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CARACTERISTICAS GEOHISTORICAS DE LA OCUPACION DEL ESPACIO EN EL CURSO MEDIO DEL VALLE DE ELQUI (1).

FERNANDO GRAÑA PEZOA (2)

I.- INTRODUCCION.

A lo largo del presente trabajo, el autor presenta algunos de los resultados obtenidos a través de la ejecución del proyecto de seminario titulado “Características geográficas e históricas de la ocupación del espacio en el curso medio del valle de Elqui entre los siglos XV al XVIII”. En él se pretende caracterizar la ocupación de un espacio geográfico específico y las estrategias adaptativas utilizadas por diferentes grupos humanos a lo largo de los siglos en la extracción de sus recursos y en su relación con el entorno natural inmediato; diversos han sido los pueblos precolombinos y contemporáneos, quienes dentro de su contexto histórico-cultural, han sabido aprovechar las riquezas de estas tierras del semiárido chileno. Para realizar este estudio, se están utilizando diversas fuentes, incluyendo las documentales, materiales, y etnográficas. No se pretende generalizar ni aún menos concluir al respecto, pero si contribuir mediante el estudio de casos, al mejor y mayor conocimiento y entendimiento de los factores geográficos e histórico-culturales que han condicionado y caracterizado la ocupación de un espacio en común, por parte de diferentes grupos humanos a lo largo de los siglos y milenios.

Nos interesa escudriñar en las motivaciones que han llevado a estos grupos humanos a ocupar un espacio en particular. El ser humano desarrolla modos de vida y conductas asociadas según sea su propio bagaje cultural, dentro del cual se ha formado y desarrollado, gracias a las experiencias de vida particulares y comunitarias. Sin caer en una postura favorable al determinismo geográfico, consideremos que el medio ambiente natural es un factor que influye fuertemente en el accionar del ser humano, el cual busca satisfacer a como de lugar sus necesidades biológicas y culturales, por lo que se hace imperioso conocer y explotar de manera óptima, las bondades ecológicas del basamento geográfico en el cual se localizan. Cada pueblo, poseedor de una cultura distintiva, ha desarrollado sus propias maneras de percibir y relacionarse con el medio ambiente natural donde están insertos (cosmovisión), lo que hace más complejo he interesante conocer como y porqué un grupo humano elige un espacio para su asentamiento temporal o permanente. Entonces, deberían existir factores o elementos comunes al momento de seleccionar un espacio, los que serían transversales temporal y culturalmente.

Nuestro trabajo se desarrolla en el área correspondiente al curso medio del valle de Elqui, el cual se localiza en la Cuarta Región de Coquimbo, Chile. Este valle posee características ecosistémicas que lo tipifican y distinguen, lo que ha permitido, al igual que otras zonas del semiárido, el asentamiento de poblaciones humanas desde, a lo menos, el 10.000 A.C. (véase Ampuero, 1994; Llagostera, 1989; Niemeyer, 1989; Orellana, 1992).

Si bien los sitios más antiguos de la región se localizan en sectores costeros (Quereo, Huentelauquen), también existen sitios de larga data en tierras interiores, entre los cuales podemos señalar a San Pedro Viejo. Estos primitivos pobladores, se organizaron en grupos reducidos, con asentamientos estacionarios y dispersos, aprovechando de manera primordial, recursos naturales de temporada (cfr. Castillo, 1986). En el área del río Elqui, existen evidencias esporádicas y poco trabajadas sobre estos grupos arcaicos, los hallazgos fortuitos de material arqueológico, motivan a pensar en la existencia de importantes yacimientos arqueológicos, no tan solo en el valle mismo, sino que también en quebradas tributarias y tierras de interfluvio norte y sur. No tan solo estos grupos tempranos se habrían hecho presentes, sino también, prácticamente la totalidad de las manifestaciones de grupos alfareros conocidos para la zona, incluyendo sitios tipos (El Molle y Las Animas), e importantes yacimientos como cementerios, aldeas y un pucara. Un riguroso y constante trabajo de prospección y documentación en terreno, podría arrojar más de alguna sorpresa al respecto.

II. El medio ambiente natural como factor de influencia en la ocupación el espacio

Antes de iniciar una aproximación histórica al problema que nos interesa, daremos un vistazo a las características naturales que posee el valle y que de una u otra forma han influido en la ocupación humana del mismo a lo largo del tiempo. Entre los factores a describir, nos referiremos al clima, relieve, hidrografía, y por último a la flora y fauna típicas de la zona.

a) El Clima.

La Región de Coquimbo está bajo la influencia del anticiclón del Pacífico, lo que provoca el bloqueo permanente de los sistemas frontales causantes de las lluvias. Gracias a lo persistente de este sistema de circulación atmosférica anticiclonal, y de sus eventuales desplazamientos hacia el Norte o el Oeste, se dará forma al carácter semiárido de la zona.

No podemos dejar de considerar el importante papel jugado por el relieve en la caracterización climática de la zona, cuyas variaciones (las del relieve), favorecen o impiden el ingreso hacia tierras interiores de las masas de aire húmedo y de los escasos sistemas frontales que se presentan (Romero, 1985:79).

El mal tiempo posee una escasa frecuencia, siendo común lo irregular de las precipitaciones (lluvias), de lo cual deriva no solo el rasgo de semiaridez,  sino también una gran incertidumbre climática, influyendo de manera decisiva en la conformación resultante entre el paisaje natural y las actividades humanas (Instituto Geográfico Militar(IGM), 1988:18).

La localización de la Región, determinada por su condición de borde austral del Desierto de Atacama y como área de transición hacia la zona mediterránea de lluvias irregulares de invierno, otorgan al Elqui un sugerente valor como frontera natural entre diversos ecotonos. Los abundantes días despejados y transparentes son producto del descenso de masas de aire seco, frío y limpio desde la alta atmósfera. A su vez se presenta un fenómeno de inversión térmica típica de los sectores de subsidencia, lo que lleva al registro de una gran radiación solar en todos aquellos lugares que no son afectados por las neblinas y nubosidad costera.

El fenómeno de subsidencia atmosférica explica un rasgo característico de la Región: las temperaturas no disminuyen con el aumento altura, por el contrario, estas aumentan, lo cual determina que una extensa área del  interior presente temperaturas más altas que la costa, precordillera y cordillera de los Andes. Este incremento térmico comienza a presentarse a partir de los 1.000 m.s.n.m. en verano, desde los 700 m.s.n.m. en primavera, y desde los 500 m.s.n.m. en invierno (IGM, 1988:20).

Esto genera una franja de tierras interiores que se desarrollan entre los 500 y 1.200 m.s.n.m., en donde se produce un interesante fenómeno de inversión térmica, lo que favorece el desarrollo de vegetación y fauna asociada, así como actividades agrícolas intensivas. 

La sumatoria de elementos que interactúan en la caracterización climática de la región, permiten diferenciar tres zonas o franjas altitudinales con rasgos bien particulares, según Schneider (1969) estas son:

-          Clima semiárido litoral: se presenta en la costa penetrando en los cursos inferiores de los valles. Se caracteríza por una alta humedad relativa durante todo el año, llegando a valores del 80%. Frecuentes son las neblinas, camanchacas, brumas y nubusidad en las mañanas y tardes. Los días despejados no superan los 100 durante todo el año, registrando una temperatura media anual de unos 14ºC con la ausencia total de heladas. Las precipitaciones son ligeramente inferiores a los 100 mm. anuales.

-          Clima semiárido interior: se presenta en una franja intermedia ubicada entre la costa y la cordillera de los Andes. Se caracteriza por un humedad atmosférica media de un 60%. Los días despejados  anuales llegan a los 200 o más, alcanzando una extraordinaria limpidez atmosférica. La amplitud térmica diurna y anual es muy marcada, registrando en invierno temperaturas bajo cero y en verano superiores a los 30º; a igual latitud existe una suave alza respecto al litoral.

-          Clima semiárido de montaña: se presenta en el macizo andino, registrando una humedad relativa anual no superior al 50%. Las temperaturas registradas son de unos 8 a 9ºC en los valles (a 2.700 metros de altura). Las precipitaciones caen bajo la forma de nieve, aumentando considerablemente con la altura y latitud.

(Schneider, 1969, citado por Comisión Nacional de Riego (CNR), 1979:7)

En la zona  correspondiente a la cordillera de Doña Ana, los inviernos son húmedos y fríos, especialmente entre los meses de Mayo y Octubre, mientras que los veranos son cálidos y secos. A los 3.750 metros la temperatura media anual es de 4,3ºC, el mes más frío es julio con –1,8ºC, y enero es el mes más cálido con una media de 9,9ºC. Las precipitaciones medias anuales llegan a lo 242,3mm anuales, de los cuales 96% cae durante el invierno bajo la forma de lluvia o nieve. Existe una gran variabilidad interanual en las precipitaciones, con la existencia de frecuentes los años secos y lluviosos, y poco frecuentes los años normales (Squeo, et al, 1994:5).

Cuando las condiciones anticiclonales son interrumpidas por vaguadas o bajas presiones continentales originadas en el Norte de Argentina, se producen algunos vientos cordilleranos propios de la zona, entre los cuales se destaca el terral. Iniciado de preferencia durante la madrugada o en por la noche, este viento eleva considerablemente las temperaturas, llegando esta alza a los 10ºC por sobre la media mensual, duplicando la intensidad del viento y reduciendo la humedad relativa desde un 80 a un 20% (Romero, 1985:81).

Un rasgo importante a considerar es la sequía o las lluvias excesivamente restringidas. Esto por que es la sequía el fenómeno climático que más ha influido e influye en la distribución de los asentamientos y actividades de la población, especialmente en las tierras interiores. Ello motivó una temprana ocupación de áreas con posibilidades de ser regadas sobre planos de inundación fluvial, un traslado masivo de habitantes desde los interfluvios hacia los valles, o en su defecto, la subsistencia precaria de población en condiciones ambientales críticas con una muy baja disponibilidad de recursos, especialmente lo que respecta al agua, suelos y vegetación (IGM, 1988:23).

Sobre este problema, Conte (1986), nos plantea que para definir un año como de sequía, se deben presentar precipitaciones entre los 30 y 60 mm. anuales, llegando en años extremos a medidas inferiores de 30 mm. Las causas del fenómeno serían comportamientos anómalos del anticiclón del Pacífico, el cual se desplazaría a latitudes mayores de las que ocupa normalmente, provocando una baja en las precipitaciones y un menor rendimiento pluviométrico en caso de tormentas. El anticiclón actúa como una verdadera barrera contra los sistemas frontales que provocan la lluvia. Una segunda causa sería la variación de las temperaturas del océano, modificando así la evaporación sobre ellos y en consecuencia el agua que es incorporada a la atmósfera, influyendo así en la cuantía y frecuencia de las lluvias (Conte, 1986:112).

El registro histórico de la sequía, nos dice que las zonas más afectadas entre los años 1915 y 1980, corresponden a las tierras ubicadas entre las cuencas del río Elqui por el Norte y Limarí por el Sur. En las tierras del Elqui se han registrado importantes períodos de sequía. Durante una observación de 58 años, entre 1920 y 1977, en Vicuña se midieron 7 años con precipitaciones inferiores a 30 mm. y 7 años con precipitaciones entre 30 y 60 mm. En Paihuano el registro arroja 9 años con precipitaciones inferiores a 30 mm. y 18 años con precipitaciones entre los 30 y 60 mm. (Conte, 1986:117).

La sequía provoca un drama humano y natural, lo que se traduce en un deficit de agua para todo uso, disminución del forraje y por ende muerte del ganado (especialmente caprino), disminución de la producción agrícola y forestal, y una mayor vulnerabilidad ante incendios forestales.

b) El Relieve.

Según Börgel (1983), desde el punto de vista geomorfológico, esta región se clasifica como de ‘planicies litorales y cuencas del sistema montañoso andino-costero’. Es un territorio difícil y complejo, pese a lo cual sería posible distinguir algunas unidades geomorfológicas: las planicies litorales y fluvio-marinas en la costa, y una región montañosa interior en donde la cordillera de la costa y de los andes se unen, desde el punto de vista del relieve, pero no desde el punto de vista litológico. La depresión intermedia se presenta muy estompada, expresandose en jirones, ya sea en forma de cuencas o corredores longitudinales en sentido N-S; no es continua y bien conformada como en el  Norte Grande (Börgel, 1983:71).

Los sectores correspondientes a los cursos medios de los ríos Elqui, Limarí y Choapa, presentan llanos de sedimentación fluvial. Existiría una estrecha relación entre el primitivo poblamiento de la zona y estos amplios valles, que con aspecto de cuenca, ocupan los cursos medios. El paisaje adquiere rasgos abruptos producto de la erosión lineal con que los ríos cortan la compleja orografía. Podemos apreciar numerosas gargantas excavadas en la roca viva amenizando una topografía que durante toda la historia ha sido un desafío para las comunicaciones y desarrollo regional.

Es en los cursos medios donde se producen las principales confluencias de ríos y quebradas, de donde derivan importantes hechos como la existencia de recursos hidrológicos óptimos para el desarrollo agrícola. Se produce un retroceso de las laderas de los cerros, producto de la erosión y en consecuencia una mayor extensión de las tierras llanas, y por último, existe un importante relleno aluvial con materiales de acarreo escalonados en terrazas. Todas estas condiciones han favorecido –sin duda- la eficacia del poblamiento humano en estos espacios.

Para diferenciar  las principales entidades del relieve regional, tomaremos como referencia la división geomorfológica propuesta por Paskoff (1970), quien reconoce cuatro unidades características: la Alta Montaña, la Media Montaña, la Franja Costera, y los Valles Transversales.

1) La Alta Montaña o Alta Cordillera corresponde al macizo andino, el cual ha perdido sus altas mesetas y volcanes tan característicos del Norte Grande, pero cuentan con una importante cadena de cerros en su vertiente occidental. Es una montaña elevada, cuyas cotas sobrepasan los 3.500 metros, llegando a máximas superiores a los 6.000 metros (CNR, 1979:17).

Las laderas descienden desde agudas crestas montañosas en forma de grandes farallones, desarrollando estrechos valles o bien tomando formas más onduladas. Estos valles de altura se localizan bajo un clima típico andino (IGM, 1988:28).

La macices es un rasgo característico de esta entidad del relieve. Existe una disposición de la línea de las crestas corroídas por circos, dejando una impresión de caos y confusión. Los corredores bien calibrados sostienen valles separados por cadenas. La acción del hielo se hace evidente en todo lugar, aún cuando hoy en día faltan verdaderos glaciales. Escombros de derrumbamiento pegados a las vertientes suavizadas por el hielo, se funden cuando están unidos, cortando el escurrimiento normal de las aguas, creando pequeñas lagunas y vegas. La Alta Montaña es árida, pese a lo cual posee pastos de altura en verano, conocidas por la población local como ‘veranadas’ (CNR, 1979:17-18).

2) La Media Montaña se origina donde concluye la Alta Montaña, aproximadamente en los 70º45’ de longitud Oeste. Consiste en un conjunto de cordones subandinos desprendidos del macizo central y que vienen a ocupar el lugar de la depresión intermedia o central, producto del hundimiento y diferenciación topográfica mayor asociada directamente con la ausencia de volcanismo. Esta entidad incluye todos los relieves ondulados que se ubican entre los 600 y 3.000 metros de altitud. Se distingue claramente en los interfluvios del Norte del Elqui, entre este último y el Limarí, entre el Limarí y Choapa, y al Sur de este. Los cordones montañosos menores comienzan a dividir y encajonar a los valles fluviales (IGM, 1988:28).

En este ámbito espacial es donde se dasarrollan los valles medios de los ríos Copiapó, Huasco, Elqui, Limarí y Choapa, y de las quebradas de Chañaral y Los Choros, todos ellos con sus redes de afluentes locales.

El límite occidental de esta unidad, corresponde a la zona de contacto con formas de erosión fluvial que presenta, la cual se manifiesta a través de una alta densidad de cumbres suaves y redondeadas asociadas a una red de drenes de funcionamiento ocasional. Las laderas de este relieve, de pendientes moderadas a suaves, por lo general muestran un perfil rectilíneo, convexo en su parte superior y con una débil concavidad en la base, producto directo de la acumulación de sedimentos generada in situ, la cual varía ampliamente en su granulometría y espesor, al grado de hacerse discontinua dejando en superficie el substrato rocoso. En el interior se presentan espacios mesetiformes que corresponde a remanentes de  la superficie de erosión terciaria, la cual se puede clasificar dentro del concepto de peniplanicie, caracterizada por un paisaje ondulado con divisorias en forma de  suaves lomajes, entre los cuales existen sedimentos aluviales dimensiones menores. Los valles que cortan a la Montaña Media nacen el la Alta Montaña, la cual los provee de fuentes de alimentación que explicaría su constate escurrimiento, aunque de caudales variables dependiendo de la estación del año y de la situación pluviométrica general (Ministerio de Obras Públicas (MOP), 1994:48).

Existen diferencias geológicas y estructurales que le otorgan individualidad a esta unidad geomorfológica. La diferenciación altimétrica con la Alta Montaña está asociada a grandes fallas longitudinales, a la vez que geológicamente existe un predominio absoluto de rocas cretácicas, con afloramientos graníticos de tintes claros y rocas volcanicas y conglomerados de color violeta (CNR, 1979:18; MOP, 1994:48).

Debido a lo escaso de las precipitaciones en el sector,  se deduce que el tallado de las redes de drenaje, fue producto de períodos más húmedos durante las fases fluvio-glaciales pleistocénicas. La mayoría de los afluentes locales no presentan escurrimiento, adquiriendo la categoría de áridos. La morfología de sus causes y los depósitos  de las confluencias con los valles, son extemporáneos y se encuentran en condiciones estables, no implicando aquello que no se puedan reactivar ante eventos pluviométricos de ocurrencia centenaria (MOP, 1994:48).

Frente a esto último es necesario acotar que debido a la ocurrencia de fuertes precipitaciones temporales en años recientes, se han activado por corto lapso de tiempo, parte importante de las redes de drenaje de la región, causando un impacto directo sobre asentamientos  de población y obras de ingeniería humanas.

Los fondos de los valles de los ríos principales poseen características de humedad y vegetación que responden a aportes alóctonos, provenientes de la Alta Montaña, por lo cual el gasto de estos ríos depende exclusivamente de lo ocurrido en la cordillera y no en la Media Montaña. De ahí que los caudales alcanzan sus máximos en los meses de verano, mientras que durante el resto del año son menores pero más constantes. La permeabilidad del substrato rocoso, genera en momentos de precipitaciones eventuales, una rápida saturación superficial, pudiendo ser observado en ocasiones un  escurrimiento en manto y un drenaje rápido de las aguas lluvias en dirección a los ríos principales. Al alcanzar el fondo depositacional de la sección inferior de sus propios causes, la infiltración reduce casi a cero el aporte hídrico superficial (MOP, 1994:48).

Es en esta unidad geomorfológica donde se nacen las quebradas costeras, labradas durante épocas de mayor pluviosidad en el pasado geológico reciente. Son formas de erosión lineal heredadas y que en la actualidad carecen total o parcialmente de escurrimiento, con una dinámica pasiva. La fuente de alimentación principal, proviene de las neblinas costeras que ingresan hacia el oriente por el interior de valles y quebradas, así como de la ocurrencia ocasional de lluvias de escaso monto y su posterior infiltración y escurrimiento a los cauces mediante resurgencias (MOP, 1994:48).

3) La Franja Costera se ubica en la línea litoral, bajo los 600 metros de altitud. Corresponde a un sector con amplias terrazas marinas asociadas en su parte oriental a conos aluviales, escombres de pie de laderas y conos de deyección inactivos y de reducido tamaño, los cuales dan forma a una serie de peldaños naturales, las pendientes son bastante reducidas (IGM, 1988:30). En algunos sectores se presentan alturas considerables, las cuales permiten el desarrollo de relictos naturales, gracias al choque de las masas de aire húmedo en las laderas occidentales de los cerros.

4) Los Valles Transversales otorgan la típica denominación de Norte Verde a la región. Los caudales de los ríos, en los cursos medios de los valles Elqui, Limarí y Choapa, interrumpen sucesivamente los cordones montañosos. Los sedimentos generados y recibidos por estos valles, gracias al aporte lateral de los cordones montañosos que los rodean y las numerosas quebradas y conos de deyección, contribuyen al origen y evolución de los suelos. Ello ha contribuido a la sepultación de sedimentos en las cajas y lechos de inundación de los ríos (IGM, 1988:30).

 Todos los valles poseen rasgo en común: son anchos y profundos a lo largo de su curso y a menudo corren por cadenas anastomosadas sobre un fondo aluvial amplio. Los cursos superiores, por encima de los 3.000 metros, presentan valles con perfil en forma de U, debido a que los escombros de derrumbamiento activos y los conos torrenciales construidos por las quebradas afluentes, no dejan obstaculizar; sin embargo existen algunos bloques que obstruyen los valles. Los ríos centrales han abierto brechas, pero a menudo presentan a tras una pequeña laguna en vías de colmataje; frente a estos tapones, se presentan fragmentos de terrazas constituidas por materiales fluviales en disposición caótica (CNR, 1979:19).

En los cursos medios los valles se ensanchan y las terrazas son casi inexistentes; un rasgo típico lo constituyen los conos de deyección, generados por los afluentes laterales de los ríos. En cambio en los cursos inferiores, los ríos se caracterizan por la inexistencia de un sistema de niveles principales, que próximos al litoral pasan lateral y/o frontalmente alas plataformas costeras (CNR, 1979:19-20).

c) La  Hidrografía.

El semiárido chileno es drenado por ocho sistemas hidrográficos mayores que llegan con agua al océano y proveen de importantes recursos hidrológicos para el desarrollo de una agricultura bao riego artificial. De norte a sur se presentan los ríos Salado (normalmente seco), Copiapó, Huasco (en la región de Atacama), Elqui, Limarí, Choapa (en la región de Coquimbo), Petorca- La Ligua y Aconcagua (en la región de Aconcagua). Todos ellos son de régimen mixto, con lo que en las mayores alturas se generan glaciales de cumbres que permiten almacenar precipitaciones sólidas que se derriten en verano. Los escurrimientos son de tipo torrentoso producto de la alta pendiente que existe entre la cordillera y el mar. Las redes de drenaje son muy profusas en tributarios y subtributarios, en su mayoría con un diseño dendrítico (Niemeyer, 1989:5).

En este punto dejaremos atrás la generalización regional y nos remitiremos solo a la hoya del río Elqui, ya que es ahí donde está centrado nuestro estudio. Esta hoya abarca una superficie aproximada de 9.794 kilómetros cuadrados, pudiendo ser dividida hidrográficamente en tres sub-cuencas: la del río Turbio, la del río Claro y la del río Elqui.

El Río Turbio nace  de la unión de los ríos Toro y La Laguna, a 43  kilómetros aguas arriba del poblado de Rivadavia, drenando la mayor parte del área de la cordillera elquina, con una superficie aproximada de 4.196 kilómetros cuadrados y una longitud que llega a los 95 kilómetros; su régimen es más nival que pluvial. A partir de la confluencia de sus tributarios toma rumbo Noroeste, y a la altura del poblado de Guanta forma un gran arco para definir un rumbo final Norte –Sur, que es la prolongación del que trae la quebrada El Calvario. El único afluente de importancia lo constituye el río Incaguaz, que desemboca en el Turbio a la altura de la localidad de Las Terneras, mientras que los aportes de la quebrada El Calvario no aportan recursos significativos y solo contribuyen al aumento del área drenada (CNR, 1979:13;  Niemeyer y Cereceda, 1984:107-8).

Este río presenta sus escurrimientos máximos en el mes de Diciembre con 5,25 metros cúbicos por segundo, y un mínimo en Agosto con 2,75 metros cúbicos por segundo, dejando bien en claro su condición de régimen nivoso; su caudal medio llega a los 4,01 metros cúbicos por segundo (CNR, 1979:15).

La turbiedad de sus aguas se origina desde dos fuentes: las termas del Toro y el mineral de el Indio. Las aguas del río Toro, donde se sitúan las termas del mismo nombre, poseen una alta acidez y contenido de sales. Mientras que el mineral de El Indio, ubicado en la subcuenca de este mismo río, está produciendo una degradación paulatina de todos los cursos de aguas abajo, producto de los afluentes con altos índices químicos de la faena (Niemeyer y Cereceda, 1984:110-111).  

El Río Claro  nace en la vertiente Norte del cerro El Volcán, ubicado en la Alta Cordillera y en el límite de las cuencas del Elqui y Limarí. Su área drenada es menor a la del Turbio llegando a los 1.512 kilómetros cuadrados, a lo largo de 65 kilómetros rumbo Sur-Norte. Está conformado por dos afluentes, los ríos Derecho (Alcoguaz) y el río Cochiguaz, recibiendo  aguas abajo escuálidos aportes de  la quebrada  Pahiuano. Pese a que este río drena un área cordillerana menor a la del Turbio, la altura alcanzada por las cordilleras laterales le dan  un mayor respaldo nivoso a sus cursos superficiales permanentes, pese a lo cual posee un régimen más pluvial que nival (CNR, 1979:13; Niemeyer y Cereceda, 1984:108).

El río Claro presenta características hidrológicas diversas, cuyas variaciones de caudal son bastante menores comparadas con las del Turbio. El máximo lo presenta en el mes de Julio con 2,8 metros cúbicos por segundo, mientras que el mínimo lo registra en Febrero con 1,37 metros cúbicos por segundo; su caudal medio llega a los 2,11 metros cúbicos por segundo. Un fenómeno interesante observado en los registros de este río, consiste en que se presenta un suave crecida invernal a partir de Mayo, para llegar así a su máximo en Julio y luego a un segundo mínimo en Octubre con 1,8 metros cúbicos por segundo. Esto refleja la importancia que tienen las lluvias de invierno, lo que se podría deber a la posición del río, el cual se desarrolla paralelamente al macizo andino, sin llegar a las cumbres más altas donde se produce la mayor acumulación nivosa (CNR, 1979:16).

 El Río Elqui nace de la confluencia de los ríos Turbio (que proviene del oriente) y  Claro (que viene del Sur), cercano a la localidad de Rivadavia, recorriendo desde ahí hasta llegar al océano unos 75 kilómetros, pero si consideramos su afluente más lejano, el recorrido total llega a los 170 kilómetros. Los aportes hídricos propios son muy escasos y eventuales, producidos principalmente por las lluvias de cierta magnitud que generan el escurrimiento de las quebradas afluentes y de las áreas de drenaje directo. La mayor parte de sus recursos provienen de los ríos Turbio y Claro, especialmente en épocas de deshielo (CNR, 1979:13).

Entre Rivadavia y Diaguitas, la caja del río se presenta angosta y ripiosa, recibiendo los esporádicos  y torrentosos aportes de las quebradas Algarrobal por el norte y Uchumí por el sur.  A la altura del último poblado el valle comienza a ensancharse hasta lograr valores de casi dos o más kilómetros  en les inmediaciones de Vicuña. Continuando aguas abajo recibe los aportes de las quebrada San Carlos por el sur y Yungay por el norte; el valle se vuelve a hacer estrecho formando un cajón flanqueado por laderas abruptas, hasta las proximidades de la localidad de El Molle, donde nuevamente se ensancha para dar origen a numerosas terrazas fluviales  y tierras llanas aptas para el desarrollo agrícola. En este sector recibe los aportes de la quebrada Marquesa, la cual drena esporádicamente tierras y serranías del Norte del valle. Más abajo se suman  los aportes de las  quebradas Santa Gracia por el norte y por el Sur la quebrada de Talca (CNR, 1979:13; Niemeyer y Cereceda, 1984:108).

Si bien los sedimentos que componen las terrazas de su curso medio-inferior no presentan condiciones favorables para la perforación de pozos para la extracción de aguas subterráneas, se estima que el embalse subterráneo del Elqui contiene un mínimo de 127 millones de metros cúbicos, con  un escurrimiento subterráneo propio cercano a los 1,4 metros cúbicos por segundo y un aporte de las quebradas laterales del órden de 1,3 metros cúbicos por segundo. Existe un acuífero libre o no confinado con nivel estatico a unos 10 metros del nivel superficial (Niemeyer y Cereceda, 1984:112).

d) Flora y fauna.

En directa relación con la presencia de recursos hídricos, condiciones climáticas y las oscilaciones del relieve, se desarrollan la flora y fauna asociadas. Estos  han sido fuertemente golpeados por el desarrollo de las actividades humanas lo que ha provocado una brusca disminución en la cantidad y variedad de las especies nativas de la zona. La caza comercial, la tala de bosques para el abastecimiento de leña y carbón, el sobre pastoreo junto a la introducción de especies animales foráneas, y la erosión de suelos y cuencas,  han dejado una imborrable huella sobre los ecosistemas locales.

 Existe una diferenciación vegetacional relacionada directamente con el clima. La vegetación entre los 27º  y 33º de latitud sur, se caracteriza por ser una transición entre el desierto absoluto y las formaciones mesomórficas del Chile central. Existen fajas de orientación norte-sur con formaciones vegetales litorales, del interior, precordillera y cordillera en toda la extensión de la Región. A partir de la quebrada de Los Choros y cuesta de Buenos Aires en el litoral y la zona de La Serena, se caracteriza por tener gran cantidad de plantas anuales o higrófitas primaverales entre formaciones arbustivas xerofíticas, poco diferenciadas de otras ubicadas fuera de la Región. Esta vegetación existe gracias al monto de las lluvias, las que llegan a los 100mm. anuales. Los nublados y nieblas limitan la insolación y evaporación, aportando humedad y el carácter isotermo de las temperaturas (CNR, 1979:11).

Las reducidas áreas boscosas, limitadas a las vertientes litorales a poca distancia de la cima de los cerros, están ligadas a la capacidad colectora de humedad proveniente de las nieblas y nubosidad baja, ya que sus necesidades se han estimado en unos 1.000mm anuales aproximadamente. Los arbustos espinosos que aparecen más al interior, poseen un límite meridional muy al sur de la región siendo difícil estimar su densidad original. Esta ha sido sometida a una degradación antropica, pese a lo cual existen arboles espinosos en sectores muy áridos con precipitaciones que apenas sobrepasan los 100mm en la zona norte de la Región. En la precordillera se suceden el jaral desértico con especies espinosas, seguido a mayor altura por el matorral andino o  tolar con especies resinosas. Sobre los 4.000 metros se hacen presentes algunas formaciones de llaretales.

Las formaciones vegetales, directamente asociadas con las condiciones climáticas, pueden ser divididas en tres franjas altitudinales. Estas serían las siguientes:

-          Asociado al clima semiárido litoral, nos encontramos con el jaral costero, que se desarrolla entre los 30º y 31º de latitud sur, es una formación abierta compuesta por matorrales xerófilos de alturas inferiores a un metro y cactáceas. En primavera, cuando el invierno ha sido lluvioso, surge una cubierta de hierbas que cubre una importante franja del territorio. A partir de los 31º de latitud, la estepa de matorrales se hace más densa y alta. Superando los 32º de latitud, aparecen matorrales más o menos abiertos, integrados por arbustos de hojas pequeñas y persistentes.

-          En las tierras interiores, hasta los 2.000 metros de altitud, se presentan formaciones de estepas espinosas y suculentas. Aquí tambien encontramos las cactáceas de la costa, pero las Acacia cavena es la dominante, alcanzando hasta los tres metros de altura. Las hierbas no presentan la misma abundancia y variedad que en la costa.

-          La estepa andina se hace presente en los sectores de montaña, mostrando una doble adaptación a la sequedad y al frío. Aquí nos encontramos con la formación vegetal conocida como Tolar, compuesta por  matorrales resinosos junto a gramíneas xerófilas representadas por los géneros Stipa y Festuca. Sobre los 4.000 metros, los llaretales se asocian a plantas de los géneros Laretia y Azorella.

(CNR, 1979:11-12).

 

Como hemos visto, el valle de Elqui posee las características necesarias para el asentamiento de poblaciones humanas. Las escasas precipitaciones, las temperaturas, el relieve y los recursos hidrológicos, favorecen, y en ocasiones condicionan la ocupación de determinados espacios geográficos dentro del territorio que nos preocupa. Existe una base natural capaz de albergar a grupos variables de población por determinados períodos de tiempo, existiendo cierta constancia en la ubicación de los asentamientos humanos, ya que los espacios útiles o con claro potencial de ser empleados por el hombre están, en su mayoría, determinados por las variaciones de los factores ambientales antes descritos. Son escasos los espacios susceptibles de albergar por prolongados períodos de tiempo, y con una baja incidencia de los factores ambientales, a poblaciones humanas relativamente numerosas, lo que nos motiva a considerar las tierras del curso medio, así como las de  los interfluvios, están dentro de las poseedoras de más potencialidades de uso humano.

III.- Espacios humanizados:  breve reseña de la ocupación humana en Elqui entre los años 0 y el 1.821 D.C.

 

Como señalamos en lineas anteriores, el hombre se ha asentado en la zona desde a lo menos el 8.000 A.C. Estrechamente vinculado a las posibilidades que entrega el medio natural, esta región ha sido escenario propicio para el desarrollo de las actividades humanas.. consideremos que la cordillera, quebradas y montañas no han sido un obstáculo para el hombre, quien se ha trasladado a lo largo y ancho de estas en busca de los recursos que necesita. Cada piedemonte, nacimiento de quebrada y llanura aluvial ofrece importantes recursos para la sobrevivencia. No es difícil hallar pequeños bosques, vegas aguadas y/o vertientes en cada rincón de esta compleja geografía. Frecuentemente, el viajero incauto se encuentra con grupos de pastores, cabreros y arrieros asentados por la temporada en cada uno de estos vergeles, haciendo uso d los mismos espacios que siglos atrás ocuparan grupos de cazadores y alfareros precolombinos (cfr. Castillo, 1985, 1987).

Producto de trabajosos y largos años de investigaciones arqueológicas  y etnohistóricas, se podría señalar hoy en día, que dentro del espacio que nos preocupa, han existido importantes asentamientos humanos relacionados a los diferentes complejos culturales identificados para la región semiárida. Dejando atrás a los grupos de cazadores, nos encontramos con el complejo cultural de El Molle, cuyo sitio tipo está en el curso medio inferior del valle. Cronológicamente este complejo se desarrolló entre los años 0 al 800 D.C. Los grupos humanos de este complejo se asentaron de preferencia, en tierras de interfluvio y quebradas, en donde aprovecharon al máximo la disponibilidad de recursos. Castillo (1986) y Niemeyer y otros (1989) nos señalan que, cuando estamos frente a estos asentamiento de quebradas, es posible hallar un conjunto de sitios contiguos a lo largo de esta, aprovechando en plenitud los beneficios que entregaba el emplazamiento en sus márgenes. Consideremos que gran parte de las quebradas de la zona, especialmente aquellas vinculadas a la montaña media, si bien pueden tener un recorrido relativamente breve, son un nexo entre las tierras altas y más húmedas de sus nacientes y las tierras más llanas y tórridas de sus desembocaduras. Por ejemplo, la quebrada Churque, recorre unos 6 kilómetros desde su nacimiento (ubicado a unos 3.000 metros),  hasta su desembocadura (ubicada a una altura aproximada de 1.200 metros). Esto nos lleva a ver la existencia de una suerte de micro-zonificación ecológica, la cual fue hábilmente aprovechada por los antiguos habitantes de la zona (Graña, 1998a, 1998b).

Los asentamientos de este complejo eran del tipo disperso (en sus orígenes), con características  transhumantes y semisedentarias, hasta llegar a un estado semi-aldeano en sus postrimerías. Existiría una estrecha relación entre estos asentamientos del período temprano, con aquellos del período arcaico, teniendo bastantes elementos en común, entre los cuales destacan las piedras de molienda y tacitas. En las proximidades de la ciudad de Vicuña, a unos 5 kilómetros al noreste, Iribarren (1962), trabajó algunos sitios, en donde pudo establecer una relación entre este complejo y las piedras tacitas. La ganadería de camélidos, recolección de alimentos y una creciente agricultura fueron la base del sustento de este complejo (Niemeyer et al., 1989).

Continuando con esta secuencia cronológica, llegamos al complejo cultural de Las Animas, cuyo sitio tipo se ubica en la quebrada de Las animas en el curso inferior del valle. Este se desarrolló entre el 800  y el 1.200 D.C., constituyendo la base de lo que posteriormente sería la cultura Diaguita chilena. Los grupos humanos de este complejo, explotaron tanto recursos de los valles como del litoral, complementando la extracción, caza y pesca marítimas con la ganadería y agricultura en los valles y tierras interiores (cfr. Castillo, 1989). El origen de este complejo tendría su génesis en grupos provenientes de la vertiente oriental de los andes, y habría desarrollado con el tiempo, rasgos distintivos y propios que luego lo diferenciarían como un complejo en particular. Estos habitantes del período medio, se habrían asentado en diversos ambientes, desarrollando emplazamientos aldeanos y recintos tipo pucara (véase Niemeyer, 1998). Las tierras de interfluvio quedaban atrás y los valles principales comenzaban a ser mejor valorados, gracias a sus mejores condiciones para la agricultura y ganadería. Las explotaciones mineras, que ya eran parte de las actividades del complejo El Molle, continuaban dentro de las prácticas cotidianas de estos grupos de Las Animas.

Por el 1.200 D.C., ya tomaba tonalidad propia lo que sería la cultura Diaguita chilena, la cual alcanzaría un importante desarrollo tecnológico, socipolítico y demográfico respecto a sus antecesores. Los diaguitas no tan solo se desarrollaron en base a méritos propios, sino que también gracias a la llegada creciente de rasgos culturales trasandinos y norteños, los cuales llegaron a su punto más álgido con la conquista incaica de la región y la instalación de un gobernador y mitmaqs en las proximidades de la ciudad de La Serena. Importantes sitios con abundante y diagnóstica alfarería, se erigieron en este período de presencia incaica, el cual, desde a lo menos el 1.400 D.C. se hizo sentir fuertemente en la región hasta el momento de la llegada del europeo. Los principales asentamientos habrían estado en el sector de Altovalsol, en el curso inferior del valle y en las zonas interiores como Las Terneras, Cerro Las Tórtolas y Doña Ana (Ampuero, 1971, 1989, 1994; Ampuero e Hidalgo, 1975; Hidalgo, 1972, 1989; León, 1983; Silva, 1983a, 1983b).

En el curso medio del valle, tenemos la posibilidad de hallar importantes sitios dentro o en los alrededores de los actuales asentamientos de población, siendo los hallazgos esporádicos los únicos indicadores de tal hecho. Trabajos en marcha del autor del presente, han permitido identificar fragmentos superficiales de material cerámico del período tardío y coloniales en el sector poniente e interfluvio norte de la ciudad de Vicuña. Estos últimos relacionados a sitios de otros complejos culturales, y con características decorativas que nos hablan de la presencia de población diaguita local con una fuerte influencia incaica (Graña, 1999a, 1999b).

Los asentamiento de este período se ubicaban de preferencia en los valles, junto a tierras aptas para la agricultura, albergando a importantes cantidades de personas en recintos de adobe, piedras y materias vegetales. Los pucaras utilizados para repeler al inca y luego al español eran otra manera de emplazamiento en el territorio. La minería local adquirió nuevos aires conla llegada del inca, ya que las explotaciones ahora tendrían que satisfacer los tributos al Estado. Frecuentes son los tambos y cementerios. Los primeros asociados directamente con la red vial y centros de explotación minera, y los segundos ubicados en las tierras llanas junto o próximos a los centro poblados y campos de cultivo (cfr. Ampuero, 1971; Raffino, 1981).

Para el momento de la llegada del conquistador hispano a la zona, allá por el 1.541 D.C., la población indígena había sufrido los embates de la conquista incaica, iniciando un nuevo proceso de disminución demográfica gracias al factor hispano. Según Zuñiga (1980), esta disminución abría llegado a ser dramático. Los malos tratos con la población, sobre explotación laboral y enfermedades foráneas e inadecuados cuidados a los enfermos, se conjugaron en contra de los herederos de una rica cultura andina. Los siglos XVI y XVII sería u período de aculturación hispano indígena, en el cual también cambiarían las formas de relacionarse con el medio y espacio natural. De las aldeas dispersas por valles y quebradas, se pasaría a los pueblos de indios y villas. Las reducciones de los indios a pueblos no se hicieron esperar, ya que los nacientes encomenderos necesitaban tener al alcance de la mano a una fuerza de trabajo local. Empiezan a sonar nuevos nombres en la toponimia local, pueblos hispanos y de indios como Marquesa la Baja, San Isidro, El Tambo, Diaguitas, y Marquesa la Alta entre otros resuenan en los oídos de la gente del momento. En cada uno de ellos la población hispana trataba de reproducir sus modos de vida europeos, la población indígena sometida los propios y en forma incipiente, pero creciente, los mestizos y españoles americanos buscaban su identidad, constituyendo estos con el tiempo en una gran mayoría dentro de la población local.

En el siglo XVIII se producen una serie de altos y bajos en la demografía local, en directa relación con el contexto económico de la época. Pese a ello, gracias a la llegada de población indígena de la zona central y sur de Chile, así como de regiones como Perú y Tucumán, los "indios" aumentan en número (Pinto, 1980). Pero estos procesos no afectaron radicalmente la relación hombre-medio, ya que los valles seguían siendo utilizados como asentamiento principal de población y adquiriendo un marcado perfil de eje conductos del desarrollo de las tierras interiores. Los asentamientos y explotaciones mineras ubicadas en tierras de interfluvio nacen y mueren según las demandas del mercado nacional e internacional. Plata, oro y cobre son suficientes motivos para adentrarse en el territorio arriesgando todo lo poseído en la búsqueda de fortuna fácil. Entrando al siglo XIX, aún nos encontramos con población indígena, asentada por todo el valle, de preferencia en los alrededores de los pueblos hispanos y en tierras de sus ancestros. Pese a ello, la población hispano criolla ejerce una presión sobre el indio, lo cual es amparado solapadamente bajo los espíritus de igualdad y libertad que inspiraron la emancipación de los estados.

Un ejemplo de esto último podría ser la fundación de la villa de San Isidro de Vicuña, la cual sería emplazada en las tierras de lo que fuera el pueblo de indios de Marquesa la Alta. Según Rojas (1985), en la época de la fundación, en el año 1821, quedaban unas 14 familias de indios en el sector, totalizando unas 70 personas. La petición de fundar esta villa la realizaron algunos vecinos más pudientes del valle, con el compromiso de  financiar la edificación de sus viviendas, ya que contaban con los recursos para ello. El espíritu de la fundación era vivir en un conglomerado y así obtener los beneficios que ello implica, poniendo especial énfasis y cuidado en lo que sucedería con los indios naturales (Rojas, 1985:60). Pero este nueva villa era eminentemente hispano criolla, relegando a la periferia a los indios, quienes, según consta en un plano de 1820, tenían sus tierras al norte de la ciudad. Otro ejemplo sería lo ocurrido con el pueblo de Diaguitas, ubicado un par de kilómetros al oriente de Vicuña. Según consta en un plano de 1810, el pueblo original de los indios diaguitas estaría en el margen sur del rió Elqui y no en el norte como el actual villorrio, además estos indios habrían sido reducidos a otras tierras aguas abajo, quedando asentados definitivamente en el sector conocido como La Compañía, el sur de la ciudad de Vicuña. El hispano criollo, de manera consiente o inconsiente desplazó al indígena de sus tierras, todo con el fin de satisfacer sus necesidades biológicas, económicas y culturales. Ya en esta época era indiscutida la supremacía del valle respecto a tierras interiores y de interfluvio. Las villas con forma de damero, calles rectas y edificios públicos (Iglesia, cabildo, etc.) y esporádicos asientos mineros se constituyeron como la principal forma de ocupar el espacio del curso medio del valle. 

Hasta aquí dejo esta apretada reseña sobre la ocupación del espacio en el curso medio del valle de Elqui, queda aún mucho por hacer y decir. Creo haber cumplido con el objetivo de introducir al lector en una investigación en curso, en espera de la entrega de más y nuevos antecedentes al respecto en alguna otra instancia de difusión y discusión científico cultural pertinente.


 


Fotografía aérea donde se aprecia el río Elqui, la ciudad de Vicuña y algunos de los centros poblados de sus alrededores, como el sector de La Compañía en la parte inferior de la fotografía y el pueblo de San Isidro a la derecha  de la ciudad.


 

Fotografías del sitio Las Minas, en donde se extraía principalmente plata, cobre y plomo, ubicado en la estancia Los Porotos, al norte de la ciudad de Vicuña, en donde existen evidencias materiales precolombinas, coloniales y contemporáneas (Fuente del autor).


 

Fotografía del sitio Loma Verde, ubicado al norte de la ciudad de Vicuña en tierras de interfluvio (fuente del autor).

Notas.

1.- Este trabajo forma parte de las actividades del Seminario de titulo "Características geográficas e históricas de la ocupación del espacio en el curso medio del valle de Elqui entre los siglos XV y XVIII".

2.- El autor del presente es alumno de la carrera de Pedagogía en Historia y Geografía, del departamento de Antropología, Geografía e Historia, Facultad de Educación y Humanidades, Universidad de Tarapacá, Arica, Chile.

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