IDENTIDAD SOCIOPROFESIONAL, CULTURA DEL TRABAJO Y
GÉNERO: UN ESTUDIO ANTROPOLÓGICO EN EL SUR DE ESPAÑA
Dra. Anastasia Téllez Infantes
Profesora de Antropología Social y Cultural
Universidad Miguel Hernández, Elche (Alicante-España)
Esta investigación
se ha realizado a partir de los elementos económicos e ideológicos
que rigen y estructuran un proceso de trabajo, la elaboración
de mantecados en un municipio del sur de España (Estepa) considerando
que ambos aspectos están íntimamente interrelacionados. En especial,
hemos analizado desde una perspectiva antropológica, cómo el trabajo
en las fábricas de mantecados ha dotado a las mujeres trabajadoras
(denominadas mantecaeras), a lo largo de la historia de
esta producción local y tradicional, de una peculiar identidad
socioprofesional.
Hemos estudiado
la organización de esta industria, profundizando en la categoría
cultural que nos parece fundamental para comprender su estructuración:
el género y a partir de él hemos abordado los aspectos económicos
y los que forman parte sustantiva de su lógica productiva, los
que explican que esta producción se haya originado, mantenido
y aparezca actualmente como un trabajo de mujeres.
Así pues,
hemos podido comprobar cómo este proceso productivo genera una
específica identidad socioprofesional en los sujetos que en él
intervienen, identidad que se manifiesta en su realidad social
a través de unos rasgos culturales que se establecen a partir
del desarrollo directo de la actividad, en este caso de la elaboración
de mantecados por las mujeres mantecaeras, tales como
su argot profesional, los saberes específicos, las destrezas,
la forma de interpretar parte de su mundo, etc. Porque hablamos
de una identidad determinada por la función del trabajo como generador
de un código cultural concreto, construido cuando la existencia
de una tradición de trabajo local crea una especialización
técnica de los individuos que influye en su socialización, dotándolos
de unos conocimientos, unas destrezas y unas prácticas productivas
que modelan, a nivel cognitivo, comportamientos, actitudes y valores
que se extienden más allá de la actividad laboral misma, impregnando
la cotidianeidad social y generando en ellos una identidad profesional
que explica ciertas características de la sociedad local. Parte
de esos elementos culturales de la identidad socioprofesional
de estas trabajadoras se transfieren al resto de la colectividad
estepeña, constituyendo uno de los aspectos más importantes de
su identidad y su identificación local.
Es así como nos adentramos en el papel que los procesos
productivos desempeñan en la construcción de identificaciones
colectivas. En la medida que algunas actividades adquieren un
valor simbólico de representación local; el trabajo, más allá
de su importancia económica, pasa a constituirse en un elemento
emblemático, que identifica a una sociedad con su producción.
Defendemos que la producción
de mantecados se ha convertido en una industria con tradición
local en Estepa porque ha evolucionado dentro de unos restringidos
márgenes territoriales y con unas características endógenas y
particulares al resto de los pueblos de su comarca. Industria
alimentaria que ha evolucionado durante más de un siglo y ha llegado
a constituirse en el motor de desarrollo de este municipio, porque
ha disfrutado y sigue disfrutando de un proteccionismo oficial
tanto por parte de las instituciones locales como provinciales,
regionales, estatales, y europeas. Su mantenimiento y auge también
se ha debido a las características del propio producto: precio
barato, alimento de alto valor nutritivo y fácil conservación
y transporte. Pero sobre todos estos factores, en nuestra opinión,
esta industria local se ha sustentado gracias a su alta participación
laboral femenina, (lo que supone mano de obra flexible, barata,
abundante, no cualificada y no reivindicativa) estructurando por
tanto su organización sobre la base de las representaciones ideológicas
de género.
En nuestra investigación
de tesis doctoral
nos hemos centrado en el análisis pormenorizado de los elementos
que a nivel ideológico intervienen de forma especial en este trabajo,
considerado como femenino, y por lo tanto, dotado a nivel de las
representaciones de unas características específicas. Su coyunturalidad,
temporalidad, intermitencia, su adscripción cultural al sexo femenino,
las supuestas cualidades que en él se requieren a las trabajadoras
-habilidad, precisión, destreza manual y paciencia- hace que sus
propias protagonistas no consideren su trabajo en las fábricas
de mantecados como tal, o como una profesión, o que cuando lo
hagan lo minusvaloren, o lo vean como una ayuda a sus grupos domésticos,
o como algo siempre secundario a sus obligaciones de ama de casa.
En todas estas valoraciones la edad, la clase social, el estado
civil y las necesidades de su unidad doméstica, han sido los elementos
que junto a su condición de mujer, intervienen de forma directa
en la valoración que estas mujeres estepeñas den a su trabajo.
Así, hemos estudiado
la organización del trabajo de las fábricas de mantecados de Estepa
y la experiencia que esta actividad proporciona a quienes lo realizan,
como elementos fundamentales de la constitución de la identidad
como grupo. Nos ha interesado desvelar los procesos de elaboración,
difusión e internacionalización de las ideas y valores asignados
al trabajo y comprobar en las prácticas sociales hasta qué punto
un determinado proceso de producción contribuye a la conformación
de la identidad social.
Identidad socioprofesional
Entendemos la identidad
socioprofesional como la construida sobre la base de la participación
de los sujetos en un determinado proceso de trabajo y desde una
misma posición en las relaciones sociales de producción. Esta
identidad hace a los que la comparten un colectivo diferenciado,
pues modela sus comportamientos, y les confiere un ser social
singular.
Dentro de
la fábrica de mantecados los diversos agentes productivos tienen
unas diferentes identidades socioprofesionales aun interviniendo
todos en un mismo proceso de producción. Hemos comprobado cómo
los fabricantes empresarios, poseen una identidad profesional
mientras que las trabajadoras mantecaeras poseen otra,
y ello porque unos y otras desarrollan prácticas sociales diferentes,
frecuentan círculos de sociabilidad diversos, tienen una idea
sobre el trabajo y el consumo y un comportamiento en relación
a ambos distinto, etc. Y es que la posición que se ocupa en las
relaciones sociales de producción, es decir, la clase social a
la que se pertenezca, ejercerá un papel esencial en la conformación
de las identidades productivas (sociolaborales o profesionales),
y mientras las mantecaeras son trabajadoras no poseedoras
de los medios de producción, los fabricantes, son los dueños de
los mismos
Los fabricantes
poseen una identidad socioprofesional basada en la elaboración
de mantecados que se refleja en su compartida mentalidad empresarial
particular, su forma de administrar el dinero y de invertirlo
en tierras, el modo de secuenciar sus actividades a lo largo del
año en relación con esta producción, los ámbitos compartidos de
sociabilidad, tales como el casino de Estepa y las hermandades
religiosas, etc. Porque nos consta que su participación en esta
industria local y tradicional forma una parte importante de sus
historias de vida.
Hemos de
tener presente que aunque trabajadoras y empresarios del mantecado
tengan diferentes identidades productivas, su participación y
vinculación con este proceso productivo conformará de manera notable
sus identidades. Vamos a centrarnos especialmente en la identidad
socioprofesional de estas trabajadoras mantecaeras, puesto
que ellas constituyen los sujetos sobre los que hemos basado esta
investigación.
En el análisis
que realizamos optamos por definir la identidad social de las
mantecaeras de Estepa desde su posición socioprofesional,
pero nos consta que éste no es el único elemento que la compone,
pues la identidad se conforma sobre otros elementos base de relaciones
sociales y de identidades colectivas tales como el género y la
etnicidad, y que forman parte de su identidad social. De todos
ellos, nuestro interés se ha enfocado por una parte y de forma
especial en el factor género, y por ello hemos analizado detenidamente
en nuestra tesis doctoral cómo la pertenencia de las trabajadoras
de mantecados a un determinado género (el femenino) y siempre
en estrecha relación con la variable edad, ha sido un elemento
esencial a la hora de orientar las prácticas y las representaciones
ideológicas de este colectivo, es decir, de la identidad social
de las mantecaeras. Vamos a adentrarnos en los aspectos que tienen que ver con la conformación
de la identidad socioprofesional que se da en estas mujeres estepeñas
como fruto de su actividad laboral, específicamente a partir de
su particicpación en la fabricación de mantecados.
Nos hemos centrado en los sujetos que
participan activamente en los procesos de trabajos acudiendo para
el estudio de la identidad que en ellos se genera tanto a los
lugares y los tiempos de trabajo como a los lugares y los tiempos
que se prolongan más allá del trabajo. Es decir, nuestro análisis
de los elementos culturales de la identidad socioprofesional,
desborda los marcos estrechos espaciales y temporales del trabajo
y se incorpora a otros componentes de la identidad social y de
la realidad.
Defendemos
que comprender la situación humana en el trabajo requiere comprender
la situación del individuo en la sociedad, y también requiere
el conocimiento de nuestro pasado, porque nuestra vida y nuestra
personalidad dependen en gran medida de la visión que tenemos
de él (M.D. Aparisi, 1993). Por ello creemos que las experiencias
históricas en las que participan las mantecaeras y en las
que se hallan insertas condicionan su comportamiento, su personalidad,
la narración de su propia vida y la significación atribuida a
cada experiencia vivida u oída. De ahí, que se hiciese preciso
adentrarnos en nuestro estudio en la evolución histórica de Estepa
y de su industria local del mantecado. Porque así, ha sido posible
entender parte del cómo piensan y el cómo actúan los sujetos de
este colectivo.
Se nos evidenció, que
podíamos hacer una división operativa en esta realidad social:
una más material y otra más inmaterial.
Por material entendíamos todos aquellos aspectos tangibles que
podían ser aprehendidos de forma directa y física, ya fuese visual
o auditiva, tales como el utillaje, las técnicas, la división
técnica y social del trabajo, el léxico de las mantecaeras,
las canciones y refranes originados en la fábrica, la indumentaria
de las trabajadoras, los comportamientos gestuales y la educación
corporal, etc., que directamente estuvieran en relación con este
proceso productivo.
Junto a
estos aspectos tangibles existen otros que refieren a la base
inmaterial, entendiendo por tal definición los rasgos
ideáticos y comportamentales que los sujetos poseen en relación
al proceso de trabajo que desarrollan y que se reflejan en el
lugar de trabajo y fuera de él. Entre estos elementos inmateriales,
establecidos a nivel de disección analítica pero que a su vez
eran en segundo término igual de tangibles y de aprehensibles
que los del primer grupo, nos hemos encontrado, entre otros, actitudes
y comportamientos relacionados con el ciclo vital de las mantecaeras
(embarazos, nacimientos..), rituales (bautizos, casamientos...),
así como la presencia del absentismo escolar y universitario de
estas trabajadoras durante la campaña del mantecado, la orientación
del consumo de sus grupos domésticos, etc.
Metodológicamente
es complejo analizar algunos elementos de esa base inmaterial,
puesto que siempre resulta más fácil el estudio de elementos tales
como el uso del espacio, del tiempo, las relaciones sociales entre
el colectivo de trabajadores, entre mantecaeras compañeras
de sección, así como su reflejo en el vocabulario, los gestos,
en el argot sociolaboral, etc. dentro de la fábrica. Aun así,
nos parece sumamente importante e imprescindible trascender el
lugar y el tiempo de trabajo e introducirnos en el resto de la
sociedad, para aprehender cómo se manifiestan las identidades
socioprofesionales en las redes de sociabilidad, los hogares,
la escuela, etc., para de este modo captar cómo, por ejemplo,
ese mismo argot profesional (las denominaciones de las diversas
tareas productivas, las máquinas, los productos, etc.) se utiliza
fuera de la fábrica en el lenguaje cotidiano a la hora de comentar
temas en el ámbito doméstico, de bromear, inventar canciones,
etc. Por ello hemos hecho una descripción de este proceso productivo,
prestando atención así al espacio de trabajo, al instrumental,
a los agentes, las operaciones y el tipo de trabajo, su evolución,
etc., porque defendemos que las características de todo proceso
de trabajo tienen un efecto causal en las identidades socioprofesionales,
desde el momento que las conforman.
Este tipo
de trabajo en las fábricas de mantecados dura sólo tres meses al año y por ello habría que
entrar a cuestionarse si una actividad temporal como ésta es capaz
de generar una identidad socioprofesional específica.
Las mujeres
mantecaeras son amas de casa y muchas trabajan además en
el campo, es decir, alternan sus actividades laborales a lo largo
del año. Ello nos llevó también a cuestionarnos si tienen una
identidad socioprofesional de las amas de casa
o del trabajo doméstico o si entonces tienen además
una identidad socioprofesional de jornaleras del olivar.
Ante estas interrogantes pensamos que estas estepeñas lo que
sí poseen es un conjunto de características de esas tres identidades
sociales construidas sobre la base del trabajo. Es decir, esas
diferentes ocupaciones que desarrollan a lo largo del año y en
sus vidas les influye en su forma de entender el mundo, y de comportarse
en la cotidianeidad porque el trabajo modela igualmente aspectos
de la vida extralaboral. Nos hemos centrado en cómo la participación
de estas mujeres en la fabricación de mantecados les confiere
una identidad socioprofesional como mantecaeras, y si bien
en estas páginas analizamos los contenidos culturales de la identidad
socioprofesional de estas trabajadoras, ello no quiere decir que
sea posible verla encarnada, de forma separada, en este colectivo
presuponiendo que está definido estructuralmente únicamente por
el principio productivo (I. Moreno, 1997: 22). Porque estas estepeñas
son junto a trabajadoras de las fábricas de mantecados, amas de
casa, andaluzas y mujeres, dicho de otro modo, las mantecaeras
tienen a la vez una identidad étnica, una identidad de género
y una identidad socioprofesional.
Así pues
defendemos que los rasgos culturales de la identidad socioprofesional
de las mantecaeras está internamente generizada
y etnizada. Muestra de que esté generizada, por
ejemplo, es la propia denominación que los habitantes de Estepa
dan a los fabricantes, los mantecaeros, y a las mujeres
operarias, las mantecaeras. A todos los empresarios de
mantecados, independientemente de si son hombres o mujeres, aunque
la inmensa mayoría siempre han sido y son varones, se les denomina
en Estepa mantecaeros; y a su vez sólo las mujeres operarias
de las fábricas de mantecados son denominadas mantecaeras,
no entrando en tal definición altamente significativa en la localidad
los hombres operarios trabajadores de las fábricas. Así mismo,
no podemos dejar de destacar que la inmensa mayoría, el 90%, de
los empleados de las fábricas de mantecados han sido tradicionalmente
y son hoy en día mujeres. Es por ello, por lo que los contenidos
culturales de la identidad productiva de las mantecaeras está
fuertemente feminizada.
Muestra
de que está también etnizada, es el importante hecho de
que estemos estudiando estepeñas, y por lo tanto andaluzas (y
españolas), lo que hará que la identidad socioprofesional de estas
trabajadoras sea diferente a la de, por ejemplo, las mujeres que
trabajan en las fábricas de mazapanes de Toledo (España).
Un aspecto
importante a tener presente en el estudio de las identidades socioprofesionales
es el factor temporal, en tres sentidos: la duración de
la actividad a lo largo de año y el manejo temporal, el tiempo
referido al periodo que una trabajadora permanece en su trabajo
y el tiempo de trabajo entendido como el ritmo del trabajo específico.
El hecho de que el
trabajo de las mantecaeras sólo dure dos o tres meses al
año hace que desarrollen una forma de administrar el tiempo del
calendario anual mediatizado por su trabajo en las fábricas de
mantecados. Así, esta producción determinará el cuándo cobren
su sueldo, cuándo se queden embarazadas, cuándo se casen, etc.
Podríamos llamar a esta manera de entender y vivir el tiempo en
función del proceso de trabajo como la administración temporal
de las mantecaeras estepeñas. Todo esto son pautas de secuenciación
de actividades que tienen que ver con el carácter temporal de
esta actividad, y que están relacionadas con la reproducción del
grupo doméstico, su mantenimiento, el tipo de consumo, etc.
Uno de los
fenómenos que más han llamado nuestra atención al analizar el
comportamiento de estas trabajadoras en relación a esa forma de
administrar el tiempo a la que venimos refiriéndonos, ha sido
comprobar que actualmente la inmensa mayoría de los ritos ceremoniales
relacionados con el ciclo vital de las mantecaeras están condicionados
por esta industria local.
Esta actividad
influye, por ejemplo, en la fecha de casamiento de muchas parejas
estepeñas, porque será a partir de la primavera cuando las familias
obtengan unos considerables ingresos en sus economías, provenientes
del trabajo en las fábricas de mantecados, y será entonces cuando
se case la gente en Estepa. Efectivamente las bodas
se suelen celebrar de forma destacada de los meses que van de
abril a julio en esta localidad.
Por otro
lado, comprobamos cuál era el tiempo de mayor concentración de
nacimientos y casamientos en el pueblo. Los datos del Registro
Civil de Estepa nos dejaron claro que tales acontecimientos se
fechan principalmente en los meses no coincidentes con la temporada
de fabricación de mantecados. De igual forma ocurre con la celebración
de los bautizos y matrimonios eclesiásticos, los cuales suelen
celebrarse de enero a agosto, en los meses que no hay campaña.
Y es que, conversando con las mantecaeras, fueron ellas
las que nos explicaron que efectivamente las mujeres que trabajan
en mantecados controlan las fechas de sus embarazos en función
de la campaña.
Esta actividad
proporciona una parte importante de las rentas en Estepa, y quedarse
embarazada, sobre todo estar en avanzado estado de gestación,
imposibilita trabajar en la fábrica. A ello se une el que los
fabricantes no contratan a mujeres embarazadas por el
riesgo de las posibles bajas maternales y el fuerte ritmo de trabajo
que exige hoy en día esta producción.
Esta pautación
de los acontecimientos que tienen que ver con el ciclo de vida
de la trabajadora nos muestra una vez más hasta que punto el trabajo
del mantecado forma parte de la estrategia económica del grupo
doméstico. Un ejemplo de estas estrategias domésticas se refleja
en las pautas de consumo de estas familias estepeñas. El hecho
de que se cobre la campaña sobre el mes de marzo hace que estas
mujeres mantecaeras realicen los gastos extras
a partir de entonces. La orientación del consumo entre las trabajadoras
de las fábricas de mantecados, está igualmente marcada fuertemente
por esta industria local. Nos referimos al hecho de que, como
tanto tradicionalmente como en algunos casos en la actualidad,
las mantecaeras han cobrado su salario de la campaña
varios meses después de haber finalizado el trabajo en los
mantecados, han acudido a la compra a fiado.
Es usual el que se compre en las tiendas de calzado, textil,
muebles, por ejemplo, apuntándose a cuenta,
y saldándose la deuda contraída en el mes de marzo que es cuando
se suele cobrar el dinero de los mantecaos. Por
ello muchas amas de casa mantecaeras, esperarán hasta ese
mes, para comprarle a los niños zapatos y ropa de salir
para la ya venidera Semana Santa; y también será entonces cuando
estas mujeres blanqueen las fachadas de sus casa y vistan
un poco el interior de la casa.
Igualmente
la participación de estas estepeñas en esta producción temporal,
hace que adecuen el calendario escolar o universitario en función
de ella. El hecho de que en los últimos años si no entran a trabajar
las jóvenes mantecaeras con 16 o 17 años, ya que es la
política laboral que siguen la mayoría de fabricantes por las
reducciones de costes que ello les supone al contratarlas como
aprendices, hace que sea casi imposible que las admitan con más
edad. Esto obliga a que muchas estepeñas de entre 16 y 25 años
decidan no asistir a sus centros escolares o universidades durante
el primer trimestre de clase. Este absentismo escolar llega a
formar parte de una norma usual para los institutos de bachillerato
y de formación profesional de Estepa, donde los profesores conocen
sobremanera la causa que lo provoca.
Un segundo
aspecto a tener en cuenta en relación al factor temporal y la
identidad socioprofesional es el tiempo de permanencia en la actividad,
es decir, de continuidad de una trabajadora en este proceso productivo.
Pues no es lo mismo a la hora de marcar la identidad socioprofesional
el que estas mantecaeras hubiesen trabajado una o dos campañas
en las fábricas de mantecados o que lo hubiesen hecho durante
toda su vida. Evidentemente tal y como hemos podido comprobar,
serán éstas últimas las que hayan interiorizado de forma más acusada
una serie de aspectos derivados de su trabajo en los mantecados,
frente a las primeras. Y ello, porque el haber sido mantecaera
durante 20 o 30 años hace que esa identidad socioprofesional cristalice
más densamente, porque el tiempo de trabajo es un catalizador
de esa interiorización de pautas de comportamiento, ideología
y representaciones mentales que se generan a partir de un proceso
de producción como el que analizamos.
El tercer
aspecto relacionado con el tiempo y la identidad socioprofesional
es el referido al ritmo productivo, al ciclo interno de trabajo
y a los intervalos temporales de descanso y actividad dentro de
la fábrica. Hemos visto cómo ha ido cambiando el ritmo de trabajo
de las mantecaeras al irse introduciendo en determinadas
tareas maquinaria que obliga a acelerar la realización de ciertas
actividades, estableciendo pues por ejemplo la máquina envolvedora
o la cinta de envase los tiempos y el propio ritmo de trabajo
de las operarias.
En las últimas décadas, y debido básicamente al ritmo intensivo
y mecanizado de producción, las mantecaeras padecen ciertos
dolores
en zonas como el cuello, la espalda, los brazos y las piernas.
Ello llega a constituir casi un rasgo común identificatorio de
estas trabajadoras, que nos atrevemos a calificar como un rasgo
cultural más de esta identidad socioprofesional de las mantecaeras
estepeñas. En numerosas ocasiones nuestras entrevistadas hacían
referencia a esos padecimientos musculares ocasionados por las
muchas horas de trabajo de pié, o repitiendo monótona e incesantemente
ciertos movimientos, como los realizados en la cinta de envase.
Padecimientos que, tras dos o tres meses de trabajo, obligan a
que muchas de estas mujeres acudan al médico una vez terminada
la campaña. Así, será en diciembre o enero cuando las mantecaeras
vayan a la consulta médica con el objetivo de no sufrir por más
tiempo unos dolores que volverán a aparecer en la próxima temporada
de trabajo.
Una vez analizado
el factor tiempo en los tres sentidos que hemos presentado creemos
oportuno adentrarnos en la referencia espacial de estas identidades
socioprofesionales, porque éstas tienen en los procesos de trabajo
su locus fundamental, ya que es ahí, en ese espacio, en las unidades
de producción, donde los sujetos adquieren esos rasgos identitarios
a los que nos venimos refiriendo. Las identidades socioprofesionales
no se agotan ni en el tiempo ni en el espacio y por esta razón
en nuestra investigación hemos ido del análisis de las fábricas,
al de los grupos domésticos, a las calles, a la plaza de abasto,
al casino, a los colegios, etc. Porque los rasgos culturales de
la identidad socioprofesional de las mantecaeras no se
reducen al horario ni al lugar de trabajo sino que existen y se
expresan en el resto del medio social de la comunidad. Podríamos
decir que hay pues dos formas de territorializarse las
identidades socioprofesionales, una manifestada en un primer nivel
espacial constituido por el lugar de trabajo, la fábrica en nuestro
caso de estudio, y un segundo nivel espacial que abarcaría el
resto de la sociedad local de Estepa. Para aprehender esta identidad
social basada en el trabajo de las mantecaeras hemos tenido
que ir tanto a las fábricas de mantecados como fuera de ellas.
Por otra parte, una de estas manifestaciones de la identidad
socioprofesional de las mantecaeras es su argot profesional.
Argot o léxico de los mantecados que utilizan estas estepeñas
tanto dentro como fuera de las fábricas y tanto en época de producción
como durante el resto del año. Así, la denominación que ellas
les den a las tareas productivas, a las máquinas, a los trabajadores,
etc. junto a una serie de conocimientos de técnicas y procesos,
es decir, junto a un saber hacer, formarán un cúmulo
de expresiones y saberes que les pertenece a ellas, en tanto en
cuanto mantecaeras. Conocimientos y argot profesional que
se manifiesta igualmente en las numerosas expresiones tales como
las canciones (sevillanas, tanguillos y fandangos con alusiones
a la fabricación de mantecados, o las canciones que le
sacan a los dueños para la guñolá, o los copletes,
etc.), los villancicos, los chistes, las letras de murgas de carnaval,
las adivinanzas locales, etc. Es preciso
advertir que el argot profesional de las mantecaeras o
el léxico de los mantecados, no es exclusivamente utilizado por
los operarios y fabricantes de esta industria local, sino que
muchas de estas expresiones y de este vocabulario se transfieren
al resto de la sociedad local. Este léxico de los mantecados se
manifiesta en el hablar coloquial de estepeños y estepeñas, siendo
pues además de un rasgo cultural de esta identidad socioprofesional
de las mantecaeras una manifestación de la identificación
local de Estepa con este proceso productivo.
Junto al argot profesional la indumentaria de trabajo de estas
trabajadoras también conforma un rasgo cultural de su identidad
socioprofesional. Los bambos o batas de trabajo, los zuecos
o zapatos anatómicos, los gorritos, etc, constituirán el uniforme
de las mantecaeras y así será una forma de identificarse
entre ellas como trabajadoras de los mantecados y de ser identificadas
por el resto de sujetos de la comunidad local. Todos sabrán de
este modo a través del uniforme de trabajo quién está o quién
no está en el mantecao.
La toma de conciencia de la identidad socioprofesional
Si bien
desde el punto de vista que adoptamos ciertos procesos de trabajo
crean una identidad socioprofesional, esta identidad social hay
que diferenciarla del posicionamiento reivindicativo que los individuos
tengan o no de ella. Es decir, la existencia de una identidad
socioprofesional no conlleva la existencia de una posición reivindicativa
de tal identidad de trabajo. Y decimos esto, porque en el caso
que nos ocupa, si bien las trabajadoras de las fábricas de mantecados
de Estepa comparten una identidad socioprofesional y se identifican
con la misma, no llegan a tener una conciencia reivindicativa
de tal identidad socioprofesional. Las manifestaciones de las
identidades sociales, como en nuestro caso las de las mujeres
que trabajan en las fábricas de mantecados, son muy variadas y
se encuentran sometidas, como todo hecho social, a continuos cambios;
entre éstas estarían la distintas respuestas que las mantecaeras
adoptan frente a las estrategias de acumulación de los fabricantes,
y sus reacciones de conflicto, aceptación o sumisión, vendrán
impuestas en cierta medida por su identidad socioprofesional y
su identidad de género. Por su parte, las formas de sociabilidad
fuera del ámbito laboral de la fábrica, contendrá ideologías y
valores originados en el propio lugar de trabajo.
En la fábrica
se dan diversas formas de control informal y formal que hacen
que estas trabajadoras no protesten ante situaciones
conflictivas. Mecanismos de control que están determinados por
la posición de clase de estas mujeres, no olvidemos que son operarias,
y con las representaciones ideológicas de género, elementos pues
que intervienen de forma acusada en la legitimación, el control
y la producción del consenso entre las mantecaeras. La
mecanización de la fábrica en la década de los años 60 impuso
formas diferentes de organización del trabajo y nuevas estructuras
y relaciones de poder, que crearon un gran descontento en las
trabajadoras. Hubo un caso puntual, el de la Torra
y su protesta individual; su reivindicación sí consiguió un aumento
en el salario base aunque las mantecaeras como colectivo
no tuvieron una postura reivindicativa de identidad como trabajadoras.
Es decir no fueron ni son actualmente contestatarias como grupo
ante su posición de clase y sus condiciones de trabajo, al igual
que tampoco lo son ante su discriminación sexual dentro de la
fábrica de mantecados. Y en nuestra opinión, tampoco tienen una
toma de conciencia contestataria de su identidad de género, y
por lo tanto no se identifican en base a las relaciones de sexo-género
que se dan en su realidad social.
Defendemos
que estas trabajadoras no tienen una conciencia reivindicativa
en relación a su trabajo en las fábricas de mantecados, aunque
sí tienen una conciencia valorativa del mismo. Pues estas mujeres
valorarán positivamente el trabajo de los mantecados frente a
otros tipos de actividades, pues se trata de un empleo que aporta
un salario importante, es un trabajo femenino dentro
de la comunidad local y goza de un gran prestigio social en Estepa.
Esta valoración positiva que las mismas protagonistas tienen de
esta actividad condicionará de forma notable la creación de identidad
socioprofesional de las mantecaeras, a pesar de la pluriactividad
que muchas de ellas desarrollan.
Para adentrarnos
en cómo consideran estas mantecaeras su actividad en el
mundo laboral, quisimos que nos definiesen cuál era su profesión.
Nos preguntamos primeramente, qué hace que un 53% de estas mujeres
no consideren su profesión la de ser mantecaera, cuando
para muchas de ellas esta actividad es la única que realizan o
han realizado de forma remunerada y para otras, suponía o supone
la que otorga mayores ingresos retribuidos. Aquí acudimos a matizaciones
en las que la edad y por lo tanto el grupo generacional detenta
un papel esencial en las respuestas valorativas. Pues, para las
jóvenes estepeñas el ir a los mantecaos significa
cada vez más, un empleo eventual, y debido a las actuales características
y la organización del mismo, saben que no trabajarán más de un
reducido número de temporadas (como mucho desde los 16 años hasta
la edad en que se casen) y por lo tanto no ven como su profesión
tal actividad; por otro lado, también a nivel valorativo ha cambiado
la apreciación y orgullo que antes suponía ser mantecaera.
Tengamos
en cuenta que muchas de estas jóvenes estepeñas, a diferencia
de sus madres y abuelas, sí han recibido una mayor preparación
académica, pues la mayoría ha realizado estudios secundarios,
y por esto, aspiran a conseguir en un futuro próximo algún empleo
estable, que no sea el de la fábrica de mantecados. Es debido
a estas razones, por lo que en parte, un cierto porcentaje de
entrevistadas no consideren ni quieran considerar el ser mantecaera
como su profesión.
Las mujeres
estepeñas han participado de forma activa y explícita en el mercado
de trabajo local a lo largo de toda su vida aunque en diversas
actividades y de diferentes formas. Ahora bien, si su presencia
en el mundo laboral ha sido una constante y en la mayor parte
de los casos imprescindible, algunas de ellas no sabrán definir
su profesión al no interiorizar su trabajo extradoméstico
como trabajo real. Pero en nuestra muestra estudiada, se nos evidenció
que la mayoría de las antiguas mantecaeras de más de 50 años,
sí se consideraban como tales. Estas estepeñas, además de haber
pasado una parte importante de sus vidas trabajando en los
mantecaos sienten un especial orgullo por
considerarse mantecaeras.
Sobre el
hecho de que muchas de estas trabajadoras estepeñas, al preguntárseles
sobre su profesión, respondan que es la de ser mantecaera,
queremos exponer algunas reflexiones. Por un lado, debemos tener
presente que si bien el trabajar como ama de casa es evidentemente
la actividad o profesión a la que han dedicado la
mayor parte de sus vidas, este trabajo se hace básicamente en
solitario frente al trabajo en las fábricas de mantecados, donde
se da una considerable mayor sociabilidad. Por ello creemos que
es debido a esta sociabilidad, femenina primordialmente, superior
en el mantecado que en el ser ama de casa, el que estas mujeres
se identifiquen preferentemente con ser mantecaera antes
que con ser ama de casa. Este considerarse mantecaera
por encima de otras profesiones, como la del campo
o la del cuidado del hogar, también responde y se acrecienta por
la importancia económica que la elaboración del mantecado tiene
en Estepa. Esto influye en ese orgullo de trabajar en una actividad
que goza de prestigio en su sociedad local, al ser una producción
tradicional que forma parte de la historia de la localidad. Es
más, llega a representar en muchas ocasiones la actividad mayormente
deseable, en el orden de los valores ideológicos, para las mujeres
de Estepa, y así, ser mantecaera viene a significar ser
mujer estepeña.
Por otra
parte hay un 37% de mantecaeras que se autocalifican como
amas de casa, éstas coinciden en gran medida con las mujeres
de edades de 26 a 50 años, las cuales son las que realmente tienen
en la actualidad sus cargas familiares, sus hijos
pequeños. Son ellas las que salen y entran del mercado de trabajo
en una doble fase laboral. Son estas mujeres las que en gran medida,
y más que las más jóvenes y las más ancianas, comparte la ideología
de que la mujer es ante todo ama de casa, y ello, a pesar de que
la mayor parte de sus vidas hayan trabajado en los mantecados
y su existencia se haya desarrollado en torno a tal actividad.
Esta percepción sobre su trabajo obedece a
las representaciones ideológicas sobre los géneros, y el hecho
de que el trabajar en los mantecados sea un trabajo temporal,
frente al siempre continuo del hogar, influirá aún más, en su
consideración de que su profesión es la de ama de casa.
Podemos afirmar que en estos casos, la mujer carente de una toma
de conciencia de identidad profesional propia, no se define socialmente
como mantecaera, sino como ama de casa y así su
actividad laboral tiende a categorizarse como perteneciente al
ámbito de lo doméstico-familiar-privado, en contraposición al
ámbito de lo laboral-social-público; en definitiva, al orden de
la reproducción y no al de la producción (A. Barthez, 1982).
Resumamos lo hasta aquí expuesto diciendo que podemos diferenciar
tres tipos de mantecaeras en relación a su grupo de edad
y a la valoración que le dan a su trabajo en las fábricas de mantecados,
lo cual está íntimamente conectado con el grado de interiorización
de la identidad socioprofesional que tengan como mantecaera.
Por un lado, está el grupo de las trabajadoras más jóvenes las
cuales no interiorizan apenas tal identidad socioprofesional;
por otro lado, encontramos al grupo de 25 a 50 años que son las
mujeres que están entrando y saliendo del mercado laboral y que
optarán por definirse como amas de casa por encima de mantecaeras;
y por último está el grupo de las más mayores, las cuales verdaderamente
se consideran mantecaeras antiguas y han interiorizado
en gran medida tal identidad socioprofesional.
La identidad femenina en relación al trabajo en las
fábricas
Trabajar en el mantecado confiere identidad a la mujer en Estepa.
Como bien hemos visto, el trabajar en los mantecados
se entiende a nivel local como una actividad femenina, sólo
las mujeres son denominadas y consideradas mantecaeras
y a nivel de las valoraciones ideológicas, ser una buena mantecaera
significa en Estepa, tanto para hombres como para mujeres, ser
una buena mujer estepeña.
El ser mantecaera será visto como un hecho valorado
positivamente y como un trabajo incuestionablemente femenino,
que, casi de forma exclusiva sólo desarrollan las estepeñas. Si
bien es cierto, que en los años 50 y 60, muchas de las mantecaeras
eran forasteras, mujeres que debido al auge de fábricas
producido en estas décadas, venían de otros pueblos de la comarca
a ganar con el mantecao, no olvidemos que la
propia denominación de forasteras las excluía de la categoría
de mantecaera que hasta cierto punto era y es sinónimo
de mujer estepeña.
La elaboración de mantecados para las mujeres de Estepa forma
parte de su memoria histórica. Así, es para muchas de ellas, la
participación en este trabajo temporero de tres meses, un factor
integrante de sus historias de vida. Para un gran número de ancianas
estepeñas, hablar de los años 30, 40 o 50, es recordar orgullosas
cuando trabajaban en las pequeñas fábricas de mantecados, el cómo
se relacionaban, bromeaban, se divertían y sufrían a la vez. Era
en esos meses cuando estas mujeres, amas de casa, se apoderaban
de un espacio y un tiempo que feminizaban, como hemos analizado
detenidamente en nuestra investigación. Ser mantecaera,
suponía realizar un trabajo que ellas sabían y saben hacer, que
les hace sentirse útiles y les permite participar, aunque sólo
sea temporalmente, en la esfera de la producción sin abandonar
por ello el de la reproducción, siempre unido ideológicamente
al género femenino en nuestra sociedad.
La fábrica constituía para las mantecaeras una etapa
característica de su ciclo vital. Así las más jóvenes durante
la temporá podían disfrutar de cierta libertad
para salir de sus casas y relacionarse con sus compañeras, libres
todavía de sus responsabilidades como casadas. Si había que echar
horas a destajo, por cuenta por
la noche en el liao, podían echar una mano
los hijos, niños y niñas en las tareas que hiciese falta. De esta
forma, entre tarea y tarea, la fábrica se convertía en un importante
lugar de sociabilidad femenina, de intercambio de información
y cotilleos entre mujeres de distintas edades
y pueblos. Era en estas ocasiones donde actitudes y comportamientos
relacionados con el control social tomaban
especial relevancia. Así, vecinas, familiares, conocidas y desconocidas
compartían un periodo temporal, tres meses, a lo largo de varios
años de su vida llegando de esta forma a establecer unas relaciones
laborales de compañerismo y amistad basadas en la interacción
social que se establecía en el lugar de trabajo. Esta época la
suelen recordar como interesante, intensa y divertida.
El trabajo y la memoria
La progresiva especialización
productiva de Estepa en la fabricación de mantecados ha influido
en los procesos de aprendizaje y socialización de gran parte de
su población, especialmente de las mujeres, modelando la estructura
de su mercado de trabajo y formando parte de la memoria histórica
laboral de muchos estepeños. Es por este hecho, por lo que nos
parece oportuno reflexionar sobre la memoria del trabajo en las
fábricas de mantecados, como elemento a través del que se expresa
la identidad socioprofesional. Memoria del trabajo que es en sí
un marcador de una identidad social de los habitantes de Estepa,
que se refleja en la estructura y la organización social de la
localidad. Para ello hemos acudido de forma constante a la historia
oral de nuestros informantes, pues la potencialidad de la oralidad
(J.J. Pujadas, 1992) se pone de manifiesto en nuestra investigación
donde el sujeto y el testimonio que proporciona en su doble faceta
de personalidad única y sujeto histórico, se constituye en fuente
primordial del relato y de la memoria.
La memoria,
a su vez, es el recurso más ventajoso para que a través de ella
y más cercanamente de los relatos o manifestaciones diversas en
las que se plasma, los informantes materializasen las realidades
no experienciadas por nosotros, como investigadores. Y además,
los cambios en los relatos, el énfasis, los juicios de valor
que surgen con la evocación de los recuerdos responden a una lógica
retrospectiva que organiza los sucesos y les da un significado
según la percepción global que el sujeto tiene de su vida pasada
(M.A. Sanz, 1996: 31). Pero esa forma de construir los recuerdos
no es algo únicamente individual, es más, nos atrevemos a decir,
que el contexto cultural que comparta el sujeto que narra su historia
de vida o rememora parte de su pasado, orientará de un modo y
no de otro, en una secuencia de sucesos en los que las valoraciones
de su cultura jugarán un protagonismo especial, su memoria. Memoria
individual de las mantecaeras de nuestro estudio que es
parte de la memoria colectiva de los estepeños en su globalidad,
pues el cómo se narra y recuerde, a qué se le de más importancia
y qué se ignora, etc. es un constructo cultural en el que las
representaciones ideológicas y la propia cosmovisión de los sujetos
teje la trama del recuerdo de la historia local. La memoria, dirán
ciertos autores (M.A. Sanz, 1996: 33), pertenece a todos
y es configurada según lo que la gente hace de ella; todas esas
personas son aquellas cuyas historias de vida construyen el tejido
de la memoria formando parte de un grupo.
La memoria
laboral de las mantecaeras se articula en torno a los momento
más significativos del ciclo de vida individual de estas mujeres:
la boda, el nacimiento de los hijos, los fallecimientos de los
allegados, etc., y estos referentes constituyen parte de su memoria
personal, quizás la mayor parte de la misma. Esto demuestra la
importancia que en la vida de las antiguas mantecaeras,
que trabajaron durante 20 0 30 años en las fábricas de mantecados,
este proceso productivo haya influido destacadamente en su
forma de entender el mundo y la realidad, en su cosmovisión.
El trabajar
en las fábricas de mantecados de Estepa, como ocurre con toda
experiencia de trabajo, no sólo es parte de una realidad práctica
y material vivida por sus protagonistas, sino del mismo modo cultural
e ideática, donde la percepción y los referentes simbólicos que
de este trabajo se derivan afectan tanto a los agentes productivos
directos como a otros muchos estepeños no vinculados con la actividad
convirtiéndose así esta producción en el símbolo de identificación
de Estepa.
Muchos
de los contenidos culturales de la identidad
socioprofesional de las mantecaeras son a su vez símbolos
de identificación local de la comunidad estepeña. Es decir, numerosos
elementos, tanto materiales como ideáticos derivados de esa identidad
socioprofesional, tales como el argot profesional, los refranes
y canciones en relación al trabajo, el tipo de relaciones sociales,
su economía temporal, sus estrategias domésticas,
etc. se convierten en referentes simbólicos de la identificación
de Estepa con la fabricación de mantecados.
Contradicciones
En nuestro estudio
se nos ha evidenciado cómo el caso de la fabricación de mantecados
en Estepa resulta ser muy interesante por presentar unas evidentes
contradicciones en relación a la doble valoración positiva
y negativa que se le da por parte de los sujetos a esta producción.
Doble valoración que infravalora a rasgos generales tal actividad
por tratarse de un trabajo femenino y se contrapone con el importante
hecho de que en esta localidad este trabajo a su vez goza de una
valoración muy positiva. Dicho de otro modo, nos ha interesado
destacar cómo este trabajo de las mantecaeras al mismo
tiempo que se encuentra infravalorado por las representaciones
ideológicas sobre la división sexual del trabajo, representaciones
hegemónicas que comparten tanto empresarios como trabajadores
y tanto hombres como mujeres, en Estepa, se convierte por efecto
de un filtro o tamiz contextual en un trabajo muy
valorado dentro de la localidad. Ese filtro se sustenta
en las particularidades que esta producción tiene en Estepa entre
las que debemos resaltar el que: se trata, en primer lugar, de
la actividad laboral que aporta los ingresos más importantes a
los estepeños; en segundo lugar, estamos hablando de una actividad
tradicional y altamente apreciada por ello en esta localidad;
en tercer lugar, ofrece trabajo a las mujeres, en un contexto
sociolaboral donde el desempleo es un problema notable; en cuarto
lugar, da prestigio a sus trabajadoras, pues se considera que
ser mantecaera es el mejor trabajo femenino del mercado
laboral local; y junto a todo esto, trabajar en los mantecados
representará para las mujeres un tiempo y espacio de sociabilidad
especialmente femenina, todo lo cual contribuirá a la valoración
positiva de esta actividad de mujeres. Valoración positiva a nivel
local que hará de catalizador eficiente a la hora de construir
su comunidad su identificación local con esta producción industrial.
La identificación local
Tal y como ya hemos señalado hemos profundizado en
el papel que los procesos productivos desempeñan en la construcción
de identificaciones colectivas, en la medida que determinadas
actividades, como la que nos ocupa, adquieren un valor simbólico
de representación local. En estos casos, el trabajo más allá de
su importancia económica, pasa a constituirse en un elemento emblemático
que identifica a una sociedad, Estepa, con su producción.
Con este propósito hemos analizado, la construcción ideológica de referentes
de identificación local, de la representación y simbolización
de esta comunidad a partir de este proceso productivo concreto.
Porque creemos que en Estepa, ha llegado a convertirse en el motor
económico de la localidad, rige el ciclo de vida de sus habitantes
y es un referente de representación ideológica. Por lo tanto el
mantecado constituye un elemento objetivo sobre el que se ha creado
la identificación local de esta comunidad.
Podemos decir pues, que estamos ante una
actividad industrial que al dotarse de elementos simbólicos, adquiere
un carácter representativo para el colectivo de habitantes de
Estepa que va más allá de su mera funcionalidad económica, puesto
que con ella se identifican incluso aquellos sectores de la comunidad
no directamente implicados en el trabajo en las fábricas. Y esta
fuerte vinculación de todos los estepeños y estepeñas con la existencia
de este proceso productivo, influye de manera decisiva en la construcción
de la identificación colectiva al cargarse históricamente de un
valor simbólico de identificación local que ha actuado en el sentido
de vincular a los sujetos de esta localidad con la fabricación
de mantecados.
Así, consideramos que esta actividad es
la principal actividad tanto económica como simbólica de Estepa,
definitoria de su identificación local, que aglutina a todos los
sujetos con independencia de su posición en las relaciones de
producción y el sistema de estratificación social. Hasta el punto
de que, en nuestra opinión, por encima de la importancia económica
que esta industria confiere a Estepa, es el valor simbólico de
diferencia industrial lo que preside la identificación local de
este municipio, al caracterizarla como una localidad industrial
dentro de una comarca principalmente agrícola.
Queremos finalizar
afirmando que la fabricación de mantecados en Estepa, es mucho
más que una simple actividad productiva, y se ha cargado de un
contenido simbólico que la convierte en el principal referente
de identificación local de este municipio en la actualidad. Y
es ese contenido ideático, el que nos ha llevado a profundizar
en la construcción del imaginario colectivo de estepeños y estepeñas,
para, sumergiéndonos en el nivel de las representaciones mentales,
comprender qué significa para ellos afirmar que el mantecao
es todo en Estepa o sin mantecao este pueblo
no existiría.
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