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Ernesto Olmedo
Resumen
La selva perteneciente a la Amazonía Peruana se encuentra
entre dos frentes: existe un interés en institucionalizarla
e incorporarla al territorio nacional aunque también esta
región es un lugar “vacío” que será transformado
en pos del progreso, entendido como una gestión por parte
del Estado hacia el espacio interior.
Las comunidades Huitoto, Yagua y Mai Juna asumieron la conquista,
al hombre blanco y también la violencia que trae engendrado
esto y aprendieron a convivir con la transculturación. Este
proceso de “conquista inacabada” que padecen los
indígenas de la selva debería institucionalizarse efectivamente
para que las sociedades dominantes de los países desarrollados
y las nacionales dependientes puedan convivir con los “otros”.
Abstract
The Peruvian Amazonian forest is between two fronts: there
exists interests for institutionalising and incorporating
it to the national territory although this region is also
an “empty” place that will be transformed in pursuit
of the progress, which is understood as a management developed
by the State for the inner space.
The Huitoto, Yagua and Mai Juna communities assumed the conquest,
the white man and also the violence that this brings and learnt
to life together with the transculturation. This process of
“unfinished conquest” that is suffered by the
indigenous of the forest should be effectively institutionalised
in order that the dominant societies of the developed countries
and the dependant national societies can live together with
the “others”.
Una de las maneras, por cierto de corte etnocéntrico, de
evaluar el trayecto histórico de la selva y su presente,
podría desprenderse de la incidencia de la civilización occidental
sobre los pueblos nativos de ésta. La presencia del hombre
blanco se traduce en una marca sobre la sociedad “exótica”
que, abrupta o paulatinamente, ha ido desfigurando la cosmovisión
de los indios.
Continuando en esta perspectiva, se piensa que en el interior
de la selva, las comunidades Mai Juna, entre otras, enfrentan
un horizonte colonial (Rocchietti 1999: 34).
O ¿por qué no aseverar que se trata de un proceso de “conquista
inacabada”? La selva sigue siendo el espacio de la “rapiña”,
unas veces anárquica, descontrolada, fulminante; otras, aparece
organizada y planificada cuando permite descomprimir las exigidas
economías regionales y alivia el malestar social de aquellos
países sudamericanos que comparten la cuenca amazónica. Tal
es el caso de países como Brasil, Perú, Bolivia, Colombia,
Ecuador, Venezuela, entre otros.
Más allá de haber cambiado las “formas” que permiten
la comprensión del proceso histórico del contacto (a saber:
etapa de la conquista, colonización, colonización interior
en épocas posteriores a la independencia, etc.) se reitera
el mismo proceso de penetración extractiva y despojo del nativo
y su medio.
Podría agregarse que en el presente, mientras no se demarca
mediante la propiedad individual jurídicamente legitimada,
otro de los logros del mundo occidental, Amazonía constituye
la “tierra de nadie”, incluso, como se ha venido
expresando de manera insistente e intencional, como un “lugar
vacío”[1]
donde cualquier intervención externa estaría justificada.
Es en función de lo dicho anteriormente que se propone en
este estudio analizar en qué medida la expresión “espacio
vacío” se fue materializando y de qué manera subsiste
justificando cualquier avanzada, sea ésta de particulares
o del propio Estado Nacional, sobre las comunidades de la
selva. De acuerdo a lo anterior, se puede inferir que: Huitoto,
Yagua y Mai Juna, continúan receptando del Estado peruano
definiciones y acciones que constituyen una política “oscilante”
que va desde una penetración incisiva a la desprotección y
abandono completos, de acuerdo a sus intereses económicos
y político-militares, generando una gran tensión que altera
de manera progresiva y definitiva el modo de vida nativo.
Este informe se nutre de una experiencia etnográfica realizada
en las comunidades Huitoto, Yagua y Mai Juna de la Amazonía
Peruana, de las discusiones en los talleres del Seminario
Itinerante de Posgrado: “Los Andes ante de los Inka
II”, de información bibliográfica y periodística.
Amazonía y las tradiciones vivientes. Su historia. “Las
Tierras Vacías”
Se debe reconocer aquí que una de las causales en la imposibilidad
de “dar a conocer” la historia de Huitoto, Yagua
y Mai Juna es de tipo heurístico ya que en gran medida se
conoce su pasado a través de crónicas, relatos y relaciones
de los conquistadores y evangelizadores del Nuevo Mundo. Estos
documentos escritos, están llenos de lagunas e infinidad de
silencios.
En este caso se tomará la periodización y principales acontecimientos
establecidos por Jesús San Román[2]. En su libro Perfiles Históricos de la Amazonía Peruana,
San Román advierte que su trabajo es extensivo para todos
los pueblos nativos que viven en los límites de la Amazonía
Peruana. Se denota en su texto la historia de la penetración
del hombre blanco, sus instituciones y formaciones –en
particular el sistema capitalista-, etc.
Esta circunstancia que, por cierto ha sido observada en el
trabajo de campo que se ha realizado en el lugar en febrero
de 1999, vuelve más complejo el análisis y la interpretación
de los fenómenos. Por ello, se ha considerado sugerente tomar
una línea de estudio que se aboque a la determinación del
grado en que cada uno de estos pueblos se encuentra “transculturado”.
Aquí se considera a la transculturación no sólo como la desaparición
de las significaciones culturales ancestrales sino como una
nueva dimensión que se va construyendo entre aquello que pertenece
a la tradición cultural y lo que proviene de una situación
de imposición y tragedia social que los pueblos vienen padeciendo
por la presencia avasalladora del hombre blanco.
Este paisaje social en particular, ha sido profundamente
alterado dando lugar a expresiones socioculturales sesgadas
y por ende difíciles de desentrañar en la búsqueda de lo “propio”
y lo “impuesto”.
San Román establece seis períodos en la historia de la Amazonía
Peruana:
Período indígena (hasta 1542); período misional (1542-1769);
período de nacimiento del capitalismo (1769-1880); período
del caucho (1880-1914); período de recesión (1914-1943); período
de integración de la selva a la vida nacional (1943-1970)
y período del petróleo y de la coca (1970-1990)
En función de esta referencia cronológica se irá describiendo
cada uno de los momentos que han atravesado los pueblos nativos
de Amazonía.
Amazonía y las tradiciones vivientesAmazonía y las tradiciones
vivientes
Las fuentes en base a las cuales San Román escribe sobre
el período anterior al ingreso de los europeos a la región
(1542) son los relatos de los misioneros.
El autor afirma que el río Napo, sus afluentes o alrededores,
estaba habitado, en su mayoría por grupos tribales que pertenecían
a la nación de los Encabellados, debido al aseo y cuidado
con que mantenían sus cabellos (San Román 1994: 21). Dentro
de esta denominación estarían comprendidos otros grupos tales
como: Avisiras, Cofanes y Payaguas. Respecto a estos últimos
se puede decir que constituyeron el grupo antecesor de los
Mai Juna, cuyo nombre etnográfico es “Orejones”
por sus orejas deformadas con discos de madera balsa; también
fueron denominados “cotos” del nombre del mono
aullador al cual supuestamente se asemejan (Bellier
1983: 39).
En cambio, sobre las riberas del río Amazonas, afluentes
y alrededores se distinguían entre otros los indios: Yameos,
Iquitos, Semigaes, Záparas, Cocamas, Caumaris, Pevas, Cabachis,
Mayorunas y Zavas. Presumiblemente estos últimos serían los
actuales indios yagua. Sin embargo, San Román lo presenta
de manera especulativa (San Román 1994: 24).
La historia de los Huitoto en tierras peruanas, en cambio,
es bastante reciente. Originariamente su asentamiento estaba
comprendido en territorios colombianos pero debido al fenómeno
del caucho fueron trasladados a tierras peruanas hacia fines
del siglo XIX y principios del XX. A su vez, se produjo una
notable “dispersión cultural” de este grupo debido
al efecto de las exacciones de los caucheros de la Casa Arana,
empresa dedicada a la explotación del caucho, y a las deportaciones
de mano de obra indígena por los capataces y sucesores de
la empresa. Los Huitoto habrían experimentado un traslado
a mediados del siglo XIX (ETSA 1996: 193).
Para este período, San Román anota algunas características
sobre los diferentes grupos étnicos organizados en tribus
donde ha tenido gran importancia la línea de parentesco y
la familia extensa. Además de estos lazos, la cohesión tribal
e intertribal se lograba a través de la guerra y las fiestas.
Se trata de sociedades igualitarias, sin clases y cuyas diferenciaciones
estaban determinadas por la edad y el sexo. A su vez, se localizaban
en pequeños grupos dispersos de vida seminómada y su estructura
económica identificaba a cazadores, pescadores, recolectores
y agricultores cuyo comportamiento era de tipo “colectivista”
(San Román, 1994). En relación a la subsistencia
podría agregarse que Amazonía cuenta con dos subregiones de
tamaño y potencial diferenciado: por un lado, se encuentra
la “vasta tierra firme” donde los recursos se
hallan dispersos pero continuamente disponibles; por otro,
la “estrecha llanura de inundación o várzea”,
en donde alternan la escasez y la abundancia, según suba o
baje el río (Meggers 1976: 17). La misma autora
afirma:
“...Los pueblos se consideran a sí mismos como parte de
la naturaleza, ni superiores ni inferiores a las demás criaturas
(aunque con frecuencia se sienten superiores a otros grupos
humanos)...” (Ibidem:14).
El momento del Contacto
San Román ubica el período misional entre los años
1542 y 1769. Éste se inicia con el arribo de los primeros
grupos de conquistadores europeos, en particular el que acompaña
a Francisco de Orellana, en busca de tesoros de la “tierra
mítica”. Esta empresa, de carácter militar, dejó el
saldo de innumerables abusos, vejaciones y muertes y no siempre
fue exitosa ya que la mayoría de los grupos nativos opusieron
resistencia. Se sumarán luego a las expediciones de los conquistadores
que viajaban hacia el interior de la selva, miembros de distintas
órdenes religiosas tales como jesuitas y franciscanos. Con
la expulsión de los jesuitas en el año 1769 por la Corona
de España se cierra el período.
Al igual que la mayoría de las misiones y reducciones, las
que se asentaron en el espacio amazónico, pretendían:
Llegar a los nativos creando nuevas necesidades de consumo
entre ellos. El traslado de los indios desde el interior de
la selva hacia las riberas de los ríos principales; la reunión
de los grupos en pueblos y caseríos a veces con tribus enemigas;
la imposición de la familia de tipo nuclear en reemplazo de
la tradicional familia extensa; una economía productiva sedentaria
y de previsión: ganadería y agricultura relegando las prácticas
de caza y pesca. La misma constituía una economía dirigida,
de subsistencia que incluía el comercio. La educación, lejos
de ser impartida a través de la línea de descendencia, estaba
a cargo del sacerdote. El preceptor ensañaba el catecismo
en el marco de una educación religiosa y cívico-moral donde
estaba instaurado el método de premios y castigos (San
Román 1994).
Junto a los efectos de la acción misionera se podrían enumerar
otros y de igual manera inferir que, al igual de lo que ya
se ha advertido en los párrafos anteriores respecto de la
existencia actual de “un proceso inacabado de conquista”
en Amazonía Peruana, la experiencia etnográfica realizada
ha permitido constatar que la “evangelización”
también continúa. Es cierto que se han sofisticado los métodos,
dejando de lado, en la mayoría de las veces, la brutalidad
de las formas de imposición del credo cristiano de la época
denominada de conquista y colonización. Sin embargo, no todos
los métodos tradicionales han desaparecido y aún hoy se siguen
“suponiendo” y generando necesidades y carencias
donde no las hay y se continúan proscribiendo las prácticas
tradicionales, por cierto enormemente alteradas, en favor
de un “credo” “totalitario”, expresión
esta última, ligada a la imposibilidad que tienen los grupos
religiosos y misioneros de asumir la “tolerancia”
y la “diversidad” de los nativos en pos de la
transculturación.
En la actualidad existen, junto a las de procedencia católica,
numerosas expresiones religiosas foráneas que tensionan el
área y se disputan los “fieles”. Las expresiones
religiosas aparecen también mezcladas. Tal es el caso, por
ejemplo, del movimiento mesiánico de La orden Cruzada Católica
Apostólica y Evangélica constituida de elementos católicos,
protestantes y de religiones autóctonas (Ríos Zañurtu
1995).
San Román identifica al período comprendido entre 1769
y 1880 como el período del nacimiento del capitalismo.
En éste ubica la explotación de los indios por parte de los
comerciantes bajo el ropaje de “servicios comerciales”
y “beneficios a la civilización”. Sería ésta la
época del surgimiento del “regatón” y del “patrón”.
Es importante agregar que en esta etapa se ensayaron algunos
proyectos de colonización sobre la selva.
En relación a este momento de la períodización de San Román,
se considera, por una parte, que el proceso capitalista, lejos
de “nacer en vísperas de la expulsión de los jesuitas”,
evidencia alguna de sus prácticas en la Amazonía Peruana,
en el mismo momento en que los conquistadores se internan
en la selva por los ríos principales y sus afluentes. Ellos
se movilizaban bajo el afán de riqueza y poder y de esta
forma iban dejando su huella en el territorio. Se podría hablar,
por cierto, de una expresión de mercantilismo basado en la
búsqueda y adquisición de los metales donde algunos recursos
amazónicos y los mismos indios se convertían en un valor de
cambio. A su vez, los misioneros bajo el afán de evangelizar
y proteger a los indios de las cacerías humanas también basaron
su proyecto en la autosubsistencia y el comercio y su expulsión
tiene como uno de sus antecedentes fundamentales la competencia
con los intereses de encomenderos, comuneros, etc. de la región.
Por otra parte, se considera de importancia destacar la creciente,
aunque tenue al principio, acción del Estado Nacional peruano
sobre la selva. Se piensa que un proceso relevante que se
inicia entre los años 1769-1880 estaría constituido por el
surgimiento y el fortalecimiento del Estado Nacional peruano.
Al igual que lo dicho sobre la necesidad de entender a los
pueblos de la selva considerando el efecto de la espada y
la cruz, también se puede comprender su desenvolvimiento histórico
bajo la expresa referencia sobre las acciones del Estado que,
aún continúan “surcando” aquel paisaje social.
La relación entre el Estado y los grupos de la selva se ha
definido como una “tensión irresoluble”, en donde
el primero se mueve de manera “pendular” de acercamiento
y abandono completo en función de sus intereses.
Las comunidades nativas frente al Estado, intereses y
potencial de la selva.“Las tierras aún siguen vacías”
Al igual que la mayoría de los estados latinoamericanos,
el Estado peruano recorrió un prolongado camino hasta su institucionalización
definitiva desde el momento de la independencia en 1821. En
ese largo trayecto se destaca aquel interés sobre la selva
que comienza a advertirse desde mediados del siglo XIX, momento
en que Perú, Ecuador, Bolivia pretendían la “nacionalización
de la Amazonía” (García Jordán 1998).
Comenta la autora citada que este hecho no era otra cosa que
el incremento del interés por afirmar la soberanía territorial
frente a los países vecinos: aprobación de leyes relativas
a la navegación de los ríos, la colonización del territorio,
la reducción de los indígenas, la explotación de los recursos
económicos y el envío de misioneros; esto último como instrumento
efectivo de “peruanización”, “ecuatorización”
o “bolivianización” que los gobiernos republicanos
encuentran debido a los vacíos jurídicos en el ordenamiento
internacional.
Comienza a advertirse en esta época la puesta en marcha de
proyectos de inmigración destinada a inmigrantes europeos
o, en su defecto, pensados para reclutar población de otras
partes del territorio peruano. Cualquiera de las dos propuestas
de colonización habían fracasado o no tuvieron la significación
que se encontrará en la época del caucho que se inaugura en
el año 1880.
Lo dicho anteriormente formaría parte de las acciones del
Estado Nacional sobre la selva que eran continuamente ratificadas
y “justificadas” bajo la idea de un espacio de
“tierras vacías” heredadas de la conquista que
debían ser pobladas, para cimentar el progreso de la Nación.
La época del caucho
Esta etapa, que para San Román se extiende desde 1880 hasta
1914, ha sido definida como un boom, debido a la rápida
propagación de la producción o extracción, generalmente por
capitales ingleses y norteamericanos, y a su breve duración.
Amazonía pasó de ser una zona casi desconocida a parte importante
en los negocios mundiales (San Román 1994).
Mientras duró el boom cauchero se reinstaló la “cacería”
de indios aptos para la extracción del caucho, junto a una
infinidad de formas de sumisión y esclavitud.
Resta agregar que este fenómeno movilizó a los poderes ejecutivos
y legislativos de los países que contaban con el producto
en son de la “defensa” de la soberanía de un territorio
donde anteriormente la presencia estatal había sido escasa
o nula (García Jordán 1998).
Los indios Huitoto frente al ciclo del caucho
Con el ciclo del caucho “ingresa” a la historia
de la Amazonía Peruana el grupo Huitoto. No se trata simplemente
de la mención historiográfica del “escándalo de la Compañía
Arana” que comprometió a altos funcionarios y que, en
cierta forma se convirtió en un episodio impune ya que la
compañía quedó libre de responsabilidades, sino también de
haber significado un traslado compulsivo de miembros de este
grupo por decisión de los empleados de la firma que los habían
recibido “en calidad de indemnización por parte de la
firma”, luego de haberse hecho públicas las denuncias
por el maltrato a los indios. Los mismos se fueron asentando
en las riberas de los ríos principales que atraviesan el oriente
peruano, formando parte de haciendas.
En la Casa Arana se estaban cometiendo infinidad de ilícitos
en contra de los grupos nativos apostados sobre el río Putumayo.
Mediante la acción de algunos periódicos limeños se dio a
conocer la situación en que se hallaban los Huitoto, entre
otros. El hecho no vinculó solamente a los capitales locales
del Perú; Julio C. Arana, asentado en la zona del Putumayo
desde 1896, habiéndose consolidado como “señor absoluto
de la zona” buscó el respaldo de la corona británica
mediante la conformación de la empresa “Peruvian Amazon
Rubber Co”, cuya sede social se hallaba en Londres (García
Jordán 1998: 16).
La autora citada, señala el año 1907 como el del comienzo
de una sobre explotación del caucho debido a una baja conceptual
en la cotización; esto hizo que indios Huitoto, en su mayoría,
perecieran en gran número, lo cual trajo aparejado una denuncia
de los periódicos de Iquitos y publicaciones inglesas (Ibid.:16).
Luego del período de éxito del caucho que sufrirá la competencia
de las plantaciones caucheras en el sudeste asiático (Indonesia,
Malasia, entre otras) que ofrecía mejores precios se dio paso
a la explotación de algunos productos de la selva que no modificaron
en nada la explotación de los nativos. Estos últimos eran
generalmente quienes se internaban en el monte en busca de
recursos bajo la presión de algún patrón que lo pretendía.
Las actividades extractivas luego de la caída del caucho
Al período que sucede al boom cauchero, San Román lo denomina
de recesión (1914-1943). En él se buscará la extracción
de: maderas finas, leche caspi, barbasco o cube, cueros, pieles,
petróleo. A su vez, se promovió la explotación de las tierras
con el objeto de obtener café, tabaco y algodón.
Lo anteriormente expuesto fundamenta aún más la idea de “una
conquista inacabada” en Amazonía Peruana ya que ésta,
espacio extractivo, ha sufrido la variación de los recursos
que se han perseguido en ella, no así la política de obtener
la riqueza a costa de la depredación ecológica y el sometimiento
de los nativos.
Otro de los hechos importantes de esta época es que muchos
de los inmigrantes (de Europa, de Asia y África) junto a los
migrantes provenientes de otras jurisdicciones, que habían
arribado a la selva en el período del caucho, quedaron librados
a su suerte debido a la caída en la demanda de este producto
en Amazonía. Los mismos se fueron asentando en las orillas
de los ríos principales. En este sentido agrega San Román:
“ los ‘colonos ribereños’ abrirán chacras, criarán
animales, se dedicarán también a la caza y pesca; a su vez,
la relación entre el patrón y los indios estará caracterizada
por la dominación y explotación bajo fuertes signos paternalistas;
la mano de obra del primero, formará parte de un modelo de
familia extensa donde el mismo aparecerá rodeado de hijos,
entenados, ahijados, servidumbre o cholos. En esta práctica
se advierte el germen de los futuros “caseríos” (San
Román 1994).
A lo anterior es importante agregar que en el seno de la
clase política, concretamente dentro de las filas del partido
civilista, ante la imposibilidad de que los inmigrantes europeos
se asentasen en las tierras peruanas preconizarán, a comienzos
del siglo XX, que era necesario hacer lo posible para que
el indio, dirigiéndose en particular a los indígenas de la
sierra, bajara a la costa y se le transformara en el “bracero
barato” que requería la modernización; incluso queriendo
hacer efectivo lo anterior, el civilismo instituyó en los
años veinte la legalidad de la “conscripción vial”
que efectivizaba el reclutamiento obligatorio de indígenas
para trabajos de construcción y reparación de caminos, carreteras
y rutas amparando legalmente abusos e irregularidades (Luna
1998: 75-77).
Otro momento del proceso histórico de la selva que cita San
Román es el de integración de ésta a la vida nacional (1943-1970).
Esta mención se basa en la construcción, por parte del Estado,
de carreteras tendientes a vincular la selva a los otros
espacios económicos peruanos como son la sierra y la costa.
El autor da cuenta sobre el traspaso de la relación directa
entre el patrón y los nativos a una de tipo indirecta de
sujeciones comerciales donde participaba también el poblador
ribereño. Algunos intermediarios habían aparecido en la selva
anteriormente tales como el regatón; junto a éstos se harán
presentes los chinganeros y rematistas.
Los primeros serían comerciantes que venden al contado, a
crédito o trocan y se han convertido en “acreedores”
dentro del caserío. Los últimos, relativamente recientes acechan
los botes con productos, compran a bajo costo su cargamento
y lo revenden a un precio mucho más alto.
Para esta época si bien la ocupación de las riberas principales
o de la zona aledañas a las carreteras será espontánea, se
advierte una mayor planificación en la colonización dirigida
en parte por las consecuencias de la ocupación espontánea.
La colonización respondía a la estrategia promovida desde
el Estado con el afán de reunir mano de obra necesaria en
alguna de las empresas extractivas o como una forma de descomprimir
la complicada situación social. Para Carlos Junquera y otros
especialistas lo que se encuentra en el trasfondo de esta
cuestión es un problema social, económico y político de carácter
secular producto de que la carencia entre los países de la
cuenca amazónica de una reforma agraria (Junquera 1995).
También se notará en esta etapa un incremento de la presencia
militar, asistencia técnica y crediticia para los productores
que se dirigían a la selva y la creación de algunas escuelas
normales.
En la década de 1950 el gobierno nacional, bajo el lema de
“asimilar a los salvajes” propició la presencia
de Preceptores encargados de enseñar el alfabeto castellano
y cuestionar a su vez las prácticas medicinales tradicionales,
el chamanismo, etc. perdiéndose de esta forma las manifestaciones
propias de cada comunidad.
Es también en esta época en que el Estado sellará un acuerdo
con el Instituto Lingüístico de Verano que se dedicará a la
investigación de lenguas, datos antropológicos, recopilación
de leyendas, canciones, enseñanza del idioma a los indígenas
y la traducción de obras a las lenguas indígenas (San Román
1994). Esto último es interesante rescatarlo porque significó
la puesta en práctica de acciones apoyadas en la política
indigenista nacional que veía en los pueblos nativos el fiel
reflejo del atraso y solamente “incorporándolos”
al mundo occidental el país se encarrilaría en la marcha hacia
el desarrollo. Este hecho aporta un nuevo elemento para la
reflexión acerca de los límites entre el campo del saber y
la política; esto es, la contribución de la ciencia antropológica
al colonialismo imperialista primero y al colonialismo de
corte nacional luego. Esto último se relaciona con la huella
de los misioneros del I.L.V. que además de haberse propuesto
conocer al “otro” sugería e incorporaba elementos
exóticos a las culturas originarias “satisfaciendo”
o “creando” necesidades y por ende dando lugar
a una mayor dependencia hacia el mundo blanco.
Tanto los miembros del Instituto Lingüístico de Verano, como
los maestros que han sido formados por ellos, han participado
de una experiencia escolar enmarcada en un modelo asimilacionista
y civilizatorio (Trapnell 1996: 167).
Para concluir con esta descripción histórica de los pueblos
de la selva peruana se citará nuevamente a San Román quien
identifica al lapso de tiempo que transcurre entre 1970 y
1990 como el período del petróleo y de la coca (1970-1990).
Será en estas dos décadas, y de manera especial por la creciente
presencia de la coca, que se transformó a una considerable
masa de nativos en “asalariados eventuales” y
en agricultores independientes, incorporándolos a la economía
de mercado (Ríos Zañurtu 1995: 174).
Se identifican aquí los mismos mecanismos de acción e intereses
y justificación de las acciones sobre Amazonía. Posiblemente,
para un futuro, se encuentre en la selva amazónica el “nuevo
enemigo” contra el cual el Estado Nacional, tutelado
por el poder norteamericano, encuentre un objetivo a ser derribado.
En la región amazónica, por citar un ejemplo, cada día se
hace más fuerte la idea de una eventual penetración militar
(¿panamericana?) en tierras colombianas para “actuar”
frente al narcotráfico y la guerrilla. Podría presumirse que
se trata de una nueva estrategia geopolítica para la medición
de fuerzas o, de hecho, de una nueva imposición militar norteamericana.
Se piensa que permanece de manera implícita a propuestas
como éstas la idea de “espacio vacío”: se quiere
combatir el narcotráfico pero a su vez erradicar la guerrilla,
ambas estrategias responden, mediante el Plan Colombia, a
una pérdida de influencia política y económica de Estados
Unidos en la región (Gambetta 2000), y cualquiera
de las declaraciones al respecto ha omitido referirse al trágico
efecto de las acciones militares sobre los pueblos que habitan
la selva[3].
En igual sentido, se ha identificado dicha omisión cuando
se trata de reuniones de “consenso” y acuerdo.
Tal es el caso del Pacto Amazónico firmado en 1978 por Bolivia,
Perú, Brasil, Colombia, Venezuela, Surinam, Ecuador y Guyana.
En el mismo aparece mencionada la presencia de aborígenes
en la cuenca del Amazonas que deben ser preservadas pero el
Pacto apunta a la defensa de ‘otros intereses’.
El Pacto Amazónico se firma ante los peligros de una posible
“internacionalización del área” (Abínzano
1993: 35). Los países firmantes se propusieron integración
de la Amazonía a las economías nacionales, compartiendo experiencias
de desarrollo y preservando el medio ambiente; creación de
un sistema de información único; preservación de las sociedades
aborígenes; realización de campañas sanitarias; realización
de investigaciones científicas en diferentes campos y distribución
equitativa de los beneficios del desarrollo (ibid.:35).
La defensa de Amazonía en este caso está fijada por el potencial
económico de la misma en el presente y el futuro. Por otra
parte se incorpora a la problemática una dificultad de magnitud
ya que históricamente se ha comprobado en América Latina que
ha existido una enorme brecha entre las declaraciones y leyes
y los hechos.
Los “límites” de la Amazonía Peruana: entre el territorio
y la autoridad
Más allá de los innumerables conflictos que el Perú ha sostenido
con Colombia y Ecuador por las cuestiones de los límites territoriales,
es importante considerar algunos puntos que afectan de manera
directa a los grupos tribales:
En primer lugar, los conflictos de límites toman fuerza
en un momento especial del desenvolvimiento de los países
latinoamericanos; esto es, la formación y consolidación de
los Estados. La delimitación territorial frente a los países
contribuía a externalizar el poder estatal, uno de los “atributos
necesarios de la estatitad” (Oszlak 1978).
Esto provocó la fragmentación y disgregación de algunos grupos
nativos ya que debían acomodarse a la “nueva”
nación con límites jurídicos signados, pero a veces difusos,
lo cual habría contribuido al establecimiento de los conflictos
interestatales. De esta forma algunas parcialidades quedaron
segregadas por las fronteras nacionales. Esta empresa se producía
de manera compulsiva implicando la muerte de quienes se resistían.
Un claro ejemplo de lo anterior se había vislumbrado con
motivo del escándalo de la Casa Arana. Allí también hubo una
movilización de tropas colombianas y peruanas que además del
traslado, penalidades y la obligación de realizar diversos
trabajos por parte de los indios Huitoto hubo agresión armada
hacia ellos; así como en el conflicto del Perú con Ecuador
hubo una masacre de los indios por considerarlos “sospechosos”
de colaboración con el enemigo externo (San Román 1994).
Otro aspecto importante es que la estructura política del
Estado implicaba también el reconocimiento exclusivo y excluyente
de una sola unidad política. Por lo tanto, las acciones de
éste tendieron a desmovilizar cualquier disputa incluyendo
la supresión de otras manifestaciones políticas y culturales
como la de distintos pueblos indios. Esto se advierte actualmente
en la tímida y muchas veces inexistente “concesión”
en la política del Estado para con los nativos de la selva
de hacer uso de un conjunto de facultades tales como las decisiones
políticas, económicas, culturales y territoriales de los grupos
nativos. Por lo tanto, la autogestión es todavía una ilusión.
Huitotos, Yaguas y Mai Juna en un presente de tensión
y conflictos.
Esta última parte se refiere a la situación que viven hoy
los indios Huitoto, Yagua y Mai Juna y por extensión todas
las comunidades de la selva. En este punto sí se suscribe
la perspectiva totalizante que se ha venido cuestionando desde
diferentes perspectivas de la antropología por ser de características
etnocéntricas.
Tal postura se fundamenta en el efecto que padecen todas
-y sin excepción- las tradiciones vivientes por el capitalismo
cuyo perfil actual es de tendencia neoliberal y excluyente
de manera creciente. Por otra parte, el Estado, como expresión
política y agente de penetración capitalista, continúa actuando
bajo la idea -un tanto obsoleta pero que ha acompañado en
la mayor parte del presente siglo al indigenismo– de
la pertinencia de una política “para los indios”
y de la necesidad de superación de los “arcaísmos”
y “las tradiciones” (en todo el sentido de la
expresión) para adquirir un crecimiento económico estable
que permita la modernización. De esta manera continúa vigente
la vieja idea de la necesidad de superar el atraso mediante
la erradicación de su expresión más cabal, esto es, el conjunto
de pueblos nativos. Esta circunstancia, aún de suma presencia
en el interior de la sociedad nacional, y aún existente entre
los intereses transnacionales está vaciando a Amazonía: así
como asistimos a un proceso creciente de devastación ecológica
va en aumento la desertización cultural.
Los pueblos nativos en el presente
La información que se presenta a continuación ha sido lograda
en su mayor parte mediante la experiencia etnográfica realizada
en las comunidades Huitoto, Yagua y Mai Juna en febrero de
1999. En la descripción realizada se ha hecho especial hincapié
en los aspectos de la cultura material emparentados con la
tecnología de estos grupos y ha permitido localizar en qué
medida se refleja el choque entre la tradición nativa junto
a la proveniente de la tradición occidental. Se había mencionado
anteriormente que, fruto de la transculturación los elementos
de la cultura blanca eran cada vez más numerosos y que esto
generaba, a su vez, una mayor dependencia entre los indios.
Por otra parte, un elemento que agudiza cada vez más esta
situación es la imposibilidad creciente del intercambio sin
la presencia de dinero.
Huitoto
La comunidad Huitoto visitada se encuentra en la quebrada
del Negrourco, en el Alto Napo. La misma cuenta actualmente
con 400 integrantes. Su presencia en aquella zona es relativamente
reciente, debido al traslado de capataces y empleados de la
Casa Arana que se dirigían con “mano de obra”
desde el Putumuyo constituyendo haciendas en las riberas principales.
Esta comunidad en particular proviene de Caquetá, la Chorrera
en la cuenca del Putumayo (Colombia). Uno de los empleados
de la empresa Arana fue indemnizado por el despido con veinte
familias Huitoto que éste trasladó hasta el Alto Napo donde
instaló una plantación.
Entre los Huitoto se procuró la obtención de datos concerniente
a las actividades laborales y productivas que permiten la
obtención de alimentos por parte de los miembros de la comunidad.
Tal como se ha advertido existe entre ellos una coexistencia
de herramientas y técnicas entre: los instrumentos tradicionales
heredados de los antepasados y que se encuentran en uso;
aquellos que han sido incorporados desde la cultura no nativa;
existe, a su vez, un tercer tipo de herramientas que permanecen
en el recuerdo de los Huitoto que han sido utilizadas para
la caza y pesca pero que hoy se encuentran en desuso
Entre estos últimos es de especial importancia la técnica
de pesca consistente en el envenenamiento de las aguas mediante
el barbasco. Junto a éste los Huitoto recuerdan, el
uso de la pucuna y la macana para la cacería
en el monte. La primera consistía en un especie de madera
ahuecada que contenía en su interior un dardo envenenado que
se expulsaba mediante un fuerte soplido. La macana
es similar a un machete, hecho de una madera denominada guango.
Con el afán de “materializar” el recuerdo de sus
prácticas tradicionales una Organización No Gubernamental
extranjera ha colocado sobre el frente del caserío de la comunidad
Yagua del Urcomiraño un monumento que refleja a uno de ellos
cazando con la pucuna. Lo anterior, por cierto, es algo totalmente
exótico a la forma tradicional en que estos grupos resignifican
sus prácticas, esto es, pura y exclusivamente mediante la
memoria colectiva que es transmitida mediante la tradición
oral. Esto último les valió a los pueblos ágrafos el calificativo
de “sociedades sin historia”.
Entre los Huitoto, en cambio, el monumento que una ONG ha
colocado y que procura “ordenar” territorialmente,
junto con una pequeña plazoleta, la comunidad mediante pautas
diferentes de asentamiento, se describe más contemplativo.
Al igual que el encontrado entre los Yagua, éste también se
ubica de espaldas al caserío y mirando hacia el río.
Siguiendo con la enumeración de elementos para la pesca que
utilizan los Huitoto, también se encuentran las redes que
son compradas cuando escasea el hilo. Éstas son de hilo de
nylon y se tejen utilizando una aguja de madera denominada
cumanceba. El tiempo que les lleva confeccionar este
tipo de redes es aproximadamente de veinte a treinta días
dependiendo del tamaño de la red y de la agilidad del tejedor.
Junto a las redes son comunes las tarrafas, red
trampa y arrastradora.
Se debe remarcar en particular para la caza el uso de la
retrocarga. Las armas de fuego han sido introducidas
entre los Huitoto en la época de los patrones caucheros y
de explotación del palo rosa. El patrón le entregaba un arma
a cada uno. En la actualidad, deben trabajar muy duro para
conseguirla. Generalmente se la compra de manera individual
al comerciante y, si el dinero no alcanza, se compra usada
a otro miembro de la comunidad.
Acompañan en el listado los instrumentos de caza tales como:
la balista y trampas de madera. Las armas citadas
anteriormente, resultan útiles para cazar en el monte.
Para la agricultura, los Huitoto utilizan el machete
y el hacha. Éstos instrumentos se encuentran entre
los nativos de Amazonía desde la época de los misioneros que
las entregaban a modo de regalos con el objeto de acercarse
a los grupos nativos.
El arroz y el maíz se cosechan de manera individual y se
venden a los regatones (comerciantes), acopiadores o se lleva
y se vende en la ciudad.
El trabajo de roza y quema se hace mediante la “minga”
o ayuda mutua la cual sería una especie de trabajo en conjunto
con algunos miembros de la comunidad
La obtención de créditos, lanchas, etc. dependería de la
gestión del jefe de la tribu frente a las autoridades civiles.
En el seno del grupo las jefaturas duran dos años aproximadamente
y la permanencia del jefe depende mucho del desempeño del
mismo. En caso de que estos, luego de haber sido elegidos,
se desprendan de la voluntad de la tribu o manifiestan prácticas
condenables por la misma, deben dejar su lugar y son castigados
con el destierro. Esto recuerda lo expuesto por Pierre Clastrés
sobre el poder en las sociedades primitivas:
“aquellos que llamamos líderes están desprovistos de todo
poder, la jefatura se instituye exteriormente al ejercicio
del poder político (...) En realidad, que el jefe salvaje
no detente el poder no significa que no sirva para nada: por
el contrario, ha sido investido por la sociedad con un número
de tareas y en este sentido se podría ver en el a una especie
de funcionario (no remunerado) de la sociedad....”
(Clastrés 1987:112-113).
En la comunidad Huitoto existen miembros que realizan estudios
en Lima referidos a la “formación en dirigencia popular”.
El dirigente popular demuestra sus cualidades incentivando
para el trabajo, formando pequeñas y medianas microempresas
para sortear las necesidades de la comunidad. Otro de los
objetivos es que éste se prepare para formar a los miembros
de la comunidad.
Yaguas
La comunidad Yagua visitada está situada en la Quebrada del
Urcomiraño en el Napo Medio y cuenta en este momento con un
total de 360 integrantes.
Entre los Yagua, se buscaban los elementos referentes a la
cultura material hacienda especial hincapié no tanto en los
artefactos de uso sino en la materia prima con que éstos son
confeccionados o adquiridos.
En primer lugar se registró el material con que se fabrican
las viviendas. Previamente se dirá que las mismas están dispuestas
de forma circular enderredor de un espacio abierto y desmontado
donde se ubica una cancha de fútbol.
Una amplia variedad de maderas extraídas del monte es utilizada
en la construcción de las casas. Se identifican, según la
descripción de un informante Yagua las siguientes: muenas,
topiyes, memocaso, tamishi (especie de
soga), caimiliña para la puerta, ahorcón de
muena negra para las columnas. El techo posee
un travesaño de shapaha y es de girapai que,
previo a su instalación, se entreteje. El piso está hecho
a base de pona y guacraponas y la vivienda está
sostenida por pilotes de topiye atravesados por guamanjamán.
Este tipo de “vivienda elevada”, común a muchas de las comunidades
de la selva se las denomina palafito.
En el interior de la vivienda, se hallan bancos utilizados
como asientos y provenientes de cumala, una madera
que se extrae del monte y se corta con la motosierra.
La mesa, contigua a los bancos, es de tornillo caspe,
un árbol alto. Las uniones entre maderas se realizan a base
de clavos metálicos que se compran en el distrito de Mazán;
el precio de éstos es de cuatro soles y los nativos sólo los
pueden adquirir con dinero.
Otros objetos compuestos de metal se identificaron en artículos
tales como: hachas, palas y cuchillos;
todos estos, instrumentos utilizados para sacar la hierba
y cultivar. Al cuchillo lo utilizan para abrir y limpiar el
pescado, cortar y pelar la yuca y el plátano.
Junto a estos elementos se encuentran flechas, utilizadas
para cazar peces como: el boquichico, el chucunari, el fajad,
el snambano y la palometa. A los anzuelos, en el caso
de la pesca, los acompaña un hilo plástico y
una varilla de madera (caña) y se le coloca el pijuaio
de carnada.
La retrocarga es el arma de fuego más utilizada en
la caza. El informante Yagua advertía que él utiliza una que
le prestan sus amigos. De no ser posible esto último, se utiliza
la pucuna para cazar animales chicos como el tocón,
el guapo o el pichaco.
En la cocina, los objetos metálicos que utilizan son: ollas,
baldes, platos y tazones. A estos productos
“alóctonos” se los puede adquirir entre otras, bajo la forma
de intercambio por las shicras (bolsos tejidos con
fibras naturales) que ellos confeccionan.
En cuanto a la cerámica, y siguiendo en el ámbito de la
vivienda, se utilizan para la cocina: ollas pequeñas
de greda, tinajas grandes. Estos recipientes se elaboran
manualmente, dejando secar la greda y quemándolos mediante
la candela (especie de horno preparado sobre la tierra).
Las fibras vegetales son utilizadas mayormente en los tejidos.
Entre otras se pudo identificar el tamishe que se utiliza
en la confección de canastos para la cocina.
La “shicra” (bolso) es otro de los tejidos que se realizan
luego de un proceso que incluye la extracción, la selección
y el teñido de las fibras. La tejeduría la realizan tanto
los hombres como las mujeres.
Entre los objetos de plástico, también adquiridos en la sociedad
blanca, se identificaron palanganas y baldes
utilizados en la cocina.
Se advierte entre los Yagua una división sexual del trabajo.
Todas las tareas del hogar las realiza la esposa; la participación
del marido podría delimitarse en general fuera del hogar:
trayendo leña, agua, plátano, guineo (plátano pequeño), etc.
La caza en el monte también es una actividad que le compete
al hombre.
En la chacra, por ejemplo, el hombre trabaja solo, sin la
ayuda de la mujer. Claro que esta primera clasificación es
también relativa. Excepción de ello lo constituye entre otras
el “control del fuego” por parte del esposo en
el recinto de la cocina de la vivienda o la confección de
los tejidos que las realizan tantos hombres como mujeres.
Como se ha observado el universo artefactual de los Yagua
es de índole variado, al igual que la materia prima de composición
de éstos.
En la incorporación de objetos de uso cotidiano en las comunidades
de la selva peruana ha tenido gran incidencia la presencia
de misioneros protestantes y los pertenecientes al Instituto
Lingüístico de Verano. Se considera que la acción de éstos
puede ser definida también como la “avanzada indirecta”
del Estado[4]
que le había confiado por intermedio del Ministerio de Educación
la investigación y educación de los nativos de la selva.
También se ha advertido de parte del Estado un proceso de
“electoralización” que hace de cada Yagua mayor
de edad un potencial elector. Se ha localizado en las viviendas
la presencia de murales con las fotos de los candidatos electorales.
A su vez, el número de miembros de cada comunidad incide en
el interés que ésta despierta para la clase política. Los
Huitoto, por ejemplo, reciben mayor el “apoyo”
que los Yagua y Mai Juna por ser la comunidad más numerosa
en condiciones electorales.
Mai Juna
El grupo Mai Juna que se ha visitado se ubica en la Quebrada
del Sucusari.
Este asentamiento Mai Juna permanece aislado una parte del
año debido a la baja de las aguas. Como en las anteriores
comunidades descriptas, el río y la quebrada constituyen la
única vía de comunicación con el mundo exterior.
En la comunidad el informante era quien estaba a cargo de
la regencia religiosa del grupo y también era artesano. En
este caso la entrevista realizada apuntó a los objetos que
éste confecciona para intercambiar o vender. Por otra parte,
se pudo obtener información acerca del modo de preparación
de las artesanías y la materia prima que las componen.
Entre las artesanías se pueden citar:
Shicra (Taleguera en Mai Juna): se toma un
tronco de chambira; se saca, se cocina la fibra y se pone
al sol. Posteriormente se tiñe con achote (árbol) o rifari
(hoja). Luego se teje colocándose en la trama.
Collares: algunos son rosarios. Se utilizan semillas
de achira (Chaquira en Mai Juna); guairuro rojo, negro con
rojo, puro rojo. También se cuenta el trigo, guayos de la
pona; mandíbulas de pirañas. Se incluyen además los caracoles
como el congonpe que se utiliza además en los niños recién
nacidos para curar el ombligo y los colmillos de majaz y de
guangana: “cerdo grande que se come”.
Pucunas: se utilizan para matar toda especie de aves
y animales. Se le coloca el ampire que es un veneno.
Estatuillas zoomorfas: son representaciones de animales
hechas a base de raíces. Se les da forma mediante el machete,
la lija o en su defecto la piel del pez rayo, el serrucho
y botellas quebradas y luego se pintan de diversos colores
extraídos de diferentes hierbas.
Huingos: especie de recipientes decorados.
Macana: arma utilizada por los antepasados. Consta
de una de hoja madera plana. Se confecciona a base de pona
del monte.
Pulseras y brazaletes.
Tejidos de chambira. Hoja de palmera extraída del
monte.
Capinurí: palo con resina con utilidad medicinal en
caso de hernias, quebraduras. Muy útil en los masajes para
lisiados.
Junto a los objetos antes citados se confeccionan maracas:
son de huingo; quenas: algunas son hechas de plástico.
El informante Mai Juna, comentó además que la madera la
extrae del monte. Las semillas provienen del cultivo que él
mismo realiza. Obtiene también los colmillos y mandíbulas
mediante la caza y la pesca. Para las labores artesanales
dedica tres días y otros dos para buscar el alimento de su
familia.
Algunas veces, logra intercambiar con los miembros de su
comunidad, sus productos por ropa, anzuelos, soguillas. Otras
veces los vende. Respecto a esto último, precisó acerca del
valor en dinero de sus artesanías que son adquiridas mayormente
entre noviembre y febrero por turistas norteamericanos.
Según Irene Bellier y Chaumeill son generalmente los regatones
o comerciantes de paso quienes adquieren las artesanías de
los Mai Juna.
Al igual que lo acontecido con los Yagua, los miembros del
Instituto Lingüístico de Verano han influido de gran manera
en el seno esta comunidad. Ha sido significativa su marca
en la explotación territorial.
A su vez, la disponibilidad de maderas del monte[5] se ha visto alterada por la exigencia
de los patrones del Napo lo que ha obligado a los Mai Juna
a dedicarse cada vez más a la producción agrícola (Bellier
y Chaumeill s/r).
Conclusiones
La selva perteneciente a la Amazonía Peruana se encuentra
entre dos frentes: por un lado se halla un claro interés por
institucionalizarla, incorporarla definitivamente al territorio
nacional. Por otro, se reitera la expresión que justifica
cualquier acción: Amazonía un lugar vacío a ser transformado
por el “progreso”. Este último entendido como
interés transnacional o como interés y gestión del Estado
hacia el espacio interior.
Ambos movimientos sobre la selva son receptados por Huitoto,
Yagua y Mai Juna al recibir por parte del Estado definiciones
y acciones, fruto de una política oscilante o pendular que
va desde una penetración incisiva a la desprotección y abandono
completos.
Ejemplo de la presencia del Estado han sido: las acciones
militares de control de las fronteras exteriores, los misioneros
fundando reducciones, los maestros provenientes de escuelas
normales, los miembros del Instituto Lingüístico de Verano,
los planes de colonización, las obras públicas (particularmente
el tendido de largas carreteras para comunicar la selva con
Lima), los programas de formación de líderes de las comunidades,
la legislación y expropiación de tierras, apoyo y facilitación
de operaciones de empresas de capitales internacionales, etc.
El Estado se ha mostrado ausente frente a: respeto por la
identidad étnica, la autogestión y la posibilidad de que los
pueblos indios tomen decisiones sobre sus tierras, sus formas
de organización; la posibilidad de lograr la interculturalidad
hacia el interior de la nación. A su vez, ha abandonado su
deber de “velar por los ciudadanos peruanos de la selva”:
entre los nativos de Amazonía Peruana, son escasos los recursos
sanitarios, los apoyos crediticios para el desarrollo, los
programas sociales, las garantías constitucionales, etc.
Esta situación en desventaja para los nativos continúa justificándose
mediante la materialización de los proyectos modernizadores
que, a su vez, se han ido reescribiendo mientras se aplicaban
sobre el conjunto social.
Huitoto, Yagua y Mai Juna han asumido la conquista, al hombre
blanco, la violencia sobre el colectivo social. Han aprendido
a convivir con la tragedia que los transcultura. Sus prácticas
y artefactos culturales denotan los efectos del choque cultural.
Lo más importante sería, en última instancia, que el mundo
occidental o como afirma la Declaración de Barbados: las sociedades
dominantes de los países desarrollados y las sociedades nacionales
dependientes, se descentren de sí mismas y puedan coexistir
con lo “Otro”. Sólo deteniendo el proceso de “conquista
inacabada” que padecen los nativos de la selva se estaría
en camino de la institucionalización efectiva –no ficticia-
de la diversidad cultural
Por último, resta hacer una especial mención y agradecimiento
a las comunidades de Amazonía Peruana: Huitoto de la Quebrada
del Negrourco, Yagua de la Quebrada del Urcomiraño y Mai
Juna de la Quebrada del Sucusari Alto Napo por su grata recepción
y valiosísima información brindada. También se agradece por
sus charlas y conferencias a: Miembros del Programa de Formación
de Maestros Bilingües de la Amazonía Peruana (AIDESEP e ISP
“LORETO”), Padre Joaquín García (CETA), José Díaz
Heredia (UNAP) y Augusto y Shuliza (UNAP). Por último, se
agradece también al Seminario “Los Andes antes de los
Inka II” dependiente del Instituto Superior del Profesorado
Joaquín V. González, Buenos Aires en la persona de la Lic.
Ana María Rocchietti, quien dictara el Seminario.
[1]Esta afirmación al igual que otras
tales como: a) Amazonía es una “Tierra Fértil; b)
La selva es “homogénea” ; c) Amazonía como el
“pulmón del mundo”; d) Amazonía es un “espacio
libre para la solución de conflictos periféricos”;
e) el indio es un “retraso al desarrollo” ;
constituyen las grandes falacias tejidas sobre el mundo
amazónico. (Información vertida por el Padre Joaquín García,
dos de febrero de 1999 en el Centro de Estudios Teológicos
de la Amazonía Peruana, Iquitos, Perú).
[2] Ha sido de considerable importancia el aporte del
sacerdote agustino español por su dedicación al estudio
de las poblaciones amazónicas. San Román (1933-1982) comenzó
desde finales de los años 60´ a investigar los aspectos
socio-económicos de los ríos Amazonas y Napo y a participar
activamente en Iquitos siendo el cofundador del Centro Amazónico
de Antropología y Aplicación Práctica (CAAP) y miembro activo
del Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía Peruana
(CETA).
[3] Lo que aparece de manera contundente frente a la
ofensiva impulsada por Estados Unidos más que una muestra
de sensibilidad de parte del resto de los países de la Cuenca
frente a los pueblos de Amazonía sería una “contraofensiva”
militar impulsada desde los Estados que comparten la región
y que es liderada por Brasil. Se trata del Sistema de Vigilancia
Amazónica que procura controlar mediante aviones, radares
y satélites el espacio aéreo de la región (Bilbao 2000).
[4] Para esta época y, en el marco
de lo que Bonfil Batalla ha dado en llamar “indigenismo
integracionista”, descripto anteriormente, lo fundamental
era la sustitución de la cultura india cuyo proceso de aculturación
debía estar orientado científicamente. Entre otras cosas,
cuando no eran desplazados de sus territorios por algún
propósito “moderno” (represas, extracción petrolífera)
se reclutaba a los jóvenes de las comunidades y aldeas indias
con el afán de educarlos a la manera occidental para que
en su regreso a sus sociedades introduciesen e impulsasen
las ideas de progreso, modernización y desarrollo (Bonfil
Batalla, 1987).
[5] La deforestación de la selva crece de manera abrupta.
Sin ir más lejos, el empresario brasilero Cecilio do Rego
Almeida ha comprado siete millones de hectáreas en Amazonía,
conteniendo en su interior un cuantioso espacio ecológico
que incluye grupos de indios tales como los Xipaia. En relación
a la Amazonía Peruana, do Reigo Almeida ha adquirido una
extensa cantidad de hectáreas que se extienden entre los
ríos Marañón y Ucayali, en las proximidades de la ciudad
de Iquitos (Sánchez,1999:28-42).
PAGINAS WEB RELACIONADAS
www.uniamazonia.edu.pe
www.iiap.org.pe/Amazonia/amazonia.htm
www.ceta.org.pe
www.ceta.org.pe/kanatari
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