ADAPTACIÓN Y CAMBIO CULTURAL EN LA
FERIA DE ALASITAS
Por: Fernando Cáceres Terceros
Agosto de 2002
Cochabamba, Bolivia
INTRODUCCIÓN
La Feria de Alasitas
es una manifestación cultural de mucha trascendencia en Bolivia. De este evento
participa prácticamente todo el país con concepciones simbólicas que varían
de un sector social a otro, manteniendo al mismo tiempo elementos comunes.
Las Alasitas ostentan un formidable
poder de adaptación. Los elementos de este fenómeno cultural conectan a las
generaciones presentes con los sentimientos religiosos ancestrales de las
antiguas culturas, cuyas expresiones perduran hasta la actualidad.
El presente trabajo siguió los siguientes objetivos:
(1) Efectuar una investigación
sobre los orígenes de esta expresión cultural para establecer su contacto
con Alasitas de la Actualidad.
(2) Identificar los elementos
de cambio cultural en cada época y relacionarlos analíticamente en su contexto
histórico y social.
(3) Elaborar las posibles interpretaciones
a las transformaciones, e identificar el significado actual de esta feria
en la sociedad.
La parte teórica del trabajo se sustenta
en referencias bibliográficas; la investigación se completó con visitas de
estudio a museos de la ciudad de La Paz. Las descripciones de la feria de
Alasitas son fruto de participación y observaciones directas.
Para la elaboración de interpretaciones y conclusiones
se recurrió a la sistematización de la información recopilada y a reflexiones
personales.
1. REFERENCIAS ARQUEOLÓGICAS E HISTÓRICAS
1.1. Referencias precolombinas.-
Existe evidencia de que la manufactura de objetos en miniatura en épocas
prehispánicas era una práctica bastante extendida entre las culturas de la
zona andina. Muchas de estas antiguas artesanías, algunas claramente identificadas
y otras sin ninguna filiación arqueológica, pueden ser observadas en museos
nacionales y en colecciones particulares. Ernesto Cavour, en su libro “Alasitas”,
hace referencia a figuras antropomorfas y zoomorfas en piedra, barro, y hasta
oro, pertenecientes a culturas que habrían estado presentes en los actuales
departamentos de La Paz, Oruro y Potosí. Señala que estos trabajos están realizados
en piedra negra basalto (extraída de minas precolombinas, a orillas del lago
Poopó) y en andecita procedente de la península de Copacabana.
En el museo Tiwanaku (La Paz) se exhiben
objetos pequeños hallados en la zona arqueológica de Tiwanaku. Se trata de
trabajos en oro, plata, cerámica y ocasionalmente otros materiales. Q’erus
(vasos ceremoniales) de 2,5 cm de altura, figuras de llamas de 4 cm, braseros
y cantarillos de barro de 5 cm de altura. De acuerdo a indicación de personeros
del museo, son recolecciones arqueológicas de la zona tiwanacota correspondientes
a diferentes épocas.
Ponce Sanginés[1], por su parte, concentra parte de sus investigaciones
en innumerables figurillas antropomorfas con elementos fálicos y gibas prominentes,
que en su opinión se remontan a la época del Inkario, y que de acuerdo a sus
observaciones se tratarían de predecesores del Ekeko colonial.
Según Paredes[2] las figurillas fálicas y diminutas a las que
Ponce hace referencia, serían remanentes de remotas fiestas sagradas del
solsticio de verano. Es importante señalar también a Posnasky que da cuenta
de que en fechas próximas al 22 de diciembre, en la cultura Tiwanacota “se
realizaban rogativas a sus deidades para que les traiga buena suerte, ofreciendo
miniaturas de cuanto anhelaban poseer o alcanzar.”[3]
Estas referencias demuestran que la
manufactura de miniaturas estaba muy difundida entre los pueblos precolombinos
de la zona andina y que originalmente habrían tenido un motivo agrícola. Las
figurillas estudiadas por Ponce Sanginés dejan entrever un simbolismo de fecundidad,
relacionado tal vez con el amor, el sexo y la felicidad. La cita de Paredes
arriba mencionada, es especialmente interesante porque señala elementos precolombinos
perfectamente identificables con las características místicas atribuidas a
las actuales particularidades de la feria de Alasitas. Es también de poner
atención al hecho de que, son de cuerpo delgado, con rostros de expresión
pétrea, desprovistas de vestimenta, con protuberancias gibosas y atributos
fálicos. La transformación que habría sufrido este idolillo hasta convertirse
en el risueño y colorado gordinflón de las alasitas, dan luz a la comprensión
de los fenómenos de Cambio Cultural que ocupan el presente trabajo.
1.2. Orígenes de la Feria de Alasitas.-
Como se ha visto en la explicación anterior, la fabricación de miniaturas
tiene origen precolombino. La manifestación cultural de “Feria de Alasitas”,
tendría por lo tanto, un referente Tiwanacota y seguramente anterior, por
lo tanto, los inkas habrían cultivado estas expresiones al heredarlas de esos
pueblos antiguos.
La Feria de Alasitas habría tenido
sus primeras expresiones urbanas en los años de la fundación de La Paz, o
más precisamente, luego de que los fundadores se trasladaran de Laja a las
orillas de río Choqueyapu. Paredes indica que el “Bachiller” Juan Rodríguez
ordenó esos días se celebrara una misa de la que participaron españoles e
indios. En tal ocasión “los moradores indígenas quisieron también, por su
parte, contribuir a solemnizar la fiesta nocturna llevando pequeños idolillos
de piedra en la mano unos, y otros ofreciendo en venta objetos diminutos de
arte o productos minúsculos, en cambio de piedrecillas planas, que era la
moneda usada”[4]
Siguiendo la referencia de Paredes,
la fiesta que se repetía anualmente cobró matices licenciosos, por lo que
fue prohibida en años posteriores por un obispo no identificado. Después del
histórico “cerco de La Paz” de 1781, don Sebastián Segurola restableció la
fiesta de las miniaturas trasladándola del mes de octubre al 24 de enero,
en acción de gracias a la Señora de La Paz[5].
La misma fuente comenta que la transacción se efectuaba con monedas de piedra,
y que poco apoco se había introducido nuevamente el culto al legendario idolillo,
que apareció por primera vez modelado en yeso.
Con relación a la figura del ekeko
clásico llegado hasta la actualidad, Díaz Villamil dice que la estatura petiza,
la cara redonda y colorada, y demás atributos físicos criollos, serían un
retrato colonial de un personaje “chapetón” llamado Rojas[6]. Esta afirmación está incluida en una leyenda
escrita por el autor citado, y podría explicar la trasformación física del
idolillo, pero lo más probable es que se trate de una versión totalmente
ficticia.
Después de las “monedas” de piedra,
según refiere Ernesto Cavour citando a diferentes autores, apareció la costumbre
de comerciar en esta fiesta con botones de cobre o bronce[7]. Esta modalidad fue muy popular durante la colonia y permaneció
esporádicamente hasta los años 50’. La presión del modelo económico urbano
y la fusión de expresiones modernas y ancestrales hizo que desapareciera esa
costumbre, por lo menos, en las ferias de las ciudades.
1.3. Etimología.- Todos los
autores coinciden en señalar que el vocablo “alasitas” deriva del verbo aymara
“alathaña” que significa comprar. El término “alasita” equivale a “cómprame”.
La palabra tiene sonoridad en diminutivo, por lo que puede entenderse algo
así como: “cómprame estas cositas”.
La palabra ekeko proviene de la alteración
del vocablo original “Ekhako”, o “Eqaqo” que directamente es el pequeño dios
de la fortuna. Paredes dice al respecto: “el Ekhako, popularizado con el nombre
alterado Ekhekho, era el dios de la fortuna y la prosperidad entre los antiguos
kollas. Al Ekhako se rendía culto constantemente; se le invocaba a menudo
y cuando alguna desgracia turbaba la alegría del hogar”[8].
2. ALASITAS EN LA ACTUALIDAD
2.1. Ambiente geográfico-cultural.-
Actualmente la Feria de Alasitas tiene, como siempre, su mayor esplendor en
la ciudad de La Paz. Cavour ha realizado una investigación bien detallada
de los diferentes lugares en los que se ha realizado esta feria desde el año
1926[9]. Siempre, a excepción
de algunos años, especialmente durante la Guerra del Chaco, ha tenido una
trascendencia y colorido únicos. La presencia de la fiesta se ha extendido
hacia otros departamentos: en Cochabamba tiene lugar el primer domingo de
octubre. En Oruro se inicia el primer domingo después de Todos Santos y todo
los domingos siguientes hasta después de los carnavales del próximo año (escenario:
plaza del folkore, o “cívica”).En la ciudad de Trinidad, Alasitas el 16 de
julio. En la sureña Tarija están presentes durante la festividad de San Roque
(primer domingo de septiembre). Desde 1972, siempre informados por Cavour,
las Alasitas se realizan también en Santa Cruz el día 24 de septiembre[10].
Alasitas en provincias no podían faltar.
El mismo Cavour registra que la feria tiene presencia en todas las provincias
andinas. En el departamento de La Paz son especialmente importantes las Alasitas
de Copacabana. En Cochabamba cobran notoriedad las Alasitas de “Urkupiña”,
que se efectúa en el mes de agosto en ocasión de la fiesta de la virgen del
mismo nombre, en Quillacollo. Presente también en Punata y otras provincias
vallunas. En la localidad de Tarabuco (Chuquisaca) la feria se luce paralela
a la festividad del Pujllay. En Salinas de Garci Mendoza; en la localidad
del Señor de Lagunas, y en muchas localidades del Ande se fusionan con las
festividades religiosas. En el oriente Boliviano Cavour señala que Alasitas
tiene presencia en Yacuiba, Cotoca, Montero, etc[11].
También más allá de las fronteras
bolivianas habrían llegado los aires de las Alasitas. Cavour refiere que “uno
de los primeros beneficiados en el extranjero con esta tradición, fueron los
hermanos Peruanos”[12]. Del
mismo modo indica que Alasitas está haciendo propias las localidades de La
Quiaca (Argentina) y Corumbá (Brasil).
2.2. Miniaturas y elementos simbólicos.-
La esencia de la Feria de Alasitas es la presencia de objetos pequeños manufacturados
artesanalmente. Estas miniaturas son trabajos que copian objetos de tamaño
real: casas, vehículos, comestibles, víveres, herramientas, instrumentos músicos,
etc. La gente que compra los objetos posee la creencia de que las miniaturas
adquiridas se proyectarán durante el año haciendo realidad la adquisición
de objetos verdaderos (de tamaño natural).
2.3. El Ekeko.- Un elemento
central es el Ekeko, “dios de la abundancia” o de la “fortuna”: personaje
trabajado generalmente en yeso; petizo, de vientre abultado; cabeza grande,
cara rosada con pómulos colorados; boca grande y sonriente, bigotes ralos
y ojos vivaces. Su expresión es de completa felicidad. Sus piernas son cortas
y tiene los brazos abiertos para cargar los objetos mas variados: bolsa de
arroz, fideo, azúcar y harina; varios comestibles, billetes, libros y periódicos;
charangos, guitarra, quena y zampoña; silla y canasta: En la espalda puede
llevar atravesando un catre, además de picota, pala, martillo, etc, etc. Los
Ekekos tienen tamaños entre 20 y 40 cm. Además de los de yeso, los hay trabajados
en madera, barro cocido, estaño, cobre, y ocasionalmente oro, plata y piedra.
Su vestimenta es pintada y de colores vivos, calza abarcas de gomas de llanta.
A los Ekekos grandes se los viste con bayeta de la tierra, faja y gorro indígena.
A veces lleva sombrero de ala. En la boca tiene un orificio donde sus devotos
le colocan un cigarrillo encendido para que “ fume”.
2.4 Yeso, lata, madera y cien especialidades
más.- La feria se halla organizada siguiendo rubros de artesanía. En el
área destinada a trabajos en yeso se exhiben los más variados elementos: casas,
Ekekos, animalitos, alcancías, estatuillas, adornos para paredes.... Generalmente
los artículos de yeso son adquiridos mediante rifas o “suerte sin blanca”.
Trabajos en lata: autitos, micros,
cocinitas, ollitas, garrafas, refrigeradores, computadoras, etc. Siempre copiando
a la perfección en una escala minúscula los elementos de la vida real y cuidando
hasta el mínimo detalle.
Mueblecitos de madera, muñecos graciosamente
pitados, trompos multicolores, “chocas”, y otros juguetes. Elementos de cocina,
tablas, cuchillos, ceniceros, etc.
Se puede encontrar guitarras y charangos diminutos.
En cuero se aprecian pergaminos, tambores, animalitos, etc.
Objetos muy significativos e infaltables
son los víveres en miniatura: bolsitas de arroz, harina y azúcar, cuyo contenido
es el comestible real. Paquetitos de café, té, gelatinas, etc. Alimentos en
conservas, latas de alcohol, detergente, jabón, pasta dental, y mil elementos
cotidianos. Todos mostrando una total semejanza con los objetos verdaderos,
copiando incluso sus diseños y marcas comerciales.
Hay trabajos en plomo, cobre y otros
metales. Las miniaturas de vidrio son otra atracción. Ropitas de todos los
tipos y trabajos de peluche y trapo. Se venden figuras de cerámica, chala
de choclo, palitos de helado, papel...
2.5. Los billetes de Alasitas.-
Otro elemento importantísimo es el dinero de Alasitas. Se trata de pequeños
billetes impresos con características singulares. Los hay de todo los cortes:
dólares, euros y moneda nacional. Todos llevan la identificación de “Banco
de la Fortuna” o “Banco de Alasitas”. Algunas ferias regionales identifican
sus propias instituciones, por ejemplo: “Banco de Urkupiña”, “Banco de Copacabana”
etc. También existen pequeñas representaciones de monedas metálicas, a veces
verdaderas, fuera de circulación.
2.6. Artesanía, folklore y comercio.-
Actualmente Alasitas es una feria criolla que tiene una importancia económica
muy significativa. Los artesanos, organizados en agrupaciones para velar sus
intereses, trabajan en algunos casos durante todo el año y a veces con toda
la familia, constituyendo esta actividad su única fuente de ingresos[13].
La feria tiene su mayor expresión
en la cuidad de La Paz, donde constituye un acontecimiento social y cultural
de gran importancia. A la inauguración asiste el propio presidente de la república
y el arzobispo imparte su bendición.
En las ferias se venden también comidas,
masitas, frutas secas y dulces, Junto a las artesanías nacionales es posible
encontrar objetos fabricados en China, Brasil y otras industrias. Nunca faltan
los juegos de azar y de habilidad. A veces conjuntos folklóricos improvisan
conciertos, y artistas plásticos exponen sus obras.
3. FENÓMENOS DE TRANSFORMACIÓN Y CAMBIO CULTURAL.
3.1. Concepción mítica original.-
La fabricación de miniaturas por las culturas prehispánicas fue una expresión
de religiosidad y tecnología simbólica. Las referencias anteriormente citadas
indican que esa actividad tuvo un referente agrícola (solsticio de verano),
relacionado con la fecundidad. La referencia de Posnasky[14]
es la más significativa cuando indica que los antiguos tiwanakotas volcaban
en sus miniaturas sus deseos de poseer alimentos y otros elementos para vivir.
Por los autores ya citados, se sabe
que durante la colonia la feria en sus orígenes no tenía un significado económico
y comercial. La transacción era simbólica, ya que se utilizaban piedrecillas.
Años más tarde, se usaban botones, costumbre que duró hasta la primera mitad
del siglo XX[15].
Las miniaturas originalmente representaban
elementos sin referentes de valor monetario. Estaban relacionados principalmente
a los alimentos y a la crianza de animales. Posteriormente, la simbología
de las miniaturas fue abarcando todos los objetos cotidianos y valorizables.
El antecesor del Ekeko fue originalmente
un talismán o diosecillo con apéndice fálico y espalda jorobada que intervenía
probablemente en asuntos de fecundidad y tal vez en el sexo y el amor. Al
decir de Paredes, “se le invocaba para protección y ante cualquier aflicción”[16]. Esto deja entrever que fue
una deidad familiar muy relacionada al hombre andino de las antiguas culturas.
3.2- Sincretismo y concepciones
contemporáneas. Actualmente Alasitas es una feria mestiza con dos facetas:
Por un lado el aspecto económico y comercial que moviliza un importante sector
social son sus efectos multiplicadores: Por el otro está presente el fenómeno
religioso- cultural que mueve en las personas sentimientos de fe y esperanza
de posesión.
En la ciudad de La Paz tiene un papel
central el Ekeko, que continúa siendo el dios de la abundancia. Se le habla
y se le trata con cariño para conseguir sus favores[17]. El lugar preferido para colocarlo es el dormitorio
y de vez en cuando hay que ponerle un cigarro encendido en la boca. Las personas
poseedoras de un Ekeko deben “cargarle”cada año con objetos apropiados que
interpretan los deseos de poseer y alcanzar de los miembros de la familia.
También existe la convicción (referida por personas creyentes) de que en el
hogar debe haber un solo Ekeko para garantizar la felicidad; dos, llevan a
la discordia y la infelicidad.
A las 12:00 del mediodía en la Feria
de Alasitas de La Paz, las personas compran lo que desean en la vida real
para ese año. Los que pretenden construir su vivienda compran calaminas y
ladrillitos. Los estudiantes pueden encontrar un diploma de bachiller o un
título profesional. Las madres de familia se aprovisionan de muebles y víveres.
Otras personas acuden a la feria para
buscar lotes, vehículos, herramientas, computadoras, teléfonos celulares pasajes,
pasaportes, etc., todo en chiquito, pero con la seriedad de los objetos reales.
En los demás departamentos el Ekeko
tiene menor trascendencia, o está totalmente ausente. Los otros elementos
mantienen el significado simbólico ya explicado.
En las fiestas religiosas regionales
las alasitas tienen una convivencia armónica con las manifestaciones católicas.
Muestra de este sincretismo religioso cultural se observa en la fiesta de
Urkupìña donde los objetos de alasitas comprados por los devotos son primeramente
ch'allados por ritualistas andinos, y luego son bendecidos por el sacerdote
católico, todo sin provocar ningún conflicto, ni en las instituciones, ni
en las personas.
3.3. Interpretación del cambio
cultural.- La feria de Alasitas constituye un complejo fenómeno cultural.
Como ya se ha comentado documentalmente, posee raíces prehispánicas, pero
hoy es prácticamente imposible reconstruir su fisonomía original. Las referencias
de la época colonial indican que cuando la festividad se manifestó en el ambiente
urbano, conservó algunos elementos conectados con la concepción religiosa
precolombina. Para entonces ya se habrían perdido muchos aspectos de fondo
y forma.
El pago con piedrecillas referido
por Cavour y otros autores, puede ser un remanente de modalidades de trueque
simbólico prehispánico influenciado por el concepto europeo de comercio. Tal
vez fue la manifestación de una tímida forma de mercantilización de elementos
sagrados como un intento de adaptación y acomodación de las comunidades rurales
a la vida urbana.
La transformación del Ekeko es particularmente
interesante. Físicamente ha sufrido cambios notables; su jorobado y desnudo
antecesor estudiado por Ponce Sanginés ha perdido la giba, ha adquirido vestimenta
criolla; su expresión facial, de andina y seria, se ha tornado risueña y rosada.
Ha engordado y ha abierto los brazos. Los objetos que carga representan muy
variadas concepciones, desde alimentos primarios hasta sofisticadas computadoras.
Este cambio puede interpretarse como
la adaptación de los elementos culturales precolombinos en la dinámica de
mantener vigencia y hallar acomodo en un nuevo modelo cultural dominante.
El resultado es la expresión genuina de la cultura mestiza representada en
el Ekeko moderno, concebido con los elementos de ambas culturas y que refleja
la variación paulatina en las ideas, valores y creencias de la sociedad.
3.4. Efectos en la sociedad y en
la cultura.- La feria de Alasitas es un evento de gran importancia, especialmente
en la ciudad de La Paz donde tiene su mayor realce. A nivel general, la festividad
produce movimiento económico muy significativo que se manifiesta en actividades
artesanales de gran variedad, movimiento comercial y dinámicas financieras
de efectos multiplicadores. Existe un sector de la sociedad para el cual la
fabricación de miniaturas es su principal fuente de ingreso, y según Cavour,
hay familias que pasan la vida recorriendo el país de feria en feria comerciando
sus artesanías[18].
La existencia de la “federación de
la feria de alasitas” Filial Cochabamba (Cavour, 1996: 70), prueba la importancia
que ha cobrado este fenómeno en su faceta de expresión comercial. La asociación
agrupa a artesanos y comerciantes para velar por sus intereses; sin embargo,
a pesar de la existencia de esa organización y otras similares, el trabajo
de los artesano está muy desvalorizado económicamente. Todo indica que los
fabricantes de miniaturas logran magrísimas utilidades, y con seguridad, muy
pocos han podido escapar de los círculos de pobreza que generalmente encierran
a los gremios de la mano de obra.
En el aspecto cultural, en la feria
de Alasitas, conviven armónicamente elementos sincréticos que ni a la ciudadanía,
ni a las instituciones ocasionan conflictos. Asimismo, la festividad del Ekeko
reúne por igual a personas que creen profundamente en el simbolismo místico
de las miniaturas, y a ciudadanos comunes que en las exposiciones solamente
encuentran objetos, arte, diversión y comercio vulgar. También asisten extranjeros
con motivaciones turísticas, artistas plásticos que buscan inspiración, investigadores
sociales, comunicadores y hasta antisociales que encuentran en la feria oportunidad
de efectuar sus fechorías.
Alasitas muestra un poder de adaptación
muy notable ya que siempre ofrece respuestas a las necesidades del grupo
que participa en ella. A medida que la vida contemporánea exige y crea nuevas
necesidades, aparecen en la feria los satisfactores adecuados en pequeñito;
ejemplo: cuando en la sociedad se popularizó la televisión, también su paralela
diminuta vio la luz en las Alasitas, lo mismo se puede decir de la computadora,
aparatos de fax, hornos de microondas... Hoy podemos encontrar teléfonos celulares,
tarjetas de crédito, visas para Estados Unidos, acciones de la bolsa, euros,
etc.
4. CONCLUSIONES
El presente trabajo permite puntualizar
las siguientes conclusiones:
(1) La fabricación
de miniaturas fue una práctica muy extendida en culturas andinas prehispánicas.
La feria de Alasitas tiene su origen en esas manifestaciones culturales que
originalmente tenían un referente agrícola relacionado con la fertilidad,
la abundancia y sentimientos de esperanza.
(2) El Ekeko es
un ídolo al que se le atribuye el poder de conceder fortuna, abundancia y
felicidad a sus poseedores. Su origen es precolombino y su antecesor, un idolillo
o amuleto desnudo, jorobado y con atributos fálicos, se remonta hasta antiguas
culturas andinas. El Ekeko actual conserva su posición original de dios de
la abundancia, pero ejerce sus poderes en una concepción de valores monetarios
y mercantiles perfectamente acomodados a la sociedad contemporánea. Se recrea
en la colonia, apareciendo luego con sombrero, reflejando la vida del mestizo
exitoso.
(3) Las innovaciones
culturales de Alasitas están directamente relacionadas con las necesidades
humanas fundamentales de la sociedad, donde los satisfactores son reflejados
en las miniaturas y artesanías de la feria que se adecuan a las exigencias
de cada época.
(4) La feria de
Alasitas no está desapareciendo, más bien continuará en su dinámica de adecuarse
a las características y necesidades que va demandando la sociedad, manteniendo
su espíritu original de proveer abundancia y fortuna, cuyos atributos seguirán
emanando de la magia de las miniaturas.
BIBLIOGRAFIA
CAVOUR, Ernesto Alasitas La Paz, Ed. MAQUEV,1996.
DIAZ VILLAMIL, Antonio Leyendas de mi Tierra, Ed. Urquizo, S.A.,
La Paz, 1989.
PAREDES, Rigoberto Mitos, supersticiones y supervivencias
populares de Bolivia. Imp. Atenea, La Paz, 1936.
PONCE, Carlos Tunupa y Ekako,Ed. Burillo, La Paz, 1969.
POSNASKY, Arthur “El Ekeko y las Fiesta de Alasitas”
Revista de Antropología de Bolivia, La Paz, 1942.