LA
PRETENSION ´HEGEMONICA´ DE LA CULTURA OCCIDENTAL Y EL SINCRETISMO DE NUESTRO
ESPACIO -TIEMPO
*Olver
Quijano Valencia
...A Jairo Quijano V.
A su compañía inteligente
Abstract
La reflexión alude desde una mirada panorámica,
crítica y lógicamente germinal, a la pretensión de la cultura occidental por
configurarse históricamente como espacio-centro a partir de la instalación y
desarrollo de una inmensa empresa colonial en América Latina, la cual acciona
en pro de la construcción-afirmación de una hegemonía religiosa, política y
comercial, en ambientes de ´legitimidad´ y bajo el desconocimiento del ´otro´
como corpus de subjetividad distinta y realidad encubierta. Tal proyecto logra
entonces una negación de la alteridad e introduce la conquista corporal, espiritual
y material a través de violencia física y simbólica como parte de un itinerario
de ´salvación´ y ´conversión´ del otro, proceso que desde el horizonte ´humanista´
legitima la sujeción y dominación del ´bárbaro´, ´inmaduro´, ´salvaje´ y ´subdesarrollado´.
No obstante, los procesos de resistencia de nuestros pueblos, dan cuenta de
la permanencia de rastros, rostros y huellas múltiples que hoy manifiestan
un proceso de una escritura borrada artificialmente, sobre la cual se edifica
una sociedad polifónica y pluricultural. Así, América Latina se explica como
un palimpsesto o texto que leído puede comprenderse en su totalidad, pero que
contiene en su interior otros textos, los cuales leídos son comprendidos, pero
observados en sí mismos alcanza el sentido de totalidad o son textos en sí mismos
coherentes, al punto de llegar a constituirse como complejos culturales. Nuestro
espacio-tiempo entonces, se concibe y verifica como una urdimbre o un plexo
en el cual confluyen contrapoderes, contradiscursos, contrarelatos o imaginarios,
que constituyen el sincretismo en el cual segmentos sociales han inventado en
su proyecto de sobrevivencia, cosmovisiones ante la dificultad de los metarelatos
occidentales para explicar y guiar a la sociedad en su pluralidad y en una especie
de simultaneidad de temporalidades y espacialidades culturales diversas, escenario
donde la pretendida occidentalidad, se presenta como un ´eco diferido y deficiente´.
Una mirada al proceso de invención,
descubrimiento, conquista y colonización de América, en la perspectiva del análisis
y develamiento de los sistemas y relaciones ´hegemónicos´ instalados, requiere
de un modo diferente de pensar la historia, de tal forma que, sea posible la
superación de ésta como el conjunto de las discursividades acerca del poder
desde la óptica del colonizador, o como historial del triunfalismo e instrumento
generador de ´legitimidades´. Es preciso entonces, retomar la acepción que
habla de la historia como una "forma particular de pensamiento que interroga
el pasado desde las coyunturas del presente", desde la cual, de una parte,
se puede entender la naturaleza de la inmensa empresa colonial instalada en
América y su pretensión de configurar-afirmar una hegemonía religiosa, política
y comercial en ambientes de legitimidad; y de otra, se posibilita una aproximación
a la comprensión del otro como corpus de subjetividad distinta y ´realidad
encubierta por el descubrimiento´.
La pretensión aludida se explica
en primera instancia, a la luz de la invención del Nuevo Mundo, del Cuarto
Mundo, de lo que Enrique Dussel ha denominado la invención del ser-asiático
de América, producto de la imaginación europea renacentista, sin la mediación
del reconocimiento de la especificidad de la realidad americana. Sobre el particular,
el mencionado autor afirma:
Se inventó el ser-asiático de lo encontrado. ...América
fue inventada a imagen y semejanza de Europa....El ser-asiático y nada más-
es un invento que solo existió en el imaginario, en la fantasía estética y contemplativa
de los grandes navegantes del Mediterráneo. Es el modo como desapareció el
Otro, el indio no fue descubierto como Otro, sino como lo Mismo ya conocido
(el asiático) y sólo reconocido (negado entonces como Otro): en-cubierto[1]
La invención de América da cuenta
entonces, de un no reconocimiento y en consecuencia, de la negación de la alteridad
americana, proceso posibilitado por un intenso encubrimiento propio de la instauración
de un proyecto con ontología y teleología eurocéntrica o en otras palabras,
de la cultural occidental y su pretensión por hacerse universal y hegemoníca.
O´Gorman, al respecto afirma :
..en la invención
de América y en el desarrollo histórico que provocó hemos de ver, pues, la posibilidad
efectiva de la universalización de la Cultura de Occidente como único programa
(sic) de vida histórica capaz de incluir y ligar a todos los pueblos, pero concebido
como tarea propia y no ya como el resultado de una imposición imperialista y
explotadora [2].
La Cultura Occidental -siguiendo
al autor en mención-, puede concebirse por consiguiente como el paso de
la particularidad a la universalidad sin novedad ni fecundación de alteridad
alguna. En realidad es sólo la particularidad europea con pretensión de universalidad . Este tránsito establece lógicamente, un
sinnúmero de mecanismos o dispositivos para la regulación y control de la vida
de los seres sujetos a transformación, homogenización y redención. De ahí
que, como lo expresa el profesor Guido Barona B., especialmente para el siglo
XVI, la empresa colonial,
requirió de una justificación ideológica,
expresada en dos niveles que tuvieron una solidaridad irreductible entre sí:
en el terreno de lo jurídico-político esta tarea y los imperativos de expansión
de España a nuevas regiones del mundo, constituyeron un discurso y una razón
de superioridad política sobre los imperios, sobre las organizaciones sociales
del Nuevo Mundo....En el espacio de las mentalidades y la cotidianidad la
empresa expresó la superioridad del hombre europeo frente a los sujetos de dominación
y sujeción, a través de una obligación moral para los polos en contradicción
e impuso una hegemonía cultural y por supuesto social.. [3].
Puede establecerse en principio,
la evidente implantación de un proyecto expansivo e imperialista, que niega
la alteridad e introduce la conquista corporal, espiritual y material de los
nativos mediante prácticas de violencia física y simbólica como parte de un
itinerario de salvación y conversión del otro, que desde el horizonte humanista
legitima la sujeción y dominación ejercida sobre el bárbaro, inmaduro y
salvaje que acaba de ser descubierto-encubierto.
De otra parte, el proyecto imperial eurocéntrico
al enfrentarse a la realidad americana, encuentra una especie de actualización
en la medida en que, sufre indudablemente como lo ha planteado el historiador
Barona Becerra, una especie de honda alteración y transformación del horizonte mental y
lingüístico de Europa y una readecuación de los modelos interpretativos con
los cuales en el pasado, habían constituido los habitantes del Antiguo Continente
su imago mundi . Esta redefinición
y actualización europea, a la luz de la presencia de América en el mundo, suscita
lo que algunos autores han denominado la Europa moderna como centro del mundo,
en tanto al alcanzar con América la noción de totalidad, encuentra su certeza
de mundo. De esta forma,
el círculo se cerraba: la Tierra había sido descubierta
como el lugar de la Historia Mundial, por primera vez aparece una Cuarta
Parte América, que se separa de la cuarta península asiática, desde una Europa
que se auto-interpreta, también por primera vez, como Centro del Acontecer
Humano en General, y por lo tanto despliega su horizonte particular como horizonte
universal (la cultura occidental).... los habitantes de las nuevas tierras
descubiertas no aparecen como Otros, sino como lo Mismo a ser conquistado, colonizado,
modernizado, civilizado, como materia del ego moderno. Y es así como los
europeos (o los ingleses en particular) se transformaron en los misioneros
de la civilización en todo el mundo, en especial con los pueblos bárbaros[4]
La hegemonía pretendida de la cultura
occidental en tal momento histórico, postula entonces entre otros aspectos,
la desnudez cultural, espiritual y axiológica de los nativos, invención que
se configura como el pretexto o justificación para el desarrollo de la colonización
de las formas de vida. Tzvetan Todorov, al referirse a esta situación afirma
que los pueblos amerindios fueron vistos como culturalmente vírgenes o como
una página en blanco en espera de la inscripción española y cristiana. Según
la lectura hispánica , los indios, físicamente desnudos, también son, para
los ojos de Colón, seres despojados de toda propiedad cultural: se caracterizan,
en cierta forma, por la ausencia de costumbres, ritos, religión...[5]
Los pueblos americanos son sometidos
a procesos de dominación por la vía violenta y simultáneamente a la colonización
de la vida cotidiana, prácticas extendidas con posterioridad, a los esclavos
africanos. Esta situación se convierte según E. Dussel, en:
el primer proceso europeo de modernización,
de civilización, de subsumir o (alienar) al Otro como lo Mismo; pero ahora
no ya como objeto de una praxis guerrera, de violencia pura, sino de una praxis
erótica, pedagógica, cultural, política, económica, es decir del dominio de
los cuerpos por el machismo sexual, de la cultura, de tipos de trabajos, de
instituciones creadas por una nueva burocracia política, etc., dominación del
Otro. Es el comienzo de la domesticación, estructuración, colonización del
modo como aquellas gentes vivían y reproducían su vida humana. Sobre el efecto
de aquella colonización del mundo de la vida se construirá la América Latina
posterior: una raza mestiza, una cultura sincrética, híbrida, un Estado colonial,
una economía capitalista (primero mercantilista y después industrial) dependiente
y periférica desde su inicio, desde el origen de la Modernidad (su Otra- cara.
El mundo de la vida cotidiana (lebenswelt) conquistadora-europea colonizará
el mundo de la vida del indio, de la India, de América[6].
Una de las inferencia que hasta aquí puede
precisarse, hace alusión al carácter mestizo, sincrético e híbrido, el cual
sin duda distingue a América Latina en tanto producto del proceso de colonización
del mundo de la vida nativa y del prohijamiento ulterior de la racionalidad
o la lógica occidental liberal, industrial, católica, anticomunista-, con la
dificultad de que estas manifestaciones se desarrollan lenta, precaria e insuficientemente,
a la vez que coexiste en medio de un sinnúmero de contrarelatos e imaginarios,
los cuales en si mismos configuran sistemas de alta complejidad cultural.
El proyecto occidental acude para
su desarrollo a instrumentos como el ecumenismo del cristianismo en tanto religión
y única verdad revelada, discurso desde el cual los nativos se transforman
en infieles sujetos a la aplicación de múltiples tecnologías de evangelización,
en pro de la salvación de sus almas hechiceras, profanas y demoniacas. El ideal
cristiano como hoy, posibilita el aniquilamiento del otro por medio de su demonización,
es decir a partir de la difusión de la idea de la existencia de enemigos del
orden cristiano, de la convivencia y el ´desarrollo´, portando un lenguaje propio
de un ente privilegiado y opulento, que ha inventado al enemigo y continuamente
con su fuerte carga religiosa lo aniquila discursiva y físicamente. Esta manifestación
de la conquista espiritual al consolidar el dominio del imaginario del nativo,
se presenta como el ideal de salvación, paradojalmente en medio de la irracionalidad
de la violencia del proceso de sometimiento. Así los imaginarios propios del
mundo mítico de América, hermenéuticamente se aprecian como lo perverso y pagano,
lo cual permite la conclusión acerca de que -según Dussel- como
la religión indígena es demoniaca y la europea divina, debe negarse totalmente
la primera y, simplemente, comenzarse de nuevo y radicalmente desde la segunda
la enseñanza religiosa [7].
La denominada conquista espiritual se presenta
como forma de dominación que recae sobre el imaginario del nativo, una vez
se concreta su conquista por medio de la violencia física, posible por la apelación
a las armas como elemento de liberación del estado de inmadurez propio de
su condición de bárbaro.
La religión católica como uno de los instrumentos
para construir hegemonía desde la lógica occidental, puede verse en nuestra
realidad como manifestación de gran significación, aunque parafraseando a Dussel,
en el trasfondo o en el claro-oscuro de las prácticas cotidianas, reina una
especie de religión sincrética, en tanto cobija múltiples expresiones de espiritualidad,
ritualismo, animismo o una pluralización del paisaje confesional, por encima
del dios cristiano como vector y fundamento del proceso de dominación.
Adicionalmente, el proyecto desde
el ámbito de la organización política, prevee la subordinación a partir del
establecimiento de instituciones y relaciones coercitivas y violentas, manifiestas
en estructuras de poder que constituían pilares sustentatorios de proyectos
de desarrollo económico. El eurocentrismo al concebir la política del lucro,
o la economía del poder y del imperativo de las asimetrías, se traduce
en desarrollismo, a partir del cual los pueblos alcanzarán su redención. La
concepción occidental preconizada como proyecto para la superación de los pueblos,
plantea según E. Morin, dos aspectos: por una parte como mito global donde las
sociedades que se vuelven industriales logran el bienestar, reducen las desigualdades
extremas y dan a los individuos la máxima felicidad que puede dar una sociedad.
Por otra parte es una concepción reducionista donde el crecimiento económico
es el motor necesario y suficiente de todos los desarrollos sociales, psíquicos
y morales. Esta falacia cimentada en la lógica del lucro, permite edificar
proyectos en torno a la búsqueda exacerbada de ganancias en el marco de instituciones
violentas como garantes de prosperidad.
Empero, el establecimiento de instituciones
de carácter jurídico dedicadas al control, tales como la mita, la encomienda,
el concierto, los pueblos de indios, los resguardos; y de la Legislación Indiana
y la Cédulas, a pesar de ser determinantes en la geografía económica y política,
no alcanzan a impedir la insularidad, los ´espacios vacíos´ y en síntesis
la fragmentación del proyecto económico que pretende hegemonizarse. Esta situación
se demostraría en el análisis que para la Gobernación de Popayán hace el profesor
Guido Barona, en el cual en uno de sus apartes plantea que las revoluciones
independentistas del siglo XIX confirmarían, en una dirección, la debilidad
de todo el andamiaje colonial y en la otra, la ausencia de un proyecto político
y social capaz de transformar la inercia colonial que hasta ese momento, había
tenido [8] .
La metáfora del ´archipielado regional´ utilizada
para el estudio aludido, es una muestra -como lo indica el autor- del primado
de un mundo fragmentado de discursividades económicas, culturales
y sociales en interrelación y oposición. Un mundo donde lo hispánico estaba
presente en pequeños islotes en continua transformación: donde lo aborígen
americano, después de la catástrofe demográfica de los siglos XVI y XVII,
en la mayoría de las regiones en donde sus sistemas culturales fueron comprometidos,
se redefinió en una profunda e intensa interacción con las otras regularidades
económicas y culturales que hicieron presencia en estos espacios: donde lo africano,
al igual que lo hispano y lo nativo americano, fue más representación que realidad
social y cultural [9] . Estas afirmaciones
configuran una explicación acerca de las obstáculos que enfrenta el sistema
hispánico colonial para imponerse con su aparato administrativo-institucional
en el conjunto de la geografía objeto de dominación.
Las dificultades enfrentadas por
el sistema administrativo colonial, facilita entonces, la constitución de poderes
locales y clientelas cimentadas en el parentesco como expresión con finalidades
político-económicas, realidades que dan cuenta de cómo la visión eurocéntrica
en esta esfera, no se concreta clara y absolutamente en hegemónica, por el contrario
pervive con otras manifestaciones determinantes aún en nuestra contemporaneidad.
Visto el fenómeno desde la dimensión
de la interculturalidad, América Latina en su estructuración deja entrever algo
así como un modelo etnocéntrico, producto de la conformación social a partir
de las razas (blanca, negra, india), en la cual cada una de estas, sin duda,
se encuentra acompañada de un ethos cultural. Esta situación plantea entonces,
la presunción de la estratificación social derivada de la noción pigmentocrática,
es decir la diferenciación social a partir de la relación con el color de la
piel. En esta dirección la pregunta acerca de la superioridad de la raza blanca
queda resuelta con la preeminencia del mestizaje, realidad que hoy da cuenta
del carácter sincrético e híbrido del contexto latinoamericano y específicamente
colombiano.
A la luz de este fenómeno, distinguimos
como los procesos de resistencia permiten la permanencia y conservación de rastros,
rostros y huellas múltiples que hoy manifiestan un proceso de una escritura
borrada artificialmente, sobre la cual se edifica una sociedad polifónica y
pluricultural. Dicho de otra forma, latinoamérica se explica como un palimpsesto,
entendido como un texto que leído puede comprenderse en su totalidad, pero
que contiene en su interior otros textos, los cuales leídos son comprendidos,
pero observados en sí mismos alcanza el sentido de totalidad o son textos en
sí mismos coherentes, al punto de llegar a constituirse como complejos culturales.
Indudablemente, la pretendida superioridad
de la raza blanca, la realidad indígena sumadas al orden esclavista colonial
y posteriormente al denominado tercer rostro o los de abajo hijos de Malinche-,
dan cuenta del sincretismo latinoamericano, aunque finalmente América Latina
se defina ante todo como mestiza, situación que encierra en sí misma la paradoja
latinoamerica, en la medida en que como lo afirma Dussel,
El mestizo vivirá en su cuerpo y sangre la contradictoria
figura de la Modernidad como emancipación y como mito sacrificial-. Pretenderá
ser moderno como su padre como la ilustración borbónica colonial del siglo
XVIII, como el liberalismo positivista del siglo XIX, o como el desarrollismo
de dependencia modernizada después de la crisis de los populismo y el socialismo
en el siglo XX-, pero fracasará siempre al no recuperar la herencia de su madre
Malinche. Su condición de mestizo exige la afirmación del bloque origen amerindio,
periférico y colonial-[10]
La pretendida hegemonía de la cultura
occidental en América Latina alcanza como lo hemos visto apelando a algunas
variables, cierto desarrollo en la medida en que instala la sujeción, la legimitidad
y dominación como los vectores o paradigmas por los cuales se desenvuelve la
empresa de imperialismo cultural, ideológico y religioso. En esta dirección
es evidente como el discurso de la sujeción y de la legitimidad, como lo indica
el profesor Guido Barona B., se apoderó de la humanidad del bárbaro, de
su alma, de sus costumbres y de sus formas de organización social y política.
El construyó un sujeto de disposición total a través de la semántica de la sujeción [11] .
No obstante, la pregunta por la
hegemonía de un proyecto debe partir de reconocer algunos de sus aspectos característicos,
entre los cuales vale la pena resaltar: a). Nunca la hegemonía es total, no
es absoluta, nunca cubre exactamente al objeto o sujeto susceptible de dominio.
La hegemonía es en este sentido relativa, logrando niveles de regularidad de
la cotidianidad a través de diversos dispositivos de control de las conductas
de los individuos como seres sujetos a normalización. B). La hegemonía no se
reduce a la ideología ni a la comparación de diferentes formas de socialización.
Ella es ante todo un principio político y una dirección estratégica. C).La hegemonía
no se impone; ella se conquista través de una política de alianzas que debe
abrir una perspectiva nacional al conjunto de la sociedad. D). La supremacía
de un grupo social se manifiesta de dos maneras: como dominación y como dirección
intelectual y moral[12] .
Evidentemente, a pesar de que la
cultura occidental históricamente ha pretendido configurar-afirmar una hegemonía
religiosa, política y comercial o la concreción de la universalización de su
teleología y ontología, expresada como se ha indicado en la invención del
Nuevo Mundo, la conquista corporal-espiritual y material, la colonización de
las formas de vida, la superioridad del catolicismo, la instauración de instituciones
democráticas, el anticomunismo, entre otros aspectos; en verdad el carácter
de la sociedad latinoamericana y en particular la colombiana, da cuenta de un
evidente sincretismo y de una cultura híbrida, en la cual la presunta hegemonía
de la cultura occidental no es total o absoluta, a la vez que su relatividad
se expresa en que sin duda, ésta la cult occid- ha alcanzado significativos
niveles de regularidad de la cotidianidad mediante dispositivos básicos de control.
Empero, al no cubrir exactamente, los hombres no insertados y coptados en el
proceso hegemónico, logran edificar, reconstruir y reconstituir manifestaciones
de gran complejidad cultural.
Dicho de otra manera, la cultura
occidental a pesar de en-cubrir y negar la alteridad, no logra cubrir exactamente
los otros imaginarios. Para el caso de América Latina y más concretamente Colombia,
a pesar de la pretensión hegemónica de la lógica occidental, nuestro espacio-tiempo
social se concibe y verifica como una urdimbre o un plexo en la cual confluyen
contrapoderes, contradiscursos, contrarelatos o imaginarios, los cuales en sí
mismos o en su especificidad, alcanzan trascendencia y coherencia. Esta realidad
construida históricamente en el trasfondo o en el claro-oscuro de las prácticas
cotidianas instauradas por el proyecto eurocéntrico, constituye el sincretismo
de nuestro tiempo, en el cual algunos segmentos sociales han inventado en su
proyecto de sobrevivencia, contrarelatos y cosmovisiones ante la dificultad
de los metarelatos occidentales para explicar y guiar a la sociedad en su pluralidad
y en una especie de simultaneidad de temporalidades y espacialidades culturales
diversas.
Este fenómeno se aprecia claramente
hoy en medio de la emergencia o resurgimiento de fragmentaciones, tribalismos
o atomizaciones, propias de la entropía cultural, aspecto al cual se suma la
existencia de un saber mosaico, conformado por fronteras difusas, intertextualidades
y bricolages. A la vez se aprecia en el marco globalizador, la afirmación
de fenómenos de localización o glocalización, en donde efectivamente se configuran
sujetos culturalmente fragmentados, a la luz de los cuales como lo plantea James
Lull:
..en vísperas del siglo XXI no es posible pensar
la vida cultural en términos de la ´supercultura´, o cultura común que cohesionaría
un grupo, sino que la membresía y competencia cultural residen mas en la construcción
y uso de fragmentos de estilos de vida las personas eligen e integran. Cada
individuo o grupo se vincula a culturas múltiples, de acuerdo con sus roles
y oportunidades sociales, preferencias y en la medida en que participa en una
variedad de experiencias[13]
En el marco de América y en la
especificidad colombiana, hoy en medio de su carácter híbrido y sincrético,
no podrá negarse que la cultura occidental posicionó en su hegemonía relativa,
legados y lecciones para hacer de nuestro espacio-tiempo, el locus del desconocimiento
y de la macartización, así como el reemplazo de la memoria colectiva por la
memoria institucional, el sujeto colectivo por la individuación, la eticidad
y moralidad por la positivización de la conducta el derecho-, los espacios
de deliberación colectiva por una institucionalidad excluyente y violenta, la
experiencia del diálogo por el establecimiento del rito de la eliminación-persecusión
de la oposición, la pluralidad del universo confesional por el cristianismo
y la práctica de la demonización del otro, las prácticas económicas autárquicas
por la económica del poder y del imperio de las asimetrías, y entre otros aspectos,
la violencia como rasgo prototípico de las instituciones y de la vida cotidiana,
los mercados eficientes y las instituciones electivas; realidades que han hecho
de nuestro espacio-tiempo y de nuestra sociedad un modelo de los invertidos
y una especie de sociedad pervertida, en la cual nuestra pretendida occidentalización,
se presenta como un ´eco diferido y deficiente´.
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Incertidumbres y Posibilidades. Política, comunicación y Cultura. Tercer Mundo
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__________________ La Maldición de Midas en una región
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TODOROV, Tzvetan. La Conquista
de América. El Problema del Otro. Siglo XX editores, 8ª edición, México 1.997.
*
Contador Público, Especialista en Docencia sobre Problemas Latinoamericanos,
C. Magíster en Estudios sobre Problemas Políticos Latinoamericanos, Profesor
Universidad del Cauca, miembro Comité de Investigaciones FCCEA Univ Cauca.
[1]
DUSSEL, Enrique. El Encubrimiento del Otro. Hacia el origen del mito de la
Modernidad. Ediciones Abya-Yala, Quito, junio de 1.994, pp 38-41.
[2] O´Gorman, E. La Invención de América.
Pag 98
[3] BARONA BECERRA, Guido. Legitimidad
y Sujeción: los Paradigmas de la "Invensión " de América. Colcultura,
1ª Edición, Santafé de Bogotá, 1.993, pp 6.
[4] DUSSEL, Enrique, Op Cit, pp 46.
[5] TODOROV, Tzvetan. La Conquista de
América. El Problema del Otro. Siglo XX Editores, 8ª edición, México 1.997,
pp 44
[6] DUSSEL, Enrique, Op Cit, pp 62
[7] DUSSEL, Enrique, Ibidem pp 70.
[8] BARONA BECERRA, Guido. La Maldición
de Midas en una Región del Mundo Colonial: Popayán 1.730 - 1.830, Fondo Misto
de Cultura del Cauca, Universidad del Valle, Cali, pp 73.
[10] DUSSEl. Enrique, Op Cit, pp 190-191,
El Encubrimiento....
[11] BAROBA BECERRA, G. Op Cit, pp 30,
Legitimidad y ....
[12]
Algunas características sobre hegemonía, pueden encontrarse en el artículo
Del Consentimiento como hegemonía: la estrategia gramsciana, de Christine
Buci-Gluksmannn, en Revista mexicana de Sociología, No 2, abril-junio de 1.979.,
número dedicado al tema: dominación, hegemonía y desarrollo.
[13] LULL, James. HELP! Cultura e Identidad
en el siglo XXI. En Diá-logos de la Comunicación, No 48, Lima, Felafacs,
octubre de 1.997.
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