El buen uso de lo "cálido" y de lo "frío".
La alimentación y sus beneficios percibidos para la
salud de la madre y del niño en Bolivia
Charles-Édouard de Suremain (IRD)
Instituto de Investigación para el Desarrollo
Montpellier - Francia / La Paz - Bolivia
Unidad de investigación 106 “Nutrición, Alimentación,
Sociedades”
María Eugenia Gutierrez Blanco
Facultad de Sociología de la Universidad Mayor de San Simón
de Cochabamba - Bolivia
Pierre Lefèvre (IMT)
Instituto de Medicina Tropical
Anveres - Bélgica
Unidad de Investigación “Nutrición y Salud del Niño”
1. Introducción
Gracias a la abundante literatura etnográfica
que existe sobre el tema, se sabe que los modelos terapéuticos vigentes en
los sistemas nosológicos andinos se basan en un concepto llamado“humoral”
de la enfermedad[1]. En particular,
la distinción entre lo “frío” y lo “cálido” está muy difundida en el mundo
quechua-aymara[2]. En
este contexto, la salud de la persona depende del equilibrio siempre precario
entre los elementos fríos y cálidos que predominan en ella en un momento dado.
Dos principios importantes derivan de este concepto
y de la distinción percibida entre lo frío y lo cálido. El primer principio
es el de la “utilización seleccionada de los contrarios”. Por ejemplo, cuando
una persona está enferma, hay que proporcionarle una alimentación o pociones
a base de plantas cuyas propiedades cálidas o frías son simbólicamente opuestas
a las de los males que sufre. El segundo principio es el “evitamiento de los
extremos”, el cual consiste, durante períodos de bienestar, en no alimentar
a la persona con alimentos dotados de propiedades simbólicas opuestas entre
ellas. El respeto de este principio permite, de alguna manera, proteger su
salud[3].
Nuestro objetivo es mostrar que, en las sociedades
quechua-aymara de Bolivia, la influencia de la concepción humoral es
ejercida tanto en la alimentación de la madre durante su embarazo como en
la del niño antes del destete definitivo. Se trata de una relación profundamente
arraigada al sistema de representaciones local. Como vamos a poder constatarlo,
el buen uso de los principios de la utilización seleccionada de los contrarios
y de la evitación de los extremos -aplicada a los alimentos- permite preservar
o recobrar la salud.
2. Lugares de investigación y metodología
La investigación se ha desarrollado en dos zonas
distintas: (i) en Chavez Rancho en la periferia urbana de Cochabamba (la tercera
ciudad del país); y (ii) en el Chapare (la región amazónica y rural del departamento
de Cochabamba).
La zona de Chavez Rancho (2 500 m de altitud),
situada aproximadamente a 4,5 km al oeste del centro de Cochabamba,
cuenta con 37 415 habitantes de los cuales 5 986 son niños de menos
de cinco años[4]. Si bien la
población es de origen indígena y procede del altiplano, no obstante representa
la particularidad de haber sido incorporada al sector minero desde hace varias
generaciones. Como resultado a la casi desaparición del sector minero, una
primera oleada se instaló definitivamente en Chavez Rancho por los años 70,
luego una segunda en 1992. A pesar de prácticas alimentarias y terapéuticas
claramente indígenas, los habitantes de la zona casi no valoran sus orígenes
y tienden a presentarse como “mestizos”, “urbanizados” y, los más viejos,
como “mineros”.
La municipalidad de Chimore (235 m de altitud),
que es la segunda zona donde la investigación se llevó a cabo, pertenece a
la región de transición comprendida entre el piedemonte andino y la cuenca
amazónica. Como Chavez Rancho, es una zona de migración predominantemente
indígena, pero esencialmente rural y agraria. Los primeros colonos llegaron
con motivo de un plan de colonización dirigido por el Estado en los años 60.
El pueblo de Chimore vive una verdadera explosión demográfica: 951 habitantes
en 1976, 9 168 habitantes en 1992 y 15 264 en 2000 (de los cuales
2 475 son niños de menos de cinco años). De la totalidad de los habitantes
de la comuna (aproximadamente 100 000), el 19 % reside en zona urbana
y el 81 % viven dispersos en zona rural. Desde el punto de vista político-administrativo,
la población se reparte en 88 sindicatos (pueblos y tierras que se incorporan)
y 12 centrales campesinas. A partir de los años 80, se han identificado movimientos
migratorios vinculados al cultivo de la coca. Contrariamente a Chavez Rancho,
los orígenes indígenas de la población son a la vez visibles y valorados,
como lo muestran los nombres aymara o quechua dados a los caseríos
de la regíon e incluso a ciertas actividades culturales. Además, la vestimenta
y el idioma se conservan por lo general, sobre todo en las mujeres, lo que
confiere al estilo de vida local una fuerte originalidad. Las familias viven
esencialmente del cultivo de huertas (arroz, yuca, plátano, piña, hortalizas)
y el cultivo ilícito de la hoja de coca (cada vez más riesgoso por estar sometido
a una erradicación constante). Localmente, los campesinos se presentan como
“colonos” o “cocaleros” (productores de coca).
Los análisis presentados aquí se basan en una
parte de los datos reunidos durante un proyecto de investigación INCO sobre
el crecimiento y el desarrollo del niño de menos de cinco años en Bolivia
y en Perú[5]. Las técnicas de la entrevista
semi-estructurada y profundizada, del focus group y de la observación
fueron utilizadas para recolectar los datos (Lefèvre & Suremain et
al. 2000).
Cuadro
1 : Número de focus group, de entrevistas y de observaciones realizadas
ante las madres de los niños de menos de cinco años (Chapare & Chavez
Rancho)
| Focus
group |
Número |
Participantes |
Lugares |
Fechas |
| Madres |
1 |
17 |
Chapare |
septiembre
1998 |
| Madres |
1 |
7 |
Chavez
Rancho |
noviembre
1998 |
| Madres |
2 |
15 |
Chapare |
mayo
2000 |
| Madres |
2 |
15 |
Chavez
Rancho |
mayo
2000 |
| Total |
6 |
|
| Entrevistas |
Número |
Lugares |
Fechas |
| Madres |
53 |
Chapare |
oct.
1998 - feb.1999 |
| Madres |
79 |
Chavez
Rancho |
oct.
1998 - féb.1999 |
| Madres |
19 |
Chapare |
Marzo
2000 |
| Madres |
9 |
Chavez
Rancho |
Marzo
2000 |
| Total |
160 |
|
| Observaciones |
Número |
Lugares |
Fechas |
| Domicilios |
10 |
Chapare |
oct.
1998 - feb.1999 |
| Domicilios |
13 |
Chavez
Rancho |
oct.
1998 - feb.1999 |
| Total |
23 |
|
3. Las virtudes preventivas y curativas
de la alimentación
3.1. Durante el embarazo
Desde el embarazo, la llegada del niño reviste,
en las percepciones locales, una connotación más bien negativa, relacionada
a la enfermedad o al peligro: “estar embarazada, es estar enferma!"
se dice frecuentemente[6]. Para
evitar cualquier eventualidad, las mujeres embarazadas modifican algunos ingredientes
de su régimen alimentario. Ellas consumen frutas, sopas y, sobre todo, mates
cuyas virtudes -reconocidas como cálidas o frías- van a permitirles encontrar,
si es que no mejorar, su estado de salud general[7].
El reto parece suficientemente importante como
para que algunos cónyuges intenten complementar el régimen alimentario de
sus esposas con actividades de caza o de pesca excepcionales: Leche, pescado
de cabeza o sábalo, zuruchis, bacalao; casi la mayoría agarraba mi marido
eso siempre consumíamos nosotros (Chapare).
La influencia de otros padres o actores (suegra,
madre, hermana de la madre, vecinos) también se hace sentir durante el embarazo:
(...) lo que más consumía es el yogurt; claro
en mi casa mi mamá cuando se enteró que estaba embarazada me hacía comer de
todo: hígados, verdura, huevos, leche y me dijo que si quería tener un niño
sano debía comer de todo; como ella tiene experiencia me alimentó bien
(Chavez Rancho); Eso consumía más que todo, avena en el desayuno, pero
para refresco consumía cebada retostada que es más alimento me dijeron [mis
hermanas] (Chavez Rancho); (...) Mi suegra me hacía consumir [sopa
de quinoa] y las lawas dice ella, eso me daba. Es más alimento me decía
(Chavez Rancho).
Las mamás declaran también que la alimentación
durante el embarazo determina la calidad-cantidad futura de su leche:
Porque comemos todo, no ve, el pecho debe estar
mejor; como comemos todo, todo sale para [mi hija] también (Chapare);
Todos los alimentos que uno come se van a la leche (Chapare).
Si ellas no cambian completamente de régimen,
modifican ciertos componentes. Así es como una madre del Chapare explica que
ella suprime el arroz (considerado como absorbente) que puede hacer secar
su leche: “[no como] arroz graneado porque mucho hace secar la leche”.
Por su lado, otra madre come más frutas (cítricos) y legumbres (soya) considerados
como fríos, para que su leche, considerada cálida, sea suficientemente buena
para el niño necesariamente frágil que va a nacer.
La mayoría de las mujeres embarazadas reconocen
la influencia del régimen alimentario durante el embarazo sobre el estado
del niño de pecho en el nacimiento (peso, estado de “desnutrición”) y su futura
salud. Cuando realizaba un trabajo doméstico, una madre dice haber seguido
los consejos de su empleador para que el niño nazca y se desarrolle bien:
“(...) mi patrón me decía que consuma más leche para que el niño crezca
más desarrollado, para que nazca bien" (Chapare).
De manera general, las mujeres embarazadas aceptan
de buena gana los consejos del personal de salud, el cual durante las consultas
prenatales o justo después del parto, les prodiga a menudo consejos alimentarios
y dietéticos:
'Si tu hijo no nace gordo bien, vas a traer',
me ha dicho [el doctor]; yo he ido al hospital de Villa Tunari a tener y allá
he estado y me dijo: 'seguro que no te alimentabas bien, tu hijo ha nacido
así [flaquito], tiene que alimentarle ahora biencito' (Chapare).
Aunque se expresan en términos distintos y según
lógicas diferentes, las recomendaciones y consejos del personal de salud terminan
por coincidir con las prácticas de las madres. Simplemente, son acomodados
de manera que sean compatibles con el modelo humoral: 'Tu hijo va a estar
bien no más. dice' [el doctor]; 'come más dice'; yo comía más fruta caliente
para que baje más la leche (Chavez Rancho).
3.2. Durante la lactancia con leche materna
Después del parto, las mujeres tienen la costumbre
de esperar varias horas, incluso varios días antes de dar pecho[8]. Así que los niños no toman el calostro. A cambio,
reciben a menudo “agua de anis”, la cual es considerada como un estimulante
para la succión, por una parte, además de fortalecer o “endurecer” al recién
nacido, por otra parte. En el mismo orden de idea, las mamás frotan con anís
su pezón durante las primeras mamadas: “(...) anicito primero fue; anís
luego de eso en el pecho, directamente en el pecho, sí"[9].
Se puede interpretar esta práctica respecto a
la aplicación de la concepción humoral. En la medida que el anís es percibido
como frío, se puede pensar que su combinación con la leche materna -percibida
como cálida- tiene como finalidad restablecer la salud del niño fragilizado
después del parto. Conforme al principio de la utilización seleccionada de
los contrarios, el anís mezclado con la leche materna permitiría sanar al
recién nacido[10].
Esta práctica es común en Chavez Rancho y casi
generalizada en el Chapare donde la mayoría de los partos se realizan a domicilio.
El padre del niño (que juega un papel activo en esta ocasión[11]),
la partera o, eventualmente, el promotor de salud no la consideran peligrosa
e incluso la estimulan frecuentemente.
En las dos zonas, el amamantamiento obedece a
la demanda del niño y las mamás se esfuerzan por mostrar que asumen con celo
su función nutricia. Durante los primeros meses de vida, ellas no se separan
sino excepcionalmente de los recién nacidos. Ya sea que estén en el campo
o en la ciudad, las mujeres los llevan a su espalda en sus awayos y
no dudan, desde la primera manifestación de llanto, en ofrecer su pecho al
niño[12].
No obstante, las mujeres que amamantan deben permanecer
vigilantes, ya que dar pecho después de haber sufrido “reniego” puede enfermar
al niño[13]. En este caso,
la leche que se calienta anormalmente rompe el equilibrio entre lo cálido
y lo frío: “Cuando las wawas están chupando, como la sangre es caliente
y uno reniega y les da (...), la wawa se siente mal” (Chapare).
3.3. Durante el amamantamiento con mamadera
Siendo casi imposible encontrarla en zona rural
y por ser cara en zona urbana, la leche en polvo sólo la dan muy pocas mujeres
y en ocasiones excepcionales. De este modo, no se puede hablar verdaderamente
de amamantamiento complementario con mamadera. En cambio, los niños beben
mamaderas de agua desde los primeros días de vida hasta una edad relativamente
avanzada (2 años).
Además de las coacciones que acaban de ser mencionadas,
la preparación de la mamadera con leche artificial conlleva ciertos riesgos,
explícitamente mencionados por las madres, que provocarían en el niño malas
reacciones, incluso enfermedades:
(...) Y no enferma con la leche materna
y con la mamadera sí, porque a veces o frío le damos o muy dulce le damos
(Chapare); De vez en cuando no sabemos preparar bien, a veces le damos
medio caliente, a veces frío también esta mamadera, a veces no lavamos bien
la mamadera (Chapare).
Independientemente de las consideraciones de higiene,
se observa, una vez más, la referencia a lo cálido y a lo frío. Se trata de
una apreciación de orden simbólico y no de la medición de la temperatura de
la leche en términos de grados. Asimismo, según una percepción que confirma
ciertas causas comúnmente percibidas del malestar del niño, una leche “muy
azucarada” es un riesgo para la salud. Según las madres, el niño propenso
a comer alimentos azucarados, o que los reclama llorando, “incuba” una enfermedad
que la absorción de azúcar no hace más que agravarla (Suremain & Lefèvre
et al. 2001).
Si bien la mamadera de leche puede enfermar al
niño, no obstante también le ayuda a recobrar su salud. En la preparación
clásica de la mamadera, la leche, percibida como cálida, es mezclada con agua,
percibida como fría. Ahora bien, se sabe que esa mezcla de frío y de cálido
es buena para sanar, pero que es potencialmente nefasta para el niño con buena
salud en virtud del principio de la evitación de los extremos. Además, para
conjurar los efectos perniciosos de esta combinación simbólica, las mujeres
agregan a la preparación alimentos fríos, por ejemplo algunas gotas de mandarina
o cucharillas de papaya finamente triturada, para restablecer el equilibrio
en provecho de lo cálido o de lo frío.
Para las mamás, el restablecimiento del equilibrio
entre lo frío y lo frío o lo cálido y lo cálido no es medible en términos
de cucharillas o vasos medidores. El principio de la evitación de los extremos
es signo de experiencia, de saber-hacer, de percepción espontánea y, sobre
todo, de voluntad o intención de las mamás. Dicho de otra manera, si bien
la dimensión sistemática de las prácticas alimentarias vigentes es bien real,
ésta no excluye la parte de libre albedrío en la interpretación de las madres.
Ese libre albedrío contribuye a explicar las combinaciones simbólicas a veces
complejas y aparentemente contradictorias que se pueden observar.
El ejemplo de la mamadera es particularmente revelador,
ya que, en la medida que su uso no es verdaderamente difundido ni antiguo,
nos muestra a qué punto las mujeres están prontas a integrar nuevas prácticas
en los marcos de representaciones preexistentes.
4. Conclusiones
A travez de estos datos, hemos querido mostrar
que las representaciones que se refieren a la alimentación y a la salud de
la madre y del niño están directamente relacionadas a sistemas culturales
o de pensamiento, los cuales confieren a las prácticas de los actores (en
este caso a las madres) una coherencia o un sentido cuya lógica no es inmediatamente
perceptible.
Así, los dos principios que se desprenden del
concepto humoral (la utilización seleccionada de los contrarios y el evitamiento
de los extremos) se aplican no solamente a las personas y al espacio[14], sino también a los alimentos, a las enfermedades
y a los remedios domésticos.
Finalemente, a un nivel más fundamental, los datos
presentados permiten precisar la dinámica de transformación de los sistemas
de representaciones y de las prácticas en relación a la salud y a la alimentación.
Lejos de ser fijos, evolucionan permanentemente, como lo muestra por ejemplo
el uso de la mamadera.
En las sociedades quechua-aymara como en
todas partes, las prácticas alimentarias y terapéuticas están en relación
(o interacción) estrecha con los sistemas nosológicos vigentes. No obstante,
constantemente son influenciadas por otros sistemas y prácticas que están
ligados a la biomedicina. La imbricación a veces compleja que resulta de ello
impide finalmente la oposición término a término entre un modelo médico o
moderno, por una parte, y un modelo tradicional o popular, por otra parte.
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