Arqueología histórica en Oaxaca, México. Alcances y limitaciones
Susana Gómez Serafín
Enrique Fernández Dávila
Instituto Nacional de Antropología e Historia
El centro histórico de la ciudad de Oaxaca
Ya desde 1942, la XXXVIII Legislatura
Constitucional del Estado de Oaxaca decretó la "Ley sobre protección de
monumentos coloniales, artísticos e históricos y poblaciones típicas del estado"
para ser implementada por un comité central constituido por el gobernador del
estado, el inspector de la Dirección de Monumentos Artísticos, Arqueológicos
e Históricos, dependiente del Instituto de Historia y Arqueología, el jefe
de la Oficina Federal de Hacienda en el estado, el presidente municipal de la
ciudad de Oaxaca y un ingeniero o arquitecto titulado. En cada uno de los municipios
del estado debía conformarse un comité con las mismas funciones, es decir, la
salvaguarda y protección de su patrimonio cultural.
Posteriormente, el centro histórico
de la ciudad de Oaxaca comprendido en una superficie de 252 hectáreas, fue declarado
zona de monumentos históricos el 1 de marzo de 1976, creando para ello el Consejo
del Centro Histórico de la ciudad de Oaxaca que tenía entre sus principales
funciones la de:
"
coordinar las acciones tanto de las autoridades
federales como locales, así como encauzar las inquietudes del sector público,
apoyando las acciones federales que ejecuten las secretarías de Desarrollo Urbano
y Ecología y de Educación Pública en la protección del patrimonio federal y
natural, promoviendo la protección y catalogación de bienes inmuebles de valor
monumental y artísticos
Alentará la participación ciudadana en la conservación
del Centro Histórico, colaborando con las autoridades municipales en los diversos
problemas del casco histórico
".[1]
En
la Gaceta Municipal del 15 de diciembre de 1998 se señala que tanto el
sitio arqueológico de Monte Albán como el mismo centro histórico fueron declarados
por la UNESCO patrimonio de la humanidad en 1987 y en el Plan Parcial de Conservación
del Centro Histórico de la Ciudad de Oaxaca así como en su Reglamento general,
publicado en la misma gaceta, se hace un recuento del patrimonio edificado señalando
la existencia de 22 inmuebles de arquitectura monumental, 182 de arquitectura
relevante, 544 de arquitectura tradicional y 735 como de arquitectura popular.
A partir de este balance se señala que:
"El estado actual de los inmuebles inventariados refleja un acelerado proceso
de destrucción y deterioro del patrimonio edificado, al encontrarse el 11 %
inexistente, en ruinas o parcialmente deteriorado, mientras que el 26 % presenta
alteraciones graves, y el 11 % ha sido subdividido; por lo cual sólo el 62 %
se encuentra en buen estado". [2]
El 16 de abril de 1998 la comisión
de cultura de la Cámara de Senadores encabezada por el senador del Partido de
Acción Nacional (PAN) presenta una iniciativa de modificación a la fracción
XXV del artículo 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
que fue aceptada por el pleno del Congreso en el mes de enero del año 2000.
De forma inmediata, el 28 de abril de 1999 propuso al Senado una iniciativa
de Ley sobre el patrimonio cultural de la nación.
En esta iniciativa se plantea una derogación de la Ley Orgánica del Instituto
Nacional de Antropología e Historia y la total modificación y reforma de la
Ley Federal sobre Monumentos Arqueológicos, Artísticos e Históricos por la vía
de conformar un consejo de cultura que incluya a secretarios de estado y gobernadores,
así como a los "más destacados especialistas". En respuesta a ello,
la comunidad científica y cultural del país rechazó unánimemente tal propuesta
teniendo como resultado su congelamiento, es decir, fue puesta en reserva por
considerarla una regresión respecto a su materia legislativa.
A nivel local, el actual gobierno
libre y soberano del estado de Oaxaca decretó la creación de un Consejo Estatal
de la Cultura para la protección del patrimonio cultural y natural del estado
de Oaxaca.
Dicho consejo lo conforman,
sin la representación del INAH, el gobernador del estado de Oaxaca, el director
del Instituto Oaxaqueño de las Culturas, el representante de la oficina del
Centro Historico de Oaxaca y el arquitecto Javier Legorreta como miembro honorífico
destacado. Este consejo pretendía ganarle la partida a la misma iniciativa con
la que se verían favorecidos los intereses privatizadores del estado, pero hasta
la fecha y con la misma improvisación con que se formó dicho consejo, es el
momento en que se desconoce el reglamento oficial con el que pretende operar.
A consecuencia de los sismos de gran intensidad ocurridos en julio y septiembre,
especialmente el del 30 de septiembre de 1999, llegaron a afectar en diverso
grado poco más de 300 inmuebles históricos, religiosos y civiles de regiones
como la Mixteca y la costa así como los inmuebles del estado de Puebla y Morelos
en menor grado, en el cual gran cantidad de casas del siglo XVIII ubicadas en
el Centro Histórico se ven seriamente dañadas. Aunádose a este fenómeno natural
se sumaron las intensas lluvias y una secuela de temblores de mucha menor intensidad
y un conjunto de causas como la total ausencia de programas de mantenimiento
y conservación tanto de los particulares como institucionales y gubernamentales
así como el completo abandono de los inmuebles provocaron en la gran mayoría
de los casos una desestabilización estructural lo que ocasionó que gran cantidad
de muros de carga cedieran fácilmente ante los empujes sísmicos.
Toda vez que el Centro Histórico
de la ciudad de Oaxaca está constituido por 1483 inmuebles de géneros diversos
considerados como monumentos históricos, la evolución socioeconómica a través
de las épocas prehispánica, novohispana, independentista y porfiriana se refleja
en esta ciudad y constituye un aporte fundamental de su historia. Por ello se
ha definido el origen de todo centro histórico como la ciudad misma, por lo
que corresponde a:
"
su ámbito geográfico más emblemático,
dado que actua como soporte material de su historia y de su memoria colectiva
y como tal posee un valor patrimonial singular puesto que su especificidad es
el resultado de un proceso histórico secular de construcciones, destrucciones
y/o reconstrucciones." [3]
Pese a que en los últimos años
se ha logrado realizar exploraciones arqueológicas dentro del entorno de los
inmuebles históricos ( ex conventos de Santo Domingo de Oaxaca y Santa Catalina
de Sena, así como en la Plazuela del Carmen Alto de esta ciudad), aún se carece
de un programa de arqueología histórica urbana. La situación no puede
ser más grave a la fecha ya que tan sólo en el centro histórico, las restauraciones
realizadas en un sinnúmero de edificaciones históricas han afectado de manera
determinante los contextos arqueológicos, destruyendo evidencias sin la menor
consideración y con la venia institucional normatica y sin la intervención de
arqueólogos especialistas. Entro otros aspecto, el origen de esta situación
existe o está dado desde el momento en que las investigaciones de arqueología
histórica se encuentran excluidas e ignoradas en el Reglamento del Centro
Histórico de la ciudad de Oaxaca, emitido con fecha del 15 de diciembre
de 1998.
En este reglamento se autoriza,
previa revisión del proyecto, realizar modificaciones de toda índole al partido
interior de los inmuebles con la condición de que la fachada observe una homogénea
regularidad en ritmos y alturas con los inmuebles vecinos.
Al no incluir en dicha reglamentación
a la investigación arqueológica, además de no ser tomada en cuenta por el proyecto
denominado como FONDEN 1999-2000 (no sólo en la ciudad y centro histórico sino
en prácticamente todos los inmuebles históricos de la entidad que fueron afectados
por los sismos), la afectación y consecuente destrucción de contextos arqueológicos
que se ha dado y continúa ocurriendo, se puede calificar de catastrófica.
Tanto la Coordinación Nacional
de Monumentos Históricos, la Coordinación Nacional de Arqueología y la Delegación
estatal del INAH tienen ante sí una gran responsabilidad ante estos hechos por
lo que deberán en estricto apego a la normatividad vigente, implementar la creación
y aplicación de un programa permanente de arqueología histórica
El Programa del Fondo Nacional de Desastres Naturales (FONDEN) del gobierno
mexicano, puesto en marcha a raiz de las afectaciones anteriormente mencionadas
pone en evidencia y reafirma la falta de interés en el conocimiento de su pasado
patrimonial al evitar que arqueólogos especialistas realizen las necesarias
investigaciones en el Centro Histórico de la ciudad de Oaxaca. A partir de su
implementación se hizo patente la carencia de una aplicación concreta y objetiva
de la normatividad de la Ley vigente de 1972, lo mismo que por lo que la impunidad
con la que se ha actuado al reconstruir e incluso construir con formas nuevas
las fachadas, no resultaría tan grave como es el que el interior de esas mismas
casas y que muchas se encuentran tapadas por cubiertas provisionales o por las
mismas fachadas que ya se reconstruyeron, se aprovecha para modificar el partido
arquitectónico de manera parcial o totalmente, a la par que se altera de forma
irreversible el subsuelo de la ciudad.
Esta alteración del subsuelo
que se lleva a cabo al realizar las excavaciones para las nuevas recimentaciones,
hechura de cisternas de agua e incluso de albercas, así como nivelaciones del
terreno para conformar nuevos espacios, han generado que el patrimonio cultural
edificado tanto en época prehispánica como colonial, y en subsecuentes etapas
históricas, sea irremediablemente destruido. Hemos de dar de manera sintética,
unas referencias de la fundación de la ciudad de Antequera que darán una idea
de la importancia que ésta ha tenido a través del tiempo.
Antecedentes de la fundación de la
ciudad de Oaxaca
La
cédula real del 25 de abril de 1532 fue firmada por la reina a nombre de Carlos
V en la que se le daba carácter de ciudad a Antequera. Esta había tenido la
jerarquía de villa desde 1521 cuando las primeras tropas de Orozco arribaron
al valle, y posteriormente en 1526 cuando llegaron los primeros dominicos, pero
estos intentos fueron, al parecer poco afortunados ya que también la tuvieron
que ratificar como villa en 1529. Desde sus primeros reconocimientos militares,
Oaxaca o Antequera como quisieron llamarle los españoles sin mucho éxito, fue
desde los orígenes de su fundación, un botín en disputa.
Desde
1529 Carlos V expidió una real cédula en la que concedía a Hernán Cortés el
título de marqués del Valle de Oaxaca. Cortés siempre deseoso de obtener más
tierras para su marquesado reclamaba para sí una amplia extensión que él aseguraba,
no tenía ningún asentamiento español, pero la Primera Audiencia resolvió favorecer
un nuevo emplazamiento hispano en las tierras del centro del valle de Oaxaca
que inicialmente se le habían mercedado. Así, Oaxaca cambió de nombre a Antequera,
aunque en contadas ocasiones se le denominaba indistintamente, o con los dos
nombres: Oaxaca-Antequera, mientras que Oaxaca o Huaxyacac con un asentamiento
indígena, seguiría siendo parte de la merced otorgada a Cortés.
No cabe duda que Cortés era
un gran estratega militar, pero su habilidad de poco sirvió frente a un grupo
de soldados cansados que deseaban también establecerse en el fértil valle de
Oaxaca ya que el clima no era tan inclemente como el que encontraron en Tututepec,
población de la costa del Pacífico oaxaqueño y capital del señorío mixteca a
donde habían sido enviados por el marqués, mientras que las hostilidades de
los indios del valle debieron ser considerablemente menores a las sufridas en
la costa.
Cortés pedía a la Audiencia de México que con base en la merced real de
1529 y nuevamente solicitada en 1532,[4] se respetaran sus dominios que comprendían
cuatro villas. Solamente una de las villas que el marqués pedía, a su vez tenían
trece pueblos sujetos a ella; así Coyolapan, actualmente Cuilapan tenía como
sujetos a los pueblos de Tlalistac, Macuilxóchitl, Cimatlán, Tepecimatlán, Ocotlán,
Tlacochahuaya, Los Peñoles, Huexolotitlán, Cuyotepec, Teozapotlán, Mitla, Tlacolula
y Zapotlán.[5]
Como lo debió entender rápidamente Cortés, los pueblos mercedados comprendían
no sólo algunas cabeceras de importantes señoríos, sino a los pueblos y estancias
que se encontraban sujetos a estas cabeceras, por lo que estaba reclamando para
sí una inmensa cantidad de tierras además de sus veintitres mil vasallos.[6]
Al comprender que los problemas de jurisdicción les rebasaban, los oidores
de la Segunda Audiencia prefirieron enfrentar la merced de los veintitres mil
vasallos otorgada a Cortés pensando que con esta acción se daban por concluidas
las exigencias del marqués; sin embargo, también ello propició serias confuciones
al carecer de censos poblacionales así como de una clara definición de lo que
significaba un vasallo.[7]
La recién constituida ciudad
de Antequera había tenido su primer asiento formal a partir de la comisión conferida
a Juan Peláez de Berrio, quien en su carácter de alcalde mayor se le encomendó
que fuera:
"
a la dicha provincia de Guaxaca y mireis
en ella el mejor asiento y sitio que os pareciera para en él fundar y edificar
la dicha Villa de Antequera (
) en el cual dicho sitio hareis hacer la traza
de la dicha villa con mucho orden y concierto, las calles señalando primeramente
solares para la iglesia, hospital y casas de Cabildo y la vuestra y de todos
los otros vecinos que llevais en una copia, los cuales han de ir luego con vos
y mirando que a los alcaldes y regidores y los otros oficiales del Concejo se
les den solares en lugares más preeminentes como en estas partes se acostumbra
hacer y así a los otros por este concierto según la calidad de cada persona
".[8]
Para 1533, Carlos V daba temporalmente fin a los problemas que las mercedes
de Cortés le ocasionaban, precisándole que solamente le correspondían los pueblos
de Cuilapan, Oaxaca y Etla, aunque más tarde logró que se añadiera a su vasta
extención la población de Santa Ana Tlapacoya, llamándose al conjunto "las
cuatro villas marquesanas".[9]
Así, a los pocos años de fundada
la ciudad de Antequera se comienzan a edificar importantes edificios, tanto
de la administración pública, como del orden religioso y privado. A continuación
se presenta la relación de algunos de estos inmuebles que han podido ser localizados
al analizar un plano de la ciudad de Oaxaca elaborado en 1777 y su cotejamiento
con información bibliográfica que especifica, en algunos casos, los cambios
que estos han sufrido a lo largo de los años:
Templo de la Purísima Concepción
El
templo de la Concepción fue construido por el obispo Ledesma en 1592, pero debido
al temblor de 1604, éste sufrió severos daños. Inicialmente fue colegio de jesuitas
y después convento de monjas. Cuando los jesuitas fueron desterrados de México,
las monjas de Regina Celi trasladaron a vivir al convento de la Compañía de
Jesús (Casa Fuerte). Posteriormente el convento fue abandonado y a principios
del siglo XIX se convirtió en carcel hasta que al trasladar la carcel al ex
convento de Santa Catalina en 1862, en el edificio se instaló la Casa de Moneda
que permaneció en el lugar hasta fines del siglo XIX. Posteriormente la propiedad
fue vendida a particulares, primero al general Martín González y éste al canónigo
Carlos Gracida quien trasladó al inmueble el Colegio del Espíritu Santo.[10] Lo que queda de
este inmueble actualmente corresponde a la panadería Bambi y a la tienda de
muebles anexa, ubicados en la esquina de las calles García Vigil y Morelos.
Colegio de Virgen
Al parecer
fue construido a fines del siglo XVII. Este colegio más tarde fue llamada Colegio
de Niñas de Nuestra Señora de la Presentación; posteriormente se fundó en el
mismo lugar la Escuela Normal para Profesoras. Años después se ubicó el ayuntamiento
de la ciudad. En 1938, para albergar las joyas descubiertas en la exploración
arqueológica de la tumba 7 de Monte Albán, se estableció en el inmueble el Museo
de Arqueología. Hoy día en el inmueble se encuentran la oficinas del Centro
de Protección al Turista.[11]
Palacio Episcopal
Fue construido a mediados del siglo XVI
y desde 1580 debió haber sido la casa de los obispos de la Diócesis. En el plano
de 1777, el Palacio Episcopal, también conocido como ex Obispado, aparece localizado
en la 1ª calle de la Libertad (actual García Vigil). Desconocemos si este edificio
fue posteriormente reubicado en la 7ª de la Av. Independencia, que era conocida
con anterioridad como la calle del Obispado.
Se sabe
que poco tiempo después de construido, el segundo obispo de Oaxaca, Fray Bernardo
de Alburquerque donó su residencia para que la recién fundada orden de monjas,
que posteriormente se establecerían en el convento de Santa catalina de Sena
pudiese tener donde vivir. Al parecer tuvo diversos usos ya que los subsecuentes
obispos oaxaqueños vivieron en diversas casas sin que el Obispado los alojara.
Posiblemente el Palacio Episcopal comprendía una extensión mayor de lo que actualmente
tiene, abarcando parte de la 1ª calle de la Libertad y parte de la 7ª de la
Av. Independencia. En el Palacio Episcopal, que contó con una carcel inquisitorial
durante la colonia,[12] se estableció durante
la insurgencia una fundidora de cañones y en 1869 fue ocupado como Palacio Federal.[13]
Palacio Arzobispal
El edificio se localizaba entre la 1ª calle
de Minerva (actual 20 de Noviembre), Colegio de Niñas (Actual Av. Independencia)
y enfrente a la alamenda De León. Este inmueble se construyó al parecer a mediados
del siglo XVI.
De acuerdo
con Pérez-Moreno[14]
este edificio se convirtió sólo hasta 1849 en el Palacio Arzobispal pero durante
1865 y 1866, el obispo José María Covarrubias tuvo por residencia la casa que
actualmente alberga a la Facultad de Arquitectura 5 de Mayo (entre las calles
5 de Mayo y Av. Independencia), y el siguiente obispo, Vicente Márquez vivió
durante 20 años en la casa localizada enfrente del Palacio Arzobispal en la
que posteriormente sería el Banco Minero[15] y en la actualidad
convertida en el Hotel Antonio (ubicado en la esquina de Av. Independencia y
Porfirio Díaz).
Desde
principios del siglo XIX, el inmueble pasó a manos de la familia Fogoaga pero
a mediados del mismo siglo era propiedad del Sr. Joaquín Vasconcelos, quien
posteriormente lo vendió al obispo Vicente Márquez y este a su vez en 1888 se
lo vendió al arzobispo Gillow, quien se encargó de reconstruirlo desde sus
cimientos.[16] En la actualidad el inmueble que ocupa el espacio
del Palacio Arzobispal funciona como oficinas de Telefonos y Telegrafos.
La Alhóndiga
Este
edificio fue construido para almacenar los granos que el pósito compraba además
de los que los encomenderos estaban obligados a entregar en consignación para
su venta. La autorización para su instalación se otorgó en 1690 en la parte
sur de las Casas Reales, sobre la calle de la Carnicería (actual Las Casas)
por tener junto a su depósito el expendio de carne para la ciudad.
Posteriormente,
a mediados del siglo XVIII se autorizó la construcción de una nueva Alhóndiga
y al parecer ésta se empezó a edificar desde 1753; sin embargo, faltando solamente
dos mil pesos para concluirla (lo cual indica que estaba avanzada su construcción),
aún aparece 22 años después de su factible conclusión localizada en el plano
de 1777 en su lugar original, es decir, en el costado oriente de la Plaza de
San Juan de Dios, en lo que fuera la propiedad del regidor Luis Ramírez de Aguilar.
La Aduana
El inmueble
que en 1777 albergaba a la Aduana se ubicaba en la actual calle 5 de Mayo y
Av. Independencia, aunque pudiera estar en gran parte de la manzana que forman
estas calles. A principios del siglo XIX la Tesorería y Aduana del Estado fue
reubicada en la calle de Hidalgo, esquina con 20 de Noviembre, por tal motivo
la actual calle de Hidalgo se conocía hasta 1848 como la 1ª calle de la Aduana.
Según Jiménez y González[17]
la Aduana estaba localizada en en mismo lugar que la Alhóndiga, pero al parecer,
la aduana se organizó hasta 1777, con el establecimiento de la Hacienda Real.[18]
Estanco de Tabaco
Durante
el gobierno de Carlos III se monopolizaron todas las industrias que en ese entonces
se consideraban prioritarias para la economía peninsular. Por ello, por medio
de la cédula real del 2 de enero de 1776 implanta en Nueva España el Estanco
de Tabaco.[19] Este edificio se localizaba en
la 7ª calle de Hidalgo, aunque al igual que el de la Aduana que aparece en el
mapa de 1777, pudo abarcar gran parte de la manzana donde se ubicaba. Ya en
el plano de Manuel Gijón de 1808, el Estanco de Tabaco o Factoría de Tabaco
se localizaba en la esquina de la 2ª calle de Benito Juárez (actual Macedonio
Alcalá) y la 6ª calle de Morelos. Actualmente en este edificio se localiza el
Monte de Piedad que también fue cambiado de la manzana de enfrente y que ahora
es el gimnacio de la UABJO.
Palabras finales
A la investigación
sobre las transformaciones sufridas por los pueblos indios bajo el dominio español
así como el estudio de los cambios socioeconómicos de las sociedades novohispanas
se les ha identificado con el nombre de arqueología histórica. Se trata de trabajos
realizados con enfoques multidisciplinarios por medio de una recuperación sistemática
de materiales arqueológicos, muebles e inmuebles, que en ocasión son considerados
como bienes patrimoniales.
La naturaleza
de los datos que se recuperan son el resultado de hechos sociales concretos
ocurridos bajo condiciones históricas determinadas, por lo que estas investigaciones
dan el soporte y la justificación histórica a los bienes patrimoniales. Por
lo anterior es fundamental que estos trabajos se conviertan en tarea institucional
sustantiva e imprescindible es su inserción dentro de las normatividades federales
y estatales tal y como se legisla para los entornos de la arqueología prehispánica.
La aplicación diferencial que de la normatividad se hace en centros históricos
y emplazamientos novohispanos mina la base sustancial del bien patrimonial que
al no tomarlo en cuenta permite su destrucción a nombre de una restauración
moderna.
Para la
arqueología histórica es primordial
"
el estudio de las manifestaciones materiales
de la expansión de la cultura europea en el mundo no europeo, que se inicia
en el siglo XV y finaliza con la industrialización o el presente dependiendo
de las condiciones locales. Así la arqueología histórica contribuye a la antropología
moderna a través del estudio de los procesos de expansión, exploración y colonización
europeas, información que alternativamente puede ser obtenida a partir de documentos
históricos y de las colecciones de artefactos recuperados".[20]
Ya en el estudio de colecciones de los materiales obtenidos la arqueología histórica
se enfoca sobre los análisis de las tendencias de consumo de acuerdo a la distribución
de las mismas dentro de la estructura de clases sociales del momento histórico
determinado bajo estudio.
Un aspecto importante de la arqueología histórica es la arqueología de la arquitectura.
Dado que uno de los principales indicadores arqueológicos es la arquitectura
(a la que se asocian importantes colecciones de artefactos ubicados en diversas
matrices o contextos), el análisis de este indicador combinando la metodología
arqueológica y arquitectónica no es del todo nueva.
Desde hace treinta años las escuelas
inglesa italiana y española desarrollaron este tipo de análisis realizado a
partir de la reconstrucción hipotética de la morfología de los inmuebles desde
el análisis estratigráfico de los paramentos caidos.[21]
Pese a la importancia de estos estudios consideramos que los análisis realizados
por Villalobos[22] son fundamentales en el desarrollo
de la arqueología de la arquitectura con enfoque cuantitativo. Toda vez que
la identificación de un inmueble como si fuese este un artefacto nos lleva a
concebirlo como un sistema complejo compuesto de partes, es decir, de sus elementos
arquitectónicos, de fábrica, instalaciones y acabados dentro de los cuales está
sustentada una parte preponderante del inmueble que se desea estudiar.
La identificación de tales elementos
nos permite entender al inmueble más allá del análisis arquitectónico y estructural
y de distribución de espacios, puesto que la puntual identificación de los materiales
constructivos de dichos elementos arquitectónicos nos conducen a establecer
las secuencias y etapas constructivas así como a desentrañar los conjuntos de
procesos dados dentro de una clara división del trabajo que ocurre durante la
edificación.[23]
Con ello la práctica de la arqueología
de la arquitectura identifica a los elementos arquitectónicos como fechándolos,
como componentes del sistema-contexto-artefacto, convirtiéndose así en una metodología
esencial para determinar cuáles de ellos son originales y a qué época edilicia
pertenecen para así brindar a restauradores y arquitectos la posibilidad de
restaurar elementos arquitectónicos de originalidad probada científicamente
y reducir la especulación reconstructiva que a todas luces le restan credibilidad
a los trabajos de esta clase.
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[1]El centro
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Sin autor.
[2]Gaceta Municipal, tomo 1, núm.
1, 1998:17.
[3]Rodíguez
y Fernández, "El centro histórico de Ourense. Arqueología y arquitectura",
Revista de Arqueología, año XX, no. 219:6, Madrid.
[4]Ambas fechas
son históricas ya que la primera corresponde a la ratificación de Villa de
Antequera y la segunda a su nombramiento como ciudad, con lo quela Corona
pretendían dar por terminado los alegatos de Cortés, asegurándole que ya existía
un asentamiento español en las tierras que él pretendía como parte de su marquesado.
[5]Martínez,
José Luis, Hernán Cortés, 1990:635-636, UNAM-FCE, México.
[6]Martínez,
José Luis, ibid., pp. 639-640.
[7]Martínez,
José Luis, ibid., p. 641.
[8]"Comisión a Juan Peláez para
poblar la Villa de Antequera de Guaxaca", tomado de Acervos, 1997,
nos. 3 y 5, pp.11-12, Oaxaca.
[9]Martínez,
José Luis, ibid., p. 636.
[10] Portillo,
José Oaxaca en el centenario
, 1998:138.
[11] Al parecer
Portillo (1998) confunde el Colegio del Espíritu Santo con el Colegio de Niñas
de Nuestra Señora de la Presentación ya que ubica a este primero en el plano
de la manzana 117 de las calles 5ª de Morelos, 2ª de P. Díaz y 2ª de la Libertad
(actual G. Vigil), pero en la página 148 del mencionado libro ubica al mismo
colegio en el número 25 de la Av. Independencia que correspondería al antiguo
Colegio de Virgen.
[12]Jiménez
y González, 1992:63.
[14] Pérez-Moreno,
1999:59
[17]Jiménez
y González, 1993:35.
[18] Portillo,
1998:140c.
[19]Saalas,
Carlos, La cimentación del antiguo estanco
1998:403.
[20] Schuyler,
Historical and historical sites
1978.
[21]
Carandini, Andrea, Historias en la tierra, 1997; Xavier Dupré
Raventós, "Prólogo" Historias en la tierra, 1997; Barker,
Phillipe, Techniques of archaeological excavation, Batsford, London,
1977.
[22] Urbanismo y arquitectura mesoamericana, 1992.
[23]Fernánde,
Enrique y Susana Gómez, " Metodología aplicada en el desarrollo
",
1998:107-120.
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