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ANTROPOLOGÍA DE LOS CUIDADOS EN EL ANCIANO: evolución de los valores sociales sobre la vejez a través de la historia

Manuel Lillo Crespo
Diplomado Universitario en Enfermería, ATS/DUE Servcio de Urgencias Clínica Vistahermosa, Alicante. Licenciado en Ciencias de la Salud: Enfermería. Licenciado en Antropología Social y Cultural. Asociación Cultura de los Cuidados, Universidad de Alicante.

INTRODUCCIÓN

Cada período histórico ha tenido para cada período de edad una significación y unas exigencias determinadas. La vejez ha sido objeto de una gran elasticidad de sinónimos, rodeándose de atribuciones y segmentos conforme a las circunstancias e intereses de cada tipo de organización social y en cada momento dado. La longevidad, en sí, no es un compartimento estanco que haya permanecido inamovible a lo largo de la historia y entre las diversas civilizaciones y culturas, sino que se ha ido modificando constantemente de acuerdo a unos valores socioculturales pertenecientes al grupo humano interpretador y esta interpretación ha determinado su posición dentro de la comunidad, su aceptación o rechazo, así como su propio cuidado en salud.

El objetivo principal que persigue este trabajo es el de mostrar los distintos valores bajo los cuales la vejez ha sido interpretada por diferentes culturas, a lo largo de la Historia hasta nuestros días, facilitando la reflexión sobre las ocupaciones, el rol y los cuidados del senecto, lo cual nos puede llevar a una mejor interpretación de la situación actual e impulsar la base de conocimientos dentro del área de los cuidados de Enfermería al paciente geriátrico. No podemos mejorar y caminar hacia el futuro de la profesión enfermera partiendo únicamente del ensayo y el estudio en el presente, ya que también se precisa de un amplio vistazo hacia el pasado.


MATERIAL Y MÉTODO

El presente trabajo de análisis conceptual, basado en la revisión bibliográfica y de corte antropológico ha empleado para la recolección de información: bases de datos del tipo de CINAHL, CUIDEN y MEDLINE, así como la consulta de artículos, manuales y libros como los que se presentan en el apartado de Bibliografía. El artículo que se apoya claramente en las bases de la metodología cualitativa se centra en la pregunta de investigación siguiente: ¿cuál es el valor que se le ha dado a la vejez a lo largo de los tiempos?, ¿difiere mucho de la situación que en la actualidad se le ha dado al anciano?. Por otra parte también nos aporta una visión histórica, en forma de cronología – destacando las etapas históricas más importantes – y que nos permiten establecer un hilo conductor ordenado a lo largo de los tiempos.

RESULTADOS


PREHISTORIA: LOS ALBORES Y EL COMIENZO

La Prehistoria la conforman dos períodos cronológicos: el Paleolítico y el Mesolítico. Entre estos dos se abarca desde el 600.000 hasta el 10.000 a C.
Los individuos que vivieron en esta época, lo hacían en tribus, las cuales determinaban la estructura social básica de convivencia y donde se planteaba como único objetivo: la supervivencia.

Las luchas, las cacerías, las dificultades adaptativas al medio y las enfermedades eran los elementos propicios para que no se pudieran alcanzar muchos años de vida, por lo que la población anciana escaseó en este período.

La longevidad era considerada como un valor especial, “sobrenatural”, con “protección divina”. De hecho, cabe la idea de que los chamanes y brujos fueran ancianos de la tribu.

Se consideraba al anciano como el depositario del saber y transmisor de la memoria del clan, ya que el hecho de alcanzar edades avanzadas suponía un privilegio. Durante estos períodos prehistóricos los cuidados en la vejez fueron patrimonio de la mujer de la tribu, quien se ocupaba de las tareas domésticas y del cuidado tanto del anciano como del niño.

A modo de conclusión se puede decir que la vejez en la Prehistória era vista desde una perspectiva positiva por su virtud en supervivencia; el ser anciano constituia un símbolo con un valor divino dentro de la tribu.


EGIPTO: EL ESPLENDOR Y LA SABIDURÍA

El anciano entra en la historia por un texto de un escriba anciano egipcio autoanalizándose, Ptah-Hotep, visir del faraón Tzezi de la dinastía V, redactado hacia el 2450 a C., el cual nos dice: “¡Qué penoso es el fin de un viejo! Se va debilitando cada día; su vista disminuye, sus oídos se vuelven sordos; su fuerza declina su corazón ya no descansa; su boca se vuelve silenciosa y no habla. Sus facultades intelectuales disminuyen y le resulta imposible acordarse hoy de lo que sucedió ayer. Todos los huesos están doloridos. Las ocupaciones a las que se abandonaba no hace mucho con placer, sólo las realiza con dificultad, y el sentido del gusto desaparece. La vejez es la peor de las desgracias que puede afligir a un hombre”.

Al anciano se le otorgaba un papel dirigente por la experiencia y sabiduria que le confiere su larga vida. Dentro de la cultura egipcia, la palabra anciano significaba sabiduría.

Existía una interesante relación de los ancianos egipcios con una función destacada en la sociedad, educador y guia de los pasos de los jóvenes, es decir, ejercían como consejeros.

En Egipto el anciano se contempla desde una visión positiva como pilar fundamental en la educación de los más jóvenes y como símbolo de sabiduría. Una vez más, era la mujer quien se ocupaba del cuidado del anciano dentro de la familia o la servidumbre doméstica constituida por mujeres, siempre que los amos perteneciesen a los estamentos más fuertes socioeconómicamente hablando, dentro de la civilización egipcia.


LA VEJEZ ENTENDIDA POR LOS GRIEGOS

La Grecia antigua fue cuna de la civilización occidental y nos dejó como herencia nuestra concepción del mundo. El giro del mito al logos, la percepción naturalista y su sentido de perfección, relegaron a los ancianos a una situación deteriorada. Para una sociedad que adoraba la belleza, la vejez no podía menos que significar una ofensa al espíritu; motivo de mofa en sus comedias que incluso fue considerada en sí misma como una tara. En general, la Vejez junto a la Muerte configuraban lo que los griegos llamaban Keres, es decir, el grupo de males de la vida, por tanto, la vejez sería considerada como un castigo.

En la sociedad griega existieron diferentes formas de entender la vejez. Una visión negativa del anciano nos la muestra la ciudad de Atenas donde la senectud fue perdiendo poder desde la época arcaica. En los tiempos de Homero el consejo de los ancianos sólo era un órgano consultivo ya que las decisiones eran tomadas por los jóvenes, sin embargo las numerosas leyes atenienses insistían en el respeto a los padres.

Por otro lado, en el período del rey Solon el poder se concentraba en el Areópago, institución aristocrática de ancianos inamovibles e irresponsables, que tenían amplios poderes. La llegada al poder de los demócratas significó la caída del Areópago que perdió sus facultades políticas y judiciales quedándole sólo las honoríficas.

Como resumen podríamos decir que Atenas permaneció fiel a la juventud. La actitud contraria la presenta la ciudad de Esparta, la cual tenía un senado, Gerusia, compuesto por veintiocho miembros todos ellos mayores de sesenta años, consecuentemente los espartanos respetaron a los ancianos por considerarlos transmisores de sabiduría.

Durante el período helenístico, los viejos robustos y ambiciosos tuvieron más oportunidades que en la Grecia clásica ya que fue una sociedad más abierta y cosmopolita y menos prejuiciosa respecto a la raza y la edad.

La figura de la mujer aparece en todas las épocas históricas de Grecia relegada al plano doméstico: dedicándose al cuidado de los niños, enfermos y ancianos.


LOS ANCIANOS EN EL MUNDO HEBREO

La otra gran fuente cultural de nuestra civilización occidental proviene de la tradición hebreo-cristiana. El mejor manantial para conocer la historia de este pueblo lo encontramos en el Antiguo Testamento que nos proporciona información no sólo de los acontecimientos históricos, sino de las distintas formas de vida de la época.

Los ancianos jugaron un papel importante en la conducción del pueblo hebreo (Ex. 3, 16) como describe la orden de Dios a Moisés: “Vete delante del pueblo y lleva contigo a ancianos de Israel” (Ex. 17,5). En el Libro de los Números podemos encontrar la descripción de la creación del Consejo de Ancianos como una iniciativa divina por lo que a estas entidades se le conferían grandes poderes religiosos y judiciales, prácticamente incontrarrestables en sus respectivas ciudades. Al institucionalizarse el poder político de la monarquía, el Consejo de Ancianos, es relegado a una función de consejeros, pero continúan teniendo un gran poder. Es durante el período del rey hebreo Roboam cuando el consejo pierde su poder y la imagen del anciano comienza a deteriorarse.

La derrota militar en el año 586 a.C. y la conquista de Jerusalén por los babilonios fue atribuida al alejamiento de la religión por parte del pueblo hebreo, por lo que supuso una revitalización de la misma y, en consecuencia, una mejora de la posición de los ancianos, los cuales, alcanzaron de nuevo el prestigio que poseían en los tiempos patriarcales y monárquicos. A partir del s.V los ancianos volvieron a perder progresivamente su influencia política.

Podemos afirmar que dentro del mundo hebreo el concepto de longevidad sufrió grandes polarizaciones pasando de visiones positivas a negativas causadas por acontecimientos sociopolíticos. Sin embargo, la mujer continua ocupando el papel principal en los cuidados al anciano.

ROMA Y EL CONCEPTO DE VEJEZ

La cultura romana se caracterizó por: la tolerancia, la capacidad de adaptación, su sentido práctico de la vida y, por último, su cosmopolitarismo.

Aunque en un principio se ha hablado de la visión pesimista que los romanos tuvieron de la vejez, el anciano fue un personaje muy considerado en los textos de esta época, de hecho se plantearon los problemas de la vejez desde casi todos los aspectos: políticos, sociales, psicológicos, demográficos y médicos. De los registros existentes en la época podemos extraer que la cantidad de ancianos en la sociedad romana era mucho mayor que en la griega, y que entre éstos abundaban significativamente los varones, debido a la alta mortalidad en el parto. Este envejecimiento de la población fue especialmente relevante en Italia en el s. II.

El Derecho romano concedía autoridad al anciano en la figura del Pater Familia, que ostentaba un poder tan grande sobre la familia y esclavos, que hizo que llegaran a ser odiados y temidos. Esta concentración de poder estableció una relación intergeneracional tan asimétrica que generó grandes conflictos y condujo a un verdadero odio hacia los viejos. En cuanto a la mujer aparece la figura de la Mater Familia que aunque permanecía en un segundo lugar, gozaba de la simpatía y tolerancia de la prole. No debemos olvidar que la mujer vieja y sola fue brutalmente menospreciada (Mederos y Puente, 1996).

La época de oro de los ancianos fue la República, donde se confiaba el poder político a los hombres de edad avanzada. A partir del s. I a.C., se produjo un período inestable y los valores tradicionales cambiaron. Augusto inauguró un nuevo período floreciente para las artes y la economía y menguante para el poder del Senado y de los ancianos. Al perder el poder familiar y político, los ancianos que se habían convertido en tiranos cayeron en el desprecio y sufrieron los rigores de la vejez. Este desprecio no se generalizó a toda la población anciana, ya que, como hemos dicho anteriormente los romanos eran muy tolerantes y juzgaban a los individuos, no a un período de la vida.

En los primeros años del cristianismo, los ancianos continuaban ostentando un cierto poder y eran respetados, pero a partir del s. V, ésto comienzó a cambiar, el anciano va perdiendo poco a poco su poder y la vejez se convierte en un símbolo negativo cuya llegada va a ser temida por todos. Los ancianos no son tomados en cuenta por el cristianismo ya que representa a un hombre intemporal, pero hay que destacar la importancia que se da en esta cultura al cuidado de los necesitados entre los que sin duda abundaban los ancianos (Mederos y Puente, 1996).


LA VEJEZ EN LA EDAD MEDIA:

La denominada “Edad oscura” o “Alta Edad Media”, del siglo V al X, es la época de la brutalidad y del predominio de la fuerza. En semejante ámbito cultural, no es difícil imaginar el destino de los débiles, lugar que les corresponde a los viejos. Para la Iglesia no constituyó un grupo específico, sino que estaban en el conjunto de los desvalidos. Fueron acogidos temporalmente en los hospitales y monasterios, para luego reencontrarse con la persistente realidad de sus miserias.
En el colectivo eclesiástico, los ancianos fueron numerosos, aunque en sus escritos no dieran importancia a la ancianidad. Es lógico pensar que llegasen a viejos, ya que vivían dentro de los monasterios, resguardados del mundo y con un nivel de vida superior al resto de los individuos.
Primó la ley del más fuerte, por tanto, los ancianos estaban desfavorecidos. Sin embargo, ese ambiente supersticioso, morigeró la rudeza y los débiles, a pesar de todo, no lo pasaron peor que en otros períodos desfavorables. Ellos estaban sujetos a la solidaridad familiar para la subsistencia.
En los primeros siglos del cristianismo, a partir del siglo V, la vejez se convierte en un símbolo negativo y su llegada va a ser temida por todos.
La Iglesia no tuvo una consideración especial para los ancianos. Ejemplo de ello, lo podemos observar al estudiar las reglas monásticas. La “Regla del Maestro”, conjunto de reglas monásticas del siglo IX, desplaza a los ancianos a labores de portero o pequeños trabajos manuales.
En el ámbito de la moral, los autores utilizan la vejez como imagen alegórica del pecado, teniendo una visión pesimista de la ancianidad, siendo ésta un mal proveniente del castigo divino por los pecados del hombre. Con esta perspectiva, el único interés que existe por la vejez en el cristianismo es la imagen de fealdad y decrepitud, la cual utilizan para representar el pecado y sus consecuencias.
Pero existen diferencias entre el anciano y la anciana. Le Roy Ladurie estudia en su obra “Montaillou: una aldea occitana” , ambas situaciones. Por un lado, los ancianos de esta comunidad no tienen una buena situación. El jefe de la casa familiar es el hijo y el trato que de él reciben sus ancianos padres es bastante tiránico y éstos no osan realizar cosa alguna sin consultarle. Por otro lado,, “ La vejez de las mujeres no es igual a la de los hombres. La mujer montailonesa, oprimida como joven esposa, luego amada por sus hijos al llegar a la vejez y respetada como matriarca”. (Le Roy Ladurie)
Siguiendo a Georges Minois, el límite de la actividad es la incapacidad física. Mientras el anciano pueda seguir cumpliendo con su trabajo no es visto como tal. Al llegar el momento de incapacidad los nobles cuidan de sus ancianos en sus castillos. En los monasterios acogen a los que pueden costearse el retiro. El que peor parado sale es el campesino que queda a merced del cuidado que puedan darle los hijos y sólo le queda la memoria del grupo. En el caso de no existir hijos y si además es mujer anciana y sola, la situación es doblemente lamentable.
La peste negra fue una catástrofe que afectó a toda Europa cuando en el año 1348 penetra por Génova procedente de Asia Central, matando a más de un tercio de europeos. Se ensañó especialmente con niños y adultos jóvenes por lo que el número de ancianos sufre un considerable aumento, de 1350 a 1450. Los ancianos, en ocasiones, se convierten en patriarcas. Su mantenimiento les quedó frecuentemente asegurado. La vinculación entre las generaciones se vio facilitada. Aunque de nuevo, durante el siglo XV, se presentó el problema de la escasez de mujeres casaderas y la alta diferencia de edad entre cónyuges y las respectivas secuelas sociales de aquello.
Resulta paradójico concluir diciendo que la peste favoreció a los ancianos quienes ganaron posición social, política y económica.

LA LOGEVIDAD EN EL RENACIMIENTO:

Durante el siglo XV las gentes se fueron entusiasmando con el descubrimiento de las bellezas escondidas del mundo grecorromano el cual yacía sepultado. A la Europa Occidental le atraían los griegos antiguos, cultivadores de la belleza, juventud y perfección. Se renovaba, de esta manera, el horizonte cultural.
Este naciente espíritu individualista que florecía, tras siglos de encierro en pequeñas ciudades amuralladas y pestilentes, ahogados de miedos y violencias, rechazaron sin disimulo la vejez. Asimismo, todo aquello que representaba la fealdad, decrepitud inevitable, el carácter melancólico y la decadencia. Fueron, quizás, los tiempos más agresivos contra los ancianos. Pero, más aún, contra las ancianas.
El desprecio a la vejez se manifiesta en las artes y en las letras. Los pintores italianos ignoran la vejez, los flamencos y alemanes se ensañan con ella, especialmente con la mujer vieja, a la que representan arrugada y decrépita asimilándola a la imagen de la bruja con la que tanto se ensañó la Inquisición.
A partir de 1480 la recuperación demográfica hace resurgir a la juventud. El aumento de jóvenes que arrollarán a los viejos, la utilización de la imprenta y la sistematización de los registros de las parroquias, van a hacer perder la función que el anciano tenía de ser la memoria del grupo.
El arquetipo humano del Renacimiento lo personificaron los cortesanos y los humanistas. Ambos rechazaron a los viejos, pues representaban todo aquello que quisieron suprimir.
La menor violencia durante el siglo XVI permite a los varones llegar a edades más avanzadas. En los medios aristocráticos acontece lo mismo con las mujeres, rompiendo con lo que había sido la tradición: de seguro a consecuencia de una mejor higiene en la atención de los partos en ese medio social. Es probable que la actitud de cortesanos y humanistas respecto a la vejez era solo una postura literaria, pues en la realidad cotidiana, la relación era más benevolente.

EL MUNDO MODERNO: NOVEDOSO Y CAMBIANTE

El Estado del mundo moderno fue impersonal, reglamentado y el poder se caracterizaba por ser representativo, es decir, basado en la delegación del pueblo. Se entiende que, en este sistema, surgiera la progresiva despersonalización y el creciente predominio de los funcionarios de la nueva organización, para cuyo retiro se inventó lo que hasta nuestros días hemos llamado “jubilación”. Este fenómeno supone una visión economicista y especializada del cuidado del anciano que durante siglos había sido realizado desde la familia, sin ningún tipo de remuneración y entendido como un deber independiente y familiar, mientras que es a partir de este momento y con la llegada de la Revolución Industrial, cuando al ser humano se le valora por el trabajo que ha realizado al servicio de una institución pública, privada, de forma autónoma, etc... y el Estado se siente obligado a compensarle ante el resto de la sociedad.
En la actualidad, un hito muy significativo en la biografía de todo ciudadano laborante, dentro de la estructura económica del Estado es la jubilación. Palabra tomada del latín "jubilare" que significaba "lanzar gritos de júbilo" En su origen nació como una recompensa a los trabajadores de más de cincuenta años. Según Simone de Beauvoir esta era la recomendación que hacía Tom Paine en 1796. Ya se conocen pensiones en los Países Bajos a los funcionarios públicos en 1844. En Francia los primeros en obtenerlos fueron los militares y funcionarios públicos; luego a los mineros y otras labores consideradas peligrosas. Desde un punto de vista económico, se pasa de una gratificación benevolente a un derecho adquirido para dar un estipendio unos pocos años después de cierta edad, en la cual, probabilísticamente, hay una declinación de rendimiento. Así se crean los sistemas de seguros sociales y todo un modo de estudio de probabilidades de sobrevida. Con el aumento de las expectativas de vida, se mantiene el procedimiento, aunque postergando la edad de jubilación, en el bien entendido que si el viejo ya no es productor, a lo menos, mantenerles un cierto nivel de consumidor.
Sin embargo, es en esta época todavía cuando el anciano continua recibiendo los cuidados desde dentro de la familia. La incorporación de las mujeres al mundo laboral estaba despegando, así que en general, todavía se consideraba labor para ella el prestar los cuidados domésticos, entre los que se encontraban el de los ancianos de la familia. En países como España, todavía existía un gran número de habitantes en las zonas rurales, lo cual ayudaría a que el problema no trascendiera al Estado de forma tan acuciada hasta más tarde.
Es ya a finales del siglo XIX cuando se comienza a separar a la vejez de la enfermedad del anciano y nace por un lado la Gerontología y por el otro la Geriatría.

EL MUNDO CONTEMPORÁNEO: VIOLENTO Y EN BÚSQUEDA

En esta etapa lo más preeminente ha sido la cultura tecnocientífica, la cual ha sido la que más ha influido en la vida de los ancianos. Éste no solamente ya no es el depositario de la sabiduría aceptada como en épocas anteriores, sino que al contrario, es el más alejado del conocimiento moderno, porque es el que ya no aprende. Nos encontramos en una época en la que hay una decadencia del concepto experiencia, es decir, la experiencia incluso laboral. La experiencia no es apreciada porque representa el pasado. Además física y estéticamente, el anciano ocupa un papel no deseable para la sociedad.
Las nuevas condiciones de vida creadas por la tecnociencia no sólo ha envejecido a los pueblos, sino que ahora el grupo etario de mayor velocidad de crecimiento entre las sociedades democráticas neotecnológicas la constituyen la población sobre los 85 años. Además la prolongación del lapso post-jubilación, conlleva un empobrecimiento progresivo, agravado por la mayor necesidad de asistencia médica. Al mismo tiempo, el porcentaje de menores de 15 años disminuye. Las tasas de fecundidad y natalidad continúan en descenso. Otro impacto digno de mencionar se refiere a la llamada liberación femenina y al cambio de la consideración del cuerpo y de la sexualidad. Karl Popper sostiene que la primera liberación femenina se produjo en 1913 con la invención del hornillo a gas y, después, con toda la tecnología al servicio del hogar que le permitió, a las mujeres, gozar de tiempo libre que muchas lo dedicaron al estudio y al trabajo fuera de su morada y optar por labores mejor remuneradas. La segunda etapa importante de liberación sucedió con el hallazgo de los fármacos anticonceptivos que separó, conscientemente, la procreación de la sexualidad e hizo más evidente lo que es la sexualidad de los seres humanos. Finalmente, se llegó a una familia reducida, a una sexualidad sin procreación, por algunos llamada recreativa, a la convivencia en pareja, a una adolescencia prolongada. Evidente que esta modificación de la familia trae también consecuencias en la arquitectura, en las relaciones interfamiliares y vecinales en la concepción misma de la vida.
El diseño de las ciudades actuales de espacios habitables reducidos, familias nucleares de nexos flojos, dejan en desamparo a los viejos que viven en soledad. En los países de la Comunidad Europea los ancianos que viven solos superan el 30% y esta realidad va en aumento.
El debate acerca del envejecimiento y los ancianos acaba de empezar en España y el conjunto de la sociedad está preocupada por las noticias de tipo catastrófico acerca del envejecimiento de la estructura poblacional y acerca de las grandes necesidades de la población anciana. Actualmente es el Estado quien debe asumir esta responsabilidad, ya que tradicionalmente y especialmente en una sociedad más rural la familia ha sido la responsable del cuidado de los ancianos. El aumento del número de ancianos y el envejecimiento de éstos coincide con un rápido proceso de urbanización de la sociedad española y la reducción del tamaño de la familia y de la vivienda familiar, además de otros cambios culturales y sociales destacados. Tanto el espacio físico como social de los ancianos en la familia ha sido reducido; su capacidad para contribuir en la familia también se reduce; el sentimiento de obligación hacia los ancianos se debilita en el marco urbano, y la reducción en el número de hijos y el incremento en la actividad laboral de la mujer reducen el número de cuidadores potenciales. Familias de tipo profesional y de clase media empiezan a abandonar sus responsabilidades de cuidar directamente a sus ancianos. Sin embargo, las familias de clase trabajadora, con menor espacio físico y dinero, todavía cuidan a sus viejos. A su vez, otra problemática que acontece ligada a ésta es la del cuidado de los que cuidan.
En términos globales, la experiencia española en política social es pequeña, a diferencia de otros países europeos como Noruega donde encontramos una especializada red de cuidados al anciano en residencias u hogares públicos para el anciano, dirigidos exclusivamente por Enfermería. Enfrentada al crecimiento espectacular del número de personas ancianas, las primeras acciones políticas han tendido a adaptar las políticas tradicionales ya existentes (servicios sociales y residencias). A pesar de su alto coste, su relativa ineficacia y el nivel de dependencia que generan, la sociedad española todavía no cuestiona la validez de dichos sistemas.
Conocer esta historia quizás nos sirva de lección para vivir el presente en clave de responsabilidad. Actualmente, algunos de los temas que más a menudo se plantean en la sociedad, así como dentro de la literatura especializada o en las voces de los expertos son: los tabúes sexuales en la vejez, que durante tanto tiempo han perdurado y que parece que hoy se van destruyendo. Se nos ha mostrado al anciano como un ser asexuado. Por otra parte, el tema del aprendizaje cuando vivimos en una sociedad donde los ancianos cada vez con más tiempo libre están interesados en aprender acerca de las nuevas tecnologías, así como profundizar en determinadas disciplinas, ya que no pudieron hacerlo en sus épocas de juventud.
Según autores como Butler y Lewis, las características del anciano actualmente son:
-deseo de dejar un legado: no querer ser olvidados e influir en los demás después de muertos.
-funciones del anciano: compartir experiencia con el joven y establecer contactos generacionales.
-apego a los objetos familiares: lo que le acompañó en la vida: casa, animales, familia, recuerdos...le dan un sentido de continuidad en el tiempo.
-cambio en el sentido del tiempo: viven el presente.
-sentido completo del ciclo vital: valoran la vida como un todo.
-creatividad, curiosidad y capacidad de sorpresa.
-sentido de la propia realización: cuando se ha logrado resolver el conflicto.


CONCLUSIONES

A lo largo de los tiempos el hombre ha ido interpretando incesantemente el papel del anciano en la sociedad, dependiendo de diversos factores: políticos, artísticos y estéticos, demográficos, éticos y religiosos, así como los relacionados con la familia y el parentesco. No resulta un hecho sorprendente el que en las últimas décadas, la población de edad avanzada haya aumentado de forma creciente en número y diversidad, requiriendo, a su vez, un mayor espectro de necesidades de todos los tipos. Son los profesionales de los cuidados quienes deben conocer estas necesidades para poder intervenir sobre ellas. Pero para ello es preciso analizar el pasado, es decir, los hechos históricos y la interpretación antropológica que de estos hechos relacionados con la vejez se hicieron. En todas las sociedades nos encontramos con diferentes concepciones acerca de la senectud y contrariamente a lo que piensan algunos autores, no es la situación contemporánea la menos propicia para este grupo de edad, sino que existieron muchas otras donde incluso se les castigó de forma despiadada, se les despreció y se les contempló de forma negativa.

Lo que sí que resulta cierto es que la figura de la mujer, siempre unida al rol de cuidadora, pasa a estar relacionada con el rol de anciano y sus cuidados, ya que es ésta quien se ha ocupado a lo largo de los tiempos de los cuidados en el senecto, aún cuando éste era repudiado por la misma sociedad. Es quizás en nuestros tiempos y a diferencia de épocas pasadas cuando comenzamos a asistir a una mayor implicación del hombre en el cuidado del anciano como profesional de la Enfermería y en algunos casos como cuidador dentro de la familia o en la comunidad. El cambio en los valores de la sociedad contemporánea donde se produce un mestizaje entre los roles que tradicionalmente han ocupado hombres y mujeres, repercute en los cuidados al anciano y por tanto, también en la valoración que del propio anciano se tiene.

Mientras que en la mayor parte de aspectos sociales de la vida diaria del anciano, a lo largo de la historia, existen diferencias claras entre el hombre anciano y la mujer anciana. En cuestión de cuidados, no ocurre así, ya que es la mujer (hija, hermana, familiar, esclava o sirvienta) quien se ocupa de los cuidados de ambos sexos. También es cierto que encontramos poca información sobre la mujer anciana en el terreno de la política, economía y ciencia, lo cual nos hace pensar que su papel pasó desapercibido a lo largo de la historia.

Sin embargo, mientras que en la actualidad se contempla al viejo como un ser “pasado, fuera de modas y como a un estorbo”, es preciso observar como en otras civilizaciones y épocas históricas se les consideró como una fuente de sabiduría y experiencia por lo que a su vez sirvió como consejero de las distintas comunidades donde residía, participando en la todos los aspectos de la vida cotidiana.

Aunque la sociedad actual ha dado un gran paso con la implicación del hombre en los cuidados del anciano, debe replantearse cuál es el papel de éste dentro de las distintas culturas y comunidades, introduciéndolo así dentro del quehacer diario y no contribuyendo a la marginación social de éste. El profesional de Enfermería por su condición como profesional sanitario y por su participación en la vida social de las personas resulta el candidato perfecto para la intervención en los problemas que actualmente se plantean para los ancianos, así como en la elaboración de programas de integración social, fijando como modelos la distintas etapas históricas por las que su imagen ha pasado a lo largo de los tiempos. Es por ello, por lo que toda intervención de Enfermería a nivel sociocultural precisa de una previa reinterpretación de los hechos que han ocurrido hasta el momento, desde una perspectiva histórico-antropológica.


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