Una Aproximación Antropológica al Trabajo de los Carreros-Areneros
de Florida
SEGUNDO CONGRESO VIRTUAL DE ANTROPOLOGÍA
SETIEMBRE DE 2000
Alvaro Adib Barreiro & Carlos Santos
Florida-Montevideo
Uruguay
Resumen
El presente trabajo constituye un avance de investigación - del
proyecto del mismo nombre - que se viene desarrollando en la ciudad
de Florida, ubicada en el centro de Uruguay, unos 100 Km. al norte
de Montevideo.
En esta ciudad hemos dado con una manifestación cultural el
trabajo de los carreros-areneros- que plantea un interesante caso
para el análisis antropológico: se trata de la adaptación de un
oficio tradicional a una estrategia de subsistencia más amplia,
constituyendo una alternativa a las serias dificultades que presenta
el mercado formal.
En el mismo sentido, nuestro análisis pretende cuestionar las visiones
que atribuyen estas formas de adaptación exclusivamente a las condicionantes
económicas; nos motiva el interés de considerar estas estrategias
de subsistencia como un conjunto de herramientas culturales transmitido
socialmente, rastreando su origen hasta las primarias poblaciones
rurales de nuestro país. Mas no por ello dejamos de reconocer que
los protagonistas de esta estrategia se mueven en un mundo de la
necesidad.
Creemos que la relevancia de una estrategia de subsistencia de
este tipo en un mundo nutrido de expulsados o marginados
del mercado laboral formal bien merece ser tenida en cuenta
a la hora de planificar políticas sociales de emergencia.
Además consideramos que esta estrategia de subsistencia bien podría
integrarse a lo que desde la UNESCO se ha definido como patrimonio
cultural inmaterial.
La investigación se ha realizado considerando a la etnografía como
método, destinando un importante capítulo a la fotoetnografía, tomando
referencias conceptuales de la Antropología Social del Trabajo y
la Antropología Económica.
"Perico hace en la vida lo que desea hacer. Va por ella como
un río por la tierra. Cumple su misión con respeto de sacerdote
por su religión. Pero él no sabe esto. Lo hace así porque él también
tiene arena dulce y rubia en el fondo. Perico es como un río".
Juan José Morosoli
"En la familia mía el único que arrancó con esto fui yo, con
el tema de la arena y todo eso, ¿Y vos sabés por qué arranco yo?
Yo arranco por mamá, porque me dice:
-ah si te quedaste sin trabajo, ahí tenés un carro - dice- y un
caballo. Arrancá a hacer algo."
Eduardo, carrero-arenero de Florida
"El reino de la necesidad impera férreamente sobre el de la
libertad"
Daniel Vidart
Introducción
Algunos datos preliminares.
La ciudad de Florida capital del departamento del mismo nombre-
está ubicada en el centro del Uruguay, unos 100 kilómetros al norte
de la capital Montevideo. Los datos del último censo indican que
tiene una población de aproximadamente treinta y un mil seiscientos
(31600) habitantes[1]. Esta ciudad nació a fines de 1809 a orillas del río
Santa Lucía Chico, congregando entre sus primeros pobladores a inmigrantes
europeos, criollos e indios cristianizados[2].
Esta ciudad no ha escapado al proceso de migración campo-ciudad
que ha afectado a los países de nuestra región. Tanto es así que
Florida pasó de concentrar el 23% de la población departamental
en 1908, al 47,5% en 1996. Este proceso migratorio se ha intensificado
notoriamente en los últimos 40 años[3].
¿Por qué los carreros-areneros de Florida?
El caso de los carreros-areneros presenta una interesante oportunidad
para debatir algunos supuestos manejados hasta ahora por la antropología
y otras ciencias sociales, pero también por el folclore y la literatura.
Los epígrafes que abren este trabajo en parte resumen, el viaje
que nos condujo hasta la visión que pretendemos transmitir sobre
el arduo trabajo de los carreros-areneros de Florida.
Un poco siguiendo a Morosoli y otro poco guiados por los comentarios
de pobladores de la ciudad de Florida, nuestra búsqueda inicial
fue de 'areneros' -como Perico- o sea practicantes de un oficio
tradicional que pudiera ser analizado como tal. Sin embargo al tomar
contacto con las personas, con los trabajadores, caímos en la cuenta
de que el fenómeno de los areneros en Florida incluye un número
reducido de trabajadores tradicionales, y como contrapartida agrupa
a una gran cantidad de trabajadores zafrales por un lado, y ha carreros
que han ampliado el espectro de los recursos que explotan.
Con la referencia a Eduardo queremos dar cuenta de otra de las
percepciones con la que tomamos contacto en el campo; la importancia
de una actividad como la del carrero-arenero, que por su flexibilidad
y adaptabilidad se convierte en una frecuente salida a las dificultades
de empleo en el mercado formal de trabajo. Ya que referimos a la
formalidad, conviene adelantar que otra de las posibilidades que
arroja este estudio de caso es la de analizar la integración de
actividades informales -las de los carreros-areneros- con otras
muy formalizadas -como la construcción-.
El cuestionamiento de la descripción del arenero que hace Morosoli
en su Perico nos condujo a una visión crítica de las miradas que
explican estas estrategias de subsistencia por razones estrictamente
económicas; es así que inicialmente proponemos pensar estas formas
de adaptación como una estrategia cultural de los sectores carenciados,
originaria del medio rural pero cobrando cada vez mayor vigencia
en los medios urbanos del interior del país. La visión cultural
no implica desconocer las serias carencias que soportan estos trabajadores
y sus familias, y por eso la coincidencia con Vidart, cuando afirma
que en estos casos "el reino de la necesidad impera férreamente
sobre el de la libertad".
Los Carreros-Areneros
El Trabajo
Los carreros-areneros se dedican a explotar diferentes recursos
naturales de las costas del río Santa Lucía Chico en las proximidades
de la ciudad de Florida. Los arenales que podríamos denominar
canteras de extracción-, están ubicados entre unos 5 a 8 kilómetros
al este de la planta urbana. Hasta allí llegan estos trabajadores,
contando con un carro tirado por caballos como principal herramienta,
de ahí su denominación. Según la tradición oral de la comunidad
floridense, uno de los primeros usos comerciales o laborales que
se le dio a los carros en la ciudad fue la distribución y comercialización
de agua. Los aguateros fueron durante décadas una figura típica
del incipiente paisaje urbano floridense, hasta el surgimiento y
difusión del agua potabilizada. Posteriormente, ante las necesidades
de materiales para la construcción, los carros comenzaron a ser
utilizados para la extracción de arena y canto rodado o pedregullo.
Desde su origen esta actividad se localizó en las márgenes del río,
característico por sus grandes arenales, permanentemente en crecimiento
y ricos en preciados y homogéneos guijarros.
Actualmente el uso de los carros es bastante diverso, ante la existencia
de nuevos métodos de extracción de arena (palas mecánicas o camiones).
Sin embargo la extracción de pedregullo parece ser un reducto del
trabajo manual, ya que no existen métodos mecánicos para el procesamiento
de la arena. Además de los areneros tradicionales que todavía
los hay- existen individuos que complementan la extracción de arena
o pedregullo con otros recursos, como la leña de monte, césped,
tierra, e incluso venden un servicio de transporte, utilizando el
carro como flete.
Los Trabajadores. En nuestra pesquisa hemos encontrado practicando
estas actividades a personas de entre 10 y 60 años, en su gran mayoría
hombres aunque también existen algunas mujeres, que generalmente
colaboran con sus maridos en el desarrollo de las tareas. Las situaciones
en que se encuentran cada uno de estos trabajadores son bastante
distintas, pero hay ciertas generalidades bien claras. De los más
jóvenes podemos decir que en su mayoría son trabajadores que han
continuado una forma de vida propia de su familia practicada
anteriormente por sus hermanos mayores y/o sus padres-. En otros
casos se trata de personas que han desarrollado la capacidad de
realizar diferentes labores, los típicos changadores
o sieteoficios. También hay varios casos en los que
trabajadores expulsados del mercado laboral formal buscan una salida
alternativa, reciclándose de otros trabajos o profesiones (electricista
o verdulero, por ejemplo) hacia la autogestión de un
carro. Por último también hay claros exponentes de trabajadores
que practican la extracción de arena como un oficio tradicional,
y que han dedicado gran parte de su vida a esta actividad.
Si bien el trabajo de los carreros-areneros es reconocido por la
Intendencia Municipal de Florida (IMF) y por la Dirección de Hidrografía
(DH) del Ministerio de Transporte y Obras Públicas ya que
son estas instituciones las que otorgan los permisos habilitantes
para la extracción de arena- no existe ningún tipo de estadística
sobre esta actividad. La IMF no tiene registros ni de trabajadores
ni de permisos expedidos. La DH -en el último contacto que tuvimos
con los encargados de la zona que comprende al departamento de Florida-
tiene registrados sólo dos permisos anuales de extracción de arena,
por volúmenes irrisorios (uno de los permisos habilitaba a extraer
2 m3 de arena equivalente a un carro completo-
en un año, a una persona que realiza la extracción con un
camión).
A la indiferencia de las instituciones administrativas a
la que debería sumarse la actitud pasiva de los organismos de seguridad
social- con estos trabajadores, se agrega la que manifiestan los
propios habitantes de la ciudad, quienes visualizan a los carros,
que transitan por las calles día a día, como un elemento más del
paisaje urbano.
Una de las pretensiones iniciales de la investigación era la de
realizar un relevamiento censal de estos trabajadores, lo que no
pudo concretarse por razones de tiempo, económicas, y por el curso
que adoptó la pesquisa en su desarrollo.
Las estimaciones de los propios carreros-areneros sobre el número
de trabajadores son muy variadas; algunos aseguran que hay más de
200 personas desarrollando esta actividad lo que por otra
parte parece exagerado-, hay quienes dicen que hay entre 80 y 100
carreros-areneros y otros hablan de un número no superior a 60.
Adoptando una postura conservadora preferimos coincidir con esta
última estimación, basándonos además en un detenido relevamiento
que realizamos por la zona periférica de la ciudad, donde pudimos
constatar la existencia de aproximadamente 30 carros estacionados
en el exterior de otras tantas viviendas.
La Técnica. La extracción de arena se realiza paleando
directamente el material desde el suelo al carro. Actualmente esta
variante de la es realizada por muy pocos carreros-areneros, ya
que los métodos modernos de extracción han reducido la competitividad
de los carreros-areneros. Éstos sólo pueden comercializar el producto
en pequeña escala y sus costos son mayores frente a los de quienes
extraen la arena con camiones.
Como lo mencionamos anteriormente, la extracción de pedregullo
no tiene una competencia de este tipo, ya que no existen medios
mecánicos para el procesamiento de la arena. Para realizar este
trabajo además del carro y la pala necesarios para la arena-
se utilizan una zaranda y un balde. La actividad consiste en reconocer
un arenal donde el tipo de material sea lo suficientemente grueso
y homogéneo. Allí se instala la zaranda, que tiene un soporte para
mantenerse en pie. En su extremo inferior este gran colador tiene
una especie de embudo en cuya desembocadura se coloca el balde.
El trabajador lanza la arena a paladas contra la rejilla de la zaranda,
de forma tal que el material es colado, dejando pasar
las piedras más pequeñas y haciendo que los guijarros gruesos caigan
en el balde. La calidad del pedregullo es decir el tamaño
de las piedras y su homogeneidad- depende de la inclinación que
se le dé a la zaranda con respecto al suelo. O sea que cuanto más
inclinada esté la zaranda menor será la calidad del pedregullo,
porque va a contener muchas piedras pequeñas y su tamaño no será
uniforme. Por el contrario cuando la zaranda está en la posición
más horizontal posible, se logra un producto de muy buena calidad,
ya que la arena pasa por la rejilla a menor velocidad colando el
producto más eficientemente.
Los Medios de Producción
El carro. El instrumento principal de estos trabajadores es al
mismo tiempo su medio de transporte: el carro. Existen tantos carros
como carreros, pero al mismo tiempo presentan muchas regularidades.
En su gran mayoría se trata de vehículos autoconstruidos, con tablones
de madera que constituyen la caja posterior del carro, asentado
sobre un eje de auto o de camión, con sus correspondientes neumáticos.
De esta caja salen las varas, dos troncos finos colocados
de forma paralela- en la parte central anterior, que sirven
para amarrar los caballos. También hay otro tipo de carros; algunos
tienen la caja hecha con tablas enteras de madera, otros la tienen
de chapa metálica y hasta hay algunos que están hechos para ser
conducidos por dos o tres caballos.
Además de ser el medio de transporte, el carro funciona como unidad
de medida. Un carro de arena equivale a 1,5 m3 de arena.
Aquellos que están construidos con tablones tres por lado-
permiten además realizar mediciones parciales (el límite de cada
tablón indica 0,5 m3 de arena).
El caballo. Al caballo lo podemos ubicar en un nivel de importancia
igualable al del carro. La tracción animal es fundamental para el
traslado de la arena o el pedregullo desde los arenales. Los propios
trabajadores destacan el papel protagónico del animal, lo que puede
percibirse por el trato humanizado que reciben los caballos: se
les asignan nombres propios, se les habla o se les insulta
como si fueran personas, generalmente no se les castiga, su alimentación
es considerada un insumo básico para el éxito de una jornada de
trabajo, y se les atribuyen mañas o estados emocionales.
En algunos casos la relación entre el carrero y su caballo podría
interpretarse como de compañerismo si no fuera porque
está preestablecido un vínculo de dominación.
La zaranda. La zaranda es un rectángulo de madera, cuyo tamaño
es variable aunque promedialmente la medida estándar 2m de largo
por 0,5m de ancho. En el 1,5m superior la zaranda tiene cosida una
malla metálica que precisamente es la que permite colar
la arena. El medio metro inferior contiene el embudo que permite
dirigir el pedregullo al recipiente colocado para tal fin- y los
pies, extensiones de las tablas laterales de la zaranda
que sirven de apoyo en la tierra. La zaranda necesita de un tercer
punto de apoyo, proporcionado por un soporte de madera generalmente
una rama de árbol lo suficientemente gruesa como para resistir el
peso del instrumento y la presión de la arena al ser procesada.
Los Usos Del Espacio
El campo en la ciudad
Las actividades de los carreros-areneros encierran apropiaciones
del espacio características tanto de un medio rural como de un medio
urbano. El trabajo extractivo -en los arenales del río, atravesando
el monte- tiene mucho de la vinculación que se genera entre el hombre
de campo y la naturaleza. "Perico es como un río" culminaba
afirmando Morosoli en su cuento Arenero[4]
y bastante de cierto hay en esto. De todas maneras este vínculo
no es para nada idílico; si bien hay un fuerte aprecio de los trabajadores
hacia el medio en el cual realizan la actividad es cierto que también
lo responsabilizan de los efectos que tiene sobre su salud. Si trabajar
al aire libre, a las orillas de un río, puede parecernos una ventaja
a quienes estamos acostumbrados a los escritorios ciberantropológicos
habría que tener en cuenta que muchas veces -para ser arenero- hay
que palear con los pies descalzos en la arena fría y húmeda de los
inviernos lluviosos y exponerse a la insolación en los veranos.
Además una tarea al aire libre hace que el estado de salud de la
persona sea un factor que incida directamente sobre la productividad
-y por lo tanto en los ingresos- del trabajador y su familia.
Pero esta relación del carrero-arenero con el espacio -que podríamos
en parte definir como rural- no quiere decir que su vínculo con
el espacio urbano sea menos efectivo: por el contrario estos trabajadores
desarrollan las tareas de distribución y comercialización de sus
productos en la ciudad. Además allí es donde concretan las actividades
básicas de su vida cotidiana. Es allí donde tienen sus hogares,
sus familiares, las escuelas donde estudian sus hijos, y es ese
espacio urbano el que genera la demanda de sus productos. Acerca
del desenvolvimiento de estos trabajadores en el medio urbano podemos
tomar como ejemplo la manera en que los encontramos dentro de la
ciudad; temprano en la mañana o sobre el mediodía; después de la
siesta y antes de la nochecita los carros pululan en el paisaje
urbano, de ida o vuelta, desde el río o hacia él. También es común
verlos concretando un negocio, entregando un pedido, o simplemente
transportando a su familia -a modo de paseo- en el carro.
Quien recorre la periferia de la planta urbana puede apreciar que
es precisamente en esta zona de la ciudad donde -preferentemente-
se encuentran las casas de los carreros-areneros: la manera de percibirlo
es mediante la presencia de un carro estacionado en el exterior
de una vivienda. La dispersión de estos trabajadores en la periferia
tiene un punto de concentración en el barrio llamado Aguas Corrientes,
el más próximo a uno de los principales caminos que conduce a los
arenales. Allí en todas las manzanas hay por lo menos dos carros,
llegando a existir -en algunos casos- hasta cuatro carros en una
misma cuadra. Sin embargo esta proximidad no permite hablar de una
comunidad de trabajadores, ya que las viviendas están
perfectamente integradas con las de otros vecinos del mismo barrio.
Podemos vincular estos usos del espacio con algunos de los conceptos
teóricos que propone la Antropología Social del Trabajo; nos referimos
más precisamente a una publicación[5]
de la Asociación de Antropólogos Sociales de Gran Bretaña que identifica
una serie de dimensiones del trabajo; a)energía, b)incentivo, c)recursos,
d)valor, e)tiempo, f)lugar, g)personas, h)tecnología, y)identidad
y alienación, y j) dominios, esferas y sistemas. El trabajo es presentado
como estructurador del tiempo y de la identidad del trabajador,
y en tal sentido es que el cuándo y el dónde del trabajo permiten
relativizar las opciones valorativas que se realizan sobre la actividad.
El lugar, que específicamente es analizado en tanto que espacio
donde se desarrolla el trabajo, permite además un acercamiento hacia
la identificación del trabajador con ese espacio particular, proceso
éste - la identificación - que también se da con respecto al tipo
de herramientas propias de un trabajo. En el caso de los carreros-areneros
esta relación de identificación con el instrumental de trabajo es
llevada al extremo de que reciben la denominación precisamente del
carro que utilizan. En cuanto al vínculo con el lugar, hace referencia
a lo que resaltábamos previamente, en cuanto a la manera en que
estos trabajadores se relacionan con su medio y que definíamos como
un vínculo más rural que urbano, no sólo por el contenido afectivo
de tal relación, sino por las claras determinantes espacio-temporales.
Reconocimiento y división del espacio
Uno de los elementos que nos llevaba a detenernos en la relación
hombre-medio, caracterizándola más como 'rural' que 'urbana' tiene
que ver precisamente con los recursos que debe utilizar un carrero-arenero
para desenvolverse eficientemente en su actividad. Primero que nada
tiene que ser un buen conocedor de los caminos que conducen a los
arenales -que no son es otra cosa que trillos por donde pasan los
carros- y de los caminos dentro de los propios arenales. Porque
no se trata de meter el carro por el mismo camino que los demás;
hay que tener ciertas nociones fundamentales sobre el peso que puede
soportar determinado camino, reconociendo a veces simplemente el
color de la tierra, o los cambios que sufren los arenales luego
de cada lluvia, donde un lugar que antes era ocupado por arenas
firmes puede convertirse en un sumidero del cual sea prácticamente
imposible sacar un carro cargado, porque tanto el vehículo como
el animal se entierran en el suelo anegado.
Luego de llegar al punto de extracción propiamente dicho, el carrero-arenero
tiene que reconocer el lugar del cuál extraer el material. Las estrategias
son variadas y las capacidades también; la textura superficial de
la arena generalmente engaña -por lo menos para el lego en la materia-
y hay que dar algunas paladas para saber si debajo de las primeras
capas de suelo se puede encontrar material que pueda ser bien procesado.
Algunos carreros aseguran que pueden reconocer la presencia de
buenos materiales -o sea de guijarros grandes y homogéneos- a través
del ruido que hace la pala al chocar contra el suelo arenoso. Estas
capacidades, claro está, son producto de la experiencia -conocimiento
empírico- y del vínculo que la persona genera con su medio, con
el espacio en el cual se desenvuelve.
Pero la relación no es simplemente hombre-medio. El arenal es fuente
de trabajo y de vida, para los carreros-areneros de la ciudad y
a veces no es lo suficientemente extenso como para todos. En los
vínculos con los demás trabajadores, los carreros-areneros son reservados
en cuanto a los lugares de donde se extrae el material. Y no los
mueve el temor de que se pueda agotar, porque luego de cada lluvia,
el Santa Lucía Chico trae consigo grandes cantidades de arena que
renueva las posibilidades de explotación. La reserva tiene que ver
con la competencia, con el hecho de marcar un lugar como propio
porque es considerado más accesible, o al contrario, porque se llegó
hasta allí luego de un importante esfuerzo. Además una de las capacidades
más valoradas entre los propios trabajadores es la de reconocer
un lugar donde la extracción y el proceso sea más sencillo que en
otros, hecho este que se convierte en otra de las razones para guardar
silencio acerca del lugar de donde cada uno extrae el material.
Pero esta reserva no siempre es posible, y muchas veces se utiliza
el 'marcado' de un lugar como insignia de su apropiación. En las
primeras jornadas de trabajo de campo, para nuestro acercamiento
-y gracias a un conocimiento superficial de la actividad- utilizamos
como referencia para ubicar a los trabajadores en el arenal los
restos de su propio trabajo. Como indicáramos previamente el zarandeo
deja un rastro inconfundible: pequeños montículos de arena más fina
- lo que no sirve como pedregullo - alrededor de los lugares de
extracción. Estos restos son marcas del trabajo - que si bien no
responden a señas personalizadas - si remiten a cierta 'ética' del
trabajo en la que un carrero-arenero no se 'mete' en el lugar donde
otro ha estado trabajando recientemente. De acuerdo a esta ética
violar un espacio ajeno sería casi tan grave como apropiarse
del material ya trabajado por otro; o sea 'meterse' en el lugar
de otro es como robarle el producto de su trabajo. Esta es una cuestión
de códigos de conducta, y precisamente su carácter normativo responde
a que en la realidad ocurren hechos de este tipo, ya que son materialmente
inevitables. La herramienta para combatir estas actitudes pasa también
por la ética; de esta manera la sanción remite a la reprobación
de las conductas que se alejan de estas prescripciones.
Sobre las formas de almacenamiento
Uno de los usos del espacio fundamentales para esta actividad es
el almacenamiento, del que existen formas variadas.
Los arenales del Santa Lucía Chico funcionan no sólo como el espacio
productivo de este trabajo, sino como uno de los lugares de almacenamiento.
A lo largo de cada jornada laboral, el arenero hace algunas interrupciones
en sus tareas. El ejemplo más claro quizás es el de la típica siesta,
el sueño breve de las tardes, que se mantiene en las ciudades del
interior del Uruguay con el mismo arraigo que en el campo. En estas
pausas los areneros dejan el producto de su trabajo -ya procesado-
en el monte cercano al río. Pero esta forma de almacenamiento es
utilizada otras tantas veces para acumular material de una jornada
a la otra. Claro que no es de las formas más 'recomendables' porque
una fuerte e inesperada lluvia puede hacer desaparecer el trabajo
de una mañana, una tarde o de todo un día. Aunque lo de 'inesperada'
corre más para un observador bastante más urbanizado -por llamarle
de alguna manera- que estos trabajadores, cuyos códigos climáticos
están mas relacionados con la percepción de los cambios en el ambiente
o de la propia sintomatología somática, que con los pronósticos
meteorológicos.
El lugar para realizar este almacenamiento debe ser tan reservado
como el lugar de donde se extrae el material, o aún más, porque
las relaciones de competencia con los demás carreros hacen de cualquier
producto ya procesado un 'botín' bastante atractivo.
Hay carreros-areneros que prefieren -quizás por estos motivos-
almacenar el producto extraído en sus propias casas. Es así que
muchos de ellos tienen lugares determinados para el mantenimiento
de cantidades fijas de arena o pedregullo. A partir de esta modalidad
de almacenamiento es posible además otra forma de comercialización
que no depende del 'encargo' sino que está relacionada con la capacidad
de oferta del vendedor. En muchos casos estos trabajadores se benefician
con el hecho de no tener que salir a distribuir el producto, ya
que los compradores se acercan directamente a ellos.
Estas diferentes formas de acumulación de material pueden relacionarse
directamente con las que propone Tim Ingold sobre los tipos de almacenamiento[6],
distinguiendo entre el ecológico, el práctico y el social. Como
almacenamiento ecológico podríamos definir, en este caso, a los
propios arenales del Santa Lucía Chico ya que además de cantera
de extracción representan un recurso siempre disponible para el
momento en que el trabajador se decide a explotarlo. Como almacenamiento
práctico podríamos catalogar esa reserva de material ya procesado
que los carreros-areneros hacen en el monte, mientras que una clara
expresión del almacenamiento social la hallamos en aquellos casos
donde el trabajador destina un lugar específico de su propia vivienda
para colocar el producto.
Los distintos Carreros-Areneros: una Tipología
Tratando de captar las diferentes generalidades que presentan los
carreros-areneros es que proponemos la siguiente tipología, con
el sentido de lograr agrupamientos de las diferentes situaciones
en que se encuentran estos trabajadores.
Para cumplir con el fin propuesto nos valemos dos criterios diferenciadores:
1) la posición en las relaciones sociales de producción y 2) de
acuerdo a sus saberes y habilidades.
Según el primer criterio y siguiendo la conceptualización que hace
Marx del proceso de trabajo[7], proponemos tres tipos de trabajadores: los cuentapropistas,
los familiares y los proletarizados.
Siguiendo el segundo criterio podemos diferenciar a los carreros-areneros
en trabajadores tradicionales y 'sieteoficios' urbanos.
Para dar cuenta satisfactoriamente de la situación socio-económica
de estos trabajadores ambos criterios deben cruzarse; esto es, las
dos diferenciaciones que proponemos no son suficientes para explicar
la realidad de los carreros-areneros si no se consideran a un mismo
tiempo y de manera complementaria.
De acuerdo a las relaciones sociales de producción
Los cuentapropistas. Son aquellos carreros-areneros que son propietarios
de los medios de producción. En este grupo encontramos a los trabajadores
tradicionales y también a muchos de los 'sieteoficios' urbanos que
han adaptado el uso de su carro no sólo para la extracción de arena,
sino para otras actividades relacionadas o no con los recursos naturales
que ofrece el monte fluvial.
Los trabajadores familiares. En este grupo podemos incluir a los
trabajadores más jóvenes y a las mujeres. En muchos casos colaboran
con el trabajo de un hombre adulto, y es de esa manera que toman
contacto con la actividad. Los medios de producción que emplean
son un bien común, que ha sido utilizado anteriormente por los adultos
del núcleo familiar. El producto económico de su trabajo es administrado
por el grupo familiar, que muchas veces se encarga hasta de la distribución
y comercialización de los materiales.
Los proletarizados. Estos son los trabajadores que venden su fuerza
de trabajo a los propietarios de los medios de producción. En estos
casos generalmente se trata de 'sieteoficios' urbanos, trabajadores
zafrales, que se dedican a la extracción de arena como complemento
de otras actividades que realizan a lo largo del año. El propietario
de los medios de producción generalmente es proveedor de barracas
de construcción, a las que les vende arena extraída con camiones
y el pedregullo que extraen para él los carreros-areneros. Del 'salario'
que reciben estos trabajadores se les descuenta un porcentaje que
supuestamente se destina al gasto de alimentación del caballo. A
pesar de que este contratante generalmente posee permiso de extracción
de arena -tramitado ante la Dirección de Hidrografía del Ministerio
de Transporte y Obras Públicas- la relación con los trabajadores
es completamente ilegal. Esta flexibilidad es la que permite -¿o
provoca?- una gran movilidad de los trabajadores de esta actividad
a otras.
De acuerdo a los saberes y habilidades
Los trabajadores tradicionales. En este tipo incluimos a aquellos
carreros-areneros que se dedican exclusivamente a la extracción
de arena y pedregullo. Son los exponentes del oficio tradicional,
o sea de un conjunto de saberes y habilidades específicos transmitidos
generacionalmente. Sus vinculaciones con la actividad se remiten
a su infancia a sus años mozos. Como categoría son lo más próximo
a las descripciones de Morosoli. Considerando la estructuración
de saberes, estos trabajadores son los de mayor 'prestigio', los
veteranos más conocedores de la actividad y los que aseguran que
'no cualquiera puede ser arenero'. Vinculándolos con la categorización
anterior -en base a las relaciones sociales de producción- podemos
decir que son propietarios de los medios de producción, y por tanto
su actividad puede considerarse como autogestionada o cuentapropista.
Los sieteoficios urbano. Esta quizás es la categoría
más difusa. Aquí encontramos tanto a cuentapropistas como a trabajadores
proletarizados, o sea desde propietarios de sus medios de producción
hasta desposeídos que venden su fuerza de trabajo. Considerando
sus saberes y habilidades podemos decir que se trata de personas
calificadas para realizar diferentes tareas, tanto urbanas como
rurales. Aquellos que son dueños de sus propios medios de producción,
se reconvierten: además de areneros se transforman en vendedores
de leña de monte -que ellos mismos montean-, vendedores de panes
de césped -que ellos mismos cortan del monte y colocan en los jardines
de los compradores- y en muchos casos también utilizan su carro
como flete. Como se puede apreciar esta reconversión de los carreros
apunta a una venta de servicios, que parece ser orientada tanto
por la demanda del mercado local como por la creatividad de cada
uno de estos trabajadores.
Aquellos que no poseen los medios de producción, los que venden
su fuerza de trabajo, aplican esta actividad como una zafra más;
cuando no hay trabajo en los tambos, en la esquila, en los hornos
de ladrillo o en las cosechas de las granjas hortofrutícolas, se
dedican a extraer arena o pedregullo para quien los contrate. Su
relación en todos estos casos es similar a la del peón rural con
su patrón, aunque con un grado mucho mayor de libertad, lo que le
permite una importante movilidad laboral y le da una capacidad de
subsistencia que seguramente envidiarían muchos de los trabajadores
desempleados, que luego de expulsados del mercado formal de trabajo
tienen pocas posibilidades de reinsertarse en él.
Una Actividad Informal Integrada a la Economía Formal
Como en parte hemos venido adelantando, la actividad de los carreros-areneros
-que podría pensarse como marginal- está altamente integrada con
la economía formal de la ciudad de Florida, que -obviamente- a su
vez se integra de diferentes maneras en la economía nacional.
Para la calificación de informal partimos de los elementos que
propone la socióloga Rosario Aguirre:
...la inserción de trabajadores en actividades de pequeña
escala (...) la inestabilidad laboral, los bajos ingresos y la falta
de protección legal.[8]
El conjunto de estos elementos es una constante en la situación
de los diferentes tipos de trabajadores areneros.
Ahora, si pretendemos analizar la integración de este trabajo informal
en la economía formal, podemos comenzar por el caso de los trabajadores
familiares -los más jóvenes y las mujeres-, partiendo de un fenómeno
particular también identificado por Aguirre:
Los hogares son los ámbitos de integración de distintas modalidades
de trabajo (doméstico, de subsistencia y remunerado) mediante los
cuales se recomponen los ingresos a través de un proceso cambiante
en el tiempo en función de las necesidades y recursos existentes.
(...) Puede haber dentro de una misma familia quienes trabajen en
actividades formales e informales; una misma persona puede incluso
estar simultáneamente vinculada a trabajos informales y a trabajos
asalariados. El desempeño de actividades informales cumple entonces
un papel fundamental ya que al disminuir los problemas del ingreso
familiar, se atenúan las presiones sociales.[9]
Además la integración de la actividad de estos trabajadores con
le economía formal se da por su la comercialización de productos
para la construcción, tanto en barracas o de forma particular. En
el caso de los trabajadores que aquí proponemos llamar proletarizados,
la integración de su actividad se produce directamente al vender
su fuerza de trabajo a alguien que comercializa los productos al
por mayor.
Esta integración parece pasar desapercibida para las autoridades,
tanto por las municipales como por las nacionales, y no sólo por
el hecho de que no exista ninguna fiscalización de los permisos
de extracción, sino por la vista gorda que realizan los organismos
de seguridad social (tanto a nivel jubilatorio -Banco de Previsión
Social- como a nivel de los servicios encargados de la fiscalización
de las condiciones laborales y legales de los trabajadores -Ministerio
de Trabajo y Seguridad Social).
Podría pensarse que la no fiscalización de los permisos de extracción
puede beneficiar a los trabajadores, ya que les permite una mayor
libertad laboral; sin embargo esta situación favorece a quienes
extraen arena y pedregullo del río a través de los métodos no tradicionales
-palas mecánicas y camiones- lo que genera una situación de competencia
que los carreros-areneros no pueden afrontar. No en vano hemos señalado
que esta competencia ha significado que para estos trabajadores
no sea rentable la explotación del recurso arena.
LA TRANSMISIÓN CULTURAL DE UNA ESTRATEGIA DE SUBSISTENCIA
"De gurí fui benteveo, de muchacho embolsador,
fui taipero por el este, y en el norte domador,
naranjero por el Salto, y cañero en Bella Unión,
lobero en Cabo Polonio y en Colonia pescador,
rodé por muchos caminos, la bolita se gastó,
quién me diga siete oficios, pa' mi se queda rabón."
Historia de un viejo, Washington Benavídez
La estrategia de subsistencia de los carreros-areneros, esos saberes
y habilidades a los que hacíamos referencia en el intento de tipología
que proponíamos, tiene un claro origen rural, según las fuentes
y antecedentes que hemos manejado.
Daniel Vidart por ejemplo incluye dentro de los "tipos paisanos"
categoría de trabajador rural afincado en una estancia- al
"peón pa´ todo". Allí lo define como
Hábil jinete, cortador de leña en el monte y en el patio
de paraísos, alambrador cuando se necesita, albañil cuando cuadra,
aguatero cuando el agua del pozo escasea, vareador de los parejeros
del feudo, rasqueteador de los toros de raza, palafrenero humilde
de la niña, mandadero hacia los cuatro puntos cardinales,...[10]
El sieteoficios había sido definido previamente por
el narrador Juan José Morosoli el mismo que hace la descripción
de Perico, el arenero-
El comienza todos los días. Allá averigua que se necesita
un hombre para hacer piques.(...) Terminado el trabajo cobra y marcha
buscando nuevos destinos. Ahora será alambrador, haciendo yunta
con otro agenciavidas como él, con quién compartirá -siquiera sea-
mate y silencio. Otra vez es parte de una comparsa de esquiladores
que va picoteando aquí y allá, porque las estancias tienen sus máquinas
para ese fin. Después será hornero, parando una quema de ladrillos,
(...) Más tarde va a una cruzada buscando contrabando (...) Será
al fin estaquero, que es el que apronta las estacas para hacer un
monte (...) Será otro día domador (...) Hay, además, mil pequeñas
changas en la que este hombre puede obtener unos días de actividad
(...) Si la estancia cercana tiene chacra para el consumo de la
casa desgranará maíz, compondrá algún chiquero, cortará paja en
el bañado para hacer un quinche nuevo (...)[11]
Pero Vidart incluye este sieteoficios en su categoría
de "los desclasados, los buscavidas, los refugiados".
De esta manera sería un descendiente del gaucho, ganapán del
área ganadera lo llama. No duda tampoco al atribuir esta modalidad
de supervivencia a las condicionantes económicas:
"El subempleo crónico del medio rural obliga a los marginales
económicos a rotar de tareas, a una indefinida sucesión de changas."[12]
El vínculo de estas estrategias de subsistencias con el medio urbano
ya está presente en Vidart, no es para nada un descubrimiento de
esta investigación. La diferencia que humildemente planteamos con
este pionero de la antropología en Uruguay radica en la mirada,
en el enfoque. Quizás su visión estuvo mediada por la experiencia
urbana de Montevideo a pesar de que Vidart es originario del
interior-. Allí sin dudas el choque campo-ciudad es mucho más violento
que el que pueda registrarse en una ciudad del interior del país.
Sus conceptos en 1969 eran claros:
"la voluntad de supervivencia de un proletario que huye del
desempleo crónico buscando desesperadamente algún conchabo transitorio
(...) Su ademán rebelde de supervivencia al final sucumbe: se sume
en un rancherío, se engancha de soldado, cae como un aerolito en
un planeta suburbano para revolver en los basurales y tripular un
yoyó descangayado. Éste ya es el último chapaleo. El tipo prístino
ha fermentado y decaído. Sin reservas de voluntad y paciencia, atenaceado
por las enfermedades y loco de hastío, de soledad, se allega a las
colmenas de los arrabales para terminar sus días entre las moscas,
el hueserío y los olores agrios del cantegril"[13] (pág. 29)
Vidart ratifica estas afirmaciones con los propios testimonios
que, de acuerdo a los "tipos humanos" que identifica,
señala como los orilleros. Allí incluye a los habitantes
de los cantegriles, y las propias entrevistas que reproduce en su
trabajo muestran testimonios de personas provenientes del interior,
donde practicaban 'oficios tradicionales' o hacían 'changas'.
A nuestro entender, y a partir del acercamiento etnográfico que
hemos tenido con los carreros-areneros de Florida, este conjunto
de saberes y habilidades, propio del sieteoficios que
encontramos actualmente en un medio urbano del interior no ha sido
valorado en tanto que estrategia de subsistencia. ¿ Es la expresión
cultural de un mundo de la necesidad? No caben dudas. Pero no sólo
eso. Al mismo tiempo esta es una herramienta que la cultura presenta
a los individuos, una adaptación a condiciones socioeconómicas críticas,
pautadas por crecientes niveles de desempleo. Esta adaptación parece
ser la única respuesta posible ante la inercia de un orden social
que instaura la desigualdad y se niega a reconocerla dando vuelta
la cara.
Consideraciones Finales:
Perspectivas Futuras del Trabajo de los Carreros-Areneros.
Aunque parezca demasiado tajante consideramos que el trabajo de
los
carreros-areneros como oficio tradicional está en vías de extinción.
Hacemos esta afirmación basados en una multiplicidad de argumentos.
Como ya lo hemos expresado a lo largo de este trabajo, la extracción
de arena ha dejado de ser redituable, ya que los mecanismos modernos
logran costos que dejan a los areneros tradicionales fuera de competencia.
¿Qué pasa con la extracción de pedregullo? Si bien no existe -por
lo menos por ahora- una forma mecánica de procesamiento de la arena
para la producción de canto rodado, este material ya no se utiliza
en las más modernas técnicas de construcción. El hormigón armado
o las casas prefabricadas parecen ser la tendencia que seguirán
los organismos públicos encargados de realizar construcciones planificadas
(Banco Hipotecario, Ministerio de Vivienda o Intendencias) e incluso
las empresas privadas. Esto afectará significativamente la capacidad
de comercialización de los carreros-areneros, a quienes se reservaría
el mercado de las autoconstrucciones o de las pequeñas empresas
constructoras. Para completar este panorama se deben agregar las
perspectivas de desarrollo económico para el departamento de Florida;
según un trabajo del Grupo Interdisciplinario de Economía de la
Energía
"La Construcción reduciría su participación en el PBI departamental
en todos los escenarios. Descendería un lugar en los 10 sectores
cuya participación en el PBI departamental sería más elevada en
el año 2010; pasaría de representar casi 10% en 1993 a 5,7% en dicho
año".[14]
Es diferente la situación para la estrategia de subsistencia. Creemos
que precisamente a partir de su propia naturaleza tiene una capacidad
inherente de adaptarse a las condiciones materiales que el desarrollo
de las diferentes actividades económicas vayan registrando. Muestra
de ello son las reconversiones que señalamos a lo largo de este
trabajo, donde algunos carreros-areneros han pasado de productores
y vendedores a proveedores de nuevos servicios. En estas adaptaciones
la constante parece ser el carro, señal de identidad de estos trabajadores.
Estas reconversiones que mencionábamos así lo indican, ya que giran
en torno al carro como herramienta principal. La explicación de
esta constante puede ser bastante sencilla: como medio de producción
el carro es barato y accesible incluso para los sectores más carenciados
de la sociedad. Prueba de ello es la difusión de los carritos
entre los habitantes de los asentamientos irregulares de la periferia
Montevideana, donde la supervivencia radica en la recolección y
clasificación de residuos. Siguiendo esta línea de investigación,
acercándonos a una mirada diacrónica, quizás podríamos considerar
esta adaptación que hemos descrito en la ciudad de Florida como
el eslabón perdido entre las carretas de los caminos rurales del
novel Uruguay y los vehículos de los hurgadores del Montevideo
finisecular.
NOTAS
[1] Instituto Nacional de Estadística, Censo Nacional de Población
y Vivienda, Montevideo, 1996.
[2] Con gran esfuerzo y sacrificio de vidas, este territorio
fue poblado poco a poco por el español y por indios mansos,
al punto de que el indio Antonio Díaz donó terrenos para la primera
capilla del Pintado [así se llamó originariamente al poblado de
Florida, antes de que se trasladara a su ubicación actual], Monti
Grane, Wilson, El Paisaje y la Historia de Florida,
en Colección Los departamentos, Nº 6: Florida, Editorial Nuestra
Tierra, Montevideo, 1970.
[3] Cruz, Alberto y Goirena, Felipe, La Población
en Colección Los departamentos, Nº 6: Florida, Editorial Nuestra
Tierra, Montevideo, 1970, y Florida: Economía del departamento.
Análisis y perspectivas al año 2010 Grupo Interdisciplinario
de Economía de la Energía, UTE-Universidad de la República, Montevideo
1996.
[4] Morosoli, Juan José, "Arenero" en "Perico",
EBO, Montevideo, 1982.
[5] Resumen de las ponencias presentadas en la conferencia realizada
por la Asociación de Antropólogos Sociales de Gran Bretaña, en
1979, sobre el trabajo. Social Anthropology of Work,
Book Review, Current Anthropology, Vol. 21, Nª 3, University of
Chicago Press, Chicago, USA, 1980.
[6] Ingold, Tim, "El surgimiento del excedente económico
y su apropiación", Trabajo y Capital Nº 1, págs. 107-137,
Montevideo, 1989.
[7] Marx, Karl, "Proceso de trabajo y proceso de valoración"
capítulo V de El Capital, México, Siglo XXI, 1987.
[8] Aguirre, Rosario Las trabajadoras informales,
Uruguay hoy, Tercera serie Mujer y Trabajo Nº 3, pég. 2, CIEDUR,
Montevideo, 1988.
[10] Daniel Vidart, Tipos humanos del campo y la ciudad,
Nuestra Tierra Nº !2, Montevideo, 1969.
[11] Juan José Morosoli, El siete oficios, Marcha
Nº 39, Montevideo, 1940.
[12] Daniel Vidart, Op. Cit. Pág. 14.
[14] Grupo Interdisciplinario de Economía de la Energía, UTE-Universidad
de la República, Op. Cit., pág. 29.
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