Los unos y los otros en la lucha por la apropiación del espacio.
Ana E. Núñez 1
INTRODUCCION
Hasta la crisis del modelo de acumulación fordista, el Estado
tenía un rol decisivo en los procesos de reproducción del capital
y de la fuerza de trabajo, donde la instrumentalización de las decisiones
respondía a un proyecto político. En los estudios urbanos, se hablaba
de la urbanización de la pobreza, dentro del marco teórico
de las Estrategias familiares de vida. Hoy,donde las relaciones
económicas son impuestas políticamente, los estudios urbanos han
virado hacia el análisis de los nuevos emergentes que provoca el
actual régimen de acumulación capitalista. Concretamente, la investigación
urbana se ha centrado en el espacio de los flujos o la ciudad
informacional, global y dual.
Este economicismo en base al cual se toman decisiones políticas
(a la inversa de lo que ocurría hasta los albores de la década de
1970), encuentra su correlato en un objetivo explícito: mejorar
la productividad urbana, con gobernabilidad y sustentabilidad, pero
a través de unajuste estructural, proceso que, como se sabe,
ha agravado y acentuado la exclusión social. Así, la cuestión urbana
es también una cuestión netamente económica: se piensa que la ciudad
es por donde pasará el crecimiento económico; por lo tanto, hay
que aumentar su productividad y hacerla eficiente, a partir de reducir
el Estado y refundar el mercado. Esto genera un modelo de gestión
urbana basado en la privatización y el plan estratégico. Se
propone, discursivamente, la concertación para proponer ejes estratégicos
de desarrollo para la ciudad pero que, en realidad, responden a
intereses particulares, ya que hoy se interviene sobre fragmentos
propicios para la inversión privada, en ausencia de un proyecto
de ciudad. Se conjuga un trío compuesto por mercado-ciudad-Estado;
hay una modificación del escenario, pasando del político al económico
mercantil, reduciendo el concepto de ciudadano al de mero
consumidor-usuario-contribuyente, lo que nos permite hablar,
ahora, de una pobreza de la urbanización, es decir, como
bien dice Demo, de la pobreza como proceso social y político.
En este marco, el artículo está imbuido del propósito de develar
porqué, en una ciudad intermedia con fuertes contradicciones urbanas,
éstas no se manifiestan en conflictos. Nuestra hipótesis es que
el abordar la inmediaticidad de los movimientos sociales en relación
a la producción y consumo del espacio, encubre la contradicción
urbana fundamental que es su apropiación desigual y los mecanismos
de su valorización, es decir, tanto la participación como la toma
de decisiones políticas están atravesadas axialmente por los procesos
inmediatos de valorización inmobiliaria y por la inexistencia de
un proyecto democrático de ciudad.
El análisis se centra en el accionar de una organización vecinal
y del Estado desde la década de 1970, alrededor del histórico proyecto
de relocalización de un asentamiento irregular de la ciudad de Mar
del Plata.
SOBRE EL ESPACIO SOCIAL MARPLATENSE
Desde la perspectiva teórica de Pierre Bourdieu
2, consideramos que la ciudad es un campo social de fuerzas
en pugna, cuya estructura tiene que ver con el capital acumulado
y su distribución, referenciando por capital todo tipo de bien en
torno al cual puede constituirse un mercado, es decir, tiene que
ser un bien apreciado, producido, consumido y tiene una dimensión
histórica.
Aquí, el capital específico que está en juego es la tierra. Pero
el acceso social a ella puede estar ligado a: 1) aumentar
el volumen de capital económico (como reserva de valor); 2)
al capital social (pertenecer al grupo de propietarios o
terratenientes); 3) al cultural (incorporado bajo
la forma de habitus, ligado a determinados valores de lo
que significa ser propietario u ocupante ilegal);
y 4) al simbólico (ser reconocido como diferente
o no frente a los demás agentes del campo; así, ser propietario
es un bien simbólico).
Los distintos factores que se imbricaron para que surgiera Mar
del Plata 3 (en adelante, MDP) signaron su desarrollo urbano
con un proceso creciente y sostenido de valorización del capital
inmobiliario, coadyuvando a sentar las bases históricas de la división
social del espacio. Concretamente, tres procesos otorgan particular
interés al estudio de la sociedad y el espacio marplatenses:
1) MDP es un loteo aprobado por
excepción, es decir, nace de una transgresión a las normas,
ya que se funda sobre tierras privadas y no fiscales, como establecía
la Ley, proceso que sentó las bases de un mercado de tierras con
una dinámica bastante particular;
2) el predominio histórico de la lógica
del capital comercial. Ya en 1881, del total del capital urbano
invertido, el 92% correspondía al comercial (básicamente
tiendas) y sólo el 8% al industrial, reproducción
del excedente en los servicios que favoreció la especulación inmobiliaria;
y
3) su acelerado proceso de urbanización . La estacionalidad
de su mercado de trabajo atrajo fuertes contingentes migratorios,
tanto temporarios como permanentes, para cuyo asentamiento se crearon
distintos loteos. En efecto, ya en 1914 no sólo ocupa el décimo
lugar entre las ciudades más grandes del país, sino que mientras
Argentina tenía 52.7% de población urbana y 30% de población extranjera,
estos indicadores en el Partido de Gral. Pueyrredón, (en adelante,
PGP), eran del 85.7% y 47.1%, respectivamente. Este proceso,
que la ha ubicado como una ciudad grande entre las intermedias,
alcanza su mayor dinamismo en la década de 1950, cuando se radicaban
en la ciudad 7 familias por día, cifra que hoy alcanza a 3.5 hogares.
La lucha por la apropiación del espacio es el interés genérico
pero hay, también, intereses específicos ligados a las posiciones
que cada uno ocupa en el campo, en relación a la posición social
ocupada. En este mercado, hay oferentes y demandantes del mismo
bien pero, a la vez, hay una diversificación en la producción (distintos
loteos) y en el consumo (distintas formas de provisión de
viviendas); es decir, hay una competencia entre los productores
para ganar distintos tipos de consumidores.
La dinámica del campo es la relación social de propiedad (que permite
la transacción o intercambio, transformando la tierra en un bien
de cambio) y, a la vez, es un signo de reconocimiento de pertenencia
al campo urbano.
No obstante, hay un espacio en el cual este intercambio no puede
tener lugar y es el conformado por los que no tienen capital económico
para entrar en el campo de juego. Pero si bien la vivienda es el
espacio privado por excelencia, desde el cual se puede ejercer el
derecho de excluir a otros, otra cosa es cómo se accede a
esa vivienda.
Lo que estamos planteando aquí es la contradicción establecida
entre un derecho constitucional (Art. 14 bis: El Estado debe
garantizar el acceso a una vivienda digna, es decir,
un derecho social) y el Art. 2506 del Código Civil (sobre el derecho
real de propiedad). Y esta contradicción es la que atraviesa axialmente
hasta el mismo corazón de las políticas públicas: la inconstitucionalidad
de la inacción estatal para con el primero, empuja a una amplia
franja de la población a transgredir el segundo, tiñendo esta práctica
social como ilegal, pudiendo poner en juego sólo su capital
social, es decir, la red de relaciones.
Pero entre ambos espacios (el legal y el ilegal) hay otros intersticiales
donde funcionan submercados, que podemos llamar irregulares y
que interactúan con ellos, donde las fronteras entre lo legal y
lo legítimo no son tan nítidas. Porque en estas relaciones
de poder, de dominación - dependencia entre posiciones sociales
¿cuál es el límite entre la legalidad de la acumulación de tierras
como bien de cambio y el de la legitimidad de la apropiación de
la tierra como bien de uso?
En nuestra sociedad, ser propietario aparece, históricamente, como
una categoría cultural, objetivada, en relación con la capacidad
económica de su adquisición. Es un capital cultural institucionalizado,
legalizado, regulado, que tiene estrecha relación con la existencia
misma de nuestro campo social: la ciudad. El mismo concepto de propiedad
ha quedado, desde el siglo XVII hasta hoy, restringido al derecho
de excluir pero no al de no ser excluido del uso de valores de uso
sociales.
En la base de la dinámica del campo están las estrategias de
distinción , como instrumentos de diferenciación entre las clases
sociales y las fracciones de clase. Sin embargo, el campo de la
producción de esos bienes ofrece continuamente nuevos bienes o nuevas
maneras de apropiarse de los mismos bienes, apareciendo aquí,
como relevante, el rol de los intermediarios.
En la ciudad, es el capital incorporador quien suele actuar como
instancia de legitimación del campo y del surgimiento de la diversificación.
Concretamente, la creación de diferentes mercados de tierra para
distintos sectores sociales.
Es en este contexto que planteamos la distinción entre propiedad
y apropiación. La propiedad privada del suelo, como Institución,
presupone una base legal para el intercambio; un cierto poder
para obtener los derechos de propiedad; el derecho de entrada al
campo. En la transacción prima el valor de cambio de esta mercancía
pero la propiedad, además, supone una ruptura entre la producción
y el consumo, es decir, entre el momento en que se produce tierra
urbana (se lotea) y en el que se consume como soporte.
Contrariamente, la apropiación como proceso social de uso,
ocupación y transformación de un valor de uso, nos propone la indivisibilidad
del circuito producción/consumo. Presupone una base legítima
para el uso de valores de uso sociales. Se privilegia el uso
del suelo, no la propiedad.
El espacio social tiende a funcionar como un espacio simbólico, un espacio de
estilos de vida y de grupos de status. Pero el espacio geográfico
también, es decir, es un espacio que se sobreconstruye en las contradicciones
del proceso de urbanización capitalista pero atravesado por la disputa,
por las luchas por la legitimidad y el poder, procesos que no sólo
tienen lugar en lo material sino, cada vez más, en el campo de lo
simbólico. Ambos se encuentran estrechamente vinculados porque los
costos de reproducción de la fuerza de trabajo son diferenciados
en el uso del espacio. Por que si no ¿cómo explicar la apropiación
del espacio sin comprender la sociedad que lo configura?
MDP surge en 1874, en pleno auge del modelo agroexportador, estrategia
conducida inequívocamente por los terratenientes, quienes establecieron
las bases del mercado de tierras. Este es un momento en el que no
puede diferenciarse propiedad de apropiación, es decir,
la posesión de muy pocos de todo el capital específico, yendo de
la mano de la posesión del capital social (red de relaciones institucionales
y gubernamentales) y del capital simbólico, conforma una ecuación
que da por resultado el ejercicio de una dominación simbólica, o
sea, decidir qué, dónde, cómo, cuánto y para quién producir
y comercializar tierra urbana. En este sentido, históricamente,
la ciudad de MDP fue un recorte territorial de la sociedad nacional
y fue concebida, desde su origen, como un objeto privado,
prevaleciendo una concepción política de orientación de las inversiones
hacia los sectores urbanos destinados a la reproducción del capital
y tendientes a la valorización del espacio y no a la reproducción
de la fuerza de trabajo. Hay una brecha histórica entre recursos
y satisfacción de necesidades de la población en ausencia de un
proyecto político y público de ciudad, donde se conjuguen las contradicciones
que devienen de las necesidades de la población y los requerimientos
de valorización del capital .
Su consolidación a comienzos del siglo como centro turístico no
sólo será importante como sector de acumulación (históricamente,
hay un predominio del sector terciario en el PBI de más del 55%,
frente al 14% de la industria manufacturera) sino de atracción de
fuerza de trabajo. En efecto, entre 1947 y 1991, mientras Argentina
duplica su población total, el PGP la quintuplica, proceso estrechamente
vinculado a la creciente importancia que van adquiriendo las ciudades
intermedias y alcanzando mucho más temprano que el conjunto del
país un alto grado de urbanización, contribuyendo por entero a este
proceso, hasta 1980, MDP, receptora hasta mediados de siglo de migración
extranjera y, posteriormente, interna .
Esta dinámica de los fenómenos demográficos tiene que ver con
la estacionalidad y dinamismo de su mercado de trabajo, ya que el
crecimiento relativo de su población potencialmente activa fue no
sólo superior al promedio del país en su conjunto sino, incluso,
al del Conurbano Bonaerense, área de mayor crecimiento del país,
ya a partir de 1960. En efecto, en el total relativo de la población
activa, MDP supera al CB en lo que atañe a migrantes nacidos en
el extranjero, en todos los estratos ocupacionales. Dicho en otros
términos, entre 1970 y 1980 el PGP presenta un crecimiento de la
oferta de mano de obra que supera una vez y media al CB. Es una
ciudad que ostenta mayoría de clase obrera asalariada con un peso
similar al CB, donde predomina el subsector empresarial, pero distribuida
mayoritariamente en la construcción y los servicios y tiene más
trabajadores especializados autónomos, con alto predominio de los
subsectores microempresarial y cuenta propia.
En otros términos, aún en un contexto de progresiva desindustrialización,
abrupta contracción de las actividades agropecuarias, crecimiento
ininterrumpido del sector terciario, un aumento sostenido del cuentapropismo
en todas las ramas, y ostentando el segundo lugar en los índices
de desempleo del país, la información estadística nos permite verificar
que los hogares y la población marplatenses tienen mejores condiciones
de vida, en todos los estratos sociales, que los del CB y donde
su diversificación productiva y características de su mercado laboral
la han convertido en objeto de una mayor movilidad social, en sentido
amplio. En otras palabras, habría en esta ciudad mayor capital social
de relaciones que favorecería, a partir de las cadenas migratorias,
el ingreso a su mercado de trabajo, ratificado por lo que acontece
al pasar del universo PEA al de la población total: hay un ligero
aumento de la clase obrera a expensas, únicamente, del incremento
del estrato autónomo, lo que está relacionado con dos variables
fundamentales para el análisis de las estrategias de reproducción:
1) las disparidades en el tamaño del hogar, debido
al nivel de fecundidad y la composición de los hogares; y 2)
la especialización productiva de los jefes y los no jefes
del hogar, es decir, de la fuerza de trabajo primaria y secundaria.
En síntesis, en el imaginario social de los inmigrantes, MDP es
vista como el locus posible donde vender y reproducir fuerza
de trabajo.
SOBRE LA DIVISION SOCIAL DEL ESPACIO
En líneas generales, el proceso de estructuración de la ciudad
puede resumirse en dos grandes etapas: 1) desde sus orígenes hasta
la década del ´40, en que la propiedad coincide con la apropiación,
es decir, una idea de ciudad con una clara división del espacio
para la reproducción simple de la fuerza de trabajo y para la reproducción
ampliada de los gestores del proyecto; y 2) a partir de mediados
de 1940, donde se imbrican el crecimiento demográfico y las políticas
públicas implementadas a nivel nacional, produciendo un relativo
acceso social a la propiedad de la tierra en la periferia de la
ciudad por parte de los sectores de menores recursos. Pero la periferización
no es un proceso natural sino un proceso construido, de invención
inmobiliaria, en zonas de baja renta diferencial, favorecido por
una estructura de propiedad de la tierra históricamente concentrada,
proceso en el cual el Estado no ejerció un control real en su producción
y reproducción.
En efecto, entre 1959 y 1981 encontramos las siguientes características:
1) alrededor de 30 propietarios con un promedio de
20 has. cada uno; 2) el 66% de ellos retuvo esa superficie
hasta 1981, permaneciendo casi la totalidad vacante y sin lotear;
3) el 22% los retuvo hasta 1989 y 4)
del 42% de las parcelas que permanecían baldías a esa fecha, el
11% de sus propietarios no residía en MDP. A su vez, entre esos
años las Personas Jurídicas incrementan entre 7 y 10 veces la superficie
bajo propiedad, pero hay una clara estrategia de retirarse del ejido
urbano y expandirse sobre tierra rural, inexplotada, para reiniciar
el proceso de reconversión de uso del suelo. Es decir, un momento
histórico donde se diferencia la propiedad de la apropiación. O
sea, el derecho de propiedad no sólo define una posición relativa
(poseer el capital que está en juego) sino la legalidad del
poder de su administración.
Pero las distintas estrategias nos permiten reflexionar acerca
del sentido que adquiere la propiedad. Una mejor posición en el
espacio social necesita, como complemento, mayor capital simbólico
de reconocimiento. Aquí la propiedad sería la legitimación de esa
posición relativa, la refuerza. Una posición más inestable encontraría
en la propiedad una forma de capital cultural que legaliza o permite
la pertenencia al campo urbano. Dos clases sociales, dos estrategias
de reconversión pero un mismo instrumento de reproducción con rendimiento
diferencial.
Empero, en este juego de reconocimiento la casilla de la renta
sólo se sortea con la ficha del capital económico que es la que
delimita lo posible de lo no posible y es la que confronta, en nuestra
opinión, el habitus (individual y de clase) con el acontecimiento.
Esto supone que hay otra diferenciación entre la posición que
ocupa quien posee en mayor o menor grado el capital y entre la que
ocupa quien no lo posee y es el grado de legitimación social
de esas posiciones.
En tal sentido, es imprescindible aquí hacer referencia al rol
de las políticas públicas, como una dimensión fundamental de la
intermediación en el funcionamiento de este mercado específico,
ya sea por el corpus normativo que reafirma la división social del
espacio (política impositiva, fiscal, inmobiliaria, etc.) y/o por
intervenciones directas sobre el campo urbano que impactan directamente
sobre el precio de la tierra, es decir, sobre la renta capitalizada,
como el proyecto que nos ocupa.
Es este un proceso que verá enfrentados a moradores/ "no-moradores"
4 (inmigrantes) y el Estado aparecerá, en un primer
momento, como mediador para evitar el conflicto. Es decir,
aquí no se enfrentan moradores/Estado. El morador original será
tratado como un "no-morador", que justifica la intervención
del actor "neutro": el Estado, que ejercerá una
acción equilibradora: promover el "progreso" y la
"renovación urbana" (dos Santos, 1981). La fórmula conciliatoria
que usará el Estado será crear condiciones habitacionales
para los expulsados, en otro lado.
Esta lucha que se da por la apropiación de un espacio en pro de
lograr una identificación social en la producción de la ciudad,
puede analizarse a través de los conceptos de Dos Santos de Evento
movilizador, Institución, Catalizador y Lucha que, paradójicamente,
él utiliza para analizar los MSU. El evento movilizador fue el desalojo
de la villa; la Institución se armó sobre el Campo, sin llegar a
confundirse con él; la Organización es la que soportó la Institución,
como representativa de los intereses de los residentes.
El accionar de la Organización se vio reforzado por el Catalizador:
la Prensa. Fue un actor que tornó inteligible el discurso; fue de
confianza para la Organización y fue una intermediación legitimada
tanto por el Campo como por la Arena. En un segundo plano, el Estado
también actuó como catalizador.
El evento...
Alrededor de 1940, comenzó a formarse en Mar del Plata un asentamiento
irregular, denominado "Villa del Divino Rostro", en un
barrio inmejorable desde el punto de vista de su localización
exclusivamente (ver Figura Nº 1), ya que es esa una de las zonas
más altas de la ciudad y está a sólo 15 cuadras del Casino.
Sin embargo, en esos años funcionaba allí una cantera, no había
infraestructura, las calles estaban cortadas y sus habitantes eran
todos migrantes internos que en verano trabajaban en los servicios,
en primavera en la pesca y en invierno en la construcción. Así,
puede leerse en un periódico local "...predios desocupados
y calles cortadas inexplicablemente, donde proliferan viviendas
precarias, antro de suciedad y miseria..." 5
Esta nota está firmada por un propietario de la zona cuyo seudónimo
es Un vecino de Almafuerte, por dos motivos:
1) porque los predios en cuestión
están delimitados por las calles Almafuerte, Lamadrid, Arenales,
Formosa, Matheu (ver Figura Nº 1); y
2) porque propone erradicar la villa
para crear una plaza que lleve el nombre de Almafuerte, en homenaje
a Pedro Palacios, para realizar eventos culturales. La propuesta
es abrir calles a la cultura...
El 14 de noviembre el Intendente contesta que el predio en que
se solicita la instalación de la Plaza no ha sido ofrecido por
sus propietarios y no se puede pensar en la adquisición o expropiación,
dado su extraordinario valor inmobiliario al estar enclavado en
uno de los sectores más codiciados de Mar del Plata.
El 23 de mayo, el vecino de Almafuerte escribe en La
Capital sobre la necesidad de
"...erradicar la villa de emergencia que podría llamarse
de indecencia. Es la zona más alta de Mar del Plata y la más expuesta
a la mirada del turista. Cada día que pasa sin erradicar ni una
sola de esas casillas es un deplorable retroceso. El lugar resulta
inmejorable para la formación de un barrio residencial magnífico
puesto que no hay edificación vieja. Parece una burla de las autoridades
que cualquier persona en terreno ajeno puede levantar sin ningún
control una casilla de lata y cartón. Ha llegado el momento que
los vecinos emprendan una enérgica campaña para dirigirse al Gobernador
ya que no parece solucionarse por la comuna. Se invita a nuclearse
y luchar por ese objetivo" (La Capital, 23/05/1969).
La solicitud de gestión de la localización de un medio de consumo
social (la Plaza de las Artes) permite emerger el evento movilizador
que dará origen a la Organización, donde el Estado en su instancia
local es explícitamente reconocido como no representante de sus
intereses.
El catalizador va a permitir que se manifieste la autorrepresentación
de los participantes de la arena, es decir, la voz de los habitantes,
bajo el título de "La prensa va a la villa":
"Aquí vivimos muy felices. En la mayoría de los casos, nos
estamos construyendo la casa en otro lado y pagando un terreno.
Queremos agradecer a quienes sean dueños de los terrenos por esta
posibilidad de vivir de alguna manera. Si nos tenemos que ir, nos
iremos tranquilos siempre que no nos atropellen" (La
Capital, 26/8/1969).
La Organización contesta por el mismo medio que esa nota aparecida
en el diario es perjudicial para la población estable del barrio
y para quienes aspiran a construir allí, poniendo de manifiesto
el posible estallido del conflicto que devendrá entre los que, distanciados
en el espacio social, están próximos en el espacio geográfico. Se
requiere arbitrar los medios que contribuyan a la mejor convivencia
entre núcleos de población de opuestas condiciones sociales y económicas,
que viven en el mismo barrio. Nadie puede apropiarse de lo que no
es suyo. Le dicen: Tierra de Nadie. Pero esa tierra tiene dueño
(...): el contribuyente, a quien la Municipalidad tiene la obligación
de localizar y exigirle su contribución que tendría que derivarse
a la provisión de los servicios de la zona (La Capital,
5/09/1969).
El 15 de enero de 1970 es reconocida la Asociación Vecinal de Fomento
Divino Rostro, presidida provisoriamente por un vecino de Almafuerte.
Ahora comienza a definirse el Campo. A través de la prensa, la Asociación
invita a los propietarios de los terrenos y a los funcionarios locales
a visitar la villa: "Las calles permanecen cerradas por
rocas, árboles y casillas. El problema sería superado si la
comuna encarara la apertura de las calles. Ahí aparecerán los propietarios
que verían mejoradas las condiciones de sus terrenos y edificarían
sus viviendas,desplazando naturalmente a los residentes actuales
que se quedan porque nadie les dice que se tienen que ir. Este
problema no es de difícil solución, al que se le agrega la falta
de agua" (La Capital, 15/1/1970, sub. nuestro).
El Estado, que recién ahora aparece en el Campo, también utilizará
la prensa para comunicar, seis meses más tarde, que la respuesta
del municipio es la relocalización del asentamiento en cuatro de
los pabellones que componen el Hogar Municipal de Tránsito (en la
localidad de Batán, distante unos 15 kilómetros de Mar del Plata)
y en terrenos cercanos al Hospital Regional, donde se les otorgará
un prototipo de vivienda económica: la Vivienda Espacial (La
Capital, 17/6/1970).
"El tiempo transcurrió sin que los propietarios
de los ahora cotizados solares efectuaran reclamo alguno. Treinta
familias tienen juicio de desalojo en cinco días para que los propietarios
de los terrenos recuperen el dominio de los mismos que en pocos
años alcanzaron un gran valor. Si entre el 11 y el 15 no se desocupan
los terrenos, una topadora destruirá las viviendas. Los habitantes
se dirigieron a la Secretaría de Bienestar Social para solicitar
su mediación. Así las cosas, el IMCREVI informa que ya pueden ocuparse
los primeros 43 departamentos del HMT. Los habitante piden que
se amplíe el plazo a 20 días para poder trasladarse a los terrenos
que han comprado o a una casa prestada (La Capital,
15/9/1970, sub. nuestro).
Los desalojados responden que tener un techo es una seguridad
pero aquello queda muy lejos de mi trabajo (La Capital,
21/9/1970).
El 2 de octubre, 10 familias son trasladadas al HMT habilitado
informalmente. Se les proveyó los materiales necesarios para las
tareas de pintura de las viviendas. El ciudado de las mismas,
su buen mantenimiento, tener huerta o jardín y buena conducta, son
factores que significan un 20% menos sobre el costo determinado
por la superficie cubierta ocupada (La Capital, 2/10/1970).
Preocupado, el Intendente visita la villa desocupada (en parte)
y el HMT para cuya inauguración se va a esperar la venida del Gobernador.
Los que quedaron, están sin agua, sin cloaca, con aguatero pero
a 15 cuadras del Casino. No se quieren ir porque "en invierno
estamos cerca de la fábrica de pescado y en verano de las playas,
donde nos ganamos la vida como vendedores ambulantes o en hoteles
y restaurantes. Algunos de los que dejaron la villa, construyeron
casillas en terrenos baldíos y las venden o las alquilan, como el
"carpintero" o el "constructor. Hay dueño de la cancha
de bochas, regente de la cancha de fútbol y barman's (La
Capital, 13/11/1970).
En este punto del proceso, la prensa desaparece. Al haber respondido
el Estado a parte de la demanda, la Asociación se dirige por notas
directamente al Intendente: "La Asociación reconoce las
causas del estancamiento edilicio y propone soluciones justas. Subsisten
y se multiplican las viviendas precarias, proliferan sus moradores
jóvenes y sin ocupación conocida. Se propone erradicar totalmente
la villa, intimando a los propietarios de los terrenos a levantar
construcciones fijas; realizar un convenio con OSN, la MGP y los
vecinos para dotar de agua y cloaca a toda la zona; realizar la
pavimentación y el alumbrado y crear la Sociedad de Fomento."
(Nota al Intendente, 16/2/1971).
Las peticiones continúan en ese tenor, pero incluyendo una del
14 de junio de 1973 donde la Asociación deja expresa constancia
que "la misma no pertenece al Partido Unión Vecinal, conformado
por quienes convirtieron una entidad de Bien Público en trampolín
de su vocación de gobernantes, quienes fueron únicos autores y beneficiarios
de los "convenios" (Nota al Intendente, 14/6/1973).
Comenzado el gobierno de facto en 1976, la Asociación invita al
Intendente a efectuar una visita a la zona, "una de las
más progresistas en su aspecto edilicio y de las más atractivas
de la ciudad. Pero ahora el problema son los lotes baldíos, cuyo
descuido es inadmisible, teniendo en cuenta el valor de la propiedad
en ese privilegiado lugar" (Nota al Intendente, 15/6/1976).
A partir de aquí, la lucha se centra entre los residentes y los
propietarios de esos lotes baldíos. En 1978, con motivo del Mundial
de Fútbol, el Intendente solicita al Presidente de la Asociación
para "colaborar en obtener la mejor imagen de los barrios
para mostrar un aspecto impecable a los ojos de quienes nos visitan
con motivo del evento" (La Capital, 07/06/1978).
Desde los primeros años del aperturismo fue un objetivo explícito
de la política municipal coronar la ciudad turística con grandes
emprendimientos urbanos. Así, en 1980, del total de las erogaciones
municipales, el 53.1% correspondió a Gastos de capital, de
los cuales el 30% fue a Obras y Equipamiento (el Complejo
Balneario Punta Mogotes, la fuente de agua de la plaza central,
la peatonalización de la calle San Martín, entre otros). En ese
mismo año, los Servicios especiales urbanos representaron,
en promedio, el 35% del gasto municipal, en abierto contraste con
el 5% invertido en Salud yel 8% en Bienestar Social,
guarismos que se mantienen con ciertas oscilaciones hasta mediados
de los ´90 .
Nuevamente, nos encontramos con una concepción de ciudad como
objeto privado y con un Estado municipal facilitador de las
estrategias del mercado, que segrega cada vez más población. Pero
la producción de este campo social aún hoy se debate en la contradicción
capital inmobiliario-capital humano.
Todavía en 1980 continuaban los reclamos por los servicios e infraestructura,
pero la Asociación ya está disuelta. El barrio está
totalmente consolidado como residencial exclusivo y la provisión
de servicios de infraestructura ha sido por cuenta de los vecinos
sin tener una organización que los nuclee. Sin embargo, la Villa
ahora no es del "Divino Rostro" sino que es la Villa de
Paso, ya que su crecimiento se da sobre esta Avenida que marca el
límite del barrio.
Si bien fue el accionar de una minoría con un problema territorializado
específico, en nuestra opinión, constituye un buen ejemplo de la
expresión de una lucha del carácter urbano de la contradicción ,
donde se logra dinamizar el proceso de valorización inmobiliaria,
a partir de decidir que los moradores de un espacio no son más compatibles
con él, son tratados como no-moradores y justifica la intervención
equilibradora del Estado.
En 1998 surge un proyecto del presidente del Honorable Concejo
Deliberante sobre un Programa de Relocalización de la villa, en
desconocimiento del llevado a cabo 20 años antes. El mismo consiste
en el traslado de los habitantes "teniendo en cuenta la
lista de terrenos disponibles y el lugar donde trabajan los sostenedores
de los grupos familiares, para no establecerlos lejos de su ámbito
laboral" 6. Posteriormente, se procederá a la expropiación
y subasta de las parcelas, recaudación que será destinada a solventar
el emprendimiento con créditos que se solicitarán a entidades locales,
nacionales e internacionales. No obstante, " los que puedan,
pagarán sus nuevas casas con una financiación a largo plazo y aquellos
que sean propietarios de tierras en otros sectores de la ciudad,
serán ayudados técnica y económicamente para levantar sus viviendas"
7 .
El proyecto destaca, por un lado, la utilidad pública (sic)
de los predios y, por otro, el interés de la relocalización
en sí, que abarca a más de 300 familias. Empero, el municipio confeccionará
una lista de beneficiarios que "irá ubicando en predios
de distintos sectores de la ciudad" 8.
Según palabras del presidente del Concejo, "esto no es
un regalo; es una tarea compartida entre el municipio, la sociedad
de fomento y la gente que vive en la villa, a los efectos de completar
el cerramiento de un desarrollo urbanístico en un sector importante
de la ciudad" 9
.
En efecto, paralelamente a este proyecto, surgió otro por parte
de los residentes permanentes del barrio, que consiste en desalojar
la villa para revalorizar la zona mediante la construcción de un
shopping. Hasta hoy, ninguno de los proyectos ha sido puesto en
marcha.
A MODO DE CIERRE...
A pesar del tiempo transcurrido desde que comenzó a formarse el
asentamiento, aun sigue consolidándose con familias que migran desde
el interior y cuya ocupación se relaciona con los servicios, la
pesca y la construcción. Asimismo, la relación entre lo público
y lo privado, eje de la participación, debe ser redefinida incorporando
al análisis la consideración de dos factores: el derecho a la vivienda
pero también el rol de la comunidad barrial. El acceso a la vivienda,
ámbito por excelencia de lo privado, instaura una serie de relaciones
sociales que no sólo origina nuevas formas de relación con el poder
local sino que, además, contribuye a la configuración de identidades
sociales. Y esto requiere, como condición necesaria, la estabilidad
del propio entorno, es decir, no sólo el acceso al espacio urbano
y a la vivienda sino la permanencia en ellos.
Es por eso que el desalojo, que lo entendemos como una política
urbana, enfrenta al individuo a una ruptura en la continuidad de
su vida cotidiana; no sólo no puede generar esa red de relaciones
sociales sino que se lo despoja de todo su capital social, el cual
conlleva para estos sectores una seguridad que ni la economía de
mercado ni las políticas sociales focalizadas les pueden garantizar.
En este sentido, los cambios que acontecen en el perfil de la familia,
en la división familiar del trabajo, en la organización del consumo
y, fundamentalmente, la historia del espacio social, son algunos
de los aspectos que se deben conocer, respetar y considerar a la
hora de hablar de relocalización.
Dicho en otras palabras, hay dos desplazamientos estrechamente
imbricados: la migración laboral como emergente de la contradicción
capital/trabajo y su contracara, la migración intraurbana, motivada
por la renta del suelo que no sólo beneficiará al capital inmobiliario
sino, también, al Estado.
Esta inestabilidad en el propio entorno, impide la constitución
de una identidad barrial; hay una ruptura en la continuidad de su
vida cotidiana y la identificación con un grupo también constituye
una necesidad social trascendente. En todo caso, se ha modificado
el patrimonio familiar y, en lo que atañe a la estrategia habitacional
como dimensión de la reproducción social, la propiedad es lo que
permite ejercer un dominio que fundamenta la distinción entre los
más dominados en el espacio social.
Empero, cuando hablamos de propiedad privada, hablamos de la construcción
jurídica del espacio privado 10,
es decir, de la vivienda; del hogar en relación al barrio y al Estado.
Por un lado, la economía de las prácticas nos permite adentrarnos
en la heterogeneidad de la categoría propietario (como capital
económico, capital social, capital simbólico) y, por otro, cómo
es vivido como capital jurídico que establece prácticas de dominación
en la esfera del consumo. En este sentido, entendemos que es necesario
cuestionar el término ciudadano como sujeto inscripto en
el mercado y frente al consumo, ya que se enmascara una relación
estructuralmente desigual y se legitima la fragmentación social.
Por el contrario, la noción histórica de ciudadanía se legitimó
como un significante válido para la lucha en la extensión de los
derechos 11 y el derecho a la vivienda es
un derecho constitucional, y discutir este derecho -dice Azuela
- es discutir el propio estado de derecho. La propiedad es, quizás,
la mejor constatación de las discrepancias entre el derecho vigente
(formalmente válido) y el derecho realmente vivido por una sociedad,
conflicto que atraviesa axialmente las decisiones políticas :
...se descubrieron fórmulas legales para justificar el
desalojo de los edificios ocupados... (Diario Página/12,
29/7/1993)
...el gran problema que tenemos es la gente de las villas.
Es muy difícil conseguir programas de erradicación como nosotros
quisiéramos..
( Ex -Intendente Saul Bouer; Diario Página/12,
23/7/1993)
...la solución debe encontrarse ordenadamente y con justicia,
para darle a cada familia la oportunidad de comprarse un terrenito,
pero con escritura, para que luego esa casa valga algo...
(Gobernador Pcia. de Bs. As., Dr. Eduardo Duhalde, Diario Página/12,
12/10/1995)
Ninguna figura del Código Civil contempla la situación
de los más pobres. Por eso el Estado debe promover la posibilidad
de que todos los ciudadanos (...) puedan acceder a la propiedad..
(ibidem, Diario Clarín, 29/10/1995)
Vemos, entonces, que el límite entre la legalidad (de la propiedad)
y la legitimidad (de la apropiación) se desplaza apenas se confronta
con la realidad social. Es sólo en esta confrontación que puede
entenderse el derecho como práctica social discursiva y relacional
del poder. En términos de Grüner, deberíamos inscribir la política
no sólo como discurso sino como práctica de la polis, y el
escenario de esa práctica no es otro que la ciudad, donde
todos los ciudadanos participen en los asuntos públicos 12
. Vale decir, recuperar el sentido político y público de la
ciudad y no propiciar la formulación de políticas en sus aspectos
técnicos y programáticos. Las políticas públicas deben sumar equidad
+ racionalidad, donde la primera significa reducción de desigualdades
sociales y la segunda optimización de recursos; pero de todos
los recursos que ponen en juego los agentes en sus estrategias
de reproducción: el capital económico, el social, el cultural, el
simbólico. Debemos conocer, respetar y considerar el volumen y estructura
de capital que los actores despliegan para acceder y pertenecer
al campo urbano a la hora de hablar de política urbana.
1 Docente-Investigadora
de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Master en Ciencias
Sociales, FLACSO.
2 Bourdieu, P.
(1997): Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción,
Anagrama, Barcelona; (1993): Cosas dichas, Gedisa, Barcelona;
(1990): Sociología y Cultura, Grijalbo, México; (1988):
La distinción. Criterios y bases sociales del gusto, Taurus,
Buenos Aires.
3 Mar del Plata
es la ciudad cabecera del Partido de Gral. Pueyrredón, en el sudeste
de la Provincia de Buenos Aires y surge en 1874. El soporte empírico-metodológico
de este artículo está basado, por entero, en los resultados de
nuestra propia investigación; Núñez, Ana: Morfología social
de Mar del Plata, 1874-1990, Tesis de Maestría en Sociología,
FLACSO, 1998 (en prensa). Ver, también, Núñez, A. (1998): "Gestión
urbana en una ciudad turística argentina", en Revista
Interamericana de Planificación, vol. XXX, Nº 117-118, Ecuador.
4 Morador no es apenas quien
reside en un lugar, mas quien, por algún consenso, es considerado
como el habitante apropiado, "natural" de aquel espacio"
, en dos Santos, F. (1981): Movimentos urbanos no Rio de Janeiro,
Zahar, Río.
5 Diario El
Trabajo, 02-05-1969.
6 Diario La
Capital, 24-03-1999.
10 En Azuela de la Cueva,
A. (1995): "Vivienda y propiedad privada", en Revista
Mexicana de Sociología, año LVII, Nº 1, Instituto de Investigaciones
Sociales, UNAM, México.
11 Ver Nardacchione, G. (1998): La ciudadanía como significante
social: ¿reconceptualización u ocaso? , en Doxa, Cuadernos
de Ciencias Sociales, año IX, Nº 18, Buenos Aires.
12 Grüner, E.
(1991): "El Estado: espacio de discurso y discurso del espacio",
en SyC, Nº 5, Buenos Aires.
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