Perspectivas del Turismo Cultural II

La gestión del turismo y sus problemáticas desde visiones sociales.

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EL PATRIMONIO HISTORICO-CULTURAL REVALORIZADO EN EL MARCO DE UN DESARROLLO SUSTENTABLE DEL TURISMO.

Prof. Lic. Guillermina Fernández
Prof. Lic. Aldo Guzmán Ramos

Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires.
Tandil. Argentina.
E-mail: guillermina1@ciudad.com.ar
E-mail: aldo_ramos@hotmail.com

I) INTRODUCCIÓN.

El patrimonio histórico-cultural comprende todos aquellos elementos y manifestaciones tangibles o intangibles producidos por las sociedades.
En ocasiones, la masificación del turismo conlleva a la transformación, el deterioro y la destrucción de los recursos culturales. Siempre aparece como más importante el interés económico de maximizar los beneficios, que la adopción de medidas concretas de salvaguarda de los diversos componentes que integran el patrimonio histórico-cultural.
Considerando esto el desarrollo sustentable propone estrategias diversificadas que permitan mejorar la realidad social, política, económica y ambiental especifica de cada lugar. Así el turismo, como uno de sus ejes de acción, propuesto para algunas comunidades, puede preservar o revalorizar elementos patrimoniales.
En el marco de la sustentabilidad el turismo plantea la necesidad de dar respuestas a las realidades locales. La revalorización del patrimonio, ya sea cultural o natural, es la respuesta que muchos destinos encuentran en procesos de cambio y readaptación.
Teniendo en cuenta esto, la ponencia pretende analizar las posibilidades que el turismo ofrece para conservar, gestionar y valorizar el patrimonio histórico-cultural dentro de un modelo de desarrollo sustentable.


II) EL PATRIMONIO HISTORICO-CULTURAL.


El patrimonio histórico-cultural de un país, región o ciudad está constituido por todos aquellos elementos y manifestaciones tangibles o intangibles producidas por las sociedades, resultado de un proceso histórico en donde la reproducción de las ideas y del material se constituyen en factores que identifican y diferencian a ese país o región.
Un concepto moderno de patrimonio cultural incluye no solo los monumentos y manifestaciones del pasado (sitios y objetos arqueológicos, arquitectura colonial e histórica, documentos y obras de arte), sino también lo que se llama patrimonio vivo; las diversas manifestaciones de la cultura popular (indígena, regional, popular, urbana), las poblaciones o comunidades tradicionales, las lenguas indígenas, las artesanías y artes populares, la indumentaria, los conocimientos, valores, costumbres y tradiciones, características de un grupo o cultura. Este último constituye el patrimonio intelectual: es decir, las creaciones de la mente, como la literatura, las teorías científicas y filosóficas, la religión, los ritos y la música, así como los patrones de comportamiento y la cultura que se expresa en las técnicas, la historial oral, la música y la danza. Es posible conservar trazas materiales de este patrimonio en los escritos, las partituras musicales, las imágenes fotográficas o las bases de datos informáticas, pero no resulta tan fácil cuando se trata, por ejemplo, de un espectáculo o de la evolución histórica de un determinado estilo de representación o de interpretación.
En definitiva los elementos que constituyen el patrimonio histórico-cultural son testigos de la forma en que una sociedad o cultura se relacionan con su ambiente. (Casasola, L. 1990:31). En esto se puede encuadrar el significado de la Pachamama, para el pueblo Coya en Argentina.
Entonces el patrimonio cultural se constituye por una porción del ambiente transformado incluyendo formas de organización social, relaciones entre los diversos sectores de la sociedad y de las instituciones sociales. Esto es variable en cada época, y cada sociedad rescata el pasado de manera diferente, seleccionando de este ciertos bienes y testimonios que se identifican con el patrimonio.
El patrimonio, por lo tanto, es el producto de un proceso histórico, dinámico, una categoría que se va conformando a partir de la interacción de agentes y diferentes situaciones, que obligan a obtener una mirada a largo plazo, tanto en la concepción como en el uso de los recursos.
Finalmente, la información es un componente esencial del patrimonio, ligado a todos los demás: saber cómo, cuándo y por quién ha sido utilizado un instrumento musical enriquece nuestra comprensión del contexto humano del que procede. La transmisión de este tipo de información es tan importante como la del propio objeto al que se refiere.
Hablar de patrimonio es considerar a la cultura resultante de la interacción de la sociedad con el ambiente, en donde se incluye el conocimiento, las aptitudes y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de una sociedad.
Estas manifestaciones y elementos son un reflejo de la respuesta que el hombre da a los problemas concretos de su existencia y su relación con el entorno; esto es lo que lo hace válido para el desarrollo sustentable.

III) IMPACTOS DEL TURISMO EN EL PATRIMONIO.

Actualmente se impone una oferta de productos turísticos en los que la flexibilidad pueda dar respuesta a la tendencia de la individualización creciente. Hoy, los nuevos modelos formales del turismo, que pretenden acomodarse a las nuevas motivaciones turísticas, se basan en la característica esencial de la desmasificación (MARCHENA, M. et al, 1993). Por ello deben crearse nuevos escenarios turísticos de futuro, donde se evite el deterioro que han sufrido aquellos productos o destinos tradicionales, vinculados a un uso indiscriminado de los recursos y a la ausencia de objetivos a largo plazo.
El turismo, como cualquier actividad humana, produce impactos sobre las comunidades donde se desarrolla. En ocasiones este no es el factor principal de deterioro de los recursos, pero se ve afectado porque otras situaciones pueden dañar un producto o todo un destino (explosivo crecimiento demográfico, urbanización descontrolada, especulación inmobiliaria, incompatibilidad de usos del suelo, etc.).
Ahora bien, la información acerca de las repercusiones ambientales del turismo tiene dificultades conceptuales y metodológicas similares a aquellas relacionadas a la dimensión holística del medioambiente. La investigación sobre las repercusiones del turismo es tópicamente desigual y particularmente escasa acerca de la calidad del suelo, del aire y del agua. La mayoría de los estudios se refiere a los efectos que ejerce el turismo en un componente ambiental particular. América Latina carece de estudios regionales sobre la situación actual y faltan evaluaciones previas del impacto de proyectos de inversión turística.
En esta línea se considera que el turismo puede afectar tanto las áreas naturales como las construidas y habitadas. De lo poco que se ha investigado sobre esto último se reconoce que en ocasiones el turismo genera:
- Contaminación arquitectónica: a menudo se ha fracasado al querer integrar la infraestructura de sitios o de lugares turísticos con las características del medio natural, provocándose así "choques" entre el medioambiente construido y el propio de la zona.
- Urbanización y postura: la urbanización responde a los diferentes paisajes, ya se trate de ambientes costeros (lineal), a lo largo de valles y rutas escénicas, en áreas de tierra interior. En ocasiones esto no se respeta e incluso las áreas permanecen mucho tiempo deshabitadas.
- Sobrecarga en la infraestructura: se manifiesta cuando la intensidad de las visitas supera la capacidad de la infraestructura prevista. Esto a su vez trae aparejado contaminación y posibles consecuencias en la salud.
- Segregación de residentes locales: la separación espacial de las áreas turísticas del resto del centro turístico o en los alrededores del campo conlleva, en ocasiones, a una segregación social.
- Congestionamiento de tráfico: esto ha surgido como una de las consecuencias más significativas del desarrollo de algunos centros turísticos. El incremento del congestionamiento de tráfico y sobrecarga de tráfico. Problemáticas asociadas al acceso y número de los estacionamientos.
- Descargas residuales: El equipamiento hotelero y los servicios de apoyo, así como las residencias privadas, son las principales fuentes de descargas residuales en muchos de los desarrollos turísticos. Detrás de esto se identifica la presencia de una sociedad que usando los recursos del entorno como atractivo, les otorga además la categoría de receptor de sus propios desechos. Los residuos pueden afectar el patrimonio histórico-cultural en forma indirecta (por ejemplo: contaminación visual, olores, etc.)
Agravando los anterior, en muchas ocasiones, las jurisdicciones locales no cuentan con un cuerpo legislativo adecuado para la gestión de su propio patrimonio, poseen superposición de funciones o directamente no tienen ninguna competencia porque esta se encuentra en el ámbito provincial o nacional, desconocen la jerarquía que poseen sus atractivos e incluso carecen de recursos económicos para realizar una buena intervención.
Considerando todo esto resulta necesario relacionar los distintos impacto del turismo en el patrimonio cultural. Para ello, y como expresa Luis Casasola (1990:36) es necesario agrupar en tres grandes segmentos los componentes del patrimonio cultural para así poder analizar en que forma son afectados cada uno de ellos por la actividad turística, estos son: a) zonas y monumentos arqueológicos e históricos, poblaciones y comunidades tradicionales, b) artesanías y artes populares y c) lenguas, conocimientos, fiestas, costumbres y valores tradicionales. Cada uno de estos se vincula dentro del sistema turístico de una forma singular. En un destino las costumbres pueden verse afectadas de forma irreversible, mientras que un sitio arqueológico se mantiene intacto.
El grado en que un atractivo cultural puede ser influido por la actividad turística depende, entre otras cosas de los ámbitos y jurisdicciones que existen sobre el atractivo, de la intensidad de su uso, de la categoría y jerarquía del atractivo, de la capacidad de carga del mismo, de su comercialización excesiva, del comportamiento de la población local y de los visitantes, entre otras cosas.
Según la categoría del atractivo, su posicionamiento dentro del mercado, las formas de comercialización turísticas, la estacionalidad de la demanda, la facilidad de acceso y la disponibilidad de servicios, varía la intensidad del uso y la función que desempeña dentro de la estructura del sistema turístico. Es lógico que esto tendrá que ver con el volumen de visitantes y con la espectacularidad y particularidad que el recurso tenga. Además se encuentra asociado a la capacidad de carga que un atractivo posea en la proyección con los niveles de crecimiento turístico potenciales, para evitar el deterioro y la pérdida de sostenibilidad. Un número excesivo de turistas, un uso demasiado intensivo puede generar no solo reducción de la jerarquía sino la destrucción parcial o total del patrimonio.
La modalidad de uso del suelo del entorno donde se ubica el atractivo es una de las variables que más afecta al patrimonio cultural. La inexistencia de un proyecto de ordenamiento territorial que evite el deterioro e incluso la destrucción de monumentos o zonas de interés patrimonial ha generado incompatibilidad en los usos del suelo, pérdida de accesibilidad y de calidad visual, etc. Esto lleva a la disminución en calidad y cantidad de atractivos histórico-culturales para el turismo, o lo que es más grave, a la perdida de gran cantidad de elementos que hacen a la identidad de un lugar.
Por otro lado la excesiva comercialización y manipulación del patrimonio desde el punto de vista del marketing ha reducido a símbolos las características más relevantes de un sitio arqueológico, de una fiesta popular, de una artesanía, etc., descontextualizando los elementos culturales que a lo largo de la historia han formado parte del patrimonio de un espacio.
Lo anterior esta asociado a la "falta de educación" y al comportamiento de la población local y de los visitantes. La desvalorización o el desconocimiento del lugar o sitio que se visita conlleva muchas veces al maltrato del recurso. Así mismo para el residente la cotidianeidad de su convivencia con el recurso muchas veces, puede distorsionar la percepción que este tiene del verdadero valor del atractivo. Es imposible desvincular un monumento, un sitio arqueológico, etc., de su entorno, del asentamiento donde se ubica y de la sociedad que lo contiene. El desconocimiento de esa realidad ha generado impactos negativos en el recurso y en los lugares donde se han propuesto productos turísticos.
De todos los impactos el más grave quizás se asocie a aquellos lugares en donde la necesidad de captar una demanda muy especifica ha llevado a modificar, desplazar o destruir la arquitectura tradicional; transformar y uniformizar el paisaje urbano, cambiando la imagen original de las poblaciones y comunidades tradicionales en detrimento de sus particularidades culturales, con la pérdida de identidad.
Las consecuencias del desarrollo turístico no controlado puede incidir de manera negativa sobre la cultura, especialmente a través de los demonstration effect y la aculturación. Estos factores pueden dar lugar a una banalización de las culturas, cuyas manifestaciones pueden desplazarse de lugar y no obedecer a sus raíces tradicionales religiosas o profanas, transformándose en un espectáculo de consumo para los turistas (marketing de la cultura). El efecto ejemplo implica por otra parte la adopción de nuevas formas de comportamiento y de consumo, que adoptadas por mimetismo suponen una variación de las costumbres tradicionales.
Lamentablemente el impacto del turismo en la cultura de la población es el más difícil de identificar y medir. La transformación del patrimonio histórico-cultural provocado por el turismo suele ser una realidad, por lo que la sociedad debe estar consciente que la conservación y fortalecimiento de los valores socioculturales son tareas con igual importancia que las del crecimiento y progreso técnico-económico.
A pesar de que actualmente la revolución de la información y la globalización de la economía hacen recaer sobre el patrimonio amenazas a la vez más inmediatas y generales que en ningún otro momento del pasado, y que van más allá del turismo, existe un deseo de preservar el patrimonio (el entorno concreto, que hemos conocido y que puede darnos un sentimiento de continuidad) para apoyarse en ese universo familiar frente a la avalancha de innovaciones que nos abruma.

IV) EL DESARROLLO SUSTENTABLE Y EL TURISMO.

El desarrollo sustentable aparece como una alternativa desde hace ya varias décadas y al igual que otros modelos (algunos antropocéntricos otros ecocéntricos) surge a partir de las enormes crisis ambientales causadas por una racionalidad meramente económica y la progresiva pérdida de confianza en la viabilidad del modelo de crecimiento económico y modernización, como única estrategia. La evolución de estos paradigmas refleja los cambios en la percepción ambiental desde una preocupación inicial acerca de las externalidades del crecimiento económico, hasta el interés por cuestiones de diversidad e integridad cultural y natural, sustentabilidad y derechos intergeneracionales.
A fines de la década del '60, el enfoque del crecimiento económico fue revisado a la luz de las críticas que argumentaban que aún cuando muchos países alcanzaron un crecimiento económico substancial, este no frenó la pobreza de Tercer Mundo, ni revirtió los procesos de degradación natural y contaminación ambiental del Primer Mundo.
Muchas fueron las líneas críticas que estallaron desde los '70 y cada una de ellas estableció diferentes interpretaciones en torno al medio ambiente y el desarrollo. En algunos casos el Desarrollo Sustentable ha sido el redentor, capaz de superar objetivos muy antagónicos. Sin embargo este consenso internacional ha llevado a diferentes interpretaciones y enfoques. Probablemente la definición más popular ha llegado de la mano del Informe Brundtland, este documento supone que el desarrollo sustentable debe satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer el derecho de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades. Pero también es sabido que el Desarrollo Sustentable demanda estrategias diversificadas que permitan mejorar la realidad social, política, económica y ambiental especifica de cada lugar.
La interpretación dominante del Desarrollo Sustentable postula el alcance de los objetivos tradicionales del desarrollo (bienestar social y aumento de la productividad económica) a partir de la adopción de criterios de sustentabilidad ecológica en el uso de los recursos a largo plazo. Muchos países han elaborado sus propias interpretaciones, pero en pocos casos se ha traslado a líneas directas de acción.
Entre estas acciones el turismo se perfila como una actividad que puede contribuir con estas formas de desarrollo si logramos limar las asperezas que este ha tenido en propuestas anteriores.
Es clara la importancia del turismo para algunos espacios y de sus impactos sociales, económicos y territoriales en la estructura previa de los lugares sobre los que se desarrolló y a los que influye directa o indirectamente. El turismo es constructor de paisajes en términos de gestión, con creación de composiciones territoriales, con cambios de la perspectiva y de percepción. Se ha convertido en un elemento clave para la mejora de la calidad de espacios degradados y la valoración del patrimonio, o por el contrario el causante de espacio degradados, muy artificializados y fuera de contexto.
En torno a esto los convenios y recomendaciones de la UNESCO (1) se basan en las mejores prácticas profesionales conocidas, con vistas a garantizar el mantenimiento y la preservación del patrimonio cultural; formulando las reglas para hacer frente a las amenazas contra el patrimonio cultural. Es preciso sensibilizar a los gobiernos con respecto a ese importante tesoro de la humanidad y sugieren los principios sobre los cuales debe cimentarse la legislación nacional que deberá, por supuesto, tener en cuenta la especificidad de los distintos patrimonios presentes en cada país. Estos pretenden igualmente ayudar a los ciudadanos que luchan contra proyectos inadecuados; y favorecen la constitución de redes de profesionales de la cultura, que pueden comparar sus éxitos y sus fracasos, y mejorar así sus capacidades para salvar el patrimonio de una posible desaparición.
En el marco de la sustentabilidad el turismo también se plantea la necesidad de dar respuesta mas adecuadas a los entornos donde se desarrolla y a la sociedad en general. La OMT (Agenda para planificadores locales. TURISMO SOSTENIBLE y GESTIÓN MUNICIPAL. Edición para América Latina y el Caribe. 1999) sostiene que es necesario hacer viable las empresas, el negocio y la comunidad local dentro del respeto a la participación en el marco de la planificación turística sobre tres vértices, beneficios sociales y económicos para el municipio y sus habitantes, calidad y sostenibilidad ambiental, y desarrollo turístico acorde a la autenticidad e identidad cultural.
El reto es articular y consensuar intereses de los distintos grupos actuantes, trabajar sobre proyectos específicos en protección de determinados lugares, señalar procedimientos de inversión y convenios de colaboración. En tal sentido también se hace necesaria la gestión sustentable en el proyecto empresarial con recursos atractivos que den origen a productos diferenciados y competitivos, donde se valoren los recursos y se apueste por una red productiva, con la contribución a la gestión y conservación del patrimonio, creación de espacios de calidad, etc.
Todas estas recomendaciones pueden trasladarse a la gestión que el turismo realiza del patrimonio histórico-cultural, y de las potencialidades que este tiene en el marco del rescate de valores sociales que garanticen no solo su funcionamiento actual sino para el uso de las generaciones futuras. El patrimonio se convierte en uno de los ejes claves de los desafíos que el turismo tiene en la actualidad, tanto en la generación de nuevos productos, como en la preservación de elementos que ya están en el mercado, o la reactivación de sociedades en decadencia.
El Código Etico Mundial para el Turismo sostiene que este es un factor de aprovechamiento y enriquecimiento del patrimonio cultural de la humanidad. Los recursos turísticos pertenecen al patrimonio común de la humanidad y las comunidades en cuyo territorio se encuentran, tienen respecto a ellos derechos y obligaciones particulares. Las políticas y actividades turísticas deben llevarse a cabo con respeto al patrimonio artístico, arqueológico y cultural que deben proteger y transmitir a las generaciones futuras. Se concederá particular atención a la protección y a la rehabilitación de los monumentos, santuarios y museos, así como de los lugares de interés históricos o arqueológico que deben estar abiertos a la frecuentación turística. Además se fomentara el acceso del publico a los bienes y monumentos culturales de propiedad privada con todo respeto a los derechos de sus propietarios, así como a los edificios religiosos sin prejuicio a las necesidades de culto. Los recursos procedentes de la frecuentación de los sitios y monumentos de interés cultural abrían de asignarse, al menos en parte, al mantenimiento, a la protección, a la mejora, y al enriquecimiento de ese patrimonio. La actividad turística se organizará se modo que permita la supervivencia y el florecimiento de la producción cultural y artesanal tradicional, así como del folklore, y que no conduzca a su normalización y empobrecimiento.
Además de lo anterior, como propuestas globales, y del análisis de las actitudes de los que operan y gestionan con los recursos turísticos, existe una categoría que no debe ser descuidada en una visión integral tanto del turismo como del desarrollo de los destinos turísticos; es el turista. Entendiendo a este como aquel que visita un lugar que no es el de su residencia habitual, con la convicción de abandonarlo, y que permanece en este determinado tiempo (horas, días, semanas, etc.).
Algunos psicoanalistas analizan al turista como un individuo capaz de transformar su comportamiento, adaptándose a múltiples situaciones. Un ser, que producto de las circunstancias, también desarrolla una capacidad de aprendizaje de determinados aspectos, los cuales en su vida cotidiana pasaría por alto; o por el contrario reacciona frente a determinadas situaciones que cotidianamente controla. Esto es de singular importancia considerando que a través de las actividades de ocio y turismo, se puede no solo preservar determinado patrimonio, sino educar a quienes se vinculan con esta actividad, trasladándolo a otros aspectos de su vida cotidiana.
Como señala Bernáldez (1992) "es evidente la gran importancia futura de las versátiles formas de educación, sensibilización e información relativas al medio ambiente, de las que forman parte, sin duda muchas formas de turismo" (VERA, J., et. al. 1997), entre ellas las que hacen uso de las distintas formas de patrimonio.
Por lo tanto, la revalorización del patrimonio cultural, no implica sólo un acto de restauración sino que esta acción lleva implícita la necesidad de recuperar valores perdidos o degradados a través de la historia. Por esta razón surge la necesidad de incorporar programas de intervención que contribuyan a resaltar las individualidades que configuran el patrimonio que le otorga identidad a la sociedad.
En este sentido los ámbitos urbanos específicos, los viejos edificios cargados de significados e historia, etc., son transformados y puestos como valores de mercado que pueden ser captados para la actividad turística.
En México el Programa de Ciudades Coloniales tiene por objeto promover las ciudades del interior tipificadas como joyas arquitectónicas y culturales fundadas en su mayoría en el siglo XVI, entre las que se encuentran: Guanajuato, Oaxaca, San Miguel de Allende, Taxco y Zacatecas y en Colombia se destaca por su conjunto monumental de Cartagena de Indias y Cuba por el casco histórico de la ciudad de La Habana que muestra las características urbanísticas y arquitectónicas pertenecientes al período colonial español.
No sólo la revalorización del patrimonio está dada por la aplicación de políticas elaboradas por Organismos Internacionales, sino que también organismos nacionales, regionales o locales pueden implementar programas de revalorización del patrimonio histórico cultural que sean valiosos para la construcción de la identidad local. Latinoamérica, y Argentina particularmente, poseen pequeños poblados históricos que considerados individualmente pueden tener una atracción relativa, sin embargo multiplicarían su importancia en tanto se encare su recuperación y preservación a nivel del territorio, involucrando a la comunidad local.
Con el nuevo rol del estado y las políticas de descentralización donde emerge el poder local, el municipio asume un importante papel en el diseño y aplicación de políticas de desarrollo sustentables, basadas en mecanismos de gestión participativa pública y privada. De esta forma, podrían desarrollarse proyectos entre distintos municipios en forma conjunta, para contribuir a romper el estancamiento y convertir al patrimonio en una fuente de recursos que posibilite su rehabilitación integral. Una alternativa válida puede ofrecerla el turismo, si se plantean circuitos entre los centros complementados con paisajes naturales y otros lugares de interés, vinculados al turismo cultural.
El turismo planificado, puede aportar beneficios socioeconómicos a la comunidad (generación de divisas, creación de empleos, estímulo a la economía local, etc.) que dinamicen espacios deprimidos y potencien las particularidades del patrimonio local. El turismo tal como se señalo puede destinar una parte de los beneficios obtenidos de la utilización del patrimonio para el pago de los insumos en la conservación y gestión del mismo.
Los modelos de desarrollo del turismo cultural y/o patrimonial, en general se encuentra en centros urbanos y turísticos en los que se concilian actividades turísticas polivalentes (centros de congresos, museos, festivales) con la rehabilitación de edificios para su uso turístico. Las ciudades de arte se están promocionando para atraer este turismo cultural que representa una importante demanda en el segmento de las vacaciones cortas. Complementariamente los recursos turísticos relacionados con el turismo rural se extienden a la cocina, conocimiento de las lenguas, poesía, conciertos y/o manifestaciones culturales variadas. El turismo cultural y etno-histórico tiene un importante peso en la mayoría de los países latinoamericanos tanto en función de su enorme riqueza en manifestaciones culturales precolombinas (pueden dar lugar a una articulación de rutas como las ya existentes ruta andina o la ruta maya) como por su valor histórico-monumental de épocas posteriores, especialmente en relación a la arquitectura colonial española (México, Guatemala, Perú, Ecuador). Ciudades como Buenos Aires (combinación de arquitectura y actividades culturales-teatro, opera, etc.) o la Vieja Habana poseen los atractivos esenciales para este tipo de atracción turística. El potencial turístico basado sobre los recursos culturales es reforzado además por diversas manifestaciones de tipo cultural basadas en actos indígenas (bailes, danzas) o lúdicas (Carnaval de Río). Tal como se analizara el patrimonio no solo es revalorizado en la ciudad, el agroturismo y el turismo rural rescatan los valores del patrimonio etnográfico de un determinado lugar o región. Desde lo local se pueden resaltar valores patrimoniales singulares transformados en productos turísticos o complementándolos.
En definitiva es posible la revitalización y rehabilitación del patrimonio historico-cultural a partir de un uso turístico directo o indirecto, que se convierta en la garantía para su conservación

V) CONCLUSIONES.

El patrimonio histórico-cultural puede revalorizarse en el marco de un desarrollo sustentable de la actividad turística. Para ello se requiere la formulación de productos turísticos que incluyan el patrimonio histórico-cultural como una dimensión más de su desarrollo y no un mero elemento.
Los lugares, convertidos hoy en espacios de destino turístico, deben sustentarse en la revalorización, refuncionalización y creación de nuevos patrimonios que refuercen su identidad.
Pueden citarse múltiples tendencias que intentan incluso la recuperación de valores tradicionales de nuestras comunidades primitivas o nuestro pasado cercano. La búsqueda de valores perdidos por parte de una sociedad que adaptada a otra velocidad ha olvidado, en ocasiones sus propias raíces y sus tiempos. En ellas suelen encontrarse profundos rasgos de respeto por el ambiente social y natural, en un equilibrio constante.
Esto es un reto frente a las demandas de la globalización y los cambios del turismo a nivel mundial. Los desafíos del turismo frente al patrimonio histórico-cultural plantea entonces un triple desafío, por un lado como rehabilitar o reutilizar aquellos elementos patrimoniales que se han degradado a lo largo de la historia, producto de un uso inadecuado por esta actividad. Por otra parte se plantea la necesidad de rescatar nuevos patrimonios que partiendo desde los valores locales consideren de forma integral al entorno, a sus componentes, y otorguen una salida a muchos espacios que están en crisis, especialmente en América Latina. Por último, frente al desarrollo sustentable también resulta urgente contribuir con la educación no formal en la medida en que se eduque al turista y a la población en el respeto al multiculturalismo en sus diferentes manifestaciones.
Finalmente la revalorización del patrimonio en el marco de un desarrollo sustentable del turismo requiere una gestión participativa que involucre a la comunidad en la búsqueda de la imagen representativa de la sociedad y la transformación del patrimonio como producto turístico. Esto será la base para que un turismo planificado contribuya a un desarrollo local y sustentable.

VI) NOTA.

(1) La UNESCO ha establecido cuatro tratados multilaterales para reforzar la protección del patrimonio cultural físico. Se trata del Convenio para la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado (Convenio de La Haya, 1954) y su Protocolo; el Convenio referente a las medidas a tomar para prohibir e impedir la importación, exportación o venta ilícita de bienes culturales (1970); y el Convenio sobre la protección del patrimonio mundial cultural y natural (1972). Estos cuatro instrumentos aplicables al patrimonio cultural, sea cual sea la región del mundo a la que pertenezca, constituyen un código de protección, válido tanto en caso de conflicto (Convenio de La Haya) como en tiempos de paz (bienes, muebles en 1970; bienes inmuebles en 1972).

VII) BIBLIOGRAFIA.

BOULLON, Roberto. Ecoturismo y sistemas naturales urbanos. Colección Temas de Turismo. Buenos Aires. Argentina. 1993.
CASASOLA, Luis. Turismo y ambiente. Ed. Trillas. Turismo. México. 1990.
MATHIESON, Alister y Geoffrey WALL. Turismo. Repercusiones económicas, físicas y sociales. Ed. Trillas. Turismo. México. 1990.
MOLINA, Sergio E. Turismo y ecología. Ed. Trillas. Turismo. México. 1994.
Organización Mundial del Turismo. Agenda para planificadores locales: Turismo sostenible y gestión municipal. Edición para América Latina y el caribe. 1999.
VALCARCELT-RESALT Germán; TROITIÑO VINUESA, Miguel A.; CAVA Luis E. Desarrollo local, turismo y medio ambiente. Excma. Diputación Provincial de Cuenca. España. 1993.
VERA, J. Fernando; LOPEZ PALOMEQUE, F.; MARCHENA, Manuel J. y ANTON, Salvador. Análisis territorial del turismo. Ed. Ariel Geografía. Barcelona. España. 1997.

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