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LA MEMORIA DE LOS BARRIOS.
 Síntesis de cinco historias locales de Viña del Mar contadas  por adultos mayores.[1]:

AUTOR: Hector Santibañez Frey.[2]

                            “La historia (local) es una historia hecha con la gente misma, permite que el protagonismo no se circunscriba sólo a la élite, sino que abarque también a la gente anónima, consigue que la historia pase por dentro hacia afuera de la comunidad. Ayuda a los menos privilegiados y sobre todo a los más viejos a recuperar su dignidad”

         (Paul Thompson)

INTRODUCCION

    Hemos decidido partir contando en que consistió el trabajo que realizamos con un grupo de adultos mayores de la ciudad de Viña del Mar, a quienes les propusimos recuperar algunos relatos y episodios de la historia de sus barrios.

La primera consideración respecto a esta experiencia tiene que ver, sin duda, con las características del equipo de profesionales que participó en este proceso de investigación. Y esto porque el trabajo cultural con adultos mayores aparece  recientemente en nuestra escena, resultando hasta ahora bastante complejo en su desarrollo, por las condiciones específicas de este grupo etáreo.

Para lograr un acercamiento adecuado se debió comprometer un equipo de especialistas que tuviera, por un lado, manejo apropiado en metodologías participativas de investigación social, y por otro, en aquellas referidas al trabajo social con adultos mayores. De tal forma, se constituyó un equipo de profesionales, compuesto por un antropólogo, como investigador responsable; un administrador- coordinador del proyecto; dos profesionales del área social, con experiencia en trabajo con adultos mayores; un asesor en metodología de historia local; y un comunicador social.

    Este equipo de investigación tuvo como primer desafío, motivar la participación de las organizaciones de adultos mayores en el proyecto, con el propósito de lograr  una convocatoria adecuada. Para ello, se solicitó a la Oficina Comunal del Adulto Mayor, dependiente de la Municipalidad de Viña del Mar, un catastro de las organizaciones de adultos mayores que funcionan en los distintos barrios de la comuna, que tuviesen un cierto grado de vinculación y compromiso con el desarrollo de su comunidad. Paralelamente, se contactó a la Unión Comunal de Organizaciones de Adultos Mayores, para obtener su apoyo en la difusión.

 Considerando la información que se nos facilitó, pudimos definir en que sectores era posible obtener un nivel de participación adecuado a los objetivos del proyecto. De esta forma, decidimos trabajar en los sectores de Santa Inés, Forestal, Miraflores, Nueva Aurora y Reñaca Alto. Hacia las organizaciones de adultos mayores de estos lugares dirigimos nuestra convocatoria.

Para lograr lo anterior, enviamos una carta a la directiva de cada organización, donde junto con presentar la iniciativa, se les pidió enviar algunos integrantes que estuvieran interesados en reconstruir la historia de sus barrios, con el propósito que participaran de un taller de historia local. Este taller se usó, junto con transferir algunas técnicas de investigación, como espacio privilegiado para recoger los testimonios orales sobre la historia de estos cerros.

    Se realizaron 20 sesiones de taller, entre septiembre y diciembre de 1999, los días sábado en dependencias de la Escuela República del Ecuador. El trabajo del taller se complementó con algunas actividades extraprogramáticas, que facilitaron la integración entre los participantes del grupo y su acercamiento a la metodología de la historia local.

    También se realizaron actividades de investigación en cada uno de los barrios, tales como un reconocimiento geográfico de estos sectores; varios foros grupales, con participación de dirigentes e informantes considerados claves para los fines del estudio; así como entrevistas más personalizadas con algunos de ellos. De esta manera, se logró profundizar en aquellos episodios en que se vieron directamente involucrados o en la descripción de personas que han resultado significativas para el desarrollo de su comunidad.

Estos relatos orales, en algunos casos, fueron complementados con relatos escritos por los propios participantes. También se anexaron a estos relatos fotografías y documentos que aportaron los mismos protagonistas de las historias. Las contribuciones de estas personas y su participación en este proceso de reconstrucción histórica fueron vitales.

En algunos casos, se consultó en archivos históricos la información que ayudó a  complementar y comprender mejor los relatos orales. De esta forma, se trabajó con archivos de los diarios La Unión y El Mercurio de Valparaíso, así como con fuentes bibliográficas relacionadas con la historia de Viña del Mar.

    Durante los meses que duró el taller, la motivación y el entusiasmo manifestado por los integrantes de cada grupo de trabajo, se formaron cinco grupos, uno por cada barrio, permitió que los productos finales, las historias, fueran concretas y precisas. Considerando que son historias reconstruidas, en su mayor parte, sobre la base de  los recuerdos y la memoria de personas adultas mayores, el resultado obtenido es significativo y altamente satisfactorio.

    En el desarrollo de esta experiencia, nos fuimos dando cuenta sobre cuál era la importancia real que le otorgaban los adultos mayores al hecho de recuperar su memoria histórica y a la posibilidad de reconstruir la historia compartida por su comunidad. Entre las muchas razones que dieron para justificar la importancia del proyecto y su participación, rescatamos las siguientes:

"Es necesario reconstruir las historias de nuestras poblaciones para que las nuevas generaciones conozcan como fue su nacimiento."

    "Ellas nos servirán para no perder la identidad de nuestros barrios."

    "Nos permitirán encontrarnos con nuestras raíces, nuestros orígenes."

"Ayudará a que otras comunidades conozcan nuestra historia, así podremos darnos cuenta que hay aspectos que son comunes."

"Es importante contar la historia para que ella no se olvide y la gente sepa que   las cosas no se regalaron, que costó mucho esfuerzo y sacrificio todo lo que tenemos."

"Se trata de ponernos en contacto con los propios protagonistas de la historia y sus vivencias. La historia humana la hace gente y no necesariamente corresponde a hechos cronológicos."

"Lo más importante es dar a conocer los resultados, comunicarlos a la gente para que conozcan lo que se ha hecho. Por eso hay que hacerlo bonito."

"De esta manera podremos integrar mejor a nuestros vecinos, haciendo que se sientan más identificados con el barrio."

"Más allá de hacer este taller y reconocer su importancia, este trabajo tiene que ser veraz. De lo contrario, no se va a considerar como nuestra verdadera historia."

"Sin duda que también permitirá orientar las políticas públicas del gobierno, respecto del desarrollo cultural y social de la población".

    Estas afirmaciones ponen de manifiesto la necesidad de encontrar una síntesis más justa para la definición histórica de la ciudad. La experiencia de trabajo nos indica que es posible. Escribir la historia desde la óptica de los intereses populares, puede ser una alternativa que complemente de manera efectiva la historia oficial de nuestras ciudades. Esta búsqueda de objetividad, no solamente nos resguarda del pasado, sino que además, como bien lo plantea el profesor Igor Goicovic Donoso[3], permite reconocer nuestras limitaciones y corregir errores, así como desarrollar sin complejos nuestras potencialidades.

EL MARCO CONCEPTUAL DE LA HISTORIA LOCAL.[4]

Participar en la reconstrucción de historias locales[5] constituye -hoy por hoy- en nuestro país, no sólo la realización de una empresa educativa fecunda donde se revaloriza a personas y grupos sociales, generalmente excluídos por la historiografía tradicional, sino que también, implica una contribución a la formación de una nueva manera de entender (y practicar) la Historia en nuestra sociedad.

En efecto, en su versión más reciente la historia ya no se ocupa del pasado como mero pasado, sino que trabaja la continuidad entre el pasado, el presente y el futuro. Su objeto de preocupación es “la dinámica de las sociedades humanas”, en tanto que su análisis contribuye a enfrentar  necesidades y desafíos de grupos sociales específicos y vigentes. Hace poco este planteamiento fue revalidado por un grupo de historiadores chilenos, que reconocen en la historia la capacidad de los ciudadanos para producir por si mismos la realidad futura que necesitan”.[6]

    Bajo esta mirada, la historiografía social que alienta el trabajo de los historiadores locales, ha logrado reconciliar el interés de proporcionar presencia histórica a aquellos cuyos puntos de vista y valores han sido desconocidos por la historia oficial (la que se enseña en la educación formal), con el desarrollo de metodologías y experiencias de recuperación de la memoria histórica, que afianzan el avance de las Ciencias Sociales en su compromiso con el destino de los sectores más postergados de la sociedad.

    La intención es, desde todo punto de vista, aportar a la superación de una situación donde la Historia como disciplina  se mantiene distante de  los sectores  populares que constituyen, en su diversidad,  la expresión cotidiana-concreta de la mayoría ciudadana.  En nuestro país,  ha imperado por  demasiado tiempo  un enfoque general-sistémico de la historia (“nomotético”)[7] que ha concentrado su atención en los aspectos estructurales y funcionales del modelo político-económico predominante en gran parte de la historia de Chile (presidencialismo, parlamentarismo, apertura de mercados al exterior, sentido patriótico nacional, etc.); en tanto que se ha desechado (salvo para referirse al pasado remoto) un enfoque social-progresista de la historia, con capacidad de contener y dar cuenta de los hechos, los recorridos y los procesos protagonizados por los sectores más modestos. Los efectos de esta situación revisten gran importancia a la hora de evaluar sus implicancias:

    "Como todo profesor de historia sabe, la enseñanza de su ciencia es determinante en la formación de la ‘conciencia cívica’ de todo ciudadano. y a través de ella, es también determinante en la configuración social de la ‘conciencia histórica’. En Chile, el problema ha sido que casi toda la ciudadanía, ya por varias generaciones, ha estado expuesta sistemáticamente a la enseñanza de una historiografía que no sólo en esencia es ‘conservadora’, sino que, por su compromiso esencial con ‘sistemas de equilibrio’ de origen  predemocrático y preindustrial, no está en condiciones de desenvolver en el chileno medio una conciencia ni social ni moderna de la historia."[8]

    El resultado es que la mayoría de los chilenos ha permanecido no sólo constreñido en su ‘particularidad social’, sino que además, ha creído y cree que sus acciones cotidianas no  forman parte de la construcción de un sistema (piensa que eso es materia de héroes, un puñado de valientes o líderes beneméritos),  considera que su tipo de protagonismo carece de historicidad.[9]

    De aquí entonces, la trascendencia que tiene el  trabajar con una perspectiva más social de la historia. Las historias locales cumplen con el requerimiento de acoger necesidades y desafíos (latentes o manifiestos) en diversos ámbitos de la vida de grupos sociales populares o comunidades, y sobre todo de atender la histórica demanda de reconocimiento social.

Las iniciativas orientadas a reconstruir historias locales son un estímulo significativo para apoyar procesos de participación social y  animación cultural en las comunidades y grupos de base, potenciando en ellos fuertes sentidos de pertenencia e identidad con la cultura local. Además, el reconocimiento y la valoración de las diversas experiencias históricas de participación y desarrollo produce mayores niveles de integración entre los  diversos sectores organizados de la comunidad.

La recuperación de la memoria histórica, en especial cuando se realiza de manera colectiva, posibilita que "los grupos vivan significativos procesos de refuerzo de su autoestima social, recuperando sentidos colectivos de humanización. Los grupos de base se sienten, entonces, reconocidos en un cierto modo de vida, verificando como ellos han sido sujetos y protagonistas de la historia."[10]

Por otro lado, la recuperación de historias locales produce insumos significativos para una planificación del desarrollo, más pertinente con la propia realidad de la comunidad. Las políticas y programas de desarrollo orientados a los espacios más locales no pueden tener resultados óptimos sino consideran las particularidades histórico-culturales que caracterizan la identidad y el sentido de pertenencia de las propias comunidades.

 

El rango de tareas contenidas en la acción de los historiadores locales en el futuro se perfila como muy amplio. Y en cuanto a  propósitos y orientaciones a seguir, se vislumbran algunos de apreciable importancia, entre ellos: 1) Ayudar a resituar el rol histórico de los actores sociales populares dentro de los variados ámbitos de la vida nacional (económico, político, artístico cultural, deportivo, educacional, etc.); 2) Aportar al reconocimiento de identidades tan diversas como; campesinos, pirquineros, grupos étnicos,  trabajadores de la construcción, trabajadores del comercio y servicios, pescadores artesanales, trabajadores temporeras(os), niños, mujeres, profesores, etc. Cada identidad corresponde a un mundo que posee referentes históricos generales y específicos; 3) Contribuir al conocimiento de distintas formas de socialización, identificando actores sociales y procesos de relaciones (familiares, vecinales, escolares, etc.), estrategias de subsistencia, valores y actitudes; 4) Entregar conocimientos de las dinámicas sociales y las historias de vida de los miembros de una comunidad para renovar las herramientas y elevar la eficacia (y la flexibilidad) de la planificación comunal; 5) Ampliar y mejorar el estudio y la enseñanza de la Historia en el sistema escolar. La escuela puede llegar a ser un lugar de procesamiento de la identidad y la historia local. Además puede ayudar a la recuperación de la producción intelectual local (el arte, la poesía, la música, la historia, los oficios, etc). En resumen, las historias locales,  pueden contribuir a elevar los grados de racionalidad y eficacia de las acciones en que los sectores populares y las comunidades son partícipes y protagonistas, rescatando para sí, los valores y las herramientas que le ponen en la senda de su proyección histórica.

    En el caso de los pobladores, por ejemplo, se trata de  restituír el rol jugado por éstos, en la transformación y conformación de las ciudades chilenas durante el siglo pasado. La conquista del espacio urbano por parte de los sectores populares y los esfuerzos realizados por los mismos, para ganarle a la adversidad, representa uno de los hechos significativos de la historia de la modernización de la sociedad chilena, en las más diversas comunas del país. Así ocurrió en Viña del Mar, donde la contribución de los sectores populares a la construcción, el dinamismo y  la transformación de  la ciudad,  durante  todo el siglo XX fue, sin duda, notable. De ello dan cuenta infinidad de documentos de prensa y testimonios orales. Lamentablemente, su aporte histórico ha sido poco considerado todavía en los espacios públicos y educacionales de la localidad.

    Han conspirado para que se mantenga el bajo perfil histórico de los pobladores distintos factores, entre ellos, destacan como más decisivos aquellos que tienen que ver con el olvido de la historiografía profesional con los pobladores y la omnipresencia  de un relato  que  sólo se fija en sus grupos de elite.

    Así, la escasa historización de los pobladores condiciona la cuasi desaparición de los mismos en los registros  solemnes del ‘archivo histórico de la ciudad’. Por tanto, éstos, no han podido ser reconocidos ni enseñados hasta ahora en las escuelas y liceos de la comuna[11]. Pero, además, de la escasa textualización, lo que ha limitado que sus historias surjan y se desarrollen ha sido la fuerte presencia y hegemonía de un discurso histórico de la ciudad que ha descansado en dos ejes funcionales a las necesidades de grupos de la elite local. Por un lado, ha predominado (lejos) la visión de que la ciudad ha sido (y sigue siendo) una creación -exclusiva- de un grupo familiar prominente reconocido como fundador y planificador: la familia Vergara Alvarez. Se trata de una versión estática y aristocrática de la historia de Viña del Mar, usada para honrar y realzar la memoria y ‘la obra’ de quienes se consideran sus artífices.

Por otra parte, en  las últimas décadas, se fue desarrollando un discurso cada vez más funcional al  imaginario de una ciudad de Viña del Mar como “capital del turismo en Chile”. Aquí, todas las virtudes y el protagonismo histórico se encarnan en el grupo de los grandes comerciantes y, en general, en el llamado empresariado de la industria del turismo. Ambos discursos históricos se han mostrado excluyentes de otros actores y sectores que viven y trabajan en la comuna. Particularmente negados resultan sectores como los trabajadores (de todos los rubros) y los pobladores de las partes altas de los cerros.

    Estos últimos son, precisamente, quienes nos interesa rescatar en este trabajo de historia local, que hemos denominado: "La Memoria de los Barrios. Historias Locales de Viña del Mar contadas por Adultos Mayores". Se trata de una iniciativa tendiente o reconocer y valorar el quehacer transformador de los habitantes de los cerros viñamarinos.

    En tanto una aproximación específica a la realidad local, se planteó una serie de propósitos que actuaron como orientadores del trabajo de investigación, dentro de los cuales estuvieron: identificar ¿quiénes son los pobladores viñamarinos?; reconocer y testimoniar ¿cómo llegaron a poblar los cerros?; saber acerca de su origen o procedencia; revisar ¿en qué procesos económicos o sociales se vieron envueltos?; describir ¿cuáles fueron sus estrategias para resolver problemas sociales urgentes que les afectaron?; y de qué modo, enfrentaron el desafío de urbanizar el cerro donde hoy habitan; sopesar logros, limitaciones y registrar las proyecciones que tienen como grupo social.

                  

Con este trabajo se persigue también reconocer el aporte de los dirigentes vecinales, los jefes de hogar, las mujeres trabajadoras y dueñas de casa, los profesores. Pero, principalmente, está el elemento de revalorizar el protagonismo que han tenido en el desarrollo de estas comunidades sus adultos mayores, reconstruyendo la historia vivida por ellos, rescatando su memoria histórica y como ella se transmite hacia  las nuevas generaciones, fortaleciendo los procesos de identidad cultural de los barrios de Viña del Mar. Se trata de recuperar el papel de estos actores en el desarrollo de la ciudad y darles el reconocimiento social que corresponde al esfuerzo entregado por ellos, a su experiencia y su sabiduría, tal como son valorados los "ancianos de la tribu"  en los pueblos y sociedades más tradicionales.

     Se busca, además, difundir pasajes de  historias que representan las experiencias más significativas de la vida de personas que hoy viven en los cerros de Reñaca Alto, Miraflores Alto, Santa Inés, Forestal y  Nueva Aurora.

    La narraciones están presentadas de acuerdo a la prioridad temática surgida (y consensuada) en conversaciones y entrevistas con los participantes de distintas organizaciones de adultos mayores, que constituyeron un grupo de historia local en cada uno de los barrios investigados. Se ha hecho una indagación de Historia Oral, a partir de la cual se relatan distintos episodios de la vida de estos pobladores (todos adultos mayores) donde se cuenta su lucha por conquistar un espacio en la ciudad. Contiene, sobre todo, las memorias acerca del modo en que resolvieron problemas y necesidades básicas como la vivienda, el agua potable, el alcantarillado y la educación de los hijos. Son pequeños relatos que hablan de procesos de arribo a los cerros, compras y habilitación de sitios, organizaciones y convivencia vecinal, nexos y relaciones con autoridades, etc. Nos dan cuenta del balance íntimo realizado por estas personas mayores respecto de lo que estiman sus logros y conquistas urbanas, luego de muchos años de esfuerzo.

    Encontramos también, las actitudes y valores con que han enfrentado sus vidas y los recuerdos que obligan a reflexionar el presente. Allí nace una cierta nostalgia respecto a una convivencia vecinal distinta en tiempos pasados, la rememoranza de conductas de ayuda mutua, sobre todo, en los primeros tiempos del poblamiento; en fin, la existencia de una variada y rica cultura de participación comunitaria. En síntesis, aquí brota la mucha humanidad contenida en las vivencias de estos adultos mayores de los cerros viñamarinos.

ANTECEDENTES GENERALES DE VIÑA DEL MAR[12]

Breve Historia.

    Los historiadores señalan que, hacia finales de 1400, ya se tienen noticia de los primeros asentamientos Incas en la zona, dedicados a extraer oro de los lavaderos del Marga Marga. Pero es en 1536, cuando la expedición al mando de Diego de Almagro -el descubridor de Chile- llega hasta el valle de Peuco (nombre chango que significa “aquí hay agua”), recorriendo el estero Marga-Marga, hasta su desembocadura en el océano Pacífico, con el propósito de dar con el oro descrito por los indígenas.

En 1543, son oficialmente cedidas, por Pedro de Valdivia, las haciendas: “La Viña de la Mar” y “Las Siete Hermanas” al navegante portugués don Pedro Omepezoa y al capitán Diego García, respectivamente. Por más de tres siglos, sucesivas manos dirigen estas haciendas, subdividiéndolas y volviéndolas a reunir según caprichos personales y vaivenes comerciales. Hasta que en 1840, Francisco Alvarez, quizás el hombre más rico de Chile en aquella época, compra ambas para volver a convertirlas en viñedos y tierras cultivables, negándose a cualquier instalación de casas o comercio. Luego, según las explícitas órdenes de su viuda, se construirá un enorme parque con plantas y árboles traídos de los diversos puntos del globo, que aún se conservan, en parte, en la Quinta Vergara, regalándole el nombre de “ciudad jardín” para siempre.

El ferrocarril que va desde Santiago al puerto de Valparaíso, trae, además de adelantos y nuevos habitantes, a José Francisco Vergara, joven ingeniero, quien se casa con Mercedes Alvarez, heredera de todas las tierras que alcanzaban desde la quebrada del Almendral (actual sector Barón, perteneciente a la vecina ciudad de Valparaíso) hasta el estero de Reñaca. A esta persona se le atribuye el honor de haber fundado la ciudad de Viña del Mar, en 1874.

El resto de la historia es menos novelesco y más apegado al desarrollo de un país joven, con menos de doscientos años de tradición republicana. Atrás quedó la hacienda colonial con viñas a orillas del mar y nació la capital turística del Chile “encopetado” del siglo XIX,  donde más pronto que tarde despertó como ciudad dormitorio del gran Valparaíso.

    En grandes líneas podemos caracterizar el desarrollo de Viña del Mar en tres etapas concretas[13]:

-       El período de la Gran Hacienda (1543-1855).

-       El período Fundacional (1855-1927).

-       El período de Transformación hacia la Modernidad (1927 en adelante)

El primer período corresponde a la historia de la hacienda "La Viña del Mar" y concluye con la construcción del ferrocarril en 1855.

El segundo período se inicia con el ferrocarril y corresponde a un próspero poblado que lucha por ser una ciudad autónoma, con un incipiente desarrollo industrial. Este período finaliza hacia 1927, "fecha en que van a surgir ideas innovadoras en el esquema del funcionamiento y desarrollo de la ciudad".

El tercer período se inicia con una idea central: convertir a Viña del Mar no sólo en una gran balneario, sino que en "uno de los primeros balnearios de América Latina".

    A partir del año 1927, cobra pleno vigor la idea de iniciar un proceso de transformación de la ciudad. Si bien esta idea se venía gestando mucho antes, ya en 1913 se hablaba de hacer de Viña del Mar un centro turístico de primera línea y de construir un casino. Es sólo en el año que asume el Alcalde Sr. Gastón Hamel, cuando se inicia esta etapa decisiva para el progreso de la ciudad.

    Para materializar esta propuesta se propone " contratar un empréstito de doce millones de pesos chilenos", que se invertiría en la construcción de un gran hotel, la terminación del casino, la construcción de una piscina, la terminación del teatro municipal, la construcción de un estadio, construcciones de terrazas y baños en paseo de Miramar, un nuevo puente en Av. Libertad, grandes obras de pavimentación, alcantarillado, alumbrado público, etc. en diversos barrios de la ciudad. Se le da una gran importancia a la construcción de plazas, jardines y paseos públicos. Se organizan los servicios municipales para mejorar el sistema de aseo, el ornato y la urbanización.

    A partir de esta etapa, se configura lo que es hoy Viña del Mar. Desde entonces se ha venido consolidando la imagen de una ciudad turística, que ha determinado durante los últimos años la ocupación del espacio y el desarrollo de la ciudad.

Pero la historia no dice nada de sus cerros, que estaban allí desde antes de la llegada de los conquistadores, y que aún siguen a la sombra de un olvido voluntario, al igual que sus habitantes, la mayoría perteneciente a familias obreras, que comenzaron a poblarlos a partir de la primera mitad del siglo XX.

Esta llegada masiva de familias obreras y su irrupción definitiva en Viña del Mar, vino a cambiar significativamente la estructura social de la ciudad. Se  producen importantes transformaciones en los patrones de asentamiento de la población y en sus modos de vida. Al saturarse el poblamiento en los principales barrios obreros existentes en la ciudad, a mediados del siglo XX , y al no existir una política estatal que pudiera responder la gran demanda habitacional, las familias de obreros miraron hacia los cerros de la ciudad y vieron en ellos una esperanza de lograr el anhelado sueño de tener un terreno propio donde construir sus viviendas. Allí se comenzó a construir una nueva historia.

La configuracion actual de la ciudad.

    Viña del Mar  se ubica en la zona  centro del país y forma parte de un área urbana mayor denominada el Gran Valparaíso, que integra junto a las ciudades de Villa Alemana,  Quilpué, Con Con y Valparaíso. En esta conurbación, la ciudad de Viña del Mar cumple una función de comunicar a las  comunas del interior del valle con la ciudad-puerto.

    Viña del Mar es la cuarta comuna más poblada del país con una población cercana a las 320.000 personas, la cual se ve incrementada considerablemente en la temporada de verano con una población flotante que sobrepasa las 200.000 personas, y durante el resto del año, los fines de semana y festivos.

    El crecimiento poblacional de la comuna (14,8 % entre 1982-1992) es inferior al crecimiento del país. Sin embargo, su peso demográfico en relación al área del Gran Valparaíso es significativo, concentrando actualmente el 40,2% del total de habitantes de esta área metropolitana.

En la Región de Valparaíso, es la ciudad con menos población rural, prácticamente todos sus habitantes son urbanos (99,8%). Por otro lado, en sus 172,5 km2 de superficie se da una alta densidad poblacional (1.763,5 hab. x Km2), siendo la mayor en el país después de las comunas más pobladas de la Región Metropolitana de Santiago.

Una parte importante de su actual población se ha producido a través de fuertes flujos migratorios originados por la gran atracción que ejerce la ciudad. El crecimiento en los últimos 30 años ha sido explosivo, lo cual ha generado un conjunto de complejos y diversos problemas entre una demanda que sobrepasa la oferta en los aspectos de infraestructura básica, equipamiento urbano y servicios. Esta situación se puede complejizar aún más, si consideramos que de acuerdo a estimaciones la población aumentará en la próxima década en unos 50.000 habitantes. A ello debemos agregar un aumento de la población flotante por el crecimiento de la actividad turística.

Desde la década del 60, la ciudad comenzó a vivir un proceso de gran expansión urbana, desarrollándose vastos sectores poblacionales, principalmente en la periferia sur, en el sector nor-oriente y en el sector norte de la comuna. En los sectores más antiguos: Población Vergara, Chorrillos y Recreo Agua Santa, se ha producido un proceso de consolidación y densificación poblacional.

Actualmente, la comuna se constituye por un conjunto de  sectores o territorios claramente delimitados por la geografía, que presentan cada uno caracteristicas particulares y una cierta identidad que los hace ser distintos entre sí, aunque en su interior presentan también ciertos grados de heterogeneidad.

Esta conformación territorial de la comuna se caracteriza por una zona centro o plan, que corresponde a los sectores más antiguos de la ciudad, donde se localiza la casi totalidad de los servicios y  la actividad comercial, así como un sector residencial importante de la población de mayores recursos. En este sector vive alrededor del 12 % de los habitantes de la comuna. La otra parte de la población se localiza en los territorios o sectores vecinales que se ubican en los cerros aledaños a la zona centro, con características eminentemente residenciales de estratos sociales medios y bajos, a excepción de las zonas de Recreo-Agua Santa y Reñaca Bajo, donde predominan los grupos económicos medios y altos. Estos sectores populares donde vive una población cercana al 70 % son, a saber: Nueva Aurora, Forestal, Chorrillos en la zona Sur; Santa Inés, Miraflores, Achupallas, Santa Julia, Gómez Carreño, Glorias Navales y Reñaca Alto, en la zona Norte; Limonares, Canal Beagle, Villa Dulce, El Olivar y Villa Hermosa, en la zona Oriente.

Cada uno de estos sectores presenta rasgos particulares en términos de sus características geográficas, su historia, la condición socioeconómica de su población, su equipamiento comunitario y el grado de organización de su comunidad, todo lo cuál hace que sus habitantes desarrollen un marcado sentido de pertenencia e identidad territorial.

SINTESIS DE LAS HISTORIAS LOCALES.

Intentaremos mostrar una breve síntesis de las historias reconstruidas en cada uno de los cinco barrios en que se trabajó. Para ello usaremos algunos ejes temáticos que permiten describir, en forma general, como fueron en sus inicios los procesos de poblamiento y urbanización de los cerros de Viña del Mar.

                      

Los primeros asentamientos obreros en la ciudad.

Si bien hay registros de asentamientos obreros en la ciudad desde mediados del siglo pasado, vinculados principalmente al ferrocarril y a la incipiente actividad industrial, estos no se muestran suficientemente consolidados, lo que se traduce en un bajo nivel de articulación y reconocimiento social.

En las primeras décadas del siglo XX, se produce una llegada masiva de trabajadores, con sus familias, que comienzan a instalarse, principalmente, en la zona de los arenales, al norte del estero Marga Marga, y en los faldeos de algunos sectores como Santa Inés y Forestal. Su relación con ella se da, principalmente, en términos de la subsistencia:

"… ellos expresaron una relación temprana con las actividades laborales de la zona y habitaron en piezas, cités y barrios para obreros… La entrada definitiva de los sectores populares se produce entre 1930 y 1950, cuando logran articularse como identidades sociales que llegan a incursionar con fuerza y masividad en diversos ámbitos públicos de la zona. Pueden reconocerse vinculados a un dinamismo que produce cambios profundos en la ciudad. Aparecen como sectores de trabajadores que se organizan en sindicatos y grupos sociales que progresivamente amplían su espacio de desarrollo en Viña del Mar".[14]

    Al mismo tiempo que se inicia con renovado impulso el crecimiento de la ciudad de Viña del Mar, con posterioridad al terremoto de 1906, y se comienza a perfilar una identidad de ciudad–balneario, con características propias de los grandes centros turísticos de la época, nacen también las primeras poblaciones de obreros y trabajadores que tendrán un carácter de ocupación definitiva. Forestal Bajo, Santa Inés y algunas zonas de Chorrillos Bajo y Recreo Alto, se constituyen en zonas de residencia permanente para la población trabajadora. Ellas le darán un sello distinto a esta ciudad, que intentará, en alguna medida, mantener oculto por ese deseo de constituirse en un gran balneario turístico, de nivel internacional.

Sin duda, el camino a Quillota, hoy calle Quillota, es una de las vías más antiguas de Viña del Mar y uno de los ejes principales de su poblamiento. Este camino "entonces seguía por Santa Inés hacia Con Con. En torno de ella se construyeron los primeros caseríos que formaron después la Población Vergara."[15]

    Estos antecedentes sirven para sostener que uno de los factores influyentes en el poblamiento del sector  Santa Inés, reconocido como uno de los barrios obreros más antiguos de la ciudad, lo constituyó la existencia de este camino, que en el tramo entre 15 norte y el cementerio pasa a llamarse avenida Con Con.  Es alrededor de esta vía donde comienza el poblamiento. Ella juega un rol importante en el desarrollo posterior, llegando a ser la principal arteria comercial y  lugar de encuentro de la población de Santa Inés. Sobre la importancia de este camino, se refiere el Sr. Aurelio Ortiz, antiguo residente de Santa Inés, de 95 años de edad, que vivió entre 1918 y 1933 en este barrio

"Nosotros llegamos en 1918 a vivir a este sector, con mis padres, primero a una casa en calle Rojas Trigo, donde comenzaba la subida del camino a Quillota, a los pies de Santa Inés, en 15 norte, y que en ese tiempo formaba parte de la población Vergara. Luego nos fuimos a vivir más arriba, en un chalecito que empezamos a edificar en calle 21 norte con calle 5. A este lugar donde nos fuimos se le llamó Población Británica."

                       

Factores que impulsan el poblamiento masivo de los cerros de la ciudad.

    Si nos preguntamos por las condiciones históricas, sociales y económicas que explican el poblamiento masivo y los motivos que tienen estas familias para irse a vivir a los cerros de Viña del Mar, debemos, sin duda, remitirnos a los procesos de desarrollo que esta ciudad vive en la primera mitad del siglo XX. Así también lo entienden nuestros entrevistados:

"La historia del poblamiento más masivo comienza por el año 1930, cuando se empiezan a instalar en Viña muchas industrias.  En ese año, se comenzó también la construcción del casino en la zona de los arenales. Ese sector estaba poblado de puras casas de obreros. Pero cuando se empezó a urbanizar y apareció el casino, estos terrenos pasaron a ser interesantes para las familias adineradas, que compraban a estos obreros  a precios que resultaban bastante convenientes para ellos, ya que se iban a Santa Inés donde estaban vendiendo terrenos mucho más baratos. Así, se empezaron a trasladar numerosas familias que vivieron, primeramente, en esta zona de la ciudad. Allí desaparecían las casas de los obreros y aparecía un chalet. Cuando aparecieron estos chalets, también empezó a poblarse masivamente Santa Inés."

( Sr.Sergio Brito – Santa Inés )

"Lo que me interesa en este caso,  es establecer los principios y razones por las que Santa Inés se pobló. Se dice aquí que la necesidad de habitación que tenían los obreros, pero ¿ de dónde surgen estos obreros?. Bien, se dijo que existieron muchas industrias en Viña del Mar. El sector de población Vergara estaba lleno de industrias,  había cerca de cien, unas muy grandes. Sería largo enumerarlas. Hacia el año 1910, como se ha señalado, empieza un poblamiento más planificado de Santa Inés con la venta de terrenos a los obreros que llegaban a la ciudad a trabajar en la construcción y la actividad industrial que comenzaba a darse por esos años en Viña del Mar, hecho que se agudiza en los años 30 con el colapso del salitre. Viene el éxodo de todos esos trabajadores y sus familias a Santiago, Valparaíso y Viña del Mar, en busca de una fuente de trabajo. Se nos llena de gente aquí porque había trabajos que requerían mano de obra y los hombres que venían del norte eran duros para el trabajo y por lo tanto eran muy bien aceptados en esa época. Pero ellos necesitaban vivir en alguna parte y en Santa Inés se vendían terrenos baratos que eran accesibles para estos trabajadores."

(Sr. Mario Labra – Santa Inés)

                       El paisaje natural y sus modificaciones.

    El paisaje de los cerros de Viña del Mar, en aquellos años, era totalmente diferente a como lo conocemos hoy, sufriendo modificaciones profundas en su fisonomía. Los cerros estaban cortados por numerosas quebradas, por donde corrían pequeños cursos de agua, lo cuál posibilitaba que hubiera mucha vegetación:

"Una parte de la población Británica era la más plana del  sector de Santa Inés, el resto era todo quebradas. Ahora las han cerrado todas. A mí me gustaba más con las quebradas porque se producían arroyos preciosos. Había un lindo estero que avanzaban desde la calle 2 y se iba hacia abajo, era un estero precioso donde todas las casas de Avenida Concón daban a este estero." (Sra. Ani Venturini – Santa Inés)

    “Era todo verde, había mucho bosque, mucho arbusto, boldo, litre, coligue y por las quebradas bajaba agua limpia. Entonces para poder instalarnos tuvimos que quemar. Cercamos con alambre de púas nuestro terreno y lo quemamos. Ahora, como no estaba permitida la quema, llegaron los Carabineros y me llevaron preso,  por que yo estaba a cargo de la quema.” (Sr. Jorge Araya – Miraflores)

    “… eso era todo bosque , había litre , boldo , maitenes , cualquier tipo de árboles y eucaliptus que estaban más a la quebrada. A nosotros nos salía muy caro contratar una máquina para que nos desmontara , entonces en una reunión quedamos todos de acuerdo que el día domingo íbamos a desmontar nosotros. Los hombres cortaban y las mujeres quemábamos, llevábamos parafina y hacíamos montones hasta que se despejó todo para poder enmarcar y hacer calles…”( Sra. Eliana Arancibia – Nueva Aurora)

    La intervención de los primeros habitantes comenzó a producir cambios notorios en el paisaje. Con el propósito de obtener mas terrenos para ocupar, se comenzaron a rellenar las quebradas y a cerrar los cursos de agua:

 

"En ese tiempo, había una quebrada que bajaba por la calle donde compramos nuestro terreno.  En una esquina de ese sector existían unos lotes que nadie quería comprar por que la quebrada allí era mas profunda. Había que hacer un puente. En un invierno, yo me fijo que al final de la quebrada la arena y piedras que habían sido arrastradas por el agua, debido a una plantación de arvejas que ablandó el terreno, se habían retenido por acción de unas rocas que existían en el fondo. La quebrada era la calle cinco que cruza por una orilla de la plaza. La arena se comenzó a retener en ese lugar, entonces juntamos mas piedras y con unos rieles que compramos, construímos un puente que cruzó la quebrada. Con el otro invierno llegó la arena más  arriba por la quebrada, entonces hicimos un muro bien hecho en ese lado de la quebrada y rellenamos hasta hacerlo calle, borrando el puente." ( Sr. Aurelio Ortiz – Santa Inés)

    Algunos pobladores recuerdan estos años como de mucho sufrimiento y sacri-ficio. Se sentían como verdaderos colonos que estaban conquistando un lugar remoto:

"Cuando llegamos con nuestras pocas cosas, el vehículo que nos transportó dejó nuestras cositas en el paradero 6 ½ de Achupallas y desde allí entramos caminando por lo que hoy en día es la Av. Las Azucenas. Solo había un sendero que cruzaba un bosque y quebradas,  hasta que llegamos a nuestro terreno."

( Sra. Marta Astorga – Reñaca Alto)

                       La construcción de viviendas.

    La totalidad de las viviendas, en los primeros años del poblamiento, se levantaron mediante el sistema de autoconstrucción. Los materiales básicos eran la madera y el barro.

"Cada familia se encargaba de la construcción de su casa. Así las hacían como querían. Para las construcciones se ocuparon tabiquerías de madera con revestimiento de adobe y planchas de fierro. Los ladrillos de adobe se hacían en el mismo lugar. Allí había una planicie donde se preparaba el adobe y se cortaban los ladrillos, que luego se ocuparían en la construcción”.( Sr. Aurelio Ortiz – Santa Inés)

     “Bueno, todas las viviendas se hicieron por autoconstrucción. Cada familia construía su propia casa usando distintos tipos de materiales. Muchos hicieron sus casas de adobe, empleando para esto el material que había en el mismo lugar. Los adobes los fabricábamos nosotros mismos.”(Sr. Isaías Fernández – Miraflores)

"Nosotros construíamos sábados y domingos.En la semana se preparaban o juntaban los materiales que se iban a ocupar para construir la casa. El sábado y domingo se trabajaba hasta bien tarde, porque no se podía perder la mezcla que se había preparado.Y así vimos levantar nuestras casas. Yo eso lo ví en muchas familias de Santa Inés. Por eso, creo que habría que hacer un homenaje a ese autoconstructor, a esa familia autoconstructora que hizo sus casas, porque ya después, no sé en qué año exactamente, aparecieron la Municipalidad, las industrias y la Marina construyendo poblaciones, que fueron  una gran novedad para el cerro." ( Sra. Ani Venturini –Sta. Inés)

                  “… cuando estábamos con nuestra pareja, trabajábamos como desesperados. El marido estaba los días sábados y a veces teníamos que trabajar todo el fin de semana, porque antiguamente el industrial ,el capitalista a los del pueblo los hacía trabajar hasta los días sábados…nosotros nos amanecíamos para ir a nuestros trabajos  y llegábamos en la noche. En el verano, llegábamos un poco más temprano, había sol todavía y nos poníamos a trabajar. Muchas veces nuestra pareja nos decía porque trabajar tanto. Que iba a hacer si tenía que trabajar ahora que puedo, cosa que lleguemos a tener algo más o menos decente y un techo para nuestros hijos ,porque nosotros teníamos siete, así que imagínese trabajábamos como desesperados…” ( Sr. Víctor Valenzuela - Nueva Aurora)

                       La urbanización y los servicios básicos.

    Los vecinos describen la realidad y las carencias que existían en estos sectores en términos de los servicios básicos de urbanización:

   " El agua, en los primeros tiempos, había que ir a buscarla a una quebrada que estaba más abajo, por donde corría un riachuelo, la acarreábamos en un fondo para preparar la leche de los niños. Para calentar la leche había que hacer fuego. Cuando Don Enrique me pidió que me hiciera cargo de darle la leche a los niños, me preguntó si podía cocinar con leña. Yo estaba acostumbrada a cocinar con leña, ya que me había criado en esas condiciones. Con los niños salíamos a buscar leña al bosque. Así hacíamos el desayuno .Cuando terminaban de tomar la leche, bajaba con algunos de ellos a la quebrada a lavar los jarros y el fondo donde se preparaba la leche." (Sra. Petronila Pizarro – Encargada de la cocina en la escuela en Reñaca Alto)

“ Cuando llegamos a esos lados no había agua potable, solo pilones donde íbamos a buscar agua.  Alumbrado eléctrico no existía en ese sector.   Una vez que se formó la junta de vecinos, los quijotes de esa época consiguieron que se pusiera alumbrado público y a la vez extenderlo a los domicilios y que se pusiera la red de agua potable.  Existían solo pozos negros. Se imaginan los virus y las epidemias.  Por eso que existía el famoso piojo o chinche, no era porque fuéramos sucios, si no porque no teníamos los implementos para una higiene." (Sr. Sergio Brito – Santa Inés)

    “Los primeros vecinos que llegamos a esta parte de Forestal teníamos que abastecernos de agua de un pilón o llave que había en el paradero 5 donde hoy está, el Círculo La Estrella. La micro llegaba solamente hasta la plaza de Forestal. Los pobladores bajábamos por la escala B, que en esos tiempos no existía como escala, era una bajada de tierra, y cuando llovía parecía resbalín con el barro. Nosotras, las madres, teníamos que ir con nuestros hijos a control al Hospital G. Fricke, lo que significaba un gran sacrificio, pues teníamos que bajar y subir con nuestros  hijos y a  veces con un niño en brazos, uno de la mano y otro en el vientre, eran tiempos muy sacrificados. Los maridos tenían que hacer todos los días ese recorrido para ir a trabajar” (Sra. Silvia Durán – Forestal )

    Durante años los vecinos tuvieron que ingeniárselas para satisfacer estas necesidades básicas. Quizás la historia que mejor grafica el esfuerzo y el sacrificio por salir adelante es la que nos cuenta don Víctor Manuel Valenzuela, antiguo vecino de Nueva Aurora:

    “…llegamos allá , donde no había nada de nada. No existía para empezar el agua potable para beber. Menos así iba a existir el alcantarillado. Fue así como el problema bastante triste y bastante preocupante era el agua potable. Pasaba por ahí, por aquellos años y que estaba en uso todavía, el popular acueducto “Las Vizcachas”, que era el que abastecía de agua potable a toda la provincia y en especial Valparaíso. Entonces, la necesidad tiene cara de hereje, fue así como tuvimos que romper cierta cámara, no era ir a robar sólo que la necesidad nos hacía tener que tomar esas medidas. Ahí buscamos cual era la solución más posible y más honrada y llegamos a la conclusión de romper la cámara con chuzos y picotas. La cámara tenía una profundidad de entre tres y cinco metros , bastante peligrosa . Todos fuimos responsables de romperla. De ahí venía el otro problema ¿como íbamos a sacar el agua y como la íbamos a llevar a nuestros hogares?. En primer lugar para sacarla usábamos baldes. Tirábamos el balde, desde luego iba con mucha presión el agua y se nos ocurrió que al balde teníamos que colocarle un peso y le colocamos una piedra para que así se pudiese asentar abajo y entrar el agua. Luego lo subíamos a la superficie. El otro problema fue en que la íbamos a echar para llevarla a nuestros hogares. Tuvimos que comprar tambores de 200 litros y los llenábamos. Lo otro que hubo que resolver ¿cómo íbamos a llegar con tremendo tambor a nuestro hogar, porque quedábamos en declive entre el acueducto y nuestros hogares. Cuando llenábamos el tambor, le colocábamos la tapa y para poder hacerlo llegar a nuestra casa teníamos que buscar maderas, palos  y cartón... Cortábamos varas gruesas de eucaliptus, a medida de nuestra fuerza. Con eso le hacíamos freno al tambor lo volteábamos y lo llevábamos rodando para la casa. Como los jefes de hogar teníamos que salir a trabajar, los fines de semana dejábamos abastecidos del vital elemento a nuestras familias. Más de alguien se accidentó o se llevó a pasar las manos y la cara con las ramas. A Dios gracias nunca supimos de un accidente grave…”

                       La organización de los pobladores.

    

    Los primeros habitantes sienten muy pronto la necesidad de trabajar organizadamente para resolver sus carencias. La organización poblacional, siempre estuvo presente en el poblamiento de estos barrios. Las sociedades inmobiliarias de carácter eminentemente social, fueron las primeras. Estas, que se generaron con el propósito de adquirir terrenos, fueron transformándose en sociedades que los vecinos supieron potenciar como reales organizaciones vecinales, sirviendo como instrumentos de presión y demanda ante la autoridad para satisfacer las necesidades de urbanización del sector:

    "... todo el sacrificio que significó la organización de los pobladores para poder colonizar Forestal, si bien es cierto fue con mucho sacrificio, nos llena de satisfacción lo que hemos logrado. Yo estoy muy agradecido de mis antecesores, fueron muy competentes en esto... lo que significa que, los que hemos llegado aquí, hemos estado permanentemente en el progreso de  esta población porque hemos tenido la fuerza y porque no decirlo, la capacidad, la visión de comenzar bien nuestra población."

 (Sr. Julio Ramirez – Forestal)

    “Nosotros presionábamos, haciendo la petición y enseguida se iba a las gestiones de la municipalidad y cuando las cosas no salían ya no iban tres o cuatro más la directiva, sino que iban sesenta a ochenta personas. Llenábamos el salón de sesiones, entonces ahí se presionaba, nosotros pedíamos personalmente cuál era el regidor que se oponía y cuando íbamos todos no se oponía nadie, porque nadie quería quedar mal con nadie.” (Sr. José Arancibia. Población Manuel Rodriguez – Forestal )

    Los comienzos tuvieron algo de “mágico”. La imagen y los recuerdos de aquella época son de un pueblo organizado en función de sus propios medios para conquistar los niveles más básicos del bienestar. Las calles y las propiedades encontraron en los vecinos sus principales constructores y los domingos se convirtieron en verdaderas fiestas populares y de trabajo voluntario:

    “… el día domingo, sábado o festivo, todo el mundo estaba trabajando , adonde miraba  la gente clavando, picando, todo el mundo trabajando. Todos éramos jóvenes,  gente entre los 18 y 30 años, que llegaban con la ilusión de hacer su casa y llegaron todos a vivir en una mediagua…”( Sra.Rosa Ubilla – Nueva Aurora )

     “ En una reunión general que hicimos, se dio a conocer el trabajo que se iba a realizar y vieron todo el esfuerzo que ello significaba, sobre todo para nosotros que éramos los dirigentes y teníamos que trabajar duro para dar el ejemplo. Antiguamente, el que no quería ir a trabajar tenía que pagar una multa, pero lógico todos teníamos que trabajar para  ordenar las cosas y lograr construir nuestras viviendas… Cada uno trabajaba en su sector, el que no podía trabajar pagaba para que le hicieran el trabajo. Trabajábamos todos los días sábados y domingos. Para que no quedaran tramos cortados se exigía que cada poblador excavara una cuota diaria de dos metros por persona.” (Sr. Jorge Araya – Miraflores)

                 A MODO DE CONCLUSION

    Hemos escuchado a los adultos mayores, hemos atendido sus recuerdos de  casi un siglo. No los conocíamos, no los imaginábamos así. No han inventado nada, no embellecieron sus historias por mero afán estético. Pero aún así, nos han emocionado. Su verdad, que estamos seguros es la verdad de muchos “cerros” de Viña del Mar, nos devela una deuda impaga, con la otra ciudad, escondida arriba del mar.

    Sin embargo, pareciera que la lucha y el esfuerzo por satisfacer las necesidades más básicas y elementales del ser humano permanecen intactos en la memoria y son los que más duelen a la hora de hacer recuentos de una vida.

    De una cosa estamos cierto, al escribir o transcribir los relatos de estos adultos mayores, y es que esta es la historia de muchos hombres y mujeres que en distintos lugares de la ciudad trataron de alcanzar su independencia, llegando a cerros inhóspitos en los que dejaron gran parte de su propia vida.

Agradecemos a quienes nos recibieron con entusiasmo y entregaron con honestidad sus conocimientos y experiencias. Aquellos vecinos de Santa Inés, Forestal, Miraflores, Nueva Aurora y Reñaca Alto, que compartieron aquella parte de sus vidas que se funden en estas memorias del barrio.

    Para todos los habitantes de los cerros de Viña del Mar, vaya nuestro reconocimiento a su callada dignidad.



[1] Este trabajo constituye una síntesis del texto que fue publicado con el mismo título por TALLER Ediciones, en Agosto del 2000, gracias a un aporte del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura, Fondart 1999, del Ministerio de Educación.

[2] Licenciado en Antropología de la Universidad de Chile, con estudios de post grado en Gestión Pública Regional y Municipal en la Universidad Alberto Hurtado, de Santiago de Chile. Director de la Agrupación TALLER, Programas Socio Culturales y Ambientales.

[3] "Sujetos;mentalidades y movimientos sociales en Chile". Ed. CIDPA. Viña del Mar.1998.

[4] Los elementos conceptuales que se exponen fueron elaborados con la colaboración del Sr. Luis Vildósola Basualto, encargado del Programa de Historia Local del Centro de Investigación y Difusión Poblacional de Achupallas, CIDPA.

[5] Para el historiador Mario Garcés D., las historias locales son aquellos relatos que dan cuenta de las dinámicas diversas que se desarrollan en asentamientos rurales o urbanos, y que tienen como referencia diversas expresiones de autorreconocimiento - que se suscitaron o emergieron en los procesos de (poblamiento) y socialización local, así como del impacto que produjeron en estos espacios las distintas manifestaciones de la vida nacional.

[6] "Manifiesto de Historiadores". Ed. LOM. Santiago de Chile.1999

[7] "Chile: Historia y Bajo Pueblo". Rev. Proposiciones. Nº 19. Ed. SUR. Santiago de Chile.1990

[8] Ibídem

[9] Ibídem

[10] "Voces de Identidad". Ed. ECO. Santiago de Chile. 1994:14

[11] Sólo muy recientemente ha habido avances en dicha situación a partir de experiencias de recuperación y difusión de historias locales, como las realizadas por CICU-CIDPA, en el sector de Achupallas.

[12] Estos antecedentes fueron extraídos de la ponencia de Héctor Santibañez F.:"Contribuciones para la formulación de un Plan de Desarrollo Cultural en la ciudad de Viña del Mar". Actas del 3º Congreso Chileno de Antropología. Temuco. 1998

[13] Héctor García: "Para una historia de Viña del Mar". Ed. CECAP. Valparaíso. 1989

[14] Luis Vildósola: "Achupallas. Historia de muchas manos".Ed. CIDPA-CICU. Viña del Mar. 1998.

[15] Ibidem.

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