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Congreso
1998 Congreso
2000
|
HAMBRE PARA HOY Y PAN PARA MAÑANA:
AYUNO Y ÁGAPE EN LAS COMUNIDADES NEOCATECUMENALES
Dra. Carmen Castilla Vázquez
(Universidad de Granada)
A raíz de las numerosas investigaciones realizadas
en el campo de la Antropología y de otras ciencias, resulta más que evidente
la interrelación existente entre la alimentación y la cultura ( González
Turmo, 20002, Schmidt-Leukel, 2002) Asimismo, también se resalta en dichos
trabajos la importante conexión que se establece entre los alimentos y la
religión. En este sentido, por poco que profundicemos en el tema vamos a
encontrar, sin duda, una multiplicidad de fenómenos religiosos que están relacionados
con los alimentos y la bebida. No obstante, la especificidad de cada credo
religioso también es innegable; lo que es válido en una religión, no tiene
necesariamente que serlo para otra. Así, cada religión tiene sus propias creencias
específicas donde se ponen de manifiesto las relaciones entre la alimentación
y las prácticas religiosas. Ahora bien, también es igualmente cierto que
existen algunos principios básicos que se repiten en todas las religiones,
como por ejemplo la importancia que se le atribuye a la comida para el desarrollo
de la vida humana (Schmidt-Leukel, 2002:11). El hombre sólo puede soportar
un corto período de tiempo sin consumir alimentos y eso quiere decir que dependemos
de la alimentación para nuestro mantenimiento. En este sentido, ese conocimiento
de que el hombre depende de la alimentación ha despertado siempre un sentimiento
religioso, al considerarse la religión como “el sentimiento de la dependencia
última” (Schmidt-Leukel, 2002:13). En la religión católica se concibe la realidad
divina como creadora del mundo, considerando a ésta como la fuente de donde
proviene todo alimento. La idea de que la fuente de la comida, o de la fuerza
vital que proporciona, reside en la divinidad, va incluso más allá del propio
alimento en sí. De este modo, cuando Jesús dice: “No sólo de pan vive el hombre,
sino de la palabra que procede de la boca de Dios” (Mt. 4,4), está situando
paralelamente a la divinidad y a la alimentación como fuente de vida, poniendo
de manifiesto que la vida obedece a algo más que a la comida exclusivamente,
pues, depende, además, de la “solicitud de Dios hacia el hombre” (Schmidt-Leukel,
2002:14). Por otro lado, el hombre no ingiere sus alimentos sin más, sino
que sigue todo un proceso de preparación, una preparación que viene a representar,
como diría Leví-Strauss, una forma básica de la configuración de la vida
y del mundo de los humanos[1]. En tercer lugar, la alimentación
humana está muy ligada también al carácter social de los seres humanos. Todo
ello viene a decir que la formación de las relaciones sociales se ponen de
manifiesto en cómo, con quién y con qué objetivo social, se preparan y se
toman los alimentos.
En este estudio partimos de la importancia dada a la alimentación, a la
comida, como hecho social, en las comunidades neocatecumenales. Estas son
agrupaciones, de 20 ó 30 laicos que se reúnen en las parroquias para vivir
la liturgia católica de una forma más ortodoxa de lo habitual en un practicante
común. El estudio de estas agrupaciones religiosas, una parte esencial de
mi tesis doctoral, nos ha llevado a incluirlas dentro de los nuevos movimientos
religiosos actuales, cuyos miembros, en el seno de la religión católica, "pretenden
convertirse en verdaderos cristianos siendo portadores del mensaje de Cristo".
Decíamos que los neocatecumenales dan mucha importancia a la comida, pero
se trata de una significación que va más allá del hecho en sí de alimentarse.
La valoración de la comida viene dada, en primer lugar, por el ayuno previo
que actúa como preámbulo al posterior ágape, culmen de todas las celebraciones
rituales entre los "hermanos en comunidad". Y en segundo lugar,
por el grado de importancia de la celebración que conduce al banquete. En
este sentido, partiendo del análisis del discurso ofrecido por los miembros
de estas comunidades en las provincias de Huelva y Sevilla (España), hemos
observado una serie de características que, comunes a todos ellos, nos han
llevado a establecer los puntos claves en los que descansa este estudio. Sus
reuniones en la iglesia o en los salones destinados para tal fin, las asambleas
en casa de alguno de los miembros, sus celebraciones semanales de miércoles
y sábados (la Palabra y la Eucaristía) o la celebración de
la Pascua, serán algunos de los aspectos que desarrollaremos en las líneas
que siguen.
El movimiento neocatecumenal y las comunidades neocatecumenales
Hace aproximadamente diez años comencé a interesarme por el movimiento neocatecumenal
y más concretamente por su materialización en las comunidades neocatecumenales.
Entré en contacto con ellas por primera vez a raíz de la realización de mi
tesis doctoral en un pequeño municipio del Andévalo onubense[2], donde existían por
aquel entonces tres comunidades neocatecumenales. Actualmente mi trabajo
de campo se ha desplazado a la ciudad de Sevilla, donde desde hace tres años
me he centrado en el análisis de este movimiento religioso y su implantación
en las parroquias de algunos barrios de la capital hispalense.
El movimiento neocatecumenal fue una iniciativa que nació en 1964 en medio
de las chabolas de Palomeras Altas (Madrid). Su creador, Francisco Gómez de
Argüello -conocido popularmente como Kiko- fue un joven que, apartado durante
algún tiempo de la ortodoxia del catolicismo, regresó de nuevo a ella y tras
realizar los llamados cursillos de cristiandad, se marcó como objetivo
predicar la palabra de Jesucristo en zonas de marcado carácter marginal. Pronto,
su fama como predicador se fue extendiendo, y así surgieron las primeras
comunidades de Madrid y posteriormente de Roma. En la actualidad, las comunidades
neocatecumenales como conjunto están formadas por la comunidad originaria
y por una serie de comunidades filiales repartidas por todo el mundo. Cada
una de estas comunidades filiales, integradas por unas treinta personas aproximadamente,
siguen fielmente los postulados del fundador y se comunican entre si mediante
convivencias, encuentros o por la mediación de los llamados catequistas itinerantes.
El grupo originario -la llamada "comunidad madre"- está formado
en este momento por tres personas: Kiko -el fundador-, Carmen Hernández, antigua
misionera que pasó algunos años en Israel y artífice de la liturgia del grupo,
y el presbítero italiano Mario Pezzi. Los tres llevan la dirección íntegra
del movimiento neocatecumenal en lo organizativo, disciplinario y pastoral.
De ellos parten las innovaciones, la normativa para la creación de las nuevas
comunidades, la distribución de las familias itinerantes, las familias en
misión, etc. Sus vidas están dedicadas a la predicación, especialmente en
forma de convivencias, y desde Roma, su residencia habitual, se desplazan
a España y otros países, especialmente hispanoamericanos, para controlar
el funcionamiento de esta iniciativa.
Esta breve exposición sobre el origen del movimiento neocatecumenal puede
servirnos de introducción al estudio que hoy presentamos, acercándonos a las
comunidades neocatecumenales a través de aquellos rituales donde el ayuno
y la comida -el ágape- son elementos fundamentales. Para ello, y desde la
perspectiva antropológica, hemos intentado "descifrar cada rito en el
trabajo de campo etnográfico y explicar la actitud ritual de los humanos tanto
en su vida individual como social, tratando de desvelar la significación que
tienen para ellos" (Briones Gómez, 1997:181). El término rito o ritual
se utiliza para denominar "todo tipo de comportamientos culturales y
por tanto adquiridos, formales y repetitivos" (Briones Gómez, 1997:180).
Asimismo, son entendidos como conductas no explicables racionalmente sino
simbólicamente, bien sean relativas a lo religioso o sin éste contenido.
Los miembros de estas comunidades religiosas -la mayoría laicos- viven con
y para el ritual, buscando convertirse en "verdaderos cristianos"
y recorriendo una serie de etapas que forman el llamado "camino de Salvación"
(Castilla Vázquez, 1995). Con este recorrido pretenden seguir el modelo de
las primitivas comunidades cristianas -según se recoge en los Hechos de los
Apóstoles- llevando como estandarte simbólico ese ideal comunitario. En este
sentido, las religiones y la religión católica en nuestro caso, no se limitan
a señalar que la realidad trascendente es la fuente de toda la vida, sino
que al mismo tiempo también enseñan que ésta realidad tiene que ver con el
mayor bien que el hombre puede alcanzar. Por eso mismo, en las tradiciones
religiosas se encuentran toda una serie de indicaciones básicas que afectan
a la conducta y a la práctica de las personas en aras de alcanzar ese objetivo
vital que conduce a la felicidad. Así, en las comunidades se utiliza ese “camino”
para informar sobre cómo el hombre debe ir configurando su vida para que todo
esté orientado correctamente hacia ese objetivo último.
Por otra parte, los neocatecumenales están convencidos del valor que posee
tanto el pertenecer a una comunidad, como los rituales allí desarrollados,
para convertirse en portadores del mensaje de Cristo. Son ellos, los "elegidos"
-como se llama uno de los últimos pasos de camino neocatecumenal- los que,
con la Biblia de Jerusalén, su libro sagrado que leen e interpretan, se sienten
dispuestos a participar en todas las actividades comunitarias a lo largo de
años y años.
Los rituales en las Comunidades Neocatecumenales: el ayuno y el ágape
Las comunidades neocatecumenales son agrupaciones eminentemente ritualistas.
La práctica ritual está presente incluso en el momento mismo de la admisión
de sus miembros, ya que cada nueva comunidad se crea después de una serie
de catequesis y de una convivencia final donde los neófitos toman contacto
con el movimiento neocatecumenal y se comprometen a perpetuarlo. A partir
de ese instante los nuevos miembros comenzarán a denominarse entre sí como
"hermanos de comunidad” y serán partícipes de una serie de experiencias
y conocimientos herméticos.
Desde su incorporación, todos los integrantes de una comunidad neocatecumenal
están sujetos a participar activamente en una serie de rituales donde su
presencia es obligatoria. Estas prácticas llegan a conformar una auténtica
rutina que se repite año tras año durante todo el proceso de conversión en
lo que ellos califican como "verdaderos cristianos". Las peculiaridades,
contenidos y periodicidad de estos rituales, vienen a confirmar la importancia
que para los neocatecumenales tienen como elementos de identidad y reafirmación..
Así, los distintos tipos de convivencias, los rezos matutinos de carácter
comunitario, la preparación de la Palabra o los Salmos, la celebración
de la Eucaristía (cuyo nombre eucharistia, significa "dar gracias")
la Pascua o la Fiesta de Pentecostés, son una buena muestra
de ello..
Atendiendo precisamente a su componente temporal, podemos hablar de celebraciones
semanales, mensuales y anuales. Para ejemplificar esta exposición nos detendremos
solamente en aquellos momentos en los que el ayuno y el ágape o banquete tienen
lugar y concretamente abordaremos su presencia en la celebración de la Pascua
de Resurrección.
La alimentación es un quehacer cotidiano y la comida,
ya sea dentro o fuera de casa, define nuestros hábitos alimentarios. Sin embargo,
hay ocasiones en las que esa normalidad diaria se trastoca apareciendo "el
derroche y la obsequiosidad" (González Turmo, 1992:61) y, añadiríamos
en nuestro caso, el ayuno. Estas ocasiones son las festivas. Asimismo, en
el rito religioso, la alimentación se puede entender también como expresión
de amor y veneración a Dios. Esto es valedero para las antiguas formas de
sacrificios de acción de gracias ofrecidos a la divinidad, pero también a
través de la ausencia de alimento, es decir, del ayuno, se puede expresar
que la realidad divina es más respetada que cualquier otra. En definitiva
que es ella, y no el alimento en si mismo, la que constituye la base última
y el más elevado objetivo de la vida. Las palabras de Jesús, “No sólo de
pan vive el hombre” (como hemos dicho anteriormente) aparecen en el contexto
de su ayuno durante cuarenta días.
Aunque actualmente la observancia del ayuno y la
abstinencia en las vísperas de las festividades religiosas más importantes
y especialmente durante la cuaresma (el miércoles de ceniza y los viernes
venideros), apenas es respetada por la inmensa mayoría de los católicos, en
las comunidades neocatecumenales si que se acatan dichos preceptos. Los miembros
cumplen con el ayuno en varios momentos a lo largo del año. Cuando se va a
finalizar alguna de las etapas que forman el camino, el responsable
de cada comunidad, previamente adoctrinado por el catequista, aconseja a los
miembros de la misma guardar el ayuno antes de la celebración que se avecina.
También en las convivencias que realizan cada final de mes dedican un día
al ayuno, día que emplean para leer la Biblia y rezar.
"Ayunar es no comer ese día. Principalmente lo hacemos cuando acabamos
un paso importante, y antes de la celebración que suele acabar con un banquete.
También lo hacemos en los Anuncios de Navidad. Pero el ayuno más importante
es el Sábado Santo antes de la Pascua" (miembro de la 2ª comunidad de
los Remedios -Sevilla-).
"Hay algunos pasos que requieren ayunar y en la convivencia de final
de mes se ayuna algún día. Ese día lo dedicamos a leer citas de la Biblia
para que sea más llevadero" (miembro de la 2ª comunidad de los Remedios
-Sevilla-).
No obstante, el ayuno más largo y a la vez el más esperado es el ayuno que
comienza el Viernes Santo y que precede a la celebración de la Pascua de Resurrección.
Este ayuno no solamente se respeta sino que se amplía hasta hacerse absoluto
el Sábado Santo. En ese día todos los miembros de las comunidades -a excepción
de enfermos y mujeres embarazadas o en período de lactancia- se privan de
ingerir alimento alguno, eso si, el agua está permitida y a los niños que
vayan a asistir a la celebración únicamente se privan de la cena. La celebración
de la Pascua el Sábado Santo se realiza en la iglesia y tiene una duración
aproximada de cinco a seis horas -concretamente desde las doce de la noche
del Sábado a las cinco o seis de la mañana del Domingo de Resurrección- en
las cuales los miembros de la comunidad llevan a cabo un interminable número
de lecturas (nueve) con sus respectivas moniciones[3]
(Castilla Vázquez, 1998), cánticos, bautizos, el rito de la paz, la comunión
y un baile final. Todos los neocatecumenos hacen alusión a este momento como
si de un rito de paso se tratara[4].
"El ayuno lo hacemos para estar despiertos,
cuando tienes el estómago lleno te entra más sueño y además es un sacrificio.
Lo hacemos para darnos cuenta de que podemos controlarnos y que podemos estar
sin comer se día. Además luego no puedes ir con una mala cara como diciendo
yo he ayunado!. Tienes que hacerlo para ti y no pregonarlo" (responsable
2ª comunidad de Los Remedios).
"Ese día nos acordamos de aquellos que no tienen y pasan hambre y aprendes
a valorar la comida. A lo mejor un día te llevas sin comer muchas horas y
no te acuerdas, pero ese día como no puedes te acuerdas más y piensas en las
horas que te quedan para poder comer" (miembro de la 1ª comunidad de
Calañas -Huelva-).
Los miembros de las comunidades conciben el ayuno como un sacrificio donde
se pone de manifiesto la debilidad humana, y aluden en muchas ocasiones a
la importancia que tiene el haber podido resistir a las tentaciones. Este
es el caso de uno de nuestros informantes –Andrés-, que tuvo que ausentarse
de su casa por temor a “devorar” un plato repleto de torrijas (dulce típico
en Sevilla durante la Semana Santa y elaborado a partir de miel y huevos)
"El ayuno es difícil y lo más importante es
que te das cuenta de que no eres Dios, porque eres débil y esa debilidad te
la da el no comer. El hombre necesita comer para vivir y ese día te das cuenta
de la debilidad del hombre. La iglesia dice que las tres armas del cristiano
son la oración, la limosna y el ayuno y son las que te pueden ayudar"
(miembro de la 2ª comunidad de los Remedios -Sevilla-).
Hasta aquí hemos dado algunas notas a cerca de la importancia del ayuno
para los neocatecumenales. El ágape será el otro aspecto a tener en cuenta.
El ágape -del griego agapé- hace referencia en los primeros tiempos
del Cristianismo a la comida que los fieles tomaban en común. En todas las
Iglesias y confesiones cristianas, la celebración litúrgica del ágape comunitario
es un elemento central del servicio divino. Desde los primeros tiempos de
la Cristiandad, todos los fieles sin que importara de dónde procedían y por
qué tradiciones paganas o judías estuvieran influidos, han practicado un ágape
común de carácter religioso. En las referencias de los Hechos de los Apóstoles
se menciona que el ágape se celebra “en el júbilo del fin de los tiempos”
(Ac. 1,46). ¿Por qué todos los cristianos, ya desde los inicios del Cristianismo
han celebrado un ágape común con un carácter religioso?. Una primera respuesta
pudiera ser que fue el mismo Jesús quien fundó el ágape cristiano y ordenó
a los discípulos en la última cena que lo repitieran regularmente. “Haced
esto en memoria mía” (Lc,. 22,19); (1 Cor.11, 24 s.) una alusión que se queda
recogida en estos dos relatos del Nuevo Testamento sobre la última cena. Ahora
bien, esta mención interpreta el ágape como una conmemoración de la muerte
de Jesús, y no se celebra precisamente el júbilo. Sin embargo, esta
interpretación sólo se puede demostrar para una parte de los testimonios del
Cristianismo primitivo sobre el ágape, en muchos otros textos falta la orden
de repetición y también la relación con la muerte de Jesús[5]. Otras interpretaciones entienden el ágape del Cristianismo primitivo
como una continuación del conjunto de la práctica del ágape de Jesús[6]. Para buscar otra respuesta al origen del ágape
cristiano, podríamos incluso retroceder a la Antigüedad clásica donde se
encuentran referencias a esos banquetes comunitarios en que se reunían regularmente
un gran número de hermandades o sociedades semipúblicas o privadas. Éstas
surgieron en parte para compensar la pérdida de la independencia política
de las ciudades griegas en el siglo IV a de C. Asimismo, también suplían muchas
de las funciones que en su momento había cumplido la polís, a través
de las correspondientes instituciones políticas y sociales que había marcado
de forma duradera la vida pública. Es importante destacar que la vida de comunidad
de todas estas sociedades consistía en lo esencial en un banquete comunitario
que se realizaba regularmente. De tal manera que si alguien quería cultivar
sus relaciones comunitarias, se encontraba con otros para comer y beber juntos.
Cuando las comunidades cristianas primitivas se reunían para el servicio divino
se celebraba una comida en común.
Quizás el ágape del cristianismo primitivo tiene pues su explicación en
la sociedad helénico-romana, un origen que se remonta a la estructura de la
sociedad antigua de la polis que " es una de las cunas centrales de
la cultura occidental". Podemos dar entonces una imagen gráfica de los ágapes
celebrados actualmente en las comunidades neocatecumenales, así como su forma
externa.
Entre los romanos y los griegos no existía ninguna oración al inicio de
la comida, pero sí entre los judíos, y los cristianos la adoptaron de ellos.
La comida se inicia con una oración sobre un pedazo de pan. Uno recita por
todos, la oración de acción de gracias por la comida que se haya sobre la
mesa. Dar gracias o pronunciar una oración de acción de gracias
es precisamente el sentido que tiene la Eucaristía y de ahí procede el nombre
de todo el ágape.
Es interesante resaltar que la oración en
el cristianismo primitivo no era pronunciada, sino cantada (de ahí la importancia
dada al canto en las comunidades neocatecumenales) y además, cuando en la
Antigüedad un grupo de personas recitaba o entonaba un canto, el acto no se
concebía sin un movimiento rítmico que lo acompañase, al menos de las manos
(tocan palmas al compás de la música) y por supuesto la danza o Choreuein
(en griego).
Pues bien, este banquete y la forma externa tal como la hemos descrito,
es algo que está presente en cada acto neocatecumenal y expresa el aspecto
social de la comida así como las reglas de la comunidad para con ella, y
que vienen a representar los ordenamientos sociales existentes. Después de
cualquier celebración litúrgica, bien en casa de algún hermano, en la iglesia
o en el salón destinado para ello, en las convivencias en hoteles y residencias,
en algún bar o en un restaurante, la comida está presente. Si se trata de
preparar algún acto en casa de los hermanos, el anfitrión /a se encargará
de preparar para después un suculento menú en el cual, los hermano invitados
pueden colaborar generalmente aportando el postre. Cuando la celebración
es en la iglesia, se reúnen posteriormente en un bar cercano para tomar un
aperitivo. En el caso de que la celebración litúrgica se prevea larga, los
miembros de la comunidad acudirán ese día a la iglesia portando las correspondientes
viandas que serán consumidas en un descanso a la mitad del acto.
"El ágape es llevar comida y compartir lo que lleves. Pues cuando hay
un ágape en casa de un hermano cada uno lleva algo y la tortilla que lleves
la pones para todos. Es una forma de compartir lo que tienes con los demás
y de estar más unidos, pues si cada uno se va y come en casa, aunque coma
lo mismo, no es igual. Además te dicen: después de esta celebración
podéis hacer un ágape! " (miembro 1ª comunidad de Calañas -Huelva-)
"Ágape viene de comer, de banquete, y en la comunidad todo se celebra
comiendo: cuando se recibe a una comunidad por primera vez, después de las
preparaciones de los actos en casa de los hermanos, después de la eucaristía
los sábados por la noche, después de una celebración importante, después de
los cursillos prematrimoniales, cursillos prebautismales, etc. " (miembro
de la 2ª comunidad de los Remedios -Sevilla-).
Pero si el ayuno más significativo es el que tiene lugar como preámbulo
a la celebración de la Pascua de Resurrección, el ágape más especial y esperado
es el que pone fin a la misma. La Pascua, un auténtico ritual de renovación,
precedida de un período de abstinencia y ayuno acaba con un gran banquete
a las cinco o seis de la mañana del Domingo de Resurrección, que será costeado
por los miembros de la comunidad en cuestión. Se puede decir que, acaba el
recogimiento y comienza la verdadera fiesta. Ahora decir fiesta es decir ostentación.
Cada comunidad acudirá con sus miembros correspondientes a un restaurante
contratado previamente a comer. Toda una serie interminable de alimentos como
el marisco, el jamón y los dulces como fin de fiesta circulan por las mesas
adornadas con todo lujo de detalles.
"La Pascua de Resurrección siempre acaba con
un ágape y es una comida especial, pues es mejor que otras que hacemos el
resto del año y además como hemos ayunado todavía la ves con mejores ojos"
(miembro de la 2ª comunidad de los Remedios -Sevilla-).
Consideraciones finales
La comida y la bebida son elementos esenciales de la mayoría de las celebraciones
comunitarias. En las comunidades neocatecumenales no hay reunión, celebración
o "encuentro" que no lleve aparejado una suculenta comida. Pero,
si importante es la comida no menos significación tiene el ayuno; cabría incluso
decir que tiene tanta o más que la comida en cuanto sacrificio que se hace
como preludio o antesala a una celebración importante.
La alimentación está tan presente en la cultura religiosa que se puede decir
que forma parte de ella. Entre los neocatecumenales esa alimentación es tan
importante que incluso denominan el momento de comer con un nombre el ágape.
Durante la celebración de la Pascua se produce un auténtico rito de paso pues
de un estado inicial de separación, al que le sigue una etapa intermedia o
de tránsito con una prueba de resistencia que es el ayuno se accede a la etapa
final donde los que han ayunado se verán recompensados por el banquete, broche
de oro de toda celebración. Un momento que supone poner fin a algo viejo y
abrir las puertas a algo nuevo. A toda ceremonia importante le precederá entonces
el ayuno, para después tener acceso al banquete, situación que hemos utilizado
para hacer nuestro propio juego de palabras al alterar el refrán popular que
dice: "pan para hoy y hambre para mañana".
Bibliografía
utilizada
CASTILLA
VAZQUEZ, Carmen. De neófitos a iniciados: el movimiento neocatecumenal y sus
ritos de admisión. Gaceta de Antropología [en línea]. 1999,
núm. 15. <http: // www.ugr.es/~pwlac>
GONZALEZ
TURMO, I. Alimentación y religiosidad popular. En HURTADO SÁNCHEZ, J. (ed.
lit.) Nuevos aspectos de la religiosidad sevillana. Fiesta imagen, sociedad.
Sevilla: Ayuntamiento, 2002.
RUBIO-ARDANAZ,
J. A., REBATO, E. (ed. lit). Nutrición, alimentación y salud: confluencias
antropológicas. En Zainak: Cuadernos de Antropología-Etnografía, 2000,
núm. 20.
SCHMIDT-LEUKEL, P. Las religiones y la comida. Barcelona: Ariel, 2002
1. Claude Lévi- Strauss nos ha señalado la importancia
que tiene la elaboración de la comida como un acto básico en la cultura de
los humanos.
[2]. Este pueblo es la zona
de estudio donde realicé mi tesis doctoral, presentada en la Universidad de
Sevilla: Tradición y cambio en el contexto religioso de Calañas (Huelva):
Hermandades y Comunidades Neocatecumenales). Sevilla, 1996
[3]. Las moniciones son resúmenes
del significado de las lecturas, que han elegido los miembros de las comunidades
(el grupo encargado para tal fin), realizadas previamente a las mismas en
la presentación que se lleva a cabo en la iglesia.
[4]. Para una mayor información
sobre la consideración de los ritos de paso dentro de las comunidades neocatecumenales
véase Castilla Vázquez, C.: "El Camino neocatecumenal como rito de iniciación",
en Actas del II Curso de otoño de Religiosidad Popular y ritos de iniciación.
Andújar, 1995 (en prensa).
5. La orden de repetición falta por
ejemplo en los relatos institucionales de los evangelios de Marco y Mateo,
aunque éstos implican una relación con la muerte de Jesús (Perry Schmidt-Leukel,
2002:39).
6. En los evangelios se menciona que
Jesús comió con sus apóstoles en repetidas ocasiones e incluso con pecadores
(Mc. 2,17).
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