EL TURISMO CULTURAL O LA MERCANTILIZACIÓN DE LA CULTURA
Aurora Daniel Villa
Licenciada en Antropología
Universidad Miguel Hernández. Elche (España)
Resumen
La expansión del turismo a nivel mundial es un hecho a considerar
desde la antropología, al ser fenómeno de características multidimensionales.
Desde ella deberemos de tener en cuenta una serie de factores que
han influido e influyen directamente en los países receptores, de
forma que nos permita analizar los impactos que éste, y el despliegue
de infraestructuras que le acompañan, tiene sobre la economía, el
entorno ecológico, la cultura y el patrimonio histórico-artístico,
para poder proporcionar una alternativa sostenible a dicha expansión,
de manera que el turismo sea una forma de intercambio y conocimiento
entre culturas y no una mera colonización del espacio con objetivos
económicos.
Introducción
Si partimos de la base de que el turismo es, en la actualidad,
uno de los movimientos poblaciones (y económicos) que generan mayor
cantidad de contactos culturales, junto con los movimientos migratorios;
queda en evidencia la necesidad de estudiar dicho fenómeno socio-cultural
desde una perspectiva integral, en la que se tengan en cuenta todos
sus componentes, mucho más si abordamos el tema desde la antropología.
Desde nuestra perspectiva, las variables principales a considerar
en el estudio del fenómeno turístico son las siguientes: tiempo;
espacio no sólo como área geográfica o física sino también como
"lugar" de significación y de expresión de identidad y pertenencia;
comunidad receptora; visitantes y las motivaciones que les llevan
a ese viaje; el impacto cultural del contacto entre ambos y los
posibles cambios que pueden generarse; el impacto económico y el
impacto ecológico. De forma que se pueda realizar un estudio global
e integrador, facilitando una perspectiva holística, en la cual
se valoren todos los factores que influyen y son influidos en el
fenómeno turístico a analizar.
Centrándose en un tipo de turismo, el cultural (Smith V, 1977);
si bien en la mayoría de las ocasiones se entremezclan, como sucede
con lo histórico, lo cultural y lo étnico, el medioambiental y el
de salud, etc...., ya que las motivaciones de los individuos son
múltiples y no unidimensionales, por lo que en un mismo viaje no
buscamos y encontramos una única experiencia, sino varias, (PEARCE,
1982). Esta tipología turística es, según Valene Smith (1), la búsqueda
de "lo tradicional", "lo folklórico", "las costumbres", podríamos
incluir también las visitas a monumentos, museos y ruinas, que nos
permiten sumergirnos en el pasado y en el presente de los "Otros",
de aquello que hemos idealizado y que buscamos como algo auténtico
que nos transporte a "mundos diferentes" donde disfrutar esa fantasía
vendida y re-creada en las bonitas y estudiadas imágenes publicitarias
de las agencias de viaje; fantasía que nos saque de nuestra rutina
cotidiana.
Tras varios estudios, como los realizados por Greenwood, en los
que investigó el caso vasco y de que manera afectaba el desarrollo
del turismo en las tradiciones de algunas localidades de la zona,
se ha llegado a la conclusión de que esta parte de la cultura expuesta
al visitante, se pone en venta, se escenifica, se re-presenta, como
forma de preservar la verdadera identidad e intimidad de los nativos
frente a la mirada curiosas de los turistas, intentando evitar que
se pierda su significado original, lo que tiene de identidad para
esa cultura.
Pero quizás, una de las partes más beneficiadas de todo este sistema
es el patrimonio artístico-monumental o paisajístico de estas zonas
turísticas, que suele ser utilizado como reclamo para atraer más
visitantes, para lo cual se rescatan y restauran, introduciéndolos
en los circuitos turísticos a modo de mercancías descontextualizadas
de una historia y una cultura mucho más complejas, que por lo general
se desconocen.
A dos de estos espacios del litoral Alicantino haré referencia,
el Tossal de Manises y las Torres Vigía de l'Horta d'Alacant. Pero
antes es conveniente describir los antecedentes históricos del turismo
en este área geográfica, a modo de contextualización de los hechos
etnográficos.
Antecedentes
En Alicante la tradición veraniega data aproximadamente del S.
XVII, considerándola como zona de descanso por las gentes de las
áreas rurales cercanas. En la segunda mitad del S. XIX y durante
principios del S. XX se fue desarrollando, siendo uno de los aspectos
más particulares y de atracción turística los llamados balnearios
de mar, construcciones, características de la playa de la ciudad,
situadas sobre pasarelas y compuestas por galerías de casetas, pintadas
de colores vistosos, que adelantaban, sobre caballetes de madera
o hierro, unos brazos hacia el mar, divididos en compartimentos
o habitaciones, las cuales tenían escaleras que llevaban a los bañistas
directamente al agua para tomar sus baños.
A ellas acudían no sólo los alicantinos, sino gentes de otras
provincias, sobre todo madrileños, a "tomar los baños" de "Virgen
a Virgen", es decir, del 16 de julio, día de la Virgen del Carmen
hasta el 15 de agosto, día de la Asunción, conjugando, de esta manera,
ocio y terapia.
La costumbre era llegar a los baños y reservar una de sus habitaciones,
individual o para la familia. En ellas se cambiaban de ropa para,
desde la misma bajar al mar y tomar un baño.
La duración de los baños variaba entre unos 15 y 60 minutos, dependiendo
de la persona y la prescripción medica. Después se podía optar por
tomar baños de sol en el solarium, o por los baños de algas cocidas
con propiedades curativas, otros se decidían por tomar una ducha,
cambiarse de ropa y almorzar en el restaurante del balneario, que
carecía de cocina propia, pero traía las comidas preparadas de restaurantes
y hoteles cercanos.
Estas se pueden considerar cómo las primeras infraestructuras
turísticas, en las que además de los baños de mar , de sol y los
de algas, se ofrecían otros servicios cómo gimnasio y tiendas de
recuerdos, en las cuales se vendían caracolas y collares realizados
con conchas marinas. Todo ello se encontraba reforzado por una serie
de hoteles y fondas cercanos a la playa, y que eran el alojamiento
de estos primeros turistas.
El significado del viaje era diferente, se consideraba como algo
especial al alcance, principalmente, de las clases acomodadas. Todavía
no había surgido el turismo de masas, tal y como hoy lo conocemos,
ese turismo surgido de una nueva sociedad favorecida por el cambio
socio-económico y por el gran desarrollo de los medios de comunicación,
en la que las vacaciones pagadas se convierten en la recompensa
de todo el año de trabajo. Turismo que se caracteriza por desplazamientos
de grandes masas de población, en épocas estivales, prioritariamente,
a zonas reconocidas como turísticas y que constan de una serie de
infraestructuras adecuadas a las demandas de los consumidores, encaminadas
principalmente al ocio y al consumo.
Los balnearios acabaron por desaparecer en 1969, en favor de otras
estructuras más adecuadas a las demandas turísticas y económicas
de la época, y ante el aumento del tráfico de vehículos. La remodelación
se consideró una buena alternativa al ser ésta una de las entradas
vitales a la ciudad. Se construyó el hotel Meliá ganando cierto
terreno al mar y se reestructuró el Paseo de Gómiz, junto a la playa
del Postiguet donde se ubicaban los baños, facilitando, de esta
manera, el acceso a los turistas, tanto a pie como en automóviles.
Como puede verse el turismo ha estado presente desde siglos atrás,
principalmente en la capital, pero también en los alrededores, zonas
cercanas a las playas de San Juan y la Albufera, cómo Santa Faz,
Campello, Muchamiel, San Juan, Benimagrell etc..., en las que en
un principio la actividad era agrícola y pesquera, y que con el
tiempo se ha ido transformando en turística.
Este cambio ha sido paulatino. Primero fue la propia población
de estos emplazamientos la que acostumbraban a ir, a modo de mini-vacaciones,
durante unos tres días al año, a la Playa de San Juan, principalmente
en San Jaime, lo cual le añadía un tono festivo al traslado de familias
enteras en sus carromatos, con todo lo necesario para pasar en la
playa unos días de descanso.
Mientras que la Albufera era en el S.XVIII zona de cultivo, acabó
por quedar deshabitada debido a sucesivas epidemias de cólera y
paludismo. A ella empezaron a acudir los habitantes de la capital,
en verano a pasar el día, o durante la Pascua a celebrar la Mona(2),
lo hacían en carros y posteriormente en el tren de vía estrecha,
que comunica, bordeando la costa, Alicante con la población de Denia,
en unos 90 Kms de recorrido en los que hace diversas paradas, entre
ellas la playa de la Albufereta.
A principios del S.XX, con el desarrollo del ferrocarril, es cuando
comienzan a llegar visitantes de los pueblos de la provincia y de
otras provincias españolas. Con ello surgen, en 1932, varios proyectos
de explotación de las playas, para fomentar el turismo de invierno
y verano, planeando construir una serie de hoteles, balnearios,
campos de deportes, un club de golf y un aeropuerto. Pero estos
no prosperaron debido a las circunstancias políticas y económicas
de la época, principalmente por el estallido de la Guerra Civil.
Tendrían que pasar unos treinta años más para que se retomaran estos
proyectos a gran escala. Ello que no quiere decir que no se continuara
con la expansión del turismo, pero no al mismo ritmo.
Será en la década de los 60 cuando se le dé a esta franja costera,
el nombre de Costa Blanca. Con el boom turístico, los terrenos cercanos
a la costa, se venden a bajos precios a inmobiliarias extranjeras,
que especularán con ellos, causando un gran impacto ecológico y
social. La mayoría de las parcelas vendidas eran el sustento de
los lugareños, como ocurría en los terrenos dedicados a la huerta
en la Playa de San Juan. Estas gentes pasaron a formar parte de
la mano de obra de las propias construcciones urbanísticas y hoteleras,
o del sector servicios surgido con el turismo.
Fue, como afirma Fernando Vera un tránsito de una economía agraria
y pesquera a otra fundamentada en la prestación de servicios y ,
especialmente, en la promoción y construcción de alojamiento orientado
a la demanda de origen nacional e internacional. (1992. pp.) (3)
Todo ello estuvo apoyado por planes de desarrollo urbanístico,
elaborados desde la administración pública, concretamente la Dirección
General de Turismo (1951) y posteriormente por el Mº de Información
y Turismo (1957), que inspeccionaba, gestionaba, promovía y fomentaba
todo lo relacionado con la actividad turística del Estado Español.
Y últimamente por medio de los Planes Generales de Ordenación Urbana
(PGOU), que han facilitado el cambio de uso del terreno, de agrario
o forestal a suelo urbanizable, con las consecuencias que ello conlleva,
sobre todo a nivel de impacto medioambiental.
También se acompañó de diversas campañas de promoción turística,
fomentando, en los potenciales visitantes, la búsqueda del sol y
la playa, como forma de ocio y descanso; mientras que en el contexto
cultural fueron los toros y el flamenco, el principal aliciente
para veranear en España. Estas han sido las primordiales motivaciones
por las que los turistas se han sentido atraídos durante dos décadas,
para acudir a nuestro país. Actualmente las promociones turísticas
de cara al exterior y al turismo nacional, no sólo van encaminadas
a fomentar la búsqueda de sol y playa, sino también a otros tipos
de turismo, entre ellos el cultural, promoviendo el patrimonio artístico
y museológico.
Dentro de todo este engranaje de compra-venta-construcción-transformación
turística, que ha tenido lugar a lo largo de la Historia de Alicante,
se encuentran varios hechos etnográficos, de los cuales destacaré
dos el Tossal de Manises y las Torres Vigía.
El proceso de expansión de las urbanizaciones en el área costera
de la capital de Alicante ha ido aumentando con el paso de los años,
alentado no sólo por ser una zona turística, sino de asentamiento
de población de clases acomodadas y lugar de segunda residencia
de la propia población autóctona. Esto ha supuesto una transformación
del espacio, llegando incluso a irrumpir en terrenos en los que
se encuentran yacimientos arqueológicos y construcciones de gran
valor histórico-cultural. Como ocurre con el Tossal de Manises,
terreno donde se asienta la antigua villa romana de LUCENTUM, primer
enclave de la ciudad de Alicante, que se originó a partir de población
íbera.
Ubicada en una elevación del terreno frente al mar, facilitaba
el avistamiento de la llegada de barcos al puerto establecido a
los pies de la misma, el cual formaba parte de un circuito comercial
más amplio a lo largo del Mediterráneo; además de servir como estrategia
defensiva ante posibles ataques externos, no solo por mar, sino
también por tierra.
Es uno de los yacimientos arqueológicos de más importancia de
la Comunidad Valenciana, declarado Monumento Histórico-Artístico
en 1961.
Los problemas a los que se ha enfrentado este yacimiento a lo
largo de la historia han sido múltiples, pero el que realmente lo
puso en peligro fue la especulación urbanística, que desde finales
de la década de los 50 y hasta los 70 tuvo lugar en todo el litoral
alicantino, como respuesta a la expansión turística, principal fuente
de desarrollo económico del momento.
Como ya he mencionado anteriormente, el yacimiento está situado
frente al mar, justo en una de las zonas privilegia por sus vistas,
y en lo que en la actualidad es una de las playas más turísticas
de la ciudad, "La Albufereta". La construcción de gran cantidad
de apartamentos y hoteles, de cara a reforzar la infraestructura
turística, ha dado lugar a que uno de estos edificios se encuentre
situado justo a los pies del yacimiento, lo que supone una contaminación
visual, con la perdida de la antigua perspectiva que poseía el asentamiento
y del significado y sentido de su ubicación primigenia; pero quizás
esto sea lo de menos, pues estuvo a punto de desaparecer bajo los
cimientos de lo que hubiera sido un edificio gemelo al que ahora
podemos ver, si paseamos por las ruinas.
Gracias a la intervención de una serie de arqueólogos, entre ellos
la sueca Solveig Nordström que se encontraba en Alicante realizado
su tesis doctoral sobre cerámica ibérica, y que ante la inminente
destrucción de los restos de la ciudad lucentina, se tendió ante
las máquinas escavadoras logrando paralizar momentáneamente la acción.
Tras semanas de negociaciones se consiguió por el Mº de Educación
compra el terreno y lo vallara.
Durante muchos años y a pesar de haber sido ya declarado Monumento
Histórico-Artístico, se convirtió en una escombrera olvidada y puesta
en manos de los expoliadores.
Tras décadas de abandono en los 90, el Ayuntamiento y la Diputación
de Alicante junto con la Universidad de la localidad y otras entidades,
pusieron en marcha un proyecto de restauración y conservación de
áreas arqueológicas, en las que se incluyó el Tossal.
Fue a partir de aquí cuando se consiguió su restauración, habilitándolo
para ser visitado por anfitriones y turistas, respetando las antiguas
estructuras, y dotándolo de una infraestructura adicional (parking,
bar, jardines y zona de descanso), incluyéndolo, de esta manera,
en el circuito turístico-cultural de la ciudad.
Con este tipo de actuaciones se pretende potenciar el turismo
cultural, como alternativo al heliotalasotrópico. Lo que ha permitido
y facilitado la restauración de estos yacimientos y de otros monumentos
de la ciudad que estaban en el olvido, rescatando, así, parte de
la identidad cultural de los alicantinos, que ahora podemos mostrar
y compartir con los turistas, además de conseguir cierta rentabilidad
económica a este espacio.
Hay que decir que este cambio de política orientada a fomentar
el turismo cultural en la ciudad y alrededores, ha sido de lo más
beneficioso en el caso del Tossal de Manises, pues ha dado a conocer
parte de nuestras raíces culturales a los turistas y hacerles partícipes
de ellas, aunque sea sólo durante el breve tiempo que dura el recorrido
guiado por el yacimiento, y también a la propia población descubriéndoles,
en muchas ocasiones, parte de su historia que desconocían.
Pero la especulación del terreno continua en todo el litoral,
y en estos últimos cinco años ha experimentado un nuevo boom. Como
las zonas más cercanas a la costa están saturadas, las construcciones
se están realizando en áreas interiores, concretamente en lo que
se denomina L'Horta d'Alacant (la Huerta de Alicante) colindante
con la Playa de San Juan.
Este territorio interior, al no encontrarse en una situación privilegiadamente
elevada, necesitaba de elementos defensivos, para ello a lo largo
y ancho de la Huerta, y como sistema de protección, durante el S.
XVI se construyeron innumerables torres vinculadas a las viviendas,
pero con independencia arquitectónica. Prismas de base cuadrada,
verticalizadas, construidas en mampostería y sillería, en las que
en el interior se puede encontrar un aljibe (pozo), el acceso se
realizaba por huecos reducidos desde el interior de la vivienda,
algunas tenía una capacidad hasta para 20 personas, que se posicionaban
armados en los pequeños huecos laterales de las paredes, para repeler
cualquier ataque externo.
Estas torres formaban parte de un sistema de vigilancia y aviso,
que llegaba hasta otro tipo de torres, estas de planta circular,
situadas en el litoral, y que servían para avisar al vecindario
de posibles ataques.
Con el tiempo esta funcionalidad cambió y se habilitaron como
parte de la casa, en ocasiones como palomares y terrazas, para ello
se ampliaron los huecos de entrada y los exteriores, poniendo en
estos últimos rejas.
Actualmente, en los terrenos de l'Horta se están edificando gran
cantidad de bungalows, apartamentos y hasta un campo de golf, con
lo que este último supone de impacto ecológico, en una zona en la
que los problemas de abastecimiento de agua son continuos, debido
a su situación geográfica y el clima que favorece continuas sequías.
Pero tampoco se ha tenido en cuenta la presencia de las Torres
en el proyecto urbanístico, derribando la mayoría de ellas, sobre
todo las que se encuentran en la zona más cercana a la costa.
Esta situación supone una perdida de parte del patrimonio y de
la identidad de la zona, además de un gran impacto ecológico, primando
ante todo el beneficio económico que se pretende obtener de un plan
enfocado a ofrecer turismo dirigido a grupos sociales de clase media-alta,
con la construcción de una zona de descanso y vivienda de lujo,
en la que se incluirán actividades de ocio diversas, entre ellas
el golf y un centro comercial.
Últimamente se han alzado algunas voces denunciando esta situación,
pero de momento no se ha conseguido, como en el caso del Tossal,
hacer ver a las autoridades y empresas constructoras que estas Torres
también forman parte del bien histórico-cultural y que se las podrían
incluir en el circuito turístico, evitando su perdida, no sólo para
los autóctonos sino también para los visitantes, facilitando de
esta forma el contacto cultural y, al mismo tiempo, buscándoles
alguna rentabilidad económica dentro de este nuevo plan de desarrollo
urbanístico, encaminado a continuar con la expansión turística de
la zona.
Conclusión
El turismo está estrechamente relacionado con el municipio alicantino
desde hace siglos. Éste ha ido transformando, principalmente en
las últimas décadas, la estructura social y económica del lugar,
tanto que sobre él descansa buena parte de la economía de la provincia.
Ante esta expansión turística, que va re-significando el entorno
social y cultural con el paso de los años, deberíamos plantearnos,
el establecer un sistema de desarrollo sostenible, que minimice
los impactos que éste genera en el patrimonio y en la identidad
cultural.
Buscar el equilibrio entre la mercantilización y la conservación.
No sólo insertando el patrimonio en el sistema comercial, como un
producto más, sino mostrándolo de tal forma que no pierda su significado
para los nativos, que no se descontextualize y estereotipe, y que
sirva realmente de encuentro entre culturas, haciendo participes
a ambas partes, turistas y anfitriones, de esta visión rescatada
de las culturas.
Cómo se ha hecho en el caso del Tossal, lo que en un principio
pudo suponer la destrucción de parte del patrimonio identitario
de la ciudad, con un cambio de orientación en la política turística,
se ha conseguido aunar, beneficio económico, conservación y restauración
respetuosa del patrimonio y una divulgación contextualizada de lo
que este espacio y sus alrededores significan para la ciudad y sus
habitantes. Mostrándolo y compartiéndolo con las gentes de otros
lugares, y evitando que los autóctonos lo dejen en el olvido. Ante
esto, ¿por qué no hacerlo en los demás casos, cómo las Torres Vigía?.
La simple venta, incluso la desaparición, de nuestro patrimonio
histórico cultural se puede y deben evitar llevando a la práctica
una serie de acciones encaminadas a dar a conocer el verdadero significado
cultural del territorio y los recursos existentes en él, desde una
perspectiva antropológica, pero sin olvidar la viabilidad económica.
Algunas de estas actuaciones pueden ser la elaboración de un catálogo
antropológico (no una guía turística) que recoja los recursos culturales
susceptibles de ser gestionados en el marco de un espacio turístico.(..)
y un análisis de los potenciales caminos de las culturas (no rutas
turísticas) que existan en nuestro territorio y que lo vertebren
desde una perspectiva antropológica.(NOGUÉS, 2000. pág. 227),(4)
a través de estudios multidisciplinares y holísticos de los espacios
susceptibles de ser utilizados para fines turísticos, implicando
a todas las partes interesadas (ayuntamientos, población autóctona,
empresarios, asociaciones, foráneos, etc...).
No nos quedemos sólo en la simple venta de nuestros bienes culturales,
vayamos más allá, evitando la mercantilización y la consiguiente
descontextualización de los mimos en favor de los beneficios económicos,
que puedan proporcionarnos el ponerlos en manos de la industria
turística.
NOTAS
(1) Una de las cinco tipologías establecidas y definidas por Valene
SMITH como las principales que prefiere el turista "Introducción",
en Anfitriones e invitados. 1977: Ed. Endymion. Madrid.
(2) "La Mona" es un dulce hecho de masa en forma de bollo con
un huevo duro en su parte superior, típico de los días siguientes
a Semana Santa, y que da nombre a esta festividad. La tradición
manda comerlo en el campo o en la playa junto con familiares y/o
amigos.
(3) VERA REBOLLO, F. 1992: " Turismo y crisis agraria en el litoral
alicantino" en Los mitos del turismo. Endymion. Madrid. Pág.
(4) Esta alternativa innovadora se está poniéndose en marcha en
Andalucía por los antropólogos Antonio Mandly y Antonio M. Nogués.
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