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LA ARTICULACION SOCIEDAD-NATURALEZA Y LA PROBLEMATICA AMBIENTAL: UNA APROXIMACION A SU ANALISIS  

                                                                                                              Guido P. Galafassi [1]                                         

Introducción

            Si en el pasado el aspecto principal para comprender la organización social se encontraba en las relaciones (o en las contradicciones) sociales, el surgimiento de serios inconvenientes ocasionados por el accionar humano sobre el medio ambiente, ha hecho que contemporaneamente el interés en la relación socie­dad-naturaleza se incorpore también a esta interpretación. La alteración del clima, la desaparición de la biodiversidad, la acumulación de enormes cantidades de desperdicios industriales y domésticos, nos hablan no solo del ambiente característico del siglo XX, sino de la propia sociedad que lo genera y de los supuestos racionales sobre los que se sustenta [2]. Hasta las obras minúsculas de degradación y las consecuencias no planeadas de un proceso, como escoria sobrante sin interés [3], permiten deve­lar aquello oculto por los grandes relatos anquilosados de fe ciega en el progreso ilimitado y el crecimiento infinito económico y técnico.

            Las ciencias sociales deben cumplir un rol fundamental a la hora de entender el porque y el como del accionar humano con respecto a la naturaleza, problema que le es ajeno a la gama de disciplinas naturales, físico-químicas e ingenieriles que estructuran en forma dominante el discurso ambiental [4]. Es que la problemática ambiental, en su génesis, es una cues­tión de carácter eminentemente social. La problemática ambien­tal surge de la manera en que una sociedad se vincula con la naturaleza para construir su habitat y generar su proceso productivo y reproductivo.

            Sin embargo el aporte de las ciencias sociales y en particular de la sociología a la cuestión del ambiente ha sido escasa hasta el presente. Los diagnósticos sobre la incorpora­ción de la sociología a los programas de formación ambiental de América Latina, en las últimas décadas, así lo indican (PNUMA, 1985; Leff, 1988). Parecería que hay una resistencia a incorporar la relación de los hombres con la naturaleza a los paradigmas, marcos teóri­cos y metodologías de la sociología. Las relaciones de poder, las conductas de los diversos grupos y clases sociales, el papel del Estado, el trabajo y la tecnología, la formación de movimientos sociales, etc., son componentes necesarios a la hora de inter­pretar la problemática ambiental desde la óptica de las ciencias sociales.

            Este trabajo tratará, desde una óptica que intenta con­templar los diversos factores que se entrecruzan, la relación sociedad-naturaleza en el plano de la apropiación material del entorno, vista dicha relación como un proceso complejo en donde entran en juego diferentes elementos del orden natural y del orden social. Constituye un ensayo de como poder abordar la temática ambiental desde las ciencias sociales haciendo hincapié en dos de los diversos compo­nentes que intervienen: el trabajo y la tecnología.

Disciplinas y lineas teóricas

            Parte de los conflictos ambientales del presente son originalmente tratados por la ecología, ciencia nueva que se encarga de estudiar la relación de los seres vivos con su ambiente. La realidad ambiental es analiza­da con las catego­rías propias de esta disciplina. Surge el concepto de ecosistema, Y dentro de este esquema es incorporado el hombre en su relación con la natura­leza (por ej: Harrison Browm, 1970; Singer, 1970; E. P. Odum , 1977; H. Odum, 1980; Margalef, 1980; Lugo & Morris, 1982; Sarmiento, 1984).

            Pero la compleji­dad de la problemá­tica y la diversidad de elementos y factores que intervienen, posibilitan el abordaje desde dis­tintas perspec­tivas. Esta es la tendencia en la actualidad, existiendo una gran diversidad disciplinaria y un variado enfoque teórico del problema.

            Dentro de la antropo­logía, los partidarios del neofuncionalismo suponen la exis­ten­cia de sistemas con partes relacionadas y que entre otras cosas explica la relación naturaleza-cultura (Rappaport, 1968; Hardesty, 1979; Kemp, 1971; Vayda, 1976).

            La sociología, en la década del '20, también entablará relaciones con la ecología, tomando conceptos y principios teóricos de esta. La Escuela de Chicago ( R.D. McKenzie, 1974; R. Ezra Park ,1936) desarrolló sus trabajos en sociología urbana, y ha dejado pocos seguidores (por ej. Hawley, 1991).

            Dentro del campo de la economía la cuestión ambiental ha cobrado un creciente interés en las últimas décadas. La escuela de la "Economía Ambiental" con orientación neoclásica (Baumol & Oates, 1988; Maler, 1974; Hote­lling, 1931) la Ecología Económica que propone integrar conceptos ecológi­cos y económicos (Georgescu-Roegen, 1975;  Herman Daly, 1989) y la Ecología Crítica y Neo-marxista  (O'Connor, 1992;  Martinez Alier, 1991) son algunas de sus expresiones contemporaneas.

            La particula­ridad que tienen todas estas corrientes es su carácter neta­mente disciplinario. Cada una de ellas incorpora a lo social o lo natural, según sea el caso, dentro de las tradiciones de estudio de cada rama de la ciencia. Además, en las variantes sistémicas, que son muchas, queda el hombre incorporado como un componente más del todo, de la "verdad sistémica". Esta línea de pensamien­to que para la explicación ambiental tiene su origen, por un lado en el concepto ecológico de ecosistema y por otro en el desarrollo de la cibernética, encuentra un nicho adecuado en las teorías funcionalistas de la antropolo­gía, sociología y economía [5]. Se llega a una interpretación ontológica de la realidad asentada en una única definición, en donde naturaleza y sociedad son solo partes componentes de una realidad mayor que las engloba y define sus principios por igual [6]. En síntesis, naturaleza y sociedad son explicados en base a las mismas leyes, conceptos y mecanismos.

            En este trabajo, en cambio, se propone distinguier aquellas diferencias presentes en los procesos ecológicos y los procesos sociales, en base al concepto de articulación sociedad-naturaleza en una realidad integral compuesta por distintos niveles de organización de la materia. Se plan­tea explicar los fenómenos relativos a las acciones de los hombres organizados socialmente en relación a un entorno determinado, en un tiempo y espacio específico.

La complejidad de la realidad socio-natural

            Dado que el hombre es sociedad y naturaleza, podemos afirmar que todas las porciones de naturaleza son incorporadas de alguna manera al sistema de pensar y actuar de los hombres organizados socialmente [7]. El hombre posee, tanto atributos biológicos como culturales. En el se manifiestan tanto la evolución biológica como la cultural. Entonces, si bien existe en el hombre una unidad entre naturaleza y cultura, es necesa­rio establecer que estos son ordenes diferentes. Por lo tanto, esta unidad está caracterizada por una doble condición, una articula­ción entre entidades cualitativamente diferenciadas [8].

            La cultura es la característica distintiva de la humani­dad por encima de su realidad biológica. La cultura emerge de la naturaleza, pero no por ello debe considerársela sobrenatu­ral. La evolución cultural es un paso por encima de la evolu­ción biológica. Pero ambas coexisten en el tiempo interactuan­do entre si. Citándolo a Morin (1983): "Di­sociando evolución bioló­gica y evolución cultural como si de dos cauces distintos se tratara, se nos hacen incomprensi­bles, no solo los primeros pasos del proceso de hominización, sino también la culminación del mismo".

            Numerosos y diferentes factores intervienen en las varia­das formas en que se da la vinculación sociedad-naturaleza. La combinación de los diversos elementos definen una organiza­ción dinámica que se formaliza a través de procesos en donde las relaciones adquieren diferentes formas y grados. La evolu­ción histórica imprime cambios permanentes, alterando pausada o bruscamente las condiciones de funcionamiento del todo o alguna de sus partes. La presencia de un intrincado conjunto de interrelaciones deter­mina que la reali­dad socio-natural adquiera una complejidad muy alta. La sumatoria de fenómenos en constante interrelación origina múltiples procesos en donde los componen­tes no son independien­tes en la medida en que se determinan mutuamente. Pero esto no equivale a afirmar que todos los elementos repre­senten el mismo nivel jerárquico, desempeñando cada uno su papel en igualdad de condiciones y posibilidades. Compleji­dad no es sinónimo de igualdad en la estructura interna. Por el contrario, es posible distinguir en cada problemática los aspectos determinantes en la cadena de relaciones (Galafassi, 1993).

            Es necesario entonces, un acto de explicación y compren­sión que implique el considerar a la problemática en su reali­dad plena, visualizando el carácter de totalidad y globa­lidad de la misma. De esta manera, será posible posteriormente distinguir aquellos aspectos relevantes o dignos de ser cono­cidos, que nos lleven a un conocimiento definido y profundo [9]. Enton­ces la estructura compleja de la realidad socio-natural vista en su carácter de globalidad, puede ser aprehendida en sus compo­nentes esenciales que expliquen las conexiones causa­les que determinan históricamente una situa­ción específica. Es decir que el considerar a la globalidad no implica intentar explicar a esta en todo el devenir causal que es infinito y extremadamente diverso. Significa romper con ciertos esquemas estáticos que definen a la realidad por la disciplina, para devolverla a su integridad y multiplicidad [10]. A partir de esto, al efectuar en la práctica el proceso de interpretación y explicación, si es posible atribuir signifi­cación a aquellos aspectos esenciales del acontecimiento, y elegir aquellos componentes relevantes que definen la globali­dad.

            La totalidad socio-natural involucra elementos y relacio­nes de diferente orden. La red o constelación de conexiones causales se establece entre una infinidad de componentes en los que influyen factores de distinto nivel categorial. Todo lo social tiene un sostén-portante que es físico-biológico y la relación hombre naturaleza puede ser vista como una rela­ción de intercam­bio, en donde lo esencial es poder definir y explicar el tipo y grado de relación. La articulación socie­dad-naturaleza no puede pensarse como formada por relaciones lineales que se establecen en forma simple y directa entre fenómenos de racionalidades similares. Como ya se dijo, los procesos naturales se configuran en base a una serie de prin­cipios propios de lo físico y biológico, y se diferencian de los procesos sociales y cultura­les que se definen y cobran significación a partir de condicio­nes y factores específicos. Así, lo social no puede reducirse a un conjunto de fenómenos que se igualan en su explicación y comprensión a los fenómenos de la naturaleza. Partiendo de un sustrato común, cada uno de ellos se organiza y construye en base a determina­ciones propias. Así, A. Giddens (1976:15) define la diferencia entre los dos ordenes, y ella estriba en "que la naturaleza...no es producida por el hombre...Aunque no es creada por una única persona, la sociedad se crea y se recrea de nuevo, si no ex nihilo, por los partici­pantes en cada encuentro social". La relación entre naturaleza y socie­dad supone el entrar en juego ins­tan­cias diferentes de la realidad que se conjugan en un tiempo y espacio particular, originando objetos complejos que requieren un conjunto de categorías analíticas capaces de discernir la trama aparente y las formas subyacen­tes de la problemática. Partiendo del hecho que la totalidad es distinta de sus partes constitu­yentes y entendiendo que lo social se conforma de manera diferente de lo físico-biológico (a pesar de que contienen a estos en su seno), se llega necesariamente a la conclusión de que la realidad socio-natu­ral está constituida sobre dis­tintos niveles de especificidad. Por lo tanto, para su expli­cación es indispen­sable comprender cada fenómeno de acuerdo a principios y categorías que lo definen; tanto lo social como lo natural tienen característi­cas estructurales propias que es necesario saber distinguir en la investigación. Solo después es posible entender y explicar las instancias y maneras en que se articu­lan.

            Dada esta complejidad estructural de la realidad socio-natural en donde se entrecruzan permanentemente variables cualitativamente diferentes en un todo indivisible, tomaremos ciertos conceptos que se basan en los procesos de "articula­ción" y explicaremos la relación sociedad-naturaleza en base a estos. Esta relación no se acaba en estos conceptos, por el contrario, es tan vasta, que en un proceso analítico solo aislamos porcio­nes e intentamos analizarlas [11].

            En este trabajo se toman los conceptos de mediación social de la naturaleza, proceso de producción, trabajo y tecnología como elementos que sirven como punto de partida de un análisis de los procesos materiales de articulación socie­dad-naturaleza. Esta articulación no se acaba aquí, por el contrario, solo son instrumentos analíticos que desde nuestro proceso de conocimien­to introducimos para intentar explicar, aunque más no sea en un comienzo, la complejidad de los hechos de la realidad.

La mediación social de la naturaleza

            Es posible distinguir en la articulación sociedad-natura­leza dos facetas o formas de aprehensión de lo natural por parte de lo social. La primera hace referencia a los aspectos materia­les, concretos del vínculo; la apropiación de elementos del medio natural y su posterior transformación y consumo. Involucra a todas las etapas del proceso y los diferentes factores que intervienen. Esta vinculación se manifiesta en obras y acciones físicas, en donde el proceso social actúa sobre objetos tangi­bles. Las distintas fases del desarrollo de una sociedad implica diferentes formas de dominio y control material de los elementos naturales. El grado y carácter de este control dependerá de múltiples factores, desde variables ambientales, hechos económi­cos, hasta conjunciones de neto carácter ideológico. En esta última manifestación de lo social es donde se inscribe la segunda forma de articulación. Se trata de las condiciones y características que adquiere la valoración estético-afectiva del medio natural. Las formas de representación simbólica de la naturaleza adquieren aspectos singulares en cada sistema cultu­ral.

            Ambas esferas están indisolublemente unidas en la reali­dad, interactuando permanentemente y confundiéndose mutuamen­te, pues "la acción humana es a la vez saber, trabajo y valo­ración" (Touraine, 1982:96); pero es posible separarlas al efectuar un proceso analíti­co de explicación. Tanto lo mate­rial influye en las represen­taciones simbólicas, como vicever­sa, siendo necesa­rio buscar en cada momento concreto la red de conexiones causales entre los elementos componentes.

            En este trabajo se hará fundamental hincapié en el proce­so material de apropiación del medio natural, sin olvidar los factores culturales, ideológicos y políticos que influyen y actúan en el proceso de articulación. En tal sentido, se comienza el análisis en base al concepto de mediación social de la naturaleza, en donde el hombre incorpora a través de valores, identidades, procesos de apropiación y transformación a la naturaleza dentro del ámbito de lo social. La naturaleza es aprehendida de acuerdo a formas materiales e ideológicas,  concepciones particulares que son generadas por el devenir de la sociedad. El ambiente/entorno es construido socialmen­te y se genera como resultado de la articulación sociedad-naturaleza.

            El permanente intercambio entre sociedad y naturale­za adquiere significación especial para su análisis a través de los procesos de mediación. Visto de este modo, un momento determina­do reúne los atributos indispensables para poder explicar y comprender dicha relación, este es el proceso de producción, en donde los hombres por medio de determinadas relaciones se organizan para apropiarse y trans­formar porcio­nes de naturaleza [12]. La producción implica trabajo humano para generar productos que satisfagan las necesidades económi­cas individuales y colectivas.  Y como dicen Horkheimer y Adorno (1970), este trabajo humano explica el surgimiento de la racionalidad instrumental, mediante la cual la humanidad aprende a afirmarse sobre la naturaleza, a través del proceso de dominación social de la naturaleza y que ejercerá su in­fluencia en cada acto humano e impregnará todas las relaciones sociales. En el proceso productivo intervie­nen determinadas formas de trabajo, capital y recursos naturales de acuerdo al producto a obtener (Castro et al, 1982). La transformación del recurso sigue muchas veces una larga cadena compuesta de diferentes fases, en donde paso a paso el producto va adqui­rien­do sus características finales.

            La consideración del proceso de producción como ámbito central del análisis no significa desconocer el resto de las áreas que directa o indirectamente participan de la relación. Por el contrario, nos permite ubicar un punto de partida en donde el vínculo entre legalidades específicas de lo natural y lo social adquiere una visible materialidad.

            En la interacción entre los procesos sociales y la diná­mica natural, es posible distinguir dos momentos que reúnen las ins­tancias propias de cada dinámica: las formas de apro­piación y trans­formación de la naturaleza por medio del traba­jo, y las estra­tegias técnicas usadas para dicha apropiación.

            Ahora bien, la comprensión de la estructura y funciona­miento del medio natural, así como todas las variables que operan en el mismo debe ser un paso obligado dentro del proce­so analítico. Las potencialidades y condicionantes del ambiente interactuan en forma directa o indirecta en el deve­nir de la sociedad. El grupo social que interactúa, lo hace siempre con una porción de naturaleza con características particulares, que definen en cierta medida las acciones que podrán efectuarse a partir de el.

Trabajo y tecnología como nexos en la articulación sociedad naturaleza.   

            Retomando lo dicho en páginas anteriores, es posible conside­rar, entonces, dos momentos claves en la articulación sociedad-naturaleza, estos son, el trabajo y el desarrollo técni­co.

            El trabajo es considerado un rasgo especifico de la vida humana. En toda sociedad, cualquiera sean sus características, el trabajo es el común denominador y condición básica de su desarrollo. En cuanto tal, el trabajo ha merecido la reflexión de muchas corrientes de pensamiento. Para los economistas liberales se distingue por su utilidad, por la capacidad para producir bienes y servicios. Pero es en la relación dinámica del hombre con la naturaleza donde el análisis del trabajo encuentra su objetivo para este estudio. Se lo ha definido como la organización de un marco social para luchar con la naturaleza, o como el hombre añadiéndose a la naturaleza, porque "el trabajo es esencialmente, a través de la técnica, la transformación que hace el hombre de la naturaleza que, a su vez, reacciona sobre el modificándolo" (Friedman, 1971). Stanley Udy (1971) define al trabajo "en términos muy simples, como todo esfuerzo intencional destinado a modificar el am­biente físico del hombre".  A pesar de estas definiciones que integran la articu­lación sociedad-naturaleza en el análisis del trabajo, la sociología del trabajo ha orientado sus preo­cupaciones a temáticas muy diversas que no incluyen la cues­tión ambiental. Ya sea desde una óptica más política, cuyo interés estaría dado por la relación Estado-sindicalismo, el conflicto laboral, el comportamiento político de la clase obrera, etc. (cfr. Zapata, 1986), o aquella que orientándose más sociologicamente, pone su interés en la noción de "situa­ción de trabajo" y "mercado de trabajo" (cfr. Rojas y Proiet­ti, 1992), el trabajo como articu­lación sociedad-naturaleza no constituye un tópico importante a considerar.

            Pero es esencialmente Marx (1988) el que ha vislum­brado la articulación hombre-naturaleza en la actividad laboral, preci­samente para este autor: "el trabajo es, en primer lugar, un proceso entre el hombre y la naturale­za, un proceso en que el hombre media, regula y controla su metabolismo con la natura­leza. El hombre se enfrenta a la materia natural misma como un poder natural. Pone en movimien­to las fuerzas natura­les que pertenecen a su corporeidad, brazos y piernas, cabeza y manos, a fin de apoderarse de los materiales de la naturale­za bajo una forma útil para su propia vida. Al operar por medio de ese movimiento sobre la naturale­za exterior a él y transformarla, transforma a la vez su propia naturaleza. Desarrolla las potencias que dormitaban en ella y sujeta a su señorio el juego de fuerzas de la misma". El trabajo, enton­ces, es el nexo material en donde se reúnen y sintetizan el accionar del hombre con el funciona­miento de la naturaleza. Es una relación fuerte­mente dinámica, de permanen­te intercambio e interacción. La sociedad modifica y es modi­ficada, la natura­leza sufre cambios, pero a la vez reacciona transmitiendo esos cambios. El hombre administra un intercam­bio de mate­rias con la natura­leza. Asimila lo que la naturale­za le brinda a través de la puesta en juego de sus capacidades corporales, su fuerza y habilidad, su intelecto e imaginación, con herramien­tas o maqui­nas, apropiando y transfor­mando mate­ria para con­vertirla en un objeto útil a sus necesida­des. Esta naturaleza modifica­da, a su vez, configura un nuevo entorno que actúa sobre el hombre creando nuevas condicio­nes. El trabajo es entonces el conjunto de acciones que ejerce el hombre con su capacidad física e intelectual, en forma directa o mediado por instru­mentos, sobre la materia, cuyos efectos a su vez lo modifican. Pero esta definición abstracta del traba­jo como nexo con la naturaleza debe ser contextuada para cada situa­ción particu­lar. Es necesario hacer referencia a la variedad de formas que adquiere el trabajo de acuerdo con las socieda­des, las cultu­ras, las civilizaciones. El proceso de trabajo es desarrollado por individuos que se mueven en un tejido social que dicta normas y valores. Las maneras de desenvolver­se y proceder seguirán pautas acordes al grupo social que efectúa la acción. El medio natural, a su vez, impondrá sus condiciones posibili­tando determinados tipos de intervención sobre el.

            Pero el proceso de trabajo entendido en sus elementos simples, como momento esencial en la articulación sociedad-naturaleza, es característico de cualquier modo de organiza­ción de la sociedad humana, "es una actividad orientada a un fin, el de la producción de valores de uso, apropiación de lo natural para las necesidades humanas, condición general del metabolismo entre el hombre y la naturaleza, eterna condición natural de la vida humana y por tanto independiente de toda forma de esa vida, y común, por el contrario, a todas sus formas de sociedad" (Marx, 1988:223).

            Es esencialmente en los elementos simples que componen el proceso de trabajo (fuerza de trabajo, objeto y medio de trabajo) donde es posible discernir los componentes sociales y humanos que configurarán los diversos escenarios que se cons­truyen en la relación sociedad-ambiente. La naturaleza consti­tuye el objeto de trabajo primario sobre el cual el hombre vuelca su actividad. "La tierra (la cual, económicamente hablando incluye también el agua), en el estado originario en que proporciona al hombre víveres, medios de subsistencia ya listos para el consumo, existe sin intervención de aquél como el objeto general del trabajo humano. Todas las cosas que el trabajo se limita a desligar de su conexión directa con la tierra son objetos de trabajo preexistentes en la naturaleza" (op.cit: 216). El medio de trabajo es aquél elemento que el hombre utiliza en su trabajo para aplicarlo a las cosas que transforma­rá, para ejercer su acción sobre el objeto. Consti­tuye "una cosa o conjunto de cosas que el trabajador interpone entre él y el objeto de trabajo y que le sirve como vehículo de su acción sobre dicho objeto" (op.cit: 217). En este senti­do el medio natural constituye el primer oferente de medios de trabajo del hombre; aquellos elementos del ambiente natural que son tomados directamente (sin sufrir un trabajo previo) para ser utilizado en el proceso de trabajo como instrumentos y/o herramientas constituyen, precisamente, los primeros medios de trabajo. "La tierra es, a la par que su despensa origina­ria, su primer arsenal de medios de trabajo. Le propor­ciona, por ejemplo, la piedra que arroja, con la que frota, golpea, corta, etc." (op.cit: 217). Con el desarrollo de las formas productivas los procesos de mediación fueron creciendo y haciéndose más comple­jos. La separación de la naturaleza se hizo cada vez más intensa, creándose un ambiente humano predo­minantemente configu­rado por estructuras de origen socio-cultu­ral [13]. La producción y reproducción en la sociedad se escalonó en diversos mecanismos interconectados. La producción material en la sociedad moderna consiste en una cadena de procesos de trabajo sucesivos y/o simultáneos, en donde los componentes de la naturaleza intervie­nen como tales solo en algunos eslabones de la cadena, general­mente en el inicio. Pudiendo participar como objetos o medios de trabajo, conti­núan el ciclo bajo la forma de productos elabora­dos (cosas a las cuales se les ha aplicado trabajo) que siempre provienen de algún elemento natural. Estos productos, bajo distintos grados de transformación, circulan en la dinámica social regresando en la mayoría de los casos al medio natural como desperdicios. La división social del trabajo, analizada ya por Durkheim (1985) [14] interviene también en la articulación de la sociedad con la naturaleza. La especialización llega hoy en día a niveles tan elevados, que el proceso productivo continúa con sus tecnologías contaminantes, quedando la tarea de lim­pieza ambiental a nuevos especialistas. Así, las funciones de trata­miento de los desperdicios crearon toda una rama compleja de nuevas industrias, incrementando aún más el proceso de división social del trabajo, característico de este modelo productivo.

            Por su parte, es en la técnica en donde se materializa el nexo instrumental entre sociedad y naturaleza. Estando indiso­lublemente ligada al trabajo, la técnica hace referencia a las distintas formas y estilos en que será tratado el medio natu­ral. Talcott Parsons define a la tecnología como "la capacidad socialmente organizada para controlar y alterar activamente objetos del ambiente físico en interés de algún deseo o nece­sidad humana". Lewis Mumford (1978), con un enfo­que un poco más pesimista ha dicho que en "la relación entre hombre y técnica, nuestra era está pasando el estado primitivo del hombre, caracterizado por su invención de herramientas y armas con el fin de conseguir el dominio sobre las fuerzas de la naturaleza, a una condición radicalmente diferente, en la que no solo ha conquistado la naturaleza, sino que, además se ha desprendido por completo del habitat orgánico". Pero, la elección de una determinada manera de aplicar la tecnología está en relación con la racionalidad económica del sector social en cuestión. La capacidad tecnológica, la pro­ducción y aplicación de estrategias técnicas, entonces, no constituyen esferas independientes que se explican por sí mismas. Por el contrario, entre otras cosas, "la rentabilidad privada y los costos de acceso a diferentes tecnologías condi­cionarán, entonces, la selección de técnicas en uso y el abandono de otras" (Gutman, 1986:187).

            Lejos de las interpretaciones basadas en el determinismo tecnológico que entiende a la tecnología como la variable independiente por fuera de la sociedad, y que por si sola es la promotora del cambio social [15] (y en consecuencia ejerce­rá su efecto sobre algún cambio ambiental), se entiende aquí a la tecnología como una parte indisoluble de la sociedad, y que en la forma capitalista moderna asume su rol como elemento impor­tante dentro de las variables económicas, estando, conse­cuen­temente en consonancia con los procesos sociales de flujos y reflujos que explican el funcionamiento del mercado. A esto se debe agregar el dinamismo tecnológico sin precedentes de la sociedad actual que ha abierto incluso un área importante de investigación sobre la contribución del cambio tecnológico al crecimiento económico [16] . Al respecto la teoría económica neoclá­sica argumenta que una empresa elegirá la forma de producción que ofrece la máxima tasa de ganancia posible. Las críticas al respecto se orientan en el sentido de saber si es posible que las decisiones de los actores se efectúan en estricta correla­ción con el modelo neoclásico. Es decir, ¿es posible saber a priori la tecnología que ofrecerá la máxima ganancia?. En tal sentido se postula que la decisión en cuanto a una ganancia "satisfactoria" explicaría mejor este proceso. Ambos argumen­tos, se estructuran a partir de una ignorancia total de las variables ambientales, y tanto la máxima ganan­cia, como una ganancia satisfactoria solo considera el rendi­miento, lo que lleva a formas de producción degradantes del ambiente.

            Esta degradación del ambiente es entonces, en muchos casos, conse­cuencia directa o indirecta de la aplicación de una tecnología  no apro­piada [17]. Es que tal o cual técnica res­ponde principal­mente a criterios de eficiencia y producti­vi­dad económica, sin tomar en cuenta ritmo y funciona­miento del ambiente sobre el cual se le aplica. Las tecnolgías pueden contribuir a la satisfacción de las necesidades, pero también pueden matar y envenenar. Las guerras y el proceso de contami­na­ción, a pesar de ser fenómenos disímiles, son un buen ejem­plo de lo anterior. La tecnología puede preservar, alterar y/o degradar el ambiente. Las críticas ecológicas a las tecno­logías modernas han cobrado gran importancia en los últimos años. De hecho toda una corriente de investigación se orienta hacia la búsqueda de tecnologías "alternativas" o "blandas", en donde las consecuen­cias ambientales positivas y no degra­dantes son centrales.

            Pero como se dijo antes, la responsabilidad de actuar directa­mente sobre la naturaleza a través de una media­ción técnica, es en la actua­lidad, privativa de ciertos grupos sociales. La división de las actividades económicas, y en consecuencia la aplicación diferencial de tecnología y trabajo en sectores definidos, ha llevado a desarrollar paquetes específicos de intervención sobre los distintos objetos de trabajo.

            A este respecto, en la sociedad contemporánea, el trabajo visto como modificación de la naturaleza a través de una técnica determinada, es llevado a cabo fundamentalmente por ciertos sectores. No todas son actividades de apropiación y transforma­ción, las actividades denominadas terciarias com­prenden trabajos que, al menos a primera vista, no encuadran con la definición propuesta. En cambio, es en el ámbito rural en donde el hombre trabaja directamente sobre la materia natural. Y es aquí donde se analizará más en detalle los proce­sos que involucra el trabajo humano y la aplicación de tecno­logía en interacción con la naturaleza.

            Recapitulando y sintetizando algunas reflexiones, y refiriéndolas al sector rural, es útil aquí recurrir a lo afirmado por Anne Lacroix:"el desarrollo del proceso de traba­jo agrícola, consistente en la apropiación y la transformación inmediata de la naturaleza, se encuentra de lleno enfrentada a lo que ella representa: un conjunto no totalmente controlable y que está regido por sus propias leyes. La naturaleza se impone así como límite intrínseco al proceso de trabajo agrí­cola: límite a la mecanización, a la estandarización, a la velocidad de rotación, al crecimiento del producto. La tierra no juega entonces el simple papel de soporte de la producción, sino que proporciona sus propiedades biológicas en el proceso de trans­formación de la materia. Según las etapas del proceso de trabajo, ella es objeto o medio de trabajo. Es "objeto" cuando se trata de drenarla, irrigarla, ararla, fertilizarla, y es "medio" cuando se trata de sembrarla, de hacer madurar una planta, o cuando se hace la cosecha. Pero comienza a funcionar como medio de trabajo sólo cuando toda una serie de otros medios de trabajo han sido dados previamente" (citado en Ne­ffa, 1982:45). Es decir que el proceso de trabajo agrícola se construye sobre caracte­rísticas específicas que lo distin­guen del industrial. Su relación directa con la naturaleza consti­tuye el eje que sostiene el presente análisis. El objeto sobre el cual actúa el trabajo agrícola no es precisamente materia inerte, sino materia viviente que trae consigo un sinnúmero de facultades que interaccionan en diverso grado. Asimismo, en cuanto a la organización del trabajo, el produc­tor agrícola cumple el doble rol de trabajador y propietario, es decir que a partir de la naturaleza el tiene la posibilidad de producir sus propios medios de subsistencia, a diferencia del trabajo industrial (Galafassi, 1994a y b).

Consideraciones finales

            La intervención sobre la naturaleza a partir del traba­jo reconoce, entonces, a la naturaleza como el objeto sobre el cual se actúa, el recurso natural es apropiado y transformado. En base a características originarias, el recurso desarrolla sus potencialidades al participar del proceso de transforma­ción al que se ve sometido por el hombre. El recurso aporta sus cualida­des naturales y a partir de estas se explotan y generan las características esenciales que permitirán la satisfacción de necesidades sociales. El recurso, por lo tanto, se conforma en base a una escala de valoración social que determina la utilidad o no de cada porción de la naturale­za.

            Esta apropiación y transformación de materia natural necesita la incorporación de instrumentos, herramientas y técnicas de trabajo. Estos mediadores directos permiten efec­tivizar el trabajo humano, y generar un producto acabado (para el ciclo en cuestión). La intervención sobre la naturaleza requiere de estos medios técnicos que potencian el desgaste de energía por parte del hombre. La aplicación de conocimientos logra independizar al grupo social de las determinaciones del medio natural. La aplicación más o menos intensiva de medios técnicos implica a su vez una determinada organización del trabajo y un grado variable de modificación del ecosistema natural. Estos elementos que sirven de intermediarios entre el trabajador y el recurso natural, al adquirir mayor importan­cia, posibilitan entonces, una disminución de la fuerza de trabajo a aplicar. cuanto más participe el sector rural de las relaciones de mercado de la sociedad moderna, mayor importan­cia y diversi­ficación tendrán los medios de trabajo, y mayor será también la capacidad de transformación del ambiente.

            La conjunción de trabajo, medios técnicos y recursos naturales configuran un sistema complejo en donde la variación de uno de sus elementos repercute necesariamente en los otros. El paisaje natural antropizado será consecuencia directa de la actuación de estos elementos de acuerdo a lógicas específicas que movilizan a la sociedad. La característica que adquiere la problemática ambiental en un tiempo y espacio determinado, está indisolublemente ligada a los principales rasgos que definen a la organización social que interactúa con la natura­leza. El poder entender y explicar este fenómeno requiere, entonces, necesariamente de la atención tanto de las variables naturales como las que configuran el universo de lo social. De otra manera solo se llegaría a una aproximación parcial de la cuestión.

BIBLIOGRAFIA

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Resumen

            Este trabajo tratará, desde una óptica que intenta con­templar los diversos factores que se entrecruzan, la relación sociedad-naturaleza en el plano de la apropiación material del entorno, vista dicha relación como un proceso complejo en donde entran en juego diferentes elementos del orden natural y del orden social. Constituye un ensayo de como poder abordar la temática ambiental desde las ciencias sociales haciendo hincapié en dos de los diversos compo­nentes que intervienen: el trabajo y la tecnología.



[1] Investigador-Docente del Centro de Estudios e Investigaciones, Universidad Nacional de Quilmes. Investigador Asistente CONICET.

[2] Racionalidad que al decir de Vattimo (1992) debe ser ultrapasada por el pensamiento hermenéutico (entendido como una continuidad sustancial del pensamiento de Nietzsche y Heideg­ger), como una auténtica ontología nueva, capaz precisa­mente de "ultrapasar" a la metafísica, identificada esta con la objetivi­dad del objeto calculado y manipulado por la cien­cia-técnica. Justamente muchos de los discursos ecologistas y ambientalistas del presente se sustentan, casi sin saberlo, en estas premisas de renovación de la racionalidad imperante, a fin de generar un nuevo ideal moral, una nueva escatología política, que podría muy bien terminar consagrando el lema "ecología o barbarie" al decir de Luc Ferry (1994).

     [3]. Al igual que W. Benjamin (1980) que al reconstruir la sociedad decimonónica en todo su esplendor y decadencia estu­diando a Baudelaire, en su trabajo de recolector de la basura del pasado día en la gran capital, registrando todo lo que la gran ciudad arrojó y todo lo que perdió, interpreta la cultura de una determinada época. Es que el desperdicio de un sujeto social, habla a las claras de ese sujeto social.

     [4]. Parecería que actualmente las ciencias de la vida y las ingenieriles actuaran con respecto al ámbito de la produc­ción social en el orden del saber, al igual que el mecanicismo cartesiano antes del descubrimiento de la vida (y las nociones de organismo y evolución), tal como lo relata M. Foucault (1984). Es que la interpretación dominante de la cuestión ambiental hoy, cae en un renovado organicismo, desconociendo la creación de las nociones de sociedad y cultura.

     [5]. En la teoría parsoniana de la acción social son claves conceptos tales como adaptabilidad, conformidad, regularidad, integración que apuntan todos a una idea de equilibrio (Par­sons, 1968; 1978), y que favorecen las analogías con el con­cepto de equilibrio de la teoría ecológica. Sus continuadores, profundi­zan y amplían este enfoque, conjugándolo con la teoría de sistemas. R. Munch (1990) por ejemplo, define a la sociedad como un sistema social concreto y relativamente autosuficien­te, que debe "adaptarse" a su entorno. Es más, las pautas sociocultura­les que evolucionan en normas institucionales, son descriptas como fenotipos expuestos al proceso de selección externo efectuado por su ambiente. Estas analogías en tanto términos y conceptos con las ciencias naturales, son el caldo de cultivo ideal para el pasaje de la teoría ecológica a la teoría so­cial, que permitió el desarrollo de la interpretación sistémi­ca del ambiente en las ciencias sociales.

     [6]. En el terreno de la filosofía, una crítica en el mismo sentido, en cuanto a la incapacidad de diferenciar al hombre de las cosas es realizada por Heidegger en "Ser y tiempo" (1951) para quien el hombre es el lugar, el ahí donde el ser se manifiesta (el "ser-ahí", el "dasein"), puesto que el hombre es comprensión del ser, cualquier otro ente simplemente es (las cosas del mundo). El hombre es ser-en-el-mundo, es decir realiza su existencia en necesaria referencia a las "cosas".

     [7]. Esto implica no caer ni en la ferrea dicotomía entre naturaleza y cultura, que como principios rectores guiaron a la biología y la antropología y sociología hasta mediados de este siglo, ni tampoco en aquellas posiciones como las sisté­micas ya mencionadas, o las de la nueva tendencia llamada ecología biocultural (Buxo Rey, 1980; Lahitte el al, 1989) en donde, en una clara postura reduccionista, se postula que la distinción entre naturaleza y cultura es imaginaria, y que lo real lo constituyen las relaciones ecosistémicas.

[8] Al respecto, Lévi-Strauss  (1993), buscando algunos criterios más claros que los clásicos conceptos de instintivo y aprendido, postula a las leyes universales como atributos de la naturaleza, y las reglas específicas y particulares para cada caso, como atributos de la cultura.

[9]. Este planteo, por supuesto, no tiene nada de original pues, entre otros, ya lo precisaba Weber (1985) en sus escritos sobre la teoría de las ciencias sociales.

     [10]. A tal efecto, y en un análisis similar pero referido solamente al objeto de estudio de las ciencias sociales, se debe mencionar las críticas de I. Wallerstein (1990) a la división disciplinaria (teoría y métodos) entre antropología, economía, ciencia política y sociología, que según el autor constituye un obstáculo al progreso del conocimiento.

     [11]. Decía J.A. Schum­peter para un hecho económico, "El proceso social es en reali­dad un todo indivisible. Con su mano clasificadora, el inves­tigador saca de una manera artificial de su gran corrien­te los hechos económicos (...). Un hecho no es nunca pura o exclusiva­mente económico, pues existen siempre otros aspectos, que a menudo son más importan­tes" (Schumpe­ter, 1957:17).

     [12]. Al respecto P. Gutman (1986) destaca la centralidad del proceso de producción ya que por un lado representa un hecho en donde es posible observar el intercambio entre lo natural y lo social, y además por considerarlo el centro del proceso económi­co en el desarrollo del capitalismo. O. Colman (1989) refiere al respecto, que la clave en la articulación sociedad-naturaleza deberá buscarse en el "proceso de organi­zación social de la producción históricamente determinado". El con­cepto de produc­ción referido a las sociedades campesinas en su relación con la naturaleza es tomado también por Toledo (1981) quien plantea la necesidad de articular el enfoque ecológico con el económico.

     [13]. Ya en la década del 60-70', G. Dorffles (1972) habla­ba de los espacios sociales como un ambiente artificial, de los objetos artificiales y de una naturaleza artificializada como el ámbito que envolvía la vida urbana, llegando incluso a definir aquel momento como un período de anti-naturalidad.

     [14]. Ya en 1895, Durkheim (1985:47) argumentaba que "... nuestra industria moderna, se inclina cada vez más a los mecanismos poderosos, a las grandes agrupaciones de fuerzas y de capitales, y por consecuencia, a la extrema división del trabajo. No solamente en el interior de las fábricas se han separado y especializado las ocupaciones hasta el infinito, sino que cada industria es ella mismo una especialidad que supone otras especialidades".

     [15]. William F. Ogburn (1950) trabajó en este sentido proclamando que la tecnología causaba los cambios sociales. El concepto de invención fue primordial en su teoría, no solo las invenciones mecánicas, sino incluso las sociales. De aquí surge el concepto de retraso cultural, como aquel desajuste que se da al menos entre dos variables a través del tiempo, partiendo de un punto original en estado de equilibrio.

     [16]. Schmookler (1966) por ejemplo argumentaba que la tasa de invención medida por la estadística de patentes, refleja la fuerza de la demanda del mercado.

     [17]. G. Gallopin (1985), al definir el efecto de las tecnologías sobre los sistemas ecológicos, las clasifica de acuerdo a intensidad de uso (tasa de utilización/tasa de producción sostenible) en nula, escasa, adecuada y excesiva; y en cuanto a calidad tecnológica en constructiva, conservativa y destruc­tiva. La combinación de esta última con cualquiera de las intensidades de uso provoca siempre algún grado de des­trucción sobre el ambiente.

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