49 Congreso Internacional del Americanistas (ICA)

Quito Ecuador

7-11 julio 1997

 
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Ruben Osvaldo Chiappero

CONGRESO INTERNACIONAL DE AMERICANISTAS

QUITO, JULIO DE 1997.

HISTORIA URBANA DE LAS AMERICAS

HIST 16

Ponencia:

URBANISMO HISPANOAMERICANO. EL PLANO DE SANTA FE DE 1811

Autor: Acad. Ruben Osvaldo CHIAPPERO, arq.

CONGRESO INTERNACIONAL DE AMERICANISTAS

COLOQUIO DE HISTORIA URBANA DE LAS AMERICAS - QUITO, JULIO DE 1997.

Ponencia : Urbanismo Hispanoamericano.El plano de Santa Fe de 1811

Autor : Acad. Ruben Osvaldo CHIAPPERO

RESUMEN

La cartografía santafesina se caracteriza por la escasez manifiesta en el período hispánico. Sólo dos planos brindan una geometral referencia de la planta urbana: el plano de 1787 y el de 1811. Luego, se sucederán los relevamientos, pero ya dentro del período independiente. Aunque el plano de 1811 es posterior a los sucesos de mayo de 1810, este relevamiento, a los efectos del estudio del urbanismo hispanoamericano, evidentemente pertenece aún a ese período.

Es por ello que Santa Fe tiene el raro privilegio de brindar al estudio de la arquitectura y del urbanismo momentos puntuales. Con la expulsión de la Compañia de Jesús aparece el primer plano conocido, el cual, además de ubicar las pertenencias jesuíticas urbanas, presenta el esquema de toda la planta urbana. Por ello, el urbanismo santafesino ya tiene una prueba tangible para el estudio de sus espacios.

Pero es en el plano de Giannini donde la planta urbana se dibujó con mayor exactitud y la estructura y los elementos urbanos presentan una apreciable precisión. Por lo tanto, se infiere la posibilidad de otra lectura, esta vez en referencia ciudad-entorno; ciudad-estructura; ciudad-edificación-vacíos; en fin, ciudad-Vida.

Eustaquio Giannini y Bentallol, miembro del Real Cuerpo de Ingenieros de Marina, quedó demorado en Santa Fe por los acontecimientos del año 1810. De su permanencia en la ciudad, quedó la obra cartográfica, eslabón entre los planos de 1787 y 1824, que permite el análisis urbano complementario a los estudios sobre los aspectos defensivos e hidrográficos realizados por el Dr. Federico Cervera en el contexto de las campañas navales patriotas entre 1811 y 1814. Si a este plano sumanos los comentarios de los hermanos Robertson (1812), podremos comprender el espacio urbano santafesino como un espacio que se crea al delimitar la naturaleza estando colmada de funciones y fines humanos , al decir del arq. Yoshinobu Ashihara.

La ciudad, por emplazamiento, función y materialización, no fue una ciudad más del período hispanoamericno. Fue un hecho singular dentro del urbanismo de la Cuenca del Plata. En el plano de 1811 se muestra y se demuestra, singularmente, la vital importancia del urbanismo santafesino.

I. INTRODUCCIÓN

La ciudad hispanoamericana surgió con una fuerza incontenible desde la traza desnuda a la ciudad contruída. El paso de una situación eminentemente teórica -la cuadrícula- a la solidez constructiva -los edificios- señaló un tiempo prolongado de nuestro quehacer urbanístico. La ciudad se construyó poco a poco concretando el impulso inicial y sus habitantes, vecinos y soldados a la vez, conformaron una sociedad militante en el orden y la disciplina, compacta y homogénea en sus valores morales y espirituales, y jerárquicamente dispuesta en sus estratos sociales (1) . Con el advenimiento del Liberalismo en el poder político y económico, la ciudad indiana quedó sepultada bajo el incontenible avance del Progreso. Pero la estructura, el esqueleto sustentante resistió mutilaciones y cambios.

El urbanismo contemporáneo pretendió una ciudad moderna pero sin pasado. Las calles, las plazas, las fachadas contínuas fueron testigos del deseo incontenible de la tabula rasa del Movimiento Moderno. Y los niveles de la calidad de vida humana se envolvieron en fantasmagóricos espejismos de tensiones producidadas por la velocidad, las bruñidas superficies bajo los soles tropicales y subtropicales, y las visiones del infinito en la anulación de la escala del hombre y la ausencia de los vegetales.

No es factible regresar a los principios sustentadores de la ciudad indiana. Pero sí es urgente y necesario preguntarse sobre cuáles podrían ser, dentro de la contemporaneidad de nuestro medio, las condiciones básicas a rescatar y valorar de la ciudad española en América. Luego, la seria respuesta nos llevará hacia una ciudad y una arquitectura que, sin poner en crisis o peligro la propia identidad, puedan ser actuales y alojar en un contenedor común toda la fragmentación de nuestra sociedad.

Es posible que el creciente interés que se ha desarrollado en las últimas dos décadas por la historia urbana de Iberoamérica y por la conservación de sus centros, ciudades y pueblos históricos, anime a los investigadores a utilizar planos y vistas de ciudades reactivando la búsqueda en los archivos, bibliotecas y museos de diferentes ciudades, en las colecciones privadas, en las direcciones de catastro y geodesia y en otras instituciones públicas...Tal investigación, ...serviría para ilustrar y precisar mejor los incipientes intentos de historia regional que se han iniciado en los países de Iberoamérica. (2)

Queda el camino de expandir el interés de participar interdisciplinariamente en la convicción de que la historia, la urbanística y la arquitectura pueden reconstruir la multiplicidad de las prácticas sobre la ciudad indiana y, en particular, de la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz de Argentina.

II. El PLANO DE 1811

Con la pesadez propia de las ciudades alejadas de la banalidad metropolitana, Santa Fe arrastró su existencia hasta mayo de 1810. En aislamiento, con penurias y sobresaltos los hombres al filo de la barranca en un día cualquiera de 1600, o de 1700 o de 1800, son descendientes de conquistadores. Sus antepasados llegaron al río de la Plata pensando en que el lustre de sus linajes y mayorazgos aumentarían el brillo de las cortes; pero la tierra les tiró un pial y les dejó, quebrados, largo a largo, en el suelo que después señorearon los hijos. (3)

Un nuevo período en nuestra historia comenzó con la proclamación de la Junta de Gobierno el 25 de mayo de 1810. Nueve hombres, con el Coronel Saavedra como Presidente, Moreno y Paso como Secretarios y Belgrano, Castelli, Azcuénaga, Larrea, Alberti y Matheu como Vocales, integraron el nuevo órgano de gobierno. Pero la autoridad de la junta fue resistida en Córdoba, Alto Perú, Paraguay y Montevideo. La Junta Superior Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata, ante esta contrarrevolución se vió obligada a establecer dos frentes de guerra: por tierra y por agua.

Este último es el que ubica a Santa Fe como un estratégico punto de enlace en las comunicaciones de la Mesopotamia y la Banda Oriental (la hoy República Oriental del Uruguay) con el resto de las Provincias Unidas. Siempre le cupo a Santa Fe esta función por su emplazamiento altamente favorable para el comercio, los viajeros y las contribuciones militares contra los portugueses en los siglos XVII y XVIII.

Santa Fe era el paso obligado para los pertrechos y tropas con destino a Montevideo. Pasando el Paraná en canoas o lanchones después de pocas horas de marcha desde nuestra ciudad, se llegaba a la Bajada del Paraná (actual ciudad capital de la provincia de Entre Ríos con el nombre de Paraná ), y desde allí, sólo restaba cruzar la provincia y el río Uruguay para llegar a la Banda Oriental. Es por esta causa que, consecuentemente, la posesión de Santa Fe y el aseguramiento de su libre tránsito a la Bajada del Paraná fue una necesidad vital para los patriotas en esos años críticos (4) Corresponde citar que para el Virrey Abascal, del Perú, convenía tácticamente el recupero de la línea Tucumán-Santa Fe con lo cual las tropas realistas tendrían comunicación favorable entre el Alto Perú y Montevideo y viseversa.

Bajo todas las miradas, Santa Fe revestía el carácter de piedra angular. Era imperioso hacer un baluarte de esta ciudad y de otros puntos de importancia río abajo. Y dentro del plan defensivo, que compendía la presencia de la primera escuadrilla patriota al mando de Juan B. Azopardo en la Boca del río Colastiné, aparece el segundo plano conocido de Santa Fe.

Levantado en 1811, su autor fue el español don Eustaquio Antonio Félix Domingo Giannini y Bentallol, nacido en Badajoz y con estudios en la Academia de Ingenieros de Barcelona. Cuando se creó en 1770 el Real Cuerpo de Ingenieros de Barcelona, Giannini integró la lista de los primeros egresados.

En 1804 Giannini viajó a Buenos Aires para atender obras portuarias y junto con éstas desarrolló actividades cartográficas para el Virrey sobremonte y actuó en Paraguay; regresando desde allí, quedó demorado en Santa Fe a raíz de los acontecimientos de 1810 (5) . De su permanencia en la ciudad quedó la obra que permite incorporar a nuestro estudio del urbanismo hispanoamericano un eslabón muy meritorio.

Este plano, publicado por el Dr. Cervera en 1982 (6) con motivo de la inauguración del monumento evocativo de las Baterías en Santa Fe, es de calificadovalor pues resume la íntegra ligazón existente entre la ciudad y el medio geográfico. Basta ver cómo lo titula Giannini: Plano de la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz en 31 o 33y 30 de latitud Sur, 2 o 31 y 30 de longitud Oeste según el meridiano de Buenos Aires, comprende su Riacho de Colastiné a el Paso de Santo Tomé y una parte del río Salado. Levantado en el año de 1811. Con sólo ver la planta urbana es posible caer en interpretaciones parciales; sin embargo, el plano de Giannini facilita visualizar el entorno y comprender prima facie la función de servicio de la ciudad a toda la campaña extensísima, como también que la naturaleza domina la proyección urbana como si fuese un imponente soporte y marco a la vez.

El damero hispanoamericano se extiende hacia el norte con un máximo de 15 manzanas descentrando la plaza y generando manzanas atípicas en los terrenos adyacentes al río. Hacia el oeste, la cuadrícula posee una variación entre 2 y 7 manzanas como extremos. La ciudad crecía en impulsos adecuándose a la topografía. Nuevamente la praxis se impuso sobre la elucubración geométrica. Giannini lo ha reflejado con calidad altamente profesional aunque la planta urbana no ocupe más que una pequeñísima porción de la cartografía.

Las abundantes referencias ubicadas en los márgenes del plano facilitan la comprensión de la estrategia utilizada en la confección, al señalar los edificios y sitios más importantes. Con letras y números se identifica lo siguiente:

A) La Iglesia Matriz (Letra borrada en la planta, pero es fácil ubicarla).

B) Convento Mercedario (Es el ex Colegio Jesuítico frente a la plaza y hacia el Este).

C) Convento franciscano al S.E. de la plaza.

D) Convento dominico al S.O. de la Plaza.

G) Señala un Cuartel para 200 hombres detrás del Convento Mercedario en el sitio donde estaba el Oficio de Misiones y la Huerta del Colegio Jesuítico.

H) Comprende un conjunto de funciones como la Aduana, Cajas Reales, Oficinas y Habitaciones de las Oficinas que se cumplían en la casona de los Diez de Andino, al Sudeste de la Plaza. En la actualidad una parte de la casona permanece en pie y aloja el Museo Histórico Provincial.

1) Bien al Norte de la ciudad y al Oeste de la Capilla de San Antonio -perfectamente ubicada en plano de 1787 y presumiblemente aquí señalada con la F- está la referencia de la Casa de la Pólvora.

3) Batería que defiende al Puerto, éste señalado en la referencia con la letra K.

Hasta aquí llegamos para no extendernos a otras áreas ajenas a este estudio y que fueron magníficamente tratadas por el Dr. Cervera: el aspecto defensivo y el aspecto higrográfico en el contexto de las campañas navales entre 1811 y 1814.

Para el estudio del urbanismo hispanoamericano, este plano aporta novedosas particularidades.

El carácter formal ganó riqueza cuando la cuadrícula se adaptó al terreno. Calles no tan rectas, tan ideales y subordinadas a patrones estáticos, condujeron a un punto neurálgico para el futuro desarrollo: el puerto. Santa Fe se alejó de la concepción indiana donde los espacios plaza-puerto establecían un eje de mutua relación.

La plaza, en el juego de llenos y vacíos urbanos, asumió una intensa fuerza envolvente y se perfilaron las aberturas verticales del espacio exterior en cada esquina, a pesar de notorias ausencias como el Cabildo (7) . En torno al espacio vacío, la densidad de

ocupación es mayor y conjuntos como los pertenecientes a franciscanos, dominicos y mercedarios (ex jesuítas) definen una mayor compacidad en las adyacencias.

Las zonas residenciales están volcadas hacia la calle, dejando el corazón de la manzana libre y ocupando el perímetro. Esta particularidad también se da en las manzanas menos densas; las rancherías abandonan la posisición aislada para sumarse a la definición del borde. Tipológicamente no se diferencian de la rigurosa geometría de Santa Fe la Vieja; mas, ¿porqué no se conservó el patio adelante si éste favorecía la privacidad y posesión?.

Documentalmente nada podemos exponer. Ahora bien, el espacio urbano es rico en explicaciones vivenciales. Un edificio aislado centra en sí todo el interés diluyéndose la interacción con otros si éstos se encuentran a (circa) 50 m., como sucedió en la primitiva ciudad. La relación entre personas pierde la sensación de interacción. El hombre, se sociable por el privilegio de su naturaleza, se equilibra en el vínculo con otras personas. Aislado en el centro del solar, su escala de relación comienza a ser imprecisa y confusa.

Si a esto sumanos la necesidad de recursos económicos a través del comercio, es imperioso trasladarse al borde. A nuestro buen parecer, aquellos volúmenes esquineros que alojaron las primeras tiendas en la vieja ciudad y, fundamentalmente, las iglesias ubicadas en las esquinas , dan inicio a la definición de la cuadra. Posteriormente, el alquiler de habitaciones a la calle fijó aún más el carácter público de la calzada. No sólo transeúntes circularán por ella. Las voces, las miradas, la proximidad física de paredes, ventanas enrejadas y techumbres se pusieron en movimiento imperceptible por sobre las arenosas calles santafesinas.

De este modo se lograba la escala urbana incorporando la escala humana a un espacio modulado de 100 m. (circa). Estamos frente a la tentativa real de apropiarse del entorno natural.

La ciudad se complejizó movilizándose hacia el puerto y el paso a Santo Tomé. No se encontró sola en medio de la llanura. Los indicadores espaciales se incrementaron al cobrar fuerza dichos sitios en recorridos que gravitaron como extensiones del casco urbano. No debemos apartar la consideración de los enclaves; siempre son lugares de asentamiento humano, de demostración de la técnica creadora del hombre y vivificantes del paisaje natural. El plano de Giannini es el que mejor permite viusalizar al espacio ubano santafesino como un espacio que se crea al delimitar la naturaleza estando colmado de funciones y fines humanos (8)

En el siglo pasado Santa Fe fue visitada por diversos personajs que escribieron sobre la ciudad y su gente, sus usos y sus costumbres. Siempre es útil sumar las diversas vivencias relatadas para comprender el espacio urbano, aunque debamos sobreponernos al tono peyorativo conque evaluaron a una ciudad que expresaba con fidelidad la cualidad y calidad de sus habitantes, herederos includicables de un pasado grandioso, poco o nada conocido por estos visitantes.

Tomaremos primero las descripciones de Juan Robertson que en 1812 arribaró a Santa Fe. Dedicados al comercio junto con su hermano Guillermo, dejó narrados episodios relativos a la ciudad de la siguiente manera: La ciudad es pobre de apariencia, construída al estilo español, con una gran plaza en el centro y ocho calles que de ella arrancan en ángulos rectos. Las casas son de techos bajos, generalmente de mezquina apariencia, escasamente amuebladas, con tirantes a la vista, muros blanqueados y pisos de ladrillos, en su mayor parte desprovistos de alfombras o esteras para cubrir su desnudez. Las calles son de arena suelta con excepción de una, en parte pavimentada. Los habitantes de la ciudad y suburbios son de cuatro a cinco mil (9)

Se acusa en primer lugar la disposición general de la estructura urbana para luego dar una subjetiva descripción de la cual interesa rescatar la poca altura de lo edificado. Las torres y los cuerpos de las iglesias serían las mayores elevaciones en una ciudad predominantemente edificada en planta baja. Un perfil uniforme, quebrado con los campanarios, impone una visión unitaria acentuada con la blanqueada superficie de los muros en contaste con las calles arenosas.

Baja densidad en la población: la misma cantidad de personas que hacia 1795 consignaba don José T. Larramendi en su informe. Calles carecientes de pavimento y alumbrado, poca vida social y una indolencia incomprensible para los venidos de la fría Inglaterra hace que continúe así: Llegué justamente después de la hora de la siesta, que durante el calor del verano se prolonga desde la una hasta las cinco. Se presentó ante mis ojos una escena muy primitiva, cuando, seguido por mi postillón y mi sirviente sobre nuestros cansados caballos y con los trajes de viaje cubiertos de polvo, recorrí las estrechas calles de la ciudad. Previamente he de decir que las puertas de las casas se abren directamente de las habitaciones principales a la calle, y donde no está así dispuesto, un corto, pero ancho zaguán que se entra por un portón, conduce al patio, en cuyos costados están alineados los aposentos. Cada habitación tiene generalmente su puerta que da al patio. (10)

Las paredes de los edificios en relación al ancho de la calle produce en Robertson la sensación de estrechez. La calle en Santa Fe es como prescribe la Ley X de las Leyes de Indias: en climas cálidos la reducción del ancho permitirá aprovechar la sombra arrojada por las construcciones (11) . Luego, las calles se definirán por fachadas con puertas que se abren directamente al canal de circulación. La galería perimetral, con sus pies derechos y zapatas con roleos, había desaparecido con el traslado de la vivienda al límite de la manzana. Cúando sucedió y porqué, no lo sabemos; pero sí estamos en condiciones de asegurar la gran pérdida de solidaridad social significada en el aporte de cada vecino al sistema urbana. Si todas las casas hubieran cedido una parte de su privacidad al uso público, la virtud de las calles techadas perimetrales a cada manzana, hubiera sido evidente aún para los ingleses.

Rudimentariamente aparece la arquitecturde fachada en Santa Fe. El prestigio, amén del otorgado por la proximidad a la plaza, se leerá en la fachada de la calle; buscándose la consolidación urbana en una imagen de alineación, se reforzaba la estructura ajedrezada de todo el sistema urbano. Contribuye a esto la edificación de habitaciones sobre la calle, con puerta exterior en la mayor parte, con destino a cuartos de alquiler o para dote o herencia de los hijos.

Todos los portones, todas las puertas en todos los patios, todas las salidas de todos los cuartos a la calle, estaban completamente abiertos y los habitantes, hombres y mujeres, con todo el lujo del deshabille, sentados en las entradas de sus respectivas moradas. Los que se encontraban del lado de la sombra, sentados literalmente en la calle, mientras que aquellos de cuyas casas los rayos del sol aún no se habían retirado, se sentaban dentro de los zaguanes para disfrutar su sombra. Los caballeros estaban vestidos sencillamente con camisa y pantalones blancos, y los pies en chinelas; mientras las damas, en obsequio a la frescura y comodidad se regocijaban dentro de una camisa primitiva, pollera y alguna bata suelta y transparente que apenas aprisonaban el cuerpo. (12)

Al estar literalmente sentados en la calle, Robertson incorpora la ausencia de la transición entre la fachada y la calzada: la acera. Debieron ser inexistentes. De otro modo lo diría. El espacio urbano se definía plenamente porque sólo las gruesas paredes demarcaban el juego interior-exterior. La calle se ampliaba hasta la línea fronteriza sin otro elemento divisor. Peatones, carruajes y animales de monta se mezclaban en un orden caótico para la modernidad.

Y los zaguanes. Espacialmente, estos corredores de ingreso ofrecieron mayor anticipación y variedad. Con el marco que acotaba el ángulo visual, señalaban la dirección, el paso desde el exterior al patio de las viviendas. En realidad, entre dos espacios exteriores, uno a escala urbana y el otro a escala doméstica. Reminiscencias andaluzas, los ejes quebrados no alineaban puertas de ingreso-puerta de paso al segundo patio. El drama espacial de la relación donducía de un aquí conocido a un allá misterioso, sumergido en un recoleto significante familiar. Un contraste efectista de luminosidad y estrangulamiento en cada zaguán, en cada portal, pasó sin ser visto por los extranjeros. Sólo los habitantes podían comprender el valor de estos espacios intermedios supletorios de las galerías.

¿Cómo pensáis que los habitantes emplean su tiempo de la manera descripta, cada hombre, mujer o niño sentado dentro de los zaguanes o descansando indolentamente en las puertas de las casas?. Pues estaban fumando cigarros, chupando el mate por una bombilla o comiendo sandías. Algunos se entregaban alternativamente las tres operaciones. Las calles mostraban esparcidas las cáscaras de la fruta favorita, mientras el aire estaba perfumdo con su no menos favorito tabaco. (13)

¡Ah, las costumbres de otros pueblos vistas sin objetividad!. Cuando el patrón de medida se traslada desde la brumosa y fría Inglaterra a Santa Fe, cálida y agobiante por la humedad, sin modificar la cuantía, se producen estos gruesos errores.

Aunque pasando el tiempo Robertson cambia su óptica al decir: El crepúsculo empezaba a proyectar sus sombras sobre los santafesinos y la luna se levantaba con grande esplendor sobre el horizonte, para mostrar que sus rayos de plata pronto convertirían en el más sereno día la noche que se aproximaba. Hay una brillantez y una magnificencia, una esplendente y, sin embargo, plácida gloria en el claro de luna de aquellas regiones de cielo sin nubes y atmósfera incontaminada por nieblas, que para ser apreciadas deben disfrutarse. El grupo de familia entonces, en vez de estar congregado, como enseguida de la siesta, en el zaguán, estaba en el patio y aumentado con la llegada de muchos amigos y vecinos de ambos sexos. Todos iban a bañarse en la cristalina corriente que lava las riberas cubiertas de verdor junto a las que gentilmente se desliza.

Mientras estuve, vi a todos los habitantes de Santa Fe (pues supongo que casi nadie quedaría en su casa) ejecutar sus maniobras acuáticas tan familiarmente como si hubieran estado dando vueltas en el laberinto de una cuadrilla. La jarana, alegría y risa contínua era la orden de la tarde; y sin embargo, de todo lo que oí y ví durante mucho subseguente trato con la gente, verdaderamente creo que sus diversiones en el baño eran tan inocentes como un rígido mahometano puede pensar que son nuestros salones de baile europeo. Un juicio demasiado severo aplicado por un europeo a los habitantes de Santa Fe a causa de su modo de bañarse sería tan injustificado y erróneo como el del censor mahometano sobre las mujeres de Inglaterra, Francia y América, porque, como las de su país, no están confinadas en el harén. (14)

Robertson estaba alojado en la casa de don Luis Aldao y como huésped fueinvitado a participar en esa costumbre típicamente santafesina. Al conocer a la gente y el medio geográfico en que vivía, modificó sus parámetros y se volvió coherente en sus apreciaciones.

Si bien la ciudad creció y en muchas oportundades negó la vista al río y sus amplísimas perspectivas, el uso dado por sus habitantes incorporó este sector de naturaleza convirtiéndolo en un nuevo espacio exterior urbano. De límites virtuales, imprecisos pero de alta significación, el río es hoy una parte insustituíble de la conciencia santafesina.

Con la arquitectura y el urbanismo sucede lo mismo. Si se conoce la historia, el modo de proyectar y edificar, la adecuación entre lo construído y lo natural, el error es mínimo o inexistnte. Ya tuvo el Movimiento Moderno que pagar su precio al negar la historia para que nosotros no aprovechemos la experiencia.

III. CONCLUSIÓN

Santa Fe de la Vera Cruz no tardó en mostrar los frutos vitales del urbanismo surgido en Hispanoamérica. El damero regular, es una parte importante como imagen intelectiva rectora y determinadora de la ocupación territorial. Pero el espacio surgido por la acción del hombre, es más substancial dentro de la historia ciudadana.

Dentro del proceso de ocupación urbana, el puesto que le cabe a esta ciudad es la de testimonio vivo. Las casas aisladas en el solar de la vieja población aportaron la primera organización. Edificios aislados, generosa distribución de parcelas y de chacras, signaron las primeras décadas de la ciudad. Forzosamente, la relación persona a persona se distanciaba y los volúmenes edilicios no podían concretar la imagen de continuidad urbana.

Pero a pesar de esto, se comprendía a la ciudad ; se aceptaba integrar el ámbito urbano aunque la realidad lo mostrara sin rupturas con la naturaleza. No se separaba abruptamente de la campiña; se convertía la ciudad en la articulación perceptible entre el espacio negativo -la naturaleza- y el hombre europeo y criollo.

En la nueva ciudad la gradual proximidad al borde de la mazana concretó el organismo por sobre el esqueleto. Dejaron de ser una lectura en el plano las relaciones surgidas por la distribución. Pasó a ser volumen donde el espacio urbano tuvo definición inmediata, con clara vocación horizontal. El perfil de a ciudad se pegó, sin saberlo, al horizonte, al flujo del río y a la tierra misma.

El plano de Giannini se confecciona en el momento justo en que se avanza en la definición de las líneas de fachadas contínuas sobre las -no siempre, por cierto- regulares calles santafesinas. La imagen de la ciudad establecida, concreta, se da en la visión contínua de las fachadas. Y como el período hispanoamericano se caracterizó por la cosmovisión unitaria, podemos recurrir a la explicación que da el arquitecto Randle a la continuidad de las fachadas en la ciudad de Buenos Aires cuando dice: ...la prescripción original (ordenanza capitular)... rezaba: las casas se unirán para que sirvan de defensa y puedan tener sus caballos y bestias con patios y corrales. Una cosa muy comprensible era que se tratase de completar la edificación completa de una manzana uniendo las fachadas en lo que ahora llamamos línea municipal lo que al mencionado requisito de seguridad unía el de dotar a la calle de un ambiente urbano y armonioso (15)

Es evidente que el espíritu de la ciudad es similar tanto en Buenos Aires como en

Santa Fe en lo que a estética y seguridad edilicia se refiere. El agrupamiento da seguridad y la imagen urbana se manifiesta como sólidad unidad urbano-arquitectónica. Y ese mismo espíritu equilibró las tensiones estructurales por sobre el amplio sector vacío que fue la plaza. Una superficie sostenida por su origen místico y racional y que, así sentida, pudo superar la ausencia del incidente, de la atracción visual en sí misma. Y, también, pivotar alrededor de los puntos significativos -tanto en su presencia como en su ausencia pasajera- del Cabildo, la Matriz y el Colegio e iglesia jesuíticos. Todo esto se lee en el plano de Giannini donde la integración de las partes ya ofrece la posibilidad de esa práctica reconocedora de la irradiación centrífuga de las calles.

El plano de Santa Fe de 1811 se ubica en el punto de inflexión que toda ciudad hispanoameicana tuvo: el equilibrio entre los componentes jerárquicos -los edificios públicos- y los componentes primarios -las viviendas-. La rigidez del sistema se vivificaba así en la flexibilidad formal de la ciudad que a priori contó con un instrumento operativo, la traza, y donde hubo una atenta inserción en el entorno frente las condiciones climáticas particulares, con el paisaje como telón de fondo al infinito.

Es de esta forma en que podemos concluir con una razonable cuota de certeza que, sin la valoración del aspecto urbano-edilicio en el entorno geográfico particular santafesino, el plano de Giannini pierde la oportunidad de ofrecer a la evolución urbana hispanoamericana un punto de referencia insoslayable.

Con el relevamiento de las ruinas de Santa Fe la Vieja, y la secuencia cartográfica de los documentos de 1787, 1811 y 1824, la interpretación del paisaje urbano santafesino y de su evolución aporta consideraciones que son válidas a todas las ciudades hispánicas. Queda en cada estudioso sacar provecho de nuestro archivo y de nuestra memoria colectiva plasmada en esta documentación.

Desde esta perspectiva, la ciudad histórica no es sólo un recuerdo, una partición regular del territorio conquistado. Es una ciudad acotada en el tiempo pero trascendente en sus valores propios, sobrevivientes a la presión foránea por ser parte sustancial de un organismo vivo que quiere seguir vivo.

NOTAS

(1)CHIAPPERO, Ruben Osvaldo Capítulos indianos. Aproximación a símbolos del arte hispanoamericano. Santa Fe, Amaltea, 1991. p.26

(2)HARDOY, Jorge E. Cartografía urbana colonial de América Latina y el Caribe. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1991. p.11

(3)ZAPATA GOLLAN, Agustín. Las puertas de la tierra. Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, 1941. p.7

(4)CERVERA, Federico Guillermo. Las baterías de Santa Fe. 1810-1814. Santa Fe, 1982. p.7

(5)GUTIERREZ, RAMÓN. El plano de Santa Fe de 1811 . (En: RES GESTA Nro. 5. enero-junio 1979).

(6) Este plano es una copia del conservado en el British Museum de Londres bajo la nominación ADD 17667 B. Según Ramón Gutierrez, el original se encuentra en Madrid, siendo el de Londres sólo un borrador. Consultado el Archivo de la Jefatura del Servicio Cartográfico del Ejército de España, remitió copia de ese plano advirtiendo que no consta identidad del autor existiendo sólo las iniciales S.V.D. en el original. La Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe ha sido depositaria de la copia enviada desde España.

(7) Recordemos que el Cabildo se arruinó con anterioridad y para 1811 el nuevo estaba en construcción. ( Cfr. en PISTONE, J.Catalina. El arte en Santa Fe. Siglos XVII, XVIII y XIX. Separata de la Historia de las Instituciones de la provincia de Santa Fe Tomo V, 2da. parte. p.445-53).

(8)ASHIHARA, Yoshinobu. El diseño de espacios exteriores. Gili, Barcelona, 1982. p.11

(9)ROBERTSON, Juan y Guillermo. La Argentina en la época de la Revolución. Traducción y prólogo de Carlos A. Aldao. Buenos Aires, Vaccaro, 1920. p.81-4.

(10) Ibídem

(11) En lugares fríos sean las calles anchas, y en los calientes angostas; y donde hubiera caballos convendrá que para defenderse en las ocasiones sean anchas, y se dilaten en la forma susodicha, procurando que no lleguen a dar en algún inconveniente, que sea causa de afear lo edificado, y perjudique a su defensa y comodiad (En: Recopilación de las Leyes de los Reynos de Indias. T.II Madrid, Gráficas Plus Ultra, 1943. p.21).

(12)ROBERTSON, Juan y Guillermo. Op.Cit.

(13) Ibíem

(14) Ídem

(15)RANDLE, Patricio H. Los orígenes de la ciudad hispanoamericana y su trasplante en la Argentina. Buenos Aires, marzo de 1980. p.25

BIBLIOGRAFÍA

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--------------------------- Santa Fe la Vieja 1573-1660. Santa Fe, 1990.

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CERVERA, Manuel. Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe. Santa Fe, 1907.

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ZAPATA GOLLAN, Agustín. Las puertas de la tierra. Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, 1941.

--------------------------------------- La urbanización hispanoamericana en el Río de la Plata. 3ra. edición. Santa Fe, 1981.

BIBLIOTECAS CONSULTADAS

del Archivo General de la Provincia de Santa Fe

del Colegio de la Inmaculada Concepción (jesuítas) de Santa Fe

del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales de Santa Fe

de la Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe

de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Buenos Aires

del Instituto de Investigaciones Estéticas y Arquitectónicas Mario Buschiazzo (Universidad Nacional de Buenos Aires)

de la Universidad Católica de Santa Fe

ARCHIVOS CONSULTADOS

Archivo General de la Nación

Archivo del Museo Histórico Nacional

Archivo General de la Provincia de Santa Fe

Archivo del diario El Litoralde Santa Fe

Archivo de la Jefatura del Servicio Cartográfico del Ejército de España


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