompatibilidades entre las realidades sociales, culturales y económicas predominantes y los valores conservacionistas del ambiente. En caso tal de que surja una antagonía o incoherencia entre éstos, el profesional de las ciencias sociales puede estar en condiciones de definirlas y aportar bases para la conciliación de intereses encontrados, en aras de un beneficio mutuo. Las políticas ambientales, para su ejecución, deben reñir al mínimo con las aspiraciones y las necesidades sociales. No se puede negar que la no intervención de las ciencias sociales en muchos proyectos ha llevado a su fracaso, simplemente por considerar los aspectos socioculturales como irrelevantes, lo cual se expresa en algunas ocasiones en conflictos entre las comunidades locales con los descontextualizados y, por ende, ineficaces proyectos que se llevan a cabo en sus regiones.

De hecho, gran parte del éxito de las medidas ambientales que se toman en cualquier parte del planeta o en cualquier sociedad dependen, tanto de la congruencia que éstas tengan con las dinámicas económicas, sociales y políticas, como con las que tengan con las aspiraciones, los valores culturales, ética y tradiciones de los grupos humanos implicados.

Así como los estudios relacionados con el ambiente en un inicio se enfocaban hacia el estudio y conservación de tal animal, planta o ecosistema, se espera que la presencia de las ciencias sociales en la ejecución de proyectos ambientales sea una garantía para que no se atenté contra las costumbres locales, simbologías, valores colectivos, percepciones propias o del entorno, y referentes culturales de los grupos humanos. Es obvio que toda intervención en el ambiente genera consecuencias sociales de diversa índole, y viceversa.

De otro lado, los profesionales de las ciencias sociales pueden ayudar a que sean eficaces las organizaciones y políticas encargadas de elaborar y ejecutar los planes de manejo sobre los territorios y los recursos naturales 14. No es atrevido pensar que los problemas ambientales requieren del científico social en cuanto no pueden resolverse sin la gestión institucional y comunitaria, en la cual el componente social es imprescindible.

No obstante, resultaría equivocado caer en el extremo de pensar que el científico social es el mesías del cual depende la salvación de la hecatombe ecológica, ni mucho menos puede predecirse el rotundo fracaso de cualquier tipo de proyecto de carácter ambiental por la ausencia de las ciencias sociales.

Si bien es cierto que las iniciativas locales y regionales son importantes y plausibles para remediar los problemas ambientales, y que el científico social puede aportar elementos para la solución de los mismos, no se puede desconocer que soluciones concretas a algunos de los serios problemas ambientales que aquejan al globo son ajenas a él, dado el carácter transnacional de los agentes que los generan y la interconexión mundial de sus efectos y causas en un mundo cada vez más globalizado.

En efecto, mientras la mayoría de países del norte no tengan la suficiente voluntad política para aportar a la solución de situaciones conflictivas cuyo remedio depende básicamente de ellos, los problemas ambientales tenderán a agravarse, tales como: el acelerado y poco planificado proceso de industrialización, el desmesurado derroche de energía y el casi nulo control de las exageradas emisiones atmosféricas, especialmente de residuos de hidrocarburos; la inexistente cooperación económica con fines conservacionistas de bosques tropicales, cuyo principal servicio ambiental es precisamente la fijación y transformación de bióxido de carbono; el mal manejo de desechos y residuos industriales; el monopolio que se persigue sobre los derechos legales de la investigación, producción y comercialización de los potenciales usos biotecnologicos de especies promisorias; y otros más. Con los poderosos intereses económicos de los verdaderos responsables de la degradación ambiental, la crisis ecológica seguirá agravándose en medio de problemas y tensiones geopolíticas que la colocan dentro de la expresión de un problema estructural y de relaciones de poder entre los países desarrollados y subdesarrollados, entre los cuales los derechos, deberes, responsabilidades y líneas de acción correspondientes en materia de política ambiental no son todavía del todo claros y equitativos.

Así, algunos tratados y compromisos internacionales han quedado inertes en el papel, como lo revela el pobre balance, en resultados y avances, que se ha realizado de los compromisos y metas acordados hace seis años en la Conferencia de Río: la destrucción de la capa de ozono no cesa; sí en una parte se deja de talar una parte de bosques, en otra se deforesta tres veces mas, la contaminación de las aguas y el aire es progresiva; las transferencias y aportes económicos establecidos con fines conservacionistas no están disponibles ni aumentan de acuerdo a la urgencia de las necesidades.

Por consiguiente, y teniendo en cuenta que lo ambiental en cualquiera de sus facetas se constituye en un problema de carácter social, económico y político, el conocimiento científico del mundo social es, mas que nunca, ineludible.

Hoy en día, para administrar racionalmente los recursos naturales, el espacio y el territorio en pro del equilibrio ecológico, se requiere necesariamente de regulaciones sociales en las cuales el científico social esta llamado a participar, tanto en la reflexión de su factibilidad como en su delimitación y ejecución. De esta manera, las ciencias sociales brindan elementos para inducir a formas colectivas de comportamiento que sean favorables al medio, sin las cuales quizá es imposible remediar en lo más mínimo la situación ecológica del planeta.

En términos generales,

"El conocimiento científico de la sociedad lo necesitan todos, sobre todo quienes ocupan puestos cruciales relacionados con la organización de las relaciones con el ambiente. En otras palabras, también los planificadores del territorio y del ambiente deben adquirir un conocimiento científico del mundo social. Las ciencias sociales, las ciencias del hombre como constructor de sistemas, organizaciones e instituciones, deberán ser parte de la formación profesional de los planificadores ambientales."15

"En lo concerniente a la dimensión ambiental, la planificación corresponde a la formulación y programación del proceso de ajustes y transformaciones del sistema social y sus estilos de desarrollo, de tal manera que conduzcan a la conservación de los recursos naturales renovables y al mejoramiento del ambiente, así como la estrategia para ponerlos en ejecución. (...) La planificación así entendida debe partir del estudio y análisis de los siguientes campos:

* La ideología y la organización social.

* Valores y actitudes de la sociedad frente a la naturaleza.

* La ocupación del territorio y las opciones tecnológicas (uso y manejo)". 16

Los estudiosos de lo social también tienen importantes espacios de trabajo en los Estudios de Impacto Ambiental y en la Evaluación de Proyectos, los cuales buscan medir los efectos del hombre sobre la naturaleza y la sociedad misma. Todo EIA o Evaluación de Proyecto recae en primera instancia en los sistemas físicos y biológicos, y en última, en los colectivos humanos. Así, dichos estudios cobran importancia en cuanto se constituyen en mecanismos que a futuro pueden mitigar los costos ambientales, económicos y sociales de los mismos proyectos. Además pueden ser uno de los medios mas precisos para conocer las opiniones, actitudes, aspiraciones y criterios de las poblaciones directamente afectadas por los proyectos, puesto que las comunidades ya se preocupan e inquietan por los aspectos relacionados con su bienestar y desarrollo. 17

VI. A MANERA DE CONCLUSIÓN

De manera indistinta la naturaleza coexiste por sí misma. Los problemas ambientales no se solucionan otorgándole prioridad a la intervención sobre los recursos naturales; reforestando X cantidad de hectáreas, reciclando desechos o recuperando causes no se subsana la degradación del medio. De hecho, la problemática ambiental se encuba en circunstancias económicas, sociales, políticas, institucionales e incluso jurídicas. Se requiere entonces recrear nuevos tejidos sociales, en los cuales la cohesión social e institucional -a veces ausente- se articule con formas y medios de producción favorables al entorno. Vista de ésta manera, puede inferirse que el derecho a gozar de un ambiente sano es consecuencia de la asignación de responsabilidades, competencias y facultades a cada estamento componente de lo social, partiendo desde grupos, colectividades y organizaciones de base, pasando por toda clase de instituciones, hasta llegar a las administraciones públicas y emporios económicos.

El abanico de opciones para la vinculación profesional de los científicos sociales es bien amplio e interesante, y la verdad es que del papel del profesional de las ciencias sociales en materia ambiental queda bastante por examinar, mas aún cuando en muchos lugares no se le ha reconocido a éste su espacio y función. De por medio se conjugan una serie de ingredientes que se plantean bien como limitantes o como retos para la vinculación laboral de dichos profesionales.

Entre las limitantes se encuentran las inestables formas de contratación laboral, el desafío del aparato educativo de instruir profesionales bien preparados de acuerdo al exigente y cambiante medio, las erróneas apreciaciones y creencias de instituciones o funcionarios con respecto al profesional de las ciencias sociales y humanas, considerado éste todavía como innecesario o, en el mejor de los casos, un profesional transitorio. En ocasiones se carece de garantías presupuestales para ejecutar a cabalidad los proyectos o garantizar a mediano plazo la vinculación misma del profesional; como también todos aquellos aspectos relacionados con los burocráticos manejos institucionales, tanto del Estado como no gubernamentales, en los cuales, desafortunadamente, las calidades profesionales quedan por detrás de los intereses clientelistas y prevendatarios que priman sobre los anteriores.

Dentro de los retos, esta la construcción de un discurso interdisciplinario, o lo que es en el fondo la verdadera integración académica; además del compromiso propio que debe asumir todo profesional de estar al tanto de los adelantos tecnológicos en lo concerniente a los sistemas de manejo y procesamiento de información (información cartografica, redes y bases de datos, sistemas de información geográfica, etc.), lo cual incluye la innegable necesidad de dominar mínimo dos idiomas, y, en general, de estar presto a prepararse en todo aquello encaminado a estructurar profesionales integrales, calificados y competitivos.

No es extraño que algunos programas educativos con ánimos de formar profesionales en asuntos afines a lo ambiental, concluyan, desafortunadamente, en personas más bien "familiarizadas" y "sensibilizadas" por problemas ambientales, que en profesionales institucionalmente competentes. A menudo se carece de rigurosidad teórica, epistemología y metodología para tal fin. Es imperativo elaborar y reconfigurar currículos sistemáticos y coherentes en pro de la calidad de profesionales con dicho perfil laboral

Ademas,

"La educación y formación ambiental requiere de una construcción o reconstrucción teórica y epistemológica específica y concreta, así como una o varias posturas filosóficas, dependiendo de la visión del mundo y el contexto y situación socioambiental donde ésta exista o se cree." Esta "es un Área de Conocimiento que está formada no sólo de conocimientos científicos -positivistas, marxistas, realistas, idealistas, metafísicos, procesual, etc.-, sino igualmente cotidianos, populares y tradicionales."18

Para finalizar la presente reflexión, y sin querer dejar discusiones saldadas (todo lo contrario), puesto que se han tratado algunos aspectos neurálgicos...

"Conviene recordar que cualquier sistema biótico hoy es difícil estudiarlo sin la presencia humana, pues la incluye en un grado u otro (...). Presencia que no es estática ni mucho menos indiferente al medio, por el contrario, con estrechas relaciones simbólicas, económicas, sociales y hasta sicologícas."19

La premura de soluciones a la problemática ambiental exige políticas ambientales sostenibles y acertadas, no solo para ecosistemas sino también para colectivos humanos. En materia ambiental, los aspectos sociales deben dejar de ser "un apéndice que simplemente nos manda la ley como un compromiso"20, deben constituirse en una parte integral del compromiso que comienza a adquirir la humanidad con el planeta, al cual el científico social puede contribuir en lo técnico-investigativo, teórico-reflexivo y de gestión integrada de recursos naturales y del territorio.21 Queda pues la siguiente reflexión:

"... Se requiere un cambio conceptual, un cambio de enfoque teórico, de paradigma de desarrollo. (...) tiene que basarse en una integración de las ciencias naturales y de las ciencias sociales, tan dramáticamente separadas desde hace un siglo y sin lenguaje común alguno; los científicos naturales tienen que aprender a entender el funcionamiento de la sociedad, y los científicos sociales tienen que aprender a entender el funcionamiento de la naturaleza, y ambos grupos tienen que aprender a entender las interrelaciones entre sociedad y naturaleza. Creo que además se requiere de una reintegración de disciplinas y profesiones tan excesivamente especializadas que han perdido toda capacidad de formulación de una visión en conjunto, de percibir el papel de su particular conocimiento dentro de una interpretación global, dentro de una visión en conjunto, no solo de la sociedad, sino también de la interacción entre sociedad y naturaleza." Osvaldo Sunkel.

BIBLIOGRAFÍA

- CAMINO V., Ronnie de. Sostenibilidad de la agricultura y los recursos naturales: bases para establecer indicadores. San José de Costa Rica: Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura. 1993. 134 pags.

- FIGUEROA HERNÁNDEZ, Adrián: "El mito y el mitote de la educación ambiental." En: Perfiles liberales. N° 49, (1996); pags. 41-47.

- GHUL, Ernesto. Las fronteras políticas y los límites naturales. Fondo FEN Colombia. Bogotá, 1991; 373 pags.

- LOZANO FLOREZ, Raúl y OJEDA AWAD, David: "Planificación ambiental del desarrollo: limitaciones del marco normativo". En: Derecho y medio ambiente II. Corporación ecológica y cultural "Penca de Sábila". Medellín, 1994. pags: 493- 529.

-RODRIGUEZ-VILLASANTE, Tomás (* ). "Estudios de Impacto Ambiental y Participación Social". En: Evaluación y Corrección de Impactos Ambientales. Serie "Ingeniería Geoambiental". Instituto Tecnológico Geominero de España; 1991. pags: 59-67.

-SOSA, Nicolas M.: "Ecología y ética". En: Conceptos fundamentales de ética teológica. Marciano Vidal (ed.). Madrid. Editorial Trotta, 1.992. 906 p.

- STRASSOLDO, Raimond (** ). Sobre Ambiente y Ecología, en Franco Demarchi (ed.): Diccionario de Sociología. Ed. Paulinas, Madrid; 1986. pags: 60-66 y 556 - 566 respectivamente.

-SUNKEL, Osvaldo. "Interrelaciones entre el desarrollo y el medio ambiente". En: Ecodesarrollo, el pensamiento del decenio. Margarita Marino de Botero et al, (compiladora). INDERENA, PNUMA. Bogotá, 1983. 588 p.

-Revista SUMMA Internacional: "Cuáles serán los empleos del mañana?" (edición especial); N° 93, Marzo, 1995; pags. 48-56.

NOTAS

1 Dato calculado por el Instituto Alemán de Ordenamiento Económico (DIW) en 1995.

2 El materialismo histórico, la ecología humana, el positivismo, la sicología, la economía clásica, la escuela de Chicago, la geografía social; por ejemplo.

3 RODRIGUEZ-VILLASANTE, Tomás. "Estudios de Impacto Ambiental y Participación Social". En: Evaluación y Corrección de Impactos Ambientales. Serie "Ingeniería Geoambiental". Instituto Tecnológico Geominero de España, 1991.

4 CAMINO V., Ronnie de. Sostenibilidad de la agricultura y los recursos naturales: bases para establecer indicadores. San José de Costa Rica, Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura. 1993. p. 15.

5 STRASSOLDO, Raimond. Sobre Ecología. En: Franco Demarchi (ed.): Diccionario de Sociología, Madrid, Ed. Paulinas. 1986.

6 Rafael Hernandez del Aguila. La crisis ecológica. Barcelona, 1.985. Citado por Nicolas M. Sosa: "Ecología y Ética". En Conceptos fundamentales de ética teológica. Marciano Vidal (ed.). Editorial Trotta, Madrid, 1.992. pag. 860.

7 GHUL, Ernesto. Las fronteras políticas y los límites naturales. Bogotá, Fondo FEN. 1991. p. 14.

8 Es pertinente revisar la discusión que se plantea en torno a la inter-disciplinariedad, multi-disciplinariedad, o trans-disciplinariedad, como lo denominan otros).

9 En Colombia es una competencia de las Entidades Territoriales según la Ley General del Medio Ambiente. La elaboración y ejecución de planes de manejo del territorio y de los recursos naturales es el paso previo para al Desarrollo Sostenible. Es la única forma de remediar los problemas existentes y regular al máximo las relaciones con el medio natural. (Ley 99 de 1993: art. 5, num. 4; art. 7; art. 29, num. 5; art. 31, num. 5 y titulo IX de la Constitución Nacional, art. 80)

10 Requisito legal para medir la incidencia de toda clase de proyectos de infraestructura en el medio y en los grupos humanos ¿beneficiados?.

11 Sean proyectos de índole social, ambiental, económico o de infraestructura. Públicos o privados.

12 Principio Constitucional. Aunque dependiendo de los intereses involucrados en algunas ocasiones se maquilla con la denominada participación lo que en el fondo no es mas que simplemente una consulta a los representantes de las colectividades directamente afectadas por algún proyecto o programa. En otros casos participación y concertación con las comunidades se llama al hecho de informarlas, y así argumentar que son participes de lo que se va a ejecutar o ya se está llevando a cabo en determinados lugares, sin haberle pedido previamente opiniones a los realmente implicados, sin haberlos escuchado; en últimas, sin haber tenido incidencia alguna en las decisiones tomadas. En pocas palabras: se consultan los proyectos cuando están elaborados y próximos a ejecutar, pero no se permite la participación en la discusión y elaboración del proyecto mismo.

13 LOZANO FLORES, Raúl, et al. "Planificación ambiental del desarrollo: limitaciones del marco normativo". En: Derecho y medio ambiente II. Medellín, Corporación ecológica y cultural "Penca de Sábila". 1994. p. 501.

14 La ley 99 de 1993 dispone que los planes de manejo sean concertados entre las diferentes esferas de la sociedad civil con las instituciones competentes para que sean efectivos. Art. 1, num. 13; art. 2, num. 4; art. 29, num. 3.

15 STRASSOLDO, Raimond. Sobre Ecología. En: Franco Demarchi (ed.): Diccionario de Sociología, Madrid, Ed. Paulinas. 1986. p. 564.

16 LOZANO FLOREZ, Raul, et al. "Planificación ambiental del desarrollo: limitaciones del marco normativo". En: Derecho y medio ambiente II. Medellín, Corporación ecológica y cultural "Penca de Sábila". 1994. p. 502, 504.

17 No olvidar los mecanismos de "participación" que brinda la constitución de 1991. Art. 79; titulo IV, cap. I.

Ver un completo trabajo de la relación ciencias sociales - medio ambiente, con énfasis en los EIA, en: RODRIGUEZ-VILLASANTE, Tomás. "Estudios de Impacto Ambiental y Participación Social". En: Evaluación y Corrección de Impactos Ambientales. Serie "Ingeniería Geoambiental". Instituto Tecnológico Geominero de España, 1991. p. 59-67.

18 FIGUEROA HERNÁNDEZ, Adrián. "El mito y el mitote de la educación ambiental". En: Perfiles liberales, N° 49, México, marzo-abril 1996, p. 46.

19 RODRIGUEZ-VILLASANTE, Tomás. "Estudios de Impacto Ambiental y Participación Social". En: Evaluación y Corrección de Impactos Ambientales. Serie "Ingeniería Geoambiental". Instituto Tecnológico Geominero de España, 1991. p. 59, 60.

20 Ídem, p. 60.

21 Se sugiere ver en el Informe de la Comisión sobre Países en Desarrollo y Cambio Mundial, Por el Bien de la Tierra, la segunda parte: "La investigación de las dimensiones sociales de los asuntos de medio ambiente y desarrollo", y la siguiente: "La agenda de investigación social y los requerimientos institucionales". De manera amplia, detallada y separadamente por temas, se exponen los principales tópicos de investigación al respecto. (Nota del autor).

* Dr. en Ciencias Políticas y Sociología. Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Campus de Somosaguas. Universidad Complutense de Madrid.

** Profesor de Sociología Urbano-Rural. Facultad de Ciencias Políticas de la U. de Trieste y en la Facultad de Economía y Comercio de la U. de Trento.


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