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Memoria y Derechos Humanos. El Pozo de Vargas en Tucumán

Recordar significa .... volver a pensar el pasado como objeto de la historia, un espacio crítico de interpretación. ... p34 

Preguntarse acerca del sentido de la desaparición de personas implica convertir a los desaparecidos... en aparecidos que vuelven para rescatar sus restos de memoria... p42 [1]

Daniel Antonio Jiménez
djimenezar@yahoo.com
Profesor de Historia - Facultad de Filosofía y Letras UNT

Introducción

El problema de la memoria colectiva de los pueblos no es una novedad pero el siglo XX será un siglo crucial por la consolidación y relevancia que toma.

Los siglos XIX y XX significaron el triunfo del definitivo del modelo de organización humana basado en el Estado Nación siguiendo el ejemplo de las potencias occidentales. Este se mostró como el único viable junto a una serie de instituciones representativas ligadas al liberalismo en un marco económico dominado por el capitalismo desarrollado por los países centrales. Estos modelos se imponen por la fuerza de las armas o por las de la economía sobre diversas realidades humanas en el globo.

Problemas como los de la identidad y la memoria surgieron al tiempo en que el Estado se presentaba como el único interlocutor válido. Las repuestas vulgarmente conocidas como Historia Oficial significaron una ideologización maniquea en función del disciplinamiento social. La educación, la religión, el orden social, las costumbres, las fuerzas armadas, la policía, todo contribuyó en favor de un status quo subordinante de amplias capas sociales en un período de fuertes cambio e imposición del capitalismo. Había que relegitimar el poder en la sociedad.

Ahora estos profundos cambios trajeron también la resistencia y las luchas sociales que posibilitaron a lo largo del siglo XX la construcción de un orden más participativo en lo político e incluyente en lo económico. Los particulares momentos de coyuntura histórica favorables a los sectores populares dados por las crisis económicas y las Guerras Mundiales aumentaron el poder de negociación. Donde la sociedad civil, abstracción englobante de múltiples condiciones sociales, fortaleció su organización y sus demandas generando respuestas alternativas.

Los Derechos Humanos se convirtieron, en la teoría al menos, en un marco general para toda relación humana. A los derechos políticos e individuales y su ampliación le siguieron otras generaciones de derechos que fueron incluyendo los aspectos sociales, económicos y culturales. Tras la Segunda Guerra Mundial la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU significó el triunfo de una concepción humanística de la existencia. Las formas estaban cubiertas pero el fondo siguió siendo contrario a estas buenas intenciones. La imposibilidad de hacer cumplir la ley y los constantes abusos del poder se vieron a ambos lados de la cortina de hierro durante casi medio siglo. La coerción física o moral, el racismo y la exclusión económica o política evidenciaron la imposibilidad de una real vigencia de los derechos humanos.

A  principios del siglo XXI los planteos en torno a los Derechos Humanos y la Justicia siguen siendo un reclamo utópico.

Derechos Humanos y Memoria

El problema de la memoria se redescubre y agraba en el siglo XX. El genocidio de los Armenios por parte del imperio Turco y el Holocausto nazi van a dar dimensiones extraordinarias al problema de los Derechos Humanos y a la memoria.

La posibilidad de que un orden estatal incluyese en su accionar la persecución y aniquilamiento de grupos humanos íntegros aún no ha tenido una respuesta satisfactoria por parte de la historiografía. La violencia con la que se pretende anular al otro, entendido como enemigo político, racial, sexual, etc. llevará a quitarle su condición humana. Es el aniquilamiento total. Pero más allá del aspecto físico del problema se pretende también construir el olvido y, como la famosa peste que atacó a Macondo y obligo a poner rótulos a las cosas, generó como reacción la memoria colectiva. Si hechos inhumanos podían ocurrir, lo peor que podía pasar era que se perdiesen, alguien debía quedar para contarlos y recuperar a memoria. [2]

Aquí es donde se produce la interjección entre los Derechos Humanos y la memoria, entre lo considerado un crimen contra la humanidad y lo que hay que rescatar del pasado para evitar la repetición de tales abusos.

"... Recordar mediante las palabras posibilita al sujeto y a los grupos inscribir simbólicamente lo acontecido, lo cual genera un índice de diferencia, marca del progreso histórico... "[3].

Recordar es recrear el pasado y se produce un involucramiento ético desde una perspectiva crítica que lleva a la búsqueda reparadora de justicia. La derrota de la Alemania Nazi permitió concretar los Juicios de Nuremberg donde fueron enjuiciados los principales jerarcas derrotados. La idea del Juicio actuó como génesis formal del camino de la memoria y de la búsqueda de la justicia. Los campos de concentración fueron conservados como prueba histórica del holocausto. La memoria se construye y necesita de hitos reales que alimenten el recuerdo y se conviertan en argumentos sólidos de la denuncia.

En la segunda mitad del siglo XX, con el telón de fondo de la Guerra Fría se desarrollo en Latinoamérica un proyecto hegemónico en torno a las Fuerzas Armadas que interrumpieron la legalidad democrática en diferentes países y tomando el poder fueron reconocidos como gobiernos por las principales potencias del mundo. Este aval les permitió ampliar su margen de acción a diferentes sectores de la sociedad e iniciar un régimen de persecución y muerte a fin de conservar el status quo conservador. El Estado amparaba a sus propias fuerzas que actuaban como organismos paraestatales aniquilando a la oposición crítica y militante con la inasible excusa del desconocimiento o de la guerrilla. Incluso los diferentes países del cono sur llegaron a ponerse de acuerdo en un plan conocido con el nombre de Cóndor[4], para intercambiar servicios de represión y prisioneros políticos.

La herencia de exiliados, muertos, desaparecidos, deudas externas, corrupción y vaciamiento económico productivo destruyó el tejido social.  Los gobiernos que les sucedieron aceptaron el condicionamiento que les impuso en el traspaso a la democracia el corporativismo económico-militar, amparados en la impunidad de los beneficiarios del régimen.

En Argentina la ilusión democrática del 83 se vio traicionada por este condicionamiento y por la imposibilidad real de dar respuesta a los problemas económicos del país. El régimen político amparó a los militares a través de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Con esto se inició el camino de impunidad y consolidación de las diferencias y privilegios que aseguraban a unos pocos la preeminencia por sobre los reclamos sociales y la legalidad. Aquí es donde el principal factor, la Justicia,  dejo en claro que no iba a actuar contra los sectores del poder (trágico antecedente en la crisis ética del país).

La impunidad obligó a afectados por la represión y militantes de derechos humanos a buscar vías alternativas a la justicia. La memoria empezó su construcción de denuncias.[5]

Los años 80 y 90 dieron lugar a notas periodísticas, programas televisivos, Juicios Populares[6], movilizaciones, marchas del silencio, pintadas, repudios, escraches, festivales, etc., como opciones simbólicas y populares a una justicia impotente.

Desde el año 2001 se ha empezado a investigar satisfactoriamente los lugares específicos  donde actuó la represión[7] en zonas como Capital Federal o Tucumán. Esto es un hecho novedoso porque por primera vez se profundiza y da a conocer por los medios de comunicación la realidad material de la represión. Hasta ahora la denuncia era verbal. Aquí aparece la interjección entre Derechos Humanos y Espacio real de memoria, que actúa como evidencia empírica. La denuncia se vuelve sólida en muros de cárceles clandestinas o en fosas comunes escondidas.

Pozo de Vargas.

La represión actuó durante la dictadura en Tucumán conducida por el Gobernador General Antonio Domingo Bussi al que se le adjudican más de 900 denuncias de desaparecidos. El secuestro y desaparición de personas, actividad común de las fuerzas armadas se preocupo eficazmente de borrar sus huellas haciendo desaparecer también los cuerpos de las víctimas. El saber popular siempre divulgó como un lugar de entierro común el dique Celestino Gelsi, ex Cadillal, ubicado al norte de la ciudad capital. Pero en concreto, a pesar de las múltiples sospechas, nadie hasta ahora ha sabido indicar fosas comunes que den pruebas materiales del accionar represivo.

El trabajo sobre el Pozo de Vargas nos permite reconstruir el camino de la memoria militante y de la denuncia por los derechos humanos, donde las fosas colectivas se materializan como una prueba contundente del pasado represor.

El tema toma amplio conocimiento público el 24 de abril de 2002 por el Diario La Gaceta de Tucumán en la única nota que salió en el primer semestre (pequeña) y abrió expectativas en muchos sectores de la sociedad. El otro diario de la provincia, de poca tirada, cubrió la noticia con unas notas más. No hay trabajos previos sobre el tema por lo fue fundamental la investigación con entrevistas a diferentes exponentes de nuestra sociedad.

El Pozo de Vargas es un viejo pozo de agua tapado con escombros y perdido entre la maleza en el presente, ubicado en una finca de citrus a la altura del nº 4500 de la Avenida Francisco de Aguirre en la zona oeste de la ciudad. Su dueño es de apellido Vargas por lo que toma ese nombre el pozo. Es una zona de plantaciones de citrus en general, en lo que serían las orillas de la ciudad capital de la provincia. Ahora hay una villa miseria que llega hasta el frente del pozo pero hace 25 años la última casa estaba como a doscientos metros y la zona era en general despoblada. Pasa una vía del Ferrocarril General Belgrano por el costado sur, como a 40 metros del pozo.

La denuncia pública en los medios de comunicación la realizo en febrero el Sr. Enrique Romero, Director de la sección transportes del gobierno Provincial. Lo suyo fue una maniobra de interés partidario ya que denunciando la existencia de fosas comunes volvía a poner en la discusión pública los crímenes cometidos por el ex gobernador Bussi, adversario político del partido Peronista en el gobierno, en momentos en que se estaba discutiendo en la cámara la reforma de la constitución provincial con posibilidades de reelección para el gobernador. En este tema están enfrentados los partidos Peronista y Fuerza Republicana, de Bussi. No se evidencian motivaciones éticas ni de índole personal afectivo en la denuncia. Cuando intenté entrevistar al Sr. Romero, que accedió inmediatamente por medio de su secretaria, no pude concretarla por sus múltiples actividades políticas y laborales que me dejaron esperando en la sala de recepción.

En un recorrido por el lugar del pozo en julio del 2002 este ya estaba cercado y custodiado por dos policías Federales viviendo en un trailer noche y día por orden del juez que lleva la causa, Doctor Terán. Dijeron desconocer todo lo relativo al pozo, su función era cuidar que nadie se lleve nada ni toque las tres carpas donde se guardan herramientas de trabajo. Ellos sólo estaban “...para cuidar que nadie se acerque...” y no expresaron interés en lo que están cuidando, por motivos profesionales probablemente. En el lugar están trabajando miembros del Grupo de Arqueólogos y Antropólogos Forense dirigidos por la antropóloga Patricia Arenas, peritos en la causa habilitados por el juez.

Los caseros de la finca son el matrimonio de Alberto Torres y Graciela Reinoso. El marido no participó en la entrevista, sólo la señora. Ella, siempre hablando en plural, por su marido ausente, dijo desconocer lo relativo al pozo dado que están trabajando desde 1992.  “... Recién ahora nos damos con lo que hay en el pozo. Nunca se había sentido nada...”, y se enteraron por los medios de comunicación, especialmente los de Buenos Aires. El año anterior se habían sacado las plantas de limones para recambiarlas por otras jóvenes y ahora están esperando “... que pase todo para plantar de nuevo...”[8]. El desconocimiento se aúna con las obligaciones laborales que son apremiantes por lo que para ellos el lugar y la investigación no tienen la trascendencia que toma para otros sectores sociales. La justicia institucional y la militancia política son elementos de vidas ajenas para estas personas, aunque la señora demostró interés y congoja por el caso de entierros colectivos.

Las casas inmediatas no pudieron brindar información dado que son asentamientos de muy pocos años atrás. Como a doscientos metros en una modesta casa de material se pudo entrevistar a una pareja de ancianos que dijeron ser la última casa en dirección al pozo en los años setenta. Ellos se mudaron en abril de 1978, el Señor trabajaba en la Cerámica La Cartujana (en una zona cercana) donde era especialista en hornos y ahora es jubilado. Comentaron que nunca vieron nada extraño en torno al pozo, nada que indique que pueda ser una fosa común de la dictadura. Sólo a veces de noche pasaban vehículos, autos y camionetas, pero que ellos no salían a ver. Aquí probablemente se unan el miedo a la represión y su pobreza que los alejaba de cualquier intromisión con el hecho de que para esos años los entierros ya pueden haber concluido. De todas maneras no tenemos fechas ciertas lo que obstaculiza la investigación.

Un militante social y su mujer, presente en las cercanías del pozo en la tarde del viernes 19 de julio pasado, expresaron que iban casi todas las tardes para “...cuidar...”. La idea de cuidar un [1] La realidad laboral impide ver la importancia del sitio que de confirmarse como fosa colectiva de la última dictadura se convertirá en espacio de memoria social contrahegemónico.

pedazo de campo hacía especial y llenaba de sentido ese espacio. Pactada una cita se realizó una entrevista con este viejo militante social el último sábado de agosto en su domicilio. Por razones de seguridad no damos datos precisos del informante y usaremos el nombre de Pedro solamente. Resultó ser un informante modelo, para entender tanto lo anecdótico del pozo como la expresión de la búsqueda de la memoria.

 “... Todos los datos, más haber sido amigo y compañero de gente que desapareció, no hay duda que hubo genocidio, es importante para esclarecer y por la objetividad de los hechos se diga acá están...”[9]

Fue militante peronista en los setenta y la represión aunque no lo toco a él físicamente lo afectó profundamente. Su búsqueda de pruebas es la búsqueda de la justicia o por lo menos de una verdad que sea clara y evidente para toda la sociedad. Esto es una reafirmación y convalidación de su pasado militante, la legitimación de su compromiso y opción de lucha. Desde grupos marginales al poder en el peronismo tras el regreso a la democracia ha seguido militando a favor del cambio social y político.

Su historia de vida lo lleva a buscar las huellas de la dictadura en los desaparecidos. En los ochenta trabaja con grupos de derechos humanos donde se denuncia fosas colectivas “... Todo el mundo dice conocer pero nadie el lugar exacto. Hasta cuando estaban cavando no daban el lugar preciso...”[10],  aquí en la entrevista él mezcla los tiempos, los 80 con el presente de cavar en el pozo de Vargas. “...Hay referencias como también la del Arsenal donde se dice que había campos de concentración y fosas comunes, cementerio del norte donde dicen de que cortaban la luz y policía y ejército tiraban gente...”[11]. Su preocupación por buscar cuerpos fue una constante a través de declaraciones, de rumores, de datos comentados. Siguiendo las declaraciones de Juan Martín ante la CONADEP trata de rastrear posibles lugares de entierro “... Juan Martín...  habla de un pozo. La idea de un pozo siempre hubo...”[12], este es uno de los datos que luego cruzará con otros para llegar al presente.

Según comenta el año pasado un grupo de ex represores estaban buscando vender datos sobre fosas comunes a medios de comunicación o a quién quiera pagarlos y en eso llegan a ofrecerle los datos a un amigo suyo, ex-uturunco[13]  y militante social, Juan, quién le comenta la situación. Ante la carencia de dinero para compra los datos él le recomienda que les siga el juego para ver que les podía sacar. “... Los tipos daban vueltas y nunca se concretó que dieran la información pero le dicen al uturunco que en la finca de Vargas de citrus se había tirado gente y que cerca había una vía. Eso quedo como dato... ”[14]. En su búsqueda, que es en realidad la búsqueda de un colectivo social comprometido con el pasado, se conocen e intercambian datos y se construye una especie de archivo mental sobre lo conocido. En su militancia social, en una villa, el uturunco le cuenta su historia de militante a un viejo carrero que ante la sinceridad le comenta que cerca de su casa había un pozo donde tiraban gente, la finca de Vargas. Aquí se cruzan los datos con los dados por los ex represores. Entonces los dos van a entrevistar y grabar al viejo y les cuenta de que “... los milicos lo usaron para tirar gente viva y muerta,  de todo ahí. Que a eso de las 23 apagaban la luz y empezaban movimientos de vehículos y que de día no custodiaba nadie el lugar y ellos se acercaban y que alrededor del pozo había zapatos, sangre y que una vez había olvidada una camilla...”[15]. Esta es la constatación real de lo que estaban buscando y si bien el viejo se negaría a declarar ante la justicia ellos consiguieron que les indique el lugar exacto del pozo, donde fueron el 8 de octubre del 2001 llevados por un amigo  en camioneta “... porque no teníamos para  el ómnibus. Nos dijo: donde empiezan los postes contar entre el 4º y 5º poste y de ahí recto a la derecha 12 metros y ahí era el pozo...”. La decisión allana los problemas y toman fotos del sitio donde apenas se percibe una depresión redondeada como una sombra del pozo. Interrumpe la entrevista y busca las fotos para que pueda verlas y comprobar la imagen, que realmente muestra un círculo de tierra deprimida con un color más tenue que el resto. Ya en el lugar continúan sus pesquisas tratando de entrevistar a la gente de la zona pero no reciben respuestas, en general evasivas o dichos por terceros. Van a evaluar con su compañero uturunco la situación tras el esfuerzo que significó la búsqueda. El problema es cómo dar a conocer la noticia y cómo lograr que la sociedad o la justicia se interesen.

"... Otro problema era como hacer que alguien te dé bola para que se investigue si era verdad o mentira eso. Entonces uturunco charlando con Romero que también tenía datos pero no el lugar exacto. El negro le da los datos y Romero le pide para denunciar. El negro me pregunta y evalúan que si ellos denuncian y si el juez los recibe... que a él le van a dar bola porque es ejecutivo de Miranda y le damos los papeles y denuncia..."[16].

Toman la decisión de darle los datos obtenidos al Director de Transportes de la Provincia Romero quién será el denunciante público ante los medios de comunicación por el efecto social que tendría la denuncia en un conflictivo momento político en la provincia. La lucha por la reforma constitucional actúo de plafón e hizo eco público a la denuncia pero como es una noticia escabrosa incluso para el partido gobernante que no tiene intenciones de investigar a fondo el problema de las desapariciones no se avanzó en el tema. Pedro se aseguraba la difusión de la noticia y su anonimato a la vez y podía seguir investigando el caso. De esta manera se lo encontró en el sitio del pozo en julio, “cuidando” el lugar.

Una vez hecha la denuncia pública doce hijos de desaparecidos iniciaron la querella judicial que abrió la investigación en el pozo a cargo del Juez Federal Terán quién convocó al autoconstituído Grupo de Arqueología y Antropología Forense de la provincia que actúan como peritos llevando a cabo la excavación.

Esta investigación particular devuelve sentidos a la búsqueda de justicia como un fin propio junto a la preservación de la memoria social de hechos deconstruidos por la memoria oficial o por el olvido. La búsqueda de Pedro legitima su pasado y lo une a su presente de lucha social en un continum sin fin que desde posiciones cotidianas vela por la justicia y la memoria. Su compromiso esta anclado al pasado pero lo proyecta sobre el presente resignificando su lucha política.

La entrevista a Alejandra, hija de madre desaparecida, en torno pozo nos habla de la memoria. Ella no conoce muy bien los hechos que llevaron a investigar en el lugar pero como hija de desaparecidos desea encontrar, si es posible, pruebas que ayuden a hacer justicia. Junto a otros hijos de desaparecidos y a militantes sociales acudió casi todos los días en el primer semestre a “custodiar” el lugar, lo que significa acompañar el proceso de investigación y apoyar moral y materialmente a los que trabajan de hecho. Estudiante universitaria de Trabajo Social su compromiso con la sociedad y la política no toma los carriles partidarios usuales sino que se expresa en torno a los derechos humanos y a la militancia social.

Por su padre y por amistades conoce de “buchones“, ex represores que quieren vender información sobre desaparecidos durante la dictadura, pero ninguna información o dato es precisa.  A principios de este año 2002 con familiares de desaparecidos se estaba reuniendo por el problema del Corralito financiero cuando conoce la denuncia de Romero sobre el pozo de Vargas.

"... Romero hace la denuncia como cuestión política en contra de Bussi. Debe ser que él compró la información. Dice que ese investigue pero nadie le cree nadie entiende bien..."[17].

Si bien no conoce los principios de la investigación ella ubica muy bien la realidad de intereses políticos de la provincia y el papel que cada uno juega. La denuncia está claramente enmarcada en un contexto de luchas partidarias sin fin ético alguno.

Sin precisar los datos, habla de siete querellantes o marzo o abril como inicio de la investigación, hace un seguimiento del caso por su participación en el lugar como custodia militante y por las reuniones que mantuvo con otros interesados en el tema. Presencia los primeros sondeos para buscar el brocal del pozo y el trabajo del Grupo del Arqueología y Antropología Forense.

"... Cuando encuentran la boca, al costado, encuentran el  brocal del pozo y ahí empiezan a buscar hasta que se ve que es una cisterna y pasó como un mes que no se hizo nada..."[18]

Forma parte del grupo de apoyo permanente que se reúnen todos los jueves a las 20 hs. en el Movimiento Ecuménico de calle Piedras al 300, donde “... cada vez se suman más familiares...” [19]. Este grupo consigue que la Universidad Nacional de Tucumán les arme un tinglado de 10 por 10 metros encima del pozo para protegerlo de las lluvias y para que se pudiera trabajar. Su interés es su preocupación por el trabajo. El mes sin trabajos en el pozo por falta de medios la moviliza porque aleja la posibilidad de encontrar “algo”. Su búsqueda de memoria está íntimamente unida aquí con su búsqueda personal, la de su madre.

Los inicios de la excavación descubren la boca del pozo y relleno de materiales que coinciden con testimonios de la zona. Aunque por orden del Juez sólo pueden pasar los investigadores, ella esta al tanto de todo desde la cerca perimetral, mide la boca del pozo de 4 metros, sabe del relleno que se saca, se preocupa por la presencia de los trabajadores, hace un seguimiento consciente e inconsciente del problema del pozo al cual no puede acercarse por orden judicial.

"... Con el grupo forense, con ellos tenemos un trato pero tratamos que nuestra relación no se vea como de amistad. Se separaron las cosas para que no haya problemas. No dan declaraciones a nadie. Nosotros sí..."[20] .

Apoya y conoce la situación que vive pero entiende perfectamente el manejo de las formalidades en la justicia y en la sociedad que inhiben a los interesados de formar parte en la investigación de la causa. Por lo que apoya constantemente y brinda información pero limita sus expectativas para no interferir.

El trabajo del grupo con el que se reúne los jueves en el Movimiento Ecuménico es el motor de la memoria. Ellos son los que apoyan moral y materialmente la investigación. Para finaciarla han realizado bonos contribución, han puesto dinero propio y han realizado un Festival el sábado 29 de julio en el Club Caja con grupos musicales locales. El compromiso es personal pero también social y lo expresan en la búsqueda social de fondos que significa un compromiso material y en el caso del Festival a través de llevar a la sociedad el problema y los caminos de solución.

"... El Festival por la Memoria, Vida y la justicia..." [21] me dice y busca el cartel impreso del Festival realizado, que decía “por la Verdad, Memoria y Vida”. Ella incorpora justicia como deseo propio ante la realidad personal que no duda de la verdad de la represión sufrida.

El problema de financiamiento, dado que los costos son altos se une al del reconocimiento social y legal y buscan y consiguen que la legislatura decrete de interés legislativo el pozo y aporte dinero. Si bien el dinero es importante para la concreción material de la investigación, paralelamente han conseguido una victoria social incorporando al Estado a través de su cuerpo legislativo a la discusión y solución del problema. Ahora están los familiares, interesados directos, la justicia como investigadora formal del hecho ante la denuncia, los militantes sociales y de derechos humanos solidarios y el cuerpo representativo de la sociedad, la legislatura, que legitima la búsqueda y da pié a un futuro compromiso de justicia.

"... nunca se hizo una investigación como esta, puede estar mi madre o no puede estar. No importa que estén nuestros familiares, importa que se encuentren algunos para que se haga justicia, aquí todos sabemos quienes son los responsables para que se haga algo..."[22]

La investigación debe concretarse para que se haga justicia, lo que permite recuperar la memoria. Memoria es sinónimo de una justicia que no quede solamente en lo simbólico sino que también tome instancias concretas y reales de índole institucional. Su preocupación es suya y de los demás, busca pruebas físicas (aunque no sea sobre su madre específicamente) pero que abran el camino de una reparación en la justicia.

"... La primera etapa encontrar el pozo, la segunda ver como estaba, localizarlo y la tercera la más importante la "hay o no hay"..." [23]

La evolución de la investigación en el pozo es seguida con atención porque es el paso concreto de pruebas que lleve a otras instancias. La unión del grupo humano que apoya moral y económicamente la investigación permitió ampliar la denuncia pública sobre la desaparición de personas y poner en discusión la crisis en la justicia. Reparar lo simbólico de la memoria y de las luchas sociales de los setenta se une a la búsqueda de justicia en un presente que exige de esfuerzos de compromiso personal. En todo esto se involucra a la sociedad y al Estado que tantas veces ha estado ausente de la vida de sus ciudadanos.

La última entrevista fue realizada a Patricia Arenas, antropóloga, profesora de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT miembro del Grupo de Arqueólogos y Antropólogos Forenses de Tucumán. En su calidad de perito implicada en la investigación me aclaró desde un principio que el grupo tiene como decisión no dar información específica del trabajo realizado hasta tanto no se cumplan los plazos legales.

En el comienzo de la investigación el juez limitó la búsqueda a un pequeño cuadro del terreno y ellos, que son un grupo nuevo donde se están afianzando en el trabajo y en las relaciones cuadricularon la zona e inmediatamente vieron que era el lugar incorrecto. Por eso pidieron permiso para excavar a unos 10 metros donde finalmente encontraron el pozo cuyos primeros metros están rellenos con material de construcción como ya lo habían advertido las entrevistas a gente de la zona. Hicieron un relevamiento de la zona que estuvo con caña pero ya en los setenta tenía citrus evidenciado en fotos aéreas del 76 en vuelos militares probablemente con fines en la represión.

Su profesionalismo no la aleja de una vida de activa participación social, cultural y política donde los derechos humanos son un principio. Entiende su trabajo desde el compromiso social con proyecciones al presente.

"... Para nosotros memoria es acción, no museografía que es cosa muerta ... memoria siempre remite al pasado, hay que hacer que remita al futuro ... "[24]

Si no se recuerda se repite el pasado, recordar significa entonces romper con el pasado y da lugar simbólicamente a la diferencia que marca el progreso, el cambio mirando hacia el futuro. El trabajo en el pozo moviliza imaginarios diversos en la sociedad y para ella la memoria debe cumplir un rol vivo y actual, debe conectar el pasado con un presente de acción y compromiso. Esto es un reflejo de su participación profesional en el grupo que investiga el pozo, un problema de la sociedad entera.

"... Nosotros no queremos que paguen los familiares, ellos son las víctimas del Estado y queremos que pague el Estado, es una cuestión política, el Estado y la justicia tienen que pagar... "[25]

El problema se devuelve a su entorno social, es un problema donde el Estado es actor fundamental y debe hacerse cargo financiando el trabajo de investigación. Si bien familiares y militantes aportan para la investigación y el grupo de peritos no cobra, los costos son altos, esto es para ella una responsabilidad del Estado que debe asumir el costo material lo que simbólicamente significa asumir el costo político del pasado que se está desenterrando. No es un planteo de costos económicos sino de responsabilidades políticas hasta ahora negadas por el Estado y por una justicia que avaló el accionar ilegal de la represión aún después del regreso a la democracia a través de leyes de impunidad. Es un reclamo que pone en el tapete al Estado y a la justicia, dos grandes ausentes de este que es un problema social que discute la memoria en el presente.

[¿En caso de que no haya nada en el pozo?] “... Fantástico, no importa. Pero los derechos humanos tienen para festejar y nosotros nos consolidamos como grupo. La gente va a poder hablar...”[26].

En esta etapa de la investigación, a mitad de camino, no se puede asegurar obtener pruebas concretas de que el pozo sea una fosa colectiva de la dictadura. Sin embargo esto no presenta un problema ya que el trabajo de investigación y la publicidad del caso llega a la sociedad a la que le recuerda su pasado e instala el tema para la discusión social. Los derechos humanos tienen para festejar el hecho que se ha dado un paso más en la búsqueda de pruebas, de evidencias que confirman el reclamo de una justicia pendiente todavía. Y para el grupo de trabajo es una prueba de fuego ya que los consolida en el terreno del trabajo y en el del compromiso que tienen entre sí y para con sus ideas.

Conclusión:

Aquí el silencio y el olvido deben ser conjurados por la memoria[27]

La historia y los derechos humanos nos muestran caminos discontinuos. El siglo XX y el período 1976-1983 en Argentina son un muestrario de crímenes y abusos colectivos. Este trabajo sobre el denominado Pozo de Vargas pretende ser un acercamiento al problema de la memoria y de la justicia. Todavía se está investigando así que no hay pruebas ni conclusiones definitivas y muchos implicados en el tema no han podido ser entrevistados. La memoria como construcción social está presente en torno al pozo que cristaliza como probable evidencia material del accionar represivo del Estado. Esto tiene diferentes sentidos en distintos sectores de la sociedad, para el partido gobernante en la provincia es impugnación del enemigo político, para ciudadanos no interesados es muestra de compasión solidaria, para empleados judiciales es trabajo aséptico. Pero es el sector social de militantes el que lleva adelante la investigación con su compromiso en pro de una verdad que a todas luces concrete pruebas de una realidad negada por la negligencia y por la historia oficial. Estos actores sociales demandan justicia y protestan contra la impunidad, buscan la reparación simbólica junto a una reparación institucional. La memoria se construye desde una práctica de resistencia al poder hegemónico imperante constituyendo espacios alternativos de produccióon de la memoria[28].

La memoria legitima el pasado de compromiso social y busca hoy no sólo la verdad que evidencie la represión ante la sociedad sino también una reparación ante la justicia. Se implica a la sociedad instalando la discusión acerca de los derechos humanos a través de la búsqueda de las pruebas y se responsabiliza al Estado de un accionar que pretendió negar de hecho o por consciente omisión tras el regreso a la democracia. Ahora la memoria se vuelve herramienta de lucha social por una futura justicia.

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Fuentes:

Diario Siglo XXI, Tucumán.

Diario La Gaceta, Tucumán.

Entrevistas realizada por el autor en San Miguel de Tucumán, meses de julio a setiembre de 2002.



[1] Graciela Browarnik y Marina Demarchi: Recordar el silencio, en Revista Voces Recobradas, año 3 nº 10, Instituto histórico de la Ciudad de Buenos Aires, abril de 2001

[2] Un miembro del Comando Zonda, judíos obligados por los nazis a limpiar las cámaras de gas, se impone a sí mismo sobrevivir para contar la verdad, en Bruchfeld S. y P. A. Levine: De esto contaréis a vuestros hijos... Un libro sobre el holocausto  en Europa, 1933-45, Secretaría de Gobierno de Estocolmo, 1998, págg 60 y 61.

[3] José E. Milmaniene, La  memoria como mandato ético, en Pablo M. Dreizik (compilador): La memoria de las cenizas, editorial Patrimonio argentino, Buenos Aires 2001, pág. 99.

[4] Esta operación se evidencio en el caso del pedido de extradición del ex presidente de facto de Chile, Pinochet, en noviembre de 1998, siendo tratado por todos los diarios del mundo. c.f. Diario La Gaceta de Tucumán.

[5] Esto fue uno de los principales temas que despertaron la búsqueda de la memoria viva, el planteo sobre los derechos humanos y su vigencia.  Desde mediados del siglo XX en Inglaterra se empieza a recatar la historia oral como una forma de hacer historia, sujeta a nuevos condicionantes. La posibilidad de hacer hablar y rescatar los recuerdos de un nuevo tipo de actor social, individuos comunes, permitió ampliar nuestro entendimiento del papel del hombre cotidiano. Este tipo de trabajo que se extendió por el mundo y tomando fuerza en la última década en Argentina ha permitido cotejar la memoria viva con falseadas fuentes oficiales.

[6] Como el que se le hizo al represor y gobernador de Tucumán, Bussi en el año 1998, publicado en los diarios del país, del cual el autor participó como público.

[7] Esto no es exclusivo de Argentina. En medios periodísticos gráficos y televisivos empezaron a mostrar fosas comunes en Perú desde el mes de agosto de 2002.

[8] La realidad laboral impide ver la importancia del sitio que de confirmarse como fosa colectiva de la última dictadura se convertirá en espacio de memoria social contrahegemónico.

[9] Entrevista del autor con Pedro el 31-8-02

[10] ídem

[11] ídem

[12] ídem

[13] Los uturuncos fueron un grupo de militantes peronistas que en la década del 50 organizaron una proto lucha armada. No hay muchas referencias a este grupo que se ha convertido en una especie de mito para la resistencia peronista.

[14] Entrevista del autor

[15] ídem

[16] ídem

[17] Entrevista con Alejandra, miembro del grupo HIJOS en Tucumán, lunes 15 de julio de 2002.

[18] ídem

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[20] ibídem

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[24] Entrevista del autor con Patricia Arenas, antropóloga miembro del Grupo de Arqueólogos y Antropólogos Forenses en la provincia de Tucumán, que actúan de peritos en el caso del pozo, setiembre de 2002.

[25] ídem

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[27] Liliana Barela, A 25 años del golpe en Revista Voces Recobradas año 3 nº 10 pág 5

[28] El pozo puede convertirse en un lugar alternativo en el futuro. “... el estado monopoliza los espacios de producción de la memoria: los monumentos, las estatuas de los próceres, los museos, los desfiles y el propio sistema educativo ...” Jaume F.: El terrorismo de estado en la Argentina: memoria y política enla commemoración de la “Masacre de Margarita Belen”, ponencia presentada en el VI Encuentro de Latinoamericanistas Españoles, U. Complutense de Madrid.

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